Friday, October 17, 2008

LEYENDAS-MITOS,MAGIC,ASSIMOV-TERROR

LEYENDAS-MITOS,MAGIC,ASSIMOV-TERROR

SOBRE EL : MIEDO .. GUY DE MAUPASSANT
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MAGIC FOR SALE — RELATOS DE FANTASIA — RECOPILACION
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EL MITO DE : EL PUENTE DEL TROLL — TERRY PRATCHETT
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MITO Y LEYENDA ACERCA DE LOS GNOMOS Y EL TIEMPO
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MAUPASSANT – MITOS SOBRE : SUICIDAS — GUY DE ANT
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EL GOLEM — GUSTAV MEYRINK
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EL HOMBRE PI — ALFRED BESTER
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RR
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SCIFI — RITOS LEGALES — ISAAC ASIMOV & FREDERICK POHL
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Mitos LIBRO III — ISIS SIN VELO — HELENA PETROVNA BLAVATSKY
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MITO Y LEYENDA — COMO COMBATIR LOS MALEFICIOS — PAPUS
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RITOS — 60 RITUALES — DISTINTOS TIPOS DE RITUALES
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MITOS SOBRE DOGMAS — 1ªy 2ªparte — ELIPHAS LEVI — DOGMAS Y RITUAL DE LA ALTA MAGIA
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LEYENDA DE SCIFI — ISAAC ASIMOV — EL ROBOT AL-76 SE HA EXTRAVIADO
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LEYENDA : EL CENTINELA — ARTHUR C. CLARKE — SCIFI
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Cómo Ocurrió — ISAAC ASIMOV
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LEYENDA : ANTES DEL EDEN — ARTHUR C. CLARKE — SCIFI
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Wednesday, June 4, 2008

Poemas Vampíricos — VARIOS

Poemas Vampíricos — VARIOS

Poemas vampíricos

Que los muertos descansen en paz
-Laß die Verstorbenen ruhen-
(Kaspar Stieler, 1632-1707)

¡Muere, Filidor!
¿por qué no moriste por tu deseo?
El coro de promesas de las musas
anunciaba herederos a tu nombre,
aunque pensara Florilis
que ninguno se lamentaría por ti.
Florilis, ciertamente,
reirá con tu muerte;
y, de seguro,
chistes contará
encima de tu ataúd
y brincará, vitoreará
y cantará sobre tu tumba.
Si alguien menciona tu nombre,
tras tu muerte,
como, cuando o donde sea,
ella se burlará sobre tu lápida,
ella misma sacudirá tus roídos huesos.
Mas, orgullosa niña,
no imagines
que te dejaré ir así.
Un rostro espectral,
parecido al mío, te atormentará;
te perseguirá mi fantasma e irá a la cama contigo.
Un opresivo sueño
te despertará frecuentemente.
Con dificultad creerás cómo entonces puedo asustarte:
Haré miserable tu vida con lamentos y golpes.
Si por la mañana te encontraran contusiones,
di que te las hice por vengarme.
Si caes enferma
te atormentaré en tus pensamientos.
Más vale entonces te corrijas
mientras tiempo hay para hacerlo.
Si me desvaneces en las aguas vaporosas del Aquerón
no tendrá sentido quejarse
cuando te atormente mi fantasma.

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Thalaba el destructor
-Thalaba the Destroyer-
(Robert Southey, 1799)

¡Una noche de tinieblas y tormenta!
Dentro de la cripta
Thalaba depositó al anciano,
para protegerle de la lluvia.
¡Una noche de tormenta! El viento
barría el cielo sin luna,
y gemía entre las columnas de los sepulcros;
y en las pausas de su barrer
oían el caer de la espesa lluvia
sobre el monumento.
En silencio, sobre la tumba de Oneiza
su padre y su esposo se hastiaban.
El almacín desde el minarete
cantó la medianoche.
“¡Ahora, ahora!”, gritó Thalaba;
y sobre la cripta de la tumba
se esparció un pálido resplandor,
como los reflejos de áureo fuego;
y en esta espantosa luz
Oneiza apareció ante ellos. Era ella…
Sus mismas facciones…, alteradas por la muerte,
lívidas mejillas, azulados labios;
pero en sus ojos aparecía
un brillo más terrible
que toda la horridez de la muerte.
“¿Vives aún, infeliz?”,
preguntó con apagada voz a Thalaba;
“¿y debo abandonar cada noche mi tumba
para decirte, en vano,
que Dios te ha abandonado?”
“¡No es ella! _exclamó el anciano_,
¡es un espectro, nada más que un espectro!”
Y dirigiéndose al joven que empuñaba la lanza:
“¡Arrójasela tú mismo!”
“¡Arrójala!”, gritó Thalaba,
y, desprovisto de toda fuerza,
clavó sus ojos en la estremecedora forma.
“¡Sí, arrójala!”, gritó una voz cuyo tono
inundó súbitamente su alma con tanto alivio
como cuando la lluvia en el desierto
de la muerte le libró.
Pero, obediente a aquella conocida voz,
fijó sus ojos en aquello,
cuando Moath, firme de corazón
efectuó el lanzamiento: a través del cadáver del vampiro
voló la lanza, cayó,
y gimiendo por el dolor de la herida
su diabólico morador huyó.
Una azulada luz cayó sobre ellos,
e inundados de gloria, ante sus ojos
el espíritu de Oneiza descansó.

**********************************

The Giaour (fragmento)
(Lord Byron, 1813)

Pero primero, sobre la tierra, como vampiro enviado,
tu cadáver de la tumba será arrancado;
luego, lívido, vagarás por el que fuera tu hogar,
y la sangre de todos los tuyos has de chupar;
allí, de tu hija, hermana y esposa,
a media noche, la fuente de la vida secarás;
Aunque abomines del banquete, debes, forzosamente,
nutrir tu lívido cadáver viviente,
tus víctimas, antes de expirar,
en el demonio a su señor verán;
maldiciéndote, maldiciéndose,
tus flores marchitándose están en el tallo.
Pero una que por tu crimen debe caer,
la más joven, entre todas, la más amada,
llamándote padre, te bendecirá:
¡esta palabra envolverá en llamas tu corazón!
Pero concluir debes tu trabajo y observar
en sus mejillas el último color;
de sus ojos el último destello,
y su postrera y vidriosa mirada debes ver
helarse sobre el azul sin vida;
con impías manos desharás luego
las trenzas de su dorado cabello,
que fueron en vida bucles por ti acariciados
y con promesas de tierno amor despeinados;
¡pero ahora tú lo arrebatas,
monumento a tu agonía!
Con tu propia y mejor sangre chorrearán
tus rechinantes dientes y macilentos labios;
luego, a tu lóbrega tumba caminarás;
ve, y con demonios y espíritus delira,
hasta que de horror estremecidos, huyan
de un espectro más abominable que ellos.

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La tumba inquieta
-The Unquiet Grave-
(Canción tradicional del folklore británico)

El viento no sopla hoy, mi amor,
y caen algunas pequeñas gotas de lluvia;
nunca tuve más que un verdadero amor
y en la tumba fue encerrado.

Haré tanto por mi único amor
como cualquier joven haría;
me sentaré y lloraré junto a su tumba
durante doce meses y un día.

Transcurridos los doce meses y un día,
la muerta empezó a hablar:
“Oh, ¿quién llora junto a mi tumba
y no me deja dormir?”

“Soy yo, mi amor, el que junto a la tumba está
y no te deja dormir;
implorando un beso de tus helados labios,
eso es todo lo que deseo.”

“Imploras un beso de mis helados labios,
pero mi aliento huele fuertemente a tierra;
si te beso con mis helados labios,
tus días estarán contados.”

Esta mañana, en el lejano y verde jardín,
amor, donde solíamos pasear,
la más bella flor que allí crecía
se ha marchitado en su tallo.

También el tallo está seco, mi amor,
y así se marchitarán nuestros corazones;
así que, procúrate felicidad, mi amor,
hasta que Dios te llame.

http://bloodgothic.blogspot.com/2008/06/poemas-vampricos-varios.html

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Wednesday, May 21, 2008

ALGUNAS CASAS ENCANTADAS — AMBROSE BIERCE - VARIOS RELATOS

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ALGUNAS CASAS ENCANTADAS — AMBROSE BIERCE - VARIOS RELATOS

AMBROSE BIERCE

ALGUNAS CASAS ENCANTADAS

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La Isla de los Pinos
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Durante muchos años, cerca de la ciudad de Gallipolis, Ohio, vivió un anciano llamado Herman Deluse. Poco se sabía de su vida, porque él no quería ni hablar de ella ni aguantar a los demás. Era creencia extendida entre sus vecinos que había sido pirata, aunque nadie sabía si ello se debía a que no existían más pruebas que su colección de garfios de abordaje, sus alfanjes y sus viejas pistolas de serpentín. Vivía completamente solo en una pequeña casa de cuatro habitaciones que se desmoronaba a pasos agigantados y en la que no se realizaba más reparación que la que exigían las condiciones meteorológicas. Se elevaba en medio de un gran pedregal cubierto de zarzamoras, con unas, cuantas parcelas cultivadas del modo más primitivo. Ésas eran sus únicas propiedades visibles, suficientes para vivir, pues sus necesidades eran pocas y elementales. Siempre disponía de dinero contante y sonante, y todas las compras que hacía en las tiendas de la plaza del pueblo las pagaba en efectivo, sin comprar más de dos o tres veces en el mismo sitio hasta que había pasado un lapso considerable de tiempo. Sin embargo, esta distribución tan equitativa de su patrimonio no recibía ningún elogio; la gente la consideraba un intento ineficaz de ocultar su riqueza. Que el anciano guardaba enterrada en algún lugar de su destartalada vivienda una enorme cantidad de oro adquirido de forma deshonrosa, era algo que ninguna persona sincera, al tanto de los hechos de la tradición local y con un sentido de la proporción de las cosas, podía poner en duda sensatamente.
El 9 de noviembre de 1867, el anciano murió; al menos su cadáver fue descubierto al día siguiente, y los médicos testificaron que la muerte había ocurrido en las veinticuatro horas precedentes. Cómo, es algo que no supieron decir, pues la autopsia mostraba que todos los órganos estaban sanos, sin ningún indicio de anomalía o violencia. En su opinión, la muerte debía haber tenido lugar al mediodía, ya que el cuerpo estaba en la cama. El veredicto judicial fue que aquel hombre «había encontrado la muerte por un castigo de Dios». El cuerpo fue enterrado y el administrador público se hizo cargo de la herencia.
Una investigación rigurosa no reveló nada nuevo acerca de aquel hombre muerto, y gran parte de las excavaciones llevadas a cabo en sus propiedades, aquí y allá, por sus solícitos y ahorradores vecinos, no dieron ningún fruto. El administrador cerró la casa hasta el momento en que los bienes, raíces y personales, fueran a ser vendidos de acuerdo con la ley, con vistas a sufragar en parte los gastos de tal venta.
La noche del 20 de noviembre fue borrascosa. Un tremendo vendaval sacudió los campos, azotándolos con una desoladora ventisca de nieve. Enormes árboles fueron arrancados de raíz y arrojados sobre los caminos. Nunca se había conocido en toda aquella región una noche tan tormentosa, aunque a la mañana siguiente el vendaval había amainado y amaneció un día claro y soleado. Hacia las ocho de la mañana, el reverendo Henry Galbraith, un conocido y muy estimado pastor luterano, llegó andando a su casa, que estaba a milla y media de la casa de Deluse. Mr. Galbraith venía de pasar un mes en Cincinnati. Había subido por el río en un vapor y, después de desembarcar en Gallipolis la tarde anterior, había conseguido una calesa y se había puesto en camino hacia su casa. La violencia de la tormenta le había retrasado toda la noche y por la mañana los árboles caídos le habían obligado a abandonar su medio de transporte y continuar el viaje a pie.
-Pero ¿dónde has pasado la noche? -le preguntó su esposa, una vez que había relatado su aventura brevemente.
-Con el viejo Deluse en la «Isla de los Pinos»* -fue su alegre respuesta-, y resultó bastante triste. No puso ninguna objeción a que me quedara, pero no conseguí que dijera una palabra en toda la noche.
Afortunadamente, y en interés de la verdad, estaba presente en la conversación Mr. Robert Mosely Maten, abogado y littérateur de Columbus, que era el autor de los deliciosos Mellowcraft Papers. Advirtiendo, aunque sin compartirlo, el asombro causado por la respuesta de Mr. Galbraith, este individuo ingenioso refrenó con un gesto las exclamaciones que naturalmente se habrían producido, y con voz tranquila preguntó:
-¿Cómo consiguió entrar allí?
Ésta es la versión que Mr. Maren dio de la respuesta de Mr. Galbraith:
-Vi una luz que se movía en el interior de la casa, y como no podía ver casi nada a causa de la nieve y, además, estaba medio congelado, me dirigí hacia la entrada y dejé mi caballo en el viejo establo, donde permanece todavía. Entonces llamé a la puerta. Al no recibir respuesta, entré. La habitación estaba a oscuras, pero tenía cerillas; encontré una vela y la encendí. Intenté entrar en la habitación de al lado, pero la puerta estaba atascada. El viejo no respondía a mis llamadas, aunque yo oía sus fuertes pisadas en el interior. No había fuego en la chimenea, de modo que hice uno, me eché en el suelo (sic) delante de él, apoyé la cabeza sobre el abrigo y me dispuse a dormir. Unos instantes después, la puerta que había intentado abrir cedió lentamente y el viejo entró con una vela en la mano. Me dirigí a él en tono amable, pidiéndole excusas por mi intromisión, pero no me prestó atención alguna. Parecía buscar algo, aunque sus ojos estaban inmóviles en sus órbitas. Tal vez andaba en sueños. Hizo un recorrido alrededor de la habitación y se fue de la misma manera que había entrado. Regresó a la habitación dos veces más antes de que me durmiera, actuando exactamente del mismo modo, y marchándose de nuevo como la primera vez. En los intervalos le oí deambular por la casa, pues sus pisadas resultaban claramente perceptibles cuando la tormenta aflojaba. Al despertar por la mañana ya se había ido.
Mr. Maren intentó hacer unas cuantas preguntas más, pero fue imposible contener las lenguas de los familiares por más tiempo. La historia de la muerte de Deluse y su posterior entierro salieron a la luz, con gran asombro por parte del buen pastor.
-La explicación de su aventura es muy sencilla -dijo Mr. Maren-. No creo que el viejo Deluse ande en sueños, al menos no en el actual; evidentemente, quien soñó fue usted.
Mr. Galbraith, considerado así el asunto, se vio obligado a asentir a regañadientes.
A pesar de todo, a última hora del día siguiente estos dos caballeros se encontraban, en compañía de un hijo del pastor, en el camino que hay delante de la casa del viejo Deluse. Allí dentro había luz; aparecía ora en una ventana, ora en otra. Los tres hombres avanzaron hacia la puerta. Al llegar a ella, del interior surgió una barahúnda de ruidos aterradores: un rechinar de espadas, de acero contra acero, acompañado de fuertes explosiones, como las de las armas de fuego, de gritos de mujeres, de maldiciones y gemidos lanzados por hombres en combate. Los investigadores se quedaron inmóviles por un momento, indecisos, asustados. Después, Mr. Galbraith probó a abrir la puerta. Estaba atrancada. Pero el pastor era un hombre valiente, un hombre, además, con una fuerza hercúlea. Retrocedió uno o dos pasos, se lanzó contra la puerta y, asestándole un golpe con el hombro derecho, la arrancó de su marco con un sonoro zambombazo. En un instante los tres hombres estaban en el interior. ¡Todo era oscuridad y silencio! No se oía más que el latido de sus corazones.
Mr. Maren se había provisto de fósforos y de una vela. Con cierta dificultad, causada por la emoción, consiguió alumbrar una luz con la que procedieron a explorar el lugar, recorriendo habitación por habitación. Todo se encontraba en perfecto orden, tal y como había sido dejado por el sheriff; nada había sido alterado. Una ligera capa de polvo cubría los objetos. La puerta trasera aparecía entreabierta, como por descuido, por lo que su primera idea fue que los autores de aquel terrible tumulto habían conseguido escapar. Abrieron la puerta del todo y la luz de la vela iluminó la superficie del exterior. El resultado ya concluido de la tormenta de la noche anterior había sido una somera capa de nieve. No había huella alguna. La blanca superficie estaba intacta. Entonces cerraron la puerta y se dirigieron hacia la última habitación de las cuatro que había en la casa, la más alejada, situada en una esquina del edificio. Al entrar en ella, la vela que Mr. Maten sostenía en la mano se apagó de repente, como por una corriente de aire.
Inmediatamente se oyó un fuerte impacto contra el suelo. Una vez que la vela fue encendida de nuevo a toda prisa, se pudo ver al joven Mr. Galbraith postrado en el suelo, no muy lejos de donde se encontraban los otros. Estaba muerto. Con una mano, el cuerpo agarraba un pesado saco de monedas que, tras un posterior examen, resultaron proceder de la vieja ceca española. Sobre el cuerpo yacente descansaba un tablero que había sido arrancado de sus sujeciones a la pared, y resultaba evidente que el saco había salido del hueco que allí quedaba.
Se llevó a cabo otra investigación judicial: la nueva autopsia tampoco consiguió revelar en esta ocasión las causas de la muerte. Una vez más, el veredicto de «castigo de Dios» dejó a todos la libertad de sacar sus propias conclusiones. Mr. Maten sostuvo que el joven Galbraith murió a causa de la emoción.
_
Una tarea infructuosa
_
Henry Saylor, que resultó muerto en Covington durante una discusión con Antonio Finch, fue un reportero del Commercial de Cincinnati. En 1859, una vivienda deshabitada de la calle Vine, en Cincinnati, se convirtió en centro de la inquietud local a causa de las extrañas visiones y sonidos que, según decían, podían observarse en ella por las noches. De acuerdo con el testimonio de muchos vecinos respetables, dichos fenómenos no concordaban más que con la hipótesis de que la casa estaba encantada. La multitud podía ver desde la acera cómo unas extrañas figuras entraban y salían del local. Nadie sabía decir exactamente en qué lugar del césped, desde el que se dirigían hacia la puerta principal, aparecían, ni por qué punto desaparecían al salir. Y, lo que es más, aunque cada espectador por separado estaba completamente seguro de esos acontecimientos, no había dos que coincidieran. Todos variaban en sus descripciones de las figuras. Algunos de los más osados elementos de aquella muchedumbre curiosa se aventuraron varias tardes a situarse en los escalones de entrada para impedirles el paso o, si no lo conseguían, para verles mejor. Estos valerosos individuos, según se decía, eran incapaces de derribar la puerta uniendo sus fuerzas y siempre resultaban arrojados de los escalones por un impulso invisible, gravemente heridos. Inmediatamente después, la puerta se abría, al parecer por sí sola, dejando entrar o salir a algún invitado fantasmal. Aquel local era conocido como la casa Roscoe, en la que durante algunos años había vivido una familia de tal nombre, cuyos miembros habían desaparecido uno tras otro, siendo una anciana la última en abandonar la casa. Las historias sobre acontecimientos horribles y asesinatos sucesivos habían abundado siempre, pero nunca se había comprobado su autenticidad.
En uno de aquellos días en que la agitación predominaba, Saylor se presentó en la redacción del Commercial para recibir instrucciones. Se le entregó una nota del directo; que decía lo siguiente: «Vaya a pasar la noche solo en la casa encantada de la calle Vine y si ocurre algo interesante redacte dos columnas.» Saylor obedeció a su superior: no podía permitirse el lujo de perder su puesto en el periódico.
Después de informar a la policía de sus intenciones, se introdujo en la casa por una ventana trasera antes del anochecer, recorrió las habitaciones desiertas, sin muebles, cubiertas de polvo y desoladas y, sentado en el salón sobre un viejo sofá que había llevado arrastrando desde otra habitación, observó cómo la oscuridad se imponía a medida que avanzaba la noche. Antes de que todo estuviera a oscuras, en la calle se congregó, como siempre, una multitud curiosa, silenciosa y expectante, en la que algún que otro bromista hacía gala de su incredulidad y valentía profiriendo comentarios desdeñosos o gritos obscenos. Nadie tenía conocimiento del ambicioso observador del interior. No se atrevía ni a encender un fósforo; las ventanas sin cortinas habrían revelado su presencia, sometiéndole al insulto y posiblemente a los golpes. Además, era demasiado concienzudo para hacer algo que pudiera debilitar sus impresiones o alterar cualquiera de las condiciones acostumbradas en las que se decía que se producían los hechos.
Había caído la noche, aunque la luz de la calle iluminaba parte de la habitación en la que se encontraba. Saylor había abierto todas las puertas del interior, las de arriba y las de abajo, pero las de fuera estaban cerradas y atrancadas. Unas repentinas exclamaciones de la muchedumbre le impulsaron a acercarse a una ventana y asomarse. Entonces vio la figura de un hombre que atravesaba el césped a toda prisa y se dirigía hacia el edificio. Le vio subir los escalones. Después quedó oculto por un saliente de la pared. Hubo un ruido, como si abrieran y cerraran la puerta del recibidor; oyó unas pisadas firmes y rápidas en el pasillo, por las escaleras y, finalmente, en la habitación sin alfombras que había inmediatamente encima de su cabeza.
Saylor sacó decididamente su pistola y, tras subir a tientas por las escaleras, entró en aquella habitación, débilmente iluminada desde la calle. Allí no había nadie. Entonces oyó pisadas en la habitación de al lado y entró en ella. Todo estaba oscuro y en silencio. Con el pie golpeó un objeto que había en el suelo; se arrodilló y lo tocó con la mano. Era una cabeza humana, de mujer. Tras agarrarla por los cabellos, aquel tipo de nervios de acero regresó a la habitación de abajo y acercó la cabeza a la ventana para examinarla atentamente. Mientras se dedicaba a ello, fue consciente del rápido abrir y cerrar de la puerta de entrada y de las pisadas que se oían a su alrededor. Al apartar la vista de aquel objeto fantasmal, se encontró rodeado por una multitud de hombres y mujeres a los que apenas podía ver; la habitación estaba inundada de ellos. Entonces creyó que la gente había entrado.
-Señoras y caballeros -dijo con serenidad-: ustedes me están viendo en unas circunstancias sospechosas, pero…
En ese momento su voz fue ahogada por unas carcajadas: unas carcajadas como las que se oyen en los manicomios. Las personas que se encontraban a su alrededor señalaban al objeto que tenía en la mano y su alborozo aumentó cuando Saylor lo dejó caer y fue rodando por entre sus pies. Entonces comenzaron a bailar alrededor de aquella cabeza con gestos grotescos y actitudes obscenas e indescriptibles. Le dieron patadas enviándola de un lado a otro de la habitación, y en su afán de golpearla, se empujaban y derribaban los unos a los otros. Maldecían, gritaban y cantaban fragmentos de canciones indecentes, mientras la maltratada cabeza iba dando saltos de acá para allá como si estuviera aterrorizada y quisiera escapar. Finalmente salió disparada por la puerta hacia el recibidor, seguida por todos los demás, dando lugar a una precipitación tumultuosa. En aquel momento la puerta se cerró con un fuerte golpe y Saylor se quedó solo en medio de un silencio sepulcral.
Guardó con cuidado la pistola, que había estado en sus manos todo el rato, y se dirigió a la ventana para asomarse. La calle estaba desierta y en silencio. Las luces se habían apagado. Los tejados y las chimeneas de las casas se recortaban nítidamente en el Este a la luz del amanecer. Salió de la casa (la puerta cedió con facilidad a su empuje) y se encaminó hacia la redacción del Comercial. El director estaba todavía en su despacho, dormido. Saylor le despertó y dijo:
-Vengo de la casa encantada.
El director le miró sin comprender, como si aún estuviera dormido.
-¡Dios mío! -exclamó-, pero ¿eres tú, Saylor?
-Claro, ¿por qué no?
El director no respondió, pero siguió mirándole.
-Pasé la noche allí…, según parece -añadió Saylor.
-Dicen que las cosas estuvieron extraordinariamente tranquilas ahí fuera -señaló el director jugueteando con un pisapapeles sobre el que había posado la vista-, ¿ocurrió algo?
-Nada en absoluto.
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Una parra sobre una casa
_
A unas tres millas de la pequeña ciudad de Norton, en Missouri, en el camino que lleva a Maysville, se levanta una vieja casa que fue habitada por última vez por una familia llamada Harding. Desde 1886 no ha vivido nadie allí, y no es probable que nadie vuelva a hacerlo. El tiempo y la condena de los que por allí habitan la están convirtiendo en una ruina bastante pintoresca. Un observador no familiarizado con su historia ni siquiera la incluiría en la categoría de «casas encantadas»; y sin embargo ésa es la reputación de que goza en la región que la rodea. Las ventanas no tienen cristales, y no hay puertas en las entradas. Hay grandes grietas en el tejado de madera y los tablones son de un color gris pardo por falta de pintura. Pero estos indefectibles signos de lo sobrenatural están ocultos en parte y bastante suavizados por el abundante follaje de una enorme parra que recorre toda la estructura. Esta parra, de una especie que ningún botánico ha conseguido nombrar, desempeña un papel importante en la historia de la casa.
La familia Harding estaba formada por Robert Harding, su esposa Matilda, Miss Julia Went, hermana de aquélla, y dos niños. Robert Harding era un hombre callado, de costumbres reservadas, sin amigos en la vecindad y, al parecer, sin intención de hacerlos. Tenía unos cuarenta años, era comedido y diligente, y se ganaba la vida con una pequeña granja, actualmente cubierta de maleza y de zarzamoras. Él y su cuñada eran bastante criticados por sus vecinos, a quienes les parecía que andaban demasiado tiempo juntos. El vecindario no era culpable del todo, porque en aquellos momentos ninguno de los dos refutaba tal observación. El código moral de los campos de Missouri es rígido y severo.
Mrs. Harding era una mujer amable y de aspecto triste, a la que le faltaba el pie izquierdo.
Un cierto día de 1884 se supo que había ido a Iowa a visitar a su madre. Esto era lo que su marido contestaba cuando se le preguntaba, y su forma de decirlo no suponía ningún estímulo para seguir preguntando. Mrs. Harding nunca regresó, y dos años más tarde, sin vender la granja o alguna de sus posesiones, ni nombrar un agente que se encargara de sus intereses o se llevara sus enseres domésticos, Harding abandonó la casa con el resto de la familia. Nadie supo dónde había ido; ni a nadie le preocupaba en aquella época. Naturalmente, todos los objetos móviles de la casa desaparecieron enseguida y la casa abandonada se convirtió en «encantada» a su manera.
Una tarde estival, cuatro o cinco años después, el reverendo J. Gruber, de Norton, y un abogado llamado Hyatt se encontraron a caballo delante de la casa de Harding. Como tenían negocios que discutir ataron los animales y se dirigieron hacia la casa, en cuyo porche se sentaron a charlar. Hicieron algún comentario jocoso sobre la misteriosa reputación de la casa, pero la olvidaron enseguida y se pusieron a hablar de sus asuntos hasta que se hizo casi de noche. Hacía un calor agobiante y no se movía una mota de aire.
En ese momento los dos hombres, sorprendidos, se pusieron en pie de un salto: una larga parra, que cubría la mitad de la fachada de la casa y cuyas ramas colgaban del borde superior del porche, se agitaba de un modo que resultaba visible y audible, sacudiendo violentamente el tallo y todas las hojas.
-Vamos a tener tormenta -comentó Hyatt.
Gruber, sin decir nada, dirigió la atención de Hyatt hacia el follaje de los árboles cercanos, que no se movían; hasta los débiles extremos de las ramas que destacaban sobre el cielo claro estaban inmóviles. Rápidamente, bajaron los escalones que llevaban a lo que había sido una pequeña pradera de césped y dirigieron la vista hacia arriba, hacia la parra, cuya total longitud era ahora visible. Seguía agitándose violentamente, pero no podían comprender la causa de tal trastorno.
-Marchémonos -dijo el pastor.
Y eso hicieron. Olvidaron que habían venido en direcciones opuestas y se marcharon juntos. Llegaron a Norton, donde contaron su extraña experiencia a varios amigos discretos. Al día siguiente por la tarde, más o menos a la misma hora, acompañados por otras dos personas cuyos nombres no se recuerda, se encontraban de nuevo en el porche de la casa Harding y el fenómeno se produjo una vez más: la parra se agitaba violentamente, como demostró un cuidadoso examen, desde la raíz hasta la punta, y ni siquiera uniendo sus fuerzas sobre el tronco consiguieron calmarla. Después de estar observándola durante una hora, se retiraron, no menos inteligentes, según se cree, que cuando habían llegado.
No hizo falta mucho tiempo para que estos hechos singulares provocaran la curiosidad de toda la vecindad. De día y de noche, multitud de personas se congregaban en la casa Harding «buscando alguna señal». No parece probable que alguien la encontrara, aunque los testimonios mencionados resultaban tan creíbles que nadie puso en duda la realidad de las «manifestaciones» de las que ellos daban fe.
Ya fuera por una feliz inspiración o por un afán destructivo, un día se propuso (nadie parecía saber de quién partió la idea) arrancar la parra y, tras un caluroso debate, así se hizo. Sólo se encontró la raíz y, sin embargo, nada podría haber resultado más extraño.
Desde el tronco, que tenía en la superficie un diámetro de varias pulgadas, la raíz se hundía, sencilla y recta, unos cinco o seis pies en un terreno suelto y friable; después se dividía y subdividía en raicillas, fibras y filamentos, entrelazados de un modo extraño. Una vez que se les hubo sacado cuidadosamente del suelo, mostraron una disposición singular. Sus ramificaciones y plegamientos sobre sí mismas formaban una red compacta, que recordaba sorprendentemente en su forma y tamaño a una figura humana. Allí estaban la cabeza, el tronco y las extremidades; hasta los dedos de los pies y manos aparecían claramente definidos. Muchos afirmaban ver en la distribución y disposición de las fibras de la masa globular que formaba la cabeza la insinuación grotesca de un rostro. La figura era horizontal; las raíces más pequeñas habían comenzado a unirse a la altura del pecho.
En su parecido con una forma humana, la imagen era sin embargo imperfecta. A unas diez pulgadas de una de las rodillas, los cilia que formaban aquella pierna se doblaban bruscamente hacia atrás y hacia dentro sobre la línea de crecimiento. A la figura le faltaba el pie izquierdo.
No había más que una conclusión, la única posible. Pero, debido a la emoción subsiguiente, se propusieron tantas formas de proceder como número de consejeros incapaces había. El asunto fue resuelto por el sheriff del condado que, en su condición de custodio legal de la hacienda abandonada, ordenó que se volviera a colocar la raíz en su sitio y se la cubriera con la tierra que había sido extraída.
Una posterior investigación sacó a la luz un único hecho importante y significativo: Mrs. Harding nunca había visitado a sus parientes de Iowa, ni ellos tenían noticia de que fuera a hacer tal cosa.
De Robert Harding y del resto de la familia no se ha vuelto a saber nada. La casa conserva su reputación funesta, aunque la parra que se volvió a plantar sea un vegetal metódico y formal, debajo del cual le gustaría sentarse a una persona nerviosa en una noche tranquila, cuando las chicharras hacen rechinar su revelación inmemorial y el lejano chotacabras expresa su idea de lo que debería hacerse con ella.
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En casa del viejo Eckert
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Philip Eckert vivió durante muchos años en una vieja casa de madera ennegrecida por las inclemencias del tiempo, que se encontraba a unas tres millas de la pequeña ciudad de Marion, en Vermont. Aún deben de quedar vivas algunas personas que le recuerden (confío en que no de un modo desagradable) y sepan algo de la historia que voy a contar.
«El viejo Eckert», como todos le llamaban, no tenía un temperamento muy sociable y vivía solo. Al no haberle oído hablar nunca de sus propios asuntos, nadie en los contornos sabía nada acerca de su pasado ni de sus parientes, si es que los tenía. Sin resultar especialmente grosero ni desdeñoso en sus maneras o en sus palabras, conseguía ser inmune a una curiosidad impertinente, aunque libre de la mala fama con la que normalmente aquélla suele vengarse cuando se la desconcierta; por lo que yo sé, el renombre de Mr. Eckert como asesino reformado o como pirata retirado del Caribe no había llegado a oídos de nadie en Marion. Su medio de vida era el cultivo de una pequeña granja, no muy productiva.
-Un día desapareció, y la búsqueda prolongada de sus vecinos no consiguió encontrarle ni arrojó luz alguna sobre su paradero o las razones de su desaparición. Nada indicaba que hubiera hecho preparativos para la marcha: todo estaba como podría haberlo dejado para ir a la fuente a llenar un cubo de agua. Durante algunas semanas poco más se habló de ello en la región; después, «el viejo Eckert» se convirtió en un relato local para los oídos de los forasteros. Desconozco lo que se hizo con sus propiedades; sin duda, lo correcto, lo que la ley mandara. La casa seguía allí, todavía vacía y en condiciones muy deterioradas, cuando oí hablar de ella por última vez, unos veinte años más tarde.
Desde luego, llegó a considerarse que estaba «encantada», y se contaban las acostumbradas historias de luces que se movían, sonidos lastimeros y apariciones asombrosas. En cierto momento, unos cinco años después de la desaparición, estos relatos de tinte sobrenatural llegaron a ser tan abundantes, o por algunas circunstancias que los confirmaban parecieron tan importantes, que algunos de los ciudadanos más serios de Marion creyeron conveniente investigar y organizaron a tal fin una reunión nocturna en el local. Los interesados en esta empresa eran: John Holcomb, boticario; Wilson Merle, abogado; y Andrus C. Palmer, maestro de la escuela pública. Todos ellos hombres de importancia y reputación. Su intención era reunirse en casa de Holcomb a las ocho de la tarde del día fijado y dirigirse juntos al escenario de su vigilia, donde se habían hecho algunos preparativos para su comodidad, como un abastecimiento de leña y similares, pues era invierno.
Palmer faltó a la cita, y tras media hora de espera los otros dos se marcharon a la casa de Eckert sin él. Se acomodaron en la habitación principal, donde encendieron un fuego vivo y, sin más luz que la que él producía, se dispusieron a esperar los acontecimientos. Se había acordado hablar lo menos posible: ni siquiera volvieron a intercambiar opiniones sobre la deserción de Palmer, tema que había ocupado sus mentes en el camino.
Debía de haber pasado una hora sin que se produjera incidente alguno, cuando escucharon (no sin emoción, desde luego) el ruido de una puerta que se abría en la parte posterior de la casa, seguido por el de unas pisadas en la habitación contigua a aquélla en la que se encontraban. Los investigadores se pusieron en pie y se prepararon para lo que pudiera ocurrir sin hacer movimiento alguno. Hubo un largo silencio, aunque ninguno de los dos supo luego definir lo que duró. Entonces la puerta que conectaba las dos habitaciones se abrió y entró un hombre.
Era Palmer. Estaba pálido, como asustado; tan pálido como se habían quedado los otros dos. Su actitud era también singularmente distraída: no respondió a sus saludos ni les dirigió la mirada, sino que cruzó despacio la habitación a la luz del fuego agonizante y, tras abrir la puerta principal, se perdió en la oscuridad.
Parece que la primera explicación que se les ocurrió a ambos era que Palmer había sufrido un fuerte susto por algo que había visto, oído o imaginado en la habitación trasera, que le había privado de los sentidos. Impulsados por el mismo sentimiento de amistad echaron a correr tras él. ¡Pero ni ellos ni ninguna otra persona volvió a ver o a saber de Andrus Palmer!
Esto fue lo que se descubrió a la mañana siguiente. Durante la reunión de los señores Holcomb y Merle en la «casa encantada» había caído una capa de nieve limpia de varias pulgadas de espesor sobre la antigua, ya sucia. Se podían apreciar en ella las huellas de Palmer desde su casa en el pueblo hasta la puerta trasera de la casa de Eckert. Pero allí terminaban: a partir de la puerta principal no había más marcas que las dejadas por los dos hombres que juraban ir detrás de Palmer. La desaparición de Palmer fue tan completa como la del propio «viejo Eckert», a quien, como era de esperar, el director de un periódico acusó muy gráficamente de haber «alargado la mano y habérselo llevado».
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La casa espectral
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En la carretera que va desde Manchester, al Este de Kentucky, hacia el Norte, a Booneville, que se encuentra a veinte millas, había en 1862 una plantación con una casa de madera, en cierto modo de mejor calidad que la mayoría de las viviendas de la región. Al año siguiente la casa fue destruida por el fuego causado probablemente por unos rezagados de las columnas del General George W. Morgan, que se retiraban hacia el río Ohio después de ser expulsados del desfiladero de Cumberland por el General Kirby Smith. En el momento de su destrucción llevaba deshabitada cuatro o cinco años. Los campos de alrededor estaban plagados de zarzamoras, sin vallas, y hasta las pocas viviendas de los negros, y el resto de los cobertizos en general, aparecían en parte en ruinas a causa del abandono y del pillaje. Porque los negros y los blancos pobres de la vecindad encontraban en el edificio y en las vallas un abundante suministro de combustible, del que se aprovechaban sin dudarlo, abiertamente y a la luz del día. Y sólo de día; después de anochecer ningún ser humano, salvo los forasteros que por allí pasaban, se acercaba al lugar.
Se la conocía como la «Casa Espectral». Que en ella moraban espíritus malignos, visibles, audibles y activos, no era puesto en duda por nadie en aquella región, no más que lo que el predicador ambulante decía los domingos. La opinión del propietario a este respecto era desconocida; él y su familia habían desaparecido una noche y nunca se había encontrado rastro de ellos. Dejaron todo: los enseres domésticos, la ropa, las provisiones, los caballos en el establo, las vacas en el campo, los negros en sus viviendas; todo tal y como estaba. No faltaba nada, excepto un hombre, una mujer, tres niñas, un chico y un bebé. No era sorprendente en absoluto que una plantación en la que siete seres humanos podían desaparecer al mismo tiempo, y nadie se diera cuenta, resultara sospechosa.
Una noche de junio, en 1859, dos ciudadanos de Frankfort, el coronel J.C. McArdle, abogado, y el juez Myron Veigh, de la Milicia Estatal, se trasladaban de Booneville a Manchester. Sus asuntos eran tan importantes que decidieron continuar el viaje a pesar de la oscuridad y del retumbar de una tormenta que se aproximaba, y que finalmente estalló sobre ellos cuando pasaban por delante de la «Casa Espectral». El relampagueo era tan incesante que encontraron sin dificultad el camino de entrada que llevaba a un cobertizo, donde ataron los caballos y les quitaron los arreos. Después, bajo la lluvia, se dirigieron hacia la casa y llamaron a todas las puertas sin recibir respuesta alguna. Atribuyéndolo al continuo tronar de la tormenta, decidieron empujar una puerta; ésta cedió. Entraron sin más ceremonia y la cerraron. En aquel momento se encontraron a oscuras y en silencio. Por las ventanas y grietas no se veía ni un destello del resplandor de los incesantes rayos; ni un murmullo del horrible tumulto exterior llegaba hasta ellos. Era como si se hubieran quedado ciegos y sordos de repente, y McArdle dijo más tarde que por un momento creyó haber sido alcanzado por un rayo cuando traspasaba el umbral. El resto de la aventura quedó relatado en sus propias palabras, en el Advocate de Frankfort del 6 de agosto de 1876:
«Cuando conseguí recuperarme del aturdimiento de la transición del tumulto al silencio, mi primer impulso fue volver a abrir la puerta que había cerrado, de cuyo pomo no era consciente de haber retirado la mano. Podía sentirlo claramente todavía entre los dedos. Mi idea era averiguar al salir de nuevo bajo la tormenta si había perdido la vista y el oído. Giré el pomo y abrí la puerta de un tirón. ¡Pero daba a otra habitación!
» Esta estancia estaba inundada por una tenue luz verdosa, cuya fuente no pude determinar, que hacía que todo se viera con claridad, aunque no de un modo definido. Digo todo, aunque en realidad los únicos objetos que había dentro de las desnudas paredes de piedra de aquella habitación eran cadáveres humanos. Eran unos ocho o diez (se podrá comprender fácilmente que no los contara.) Sus edades y tamaños eran diversos, desde niños para arriba, y de ambos sexos. Todos estaban postrados en el suelo, salvo uno, el de una mujer joven sentada con la espalda apoyada en una esquina de la pared. Había otra mujer mayor que agarraba a un niño en sus brazos. Un mozo de mediana edad yacía boca abajo entre las piernas de un hombre barbudo. Uno o dos estaban prácticamente desnudos, y en la mano de una muchacha había un trozo de camisón que debía de haberse arrancado del pecho ella misma. Los cuerpos presentaban distintos grados de putrefacción, y todos ellos tenían la cara y la figura muy apergaminadas. Algunos eran poco más que esqueletos.
» Mientras observaba horrorizado el espantoso espectáculo, con el tirador de la puerta aún en la mano, por alguna perversión inexplicable mi atención se desvió de aquella horrible escena y pasó a ocuparse de detalles y pequeñeces. Tal vez mi mente, por un instinto de conservación, buscó alivio en asuntos que pudieran relajar su peligrosa tensión. Entre otras cosas, observé que la puerta que mantenía abierta estaba hecha de pesadas planchas de hierro, con remaches. Equidistantes unos de otros y de arriba abajo, tres fuertes cerrojos sobresalían del canto biselado. Di media vuelta al pomo y se retiraron hasta quedar al nivel del borde; lo solté y salieron disparados. Tenía un sistema de muelles. Por dentro no había agarrador, ni ningún tipo de saliente, sólo una lisa superficie de hierro.
» Mientras advertía estas cosas con un interés y atención que ahora me asombra recordar, me sentí apartado bruscamente, y el juez Veigh, del que me había olvidado por completo debido a la intensidad y las vicisitudes de mis impresiones, me empujó hacia el interior de la habitación.
» -¡Por Dios! -exclamé-. ¡No entre ahí! ¡Marchémonos de este horroroso lugar!
» Pero no hizo caso de mis ruegos, y (tan intrépido como cualquier caballero del Sur) se dirigió con rapidez hacia el centro de la habitación, se arrodilló junto a uno de los cuerpos para examinarlo con detenimiento y levantó suavemente la arrugada y ennegrecida cabeza entre sus manos. Un olor fuerte y desagradable llegó hasta la puerta, apoderándose completamente de mí. Mis sentidos se trastornaron; noté que me derrumbaba y, al agarrarme al borde de la puerta para no caerme, se cerró con un chasquido.
» No recuerdo nada más. Seis semanas después recuperé la razón en un hotel de Manchester al que había sido llevado al día siguiente por unos extraños. Durante todo aquel tiempo había sufrido una fiebre nerviosa acompañada de un constante delirio. Me habían encontrado tirado en la carretera a varias millas de la casa; cómo había escapado de allí hasta llegar al camino es algo que nunca supe. Una vez repuesto, o tan pronto como los médicos me permitieron hablar, pregunté por el destino del juez Veigh, de quien (para tranquilizarme, según sé ahora) me decían que se encontraba bien y en casa.
» Nadie creyó una palabra de mi relato, pero ¿quién puede asombrarse? ¿Y quién podría imaginar mi tristeza cuando me enteré, al llegar a mi casa en Frankfort dos meses más tarde, de que no se sabía nada del juez Veigh desde aquella noche? Entonces lamenté amargamente el orgullo que me había impedido repetir mi increíble historia e insistir en su realidad, ya desde los primeros días que sucedieron a mi recuperación.
» Los lectores del Advocate ya están familiarizados con todo lo que ocurrió después: el examen de la casa, el fracaso en encontrar una habitación que correspondiera a la que yo había descrito, el intento de declararme loco, y mi triunfo sobre mis acusadores. Después de todos estos años todavía considero que las excavaciones que no tengo derecho legal de iniciar, ni la riqueza suficiente para llevar a cabo, revelarían el secreto de la desaparición de mi infeliz amigo, y posiblemente de los anteriores ocupantes y propietarios de la abandonada y hoy destruida casa. No desespero sin embargo de realizar tal búsqueda, y es una fuente de profunda tristeza para mí el que haya sido retrasada por la hostilidad inmerecida y la incredulidad imprudente de los familiares y amigos del fallecido juez Veigh.
El coronel McArdle murió en Frankfort el trece de diciembre de 1879.
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Los otros huéspedes
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-Para coger ese tren -dijo el coronel Levering, sentado en el hotel Waldorf-Astoria- tendrá que pasar casi toda la noche en Atlanta. Es una ciudad bonita, pero le aconsejo que no se aloje en el Breathitt House, uno de los hoteles más importantes. Es un viejo edificio de madera que tiene una urgente necesidad de reparación. Hay grietas en las paredes por las que cabe un gato. Las habitaciones no tienen cerrojos en las puertas, ni más muebles que una simple silla y un somier sin ropa de cama, y sólo un colchón. Ni siquiera puedes estar seguro de disfrutar de estas escasas comodidades en exclusiva. Amigo, es un hotel de lo más abominable.
» La noche que pasé allí fue muy incómoda. Llegué tarde y fui conducido a una habitación del piso bajo por un portero de noche lleno de disculpas que, con gran consideración, me dejó la vela de sebo que llevaba. Dos días y una noche de duro viaje por ferrocarril me habían agotado y todavía no me había recuperado totalmente de una herida de bala en la cabeza recibida en un altercado. En vez de buscar un alojamiento mejor, me eché en el colchón sin quitarme la ropa y me dormí.
» Me desperté de madrugada. La luna había salido y brillaba a través de una ventana sin cortinas, iluminando la habitación con una suave luz azulada que producía un cierto efecto misterioso, aunque he de decir que su apariencia no era inusual; la luz de la luna siempre es así si te fijas. ¡Imagina mi sorpresa e indignación cuando vi el suelo ocupado por al menos una docena más de huéspedes! Me incorporé maldiciendo con la mayor seriedad a la administración de aquel hotel increíble, y cuando estaba a punto de ponerme en pie para ir a montarle un lío al portero, el de las disculpas y la vela, hubo algo en aquella situación que me hizo sentir una extraña indisposición a moverme. Supongo que, como diría un escritor, me había quedado «helado por el terror». ¡Porque obviamente todos aquellos hombres estaban muertos!
» Yacían de espaldas, dispuestos ordenadamente en tres lados de la habitación, con los pies mirando a la pared; en el otro lado, el que quedaba, estaba mi cama y una silla. Tenían las caras cubiertas, pero debajo de aquellos paños blancos las características de los dos cuerpos que reposaban cerca de la ventana, sobre la mancha cuadrada de la luz de la luna, presentaban un perfil de nariz y barbilla afilado.
» Creía que se trataba de una pesadilla e intenté gritar, como se hace cuando uno tiene un mal sueño, pero no podía emitir sonido alguno. Por fin, haciendo un esfuerzo desesperado, me puse en pie, pasé entre las dos filas de rostros tapados y los dos cuerpos que había unto a la puerta y huí de aquel lugar infernal con dirección a la oficina. El portero estaba allí sentado, detrás de un escritorio, a la luz de otra vela de sebo: sentado y mirando. Ni se levantó: mi brusca irrupción no pareció producirle efecto alguno, aunque supongo que yo debía tener el aspecto de un verdadero cadáver. Entonces me di cuenta de que realmente antes no me había fijado bien en aquel tipo. Era pequeño, con una cara descolorida y los ojos más blancos e inexpresivos que nunca he visto. No había en él más expresión que en el dorso de mi mano. Llevaba un traje de un sucio color gris.
» -¡Maldición! -exclamé- ¿Qué es lo que pretende?
» Pero daba lo mismo, estaba temblando como una hoja agitada por el viento y no reconocí mi propia voz.
» El portero se puso en pie, se inclinó (con aire de pedir perdón) y, bueno… desapareció; en aquel momento sentí por detrás que alguien apoyaba su mano sobre mi hombro. ¡Imagínatelo si puedes! Con un miedo cerval, di media vuelta y me encontré con un caballero gordo, de cara agradable, que me preguntó:
» -¿Qué le sucede, amigo?
» No tardé mucho en decírselo, pero, antes de que terminara, él también se puso pálido.
» -Míreme -dijo-, ¿está usted diciendo la verdad?
» En ese momento yo ya había conseguido sobreponerme, y el terror había dejado paso a la indignacion.
» -¡Si se atreve a dudarlo -le espeté- le machaco a golpes!
» -No -contestó-, no lo haga; siéntese y yo le contaré. Esto no es un hotel. Lo fue, y después un hospital. Ahora está deshabitado, a la espera de alguien que lo quiera alquilar. La habitación a la que usted se refiere era la habitación de los muertos; allí siempre había muchos muertos. El tipo al que usted llama portero solía serlo, pero más tarde se encargaba de registrar a los pacientes que llegaban. No comprendo qué hace ahora aquí. Hace unas cuantas semanas que murió.
» -¿Y usted quién es? -le pregunté.
» -Oh, yo me encargo de cuidar el local. Pasaba por aquí, vi luz y entré a investigar. Vamos, echemos un vistazo a esa habitación -añadió levantado del escritorio aquella vela que chisporroteaba.
» -¡Antes vería al mismísimo demonio! -exclamé saliendo rápidamente a la calle.
» Amigo, ese Breathitt House de Atlanta es un lugar maldito. No se aloje allí.
-¡No quiera Dios! La visión que usted ha dado de él no sugiere comodidad, desde luego. A propósito, coronel, ¿cuándo ocurrió todo eso?
-En septiembre de 1864, poco después del estado de sitio.
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Una cosa en Nolan
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Al Sur de donde se cruzan la carretera que va de Leesville a Hardy, en el estado de Missouri, y el brazo Este del río May, existe una casa abandonada. Nadie ha vivido en ella desde el verano de 1879, por lo que se está desmoronando a pasos agigantados. Durante los tres años anteriores a la fecha mencionada estuvo ocupada por la familia de Charles May, uno de cuyos antepasados dio nombre al río junto al cual se encuentra. La familia de Mr. May estaba formada por la esposa, un hijo mayor y dos chicas. El hijo se llamaba John; los nombres de las hijas son desconocidos para el autor de estos apuntes.
John May era de carácter taciturno y malhumorado, poco propenso a la ira, y con un don inusual: un odio resentido, implacable. Su padre era todo lo contrario. De temperamento alegre y jovial, aunque con un gran genio que se incendiaba como una llama en una brizna de paja. No abrigaba resentimientos y buscaba rápidamente la reconciliación una vez aplacada su ira. Tenía un hermano, que vivía cerca de allí, y que poseía un carácter muy distinto al suyo; toda la vecindad decía que John había heredado la forma de ser de su tío.
Un día se produjo un malentendido entre padre e hijo; hubo duras palabras, y el padre dio un puñetazo al hijo en la cara. John se secó con lentitud la sangre que le había causado el golpe, clavó los ojos en el agresor ya arrepentido y dijo con frialdad: «Morirás por esto.»
Estas palabras fueron oídas por los hermanos Jackson, que se acercaban a ellos en aquel momento; pero, al verles enzarzados en una discusión pasaron de largo y, al parecer, inadvertidos. Charles May relató después el desgraciado acontecimiento a su esposa y le explicó que le había pedido excusas a su hijo por el precipitado golpe, pero había sido inútil. El joven no sólo rechazaba las disculpas, sino que se negaba a retirar su terrible amenaza. A pesar de todo no hubo una ruptura abierta de relaciones: John siguió viviendo con la familia y las cosas continuaron como siempre.
Un domingo por la mañana, en junio de 1879, unas dos semanas después de que ocurrieran estos hechos, Charles May salió de la casa inmediatamente después del desayuno, con una pala. Dijo que iba a abrir un agujero en una fuente que se encontraba a una milla de distancia, en el bosque, para que el ganado tuviera agua. John se quedó en la casa durante unas horas, ocupado en afeitarse, escribir cartas y leer el periódico. Su disposición era la usual, quizás parecía un poco más malhumorado y hosco.
Se marchó a las dos. Regresó a las cinco. Por alguna razón no relacionada con un interés especial en sus movimientos, la hora de salida y de llegada fue advertida por su madre y sus hermanas, tal y como quedó atestiguado en su proceso por asesinato. Les llamó la atención que su ropa estuviera húmeda en algunas zonas, como si (así lo señaló la acusación) hubiera intentado borrar manchas de sangre. Su actitud era extraña, su aspecto salvaje. Aduciendo que se encontraba enfermo, se fue a su cuarto y se acostó.
Charles May no regresó. Los vecinos más cercanos fueron alertados a la caída de la tarde, y durante aquella noche y el día siguiente se llevó a cabo su búsqueda por el bosque donde se encontraba la fuente. No se produjo otro resultado que el descubrimiento de las huellas de los dos hombres en la arcilla que había alrededor de la fuente. John May, mientras tanto, había empeorado de lo que el médico local denominó fiebre cerebral, y en su delirio hablaba de asesinato, pero sin decir quién creía que había sido asesinado, ni a quién culpaba del hecho. Pero los hermanos Jackson sacaron a relucir aquella amenaza; fue arrestado como sospechoso y un sheriff se encargó de vigilarle en su casa. La opinión pública se puso rápidamente en contra de John y, de no haber sido por la enfermedad, habría sido colgado por la muchedumbre. Estando así las cosas, el martes se convocó una reunión de los vecinos y se nombró un comité para que se encargara del caso y tomara las medidas que fueran oportunas.
Para el miércoles todo había cambiado. De la ciudad de Nolan, que está a unas ocho millas, llegó una historia que arrojó una luz completamente diferente sobre el asunto. Nolan constaba de una escuela, una herrería, una tienda y media docena de viviendas. La tienda era dirigida por un tal Henry Odell, primo de Charles May. La tarde del domingo en que desapareció May, Mr. Odell y cuatro vecinos suyos, hombres de confianza, estaban sentados en la tienda, fumando y charlando. El día era caluroso, y las dos puertas, la de delante y la de atrás, estaban abiertas. A eso de las tres, Charles May, a quien tres de ellos conocían, entró por la puerta principal y pasó hacia el fondo. Iba sin abrigo ni sombrero. No les miró, y tampoco les devolvió el saludo, circunstancia que no les sorprendió porque estaba gravemente herido. Sobre la ceja izquierda tenía una herida, un profundo corte del que brotaba sangre que le cubría toda la parte izquierda de la cara y del cuello y empapaba su camisa gris. Aunque parezca mentira, la idea predominante en las mentes de los presentes era que había mantenido una pelea y se dirigía al arroyo que había detrás de la casa para lavarse.
Tal vez se produjo un sentimiento de delicadeza, un detalle característico de la etiqueta de las regiones apartadas, que les contuvo a la hora de seguirle y ofrecerle ayuda; las actas del juicio, de donde está extraído principalmente este relato, tan solo mencionan el hecho. Esperaron a que volviera, pero no lo hizo.
Limitando el arroyo, detrás de la tienda, un bosque se extiende unas seis millas hasta las colinas de Medicine Lodge. Tan pronto como se supo en los contornos de la casa del desaparecido que había sido visto en Nolan, se produjo un cambio repentino en el estado de ánimo y en la disposición de la gente. El comité de vigilancia dejó de existir sin cumplir la formalidad de llegar a una resolución. La búsqueda por las tierras boscosas en torno al río May se interrumpió y casi toda la población masculina de la región se trasladó a la zona de Nolan y de las colinas de Medicine Lodge. Pero no se encontró rastro alguno de aquel hombre.
Una de las extrañas circunstancias de este extraño caso es el procesamiento formal y posterior juicio por el asesinato de un hombre cuyo cuerpo nadie afirmaba haber visto, ni nadie sabía que hubiera muerto. Conocemos más o menos los caprichos y extravagancias de la ley fronteriza, pero este ejemplo, según se cree, es único. Sea como fuere, está constatado que al recobrarse de su enfermedad John May fue procesado por el asesinato de su padre. El abogado de la defensa, al parecer, no tuvo nada que objetar y el caso fue considerado en relación con sus circunstancias. El fiscal se mostró apocado y superficial; la defensa estableció fácilmente una coartada en lo referente al occiso. Si en el momento en que John May debía de haber asesinado a Charles May, si es que lo hizo, Charles May se encontraba a varias millas de distancia de donde John May debía de haber estado, es evidente que el occiso debió de encontrar la muerte a manos de algún otro.
John May fue absuelto, abandonó el país enseguida y no se ha vuelto a saber nada de él desde aquel día. Poco después, su madre y hermanas dejaron St. Louis. Al pasar la granja a manos de un individuo, que es dueño también de las tierras colindantes, en las que tiene su propia vivienda, la casa May quedó vacía y desde entonces tiene la misteriosa reputación de estar encantada.
Un día, después de que la familia May hubiera dejado aquella tierra, unos niños que jugaban en los bosques que hay en torno al río May, encontraron oculta bajo una capa de hojas secas, aunque parcialmente a la vista por el hozar de los cerdos, una pala.
Estaba casi nueva y limpia, a no ser por una mancha de sangre y orín que tenía en el borde. Las iniciales «C.M.» aparecían grabadas en el mango de la herramienta.
Este descubrimiento reavivó en cierto grado la emoción pública suscitada en los meses anteriores. Se examinó cuidadosamente la tierra del lugar en que había sido encontrada la pala, y el resultado fue el descubrimiento del cadáver de un hombre. Había sido enterrado a unos dos o tres pies de profundidad y el lugar había sido cubierto con una capa de hojas secas y ramas. No parecía muy descompuesto, hecho que se atribuyó a alguna propiedad conservadora de aquel terreno, rico en mineral.
Encima de la ceja izquierda presentaba una herida, un profundo corte del que había manado sangre, que le cubrió toda la parte izquierda de la cara y del cuello y manchó su camisa gris. El cráneo había resultado partido por el golpe. Ese cuerpo era el de Charles May.
Pero, ¿qué fue entonces lo que pasó por la tienda de Mr. Odell en Nolan?

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Friday, May 9, 2008

1000 CITAS Y FRASES CELEBRES

1000 CITAS Y FRASES CELEBRES

1000 CITAS Y FRASES CELEBRES

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· ‘Yo soy feliz’, dijo. Naturalmente, se trataba de un necio. - Proverbio Persa
· (Al camarero de un restaurante) Hoy no tengo tiempo para almorzar. Traiga la cuenta. - Groucho Marx
· (En el guardarropa) Me deja su chaqueta, señor Marx? -Si, que la tengan lista para el jueves. - Groucho Marx
· A dónde podrá ir el que hasta aquí llego, si más allá solo fueron los muertos. - Thomas Jefferson.
· A medida que avanza una discusión, retrocede la verdad. - Anónimo
· A menudo se echa en cara ante la juventud el creer que el mundo comienza con ella. Cierto. Pero la vejez cree aún más a menudo que el mundo acaba con ella. ¿Qué es peor? - Ch. Friedrich Kebbel
· A quien va usted a creer, ¿A mi, o a sus propios ojos? - Groucho Marx
· A un hombre sólo le pido tres cosas: que sea guapo, implacable y estúpido. - Dorothy Parker
· A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa. - Carl Sagan
· A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa. - Carl Sagan
· A veces hay que estropear un poquito el cuadro para poder terminarlo. - Eugène Delacroix.
· A veces pienso que la prueba más fehaciente de que existe vida inteligente en el universo es que nadie ha intentado contactar con nosotros. - Bill Watterson
· A veces, cuesta mucho más eliminar un sólo defecto que adquirir cien virtudes. - Jean De La Bruyère
· A veces, lavándonos las manos, nos ensuciamos la conciencia. - Anónimo
· Aceptar un favor de un amigo, es hacerle otro. - Jhon Ch. Collins
· Ahora que estas lejos de mí, ¡no sabes cuanto te extraño!… ¡pero cuanto me divierto! - Pintada
· Al amor lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlos. - Jacinto Benavente
· Al inteligente se le puede convencer; al tonto, persuadir. - Curt Goetz
· Al perro que tiene dinero se le llama señor perro. - Proverbio Arabe
· Al perro que tiene dinero se le llama Sr. Perro - Proverbio árabe
· Al utilizar por primera vez este tipo de armas nos alineamos con los bárbaros de las primeras edades. - J.Robert Openheimer.
· Al vencer sin obstáculos se triunfa sin gloria. - Corneille
· Algunos encuentran el silencio insoportable porque tienen demasiado ruido dentro de ellos mismos. - Robert Fripp
· Ama a quien no te ama, responde a quien no te llama, andarás carrera vana. - Refrán Español
· Ama a una nube, ama a una mujer, pero ama. - Theophile Gautier
· Amar es el más poderoso hechizo para ser amado. - Baltasar Gracián
· Amo la traición, pero odio al traidor. - Cayo Julio César
· Amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección. - Antoine De Saint Exupéry
· Amor: sólo una eternidad que no se alcanza. - Percy Byshe
· Añorar el pasado es correr tras el viento. - Proverbio Ruso.
· Antes de casarme veía difícil permanecer fiel a una persona. Ahora creo en el calor de un hogar, en la relación oficial. Cuando se está enamorada, la fidelidad es fácil. - Julia Roberts
· Aquel que duda y no investiga, se torna no sólo infeliz, sino también injusto. - Blas Pascal.
· Aquello que se considera ceguera del destino es en realidad propia miopía - Willian Faulkner
· Aunque a todos les está permitido pensar, muchos se lo ahorran. - Curts Goetx.
· Aunque las mujeres no somos buenas para el consejo, algunas veces acertamos. - Teresa De Jesús
· Aunque personalmente me satisfaga que se hayan inventado los explosivos, creo que no debemos mejorarlos. - Winston Churchill
· Bebo para hacer interesantes a las demás personas. - Groucho Marx
· Buscamos llenar el vacío de nuestra individualidad y por un breve momento disfrutamos de la ilusión de estar completos. Pero es sólo una ilusión: el amor une y después divide. - Lawrence Durrell
· Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro. - Platón.
· Buscando mi destino, concluyo por pensar que sólo en el buscar consiste mi destino. - Mario Sarmiento
· Cabalgar, viajar y cambiar de lugar recrean el ánimo. - Séneca
· Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres. - Rabindranath Tagore
· Cada hombre puede mejorar su vida mejorando su actitud. - Héctor Tassinari
· Cada uno es ortodoxo con respecto a sí mismo. - John Locke
· Caer está permitido. ¡Levantarse es obligatorio!. - Proverbio Ruso
· Casarse está bien. No casarse está mejor. - San Agustín.
· Cásate; si por casualidad das con una buena mujer, serás feliz; si no, te volverás filósofo, lo que siempre es útil para un hombre. - Sófocles.
· Cataluña es la mejor maquina de tren que tiene España. - Jordi Pujol
· Citadme diciendo que me han citado mal. - Groucho Marx
· Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cinco años! - Groucho Marx
· Coge el día presente y fíate lo menos posible del mañana. - Horacio
· Como individuo, la mujer es un ser endeble y defectuoso. - Santo Tomás De Aquino
· Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir. - Federico García Lorca.
· Como no sabían que era imposible lo hicieron. - Anónimo
· Como no sabían que era imposible lo hicieron. - Anónimo.
· Con audacia se puede intentar todo; mas no se puede conseguir todo - Napoleón Bonaparte
· Con el persuasivo lenguaje de una lagrima. - Winston Churchill
· Con el submarino ya no habrá mas batallas navales como seguirán inventándose instrumentos de guerra cada vez mas perfeccionados y terroríficos, la guerra misma será imposible. - Jules Verne.
· Con la invención de la bomba atómica he llegado a ser la muerte, el destructor de mundos. - J.Robert Openheimer.
· Conocer y amar nuestro folclore, es honrar el lenguaje de nuestra bandera. - Venezuela Tambor Y Canto
· Consulta el ojo de tú enemigo, porque es el primero que ve tus defectos. - Antistenes
· Continuamos siendo imperfectos, peligrosos y terribles, y también maravillosos y fantásticos. Pero estamos aprendiendo a cambiar. - Ray Bradbury
· Contra el optimismo no hay vacunas - Mario Benedetti
· Crecí besando libros y pan… Desde que besé a una mujer, mis actividades con el pan y los libros perdieron interés. - Salman Rushdie
· Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros. - Bioy Casares.
· Cualquier esfuerzo resulta ligero con el hábito. - Tito Livio
· Cualquier hombre puede llegar a ser feliz con una mujer, con tal de que no la ame. - Oscar Wilde
· Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima. - Oscar Wilde
· Cuando alguien dice teóricamente, realmente quiere decir no. - Dave Parnas.
· Cuando apuntas con un dedo, recuerda que los otros tres dedos te señalan a ti. - Proverbio Ingles.
· Cuando el carro se ha roto mucho os dirán por donde se debía pasar. - Proverbio Turco
· Cuando empieza a preguntarse si es hora de irse, es que ya pasó la hora de irse. - Willian Rotsler
· Cuando eres consciente de la muerte, acabas asumiendo tu propia soledad. - Rosa Regás
· Cuando existe respeto por uno mismo y por los demás; la comunicación se hace más fácil. - Rooder Fifighti
· Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio. - Proverbio Indio.
· Cuando hay dinero por medio es muy difícil la libertad. - Gonzalo Torrente Ballester
· Cuando la edad enfría la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido sigue siendo el último, y nuestra evocación más dulce, la del primer beso. - Lord Byron
· Cuando la felicidad nos sale al paso nunca lleva el hábito con que nosotros pensábamos encontrarla. - Madame De Amiel
· Cuando la lucha de un hombre comienza dentro de sí, ese hombre vale algo. - Robert Browning
· Cuando la voz de un enemigo acusa, el silencio de un amigo condena. – Anónimo
· Cuando las personas tienen libertad para hacer lo que quieren, por lo general comienzan a imitarse mutuamente. - Françoise Sagan
· Cuando llegue la prosperidad no la uses toda - Confucio
· Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren. - Jean Paul Sartre
· Cuando no se puede lo que se quiere, hay que querer lo que se puede. - Terencio.
· Cuando no se tiene dinero, siempre se piensa en él. Cuando el dinero se tiene, sólo se piensa en él. - Jean Paul Getty.
· Cuando se habla de estar enamorado como un loco se exagera; en general, se está enamorado como un tonto. - Noel Claraso
· Cuando se lee un libro según qué estado de ánimo sólo se encuentran el libro interpretaciones de este estado. - Heinrich Heine
· Cuando se muere alguien que nos sueña, se muere una parte de nosotros. - Miguel De Unamuno.
· Cuando se tienen 20 años, uno cree haber resuelto el enigma del mundo; a los 30 reflexiona sobre él, y a los cuarenta descubre que es insoluble. - August Strindberg
· Cuando se trata de dinero todos son de la misma religión. - Voltaire
· Cuando todo el mundo está loco, estar cuerdo es una locura. - Paul Samuelson
· Cuando un hombre dice que con dinero puede hacer cualquier cosa eso significa: que no tiene nada. - Edgar W. Howe
· Cuando un hombre se muestra indiferente hacia una mujer supone un desafío para ella. - Manuel Gila
· Cuando uno dice que sabe lo que es la felicidad, se puede suponer que la ha perdido. - Anónimo
· Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas a un hombre malo, examínate a ti mismo. - Confucio.
· Cuando ves a una persona un día tras otro, la frescura se pierde, la relación se transforma, la pasión se enfría y empiezas a buscar a otra persona. - Sylvester Stallone
· Cuanto más adelanta el hombre en la penetración de los secretos de la Naturaleza, mejor se le descubre la universalidad del plano eterno. - Kepler.
· Cuidado con la tristeza. Es un vicio. - Gustave Flaubert.
· Cumplamos la tarea de vivir de tal modo que cuando muramos, incluso el de la funeraria lo sienta. - Mark Twain.
· Cumplamos la tarea de vivir de tal modo que cuando muramos, incluso el de la funeraria lo sienta. - Mark Twain
· Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo. - Arquímedes.
· De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero. - Benjamin Franklin
· De estas, ahí una para ti - Inscripcion En Un Reloj De Sol
· De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error. - Marco Tulio Cicerón.
· De mis disparates de juventud, lo que me da más pena no es haberlos cometido, sino no poder volver a cometerlos. - Pierre Benoit
· De todos los animales de la creación el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir. - John Steinbeck.
· Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá. - Harold Macmillan
· Debo confesar que nací a una edad muy temprana. - Groucho Marx
· Del árbol del silencio pende el fruto de la seguridad. - Proverbio Árabe
· Democracia significa gobierno por los sin educación, y aristocracia significa gobierno por los mal educados. - Chesterton.
· Descansar demasiado es oxidarse. - Sir Walter Scott.
· Desde el momento en que cogí este libro hasta que lo dejé, me entraron fuertes convulsiones de risa. - Groucho Marx
· Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo. - Groucho Marx
· Desde que el hombre existe ha habido música. Pero también los animales, los átomos y las estrellas hacen música. - Karlheinz Stockhausen.
· Desde que los hijos educan a los padres, se acabaron los complejos de Edipo. - Mario Benedetti
· Desdichado el que duerme en el mañana. - Hesiodo
· Detras de cada gran hombre hay una gran mujer. Detrás de ella, está su esposa. - Groucho Marx
· Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer. - Antonio Machado
· Dime qué es lo que verdaderamente amas, y me habrás dado con eso una expresión de tu vida, Amas lo que tu vives. - J. G. Fitche
· Dios es el único ser que para reinar no tuvo ni siquiera necesidad de existir. - Charles Baudelaire
· Dios no es más que una palabra para explicar el mundo. - Alphonse De Lamartine
· Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien. - Julius Marx Groucho
· Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien. - Groucho Marx
· Disfruta hoy, es más tarde de lo que crees. - Proverbio Chino
· Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho - Rodin
· Duda siempre de ti mismo, hasta que los datos no dejen lugar a dudas. - Louis Pasteur
· El acto sexual es un saludo que intercambian dos almas. - Macedonio Fernández
· El ambicioso es un esclavo de lo mucho que desea: el hombre libre es el que nada desea. - Edward Young
· El amigo seguro se conoce en la acción insegura. - Anónimo
· El amor consuela como el resplandor del sol después de la lluvia. - W. Shakespeare
· El amor de los jóvenes no está en el corazón, sino en los ojos. - William Shakespeare
· El amor es ciego, pero el matrimonio le restaura la vista. - G.C.Lichtenberg
· El amor es como el fuego, que si no se comunica se apaga. - Giovanni Papini.
· El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y empezar otro nuevo. - Enrique Jardiel Poncela.
· El amor es emoción, y el sexo, acción. - Madonna
· El amor es la más noble flaqueza del espíritu. - John Dryden
· El amor es la pasión por la dicha del otro. - Cyrano De Bergerac
· El amor es un espíritu dentro de dos formas. - Percy Shelley
· El amor es una amistad con momentos eróticos. - Antonio Gala
· El amor es una tontería hecha por dos. - Napoleón
· El amor es: la alegría de los buenos, la reflexión de los sabios, el asombro de los incrédulos - Platón
· El amor hace pasar el tiempo; el tiempo hace pasar el amor - Proverbio Italiano.
· El amor nace del recuerdo, vive de la inteligencia y muere por olvido. - Ramón Llull
· El amor nace del recuerdo; vive de la inteligencia y muere por olvido. - Ramón Llull.
· El amor no es sólo un sentimiento. Es también un arte - Honorato De Balzac.
· El amor no tiene cura, pero es la única medicina para todos los males. - Leonard Cohen
· El amor nunca muere de hambre; con frecuencia, de indigestión. - Niñon De Lenclos.
· El amor puede ser un pasatiempo y una tragedia. - Isadora Duncan.
· El amor que nace súbitamente es el más tardo de curar. - Jean De La Bruy&Etildere
· El amor que pudo morir no era amor. - Anónimo
· El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida. - Lope De Vega
· El amor y la tos no pueden ocultarse. - Proverbio Italiano
· El árbol de la libertad debe ser regado, de cuando en cuando, con la sangre de patriotas y tiranos. - Pintada.
· El ardor juvenil en sus comienzos es fogoso, pero languidece fácilmente y no dura; es el humo de una fogata liviana. - Lucio Anneo Seneca.
· El arte de vencer se aprende en la derrota. - Simón Bolivar
· El automóvil es por el momento solo un lujo reservado a los ricos, pero aunque en el futuro su precio disminuya, nunca llegara a ser un medio de transporte tan popular como la bicicleta. The Literary Digest, 1899. - Oscar Wilde.
· El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover. - Mark Twain.
· El beso es el contacto de dos epidermis y la fusión de dos fantasías. - Alfred De Musset
· El cambio no sólo se produce tratando de obligarse a cambiar, sino tomando conciencia de lo que no funciona. - Shakti Gawain
· El camino hacía la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro. - Benjamín Franklin
· El camino más seguro es el del medio. - Ovidio
· El cerebro es un órgano maravilloso. Comienza a trabajar nada más levantarnos y no deja de funcionar hasta entrar en la oficina. - Robert Frost
· El césped siempre crece más verde al otro lado de la valla - Anónimo
· El cine tiene que producir sosiego. - Azorín.
· El cine, ese invento del demonio. - Antonio Machado.
· El cobarde muere muchas veces. El valiente sólo una. - Willian Shakespeare
· El comercio mezcla a los hombres, pero no los une. - Anónimo.
· El comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen. - Johann Wolfgang Von Goethe.
· El corazón de un hombre es una rueda de molino que trabaja sin cesar; se nada echáis a moler corréis el riesgo de que se triture a sí misma. - Martin Lutero
· El corazón es un niño: espera lo que desea. - Provebio Turco
· El cristianismo ha hecho mucho por el amor convirtiéndolo en pecado. - Anatole France
· El deseo vence al miedo. - Mateo Aleman
· El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos. - Arthur Schopenhauer
· El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres. - Kark Kraus
· El dinero es buen sirviente pero mal amo. - Henry G. Bohn
· El dinero huele bien venga de donde venga. - Juvenal
· El dinero no da la felicidad, pero aplaca los nervios. - Jeanne Bourgeois, Mistinguett
· El dinero puede ser la cobertura de muchas cosas, pero no te da lo principal. Te da comida pero no apetito, medicina pero no salud; conocidos pero no amigos; servidores pero no lealtad; días de alegría pero no paz ni felicidad. - Henrik Ibsen
· El dinero siempre está ahí; sólo cambian los bolsillos. - Gertrude Stein.
· El entusiasmo es el pan diario de la juventud. El escepticismo, el vino diario de la vejez. - Pear S. Buck
· El estudioso es el que lleva a los demás a lo que él ha comprendido: la Verdad. - Santo Tomás De Aquino
· El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino. - Anónimo
· El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano. - John F. Kennedy
· El fin más importante de la educación es ayudar a los estudiantes a no depender de la educación formal. - Paul Gray
· El genio comienza las grandes obras, pero sólo el trabajo las acaba. - Joseph Joubert
· El hombre ama poco y a menudo, la mujer mucho y raramente. - Jan Basta.
· El hombre comienza en realidad a ser viejo cuando cesa de ser educable. - Arthur Graf
· El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir. - Albert Einstein
· El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos. - Pitágoras
· El hombre es un lobo para el hombre. - Plauto
· El hombre es un milagro químico que sueña. - Alfred Conde
· El hombre es una inteligencia servida por órganos. - Fayus
· El hombre feliz es más raro que un cuervo blanco. - Juvenal
· El hombre ha de fijar un final para la guerra. Si no, la guerra fijará un final para el hombre. - J.F.K.
· El hombre hace dinero, pero el dinero no hace al hombre - Anónimo
· El hombre justo no es aquel que no comete ninguna injusticia, si no el que pudiendo ser injusto no quiere serlo. - Menadro
· El hombre más lento, que no pierde de vista el fin, va siempre más veloz que el que vaya sin perseguir un punto fijo. - Gotthold W. Lessing
· El Hombre moderno es el eslabón perdido entre los monos y el ser humano. - Anónimo.
· El hombre nace sin dientes, sin cabello y sin ilusiones. Y muere lo mismo: sin dientes, sin cabellos y sin ilusiones. - Alejandro Dumas
· El hombre no es más que un omnívoro que viste pantalones. - Thomas Carlyle
· El hombre no vive de otra cosa que de religión o de ilusiones - Giacomo Leopardi
· El hombre pasa su vida en razonar sobre el pasado, quejarse de lo presente y en temblar por lo venidero. - Ricarol
· El hombre que dice, no puede hacerse, será sorprendido por alguien que lo haga. - Anónimo
· El hombre que más ha vivido no es aquel que más años ha cumplido, sino aquel que más ha experimentado la vida. - Jean
· El hombre que no comete errores usualmente no hace nada. - Edward J. Phelps
· El hombre que no ha amado apasionadamente ignora la mitad más bella de la vida. - Stendhal
· El hombre que no investiga las dos partes de una cuestión, no es honrado. - Abraham Lincoln
· El hombre que pretende obrar guiado exclusivamente por la razón, está condenado a obrar muy raramente. - Gustabe Le Bon
· El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído. - Concepcion Arenal
· El hombre se adentra en la multitud por ahogar el clamor de su propio silencio. - Rabindranath Tagore.
· El hombre se cree siempre ser más de lo que es, y se estima menos de lo que vale. - Goethe
· El hombre se dedica a desear en voz alta aquello que jamás se esfuerza en alcanzar. - Noel Claraso
· El humor es el espejo donde se refleja lo estúpido del ser humano. - Manuel Gila
· El humor es la maldad de los hombres dicha con ingenuidad de niño - Manuel Gila
· El humor se tiene o no se tiene y es la manera de ver las cosas con claridad. - Antonio Mingote
· El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertiría el paraíso en un lugar de tortura. - Emile M. Cioran.
· El joven conoce las reglas, pero el viejo las excepciones. - Oliver W. Holmes
· El jurado está compuesto por doce personas elegidas para decidir quien tiene el mejor abogado. - Robert L. Frost
· El justo y el injusto no son productos de la naturaleza, sino de la ley. - Arquelao
· El más difícil no es el primer beso, sino el último. - Paul Géraldy
· El matrimonio es la principal causa de divorcio. - Groucho Marx
· El matrimonio es tratar de solucionar entre dos problemas que nunca hubieran surgido al estar solos. - Eddy Cantor
· El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución. - Groucho Marx
· El mejor automovilista es aquél que conduce con imaginación…imagina que su familia va con él en el coche - Henry Ford
· El mejor camino para salir es siempre a través. - Robert Frost
· El mejor consejo lo da siempre la experiencia, pero siempre llega demasiado tarde. - Amelot De La Houssaye
· El mejor matrimonio sería aquel que reuniese a una mujer ciega con un marido sordo. - Michel De Montaigne.
· El mejor placer de la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer. - Walter Bagehot
· El mejor profeta del futuro es el pasado. - Lord Byron
· El miedo es para el espíritu tan saludable como el baño para el cuerpo. - Máximo Gorki.
· El mundo de cada cual se vuelve mucho más grande con sólo reconocer el de los demás. - J. Marie Laskas
· El mundo es de quien nace para conquistarlo y no de quien sueña que puede conquistarlo. - Fernando Pessoa
· El mundo es un espejo que refleja la imagen del observador. - William W. Thackerry
· El mundo llama inmorales a los libros que le explican su propia vergüenza. - Oscar Wilde.
· El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad. - Albert Einstein
· El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad. - Einstein
· El nacimiento y la muerte no son dos estados distintos, sino dos aspectos del mismo estado. - Gandhi
· El negocio del cine es macabro, grotesco: es una mezcla de partido de fútbol y de burdel. - Federico Fellini.
· El optimista cree que este mundo es inmejorable. El pesimista teme que así sea. - Doug Larson
· El peligro es el gran remedio para el aburrimiento. - Graham Green
· El peor de los males es creer que los males no tienen remedio. - Francisco Cabarrus
· El pobre carece de muchas cosas; pero el avaro, carece de todo. - Lucio Anneo Seneca.
· El principio más profundo del carácter del ser humano, es el anhelo de ser apreciado. - William James
· El progreso consiste en el cambio. - Miguel De Unamuno
· El puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota. - Groucho Marx
· El que a nadie ama, me parece que por nadie es amado. - Democrito
· El que está abajo no cabrá de temer la caída. - Jhon Bunyan
· El que lee mucho y anda mucho; ve mucho y sabe mucho. - Cervantes
· El que nada duda, nada sabe. - Proverbio Griego
· El que no tiene carácter no es un hombre: es una cosa. - Chamfort
· El que no valora la vida no se la merece. - Leonardo Da Vinci
· El que quiere estudiar amor se queda siempre en alumno. - Anónimo
· El que se ahoga no repara en lo que se agarra. - José De San Martín
· El que se alimenta de deseos reprimidos finalmente se pudre. - William Blake
· El que se guarda un elogio, se queda con algo ajeno - Pablo Picasso
· El que se ocupa demasiado en hacer el bien no tiene tiempo de ser bueno. - Rabindranath Tagore.
· El que tiene un amigo verdadero puede decir que posee dos almas. - Anónimo
· El que todo lo juzga fácil encontrara la vida difícil. - Lao Tse
· El que vive de esperanzas corre el riesgo de morirse de hambre. - Benjamin Franklin
· El regalo de la felicidad pertenece a quien lo desenvuelve. - Anónimo
· El respeto al derecho ajeno es la paz - Benito Juárez
· El rico no gozaría nada si le faltase la envidia de los demás. - Alfredo Panzini.
· El sabio no dice lo que sabe, y el necio no sabe lo que dice. - Proverbio Chino
· El secreto de la dicha reside más bien en darla que en esperarla. - Louise M. Normand
· El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio…si puedes disimular eso, lo has conseguido. - Groucho Marx
· El secreto de un matrimonio feliz es perdonarse mutuamente el haberse casado. - Sacha Gvitry.
· El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla, está hecho. - Groucho Marx
· El talento es algo corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia. - Doris Lessing
· El trabajo endulza la vida; pero no a todos les gustan los dulces. - Victor Hugo
· El único elemento que puede substituir la dependencia del pasado, es la dependencia del futuro. - Jhon Dos Passos
· El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada. - Anónimo.
· El único idioma universal es el beso. - Louis Charles Alfred De Musset.
· El único medio de salir ganando de una discusión es evitarla. - Dale Carnegie
· El único medio de vencer en una guerra es evitarla. - George C. Marshall
· El único sentido de esta vida consiste en ayudar a establecer el reino de Dios - León Tolstoi.
· El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expone. - Oscar Wilde
· El valor del matrimonio no reside en que los adultos hagan niños; si no en que los niños hagan adultos. - Peter De Vries
· El verdadero héroe de algunas obras literarias es el lector que las aguanta. - Sergio Golworz
· El viaje más largo es el que se hace hacia el interior de uno mismo. - Hammarskjöld.
· El virtuoso se conforma con soñar lo que el pecador realiza en la vida. - Platón.
· Elige la mejor manera de vivir; la costumbre te la hará agradable. - Pitágoras
· Ella había perdido el arte de la conversación, pero no, la capacidad de hablar. - George Bernard Shaw
· En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él. - Margaret Thatcher
· En el amor hay dos males: la guerra y la paz. - Horacio
· En el cine, incluso la naturalidad es algo que se fabrica. - Manuel Gutiérrez Aragón.
· En el fondo, son las relaciones con las personas lo que da valor a la vida. - Guillermo Von Humboldt.
· En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y de vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna. - Gustavo Adolfo Bequer
· En la adversidad una persona es salvada por la esperanza. - Menander.
· En la escala de lo cósmico sólo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero. - Theilard De Chardin.
· En la pelea, se conoce al soldado; sólo en la Victoria, se conoce al caballero. - Jacinto Benavente.
· En la sociedad actual, si no puedo comprar no existo. - Cristina Peri Rossi
· En la tierra nada se presta tanto para alegrar al melancólico, para entristecer al alegre, para infundir coraje a los que desesperan, para enorgullecer al humilde y debilitar la envidia y el odio, como la Música. - Martín Lutero
· En la vida real, el que no se rinde es todo un valiente - Paul McCartney
· En la vida real, el que no se rinde es todo un valiente. - Paul Mccartney
· En la vida, lo más triste, no es ser del todo desgraciado, es que nos falte muy poco para ser felices y no podamos conseguirlo. - Jacinto Benavente
· En lo tocante a ciencia, la autoridad de un millar no es superior al humilde razonamiento de un hombre. - Galileo Galilei
· En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz. - Victor Hugo
· En ningún momento he dudado que las mujeres son tontas. Al fin y al cabo el Todopoderoso las creó a imagen y semejanza de los hombres. - George Eliot
· En nuestro mundo la gente no sabe lo que quiere y está dispuesta a todo por conseguirlo. - Don Marquis
· En otras palabras, el macho, desde el punto de vista genético, es una hembra incompleta, un aborto con patas. - Valerie Solanas
· En realidad, los seguros de vida son seguros de muerte. - Ramón Gomez De La Serna
· En resumidas cuentas, en este mundo, cada cual consigue lo que se merece. Pero sólo quienes alcanzan el éxito lo reconocen. - Georges Simenon
· En tanto las leyes de la matemática se refieren a la realidad, no son ciertas; en tanto son ciertas, no se refieren a la realidad - Albert Einstein.
· Envejecer es el único medio de vivir mucho tiempo. - Daniel
· Envejecer es todavía al único medio que se ha encontrado para vivir mucho tiempo. - Charles A. Sainte.Beuve
· Envejecer no es tan malo cuando se piensa en la alternativa. - Maurice Chevalier
· Equilibra tus necesidades con tu riqueza y no serás pobre ni rico, sino simplemente afortunado. - Chilón De Lacedemonia.
· Equivocarse, y a pesar de ello, deber otorgar confianza a mi ser interior, esto es el hombre. - Gottfried Benn
· Es amigo mío aquel que me socorre, no el que me compadece. - Thomas Fuller
· Es bueno ser importante pero más importante es ser bueno - Anónimo
· Es cierto que no te quiero tanto como cuando éramos novios, pero a mí nunca me han gustado las mujeres casadas. - Proverbio Americano.
· Es cuando nos olvidamos de nosotros, cuando hacemos cosas que merecen ser recordadas. - Anónimo.
· Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien. - Victor Hugo.
· Es imposible ocultar el amor en los ojos de que ama. - Jhon Crowne
· Es infinitamente más bello dejarse engañar diez veces que perder una vez la fe en la Humanidad. - Heinz Zschokke.
· Es infinitamente más bello dejarse engañar diez veces que perder una vez la fe en la Humanidad. - Heinz Zschokke
· Es inútil volver sobre lo que ha sido y no es ya. - Frideric Chopin
· Es inútil, no me hacen ni caso - Dios
· Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas. - Mariano José De Larra
· Es más vergonzoso desconfiar de los amigos, que ser engañado por ellos. - François De Larochefoucauld.
· Es mejor el uso de las riquezas que la posesión de ellas. - Fernando De Rojas
· Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente. - Groucho Marx
· Es mejor malograr la propia juventud, que no hacer nada en ella. - Georges Courteline
· Es mi fe tan cumplida que adoro a Dios, aunque me dio la vida. - Ramón De Campoamor
· Es propio del amor si es verdadero, compendiar en un ser el mundo entero. - Campoamor
· Es un hecho curioso de la vida que, si uno se niega a aceptar nada que no sea lo mejor, suele conseguirlo. - Maugham
· Es una ley inexorable en la vida de los sexos, la acción anafrodisíaca de la costumbre. - Gregorio Marañon
· Es una locura amar, a menos que se ame con locura. - Proverbio Latino
· Esperar sentido común en la gente es una prueba de no tener sentido común. - Eugene O’neill
· Espero ya el Ultimo Orgasmo con la Señora Muerte… tarde o temprano… - Joan Sancho
· Estamos especializados en una armoniosa repetición del desastre y la estupidez. - Terenci Moix
· Estamos rodeados de artilugios destinados a ahorrar trabajo, y sin embargo disponemos de escaso ocio autentico. - Laurence J. Peter
· Estar en ayunas no mata, pero la glotonería sí. - Proverbio Ruso.
· Esto de los años / yo no lo entiendo & que aunque es bueno cumplirlos / no es bueno tenerlos. - Francisco De Rojas
· Esto se llama perseverancia en una buena causa y obstinación en una mala. - Laurence Sterne
· Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros. - Groucho Marx
· Facilitar una buena acción es lo mismo que hacerla. - Mahoma.
· Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer. - Groucho Marx
· Gente… ¡infinidad!, Personas… ¡poquísimas! - Joan Sancho
· Habla en voz baja, habla despacio y no digas demasiado. - John Wayne.
· Hablar oscuramente lo sabe hacer cualquiera, con claridad lo hacen muy pocos - Galileo Galilei
· Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre: el derecho al desorden y el derecho a marcharse. - Charles Baudelaire.
· Hacer el amor es algo muy sano: Quemas calorías y hasta te olvidas de quién eres. - Isabel Gemio
· Hay algo que Dios ha hecho mal. A todo le puso límites menos a la tontería. - Konrad Adenauer
· Hay ciertos defectos que bien manejados brillan más que la virtud. - La Rochefoucauld
· Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro. - Albert Einstein
· Hay dos tipos de mujeres: las feas y las que se pintan. - Oscar Wilde
· Hay gentes tan llenas de sentido común, que no les queda el más pequeño rincón para el sentido propio. - Miguel De Unamuno.
· Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. - Bertolt Brecht
· Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita de una vida muy larga. - Francisco De Quevedo.
· Hay momentos en que cesar de ser ministro evidencia que se es digno de tal cargo. - Anónimo
· Hay mucha gente que cuando ha de hacer algo, hace algo; aunque no sea exactamente lo que ha de hacer. - Noel Clarasó Serrat
· Hay ocasiones en que cuantos nos rodean no merecen sino un poco de comedia. Seamos, entonces, un poco farsantes. - Benjamín Jarnes.
· Hay personas que de sus riquezas no tienen más que el miedo a perderlas. - Antoine Rivard
· Hay pocos lazos de amistad tan fuertes que no puedan ser cortados por cabello de mujer. - Ramon Y Cajal
· Hay que haber vivido un poco para comprender que todo lo que se persigue en esta vida sólo se consigue arriesgando a veces lo que más se ama. - André Gide.
· Hay que mejorar la condición femenina. Las cocinas son demasiado pequeñas, los fregaderos demasiado bajos y los mangos de las cacerolas están mal aislados. - George Wolinski.
· Hay que seguir la lucha con lo que podamos hasta que podamos. - Bbenito Juarez
· Hay que tomar a las personas como son, no existen otras. - Konrad Adenauer
· Hay quien tiene el deseo de amar pero no la capacidad de amar. - Giovanni Papini
· Hay quien tiene el deseo de amar, pero no la capacidad de amar. - Giovanni Papini.
· Hay un pasado que se fue para siempre pero hay un futuro que todavía es nuestro. - F.W. Robertson
· Hay una especie de vergüenza en ser feliz a la vista de ciertas miserias. - Jean De La Bruyere
· Hay una gran fuerza escondida en una dulce orden. - Proverbio Romano
· Haz de tu alma un diamante, a cada golpe una faceta más, para que un día sea toda luminosa. - Rogelio Stela Bonilla.
· Haz lo que ames, porque así amarás lo que haces - Anónimo
· Haz lo que ames, porque así amarás lo que haces - Anónimo
· Hazles comprender que no tienen en el mundo otro deber que la alegría. - Paul Claudel
· He disfrutado mucho con esta obra, especialmente en el descanso. - Groucho Marx
· He pasado una noche estupenda. Pero no ha sido esta. - Groucho Marx
· He tenido éxito en la vida. Ahora, intento hacer de mi vida un éxito. - Brigitte Bardot
· Hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos. - Martin L. King
· Hoy se abusa del sexo y de la violencia. - Sofía Loren
· Incierta es la amistad en la próspera fortuna. - San Isidro
· Incluso en el trono más alto, uno se sienta sobre sus propias posaderas. - Michel De Montaigne
· Indudablemente nadie se ocupa de quien no se ocupa de nadie - Thomas Jefferson
· Inteligencia militar son dos términos contradictorios - Grouxo Marx
· Jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo. - Groucho Marx
· Jamás el esfuerzo desayuda la fortuna. - Fernado Rojas
· Jamás ha habido un niño tan adorable que la madre no quiera poner a dormir. - R.W. Emerson
· Junto a estar en lo cierto en este mundo, lo mejor es ser claro y estar definitivamente equivocado. - Thomas Henry Huxley.
· Justo cuando uno descubre que sus padres tenían razón, sus hijos empiezan a decirle que uno está equivocado. - Aldo Camarota
· La actividad es lo que hace dichoso al hombre. - Bernard Shaw
· La adulación es como la sombra, no nos hace más grandes ni más pequeños. - Proverbio Danés
· La alegría es la mejor enfermera. - Hamerling
· La alegría ha sido llamada en buen tiempo del corazón. - Charles Smiles
· La alegría, cuanto más se gasta más queda. - R.W.Emerson
· La amabilidad es la forma más segura del desdén - Heinrich Böll.
· La amistad comienza donde termina o cuando concluye el interés. - Marco Tulio Cicerón
· La amistad es como la buena salud, nadie sabe lo que vale hasta que la pierde - Charles Caleb Colton
· La amistad es un contrato por el cual nos obligamos a hacer pequeños favores a los demás para que los demás nos los hagan grandes. - Montesquieu.
· La amistad es una mente en dos cuerpos - Mencius
· La antigüedad del tiempo es la juventud del mundo. - Francis Bacon.
· La belleza es verdad, la verdad es belleza - John Keats
· La buena conciencia sirve de buena almohada. - John Ray
· La buena suerte no es casual, es producto del trabajo; así la sonrisa de la fortuna tiene que ganarse a pulso. - Emily Dickinson
· La caridad bien entendida empieza por uno mismo, y generalmente acaba ahí. - Anónimo.
· La ciencia es una disciplina en la que el tonto de hoy puede sobrepasar el punto alcanzado por el genio de la generación precedente - Max Gluckman
· La comunicación efectiva es la habilidad para trasmitir los sentimientos, creencias, y opiniones propias con honestidad, autorrespeto y oportunidad; al mismo tiempo respetar los derechos de los demás. - Norman Vincent
· La comunicación es la llave del éxito. - Eduardo Aguilar Kublí
· La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito. - Ralph Waldo Emerson.
· La consecuencia de no pertenecer a ningún partido será que los molestaré a todos. - Lord Byron
· La constancia es la virtud por la que todas las demás dan su fruto. - Arturo Graf
· La cordura y el genio son novios, pero jamás han podido casarse. - Amado Nervo
· La desdicha es el vínculo más estrecho de los corazones. - La Fontaine.
· La dicha está donde la encuentras, muy rara vez donde la buscas. - J. Petit
· La disciplina es la parte más importante del éxito. - Truman Capote
· La divinidad está en ti, no en conceptos o en libros. - Herman Hesse
· La edad madura es aquella en la cual se es todavía joven, pero con mucho esfuerzo. - Jean L. Banault
· La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión. - Emilia Pardo Bazán
· La educación es un seguro para la vida y un pasaporte para la eternidad. - Aparisi Y Guijarro.
· La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia. - Amos Bronson Alcott
· La esperanza es un buen desayuno pero una mala cena. - Francis Bacon
· La estupidez insiste siempre. - Albert Camus
· La experiencia es algo maravilloso. Nos permite reconocer un error cada vez que lo volvemos a cometer. - Franklin P. Jones
· La experiencia es como un peine que te dan, justo cuando te quedas calvo. - Ringo Bonavena
· La experiencia es la enfermedad que ofrece el menor peligro de contagio. - Oliverio Girondo
· La fascinación lírica por las drogas es un experimento por el que todos hemos pasado, pero a la larga resulta improductivo. Emborracha, pero no alimenta. - José Ángel Mañas
· La felicidad es algo que depende no de la posición, sino de la disposición. - Jhon G. Pollard
· La felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear nada, pues consiste en ser libre. - Epicteto
· La fotografía es verdad. Y el cine es verdad 24 veces por segundo. - Jean Luc Goddard.
· La fuerza es el derecho de las bestias. - Marco Julio Ciceron.
· La generosidad es el único egoísmo legítimo. - Mario Benedetti
· La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas. - Somerset Maugham.
· La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón?. - Proverbio Chino
· La guerra es el arte de destruir hombres, la política es el arte de engañarlos. - Jean Le R. D´Alambert
· La habilidad es lo que permite hacer ciertas cosas; la motivación determina lo que se hace y la actitud cuán bien se hace. - Lou Holtz
· La Historia es como una destilación del chismorreo. - Carlyle.
· La Historia es como una destilación del chismorreo. - Carlyle
· La hora perfecta de comer es, para el rico cuando tiene ganas, y para el pobre, cuando tiene qué. - Luis Vélez De Guevara.
· La humanidad es como es. No se trata de cambiarla, sino de conocerla. - Gustavo Flaubert.
· La ignorancia afirma o niega rotundamente; la Ciencia duda. - Voltaire
· La ignorancia es la madre del miedo. - Kames
· La igualdad de la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ni ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse. - Rousseau
· La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor de lo que son. - Winston Churchill
· La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas. - Napoleón Bonaparte
· La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando. - Pablo Ruiz Picasso
· La justicia es incidental a la ley y el orden. - J.Edgar Hoover.
· La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música. - Groucho Marx
· La justicia te proporcionará paz, y también trabajos. - Ramón Llull
· La juventud es feliz en lo que tiene de porvenir. - Nicolay Goyol
· La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere. - Jean Cocteau
· La lengua del amor esta en los ojos. - Jhon P. Fletcher
· La lengua es la piel del alma - Fernando Lázaro Carreter
· La ley básica del capitalismo es tú o yo, no tú y yo. - Karl Liebk Nech
· La libertad de amar no es menos sagrada que la libertad de pensar. Lo que hoy se llama adulterio, antaño se llamó herejía. - Victor Hugo
· La libertad es incompatible con el amor. Un amante es siempre un esclavo. - A.L. Germaine
· La libertad es incompatible con el amor. Un amante es siempre un esclavo. - Anne Louise Germaine De Staël
· La libertad es un lujo que no todos pueden permitirse. - Otto Von Bismarck
· La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres. - Manuel Azaña.
· La libertad, al fin y al cabo, no es sino la capacidad de vivir con las consecuencias de las propias decisiones. - James Mullen
· La libertad, primero hay que aceptarla, después planificarla y, finalmente disfrutarla. - Paco Rabanne.
· La literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida. La razón principal es que la literatura escoge y la vida no. - Pío Baroja
· La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen. - Proverbio Portugués
· La madurez del hombre es haber recobrado la seriedad con que jugábamos cuando éramos niños - Nietzsche
· La magnitud de las cantidades de dinero parece variar en modo notable según hayan de ser pagadas o cobradas. - Aldous Huxley
· La más larga caminata comienza con un paso. - Proverbio Hindú.
· La mayor desgracia de la juventud actual es ya no pertenecer a ella. - Salvador Dali
· La mayor parte de la gente confunde la educación con la instrucción. - Severo Catalina.
· La mayoría de las ideas fundamentales la ciencia son esencialmente sencillas y, por regla general pueden ser expresadas en un lenguaje comprensible para todos. - Albert Einstein.
· La mayoría de los hombres emplean la mitad de su vida en hacer miserable la otra. - Jean De La Bruyère
· La medicina sólo puede curar las enfermedades curables. - Proverbio Chino
· La mejor manera de educar un niño es tener otro. - Anónimo
· La mentira es un triste sustituto de la verdad, pero es el único que se ha descubierto hasta ahora. - Elbert Hubbard.
· La mitad de la alegría reside en hablar de ella. - Proverbio Persa
· La moderación es siempre la táctica preferible - Carlos I
· La modestia es el arte de animar a la gente a que se encuentren por si mismos cuan maravilloso es uno. - Anónimo.
· La muerte es dulce; pero su antesala, cruel. - Camilo José Cela
· La muerte está tan segura de cogerte, que te deja una vida de ventaja. - Anónimo
· La muerte no llega más que una vez, pero se hace sentir en todos los momentos de la vida. - Juan De La Bruyere
· La muerte nunca es asumida; viene. - Enmanuel Levinas.
· La muerte tiene una sola cosa agradable: las viudas. - E. Jardiel Poncela.
· La música comienza donde acaba el lenguaje. - E.T.A. Hoffmann.
· La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía. - Ludwig Van Beethoven.
· La música es el lenguaje que me permite comunicarme con el más allá. - Robert Schumann.
· La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo. - Platón.
· La originalidad no puede ser nunca un propósito - Andreu Alfaro.
· La pálida muerte lo mismo llama a las cabañas de los humildes que a las torres de los reyes. - Horacio
· La pareja no se apoya sobre la permanencia del amor y de la sexualidad, sino sobre la permanencia de la ternura. - Kostas Axelo
· La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa. - Erasmo De Rótterdam
· La persona que no comete una tontería nunca hará nada interesante. - Proverbio Inglés
· La poesía es más profunda y filosófica que la historia. - Aristóteles.
· La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. - Groucho Marx
· La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares. - Amabrose Bierce
· La política no hace extraños compañeros de cama. El matrimonio si. - Groucho Marx
· La prensa es la artillería de la libertad - Hans
· La primera mitad de nuestra vida nos la estropean nuestros padres; la segunda nuestros hijos. - Clarence S. Danow
· La primera vez que me engañes la culpa será tuya; la segunda vez, la culpa será mía. - Proverbio Árabe
· La principal ocupación de mi vida consiste en pasarla lo mejor posible. - Montaigne.
· La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta. - Proverbio Chino
· La radio marca los minutos de la vida; es diario, las horas, el libro; los días. - Jacques H. De La Lacreitelle
· La radio no tiene futuro, los rayos X resultaran una farsa y las maquinas voladoras más pesadas que el aire son imposibles. - William Thomson
· La raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa. - Mark Twain
· La razón que muchos retratos no sean fieles, es que las personas al posar, no se esfuerzan por parecerse a sus retratos. - Salvador Dalí
· La realización conlleva la idea de que lo que sé es definitivo. - Pierre Bonnard.
· La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho. - Jonas Edward Salk
· La Religión es algo en lo que nos apoyamos para encontrarle algún sentido a la vida. - Quete
· La riqueza es como el agua salada; cuanto más se bebe más sed da. - Schopenhauer
· La risa cura, es la obra social más barata y efectiva del mundo. - Roberto Pettinato
· La risa es la distancia más corta entre dos personas. - Víctor Borge.
· La sabiduría es la hija de la experiencia. - Leonardo Da Vinci
· La sabiduría no se traspasa, se aprende. - Proverbio Arabe
· La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada. - Gabriel Garcia Márquez.
· La sociedad es una flor carnívora. - Pintada En La Universidad De La Sorbona, Paris.
· La sonrisa es el idioma universal de los hombres inteligentes - Victor Ruiz Iriarte
· La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro. - Groucho Marx
· La televisión no podrá mantenerse mucho tiempo en el mercado, la gente pronto se cansara de pasar la tarde mirando un cajón. - D.F.Zanuck.
· La tierra es un teatro, pero tiene un reparto deplorable. - Oscar Wilde.
· La tierra no nos fue heredada por nuestros padres, nos fue prestada por nuestros hijos. - Luis Donaldo Colosio Murrieta.
· La tierra no nos fue heredada por nuestros padres, nos fue prestada por nuestros hijos. - Luis Donaldo Colosio Murrieta
· La tontería es la más extraña de las enfermedades. El enfermo nunca sufre, los que padecen la enfermedad son los demás. - Paul Henry Spaak
· La tradición es la personalidad de los imbéciles. - Maurice Ravel.
· La única cosa que sé es saber que nada sé; y esto cabalmente me distingue de los demás filósofos, que creen saberlo todo. - Sócrates
· La vejez existe cuando se empieza a decir: nunca me he sentido tan joven. - J. Renard.
· La venganza más cruel es el desprecio de toda venganza posible. - Johann Wolfang Von Goethe
· La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros ni querer realizarla luchando con violencia con enemigos exteriores. - Mahatma Gandhi.
· La verdad siempre resplandece al final, cuando ya se ha ido todo el mundo. - Julio Cerón
· La verdadera amistad es como la buena saluda, nadie sabe lo que vale hasta que la pierde - Charles Caleb Colton
· La vida es como un césped en que estas postrado… levántate y aprovecha antes que el césped te cubra… - Anónimo.
· La vida es como una leyenda: no importa que sea larga, sino que esté bien narrada. - Lucio Anneo Séneca
· La vida es fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas. - Alejandro Dumas
· La vida es la niñez de nuestra inmortalidad. - Goethe
· La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse. - Ernesto Sabato
· La vida es una enfermedad de transmisión sexual. - Pintada.
· La vida es una película mal montada. - Fernando Trueba.
· La vida es una simple letra del alfabeto, puede no tener ningún sentido ó puede ser parte de un gran significado, todo depende de como nos lo comuniquemos. - Anónimo
· La vida está pasando muy rápido o ¿soy yo la que no se detiene? - Fabiola Fuentes
· La vida ha dejado de ser un chiste para mí; no le veo la gracia. - Charles Chaplin.
· La vida toda es un chiste. Nacer, morir…..¡Menuda broma! - Manuel Gila
· Las alegrías de este mundo me recuerdan siempre el estado de esos asmáticos, que no pueden reír con fuerza sin toser súbitamente. - Charles Lemense
· Las almas más grandes son capaces de los mayores vicios, como de las mayores virtudes. - Rene Descartes
· Las barreras de la comunicación existen en todas las personas haciéndola mucho más difícil de lo que pensamos, así que es falso pensar que uno puede comunicarse sólo porque puede hablar. - Revel Howel
· Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo. - Napoleón Bonaparte.
· Las cosas más bellas son las que inspira la locura y escribe la razón. - André Guide
· Las cosas no cambian; cambiamos nosotros. - Henry David Thoureau.
· Las cosas no son difíciles de hacer, lo que es difícil es ponerse en situación de hacerlas. - Constantin Brancusi
· Las enemistades ocultas y silenciosas, son peores que las abiertas y declaradas. - Ciceron
· Las grandes ideas son aquellas de las que lo único que nos sorprende es que no se nos hayan ocurrido antes. - Noel Clarasó
· Las lágrimas son la sangre del alma. - San Agustín
· Las locuras de las que un hombre se lamenta más en su vida son aquellas que no ha cometido cuando tuvo la oportunidad. - Anónimo
· Las mujeres desconfían demasiado de los hombres en general y muy poco en particular. - Anónimo
· Las oportunidades pequeñas son el principio de las grandes empresas - Demóstenes
· Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes. - Lao
· Las palabras que no van seguidas de hechos, no valen nada. - Esopo
· Las películas deben comenzar con un terremoto e ir creciendo en acción - Cecil B. Demille.
· Las personas civilizadas están tan cerca de la barbarie como el hierro más pulido lo está de la herrumbe - Antonio de Rivarol
· Las puertas sólo se abren para quien gira la manilla. - José Narosky
· Las religiones desaparecerán con la felicidad de los hombres. - Raymond Queneau
· Lo de ‘Hogar dulce hogar’ debe haberlo escrito un hombre soltero. - Pintada.
· Lo importante no es tener muchas ideas, sino la idea oportuna en cada caso. - Juan Zorrilla
· Lo malo de hablar muy deprisa es que se pueden decir cosas en las que no se ha pensado aún. - Ann Landers
· Lo malo de una mujer con el corazón roto es que empieza a repartir los pedazos. - Anónimo
· Lo malo es que las máximas se escriben para los demás y raramente para sí mismo. - Abel Dufresne.
· Lo maravilloso de aprender es que nadie puede arrebatárnoslo. - B.B. King
· Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo. - Voltaire
· Lo menos que podemos hacer, en servicio de algo, es comprenderlo. - José Ortega Y Gasset.
· Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo. - Proverbio Arabe
· Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos. - Jacinto Benavente
· Lo que conduce y arrastra al mundo no son las máquinas sino las ideas. - Victor Hugo
· Lo que defiende a las mujeres es que piensan que todos los hombres son iguales, mientras que lo que pierde a los hombres es que piensan que todas las mujeres son diferentes. - Ramon Gomez De La Serna
· Lo que el amor hace, él mismo lo excusa. - Molière
· Lo que forma nuestra suerte no es lo que experimentemos, sino nuestra manera de sentirlo. - Marie Von Ebner
· Lo que hace disfrutable una relación son los intereses comunes; lo que la hace interesante son las pequeñas cosas. - Todd Ruthman
· Lo que haga hoy es importante, porque estoy utilizando un día de mi vida en ello. - Anónimo
· Lo que hagas, hazlo pronto. - La Biblia
· Lo que otros han logrado, se puede lograr siempre. - Antonie de Saint Exupery
· Lo que quiere el sabio lo busca en sí mismo; el vulgo, lo busca en los demás. - Confucio
· Lo que sucede en diez minutos es algo que excede a todo el vocabulario de Shakespeare. - Robert Louis Stevenson
· Lo terrible en cuanto a Dios, es que no se sabe nunca si es un truco del diablo… - Juan Anouilh
· Lo único en el mundo peor que una mujer es otra. - Aritófanes
· Lo único que impide a Dios mandar un segundo diluvio, es que el primero fue inútil - Nicolas Chamfort
· Los amigos es la manera en que Dios nos cuida - Stone Temple Pilots
· Los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo. - Platón.
· Los amigos son como los trocitos de tocino en la ensalada de la vida. - Mencius
· Los amigos van y vienen, pero los enemigos se acumulan. - Thomas M. Jones
· Los amigos: una familia cuyos individuos se eligen a voluntad. - Alphonse Karr
· Los astrónomos aseguran que el universo es finito, lo cual es reconfortante para aquellos que no podemos recordar dónde dejamos las cosas. - Frank Zappa
· Los deseos deben obedecer a la razón. - Marco Tulio Cicerón.
· Los ejemplos son diez veces más útiles que los preceptos. - Charles James Fox
· Los errores poseen su valor, aunque sólo en alguna ocasión; no todo el mundo que viaja a la India descubre América. - Erich Kastner
· Los errores suelen ser el puente entre la inexperiencia y la sabiduría. - Theroux
· Los espartanos no preguntaban cuántos eran los enemigos, sino dónde estaban. - Agis Ii
· Los espíritus vulgares no tienen destino. - Platón
· Los extraños son sólo amigos esperando por tí. - Mencius
· Los golpes de la adversidad son muy amargos, pero nunca son estériles - Renán
· Los hombres construyen puentes y tienden vías férreas a través de desiertos, y, no obstante, sostienen con éxito, que coser un botón es tareas superior a ellos. - Heywood Broun
· Los hombres engañan más que las mujeres; las mujeres, mejor. - Joaquin Sabina
· Los hombres ofenden antes a los que aman que al que temen. - Maquiavelo.
· Los hombres vulgares han inventado la vida de sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos. - Arthur Schopenhauer.
· Los imposibles de hoy serán posibles mañana. - Konstantin Tsiolkovsky
· Los imposibles de hoy serán posibles mañana. - Tsiolkovsky
· Los jóvenes piensan que los viejos son tontos. Los viejos saben que los jóvenes lo son. - Jhon Lyly
· Los mayores enemigos de la libertad no son aquellos que la oprimen, sino los que la ensucian. - Vincenzo Giobertí
· Los mayores tienen un futuro, que es su pasado. - Manuel Gila
· Los ojos se fían de ellos mismos, las orejas se fían de los demás. - Proverbio Alemán
· Los pequeños actos que se ejecutan son mejores que todos aquellos grandes que se planean. - George Marshall
· Los periodistas son quienes reparten cizaña en la vida moderna - Paco
· Los que renuncian son más numerosos que los que fracasan. - Henry Ford
· Los solteros deberían pagar más impuestos. No es justo que unos hombres sean más felices que otros. - Oscar Wilde
· Los tiempos felices en la humanidad son las páginas vacías de la historia. - Leopld Von Ranke
· Los únicos errores que cometemos en la vida son las cosas que no hacemos. - Emma Thompson
· Los únicos errores que cometemos en la vida son las cosas que no hacemos. - Mma Thompson
· Los verdaderos amigos se tienen que enfadar de vez en cuando. - Pasteur
· Los viajes sólo son necesarios para las imaginaciones menguadas. - Gabrielle Sidonie
· Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia. - Francis Bacon
· Los viejos lo creen todo; los adultos todo lo sospechan; mientras que los jóvenes todo lo saben. - Oscar Wilde
· Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar. - Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños.
· Mal acabará quien pretenda adentrarse en el futuro, ignorando lo que sucedió en el pasado, porque entonces no vivirá el presente. - Porvervio Oriental.
· Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí. - William Shakespeare
· Mantén viva en ti la facultad del esfuerza, sometiéndola cada día a un pequeño ejercicio gratuito. - Williams James
· Más grande que el amor a la libertad es el odio a quien te la quita. - Anónimo.
· Más podemos conocer de una persona por lo que ella dice de los demás que por lo que los demás dicen de ella. - Emerson
· Más que las ideas, a los hombres los separan los intereses. - Alexis De Tocqueville.
· Más vale un grano de cordura que arrobas de sutileza. - Baltasar Gracián
· Más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo. - Miguel De Cervantes
· Más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo. - Miguel De Cervantes.
· Me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como que no existe. - Gabriel Garcia Márquez
· Me enamoré de mi mujer y nunca más me volví a enamorar. La fidelidad te la propones inconscientemente: tienes una familia, unos hijos. ¿Cómo vas a jugar al amor por ahí?. - Paco De Lucía
· Me gustaría vivir eternamente, por lo menos para ver cómo en cien años las personas cometen los mismos errores que yo. - Churchill
· Me opongo a toda superstición, sea musulmana, cristiana, judía o budista. - Bertrand Russell
· Me va poniendo espuelas el deseo. - Cervantes
· Mi alma a Dios, mi vida al rey, mi corazón a la dama. - Proverbio Inglés
· Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo. - Marco Tulio Cicerón.
· Mi invento del fonógrafo no tiene ningún valor comercial. - Thomas Alva Edison.
· Mi Libertad termina donde empiezan los derechos de los demás - Anónimo.
· Mi madre adoraba a los niños. Hubiera dado cualquier cosa porque yo lo fuera. - Groucho Marx
· Mi verdad básica es que todo tiempo es un ahora en expansión. - Shirley Maclaine.
· Mira a las estrellas, pero no te olvides de encender la lumbre en el hogar. - Proverbio Alemán
· Mis guerras son absurdas porque lo es la guerra en sí - Manuel Gila
· Muchas personas creen al haber superado un error que ya no necesitan volver a enmendarlo. - Marie Von Ebner
· Muchas personas creen que cuando han superado un error ya no necesitan volver a enmendarlo. - Marie E. Eschenbach
· Muchas personas Se pierden las pequeñas alegrías mientras aguarden la gran felicidad. - Pearl S. Buck
· Mucho dinero y poca educación, es la peor combinación. - Valentín Moragas Roger.
· Muchos hombres no se equivocan jamás porque no se proponen nada razonable. - Goethe.
· Nací sin saber porqué. He vivido sin saber como. Y muero sin saber ni como ni porque. - Pierre Gassendi
· Nada es veneno, y todo es veneno; la diferencia está en la dosis. - Theophrastus Bompart.
· Nada falta en los funerales de los ricos, salvo alguien que sienta su muerte. - Proverbio Chino.
· Nada hay en la tierra más difícil de sostener que la boca. - Edward Balser
· Nada perece en el Universo; cuanto acontece en él no pasa de meras transformaciones. - Pitágoras.
· Nada pesa tanto como el corazón cuando está cansado. - Juan Zorrilla De San Martín.
· Nada se olvida más despacio que una ofensa; y nada, más rápido que un favor. - Martín Luther King. Predicador
· Nada tan difícil como decidirse. - Napoléon Bonaparte
· Nadie abandona el cargo de presidente con el mismo prestigio y respeto que le llevo ahí. - Thomas Jeferson
· Nadie ataca a un león cuando el campo está lleno de ovejas - Bernard Shaw
· Nadie es tan viejo que no pueda vivir un año más, ni tan mozo que hoy no pudiese morir. - Fernando De Rojas
· Nadie quiere llegar a viejo, pero nadie quiere morir joven. - J.J. Curiel
· Nadie se acordaría hoy del buen samaritano si además de buenas intenciones no hubiera tenido dinero - British Prime Minister, Margaret Thatcher
· Nadie se ama a sí mismo demasiado poco. - Benjamín Whichcote
· Nadie se cree culpable si es él su mismo juez. - Séneca
· Ningún hombre sabio quiso nunca ser joven. - Jonatán Swift.
· Ningún vencedor cree en la casualidad. - Friederich Nietzche
· No abras los labios si no estás seguro de lo que vas a decir, es más hermoso el silencio. - Proverbio Arabe
· No basta con oír la música; además, hay que verla. - Igor Stravinski.
· No camines delante mía, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guie. Camina a mi lado y sé mi amigo - Albert Camus
· No conozco ninguna relación verdadera que no sea al mismo tiempo un acuerdo sexual. - Carmen Llera
· No creo que los amigos sean necesariamente la gente que más te gusta, son meramente la gente que estuvo allí primero. - Peter Ustinov
· No critiques a tus enemigos que a lo mejor aprenden. - Juan Goytisolo
· No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias. - Gandhi
· No encuentres la falta, encuentra el remedio. - Henry Ford.
· No eres ambicioso: te contentas con ser feliz. - Boges
· No es más fuertes quien más duro pega, sino quie más aguanta. - Jesús Sancho
· No es que tenga miedo a morirme. Es tan sólo, que no quiero estar allí cuando suceda. - Wody Allen
· No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa. - Concepción Arenal
· No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo. - Alejandro Dumas.
· No hagáis el mal y no existirá. - Leon Tolstoi
· No hay árbol que el viento no haya sacudido. - Proverbio Hindú.
· No hay caminos para la paz; la paz es el camino. - Gandhi
· No hay carga más pesada que una mujer liviana - Miguel De Cervantes.
· No hay castos; solamente hay enfermos, hipócritas, maníacos y locos. - Anatole France
· No hay color para el Luto - Ramoncin.
· No hay cosa más difícil, bien mirado, que conocer un necio si es callado. - Alonso De Ercilla
· No hay cosa que los humanos traten de conservar tanto, ni que administren tan mal, como su propia vida - Cicerón
· No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices. - Robert Louis Stevenson.
· No hay dos personas que lean el mismo libro. - Edmund Wilson
· No hay esfuerzos inútiles. - Roger Caillois
· No hay forma más fácil para engañar a un tonto que es diciéndole que no lo es. - En La Servilleta De Un Bar.
· No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria. - Dante Alighieri
· No hay nada que un hombre no sea capaz de hacer cuando una mujer le mira. - Alejandro Casanova
· No hay ninguna cosa seria que no pueda decirse con una sonrisa. - Alejandro Casona.
· No hay pasajeros en la Nave Espacial Tierra; todos somos tripulantes. - Marschall Mcluhan
· No hay que mirar que bien nos ha hecho un amigo, sino solamente el deseo que él tiene de hacérnoslo. - Madelaine De Souvre
· No hay riqueza tan segura como un seguro amigo. - Luis Vives
· No hay sentimiento que valga; el amor es una ocupación como otra cualquiera. - Jacinto Benavente
· No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados, y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros. - Jesucristo.
· No le demos al mundo armas contra nosotros, porque las utilizará. - Gustave Flaubert
· No me gustó la representación, pero después la vi en circunstancias más adversas: el telón estaba levantado. - Groucho Marx
· No os toméis la vida demasiado en serio; de todas maneras, no saldréis vivos de ésta. - Bernard De Fontenelle
· No piense mal de mi, señorita, mi interés por usted, es puramente sexual. - Groucho Marx
· No podemos hacer la historia sino sólo esperar a que se desarrolle. - Otto Von Bismarck
· No podría creer en un Dios que comprendiera. - Graham Green
· No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo. - Groucho Marx
· No se desea lo que no se conoce. - Ovidio
· No se es amigo de una mujer cuando se puede ser su amante. - Homore De Balzac
· No se puede ganar una guerra como tampoco se puede ganar un terremoto. - Jannette Franklin
· No se puede pedir a la juventud que se aparte de las drogas y, al mismo tiempo, meterle licores duros como panacea para ser brillante atlético y atractivo. - Belén Boville Luca De Tena
· No se razona con el corazón, o se le obedece o se rompe. - P. Rochepedre
· No siento el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampa. - François Mauriac.
· No son buenos los extremos aunque sea en la virtud. - Teresa De Jesús
· No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino la opinión que se tiene de ellas. - Epicteto
· No te preocupes por tu corazón, te durará toda la vida. - Alfred Bach
· No todo resbalón significa una caída - Herbert
· No todo resbalón significa una caída. - Herbert.
· Nos juzgamos a nosotros mismos por lo que no nos sentimos capaces de hacer, mientras que los demás nos juzgan por lo que hemos hecho. - Henry Wadsonrth Longfellow.
· Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma. - Theilard De Chardin.
· Nuestras acciones hablan sobre nosotros tanto como nosotros sobre ellas. - George Eliot
· Nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta. - Aristóteles.
· Nuevos amigos, nuevos dolores. - Wolfgang Amadeus Mozart.
· Nunca es tarde para no hacer nada. - Jacques Prévert
· Nunca existe error tan grande como el de no proseguir. - Jex Blake
· Nunca he engañado a mi mujer. No es ningún mérito: la amo. - Georges Duhamel
· Nunca las noticias son malas para los elegidos de Dios. - Jean Paul Sartre
· Nunca me enfado por lo que la gente me pide sino por lo que me niega. - Antonio Cánovas Del Castillo.
· Nunca me enfado por lo que las señoras me piden, sino por lo que me niegan. - Canovas Del Castillo
· Nunca olvido una cara. Pero en su caso, haré gustoso una excepción. - Groucho Marx
· Nunca permitas que tus pies vayan por delante de tus zapatos. - Proverbio Escocés
· Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas. - Anatole France.
· Nunca se pierden los años que se quita una mujer, van a parar a cualquiera de sus amigas. - Proverbio Chino
· O usted se ha muerto o mi reloj se ha parado. - Groucho Marx
· Obra siempre de modo que tu conducta pudiera servir de principio a una legislación universal. - Enmanuel Kant.
· Obró mucho el que nada dejó para mañana. - Baltasar Gracian
· Obtener riqueza es difícil, más difícil es conservarla, pero gastarla sabiamente es lo más difícil del todo… - Edward Day
· Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego. - Ghandi
· Olvidemos lo que ya sucedió, pues puede lamentarse, pero no rehacerse. - Tito Livio
· Optimista es aquél que cree poder resolver un atasco de tráfico tocando el claxon. - Anónimo.
· Optimista es el que os mira a los ojos, pesimista, el que os mira a los pies. - Gilbert Deirh Chesterton.
· Padres, cuenten sus sueños a sus hijos. - Anónimo
· Para Adán el paraíso es donde estaba Eva. - Mark Twain
· Para destruir las malas prácticas, la ley es mucho menos útil que los esfuerzos individuales. - Angel Ganivet
· Para el que mira sin ver, la tierra es tierra nada más; nada le dice el arroyo, ni el barbecho, ni el nogal - Atahualpa Yupanqui
· Para encontrar gusto a la vida, no hay como morirse. - Enrique Jardiel Poncela
· Para escribir el guión de una buena película hacen falta dos años, para rodarla dos meses, para efectuar el montaje dos semanas, para dar los últimos retoques dos días, para verla dos horas, y para olvidarla dos minutos. - Joseph Leo Mankiewicz.
· Para hacer la paz se necesitan dos; más para hacer la guerra basta con uno solo. - Neville Chamberlain
· Para hacer mal cualquiera es poderoso. - Fray Luis De Leon
· Para hacerse una posición en el mundo, es preciso hacer todo lo posible para hacer creer que ya se tiene. - F. De La Rochegocauld
· Para la cólera y el amor todo lo que se aplaza se pierde. - P.A.C. De Beaumarchais
· Para la mayoría de nosotros, la vida verdadera es la vida que no llevamos. - O. Wilde.
· Para las personas creyentes, Dios esta al principio; para los científicos está el final de todas sus reflexiones. - Max Planck
· Para obtener éxito en el mundo, hay que parecer loco y ser sabio. - Barón De Montequieu
· Para que nazcan virtudes es necesario sembrar recompensas. - Proverbio Oriental
· Para reducir lo infinito a lo finito, lo inasequible a lo humanamente real, no hay más que un camino: la concentración. - Teofilo Gautier.
· Para rezar a Dios con devoción no hace falta creer en Dios según los dogmas de ninguna religión. - Sometset Maugham.
· Para ser exitoso no tienes que hacer cosas extraordinarias. Haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien. - Anónimo
· Para surcar mejores aguas despliega ahora las velas la navecilla de mi ingenio, que deja tras de sí un mar tan cruel. - Dante Alighieri
· Para tener éxito hay que tener amigos; pero para tener mucho éxito hay que tener enemigos. - Frank Sinatra
· Partiendo de la nada alcance las mas altas cimas de la miseria. - Groucho Marx
· Pensar es como vivir dos veces. - Marco Tulio Cicerón.
· Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá sea ésta la razón por la que haya tan pocas personas que lo practiquen. - Henry Ford
· Perdemos lo seguro por buscar lo incierto. - Plauto
· Perdónaselo todo a quien nada se perdona a sí mismo. - Confucio.
· Piensa que hasta para ser dichoso hay que acostumbrase. - Andre Chenier
· Por la calle del ya voy, se va a la casa del nunca. - Miguel De Cervantes Saavedra
· Por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos. - Proverbio Romano
· Por lo general, los hombres creen fácilmente lo que desean. - Julio César.
· Por los defectos de los demás el sabio corrige los propios. - Publilio Siro
· Por mucho que los hombres traten de suprimir su sexualidad, siempre serán incapaces de hacerlo. - Jack Nicholson
· Por que contentarnos con vivir a rastras cundo sentimos el anhelo de volar. - Hellen A. Keller
· Porque si por la Ley se alcanza la justicia, entonces Cristo murió en vano. - Carta A Los Gálatas.
· Preferible es el pecado a la hipocresía. - Madame De Maintenon
· Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones. - Lucio Anneo Séneca.
· Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones. - Séneca
· Prefiero morir de pie que vivir arrodillado - Che Guevara
· Prefiero morir de pie que vivir siempre arrodillado. - Ernestocheguevara.
· Prefiero ser un mendigo y gastar mi dinero como un rey que ser un rey y gastar el dinero como un mendigo. - Robert G. Ingersoll
· Prefiero una locura que me entusiasme a una verdad que me abata. - Christoph M. Wieland
· Presencia de ánimo y valor en la adversidad, valen para conquistar el éxito más que un ejercito. - John Dryden
· Puede que nuestro papel en este planeta no sea alabar a Dios sin crearla. - Arthur C. Clarke
· Que de le den el 10% de mis cenizas a mi promotor artístico. - Groucho Marx
· Qué desagradable resulta caerle bien a la gente que te cae mal. - Jaume Perich.
· Que hablen mal de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen. - Oscar Wilde
· Qué triste es escuchar a alguien que no se escucha a él mismo. - Nuria
· Que un hombre muera por una causa no significa nada en cuanto al valor de la causa. - Oscar Wilde.
· Quien nace mortal, camina hacia la muerte. - Calino
· Quien no amó nunca, no ha vivido jamás. - Jhon Gay
· Quien no castiga el mal ordena que se haga. - Leonardo Da Vinci
· Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación. - Proverbio Árabe.
· Quien no comprende una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación. - Proverbio Árabe
· Quien no está conmigo, está contra mí. - Jesucristo.
· Quien no respeta a los demás incurre en agresión y deteriora la comunicación, quien no se respeta a sí mismo ante otras personas acaba por explotar y sentirse víctima. - Erwin G. Hall.
· Quien no tiene enemigos, tampoco suele tener amigos. - Baltasar Gracian
· Quien piensa a lo grande tiene que equivocarse a lo grande. - Martin Heidegger
· Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite. - Dr. Jeckyll
· Quizá, el camino más directo para conquistar la fama sea el afirmar con seguridad y pertinencia y, por cuantos modos sea posible, el haberla conquistado. - Giacomo Leopardi
· Reconozco que muchas de mis bromas son muy idiotas. Admito mi parte de culpa en el proceso de idiotización del país. - Jim Carrey.
· Recordad que estamos luchando por el honor de esa mujer, lo que probablemente es mas de lo que ella hizo jamás. - Groucho Marx
· Recuerda que el hombre permanece en el rincón de la oscuridad por temor a que la luz de la verdad le deje ver cosas que derrumbarían sus conjeturas. - J.J. Benítez
· Reza, Pero no dejes de remar hacia la orilla. - Proverbio Ruso.
· Sabe que cuando uno es amigo de sí mismo, lo es también de todo el mundo. - Seneca
· Saber olvidar, es más dicha que arte. - Baltasar Gracián
· Sabía que me estaba descolgando de la droga cuando no tenía ganas de ver la televisión. - Billie Holiday
· Sabio es aquel que constantemente se maravilla - André Gide
· Se advierte: Las Autoridades Sanitarias pueden ser perjudiciales para la salud. - Ana López.
· Se dice más con lo que no se dice, en el proceso de comunicación el 5% es verbal y el 95% en no verbal. - Axioma de la Programación Neurolingüistica.
· Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás. - William Faulkner
· Se puede medir la valentía de un hombre por el trabajo que cuesta desalentarlo. - Savage
· Se te caes siete veces, levántate ocho. - Proverbio Chino
· Sé virtuoso y te tendrán por excéntrico. - Mark Twain.
· Sea cual sea el consejo, se breve. - Ovidio
· Seducimos valiéndonos de mentiras y pretendemos ser amados por nosotros mismos. - Paul Geraldy.
· Seguramente, existen muchas razones para los divorcios; pero la principal, es y será la boda. - Jerry Lewis.
· Ser totalmente comprensivo le hace a uno indulgente. - Anne Louise Germaine.
· Sexualmente, es decir, con mi alma. - Boris Vian
· Si así fue, así pudo ser; si así fuera, así podría ser; pero como no es, no es. Eso es lógica. - Lewis Carroll
· Si corres mucho es muy posible que te Hundas en el pantano, si vas muy despacio es muy posible que te hundas en el pantano. - Miki
· Si Dios no es amor, no vale la pena que exista. - Henry Miller
· Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo. - Voltaire
· Si el cerebro humano fuese tan simple que pudiésemos entenderlo, entonces seriamos tan simples que no podríamos entenderlo. - Anónimo.
· Si el dinero no te da la felicidad devuélvelo. - Jesus Renard
· Si el dinero va delante, todos los caminos se abren. - William Shakespeare.
· Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza. - Proverbio Chino
· Si eres pobre eres un loco, pero si eres rico eres un excéntrico. - Miki Epifanio
· Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia. - Anatole France
· Si hay victoria en vencer al enemigo la hay mayor cuando el hombre se vence a sí mismo. - José De San Martín
· Sí la gente no te deja en paz es por que no le haz comunicado como hacerlo. - David Seabury
· Si la gente nos oyera los pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos. - Jacinto Benavente
· Si la juventud es un defecto, es un defecto del que nos curamos demasiado pronto. - James R. Lowell
· Si la mente funciona bien no hay viejos - Manuel Gila
· Si las pasiones y los sueños no pudiesen crear nuevos tiempos futuros, la vida sería un engaño. - Henri L. Lenormand
· Si mis labios no pueden decirte que te amo, quiero que mi corazón lo repita cuantas veces yo respire. - Angela González
· Si no entras en la madriguera del tigre, no puedes coger sus cachorros. - Proverbio Japonés
· Si no quieres que nadie se entere, no lo hagas. - Proverbio Chino
· Si nos quitan la posibilidad de equivocarnos, nos quitarán el placer de acertar. - Aldo Camarota
· Si nuestros amigos nos hacen favores, pensamos que nos los deben a títulos de amigos, pero no pensamos que no nos deben su amistad. - Marques De Vauvenargues
· Si nunca has tenido un gran éxito, no sabes lo que vales; el éxito es la piedra de toque de los caracteres. - Amado Nervo
· Si pudiéramos vender nuestras experiencias en lo que nos cuestan, todos seríamos millonarios. - Abigail Van Buren
· Si quieres hallar en cualquier lado amistad, dulzura y poesía, llévalas contigo. - George Duhamel
· Si quieres saber cuán rico eres de verdad descubre lo que quedaría de ti mañana si fueras a perder todo el dinero que tienes hoy por la noche. - William J. H. Boetcker
· Si quieres viajar hacia las estrellas, no busques compañía. - Heinrich Heine
· Si quisiera un centavo rompería la hucha de mi hijo -si tuviera un hijo-. - Groucho Marx
· Si sale, sale. Si no sale, hay que volver a empezar. Todo lo demás son fantasía. - Eduard Manet
· Si se empobrece la Lengua se empobrece el pensamiento. - Fernando Lázaro Carreter
· Si siempre dices la verdad, no te faltarán enemigos. - Jesús Sancho
· Si te casas lo lamentarás. Si no te casas, también lo lamentarás. - Soren Kierkegaard.
· Si te comparas con otras personas nunca podrás ser tú mismo. - Antonio Arenas
· Si te gusta una chica y tú a ella no, ánimo: Hay muchas más chicas con las que podrás estar en la misma situación en el futuro. - Pintada.
· Si te sientas en el camino, ponte de frente a lo que aun has de andar y de espaldas a lo ya andado - Proverbio Chino
· Si tiene remedio, ¿por qué te quejas? Si no tiene remedio, ¿por qué te quejas? - Proverbio Oriental
· Si tienes un problema y no tiene solución, para que te preocupas; y si tiene solución, para que te preocupas. - Proverbio Chino
· Si todo parece estar yendo bien, obviamente has pasado algo por alto. - Anónimo.
· Si un amigo te pide dinero, reflexiona bien cual de los dos quieres perder, sí el amigo o el dinero. - Anónimo
· Si un hombre se encuentra a sí mismo, posee una mansión donde morará con dignidad todos los días de su vida. - James Michener
· Si un negocio te abruma por el principio, comiénzalo por el fin - Proverbio Árabe
· Si viéramos realmente el Universo, tal vez lo entenderíamos. - Jorge Luis Borges
· Si yo tuviera un de esas cosas que cuelgan embutida en los pantalones, me pasaría el día sentada en casa mirándola, muerta de risa. - Dawn French
· Si yo viviera mi vida otra vez, cometería los mismos errores…, sólo que más deprisa. - Tallulah Bankhead
· Siempre es bueno dar consejos, pero darlos buenos es fatal. - Oscar Wilde
· Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas. - Jean Jacques Rousseau.
· Siempre es peor al día siguiente. - Séneca
· Siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay un poco de razón en la locura. - Friedrich Nietzsche
· Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas. - José Ortega Y Gasset
· Siempre que haya bobos habrá engañabobos. - Manuel Toharia
· Sin la mujer, la vida es pura prosa. - Ruben Dario
· Sociedad moderna olvida que el mundo no es propiedad de una única generación. - Oskar Kokoschka.
· Solamente puede ser artista quien tenga una religión propia y una visión original de lo infinito. - Friederich Schlegel
· Solamente puedes tener paz si tú la proporcionas. - María Von Ebner
· Sólo comprendemos las preguntas a las cuales podemos dar contestación. - Friederich Nietzsche
· Sólo cuando meditamos lo que nos cuestan nuestros hijos, empezamos a darnos cuenta de la deuda que tenemos contraída con mis padres. - Anónimo
· Sólo es realidad el mundo comprendido como tal. - Karl Marx
· Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera. - Albert Einstein
· Sólo hay un amor hasta la muerte: el último. - Jacinto Miquelarena
· Sólo hay un principio motriz: el deseo. - Aristóteles
· Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto. Preguntárselo. Y si responde ’si’, sabes que esta corrupto. - Groucho Marx
· Sólo la virginidad y las creencias religiosas no son materias asegurables. - Máxima de Lloyd’s
· Sólo los necios se encuentran satisfechos y confiados con la calidad de su trabajo. - Mercedes Milá
· Solo los sabios más excelentes y los necios más acabados son incomprensibles. - Confucio
· Sólo nos damos cuenta del valor del idioma cuando tenemos que poner un telegrama. - Evaristo Acebedo
· Sólo pensar en traicionar es ya una traición consumada. - Cesare Cantú.
· Sólo sé que no sé nada. - Sócrates
· Son tantos los mortales que no pueden digerir la felicidad. La felicidad no es cosa fácilmente digerible; es, más bien, muy indigesta. - Miguel De Unamuno
· Sonríe, mañana todo será peor. - Buenaventura Abreu
· Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. - Ortega y Gasset
· Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera virgen. - Groucho Marx
· Sucede en los proyectos desgraciados que siempre la mejor oportunidad es la que ya ha pasado. - Tácito
· Suelen hacer falta tres semanas para preparar un discurso improvisado. - Mark Twain
· Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la única posibilidad de beber algo a media noche sin pisar al gato. - Groucho Marx
· También los manantiales y los pozos se agotan cuando se extrae demasiado y muy frecuentemente de ellos. - Demóstenes
· Te amo como si fueras la mujer de otro. - Anónimo
· Te amo no sólo por lo que eres sino por lo que soy cuando estoy contigo. - Anónimo
· Teme el amor de la mujer más que el odio del hombre. - Sócrates
· Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos. - Bertrand Russell
· Temo a un solo enemigo que se llama, yo mismo. - Giovanni Papini
· Ten el valor de equivocarte. - Hegel
· Ten tus ojos bien abiertos antes del matrimonio; y medio cerrados después de él. - Benjamín Flanklín.
· Tenemos dos orejas y una sola boca, justamente para escuchar más y hablar menos. - Zenon De Citión
· Tener todo para ser feliz, no es, en manera alguna, una razón para serlo. - Jacque Normand
· Tengamos paciencia con nosotros mismos: y que nuestra porción superior soporte el trastorno de nuestra parte inferior. - San Francisco De Sales
· Tengo diez mandamientos. Los nueve primeros dicen: ¡no debes aburrir!. - Howard Hawks.
· Tiempo: lo que los hombres siempre tratan de matar, pero acaba por matarlos. - Herbet Spencer
· Toda mujer es del primero que sabe soñarla. - Charles Chincholle
· Todas las guerras son santas, os desafío a que encontréis un beligerante que no crea tener el cielo de su parte. - Jean Anouilh.
· Todas las personas nacen como original, la mayoría muere como copia. - Pintada
· Todo deseo estancado es un veneno. - Andres Maurois
· Todo el mundo cuenta como ganó sus primeras cien pesetas; nadie cuenta como ganó su último millón. - Noel Claraso
· Todo el mundo desea ser feliz; pero no, que lo sea todo el mundo. - Jaume Perich
· Todo el mundo puede hacerse mayor. Lo único que se requiere es vivir el tiempo suficiente. - Groucho Marx
· Todo el mundo se queja de no tener memoria y nadie se queja de no tener criterio. - François De Larochefoucauld.
· Todo el mundo se queja de su memoria, pero nadie de su inteligencia. - Françoise Alexandre
· Todo esfuerzo es un éxito. - A. Bessieres
· Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa. - Democrates
· Todo gran avance en ciencia es resultado de una nueva audacia de la imaginación. - Anónimo
· Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad. - Julio Verne
· Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado. - Francisco De Quevedo
· Todos escuchan lo que dices. Los amigos escuchan lo que dices. Los mejores amigos escuchan lo que tu no dices. - Tim McGraw
· Todos llevamos un niño dentro. A Algunos se nos nota y a otros no. - José Villasuso
· Todos los animales son iguales, pero algunos más iguales que los demás. - George Orwell
· Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son. - Abraham Lincoln.
· Todos los hombres que conozco son superiores a mí en algún sentido. En ese sentido aprendo de ellos. - Ralph W. Emerson
· Todos los hombres que no tienen nada importante que decir, hablan a gritos. - Jardiel Poncela.
· Todos los hombres son sabios; unos antes, los otros, después. - Proverbio Chino
· Todos los libros pueden dividirse en dos clases: libros del momento y libros de todo momento. - Jhon Ruskin
· Todos somos aficionados. En nuestra corta vida no tenemos tiempo para otra cosa. - Charles Chaplin.
· Trabaja, en algo, para que el diablo te encuentre siempre ocupado. - San Jerónimo
· Trabajo deprisa para vivir despacio. - Montserrat Caballé
· Tu desconfianza me inquieta y tu silencio me ofende. - Miguel De Unamuno.
· Tu secreto debe pasar a ser parte de tu sangre. - Proverbio Árabe
· Un aburrido es uno que te priva de la soledad sin ofrecerte compañía. - Gian Vincenzo Gravinia.
· Un acto de justicia permite cerrar un capítulo; un acto de venganza escribe uno nuevo. - Marilyn Savant
· Un amigo es con quien se puede no hacer nada y disfrutar de ello. - Anónimo
· Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta. - Ralph Waldo Emerson.
· Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere - Elbert Hubbard
· Un arqueólogo es el mejor marido que una mujer puede tener; cuanto más vieja se pone, más interesante la encuentra. - Agatha Christie
· Un banquero es alguien que os presta un paraguas cuando el sol brilla y os lo reclama al caer la primera gota de agua. - Mark Twaín.
· Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado. - Guy De Maupassant
· Un buen libro es aquel que se abre con expectación y se cierra con provecho. - Louise M. Alcott
· Un carácter es una voluntad perfectamente cultivada - Friederich Nietzsche
· Un cínico es un hombre que, en cuando huele flores, busca un ataúd alrededor. - H.L.Mencken
· Un cobarde es una persona en la que el instinto de conservación aún funciona con normalidad. - Ambrose Bierce.
· Un día del hombre erudito es más largo que un siglo del ignorante. - Posidonio
· Un estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por unas buenas leyes. - Aristóteles.
· Un fanático es alguien que no puede cambiar de mentalidad y no quiere cambiar de tema. - Winston Churchill
· Un filósofo es un tipo que sube a una cumbre en busca del sol. - Somerset Maugham.
· Un fracasado es un hombre que ha cometido un error pero que no es capaz de convertirlo en experiencia. - Hubrard.
· Un hombre alegre es siempre amable. - Maximo Gorky
· Un hombre con pereza es un reloj sin cuerda. - Jaime Luciano Balmes
· Un hombre desordenado pierde siempre un solo guante. - Anónimo
· Un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar. - Henry D. Thoreau
· Un hombre feliz es aquel que durante el día, por su trabajo, y a la noche, por su cansancio, no tiene tiempo de pensar en sus cosas. - Gary Cooper.
· Un hombre feliz es un bien común. - George Chapman
· Un hombre no puede ser admirado sin ser creído. - Jean Cocteau
· Un hombre no vale nada si no profesa ardiente devoción a un ideal. - Roosevelt
· Un hombre que decide hacer algo sin pensar en otra cosa, supera todos los obstáculos. - Giacomo Casanova
· Un idealista es una persona que ayuda a otra a ser próspera. - Henry Ford
· Un joven en años puede ser viejo en horas, si no ha perdido el tiempo. - Francis Bacon
· Un lector apasionado debe tener una biblioteca limitada, y releer cada año los mismos libros. - Maurois
· Un matrimonio feliz es una larga conversación que siempre parece demasiado corta. - André Maurois
· Un minuto que pasa es irrecuperable. Conociendo esto, ¿cómo podemos malgastar tantas horas? - Gandhi
· Un mundo nuevo no es más que un nuevo modo de pensar. - Willian C. Willian
· Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad. - Winston Churchill
· Un orden de vivir, es la sabiduría. - Jaime Gil de Biedma
· Un pesimista es un optimista bien informado. - Antonio Mingote.
· Un político piensa en las próximas elecciones; un estadista en la próxima generación. - James F. Clarke
· Un puritano es alguien que está mortalmente temeroso de que alguien en alguna parte se lo esté pasando bien. - Anónimo.
· Un tonto nunca se repone de un éxito. - Oscar Wilde.
· Un tonto pobre siempre será tonto. Un tonto rico siempre será rico. - Paul Lafitte
· Un traidor es un hombre que dejó su partido para inscribirse en otro. Un convertido es un traidor que abandonó su partido para inscribirse en el nuestro. - Georges Clemenceau
· Un verdadero amigo es aquel que llega cuando todos se han ido. - Albert Camus
· Un viaje es una nueva vida, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte, que nos es ofrecida en el interior de la otra. Aprovechémoslo. - Paul Morand
· Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena. - Proverbio Sueco
· Una de las cosas buenas de la amistad es saber que tienes a quien confiarle un secreto. - Alessandro Manzoni
· Una de las ventajas de no ser feliz es que se puede desear la felicidad. - Miguel De Unamuno
· Una era construye ciudades. Una hora las destruye. - Séneca
· Una lengua afilada es el único instrumento cortante que se aguza más y más con el uso. - Washinton Irvin
· Una mañana me desperté y mate a un elefante en pijama. Me pregunto como pudo ponerse mi pijama. - Groucho Marx
· Una opinión equivocada puede ser tolerada donde la razón es libre de combatirla. - Thomas Jefferson.
· Una palabra hiere más profundamente que una espada. - Richard Burton
· Una palabra suave puede golpear rudamente. - Washinton Irvin
· Una pantalla grande sólo hace el doble de mala a una mala película. - Samuel Goldwyn.
· Una parte de los hombres actúa sin pensar y la otra piensa sin actuar. - Ugo Fóscolo
· Una película de éxito es aquella que consigue llevar a cabo una idea original. - Woody Allen.
· Una persona puede sentirse sola, aún cuando mucha gente la quiera. - Del Diario De Ana Frank.
· Una sociedad se embrutece más con el empleo habitual de los castigos que con la repetición de los delitos. - Oscar Wilde
· Una vez al año es lícito hacer locuras. - San Agustin
· Una vez terminado el juego el rey y el peón vuelven a la misma caja. - Proverbio Italiano
· Una vida feliz es imposible. El fin supremo a que debe aspirar un hombre es a una carrera heroica. - Friederich Nietzsche
· Uno no hace amigos: los reconoce a medida que los va encontrando. - Isabel Paterson
· Vale más actuar exponiéndose a arrepentirse de ello, que arrepentirse de no haber hecho nada. - Boccacio
· Vale más actuar exponiéndose a arrepentirse de ello, que arrepentirse de no haber hecho nada. - Giovani Boccaccio
· Vales tanto como tu última obra. - Jesús Hermida
· Viajar sólo sirve para amar más nuestro rincón natal. - Noel Clarasó
· Viviendo todo falta, muriendo todo sobre. - Felix Lope De Vega
· Vivimos con nuestros defectos igual que con nuestros olores corporales: nosotros no los percibimos y no molestan salvo a quienes están con nosotros. - Anna Teresa Lambert
· Vivir es luchar. - Séneca
· Vivir es sentir, sin amarguras, todas las edades, hasta que llega la muerte. - María Casares
· Vivir para los demás no es sólo la ley del deber, es también la ley de la felicidad. - Auguste Comte
· Yo me salvo, solo, si por mi intermedio se salvan otros. - San Mateo
· ¡Ah, el eterno femenino!, decía aquel señor cuya mujer nunca acababa de morirse. - Alphonse Allais
· ¡Dios me libre de enemistades de amigos!. - Lope De Vega
· ¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!. - Groucho Marx
· ¡Hay una generación cuyos jueces merecen ser juzgados!. - Talmud
· ¡Oh, insensatos afanes de los mortales! ¡Qué débiles son las razones que nos inducen a no levantar nuestro vuelo de la Tierra! - Dante Alighieri
· ¡Qué sabios son aquellos que únicamente son tontos en el amor!. - James Cook
· ¡Si la juventud supiese. !¡Si la vejez pudiese…! - Henry Estienne
· ¿Beso? Un truco encantado para dejar de hablar cuando las palabras se tornan superfluas. - Ingrid Bergman
· ¿Crees en Dios? Si crees en él existe, si no crees, no existe. - Maximo Gorki
· ¿Es sucio el sexo? Sólo cuando se hace bien. - Woody Allen
· ¿Existe algo más perjudicial que cualquier vicio? Si, la compasión que siente hacia los débiles y fracasados el cristianismo. - Frederich Nietzche
· ¿La experiencia?… Una cicatriz. - Condes Diane
· ¿No es usted la señorita Smith, hija del banquero multimillonario Smith? ¿No? Perdone, por un momento pense que me había enamorado de usted. - Groucho Marx
· ¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí? - Groucho Marx
· ¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad. - Simone De Beauvoir.
· ¿Qué importa si el gato es blanco o negro, con tal de que cace ratones? - Den Xiaoping
· ¿Qué por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti mas que tú. - Groucho Marx
· ¿Qué sentido tiene correr cuando estamos en la carretera equivocada? - Proverbio Alemán
· ¿Quién necesita compañía cuando uno puede sentarse solo y beber en su habitación? - Pintada.
· ¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación más grande. - Groucho Marx
· ¿Te sientes solo? ¡Hazte esquizofrénico! - Pintada.

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Monday, May 5, 2008

CUATRO CUENTOS DE TERROR U HORROR

CUATRO CUENTOS DE TERROR U HORROR

CUATRO CUENTOS DE TERROR U HORROR

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LAGARTIJA
Rhea
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El edificio tenía un patio interior rectangular. Los rayos del sol no llegaban hasta
él, incluso en verano el lugar era fresco aunque el calor fuera sofocante.
Había una piscina que ocupaba casi todo el patio. Dejaba el espacio justo para
que los niños pudiesen corretear y sus madres pudieran tumbarse en las hamacas.
Era mayo y los de mantenimiento comenzaban a arreglar la piscina en previsión
del verano que se avecinaba .Era un día extraño. Hacía un sol demoledor.
Raramente llegaban los rayos solares al interior del patio, pero ese día gracias a
ocultas y caprichosas leyes de refracción la piscina y el mismo eran un autentico horno, y una de las paredes interiores quedaba totalmente iluminada.
Sobre las 12 de la mañana los trabajadores que intentaban poner en funcionamiento
la ansiada bañera hicieron una pausa. El calor era inaguantable.
El patio quedó desierto durante unos breves instantes.
Fue entonces cuando apareció ella. Allí estaba .De una de las grietas colindantes
con los matorrales, que se había formado gracias al abandono de todo un invierno , salió.
Era el bicho más insignificante de la tierra. Media solamente unos 6 centímetros
y su aspecto era frágil .Era una lagartija bastante absurda , de esas que más que asco hace gracia.
Lagartija observó los alrededores . No le llamo nada la atención…hasta que vio
la pared iluminada.
Por alguna corriente irracional que las personas no llegamos a comprender , ni
tan siquiera a atisbar , comenzó a escalar decididamente la pared.
Con el peculiar movimiento que poseen estos animales ascendía sin dilación.
Puede que pasaran 45 minutos hasta que llegó al quinto piso , y la pared , ahora ,
a la 1 del mediodía debía acumular una temperatura de unos 40 grados. Increíble . Mayo y 40 grados.
Era un bicho muy curioso . Daba la sensación que a cada ventana que sobrepasaba
echaba una ojeada , como si quisiera saber quién se encontraba en su interior.
Finalmente encontró una ventana abierta y parece que se decidió a entrar.
Cuando penetró en la habitación no había nadie. Se planto en el techo y se quedó
inmóvil . En el habitáculo la temperatura era muy agradable , pero el dueño había cometido el error al dejar la ventana abierta. En un par de horas convertiría el piso en una especie de microondas.
A la media hora de entrar el animalillo y quedarse plantado en el techo alguien
llegó a la casa. Al instante entró en la habitación. Era una mujer de mediana edad . Se desnudó y se tendió en la cama . era evidente que venía sofocada por el calor. Sudaba.
Seguramente había tenido un duro dia porque a los 5 minutos se quedó dormida.
Respiraba con una leve dificultad , seguramente porque era fumadora , y dormía
con la boca entreabierta.
Nada más dormirse la lagartija avanzó por el techo y bajó hasta la cama de la
mujer. Se colocó a dos palmos de su cara.
Con toda naturalidad la lagartija avanzó y comenzó a introducirse en la boca de
la mujer.
Ella , la mujer , sintió una especie de cosquilleo primero en los labios y después
en la lengua , pero no fue suficiente para que se despertara.
Al bicho le costaba avanzar en el interior de la boca de la mujer , pero consiguió
llegar a la boca de la garganta. Con un gracioso saltito se introdujo en la faringe.
De repente la mujer abrió los ojos . Tenía una sensación de ahogo inaguantable .
Tenía algo en la garganta que no le dejaba respirar.
Intentaba vomitarlo pero era inútil . Ese algo se resistía . Se estaba ahogando.
Fue dando tumbos por la habitación hasta el lavabo . Tristemente se vio reflejada
en el espejo . Era una caricatura de si misma . tenía ya la expresión totalmente desencajada y comprendió que su muerte era inevitable.
Segundos después la mujer se desplomó y perdió definitivamente el pulso . Era
ya solamente otro cadáver. Nada más.
Lo rocambolesco no estaba aquí . Breves instantes después la lagartija salió indemne
de la boca de la mujer y emprendió el camino de vuelta hacia la piscina.
El calor sofocante lo único que había hecho era anunciar una horrible tormenta
de verano . La lagartija lo sabía y se dio prisa para volver a su guarida.
Evitó que la lluvia la cogiera por el camino y se puso a salvo.
Cuando llegó me alegre de verla. Le di de comer y la felicité por su excelente
trabajo. Al fin y al cabo me había costado mucho amaestrarla.
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LA PIEDRA VIVA
Jordi Sala Parra

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- 1 -
UN PEQUEÑO TROPIEZO

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Su única intención era pasar una tarde agradable observando aves, pero Sebastián
Fuentes halló algo más en el delta del río Llobregat aquel calurosísimo día del mes de agosto.
Se había aficionado a la ornitología hacía ya algunos años, y la experiencia que había
adquirido a lo largo de ellos le servía ahora para identificar rápidamente a las aves, incluso
a aquellas que pasaban a contraluz a cientos de metros de distancia. Realmente,
era ya todo un experto. Sus amigos bromeaban llamándole el “ornitólogo más rápido al
norte del Llobregat”, aludiendo a los famosos pistoleros que se ganaron la fama por ser
los más rápidos “al oeste del Mississippi”. Sebas (como todo el mundo le llamaba) vivía
en Barcelona y tenía veintidós años.
Como otros muchos ornitólogos, a pesar de que él siempre lo negaba, sentía debilidad
por los “bimbos”. Hacer un “bimbo”, en la jerga de los ornitólogos, no era otra cosa que
observar una especie de ave por primera vez. Sebas recordaba con especial cariño la
tarde del mes de agosto en que “bimbó” un ejemplar de pelícano vulgar en aquel mismo
delta. Fue un acontecimiento importante, puesto que se trataba de una especie totalmente
accidental en la costa oeste del Mediterráneo. Habían pasado exactamente dos años
desde que observó a aquel magnífico animal, y decidió utilizar tal efeméride como excusa
para pasar la tarde paseando por aquellos páramos.
El delta del Llobregat había sido en el pasado un inmenso conjunto de lagunas, dunas
y marismas, pero la asfixiante presión humana lo había dejado muy mermado. Las pocas
zonas que aún conservaban parte de aquel esplendor habían sido protegidas para
preservarlas y evitar su destrucción total. Había numerosos carteles repartidos por toda
la zona que informaban del estado de aquellos terrenos.

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RESERVA NATURAL
PARCIAL
(Prohibida la caza
y la pesca)
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rezaban aquellos carteles. Pero el espacio protegido apenas ocupaba un millar de hectáreas.
La mayor parte del delta estaba ocupada por campos de cultivo, industrias y algunas
poblaciones más o menos grandes.
El corazón de todo aquel ecosistema era, por supuesto, el río Llobregat. Si bien estaba
tan contaminado que apenas se podría hablar ya de río. Sebas acostumbraba a decir que
el agua del Llobregat llevaba de todo menos agua. A decir verdad, por el olor que se
desprendía en sus márgenes, podría ser casi cierto.
El río no sólo transportaba productos químicos en cantidades suficientes para extinguir
a medio sistema solar. También llegaban arrastradas por la corriente toneladas y toneladas
de basuras, residuos orgánicos, ramas de árbol, cañas arrancadas de la orilla y
todo tipo de objetos insospechados. Todo este material, por obra y gracia de las corrientes
marinas, se depositaba invariablemente en las playas del delta.
Aquella basura era el único acompañante de Sebas aquella tarde mientras observaba
aves.
De momento le había ido bastante mal. En casi cuatro horas que llevaba paseando por
la reserva apenas había observado unas veinte especies. Realmente, no había escogido el
mejor día para visitar la zona.
Sebas caminaba con gran fatiga por la playa bajo un sol demoledor, con una temperatura
de treinta y dos grados y sin una brizna de aire que aplacase, aunque fuese por un
momento, aquella sensación de ardor asfixiante. Eran las cinco y media, y sudaba a mares.
Cargaba con el telescopio terrestre y su trípode, unos prismáticos y un macuto en el
que llevaba su cartera con la documentación, un bocadillo que no pensaba devorar y una
botella de plástico que había contenido agua, y que ya hacía una media hora que había
vaciado por completo.
Sebas caminaba por la playa mirando al suelo, y sólo veía arena, sus pies, y mucha,
mucha basura. Y a pesar de que miraba en esa dirección, no vio a la piedra que se había
interpuesto en su camino. Cuando quiso darse cuenta, su pie ya se había enganchado en
ella.
El telescopio aterrizó un metro y medio más allá de donde él cayó. Los prismáticos,
colgados al cuello, se le clavaron en el pecho cuando los aplastó contra la arena. El macuto,
mal sujeto en su espalda, rebotó contra él y quedó medio colgando de un costado.
Sebas no había sufrido daño en sí por la caída. Tan solo el golpe de los prismáticos.
Se dio la vuelta al tiempo que escupía arena, y quedó sentado. Observó con más curiosidad
que odio al causante de su caída. La piedra parecía no haber estado allí nunca.
Daba la sensación de que alguien la acabase de colocar frente a su pie un segundo antes
del tropiezo.
Se trataba de un objeto pesado, de superficie granulada y de color rojizo. Tenía el tamaño
de un balón de rugby. Sebas seguía sin explicarse cómo no la había visto.
Se levantó del suelo, y tras sacudirse la ropa, recogió el telescopio y lo limpió lo mejor
que pudo. Afortunadamente, no parecía haberse dañado. De haberse roto, o si hubiesen
entrado granos de arena en el interior del tubo, habría quedado inservible. Y eso sería
algo que no le divertiría mucho. Le había costado casi cien mil pesetas. Era un magnífico
aparato, afirmaba siempre Sebas frente a sus amigos, quienes no tenían más remedio
que asentir tras echar un vistazo a través de aquel conjunto de lentes y prismas. Hacía
falta un poco de práctica para mirar por el telescopio, y la mayoría de las veces sus amigos
no veían más que una porción de cielo o unas sombras muy negras, pero así y todo
estaban de acuerdo: era un magnífico aparato.
Retomó la fatigosa marcha, al tiempo que se decía que ya había tenido suficiente por
aquel día. Decidió dirigirse hacia el descampado en el que había aparcado su coche, un
Renault 18 de color blanco, cuya luna trasera estaba poblada de pegatinas con temas de
ecologismo y de sociedades protectoras de las aves. Sebas calculó que tardaría unos
veinte minutos en llegar al descampado.
Caminó con tenacidad durante ese periodo de tiempo, pero en ningún momento se dio
prisa. Al fin y al cabo, nadie le perseguía. Realizó dos paradas para observar el mar con
los prismáticos, por si acaso las aves hubiesen decidido cambiar de opinión y se dejasen
contemplar durante algunos minutos. Pero era inútil. El día no acompañaba. Pocos pájaros
y mucho calor. Mucho, mucho calor.
Aproximadamente cuando estaba a medio camino de su vehículo, un objeto ovalado
surcó el aire a gran velocidad, siguiendo la misma dirección que Sebas, quien caminaba
consternado con la mirada fija en el suelo. No vio al objeto.
Llegó junto al Renault con quince minutos de más sobre lo que había calculado. Dejó
el macuto en el suelo con gran alivio y se pasó el brazo arremangado por la frente para
secarse el sudor. Abrió las patas del trípode del telescopio, lo puso en pie y se descolgó
los prismáticos. Los dejó sobre el tejado del coche. Estaba asqueado. Había tenido días
malos, pero éste parecía superarlos a todos. El sol no parecía querer tomarse ni un sólo
minuto de tregua, y continuaba caldeando el ambiente de una forma implacable.
Hurgó en el bolsillo izquierdo de su pantalón, y tras unos instantes de búsqueda infructuosa
extrajo las llaves del vehículo y abrió las puertas. Depositó todo el equipo en
el asiento trasero y echó un último vistazo a los alrededores. Oía cantar a un buitrón en
la lejanía, pero no distinguió ave alguna revoloteando sobre los campos, que parecían
totalmente desiertos. La reverberación dibujaba ondas en el aire.
Sebas reconoció que, a pesar de todo, ya sólo por aquel momento de calma y de paz,
valía la pena haberse desplazado hasta el delta. Era muy relajante. Disfrutó de aquella
tranquilidad durante unos segundos, hasta que decidió que debía ponerse en marcha. Se
sentó frente al volante y puso la llave en el contacto. El motor, caldeado en exceso y
cansado por los duros años de continuos maltratos, barboteó unas protestas antes de
arrancar. Tras bajar las ventanillas delanteras y poner la primera, Sebas giró el volante y
se dispuso a partir hacia la gran ciudad.
Apenas había recorrido un par de metros por entre los hierbajos del descampado,
cuando la rueda delantera derecha pasó sobre un objeto de gran tamaño, que hizo que
todo el vehículo se estremeciera. Fue como si se hubiese subido a un gran bordillo. Sebas,
que no llevaba puesto el cinturón, se golpeó un dedo de mala manera contra el volante,
y las rodillas contra los bajos del salpicadero. El coche se le caló tras salvar el
obstáculo.
Maldijo en voz alta y se apeó del vehículo. Rodeó el capó y observó el objeto que
acababa de atropellar. Era una piedra muy parecida a la que le había hecho tropezar
hacía ya un buen rato. La estudió estupefacto. Más que parecida, casi podría creer que
se trataba de la misma piedra. Era idéntica. Aunque no podía estar seguro porque no recordaba
con exactitud los detalles de la primera.
Pero sí tenía grabado en su memoria el color rojizo, la textura granulosa y la forma de
balón de rugby. Las mismas características que poseía el objeto que tenía en aquel momento
frente a él.
Decidió no buscar explicación alguna. No tenía por que hacerlo, era libre. Si había dos
piedras iguales, es posible que hubiese más. Tal vez ni siquiera eran piedras. Quizá fuesen
artificiales. Pero le daba igual. Le importaba un rábano que hubiese cuatro millones
de balones de rugby rojizos pasando las vacaciones en la reserva natural.
Recordó el dicho que decía que sólo el hombre tropieza dos veces con la misma piedra.
Estudió por última vez a la maldita entrometida y se echó a reír. La agarró con las
dos manos, sintiendo una punzada de dolor en el dedo golpeado, y la sacó de debajo del
coche. Notó el tacto áspero, la superficie rugosa dejándole marcas en la piel. Descubrió
que sus manos, temerosas, no querían tocar a aquella cosa desconocida, como si en
cualquier momento la piedra pudiese abrir unas enormes fauces plagadas de colmillos,
capaces de arrancarles los dedos de cuajo. Sin embargo, obligadas por Sebas, consiguieron
asir la piedra y dejarla un metro más allá. Tras depositarla en el suelo, Sebas se sacudió
con alivio las manos en los pantalones. Respiró hondamente, echó un último vistazo
al objeto rojizo, y volvió al asiento del vehículo. Puso de nuevo el motor en marcha
y se alejó de aquel lugar.
Quince minutos después había abandonado ya los campos resecos y los juncales repletos
de excrementos de oveja. Tras atravesar el Prat de Llobregat, había entrado a la autovía
de Castelldefels, y ahora avanzaba ya en dirección a Barcelona.
Unos cuarenta metros por encima del vehículo, la piedra roja volaba en la misma dirección
que Sebas, quien, más pendiente de los otros vehículos que circulaban junto a él
que de las posibles piedras voladoras que pudieran cruzarse en su camino, no se percató
de la presencia del extraño perseguidor.
La circulación era fluida. Sebas conducía a gusto, y a buena velocidad. Calculó que a
una media de cien, tardaría un cuarto de hora en llegar a la plaza de España, cerca de la
cual vivía. La temperatura era más agradable ahora, con las ventanillas bajadas y el raudo
aire azotándole el rostro.
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- 2 -
PRIMER PENSAMIENTO
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No llevaba radio en el coche. A veces la llevaba cuando se dirigía a otros lugares, pero
cuando salía a ver aves era un engorro. Tendría que cargar con ella además de con el telescopio,
el macuto y los prismáticos, o arriesgarse a dejarla debajo del asiento o en el
maletero. Salía más a cuenta dejarla bien segura en casa. Si necesitaba música, siempre
podía cantar.
Se puso a berrear desafinando horriblemente, y al cabo de unos segundos se echó a reír,
escandalizado por su propio desatino.
Sebas se puso a pensar.
El día había sido verdaderamente malo, pero había tenido jornadas peores. De hecho,
su futuro inmediato era halagüeño. Volvería a casa, se ducharía, comería un bocadillo y
bebería una cerveza fresca mientras Bon Jovi se autoproclamaba cowboy por los altavoces
de la modesta minicadena de Sebas. Sólo con pensar en esa escena, ya le entraban
deseos de pisar el acelerador a fondo, para poder llegar lo antes posible a su piso de
l’Eixample. Se estiraría en la cama con la comida y la cerveza y disfrutaría de aquellos
momentos de relajación que tanto se había merecido. Al fin y al cabo, estaba de vacaciones,
y las vacaciones se habían creado para disfrutarlas.
Estaba de vacaciones. Estaba de vacaciones solo. Por supuesto, Olga, la última chica
que le había destrozado el corazón, todavía estaría en Irlanda con su novio veraniego de
pelo rojo, aquel que tenía jarras de cerveza en lugar de manos. Por lo que le había explicado
Olga, aquello sí que era beber cerveza.
A Sebas le importaba un comino que beber cerveza en Irlanda fuese la ceremonia sagrada
de todo pelirrojo, como en teoría debería ser la siesta en España para todo pueblerino
que llevase boina.
Se preguntó por qué una chica de buena familia, que no había ido a una discoteca hasta
que cumplió los diecinueve años, que nunca fumaba ni bebía, para la que su cuerpo
sagrado era lo que los Colt para los pistoleros del oeste americano, una chica que además
casi nunca gustaba de relacionarse con las clases bajas o medias… se preguntó por
qué demonios estaba viviendo un tórrido romance con un bebedor irlandés de veinte
años, como le había explicado en la única carta que Sebas había recibido.
Sebas pertenecía a la clase media, y sus padres procedían de un piso todavía más bajo
en el escalafón social. Todo lo que consiguieron hasta su muerte tuvo como fin el que
Sebas pudiera alejarse un poco más de la oscuridad del fondo del pozo de la pobreza, y
pudiese contemplar algo de la luz que se adivinaba en la parte más alta. En la abertura
del pozo.
Olga estaba más allá de aquel pozo. Ocupaba un lugar en el paraíso de los adinerados.
Por eso, cuando Sebas empezó a conocerla un poco, y a descubrir que ella no solía mezclarse
con “tribus” de obreros, pero que a pesar de eso mantenía la amistad con él, una
muy buena amistad, él llegó a pensar que tal vez podría ocurrir algo. Quizá llegasen a
formar una buena pareja.
Sebas era consciente de que en aquellos momentos no disponía de mucho dinero, y de
que si ella accedía a vivir con él no podrían permitirse los lujos de los que ella disfrutaba
en casa de “sus papás”, a no ser que ella pusiese todo el dinero, cosa que a él no le
extrañaría, debido al talante feminista de Olga. A él no le habría importado en absoluto.
Si había algo que él odiaba, era el machismo, que tan mala fama había dado a todos los
componentes del sexo masculino. Era injusto. No todos los hombres eran así.
En cuanto a su dinero, a Sebas le gustaba escribir, y la gente que había leído relatos
suyos creía que tenía posibilidades de que le llegasen a publicar algo si se lo proponía.
Él sabía lo que podía llegar a ganar un buen escritor. Y aunque externamente era modesto,
cuando meditaba sobre el asunto, Sebas se convencía una y otra vez de que algún día
llegaría a ser escritor. No le cabía duda. Estaba seguro de que lo conseguiría.
Pero con una promesa no conseguiría a Olga.
El materialismo era algo horrible, pero no podía engañarse a sí mismo. Olga podía poner
dinero para vivir, pero no se conformaría con un espíritu de poeta o con unas buenas
intenciones. Sebas tendría que llegar a ser algo en la vida. Y no un SIMPLE OBRERO.
Maldita fuese Olga y todo el dinero del mundo.
¿Acaso no contaban hoy en día los corazones? Sí, claro, por supuesto que contaban.
En las malditas clases medias y bajas. Más arriba lo que contaba era el capital, y quizá
un poquito el corazón también. Pero sólo un poquito. Estaba convencido de ello. Seguro
que no se equivocaba al respecto. Lo sabía muy bien.
Ojalá consiguiese enamorarse de otra mujer, una que fuese más comprensiva y que no
alardease de los logros conseguidos con el dinero. Pero de momento lo veía muy difícil.
Él la quería, la quería muchísimo, creía que nunca había estado tan enamorado de una
mujer.
Sebas recordó la letra de una de las canciones de Joaquín Sabina:
“Era tan pobre que no tenía más que dinero…”
Volvió a reír en voz alta, como lo hizo cuando cantó minutos antes, y se asombró
cuando examinó el cauce que habían tomado sus ideas en los últimos instantes. ¿No
había empezado pensando en comida, cerveza y Bon Jovi?
Dejó de reír. Oyó un silbido agudo y penetrante. Volvió la cabeza a un lado y a otro,
pero no localizó la fuente del sonido.
De repente, un estruendo le hizo saltar en su asiento al tiempo que una lluvia de cristales
salpicaba el interior del vehículo. Algo golpeó con violencia el asiento del acompañante,
la puerta del mismo lado, el techo y el suelo. Sebas perdió el control del volante
durante unos instantes y el coche realizó un extraño giro que le llevó tres carriles más
allá de aquel que había ocupado hasta el momento. Estuvo a punto de volcar, pero finalmente
consiguió dominar el vehículo y enderezarlo. Alguien tocó el claxon frenéticamente
por detrás de él. Sebas pisó el pedal del freno, sin comprender todavía qué
había ocurrido. Redujo a sesenta, y un coche pasó junto a él a gran velocidad. El conductor
le gritó algo que Sebas no entendió.
El corazón le galopaba como un caballo desbocado. Contempló incrédulo a la roja
piedra que se balanceaba en el suelo del vehículo, bajo la guantera. El asiento del acompañante
parecía haber sido víctima de un ataque de misiles, y la puerta aparecía seriamente
dañada. Una gran corriente de aire entraba por el hueco del parabrisas, por el lugar
que segundos antes había ocupado el cristal que ahora se repartía en fragmentos por
el interior del coche. La escobilla del limpiaparabrisas había desaparecido, y una gran
abolladura en el techo era el colofón del desastre.
Sebas estuvo a punto de sucumbir a un ataque de nervios, pero consiguió dominarse.
Puso el intermitente de la derecha, y poco a poco se fue aproximando al arcén, donde
detuvo el vehículo. La tarea que consistía en desabrocharse el cinturón se le antojó eterna,
ya que el temblor de manos y el ansia por lograrlo se confabularon para impedir que
lo consiguiese a la primera. Tras una encarnizada lucha, dio con el botón que liberaba al
cinturón. Sebas aspiró una bocanada de aire, la exhaló, y cerró los ojos. Se llevó las manos
a la cara y soltó unos cuantos tacos en voz baja.
Apartó las manos y miró al frente. Los otros coches pasaban veloces a su izquierda.
No parecían prestarle excesiva atención. Volvió la vista hacia el lado del acompañante,
y contempló con inusitado odio al rojizo objeto que parecía desafiarle desde la alfombrilla
del suelo.
Sebas se apeó del vehículo y se dirigió a la portezuela contraria. Quería recoger la
piedra y dejarla entre la vegetación de más allá del arcén, olvidar que la había visto y
que aquel día había salido a observar aves al delta del Llobregat.
Intentó abrir la puerta, pero descubrió que estaba atrancada. Se dirigía ya de nuevo al
asiento del conductor para sacar la piedra por la otra puerta cuando se detuvo. ¿Qué pasaría
si volvía a abandonar a aquel maldito huevo del diablo en un lugar en el que no iba
a poder vigilarlo? Se quedó pensativo durante unos instantes y se echó a reír como lo
había hecho minutos antes.
“Oh, vamos”, pensó, “es de locos. ¿Voy a llevarme una piedra a casa para tenerla vigilada,
por si intenta atacarme de nuevo?”. Sonaba realmente absurdo. Tal vez sí se estuviese
volviendo loco. Pero no lo creía así. Alguna explicación lógica debería haber. No
todos los días una piedra te persigue con tanta insistencia, pero evidentemente, eso era
lo que estaba ocurriendo en aquellos momentos. Era algo real, no se trataba de ninguna
alucinación.
Se le ocurrió entonces que era posible que realmente aquel objeto fuese artificial, como
había supuesto en un principio. Quizá se trataba del residuo de alguna fábrica, y
había numerosas piedras rojas repartidas por la zona. Él había tropezado con una en la
playa, había atropellado a otra en el descampado en el que había aparcado el coche, y tal
vez algún gracioso le había lanzado aquella otra piedra desde algún puente situado encima de la autovía.
Miró hacia atrás, hacia los últimos cientos de metros que había recorrido con el coche,
pero no vio ni un solo puente. El horizonte estaba cercano, ya que a menos de medio kilómetro en la dirección en que miraba, la autovía se elevaba en un cambio de rasante que impedía ver lo que había más atrás.
Pero Sebas tampoco recordaba haber visto ningún puente desde que había abandonado
el Prat de Llobregat no hacía mucho. Sin embargo, no estaba seguro de la distancia que había recorrido con el coche desde que la piedra atravesó el parabrisas. ¿Era posible que ésta hubiese caído antes de llegar a la cuesta? ¿Habría algún puente por allí detrás, aunque él no recordase haberlo visto?
Resolvió averiguarlo en aquel mismo instante. Debía comprobarlo por el bien de su
cordura. Decidió olvidarse momentáneamente de la piedra. Pasó los bultos del asiento
trasero al maletero y se guardó la cartera en el bolsillo de la camisa. Subió las ventanillas,
cerró el vehículo con llave y se alejó dejando puestas las luces de emergencia. No
podía evitar que alguien se aprovechase del enorme boquete del parabrisas, así que optó
por no preocuparse, ya que no le quedaba más remedio. De todas formas, estaba aparcado
en el arcén de la autovía. ¿Quién iba a molestarse en acercarse al vehículo para comprobar si había algo que robar?
Caminó bajo el sol. Poco a poco empezó a notar que el asfalto se empinaba y que el
cambio de rasante se hallaba algo más cerca. Pero la carretera parecía mucho más larga
cuando se recorría a pie que cuando se circulaba por ella con el coche. Finalmente, tras unos penosos minutos que se le hicieron interminables, divisó los kilómetros que se extendían más allá y que había dejado atrás con su coche poco antes. Sobre la carretera no había puente alguno, ni construcción parecida. Sebas se sintió como traicionado. Había esperado hallar algo a lo que aferrarse, una explicación lógica, un desenlace predecible y normal. Pero si allí realmente había algo, era precisamente todo lo contrario. Anormalidad.
Giró sobre sus pies para echar un vistazo a su coche. Sebas se quedó de piedra. Petrificado.
Su vehículo había desaparecido. Se dijo una y otra vez que no podía ser, que era
imposible. Sin embargo, no tardó en convencerse de que aquello no formaba parte de la
extraña trama en la que se hallaba inmerso. Estaba seguro de que el coche había sido
robado por algún gamberro que acababa de complicarle la vida enormemente.
Ahora Sebas se hallaba a kilómetros de su casa, sin medio de transporte, y al parecer,
con una enloquecedora piedra roja persiguiéndole por todo el planeta. Se le ocurrió que tal vez la piedra perseguidora, que se había quedado en el coche, podría haber cambiado
de presa y quizá estuviese en aquellos momentos haciéndole la vida imposible a quien
fuese que se había llevado el vehículo. Se consoló con aquella idea.
Comenzó a deshacer el camino andado, mientras pensaba que si se hubiese girado más
a menudo cuando subía la pendiente, tal vez habría visto al ladronzuelo en el momento
de acercarse al coche y estudiarlo, como un buitre merodeando la carroña.
El descenso fue más rápido, y más descansado. Pero también más frustrante. Dedujo
que le quedaban tres soluciones. Caminar durante kilómetros era una. Otra consistiría en
acercarse a la parada de autobús más cercana, aunque no tenía ni la más mínima idea de su situación. La tercera posibilidad era el autostop.
No es que pasasen muchos coches, pero la circulación era lo suficientemente insistente
como para que Sebas no pudiese tener el pulgar bajado más que unos pocos segundos
entre vehículo y vehículo.
Ni uno solo paró. Pero apenas unos veinte minutos después de caminar suplicando
transporte, llegó a una parada de autobús. En ella se detenían dos líneas, la L-90 y la L-93. Ambas se dirigían a Barcelona, y la primera además tenía una parada no muy lejos de su casa. Según informaba un descolorido papel pegado a una plancha metálica, el autobús pasaba cada media hora.
Se dispuso a esperarlo apoyado en el poste de la parada. Volvía a sudar copiosamente,
y estaba muy cansado. Querría haberse sentado en el suelo para descansar, pero decidió
que de pie tenía una mejor visión de la carretera, y que así podría controlar mejor la llegada
del autobús… o de la piedra.
El L-90 llegó unos quince minutos después. Sebas se alegró de haber cogido la cartera
del coche. Sacó unas cuantas monedas y cogió el ticket que le extendía el conductor.
Pasó al fondo del vehículo y se sentó junto a una de las ventanas.
El autobús arrancó y reemprendió la marcha.
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- 3 -
SEGUNDO PENSAMIENTO

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Curiosamente, a pesar de que las cosas le habían salido totalmente al revés en lo que
iba de día, en aquellos momentos en que miraba por la ventanilla y su cuerpo se movía
al ritmo de los traqueteos del autobús, Sebas se convenció de que toda su vida iba a
cambiar. A partir de aquel mismo segundo. Quizá lo creyó así porque pensó que las cosas
ya no podían irle peor.
El paisaje que se divisaba más allá de la autovía no contribuía en absoluto a alimentar
aquellas esperanzas, pero no importaba. Supo, sin fundamento alguno, que sólo dependía
de él mismo para conseguir cualquier cosa que desease.
Se sorprendió al descubrir que, a pesar de todo lo que le acababa de ocurrir, la piedra
no ocupaba el plano principal de sus pensamientos. De hecho, apenas pensaba en aquella
maldición roja. Tal vez era algún mecanismo mental de defensa el que le impedía reflexionar
sobre el tema, para evitar que se volviese loco. Quizá alguna complicada reacción
química producida en su cerebro inhibía el terror que, en teoría, debería estar sintiendo.
Era muy curioso. Tan sólo tenía pensamientos optimistas.
Y en esos pensamientos, el puesto de honor lo ocupaba Olga. Pensó que si deseaba
enamorarla, lo lograría. ¿Cómo era posible que hubiese mantenido esa venda frente a
sus ojos durante tanto tiempo? Claro, por supuesto. Olga iba a ser suya. Estaba locamente enamorado de ella. Y si ella seguía manteniendo el contacto con él, pobre obrero, después de dos años, era por un motivo: él significaba algo para ella.
Tal vez Olga tan sólo estuviese jugando. Al fin y al cabo eran jóvenes. Ella le había
dicho más de una vez que la vida era como una escalera, y que no se podía pretender alcanzar la azotea sin haber recorrido primero todos los escalones. Ya llegaría el momento.
¿Qué más daban unos ligues por aquí, unos rolletes por allá? Cuando llegase la hora
de la verdad, Olga y él se casarían, dentro de unos años. Estaba escrito en el libro del destino. ¡Era absurdo preocuparse por el asunto!
Ahora estaba seguro de que se trataba de eso. Con limitarse a vivir el presente, y a dejar que los acontecimientos vinieran por sí solos, estaba todo hecho.
Sebas seguía mirando por la ventanilla del autobús. Dos kilómetros después de convencerse
de que las expectativas respecto a Olga eran muy buenas, se quedó sin aliento
al contemplar una escena que echó por suelo todas sus esperanzas sobre el maravilloso
mundo en el que vivía. Más allá del arcén, en el lado derecho de la autopista, un Renault 18 de color blanco yacía accidentado tras haber atravesado la valla protectora. No pudo ver la matrícula, pero no fue necesario. Vio el capó totalmente destrozado, y una humareda que se levantaba del motor. También vio a alguien inconsciente, sentado al volante.
Cuando observó al objeto rojizo que salía por una de las ventanas en dirección al autobús, ya no le quedaron dudas. Se trataba de su coche.
Se alzó de su asiento como impulsado por un resorte, y salió disparado en busca del
conductor del autobús, al tiempo que le gritaba con desesperación que aumentase la velocidad.
El conductor lo miró con cautela y le preguntó qué ocurría. Sebas señaló la piedra
roja que les adelantaba en aquellos momentos. El conductor la miró desconcertado.
La piedra lanzó un primer ataque de aviso. Golpeó el costado del autobús, y algunos
de los pasajeros dejaron escapar algunos alaridos de sorpresa, sin entender todavía qué
demonios ocurría.
Y antes de que pudiesen comprenderlo, la piedra volvió a embestir. Entró como un
obús por una de las ventanas y salió por otra sin detenerse, atravesando los cristales y
esparciéndolos por el suelo, mientras los pasajeros se agachaban y gritaban dominados
por el pánico.
Sebas estuvo especialmente desafortunado cuando anunció a viva voz que aquella cosa
iba a por él, que lo había estado persiguiendo durante toda la tarde, y que necesitaba
ayuda. Tras escuchar aquellas palabras, el conductor abrió las puertas del vehículo. La
piedra, que seguía al autobús como si esperase una respuesta a su primer ataque, se situó
frente a las puertas abiertas. Sebas la miró con temor, y el conductor aprovechó aquel
momento de incertidumbre para propinarle un empujón que casi lo envió directo al asfalto.
Pero en el último momento logró asirse a la puerta, y durante unos instantes se
mantuvo en equilibrio. El tiempo pareció detenerse, y nadie habría podido adivinar si
Sebas caería fuera, o si aterrizaría en el suelo del autobús.
Un anciano pasajero se encargó de decantar la balanza hacia uno de los dos lados. Se
levantó de su asiento, y con un garrote que llevaba le propinó a Sebas un fuerte golpe en
los nudillos de la mano con la que se aferraba a la puerta. Un segundo después ya estaba
rodando por el duro suelo de la autopista.
La piedra vigiló toda la escena desde una distancia prudente. Fue testigo de la traición
de los viajeros del autobús, quienes habían entendido demasiado bien la insinuación que
ella había hecho cuando les embistió. Todo le salía a pedir de boca.
Sebas se levantó con la ropa maltrecha. Sangraba abundantemente por la cara, y le dolía
enormemente todo el cuerpo. Casi creyó que era un milagro seguir aún con vida. Se
limpió los ojos con las manos desgarradas y echó un vistazo a su alrededor. Descubrió
que se hallaba de pie sobre el carril derecho de la autopista. Algunos coches le esquivaron
y pasaron raudos junto a él haciendo sonar el claxon, maldiciéndole y llamándole
loco. Ninguno parecía tener intención de detenerse para preguntarle qué le había ocurrido.
Echó a correr en dirección al arcén. Miró hacia atrás por encima de su hombro, mientras
corría, y vio como la piedra lo seguía poco a poco y con calma, manteniéndose a
una altura de unos tres metros. Sebas siguió corriendo. Saltó la valla protectora y cayó
por un talud cubierto de hierbajos, dejando atrás los sonidos de los coches.
_
- 4 -
CONFESIÓN
_
Aterrizó entre basuras y malas hierbas, y sintió el olor de la descomposición de algunos
vegetales como una bofetada en pleno rostro. Alzó ligeramente la cabeza y observó
el paisaje. Frente a él se extendían innumerables campos de cultivo.
Se levantó entre gritos de dolor, y de nuevo miró hacia arriba. La piedra seguía allí.
No parecía tener intención alguna de cesar en su persecución hasta que hubiese acabado
con él. Desesperado, dolorido y furioso, Sebas alzó los brazos hacia ella.
-¡Qué quieres de mí! -gritó-. ¡Qué buscas, por qué me persigues!
Sebas respiró profundamente y aguardó unos segundos, pero la piedra no reaccionó.
-Dime piedra -inquirió-, qué demonios he hecho yo para merecerte.
Hizo otra pausa y prosiguió.
-¿Eres acaso un castigo de Dios?
Sebas no era creyente, pero en aquel momento estuvo dispuesto a creer cualquier cosa.
Se desplomó en el suelo y quedó de rodillas. Cerró los ojos. La piedra no parecía
hacerle el más mínimo caso, y él ya no sabía qué hacer o qué decir. Creyó que había
agotado ya todas las posibilidades.
Y entonces, sin saber bien si era su boca la que hablaba, o si algún diabólico mecanismo
le había insertado una grabación dentro de la garganta, Sebas decidió confesarle a
la piedra algunos de sus pecados.
Él siempre había creído que lo más grave que había hecho en toda su vida era clamar
venganza contra las personas que alguna vez le habían hecho daño, pero puesto que jamás
había movido un solo dedo para llevar a cabo tales venganzas, estaba convencido
de que era un buen tipo.
Sin embargo, de repente se había dado cuenta de que habría que matizar muchos puntos
de su vida en los que él había obrado como un buen tipo.
-Muy bien, piedra -le dijo-, maldita seas. Te diré algo. No sé si eres una mandada y
sólo cumples con tu trabajo, o si eres un extraterrestre que ha venido a aniquilar a la raza
humana y ha decidido empezar por mí. El caso es que me da igual. No es asunto mío.
Sebas hizo una pausa. La miró fijamente durante unos segundos, y sonrió.
-Je-je, fíjate -continuó-. Ya está. Ya me he vuelto loco del todo. Estoy aquí, desangrándome,
mientras hablo con una piedra asesina. Bueno, pues si es así, si realmente me
he vuelto loco del todo, no creo que tenga mucho que perder. A lo mejor hasta me salvo.
Sebas miraba fijamente a la piedra. Ésta no se movía en absoluto, y parecía escuchar
con interés su discurso. Sin embargo, a pesar de la amable atención que le prestaba su
enemigo, Sebas tuvo la intuición de que no iba por el buen camino. Ni siquiera sabía
muy bien que era lo que quería oír aquella cosa.
-¡Qué quieres que te diga! -le gritó-. ¿Qué me arrepiento de todo lo malo que haya podido
hacer alguna vez? Pues, de acuerdo, hecho. Me arrepiento. ¿Qué siento haber odiado
a Olga por todo lo que me hizo? De acuerdo también. Lo siento. Y también siento
haber odiado a mis amigos las veces en que me fallaron, y a mis padres por abandonarme
cuando los necesitaba, y a mis antiguos jefes por echarme de mi trabajo, y a los
americanos por haber lanzado las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Siento
haberlos odiado a todos.
Sebas lanzó al aire una carcajada histérica, sabiendo que aquella piedra no iba a
acompañarle en su broma, ni le iba a echar un brazo rojizo sobre el hombro mientras le
decía “ja-ja, tranquilo hombre, todo olvidado, vamos a tomarnos una cerveza”. La piedra
iba a matarle por todo lo que había hecho.
-Mierda -exclamó-. Seguro que no soy ningún santo, pero en estos momentos no se
me ocurre nada más. Creo que soy alguien bastante tranquilo. Miento, engaño y hago la
vida imposible a los demás dentro de los límites normales de cualquier persona normal.
Aunque sí, a veces soy bastante mal hablado, pero me importa un comino que me creas
o no, o que seas real o una alucinación, o que quieras matarme. Al fin y al cabo, si todavía no estoy loco, no creo que tarde mucho en conseguirlo.
La piedra no se inmutó. Continuó flotando encima de él.
-Ah, por cierto -continuó Sebas-. Se me olvidaba. Te odio. Te odio con toda mi alma.
De nuevo se hizo el silencio. Sebas ya no sabía cómo continuar su monólogo. Esperaba
alguna señal por parte de su perseguidor, pero su frialdad y su inexpresividad le estaban
poniendo enfermo. Si la cosa seguía así, acabaría arrancándose la cabellera con sus
propias manos.
En lugar de eso, rompió a llorar. No supo por qué saltaban las lágrimas, si por tristeza
o por rabia, pero tampoco le importó mucho en aquellos momentos.
Sebas ocultó la cara entre sus manos y sollozó durante unos segundos que le parecieron
años. No quería mirar hacia arriba. Pero finalmente, se obligó a abrir los ojos y a dirigirlos
hacia el cielo. La piedra había desaparecido.
Con cautela, miró a su alrededor, esperando toparse con un balón de rugby de veinte
kilos justo un segundo antes de ver cómo se empotraba en su cara. Pero no había ni rastro
del perseguidor.
Con un guiño de esperanza, se puso en pie, gimiendo por los huesos que le torturaban.
-¿Piedra? -llamó en voz baja.
-¿Piedra? -volvió a repetir, esta vez con más fuerza. No hubo respuesta.
-¡Que te jodan! -gritó.
Tras unos instantes de indecisión, empezó a escalar el talud. Subió hasta la autopista y
contempló los coches que pasaban frente a él. Llegó a divisar la cara de una señora gorda
que le miraba asqueada. Sebas le hizo un gesto con el dedo medio, y la señora miró
al frente.
Decidió que después de que todo hubiese acabado, pondría una denuncia contra la
compañía de autobuses. Pero primero tendría que intentar recuperar su vehículo. Seguramente
la guardia civil ya habría llegado al lugar en el que el maldito ladronzuelo se
había estrellado. Sebas tendría que explicarles que el coche se lo habían robado. Y tendría
que explicar también de donde venía, y por qué sangraba.
Por supuesto, no les diría que una piedra le había perseguido. De hacerlo, no se llevarían
una impresión muy buena de él. Quizá debería hablar primero con los otros pasajeros
del autobús. Ellos también habían visto a su acosador, y eran, por tanto, testigos presenciales.
O quizá simplemente debía mentir. “Me han atacado, agentes, -podría decir-,
me han dado una terrible paliza…”, o tal vez serviría algo así como: “me caí por un talud
poblado de espinos, espinos enormes con púas como guadañas, que me desgarraron la
piel salvajemente… como si me odiaran de veras…”.
Finalmente, Sebas decidió que ya pensaría más tarde en lo que haría. Ya se le ocurriría algo.
Caminó por el arcén durante unos minutos. Pensó en todas las cosas que le había dicho
a la piedra, pensó en Olga, pensó en todo aquello que le había venido a la cabeza
mientras viajaba primero en el Renault y después en el autobús. Llegó a la conclusión
de que su estabilidad mental pasaba por momentos delicados, y de que tal vez necesitase
ayuda. Aunque quizá la ayuda que necesitaba se limitase a una pareja estable.
Mientras volvía a darle vueltas a todos aquellos asuntos, se percató de que el sol se
había ocultado tras una nube. Al parecer, la única que habría en el cielo.
Alzó la vista y quedó maravillado ante el espectáculo que veía. ¿Era posible que se estuviese
produciendo un eclipse total y que no se hubiese dado cuenta hasta aquel momento?
Miró con más detenimiento al astro rey. Le dolían los ojos cuando lo hacía, pero
se obligó a ello. Entonces vio que no era la luna lo que ocultaba al sol. La luna no se movía tan deprisa. El objeto se desplazó velozmente hacia el suelo, dejando en libertad
a los reprimidos rayos solares. Por supuesto, se trataba de la piedra roja. Le había parecido
redonda cuando ocultaba al sol porque la veía de frente. Pero ahora pudo percibir
perfectamente su maldita forma de balón de rugby.
La piedra había estado flotando en el aire a varios metros de altura, encajando perfectamente
en el redondel dorado que era el sol. Tras descender, se detuvo a la altura de la
cara de Sebas, a unos tres metros delante de él. Mientras le desafiaba de nuevo, Sebas se
permitió el lujo de echar algunas miradas furtivas a los conductores de los vehículos que
pasaban junto a él. Vio caras asombradas, incrédulas. No era para menos. Durante un
instante habrían creído ver una piedra que flotaba y a un hombre destrozado.
Sebas se pasó la mano por la cara y se rascó parte de la sangre coagulada. Sus dedos
hicieron manar sangre fresca de las heridas.
-¿Qué quieres de mí? -preguntó por segunda vez aquella tarde. La piedra no contestó.
-¿Por qué no te vas a una cantera para que te aplasten y me dejas en paz? -le sugirió.
La piedra ni se inmutó.
-Voy a pasar -anunció Sebas-. Voy a avanzar muy lentamente hacia ti.
Dio un paso y la piedra no retrocedió. Sebas se detuvo, sin saber bien qué hacer, si
continuar, o esperar los acontecimientos. Finalmente dio otro paso. La piedra no se movió.
Estaba ahora a tan solo un par de metros de distancia.
Dio un tercer paso y la piedra se desplazó ligeramente hacia la derecha. Esperanzado
pero temeroso, se sobresaltó ante el súbito movimiento de la piedra y vaciló un poco.
Por fin, sin pensárselo más, empezó a andar con firmeza pero lentamente. Un cuarto paso,
un quinto…
La piedra continuó su vago desplazamiento y se detuvo a la derecha de Sebas, quien
enseguida comprendió lo que ocurría: su perseguidor le estaba dejando espacio, le estaba
permitiendo pasar. Le dejaba vía libre.
Pasó de largo y continuó caminando. Ahora ya la había dejado atrás. Lanzó una mirada
de reojo y pudo ver en el límite de su campo visual una mancha rojiza que continuaba
inmóvil en el aire.
Avanzó ahora con un poco más de velocidad, pero intentando disimular su ansia por
alejarse de aquella maldita cosa. Se sentía como un hombre desarmado al que un pistolero
le ha ordenado que se de la vuelta y que eche a andar. Quería correr, salir disparado,
poner muchos metros de por medio entre él y aquel engendro del infierno, y sobretodo,
lo que más deseaba era volver la cabeza para asegurarse de que aquella cosa no le
seguía. Pero no se atrevía. No podía hacer nada de eso. Tenía el convencimiento de que
era aquello lo que la piedra esperaba. Un acceso de pánico. Demostrarle temor. Eso sería el detonante de la explosión final.
Pensó entonces que si conseguía mantener sus nervios controlados, si conseguía no
echarse a correr… pensó si la piedra le iba a permitir de todas formas alejarse por la carretera
y perdonarle la vida. Esta desalentadora idea empezó a crecer en su mente de una
forma alarmante, y Sebas fue consciente de que el ataque de pánico al que tanto había
temido ya había llegado. Si no conseguía desahuciar a aquel pensamiento de su cabeza,
estaría perdido.
Finalmente, no pudo resistirlo más. Sus piernas se movieron adelante y atrás, y balanceando
los brazos se lanzó a la carrera, gritando de desesperación cuando miró hacia
atrás y vio a la piedra roja que se lanzaba en su persecución.
Miró al frente pidiendo socorro, clamando piedad, y deseando pensar, deseando que
alguna última idea acudiese a su mente en aquel momento de sobrehumano esfuerzo, de
lucha por la supervivencia.
A pesar de que no la veía, y de que la piedra no emitía sonido alguno, Sebas la sentía.
Sentía su presencia detrás de él, acercándose poco a poco, sin prisas, a sabiendas de que
era una presa fácil, y de que si quisiese podría alcanzarlo en una décima de segundo.
La piedra llegó hasta Sebas. En los últimos centímetros antes de tomar contacto, redujo
su velocidad hasta igualarla prácticamente con la de su víctima. Se aproximó lentamente
a su espalda hasta que tocó su camisa chorreante de sudor y sangre. Sebas gritó.
Continuó corriendo durante unos metros más, sin comprender exactamente las intenciones
de la piedra. Ésta no le había embestido como un obús, sino que simplemente
presionaba su espalda con suavidad, como si tan sólo buscase su contacto.
Pero en apenas unos segundos, la presión se hizo algo más fuerte, y entonces Sebas sí
comprendió qué era lo que estaba haciendo. Le estaba empujando. Cada vez más deprisa,
sin dejar que se detuviera, forzándole la marcha.
Estuvo a punto de detenerse de golpe y agacharse para que la piedra pasase de largo;
estuvo a punto de echarse a un lado, apartarse bruscamente para desasirse del empujón
de aquella cosa. Pero al final no hizo ni una cosa ni otra. Y cuando quiso darse cuenta de lo que iba a ocurrir, ya fue demasiado tarde.
La piedra dio un brusco acelerón al tiempo que cambiaba el rumbo de la carrera de
Sebas algunos grados a la derecha. El empujón final lo envió de lleno al primer carril de
la autopista, y un camión que no pudo frenar a tiempo lo arroyó y le quitó la vida.
Fue algo muy rápido. Sebas apenas tuvo tiempo de gritar, y de comprender que eran
sus últimos segundos como mortal. Su último pensamiento fue de odio. Deseó que la
piedra quedase destrozada por el propio camión. Que la hiciese añicos.
El camión los embistió a ambos. De Sebas poca cosa quedó. La piedra salió disparada
y aterrizó fuera de la autopista. Sin rasguños. Unos segundos después alzó su macizo
cuerpo unos metros sobre el suelo, para reemprender el vuelo. Se mantuvo durante un
instante flotando en el aire, quizá para contemplar el resultado de su juego, su trabajo bien hecho. Después, se dirigió rauda hacia el cielo de verano.
Tal vez, en algún momento antes o después de su muerte, Sebas supo que no era necesario conocer la naturaleza de la piedra, ni de dónde procedía. Ni como había llegado hasta allí, ni por qué quería matarle. Bastaba con tenerla presente.
De haber tenido boca, la piedra habría reído.

_
“Ciertamente, había muy pocas obras humanas en esa
parte del túnel, aunque ocasionalmente un siniestro
mural de jeroglíficos tallados en el muro, o un pasadizo
lateral bloqueado, recordaban a Zamacona que esto era
realmente el camino olvidado por los eones hacia un
primordial e increíble mundo de seres vivientes.”
H. P. LOVECRAFT,
El Túmulo

_
“Y había cuevas en aquella montaña que podían
estar vacías y s olitarias, o podían

-si las leyendas no mentían- albergar
horrores de una forma insospechada.”
H. P. LOVECRAFT, _
La onírica búsqueda de la desconocida kadath

_
PRESA
Mariano Bertello

_
I
Miranda

_
- Hola Cris. – le había dicho ella con total naturalidad.
Él ni siquiera escuchó a la mujer acercarse, sin embargo esto no le extrañó, se encontraba
abstraído en sus propios pensamientos.
Era una mujer joven, tendría veintiséis o veintisiete años, esbelta, de cabellos negros
como la noche y de una mirada esmeralda que derretiría un témpano de hielo. En otras
palabras, una verdadera belleza. Sin embargo Cris no tenía idea de quién era ella.
- Disculpa, ¿nos conocemos?- preguntó extrañado.
- No, todavía no. –respondió la desconocida.
- Entonces, ¿cómo es que sabías mi nombre? – dijo con un susurro, al tiempo que arqueaba
las cejas.
- No lo sabía, pero escuché al cantinero cuando te saludó.- comentó ella, regalándole
una sonrisa amplia y de una dulzura que Cris no había visto en mucho tiempo.
- Buen oído.
- Para escucharte mejor.- sentenció.- Soy Miranda.
A partir de ese momento los recuerdos de Cristopher Hoods se volvían borrosos como si
mirara hacia ellos a través de un vidrio húmedo.
Creía recordar que habían bebido un par de tragos y hablado de trivialidades como sus
gustos sobre el cine o la inclemencia del clima durante la última semana, pero no podía
asegurarlo.
Ahora se encontraban caminando lentamente bajo la luz enfermiza de una luna anaranjada
que presagiaba lluvia en cualquier momento.
A medida que pasaban los minutos, Cris se iba envenenando más y más con la intoxicante
presencia de Miranda.
Sus cabellos lacios al viento desprendían una fragancia fresca y primaveral, su voz embriagante
podía hacer sentar a un tigre de bengala a la primera orden y su manera de
caminar, felina y sugestiva, le haría levantar temperatura a un cardenal de la Iglesia.
- Cris, tengo un poco de frío- dijo ella en voz baja.
Él se quitó su campera de jean y la colocó suavemente sobre los hombros de Miranda.
Ella atrapó con delicadeza el brazo izquierdo del joven y lo pasó detrás de su cuello.
Segundos después se apretó lentamente contra el cuerpo de Cris, él sintió que tocaba el
cielo con sus manos.
-“Eso es todo, amigos, me he enamorado”. – pensó para sí mismo y esbozó una sonrisa
cálida.
Fue exactamente en ese momento en que las primeras gotas de lluvia comenzaron a
caer sobre ellos.
Se detuvieron momentáneamente bajo el alero de un kiosco de revistas, el cual estaba
cerrado ya a esa altura de la noche.
- ¿Y ahora qué haremos?- preguntó Cris, aunque ya sabía la respuesta.
- Podemos ir a mi departamento, está solamente a unas cuadras de aquí.
Cris volvió a sonreír.
Reanudaron la marcha, primero caminando deprisa y luego, cuando las gotas de agua
golpeaban como clavos helados, casi corriendo.
Al cabo de unos minutos llegaron al departamento, totalmente empapados.
El edificio debía de tener al menos unos cinco millones de años. Seguramente había sobrevivido
no sólo a las dos últimas guerras, sino también al diluvio universal.
- “Dios Santo”. – pensó Cris – “de seguro tendrá momias en el sótano.”
- Que no te asuste, adentro no se está tan mal.- dijo ella, como si le hubiera leído la mente.
- No hay problema.- comentó él despreocupado y entró a la oscuridad del edificio siguiendo
los pasos de su acompañante…
Miranda tenía razón, el interior del departamento estaba realmente bien. Había dos dormitorios,
un living excelentemente amoblado con un pequeño hogar a leña, un baño y
una gran cocina. Todo estaba impecablemente limpio y en el aire se respiraba un raro
olor a limón artificial.
- Ponte cómodo.- dijo Miranda - Yo voy a cambiarme estas ropas mojadas.
Una vez más Cris sonrió.
Dejó caer su cuerpo en un cómodo sofá de terciopelo azul, mientras en su cabeza comenzaban
a gestarse todo tipo de ideas que lo incluían a él, a Miranda y a dicho sofá.
Notó con un poco de exaltación como las luces disminuían su intensidad y escuchó los
pasos de Miranda a sus espaldas.
- ¿Quieres que encienda el hogar?- preguntó ella.
- Por supuesto.- contestó Cris tratando de ocultar su estado de nerviosismo.
Miranda llevaba puesta una bata de color negro. No hacía falta ser adivino para saber
que no tenía nada más que eso encima. La bata le quedaba bastante ceñida al cuerpo,
marcando una silueta que rayaba en la perfección. La chica tomó un mechero eléctrico
que descansaba en la mesa ratona con la mano derecha, mientras que con la izquierda
rociaba un poco de alcohol sobre los leños.
El fuego se encendió al primer intento y Cris pudo sentir una oleada de calor diferente a
la que ya irradiaba su cuerpo.
Miranda se incorporó y se dirigió al equipo de música que estaba en la pared opuesta.
Segundos más tarde comenzó a sonar una dulce melodía que Cris desconocía por completo.
- Vivaldi – susurró ella, leyéndole la mente una vez más. - ¿ No te gusta?
- Sí, está bien. Es que estoy acostumbrado a cosas como AC/DC o Metallica.
- Todo un romántico. – comentó Miranda con ironía, y selló la frase con un beso.
Con un movimiento rápido, Cris aflojó el lazo de la bata, desnudando toda la hermosa
humanidad de Miranda. Ella desgarró literalmente la camisa escocesa de Cris y luego
fue por el cinto de sus jeans, desabrochándolo con ductilidad.
A la pálida y crepitante luz de las llamas sus cuerpos desnudos se acariciaron con pasión
pero con dulzura, como si ambos estuvieran explorando terreno desconocido. Reían
como niños alocados.
Sin duda ella sabía cómo hacer su trabajo. Cris pensó, en un rapto de lucidez tan fugaz
como efímero, que nunca nadie lo había hecho sentir así, tan feliz, tan completo, tan
humano.
Fue precisamente en ese mágico instante en el cual las cosas comenzaron a descontrolarse
y terminaron yéndose al mismo infierno.
La chica comenzó a contraerse mediante convulsiones rítmicas sobre su cuerpo, las cuales
iban en aumento. Segundos más tarde Miranda parecía poseída por un frenesí espeluznante.
Cris no había notado cuán largas eran las uñas de su compañera, hasta que éstas
comenzaron a hacer jirones la piel de su espalda. Miranda gruñía, se agitaba, y su
aliento se había tornado pestilente, como si un animal muerto hubiese anidado en su boca.
Por primera vez en toda la noche, la sonrisa del muchacho estaba ausente, no había rastros
de ella en su rostro.
Asustado, trató de apartar el cuerpo de la chica con un empujón, pero ella parecía sorprendentemente
fuerte, y no consiguió quitársela de encima.
Una punzada de dolor apareció de repente en su hombro derecho, acompañada segundos
después de una sensación de calor y humedad.
Esa fue la gota que derramó el vaso. Aplicó una violenta patada al cuerpo retorcido y
sibilante que lo aprisionaba, y con una agilidad digna de un gimnasta, dio un brinco
hacia atrás, alejándose del sofá y de la mujer enloquecida.
A tientas encontró el interruptor de la luz, y cuando ésta iluminó la habitación, deseó
nunca haberlo hecho…
La parte superior de su pecho y parte de su brazo derecho estaban bañados en sangre, en
su sangre. Cortes y arañazos surcaban su cuerpo en todas direcciones como carreteras
dibujadas por un niño. Un pedazo de carne le colgaba con un hilo de piel desde el hombro,
asemejando un pendiente macabro.
Aún así, eso no era lo peor del asunto.
Lo peor de todo era Miranda.
_
II
La Pelea
_
Miranda se encontraba semierguida, como una fiera agazapada esperando el mejor momento
para dar el zarpazo de gracia. No quedaba evidencia alguna de humanidad en su
figura, toda la belleza de su rostro, la sensual armonía de su cuerpo y su celestial encanto
se habían esfumado como si nunca hubiera estado allí.
En su lugar había ahora una aberración de la naturaleza, una monstruosidad de piel cenicienta,
pómulos filosos, cabellos enloquecidos y mirada asesina. De su boca manaba
un líquido rosado, mezcla de saliva y sangre, además de una larguísima lengua bífida
extraída de una pesadilla. Su dentadura era la de un tiburón, o la de un cocodrilo (Cris
no estaba seguro), con dientes amarillentos, puntiagudos y orientados en todas las direcciones posibles. Entre dos de ellos había un delgado hilo de carne que logró horrorizar
a Cris.
De la frente de la muchacha emergía un cuerno animal atravesando la piel de esa región
con suma facilidad.
Su espalda se había curvado, dejando a la vista una columna vertebral deforme y macabra.
Cris retrocedía trastabillando, alejándose de la criatura como en sueños. Manoteó sus
jeans con dificultad y antes de darse cuenta ya los tenía puestos.
“Excelente, estás a punto de ser devorado por un bicho y tú piensas en cubrirte las pelotas”-
pensó para sí y tuvo que reprimir el impulso de soltar una risita loca y enfermiza.
Miranda, o lo que alguna vez había sido Miranda, lanzó un alarido haciendo volar pequeñas
gotas de baba pegajosa y maloliente. Miró fijamente a los ojos a Cris y avanzó
un par de pasos hacia él.
Esto hizo reaccionar al muchacho, quien tomó de la cómoda que estaba a su lado un pesado
libro con un sombrío payaso en la tapa. Lo arrojó con todas sus fuerzas hacia el
monstruo que minutos antes le había dado un corto paseo por el paraíso.
El libro golpeó a Miranda en la frente, sin conseguir absolutamente nada más que hacerla
enojar. A continuación la criatura se agachó para tomar impulso y luego despegó del
suelo con furia. Alcanzó a un inmóvil Cris en cuestión de milésimas de segundo, lo tomó
por el cuello y lo hizo volar por toda la habitación como si se tratara de un muñeco
de trapo.
Cris estaba mareado y confuso, sentía el corazón en la garganta y la sangre galopaba en
su sien como un caballo salvaje.
“Debo salir de aquí, debo irme de aquí ahora. No sé qué diablos es esto, pero yo soy su presa” - pensó aterrorizado.
El monstruo le bloqueaba la entrada, por lo que rápidamente se dirigió la puerta más
próxima a su derecha y la abrió de un tirón. Entró en la habitación oscura casi corriendo
y tropezó con un bulto en el suelo. Sus manos buscaron el interruptor de la luz, al encontrarlo
lo accionaron con violencia.
Por segunda vez en la noche, Cris deseó nunca haber prendido las luces.
El cuarto estaba lleno de cuerpos mutilados y desgarrados, todos ellos masculinos y todos
ellos con orificios del tamaño de un puño en el pecho, a la altura del corazón. Había
algunos decapitados y a otros les faltaban algunos miembros, también había órganos y
vísceras repartidas por el piso.
Cris cayó de rodillas al suelo y vomitó sin poder contenerse. Había lágrimas en sus ojos
y el mundo le daba vueltas.
En el cuarto había un olor repugnante, pero curiosamente no provenía de los cuerpos.
En un rincón apilados, descansaban miles de desodorantes ambientales en forma de pino,
en algún momento habían tenido esencia de limón, pero ahora habían fusionado su
aroma con el que despedían los cuerpos putrefactos.
Los golpes de Miranda contra la puerta lo devolvieron a la realidad. La terrible fuerza
de la criatura estaba venciendo los goznes del pórtico.
Cris apoyó su cuerpo contra la fría madera a modo de barricada, sin embargo esto no
duraría mucho tiempo.
Se dirigió hacia la ventana que estaba en la pared opuesta y trató de abrirla sin resultado.
No sabía si estaba trancada o no podía abrirla a causa de su desesperación. Respiró
profundamente un momento y consiguió destrabarla. Miró hacia fuera y observó con satisfacción
que había una escalera de emergencia. Comenzó a descender por la misma
con torpeza, resbalando cada dos o tres escalones. Cuando apoyó los pies en el
pavimento helado y húmedo, sintió como un par de pisos más arriba, la puerta
mento helado y húmedo, sintió como un par de pisos más arriba, la puerta finalmente
caía bajo el peso de Miranda.
Descalzo y con frío empezó a correr por el callejón que daba la espalda al edificio.
Había parado de llover, y la atmósfera era húmeda y pesada.
Corría como un enajenado, pisando vidrios, latas y cualquier cosa que hubiera en su
camino.
A su espalda, a unos veinte metros de distancia, sintió un chasquido de pies golpeando
contra el suelo y, aunque no volteó, sabía qué significaba.
Miranda venía por él.
_
III
La taberna de Mick
_
Cris no sabía qué hora era, pero en la calle no había un alma. No había vagabundos, ni
drogadictos ni amantes, ni siquiera prostitutas sin suerte en esa noche. El muchacho deambulaba
por un desierto de granito y concreto. Gritaba pidiendo ayuda, pero nadie
contestaba sus súplicas. Se dio cuenta de que nunca se había sentido tan solo.
Alrededor de veinte o treinta metros atrás, los sonidos guturales provenientes de la bestia
continuaban acechándolo, cada vez más cerca.
Cris estaba exhausto, con cada minuto qué pasaba, sus piernas se hacían más y más pesadas,
e inconscientemente esperaba sentir como Miranda caía sobre él de un momento
a otro.
Pero todavía no, una llama diminuta de esperanza se encendió en el instante en que divisó
a la distancia un llamativo cartel de neón que rezaba:
_
LA TABERNA DE MICK
Nunca Cerramos
_
Ya casi cojeando, se dirigió con lo último de sus fuerzas hacia el lugar.
Abrió la puerta con dificultad y tras atravesar el umbral se desplomó agotado. El lugar
era un antro sucio y oscuro, sin embargo esta noche estaba bastante concurrido, contrastando
con la soledad de la calle.
Un hombre corpulento lo ayudó a incorporarse. El tipo olía a sudor y a licor barato, pero
parecía amigable.
- ¿Qué le ha pasado, hombre? ¿Y qué hace corriendo por la calle semidesnudo?- inquirió.
- Viene tras de mí… la chica… es un monstruo… quiere matarme y comerme como a
los demás… no la dejen pasar.
- ¿Pero qué es lo que dice amigo?
- Es un vampiro, o una mujer lobo… no lo sé, tiene cuernos y garras… y creo que se
come los corazones…
- Bien hijo, ahora quédate tranquilo. Mi nombre es Mick, y ningún bicho del demonio
entra en mi taberna.
El hombre se puso serio de repente y luego de apoyar a Cris contra una pared, se dirigió
velozmente hacia la barra del bar. Se inclinó por encima de ella y extrajo una escopeta
de dos caños y un cuchillo de cacería.
- Gary… - espetó, y cuando éste se volteó le arrojó el cuchillo.
El tal Gary era un hombre albino delgado y de gran estatura, de alguna manera su aspecto
era extraño y tenebroso, Cris no sabía bien por qué. Atrapó el cuchillo al vuelo con
maestría y jugueteó con él entre los dedos de forma desinteresada.
Al cabo de unos segundos se reunió con Mick. Los hombres hablaron entre susurros y
luego se dirigieron con paso seguro hacia la puerta de entrada.
Cuando estaban sólo a unos metros de ésta, la puerta estalló en mil pedazos, regando de
astillas a los clientes cercanos a ella.
Miranda entró como una exhalación, rugiendo y arrojando manotazos mortales a todo lo
que se le acercaba. La clientela del bar, una veintena de personas, se alejó rápidamente
de ella, aunque sorpresivamente no mostraba temor.
La bestia se detuvo conmocionada, hipnotizada por las estridentes luces del bar y por la
sensación de sorpresa que ahora la invadía.
Ese instante infinitesimal de duda le costó la vida.
Mick y Gary actuaron con solvencia y aplomo, como si hubieran hecho esto un millón
de veces.
Mick se agachó, poniendo una rodilla en tierra, apuntaló la culata de la escopeta contra
su hombro derecho y detonó el arma dos veces, vaciando los cilindros.
Los dos disparos fueron precisos, incrustándose en ambas rodillas del monstruo y
haciéndole volar las dos piernas por debajo del punto de impacto.
La bestia cayó al suelo como una bolsa de ropa vieja y comenzó a agitarse en todas direcciones.
Gary se acercó a ella con la velocidad de un rayo, sujetó su cuello con su enorme mano
izquierda y clavó el cuchillo de caza en el pecho del monstruo agonizante.
Miranda lanzó un alarido desgarrador, como si estuviera dando a luz.
Luego Gary soltó el arma e introdujo la mano en la herida, sólo para arrancarle el corazón
a Miranda en cuestión de segundos.
La criatura se sacudió brevemente, luego todo había terminado.
Cris no lograba creer lo que había pasado ante sus ojos, se sentía soñando, drogado o
quizás muerto.
Después de un pequeño lapso de tiempo, Mick se acercó a Cris y le sonrió.
- No te preocupes, ya está. – le dijo con voz tranquilizante.
- ¿Qué harán con ella ahora?
- Eso ya no es de tu incumbencia, muchacho, nosotros lo arreglaremos.
- ¿Qué mierda era eso de todos modos?
- Ella era un demonio, una criatura enviada desde el infierno para robar almas de
humanos.
- ¿Cómo lo sabe?
- Sé muchas cosas, te sorprenderías.
- Pensé que era un vampiro.
- Oh no, no, no mi querido Cris, los vampiros no desgarramos ni arrancamos corazones,
eso hace perder una enorme cantidad de valiosa sangre…
Mick ahora esbozaba una sonrisa maligna y tenebrosa, plagada de colmillos espeluznantes.
Sus orejas se habían vuelto demasiado puntiagudas y sus ojos revestían un brillo
carmesí.
A su espalda, los clientes del bar se acercaban silenciosamente. Todos ellos tenían ahora
facciones similares a las de Mick, exhibiendo una dentadura animal y sombría. Parecían
desplazarse como flotando sobre el suelo. Gary sobresalía por encima de todos, lamiendo
el cuchillo de caza con una lengua negra y hedionda.
Cris comprendió todo de repente, y un horror frío inundó su cuerpo como un río nocturno.
Esta vez no había salida, esta vez todas las puertas se habían cerrado, esta vez la presa
no tenía escapatoria.
Una dentellada cálida y pútrida en el cuello fue lo último que sintió Cristopher Hoods,
mientras su vida se apagaba como una antorcha en la tormenta…
_

_
SECRETOS
Graciela Zukeran

_
Estoy sola en casa, mi habitación está apenas iluminada por la luz de la luna y afuera solo
se oye el silbido de un tren, a lo lejos los ladridos de un perro.
Estoy recostada en mi cama llena de almohadones y sabanas que me protegen del frío.
La estufa está encendida y un calor agradable permanece en la habitación. Desde donde
estoy alcanzo a ver la silueta del humo que se desprende del incienso, un aroma a maderas
y aceites acompaña mi respiración.
En el silencio de la noche la calma se hace eterna, parece que el tiempo se detuviera y
cada segundo, cada minuto durara para siempre.
Sola con mi mente, sola con mis recuerdos.
Regreso el tiempo atrás y me veo recostada en el césped del jardín de mi hogar, el que
dejé hace 10 largos años.
El recuerdo es tan vivido que hasta puedo oler el perfume del pasto recién cortado.
Era una casa grande, cada rincón guardaba mis secretos.
Aún deben estar allí escondidos entre el polvo y el olvido, entre lagrimas y risas.
Los sueños de entonces eran sueños con alas de libertad, de amor, de vivir la vida a pleno.
Las alas de mi destino me llevaron lejos, muy lejos, y yo me dejé llevar.
¡Volaba tan alto que me parecía tocar el cielo con las manos, que bien se sentía eso!
Pero el destino cambió el rumbo y de pronto me vi perdida en un mundo desconocido,
frío y oscuro.
Allí todo era diferente, las estrellas no brillaban, las flores no olían, los corazones no latían.
Ya no pude volver atrás, solo cerré los ojos y comencé a caminar entre tinieblas, buscando
una luz de esperanza que me enseñara la salida.
El silbido del tren nuevamente.
Abro los ojos y me encuentro otra vez entre las sábanas de mi cama.
El incienso ya se consumió, el tiempo a veces pasa tan rápido que uno ni cuenta se da.
Mi mejilla se empieza a humedecer, pero no me preocupo, siempre me sucede cuando
recuerdo mi pasado.
Tengo que dormir, mañana me espera un día atareado, debo seguir buscando mi luz, mi
respuesta, se que en algún lugar la encontraré.
Mientras tanto, guardo nuevamente los recuerdos en mi corazón, hasta cuando llegue el
día en que vuelen como palomas en el cielo celeste y blanco de mi Argentina querida.

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Monday, April 28, 2008

RECOPILACION GOTICA “LORD DES MORTE” — VOCES DE OSCURIDAD - CUENTO Y POEMAS

RECOPILACION GOTICA “LORD DES MORTE” — VOCES DE OSCURIDAD - CUENTO Y POEMAS

RECOPILACION GOTICA
“LORD DES MORTE”
VOCES DE OSCURIDAD
CUENTOS Y POEMAS
__
VOCES DE LA OSCURIDAD
Literatura Gótica y Oscura
Colección de Poesías y Cuento Maldito
_
NUEVA VÍCTIMA

En la penumbra de mis días
La oscura verdad se revela ante mí
La sangre derramada
Mi muerte no buscaba
Con un grito la maldad reclamaba
Tormentosos deseos posan en la noche
Recuerdos renacen en la oscuridad
Una nueva victima es reclamada
He de sacrificar mi pasión
Que con gracia creó destrucción
El terror en las calles renace
El infortunio cuida al percance
Torturando incrédulos inocentes
Ríos rojos transitan vorazmente
Respirando agonía candente
_
EN LA PROFUNDIDAD DEL MAL
Espíritu de maldad que te posaste en mí
Amo y señor del terror y la muerte
Venga tu ira con sangre inocente
Aplasta sin piedad los corazones misericordiosos
Vuelve pedazos la divina felicidad
Fuerzas de las profundidades del mal
Brindadme el poder para erradicar a la humanidad
Ningún mortal en pié quedará
Por siempre la muerte reinará
El momento de los demonios ha llegado
Las fuerzas oscuras reinarán sobre la luz
El infierno consumido en cenizas
Una nueva tierra conquistará
Santos y pecadores, sacrificados serán
Fuerzas de dolor incineran la tranquilidad
Los débiles la paz reclamarán
Más tu mirada no logrará
_
MI SANGRE POR TU AMOR
Gustoso derramaría mi sangre
Gota a gota sobre tu altar
Si tu amor pudiera lograr
La melancolía de tu ausencia
Tu recuerdo ha de consolar
Te sentiré en mis sueños
Suspiraré por ti
Me entregaré a ti
Perdido en un fúnebre abismo
Recurro la suavidad de tus brazos
Desde mi sepulcro a ti vislumbraré
Soy la sombra que vuela sobre ti
Aquella que te cuida
Aquella que te ama en silencio
Invisible ante tus ojos
Pero siempre presente
Noches colmadas de oscuridad
Consagrarán nuestra alianza
Perpetúa hacia la infinidad
Temibles y arrogantes olas de dulzura
Reposan sobre la luz de mis garras
A la espera de impregnar tu corazón
Rompiendo las cadenas de amargura
Desvariando en un brindis de ternura
_
SANTOS MALÉVOLOS
El reino del terror te saluda
Bienvenidos sean hermanos del mal
Hijos de la oscuridad
Herederos de la desolación
Hundidos en gozo sus corazones latirán
Al unísono de la violencia siniestra
Misión sagrada cumplida
Asesinado el hijo perdido
Abstraído en su gloria perecerá
Calcinado su cuerpo
Derrotada su alma
Olvidada su obra
Que los torturados os maldigan
Bendiciones en el eterno descanso
Fijos en la mente pecadora
Un alma negro celestial
Anuncia la malevolencia absoluta
Por siempre santo el asesino será
Santo del terror te proclamarán
Alas de fuego y cuernos de acero
Tierras escamosas y mares secos crecerán
El poder de la muerte
Contigo lleva perpetuamente
De tus cenizas vida crecerá
Y por siempre el mal renacerá
_
UN LAMENTO EN LA OSCURIDAD
La noche se torna gris
El aroma del pánico
Misteriosas criaturas atrae
En una sinfonía de agonía
Restos humanos lloverán
Gotas rojas en tierra negra
El color de la muerte pregonarán
Cuerpos inertes muestran su anatomía
Cadáveres putrefactos sonríen al olvido.
Ríos de ardiente dolor,
Muestran el sendero del terror
La luna muestra su último aliento
El sol se abre paso entre el repudio
Las aves inician su cantar
La oscuridad terror no brinda más
Lamentos profundos afligen el lugar
Criaturas oscuras lloran sin parar
_
DILEMA
El asesino matar quisiera
Hundir su filoso deseo
En carme joven y blanda
Sentado entre la multitud
Su momento de gloria espera
Éxtasis por sangre regada
En medio de cruel desdicha
Su pecado cometer no puede
Miradas incriminantes imputan su pensar
Por siempre acusado será
Más su conciencia en paz conservará
En un dilema sin solución tropezó
De las entrañas de la penumbra
Una sombría mirada aparece
Cual asecho inconsciente
La sed de muerte asoma tímidamente
Oculto el criminal observa
El cazador víctima será
Víctima de su furia
Encerrado en duda
Martirizado por su deseo
Inmóvil por su pensamiento
Perecerá en sádico calvario
Abstraído en angustiosa espera
Verdugo fracasado permanecerá
Y a su propia vida renunciará
Lord des Morte Voces de la Oscuridad
_
TRAS LA BATALLA
En medio de destellantes truenos
La lluvia sangre limpiaba
Bosques de cadáveres
Inmaculados se tornarían
Gloriosa y horrenda batalla
Sin fin de dolor postrado
En el altar a los héroes venerarán
Más los vencedores tributo no tendrán
La población al unísono cantar
Repudia al triunfador siniestro
Sus cabezas han de buscar
Mutiladas en altares yacerán
El guerrero mata sin piedad
Al iluso poblador muerte hay que dar
Sin aliento nadie sobrevivirá
Víctimas de lo espeluznante
En el marchar del futuro tiempo
Ningún poblador con vida continuó.
Esclavos de su venganza
Abono sangriento en oscura tierra
_
SEDUCCIÓN Y MUERTE
Tus uñas desgarrando mi piel
Tu boca arrancando mis tejidos
Tus manos apartando mis órganos
Tu piel impregnándose en mi sangre
Aliméntate de mi cuerpo
Ámame en voraz deseo
Envuelto en mi excitada agonía
Mi ansiada muerte prolongo
Labios envenenados
Beso mortal que disfrute
Dulce droga genocida
A la muerte adicto seré
Muerte en mi discernimiento
Seducción bajo tus sentidos
Hordas de sangre, vomito de dolor
Divina tortura de placido romance
Caricias me tocan suavemente
Tu víctima soy y lo disfruto
Belleza amante de la carne
Devórame con tu lujuria
Mi sangre me das a beber
Orgasmo de vida me recorre
Tu rostro excitado contemplo
Sonriendo complacida
La delicia de tu sensualidad
La belleza de tu rostro
La ternura de tus besos
La dulzura de tu adiós
El deleite de una noche de pasión
El placer de morir en tu erotismo
Te extrañaré
_
DEVORAR HUMANOS VIVOS
En un paraíso inhóspito y abandonado
Salvaje pero magnánimo
Primitivos voraces al asecho
Cruzan su comarca dedicadamente
Su hambre feroz han de saciar
En bárbara cacería su presa sufrirá
Humanos, víctimas perfectas
Alimento sangriento del siniestro
Exquisito manjar en el paladar
Tras meses de ayuno
Bendición divina florece
Carne fresca perdida está
En busca del hogar lejano
Su sufrimiento comenzará
Más su muerte remota estará
Alimento muerto, muerte trae
La víctima fallecer no debe
Carne de vivos nutren sus almas
Salvaje fiesta desata el voraz horror
Desconsuelo y agonía en los sacrificados
Delicia y placer para los comensales
Uno a uno despojados de miembros serán
Sangre brotará más la muerte no asomará
Concluida la cena la paz retorna
Convalecientes víctimas deben sanar
Curadas las heridas, carnosos nuevamente
Plato principal volverán a presenciar
Querrán morir pero no perecerán jamás
Devorar humanos vivos, vida eterna les dá
Los que antes torturadas víctimas fueron
Hoy en criaturas hambrientas se convirtieron
Viejos y nuevos miembros de la comarca
En orgías de carne se devoran día tras día entre ellos
_
RETRATO DE SANGRE
Lamentos confundidos en gruñidos
La dicha del artista en su obra reirá
Inconcluso de esplendor
Pálido como un cadáver
Basura embellecida
Fruto creado en expectativa
Tormentosos gritos agotan la paz
Oscuros susurros piadosos
Compasión para el lisiado
El objetivo es uno solo
Desangrar para pintar
Desviscerar para adornar
En búsqueda de perfección
Sangre en las manos correrá
Éxtasis de inspiración
Adornan la majestuosidad
Marginar la conciencia
Pérdida total de la realidad
Nada se crea sin sufrimiento
No hay perfección sin dolor
La última creación es la inmolación
En charca sangrienta se baña
Pero en lienzo blanco sus restos
Desparramados reposarán
Adornando la cruel perfección
Que en su vida no encontró
Agonizando creerá ser aplaudido
Inmundicia en sociedad ruin
Escombro de basura dormida
Obra de arte concluida
_
ESPERO POR TI
La belleza de tus palabras
En dulzura mi maldad transforma
En ternura mi odio devuelve
Pobre de mi corazón perdido
Secos y vacíos mis labios
Esperan el momento
Que tu sangre saboreen
En tu compañía mi alma tiene paz
En tu ausencia mi mente te reclama
Lejos y olvidado por el tiempo
Oigo el crujir del cielo
La melancolía se apodera de él
Caen lágrimas de lluvia
Formando un mar de depresión
En el que me ahogaré sin tu amor
Dame la razón que busco
Permíteme ser parte de ti
Permíteme estar a tu lado
_
AMOR ETERNO
_
Acaricié suavemente sus labios, apartando los finos cabellos que cubrían su
rostro y con delicadeza desnude su cuello, una filosa espada corto el viento y
en su trayecto un grito insultó al silencio, un chorro de sangre escurría
apresuradamente sobre su pecho, su cuerpo se desplomó sobre la alfombra ,
su cabeza se mantuvo erguida suspendida de su cabellera oscilando cual
hipnotizador péndulo, una dulce pero dolorosa mirada se mantuvo perenne
en su expresión.
Era el adorno perfecto para incrementar mi colección de preciados
ornamentos, su cabeza ser ía colocada en una bandeja y exhibida con orgullo
en la sala de mi casa . Aquella mujer fue solo una de tantas que tuvieron la
suerte de ser seducidas por mi divina presencia.
Mi vida transcurrió vacía y solitaria , pero luego de un tiempo conocí a
aquella que se convertiría en un gran amor para mí, sin embargo todo lo que
tiene un principio tiene también un final, y todo lo que vive debe morir , por
tanto el momento de acabar nuestra unión había llegado
Perdóname, tendré que matarte, no es porque ya no te quiera, es solo que ha
llegado el momento de terminar ; pero no llores por mi, t e extrañaré pero
pronto encontraré alguien que llene tu vació. No estés triste, prometo llevar
flor es a tu sepultura , ni la estatua de cristo impedirá que me acerque al
lugar donde reposarás. Fuiste a quién más amé en esta vida , sería un honor
para mi conservar tan sólo un pedazo de tu cuerpo para poder acariciarlo en
los momentos de tristeza y soledad.
Toma , bebe este líquido, te hará olvidar el dolor , pronto no sentirá s más
agonía , tus últimos latidos responderán a la excitación de tu cuerpo.
Recuéstat e sobr e mi pecho y permite que bese tus labios, mientra s mis
manos recorren traviesamente los intestinos que brotan de tu vientre.
Pedazos de mi cuerpo empiezan a desprenderse y caer suavemente sobre las
sábanas, es un delicioso dolor el que estoy sintiendo, creo que mi excitación
me hizo errar el golpe, perdóname cariño, la puñalada iba destinada a tu
corazón y en vez de eso, mi propia carne sufrió las consecuencia s de mi
euforia.
La noche casi llega a su fin, se que nos divertimos mucho haciendo el amor ,
recordaré toda mi vida la forma como tu sangre se deslizaba por mi miembro
erecto, y sobre todo recordaré aquel momento en que sentí tu último aliento,
esa última respiración que pedía ser inmortalizada con un ardiente beso. De
todas las mujeres que he asesinado, tú eres sin duda la que más he amado.
Sabes algo, luces tan linda con ese rostro pálido, tu pecho frío y
ensangrentado, no puedo creer que luzcas mucho más preciosa muerta que
viva, aunque ya no puedes moverte estoy seguro que tu alma estaría
agradecida si descargo mi lujuria una vez más sobre tu inerte cuerpo.
Así paso el tiempo, yo y mi difunta amada nos divertíamos mientra s
caíamos inmersos en insaciables orgías de pasión, hasta que el cruel destino
se interpuso ent e nosotros, las fuerzas de la naturaleza hacían efecto. Tu
cuerpo va perdiendo su lúgubre frescura , la sangre de tus venas se ha
agotado producto de mi insaciable sed, las heridas dejadas por mis garras en
tu espa lda ya no sanarán jamás, y el perfume a formol ya no te ha ce tan
sexy como solías serlo.
Estoy deprimido, te estoy perdiendo y con ello también pierdo el deseo por
vivir , y se que todo esto es mi culpa , si no te hubiera matado seguirías junto
a mi, abrazándome y brindándome tu ternura. En mi desolación solo percibo
una solución digna , te seré fiel y no te reemplazaré por otra , me gustaría
morir y reunirme contigo pero, tampoco puedo mor ir , no se puede matar lo
que no tiene vida, no se puede sacrificar lo que ya esta muerto.
Amada mía , te devolveré la vida , vivirás et ernamente en mi interior , soy
consciente de que tu carne ya no es apta para el consumo humano, pero no es
problema para mí puesto que hace mucho que dejé de ser humano. Devoraré
lentamente tu ca rne, entraña s y huesos, tu difunto existir será ingerido por
mi inmortalidad, disfrúta lo cariño, tu deseo de estar siempre unidos se har á
realidad.
Por siempre tu alma y tu cuerpo serán part e sagrada de mi ser , y aquellos
que digan estar é contigo hasta que la
muerte nos separ e , no saben lo que
es el amor . Yo soy eterno y mi amor por ti también lo será a no ser que no
me guste tu sabor y mi cuerpo te expulse en forma de vomito, en cuyo caso
tendrás que conformarte con haber acariciado mis entrañas.

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Monday, April 21, 2008

EDGAR ALLAN POR — EL CUERVO Y OTROS POEMAS

EDGAR ALLAN POR — EL CUERVO Y OTROS POEMAS

EL CUERVO
Y OTROS POEMAS
EDGAR A. POE

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***
EL VALLE DE LA INQUIETUD

¡Hubo aquí, antaño, un valle callado y sonriente
donde nadie habitaba.
Partiéronse las gentes a la guerra,
dejando a los luceros de ojos dulces,
que velaran, de noche, desde azuladas torres
las flores y en el centro del valle cada día
la roja luz del sol yacía indolente.
Mas ya quien lo visite advertiría
la inquietud de ese valle melancólico.
No hay en él nada quieto
sino el aire que ampara
aquella soledad de maravilla.
¡Ah! Ningún viento mece aquellos árboles
que palpitan al modo de los helados mares
en torno de las Hébridas brumosas.
¡Ah! Ningún viento arrastra aquellas nubes,
que crujen levemente por el cielo intranquilo,
turbadas desde el alba hasta la noche
sobre las violetas que allí yacen,
como ojos humanos de mil suertes,
sobre ondulantes lirios,
que lloran en las tumbas ignoradas.
Ondulan, y de sus fragantes cimas
cae eterno rocío, gota a gota.
Lloran, y por sus tallos delicados,
como aljofar, van lágrimas perennes.

***
EL DÍA MÁS FELIZ

El día más feliz, la hora más dichosa
Que mi triste y marchito corazón vivió
Y esa esperanza de poder y orgullo que vanidosa
Presta voló.

¿Dije poder? Pues sí, tal yo pensaba,
Pero ¡ay!, ha tiempo que se desvanecieron
Las visiones que en mi juventud guardaba

Y al final murieron.
¿Y el orgullo? ¿Qué tengo yo que ver contigo?
Aún es posible que otra infausta alma
Reciba el veneno que me diste enemigo

El día más feliz, la hora más dichosa
Que mis ojos verán o han visto enardecidos,
Del orgullo y poder la visión majestuosa ,
¡Son sueños idos!

Mas si aquella esperanza de poder y de orgullo
Se me ofreciera hoy con su dolor y su melancolía
Pienso que aun así el vano orgullo
Una vez más no viviría.

Porque en sus alas hubo un polvo oscuro
Que al aletear cayó en lluvia dispersa
Esencia poderosa y malhadada
Que mata al alma con su roce impuro.

***
EL PALACIO EMBRUJADO

De nuestros valles el más lozano
Un gran palacio muy elevado
Radiante y bello guardaba antaño
De ángeles santos fuera poblado.
Era el dominio del buen Monarca
Del Pensamiento.
Ningún querube con su ala abarca
Tal monumento.

Las oriflamas flotan gloriosas
Áureas al viento desde el tejado,
(Esto en el viejo tiempo pasado
De antiguas cosas)
Toda voluta de aire retoza
En la dulzura de un día tal.
Hay un perfume alado ideal
Que las almenas apenas roza.

Del feliz valle los visitantes
Por dos ventanas solían ver
Danza de espíritus, al ofrecer
Laúd templado notas vibrantes,
Mientras que en trono alto y sereno,

(¡Porfirogeno!)
Ver se podía al soberano del reino arcano.
Perlas, rubíes, grato dechado
la perla augusta resplandecía
Allí fluía… allí fluía…
El eco cuyo deber alado
Era cantar
Al genio ilustre, genio dorado
Del Rey sin par.

Viles villanos que el luto emboza
Se apoderaron del alto Estado
(¡Nunca hay mañana para el cuidado!)
¡Duelo que el tiempo jamás desbroza!
Hoy en su casa ya no es la gloria
La flor ambigua
Pues sólo queda dormida historia
Leyenda antigua.

Y los viajeros que al valle bajan
Por dos ventanas de fatuo fuego
Ven vastas formas que se barajan
A un son discorde en raro juego
Y un río horrendo que se desliza
Bajo el portón pálido y seco,
Torrente horrible, eterno eco
De carcajada ya sin sonrisa.

***
AL SILENCIO

Hay cualidades, incorpóreos seres
que tienen doble vida y son espejo
de esa entidad gemela que dimana .
de materia y de luz, sólido y sombra.

Hay un doble silencio -mar y costa-
cuerpo y alma. Uno mora en sitios solos
con nuevas hierbas; una grave gracia,
algún recuerdo humano, algunas lágrimas,
Quítanle horror, su nombre es «ya no más»
es el silencio corporal: ¡No temas!
Carece del poder de hacer el mal.

Mas, si el hado veloz (¡suerte imprevista!)
te presenta su sombra (elfo su nombre
que vaga en soledades, que no ha hollado
el pie del hombre), encomiéndate a Dios.

***
ULALUME

Los cielos cenicientos y sombríos,
crespas las hojas, lívidas y mustias,
y era una noche del doliente octubre
del tiempo inmemorial entre las brumas,
era en las tristes márgenes del Auber,
el lago tenebroso de aguas mudas,
ante los bosques tétricos del Weir,
la región espectral de la pavura.

A solas con mi alma recorría
avenida titánica y oscura
de fúnebres cipreses, o con mi alma,
con Psiquis, alma que el misterio turba…
Era la edad del corazón volcánico
como las llamas del Yaanek sulfúreas,
como las lavas del Yaanek que brotan
allá del polo en la región nocturna.

Pocas palabras nos dijimos, era
como una confidencia íntima y muda;
palabras serias, pensamientos graves
que la memoria para siempre turban;
no recordamos que era el triste octubre,
que era la noche, ¡noche infausta y única!
no recordamos la región del Auber
que tanto conoció mi desventura,
ni el bosque fantasmagórico del Weir,
la región espectral de la pavura.

Y cuando la noche avanza
de estrellas al vago temblor
al fin de la oscura avenida
un lánguido rayo se ve,
fulgor diamantino que anuncia
de fúnebre velo al través,
que emerge de nube fantástica
la Luna, la blanca Astarté.

Y yo dije a mi alma: «Más que Diana
ardiente aquella misteriosa Luna
rueda al través de un éter de suspiros;
lágrimas de su faz una por una
caen donde el gusano nunca muere.
Para mostrarnos la celeste ruta
y el alma imperio de la paz letea
atrás deja a Leo en las alturas,
sus estrellas traspasando,
de Leo a su despecho, ora nos busca
y sus miradas límpidas y dulces
son las miradas que el amor anuncian.»

Mas, Psiquis dijo señalando al cielo:
«La palidez de ese astro me conturba;
pronto, huyamos de aquí pronto, es preciso».
Y de sus alas recogió las plumas
con intenso terror, y sollozando,
presa de pronto de invencible angustia
plegó las alas hasta el polvo frío
lentas dejando descender las plumas.

Y yo le dije: «Tu terror es vano,
sigamos esa luz trémula y pura,
que nos bañen sus rayos cristalinos,
sus rayos sibilinos que ya auguran
e irradian la belleza y la esperanza.
Mira: la senda de los cielos busca:
Sigamos sin temor sus limpias rayas
Que ellos a playa llevarán seguro,
sigamos esa luz limpia y tranquila
a través de la bóveda cerúlea».

Tranquilicé a mi Psiquis y besándola
de su mente aparté las inquietudes
y sus zozobras disipé profundas,
y convencerla que siguiera pude.
Llegamos hasta el fin; ¡ojalá nunca
llegara! Al fin de la avenida lúgubre
nos detuvo la puerta de una tumba
¡oh triste noche del lejano octubre!
nos detuvo la losa de una tumba,
de legendario monumento fúnebre.
¡Oh, hermana! -dije- ¿Qué inscripción confusa
en la sellada losa se descubre?
Respondióme: «Ulalume», ésta es su tumba,
¡la tumba de tu pálida Ulalume!

Quedó mi corazón como ese cielo
ceniciento, como esas hojas mustias,
como esas hojas yertas y crispadas.
¡Ay!, pensé: el mismo octubre fue sin duda
fue en esa misma noche cuando vine
al través del horror y de la bruma
aquí trayendo mi doliente carga.
¡Oh, noche infausta, infausta cual ninguna!
¡Oh!, ¿qué infernal espíritu me trajo
a esta región fatal de la tristura?
Bien conozco el mudo lago del Auber,
y esta comarca que el horror anubla,
y el bosque fantástico de Weir,
¡la región espectral de la pavura!

***

EL LAGO


De mi vida en la distante primavera, jubilosa primavera,
Dirigí mi paso errante a una mágica ribera.
La ribera solitaria, la ribera silenciosa
De un salvaje lago ignoto que circundan y oscurecen
Negra cinta rocallosa
Y copudos altos Dinos que las auras estremecen
Pero cuando allí la noche su fúnebre manto arroja
Y el místico y gemebundo viento de su melodía,
Entonces, ¡oh!, entonces quiere despertar de su congoja
Del terror del lago triste, despertar el alma mía.
Mas ese terror que dejaba en mi espíritu contento;
Hoy, ni las joyas ni el afán de la riqueza,
Como antes, a contemplarlo llevarán mi pensamiento,
Ni el amor por más que fuese el amor de tu belleza.
La muerte estaba en el fondo de la ola envenenada,
Y una tumba en lo más hondo, pérfidamente adornada
Para quien a su amargura breve tregua hubiera dado
Un solaz, a los dolores de su espíritu afligido,
Y en un Edén transformado
El salvaje lago ignoto, lago triste y escondido.

***
LOS ESPÍRITUS DE LA MUERTE

I

Tu alma, con sus sombríos pensamientos,
Se hallará sola en la siniestra tumba.
Nadie querrá saber lo que en secreto
Tu corazón y tu conciencia ocultan.

II

Sé silencioso en soledad tan grande,
Que no es tal soledad, pues te circundan,
Los espíritus todos de la muerte,
Que ya en vida rondaban en tu busca.
Ellos querrán ensombrecerte el alma
Con sus negros arcanos y sus dudas.
Sé silencioso en soledad tan grande;
Cierra los labios cual la misma tumba.

III

Y la noche, aunque clara y luminosa,
Se tornará de pronto en cueva oscura;
Desde sus altos tronos las estrellas
No alumbrarán tu soledad adusta.
Mas sus rojizos globos sin fulgores
Han de ser a tu tedio y a tu angustia
Como incendio voraz, cual una fiebre
De los que libre no has de verte nunca.

IV

No podrás desechar los pensamientos
Ni las visiones que tu mente turban,
Y que antes en tu espíritu dejaban
La huella del rocío en la llanura.

V

La brisa, que es de Dios el puro aliento,
Soplará en torno de la helada tumba,
Y en la colina tenderá su velo
La niebla vaporosa y taciturna.
Las tinieblas, las sombras invioladas
Símbolo y prenda son; hablan y auguran.
Sobre las altas copas de los árboles
Tiende el misterio su cerrada túnica.

***
EL CUERVO

Una hosca medianoche, cuando en tristes reflexiones
sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
inclinaba somnoliento la cabeza, de repente a mi puerta oí llamar,
como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta mano tímida a tocar.
«Es -me dije- una visita que llamando está a mi puerta, ¡eso es todo, y nada más!»

¡Ah! bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
¡Cuán ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura
procurando en vano hallar tregua a la honda desventura de la muerta
Leonora, la radiante, la sin par
virgen rara a quien Leonora los querubes llaman
-ahora ya sin nombre… nunca más!

Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras,
de tal modo que el latido de mi pecho palpitante
procurando dominar:
«Es, sin duda, un visitante -repetía con instancia-
que a mi alcoba quiere entrar, un tardío visitante a las puertas de mi estancia…
¡eso es todo, y nada más!»

Poco a poco, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando:
«Caballero -dije- o dama, mil perdones os demando;
mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza
me vinisteis a llamar, y con tal delicadeza
y tan tímida constancia os pusisteis a tocar,
que no oí» -dije, y las puertas abrí al punto de mi estancia:
¡sombras sólo y… nada más!
Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo
empeños, quedé allí -cual antes nadie
los soñé forjando sueños,
mas profundo era el silencio, y la calma no
acusaba ruido alguno… resonar
sólo un nombre se escuchaba que en voz baja
a aquella hora yo me puse a murmurar,
y que el eco repetía como un soplo:
« ¡Leonora! ».
¡Esto apenas, nada más!

La ventana abrí, con rítmico aleteo y garbo extraño,
entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto, con aspecto señorial,
fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta de mi puerta el cabezal,
sobre el busto que de Palas la figura representa
¡fue y posóse, y nada más!

Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza
con su grave, torva y seria, decorosa gentileza
y le dije: «Aunque la cresta calva llevas, de
seguro no eres cuervo nocturnal,
¡viejo, infausto cuervo oscuro vagabundo en la tiniebla!
Díme ¿cuál tu nombre, cuál, en el reino plutoniano de la noche y de la niebla?»
Dijo el cuervo «¡Nunca más!»
Asombrado quedé oyendo así hablar al avechucho,
si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho,
pues preciso es convengamos en que nunca
hubo criatura que lograse contemplar
ave alguna en la moldura de su puerta
encaramada, ave o bruto reposar
sobre efigie en la cornisa de su puerta,
cincelada,
con tal nombre: «¡Nunca más!»

Mas el cuervo, fijo, inmóvil, en la grave efigie aquella
solo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella
vinculada; ni una pluma sacudía, ni un acento
se le oía pronunciar…
Dije entonces al momento: «Ya otros antes se
han marchado, y la aurora al despuntar,
él también se irá volando cual mis sueños han
volado.»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»
Por respuesta tan abrupta como justa
sorprendido,
«No hay ya duda alguna -dije- lo que dice
es aprendido,
aprendido de algún amo desdichado a quien la
suerte persiguiera sin cesar, persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de,
en su duelo, sus canciones terminar y el clamor de su esperanza con el triste
ritornelo de “¡Jamás, y nunca más!”»

Mas el cuervo provocando mi alma triste
a la sonrisa,
mi sillón rodé hasta el frente de ave y busto y
de cornisa
luego, hundiéndome en la seda, fantasía y
fantasía dime entonces a juntar, por saber qué pretendía aquel pájaro ominoso
de un pasado inmemorial
aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y /odioso
al graznar « ¡Nunca jamás! »

Quedé yo esto investigando frente al cuervo,
en honda calma,
cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y
/alma.
Esto y más -sobre cojines reclinado- con
/anhelo me empeñaba en descifrar, en el rojo terciopelo donde imprimía viva
/huella luminosa mi fanal,
terciopelo cuya púrpura ¡ay jamás volverá ella
a oprimir ¡ah! ¡nunca más!

Parecióme el aire, entonces, por incógnito
/incensario
que un querube columpiase de mi alcoba en el
/santuario,
perfumado. «¡Miserable ser! -me dije
/Dios te ha oído, y por medio angelical,
tregua, tregua y el olvido del recuerdo de
/Leonora te ha venido hoy a brindar:
¡Bebe! ¡Bebe ese nepente, y así todo olvida
/ahora! »
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Oh profeta! -dije- o duende, más profeta al
/fin, ya seas
ave o diablo, ya te envíe la tormenta, ya te veas
por los vientos barrido a esta playa, desolado
/pero intrépido, a este hogar por los males devastado, dime, dime, te lo
/imploro:
¿Llegaré jamás a hallar algún bálsamo para el
/mal que triste lloro?» Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Oh profeta -dije- o diablo! Por ese ancho,
/combo velo
de zafiro que nos cobija, por el sumo Dios del
/cielo a quien ambos adoramos,
dile a esta alma dolorida, presa infausta del
/pesar
si jamás en otra vida la doncella arrobadora a
/mi seno he de estrechar,
¡el alma virgen a quien llaman los arcángeles
/Leonora! »
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Esa voz, oh cuervo, sea la señal de la partida
-grité alzándome-, retorna, vuelve a tu
/hórrida guarida,
la plutónica ribera de la noche y de la
/bruma!… ¡De tu horrenda falsedad
en memoria, ni una pluma dejes, negra! ¡El
/busto deja! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho! ¡De mi umbral tu
/forma aleja!»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

Y aún el cuervo inmóvil, fijo, sigue fijo en la
/escultura
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la
/moldura…
y sus ojos son los ojos de un demonio que,
/durmiendo, las visiones ve del mal
y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo arroja
/trunca su ancha forma funeral
y mi alma de esa sombra que en el suelo
/flota… nunca se alzará… ¡nunca jamás!

***
A MI MADRE

¡Porque sé que los ángeles que viven en el
/cielo
Y que entre ellos entonan sus más hermosos
/cantos,
No han hallado palabra que tenga los encantos
Que aquel de «madre», del amor gemelo.
Yo te doy ese nombre porque así lo ha querido
Mi corazón: Tú has sido más que la madre mía,
Cuando nuestra Virginia dejó la tierra un día
Y tu amor llenó entonces mi corazón dolido.

Mi pobrecita madre -que se fue tan
/temprano
Era mi propia madre, mas tú lo eres de aquella
Que me fue tan querida en la vida, y por ella,
Te amo más que a la madre que fue la mía
Con ese amor intenso de mi esposa querida
Que era, para mi alma, más que su propia
/vida.

 

***
SONETO A LA CIENCIA

¡Ciencia! del tiempo viejo la hija eres.
Todo lo cambias con tus ojos vagos
¿Por qué en mi corazón saciarte quieres,
¡Oh cuervo!, cuyas alas son estragos?

¿Te amaré yo, ni el sabio en sus anhelos,
Si explayar no dejas sus quimeras
Cuando busca tesoros en los cielos
Dejándose llevar de alas ligeras?

¿No supiste arrancar del carro a Diana,
Y echar las hamadríadas de sus lares
Para acogerse a estrella más lejana?

¿No quitaste a las náyades los mares
Y al elfo el prado? ¿Acaso no prescindo
Por ti del sueño al pie del tamarindo?

***
PARA ANNIE

¡Alabemos al Eterno!
el mal ha cesado ya
y la fiebre del vivir
ahora vencida está.

Sumido en honda tristeza
y carente de energías
tendido todo a lo largo
van transcurriendo mis días.

Ni un solo músculo muevo
pero muy poco me importa;
pues mejoro lentamente
y esto ya me reconforta.

Tan sosegado y tranquilo
hoy en mi tálamo duermo que al verme se creería
que estoy más muerto que enfermo.

Ayes, quejas y gemidos,
lamentaciones y llanto,
aquieta el latido horrible
de mi corazón un tanto.

Con la fiebre por la vida
que enloquecía mi mente,
penas e incomodidades
se alejaron prestamente.

Lo que más me torturaba,
sed de una pasión impía,
bebiendo en cierta fontana
tranquilicé el alma mía.

De no lejana caverna
brota un manantial riente
en el que presto mis labios
saciaron su sed ardiente.

Que nadie tilde de oscura
a la pieza en que reposo,
ni de pequeño a este tálamo
donde yazgo venturoso.

Nadie durmió en lecho igual y,
para en verdad dormir,
otro semejante al mío
es preciso conseguir.

¡Cuán dulcemente reposa
mi alma tantalizada!
Su aspiración por las rosas
y mirtas ya fue olvidada.

Junto a su lecho imagina
otra más suave fragancia de
romero y pensamientos
que embellecen su prestancia.

Extasiada en el recuerdo
de mi Annie y su belleza,
es como duerme mi alma
inebriada en su pureza.

De mi Annie la constancia
admira con embeleso
y recuerda que en su trenza
depositó un tierno beso.

Enlázame con ternura,
con gran pasión me acaricia;
y yo, adormido en su seno,
descanso en plena delicia.

Esta es la causa real
de mi sereno reposo;
y, aunque muerto me creáis
vivo tranquilo y gozoso.

Fulge más mi corazón
que las celestes estrellas;
pues brilla para mi Annie,
la de las miradas bellas.

En el amor de mi Annie
está mi ser abrasado;
y en sus ojos tan ardientes
siempre pienso extasiado.

 

***
EL REINO DE LAS HADAS

¡Valles privados de luz,
fieros y umbríos torrentes,
cuyos contornos las gentes nunca
pueden descubrir!

Gota a gota allí las lágrimas
sin cesar van deslizando
y las lunas aguardando
vense doquiera lucir.

Cada instante de la noche crecen,
y luego se achican;
al punto se modifican
y se cambian de lugar.

De sus faces siempre pálidas
emiten vapores ellas,
que a las tremantes estrellas
hacen su brillo ocultar.

Cerca de la medianoche,
otra más opaca luna,
que las hadas por su bruma,
no encontraron superior,

llega bajo el horizonte
y asiéntase en las montañas
circunferencias extrañas
esparciendo en derredor.

Sus vestiduras flotantes
circuyen los caseríos,
los distantes señoríos,
los bosques y el mismo mar.

Los espíritus danzantes
y los seres adormidos
en laberintos henchidos
de luz se ven sepultar.

¡Cuán profundo hállase entonces
el éxtasis de su sueño
mientras con pálido ceño
las vemos presto venir!

Levántase de mañana
y con sus lunares velos
cual albatros, por los cielos,
vénse, al viento, sacudir.

Mas las hadas, una vez
que se hubieron refugiado
cabe esa luna, y dejado
lo que sirvióles de abrigo,

Ya nunca logran hallar
por aquellos mil lugares
ningunas lunas lunares
que sean refugio amigo.

Las moléculas del astro
pronto se volatilizan
y en fina lluvia deslizan
aquella materia astral.

Por eso, las mariposas
que en vano buscan los cielos,
insatisfechas, sus vuelos
escrutan lo sideral.

Y al descender ya cansadas,
en sus alas temblorosas
nos traen las mariposas
partículas desgajadas
de aquellas lunas hermosas.

***
LA CIUDAD EN EL MAR

Una ciudad exótica se yergue solitaria
donde la Parca pálida implantó sus reales;
allá en el Occidente, la tumba funeraria
a pérfidos y nobles liberó de sus males.

Sus templos, sus palacios y torres carcomidas
que ni oscilan ni tiemblan al impulso del viento,
difieren de los nuestros; y sus aguas dormidas
reposan melancólicas en singular concento.

En la velada noche de esa ciudad callada,
ningún rayo desciende desde el empíreo cielo.
Sólo un resplandor ígneo de la mar alejada
cruza las largas noches de aquel inmenso
/suelo.

Por torres, por almenas, por cúpulas y alturas,
por templos, por palacios y muros babilónicos,
por macizos de hiedra sobre las esculturas,
los resplandores lívidos circulan melancólicos.

Ni siquiera respeta la soledad umbría
las florecillas pétreas de los valiosos frisos
que adornan de sus templos en fúnebre armonía
los claveles, violetas, pámpanos y narcisos.

Bajo el azul del cielo, sumidas en tristeza,
las linfas no agitadas duermen en la ciudad;
y las sombras y flores de aquella fortaleza
parecen suspendidas del aire, en igualdad.

De un torreón, la Parca, cual fantasma gigante,
contempla con orgullo el país señorial
y a sus pies yace inerte… y sonríe triunfante
dueña omnímoda y grave de aquel suelo letal.

Ábrense muchos templos y tumbas sin sus losas
al nivel de las aguas tranquilas y brillantes,
Sin que a dejar sus lechos las induzcan
/premiosas
las joyas de los muertos e ídolos de diamantes.

Aquel amplio desierto que al cristal se asemeja
carece en absoluto de toda ondulación.
Ni una ola siquiera por allí ver se deja…
nada indica si hay vientos en mar de otra
/región.

Mas ahora en el aire nótase un movimiento
que estremece allá abajo aquesta soledad;
en el piélago oscuro el agua en ronco acento
saca de su marasmo a esta triste ciudad.

Sus altos capiteles bambolear parecen
y hundirse entre las ondas que calmas eran
/antes.
Los picos que en la bruma del cielo ya se
/mecen
abrirse parecieran en huecos, oscilantes.

Entonces ya las ondas tienen luz más rojiza…
deslízanse las horas lánguidas y silentes;
quizá sea engullida la ciudad quebradiza
entre ayes y gemidos que no son de vivientes.

Cuando desaparezca y quede sepultada
bajo la mar profunda con todo su oleaje,
vendrá de los mil tronos de Luzbel la mesnada
y entonces el Infierno le rendirá homenaje.

***
BALADA NUPCIAL

En mi dedo está el anillo,
ciñe corona mi frente;
mil joyas de hermoso brillo
adornan mi ser fulgente.
¡Soy feliz eEn el presente!

¡CuáEn bien me ama mi señor
mas en el primer instante
que me declaró su amor
estremeció su dolor
mi espíritu y fiel amante.

Pues sus palabras sonaban
como toque de agonía
y al que murió recordaban
junto al valle eEn lucha impía
Mas hoy, ríe noche y día.

Al querer tranquilizarme
besó mi pálida frente
y en delirio vi patente
al muerto Elormie abrazarme.
¡Hoy sólo debo alegrarme!

En esa hora solemne
empeñé mi juramento…
y si mi fe no es perenne
ni mi espíritu está indemne,
éste vive muy contento.

El anillo está en mi dedo;
prueba de que soy dichosa.
y, aunque tiemblo y tengo miedo,
quiera que despierte quedo
de esta idea fatigosa.

¿Con alguien mal procedí?
El muerto que abandoné,
a quien triste sorprendí,
¿no goza con frenesí
sabiendo que lo cuidé?

***
EULALIA

Desterrado del mundo voluntario,
entre quejas y lágrimas vivía;
era mi alma tristísimo calvario
sin amores ni dulce compañía.

Mas Eulalia, gentil y pudorosa
llegó a ser mi agradable compañera,
y en sus bucles auríferos, la hermosa
recibió mi caricia placentera.

En la noche el fulgor de las estrellas
no iguala sus miradas tan radiantes,
ni en el mínimo crepúsculo hay en ellas
que irise cual sus ojos tan brillantes.

Los bucles que ella ostenta en sus cabellos
inculcan en mi ser la poesía,
y Astarté lanza cálidos destellos
contemplando a mi Eulalia noche y día.

Suspiro por suspiro su alma entera
Eulalia me dedica con amor;
no me invade ya más la duda artera,
ni yazgo en el abismo del dolor.

***
UN SUEÑO DENTRO DE UN SUEÑO

¡Toma en la frente este beso!
Y partiendo, te confieso
Que no fue errado tu empeño
En creer mis días un sueño.
Que si la esperanza mía
Se fue una noche o un día,
En una visión o en nada,
¿Por eso es menos pasada?
Cuanto hay de grande o pequeño,
Sólo es un sueño en un sueño.

Me encueEntro en la costa fría
Que agita la mar bravía,
Oprimiendo entre mis manos,
Como arenas, oro en granos.
¡Qué pocos son!
Y allí mismo,
De mis dedos al abismo
Se desliza mi tesoro
Mientras lloro, ¡mientras lloro!
¿Evitaré ¡oh Dios! su suerte
Oprimiéndolos más fuerte?
¿Del vacío despiadado
Ni uno solo habré salvado?
¿Cuánto hay de grande o pequeño,
Sólo es un sueño en en sueño?

***
ELDORADO

Arrogante
y altanero
Un armado caballero,
Por la luz y por la sombra, alucinado,
Y cantando
Sus canciones, fue vagando
En procura de la tierra de Eldorado.

Pero vano fue su esmero
Y ya viejo el caballero,
Por la sombra el corazón sintió apresado,
Al pensar que nunca el día Llegaría
El que hallara aquella tierra de Eldorado.
Ya sin fuerzas, vacilante,
encontró una sombra errante.
«Sombra» -díjole febril y esperanzado-
A mi súplica responde:
«¿Sabes dónde
Hallaré, de Eldorado la tierra ignota?»

-En la luna, tras de extrañas
Y fatídicas montañas,
En el valle por las sombras habitado-
Respondióle: -Ve adelante,
Caminante,
Si es que buscas esa tierra de Eldorado.

***
ANNABEL LEE

Hace muchos, muchos años, en un reino
/junto al mar,
Habitaba una doncella cuyo nombre os he de
/dar,
Y el nombre que daros puedo es el de
/Annabel Lee,
Quien vivía para amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño y era ella una niña junto al
/mar,
En el reino prodigioso que os acabo de evocar.
Mas nuestro amor fue tan grande cual jamás
/yo presentí,
Más que el amor compartimos con mi bella
/Annabel Lee,
Y los nobles de su estirpe de abolengo señorial
Los ángeles en el cielo envidiaban tal amor,
Los alados serafines nos miraban con rencor.
Aquél fue el solo motivo, ¡hace tanto tiempo
/ya!,
por el cual, de los confines del océano y más
/allá,
Un gélido viento vino de una nube y yo sentí
Congelarse entre mis brazos a mi bella
/Annabel Lee.
La llevaron de mi lado en solemne funeral.
A encerrarla la llevaron por la orilla de la mar
A un sepulcro en ese reino que se alza junto al
/mar,
Los arcángeles que no eran tan felices cual los
/dos,
Con envidia nos miraban desde el reino que es
/de Dios. Ese fue el solo motivo, bien lo podéis
/preguntar,
Pues lo saben los hidalgos de aquel reino
/junto al mar,
Por el cual un viento vino de una nube carmesí
Congelando una noche a mi bella Annabel Lee.

Nuestro amor era tan grande y aún más firme
/en su candor
Que aquel de nuestros mayores, más sabios en
/el amor.
Ni los ángeles que moran en su cielo tutelar, Ni los demonios que habitan negros abismos
/del mar
Podrán apartarme nunca del alma que mora en
/mí,
Espíritu luminoso de mi hermosa Annabel /Lee.

Pues los astros no se elevan sin traerme la
/mirada
Celestial que, yo adivino, son los ojos de mi
/amada. I Y la luna vaporosa jamás brilla baladí
Pues su fulgor es ensueño de mi bella Annabel
/Lee. Yazgo al lado de mi amada, mi novia bien
/amada, Mientras retumba en la playa la nocturna
/marejada,
Yazgo en su tumba labrada cerca del mar
/rumoroso,
En su sepulcro a la orilla del océano proceloso.

***
ISRAFEL

Y el ángel Israfel, en quien las fibras del
corazón son un salterio, y que tiene la voz
más dulce entre todas las criaturas de
Dios.
(EL CORÁN)

Un ángel «lleva en las fibras
Del corazón un salterio»;
De extraña belleza inunda
Tu canto, Israfel, los cielos.
Y las estrellas, deudosas,
(Lo cuentan antiguos cuentos)

Naciente el divino cántico,
Sus himnos enmudecieron.
Allá en lo alto, vacilante
En la cumbre de su vuelo,
Enamorada la luna Enrojeció a sus acentos;
Y para escuchar, su lumbre .
Purpúrea -y al mismo tiempo
Las siete rápidas Pléyades
Hizo una pausa en el cielo.

Y dice el coro estelar-
Dicen los seres suspensos-
Que su arrebato, Israfel
Debe a esa lira de fuego
Con que reclinado, canta;
Al metal vívido y trémulo
Del encordado inaudito
Que puso en ella el Eterno.
Pero mora el Ángel, donde
Los más hondos pensamientos
Son un deber; donde siempre
Fue el amor un dios perfecto,
Y arden cerca ojos de huríes, Si aquí estrellas brillan lejos.

¡Oh Israfel! no yerras cuando
Tu voz áurea tiene a menos
Cantar cantos no sublimes:
A ti el laurel, bardo excelso;
A ti -el mejor ¡por más sabio!
¡Vive alegre y largo tiempo!

Al éxtasis del empíreo
Se hermana tu ritmo angélico-
Tu amor, dolor y alegría
Al fervor de tu salterio,
¡Pueden callar las estrellas!

Sí, Israfel: tuyo es el Cielo.
Mas nuestro mundo es un mundo
De dulzuras y de duelos;
Nuestras flores, sólo flores.
Y la sombra del perpetuo
Bienestar de que allá gozas,
Claro sol es para el nuestro.

De habitar yo donde él vive
E Israfel donde yo muero
Tal vez él no cantaría
Con hechizo tan supremo
Terrestre cántico, mientras
Quizá un himno más intenso,
Alzándose de mi lira Colmara el triunfo los Cielos.

***
LA TIERRA DEL ENSUEÑO

En una senda abandonada y negra
que recorren tan sólo ángeles malos,
donde un Eidolon llamado Noche,
ha erigido su trono solitario;
llegué una vez; cruel atrevido
de Tule ignota los contornos vagos
y al reino entré que extiende sus confines
fuera del Tiempo y fuera del Espacio.
Valles sin lindes, mares sin riberas,
cavernas, bosques densos y titánicos,
Con formas que el humano no descubre
tras el denso rocío que las cubre
montañas que a los cielos desafían
y hunden la base en insondables
mares mares que calmos, agitados luego,
surgen de cielos de color de fuego;
lagos que arrastran, frías y desiertas
sus aguas solitarias, aguas muertas
sus aguas quietas, inmutables, quietas
como corolas de nevados lirios.

Por esos lagos que reflejan sus solitarias
y desiertas aguas, aguas muertas
sus aguas tristes, inmutables, tristes
como corolas de nevados lirios
cerca de aquellos bosques gigantescos,
enfrente de esos negros océanos,
al pie de aquellos montes formidables,
de esas cavernas en los hondos antros,
vénse, a veces, fantasmas silenciosos
que pasan a lo lejos sollozando,
fúnebres y dolientes ¡son aquellos
amigos que por siempre nos dejaron,
caros amigos para siempre idos,
fuera del Tiempo y fuera del Espacio!

Para el alma nutrida de pesares
para el transido corazón, acaso
es el asilo de la paz suprema,
del reposo y la calma en Eldorado.
Pero el viajero que azorado cruza
la región no contempla sin espantos
que a los mortales ojos sus misterios
perennemente seguirán sellados
así lo quiere la Deidad sombría
que tiene allí su imperio incontrastado.
Por esa senda desolada y triste
que recorren tan sólo ángeles malos,
senda fatal donde la Diosa Noche
ha erigido su trono solitario,
donde la inexplorada, última Tule
esfuma en sombras sus contornos vagos,
con el alma abrumada de pesares,
transido el corazón, he paseado…
¡He paseado en pos de los que huyeron
fuera del Tiempo y fuera del Espacio!

***
PARA ALGUIEN, EN EL CIELO

Para mi alma, fuiste, amor,
Cuanto en el mundo sonreía
La isla verde en el mar, amor,
Y la fuente y el ara pía.
Flores brotaban en redor,
Y cada flor, fue sólo mía.

¡Sueño fugaz, de tan brillante!
¡Ampo estelar que de tan puro,
Lució un instante!
En vano a mi alma lo Futuro
Clama: -¡Adelante!
Vuelta al pasado, abismo oscuro,
Persigue, muda, el Sueño amante.

Pues, ¡ay de mí!, la luz de Vida
Se me ha extinguido por jamás.
«Ya nunca más -no más- no más-»
(Así a la playa combatida,
Mar solemne, diciendo vas)
¡Tenderás vuelo, águila herida,
Árbol seco florecerás!

Y éxtasis son mis noches hondas;
Y estoy contigo -alma fraterna
Donde el mirar celeste ahondas,
Donde el flotante andar gobiernas
Al ritmo de qué etéreas rondas,
Ante cuáles ondas eternas.

***
CANCIÓN

En tu día nupcial, te vi encendida
Por ardiente rubor,
Aunque era un cielo para ti la vida,
Y el mundo, en tu presencia, todo amor.

En resplandor que en tu miraba había,
(¿Por qué se avivó tanto?)
Fue cuanto el alma dolorosa mía
Gozó en el mundo, de amoroso Encanto.

«Sólo un pudor de virgen es motivo
De tal rubor», pudo decirse ante él.
Pero ¡ay! reanimó fuego más vivo
En el pecho de aquél.

Que te miró de novia, cuando quiso
Lucir aquel rubor,
Aunque te fuera el mundo un paraíso,
Y en derredor, la vida, toda amor.

***
EL GUSANO VENCEDOR

¡Mirad! Noche de fiesta,
Solemne, es del futuro
En los postreros años de la vida.
Un coro de querubes,
Alados y con tules encubiertos,
Ajando con sus lágrimas los tules,
A un drama de terror y de esperanzas
Asisten en grandioso coliseo
Mientras exhala sobrehumana orquesta
La música sublime de los cielos.
Mimos, de Dios imagen,
Moviéndose veloces, con cautela
Murmuran: ¡meros títeres que impulsa
La voluntad de inmensos y disformes
Seres que van mudando
La escena y arrojando de sus alas
De cóndor, agitadas en la sombra,
La invisible desgracia!

¡Oh, nunca este confuso
Drama será olvidado!
Nunca con Fantasma, eternamente
Por un tropel en vano perseguido,
De círculo a través, que siempre gira.
Y torna al mismo sitio;
Siendo la esencia de la oscura trama
El horror, la locura y el delito.

¡Mas ved! Entre la turba
Mímica se introdujo una rastrera
Figura, ¡ser inmundo!
Cuerpo color de sangre que acechaba
Allá en la soledad del escenario,
¡Se tuerce! ¡Se retuerce!
Con mortales
Tormentos en su pasto se convierten
Los mimos; y los ángeles gimieron
Cuando sus viles uñas
Manchó con sangre humana el vil insecto.

¡Las luces se extinguieron!
¡Y todo yace extinto!
Y, por cubrir las formas
Trémulas, el telón, fúnebre manto,
Cae con la rapidez de una tormenta.
Y pálidos y mustios los querubes,
Irguiéndose, arrancándose sus velos,
Afirman que la mísera comedia
Es la tragedia “Hombre”
Y el inmundo gusano
¡El Héroe vencedor de esta tragedia!

***
SONETO A ZANTE

¡Isla hermosa, la hermosa entre las flores
te dio de nombres bellos el más bello!
¡Qué recuerdos me traen halagadores
las tuyas y tu mágico destello!

¡Cuánta escena pasó de dicha ciega!
¡Cuánta ilusión de anhelos enterrados!
¡Visiones de una niña que no llega jamás,
jamás, a tus risueños prados!

¡Jamás! Todo lo cambia este sonido.
Jamás tu antiguo encanto resucita;
tu recuerdo, jamás. Siendo florido,

me vas a parecer tierra maldita.
¡Jacintito país! ¡Purpúreo Zante!
¡Isola d’oro! ¡Fior di Levante!

***
LA DURMIENTE

Era la medianoche, en junio, tibia, bruna.
Yo estaba bajo un rayo de la mística luna,
Que de su blanco disco como un encantamiento
Vertía sobre el valle un vapor somnoliento.
Dormitaba en las tumbas el romero fragante,
Y al lago se inclinaba el lirio agonizante,
Y envueltas en la niebla en el ropaje acuoso,
Las ruinas descansaban en vetusto reposo.
¡Mirad! también el lago semejante al Leteo,
Dormita entre las sombras con lento cabeceo,
Y del sopor consciente despertarse no quiere
Para el mundo que en tomo lánguidamente
/muere
Duerme toda belleza y ved dónde reposa
Irene, dulcemente, en calma deleitosa.
Con la ventana abierta a los cielos serenos,
De claros laminares y de misterios llenos.

Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Por qué está tu ventana, así, en la noche
/abierta?
Los aires juguetones desde el bosque frondoso,
Risueños y lascivos en tropel rumoroso
Inundan tu aposento y agitan la cortina
Del lecho en que tu hermosa cabeza se reclina,
Sobre los bellos ojos de copiosas pestañas,
Tras los que el alma duerme en regiones
/extrañas,
Como fantasmas tétricos, por el sueño y los
/muros
Se deslizan las sombras de perfiles oscuros.
Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Cuál es, di, de tu ensueño el poderoso encanto?
Debes de haber venido de los lejanos mares
A este jardín hermoso de troncos seculares.
Extraños son, mujer, tu palidez, tu traje,
Y de tus largas trenzas el flotante homenaje;
Pero aún es más extraño el silencio solemne
En que envuelves tu sueño misterioso y
/perenne.
La dama gentil duerme. ¡Que duerman para el
/mundo!
Todo lo que es eterno tiene que ser profundo.
El cielo lo ha amparado bajo su dulce manto,
Trocando este aposento por otro que es más
/santo,
Y por otro más triste, el lecho en que reposa.
Yo le ruego al Señor, que con mano piadosa,
La deje descansar con sueño no turbado,
Mientras que los difuntos desfilan por su lado.
Ella duerme, amor mío. ¡Oh!, mi alma le desea
Que así como es eterno, profundo el sueño sea;
Que los viles gusanos se arrastren suavemente
En torno de sus manos y en torno de su frente;
Que en la lejana selva, sombría y centenaria,
Le alcen una alta tumba tranquila y solitaria
Donde flotan al viento, altivos y triunfales,
De su ilustre familia los paños funerales;
Una lejana tumba, a cuya puerta fuerte
Piedras tiró, de niña, sin temor a la muerte,
Y a cuyo duro bronce no arrancará más sones,
Ni los fúnebres ecos de tan tristes mansiones
¡Qué triste imaginarse pobre hija del pecado
Que el sonido fatídico a la puerta arrancado,
Y que quizá con gozo resonara en tu oído,
de la muerte terrífica era el triste gemido!

***
A HELENA

Sólo una vez te he visto
Sólo una vez- en tiempo ya lejano.
Sé que no muy lejano -pero velan
Brumas de lo pasado su distancia.
Era una medianoche
Del dulce mes de julio; y de la luna –
Que, en ascensión feliz como tu vida
Buscaba, entre los cielos, á más alta
Región, rápida senda-Un velo descendía con reposo,
Con pesadez, con sueño
-Un velo indefinido
De plata y seda y luz- que se extendía

De los erguidos rostros de mil rosas
De un encantado Edén, lleno de calma,
Por el que blandamente o con sigilo
Tan sólo a deslizarse se atreviera
El viento -se extendía
En los erguidos rostros de esas rosas
Que, cual desvanecidas de ternura,
Soltaban en retomo
A la amorosa luz que las besaba.
Sus perfumadas almas -se extendían
En los erguidos rostros de las rosas,
Que sonreían con feliz deliquio en ese paraíso que hechizaba
De tu presencia en él la poesía.

Te vi, como los ángeles, vestida
De blanco, en muelle alfombra de violetas
El cuerpo dulcemente reclinado,
Mientras que, de la luna,
La plateada luz se reflejaba
En los rostros erguidos de las rosas
Y en tu bello semblante
Al cielo alzado con profunda pena.
¿No fue el mismo Destino
Quien en la dulce medianoche -en julio
No fue el mismo destino (cuyo nombre
También es sentimiento) quien detuvo
Mi paso en el dintel del paraíso
Para aspirar el delicado incienso
De esas dormidas rosas?
Todo era soledad, silencio, en torno.
Y, mientras daba a su ruindad olvido,
El mundo que aborrece el alma mía,
Del impalpable sueño en los misterios,
Dos seres angustiados
Velábamos a solas: tú conmigo.
(¡Oh, Cielos! ¡Oh, Señor! ¡Cómo se agita
Mi corazón uniendo estas palabras!)
¡A solas tú conmigo!… El pie detuve… .
La pálida hermosura
Del cielo descendido a tu existencia,
Miré con devoción; y, al encontrarse
Mi vista con la tuya,
Todo dejó de ser, formas y vida,
En ese Edén que tú, maga sublime,
Con tus divinos ojos encantabas.

Perdió la luna su fulgor de perlas
Y huyeron a mis ojos fascinados,
Los ya musgosos bancos, los senderos,
Los árboles, las flores;
Y las puras esencias
De las dormidas rosas fallecieron
En los amantes brazos de los aires.
Todo -todo expiró menos tu imagen;
y aún ella, con la lumbre de la luna
Aún ella se extinguió para mi vista,
Que sólo vi el fulgor de tu mirada
Y el alma de tus ojos
Alzados con pesar a las alturas.
Los vi -y el mundo fueron
Para mi ser tus ojos imantados.
Los vi más breves horas
-Los vi hasta que la luna huyó del cielo.
¡Qué tormentosas luchas
Del corazón!
¡Qué impíos infortunios!
¡Qué lúgubres historias! descubrían,
En misteriosa unión esas esferas
De pura luz celeste!… ¡Y qué brillantes,
Sublimes esperanzas! ¡Qué apacible
Mar de engrandecimiento! ¡Qué osadas ambiciones!
¡Y para amar, qué inmenso poderío!

Ya la amorosa diana
Al mundo se ocultó bajo una densa
Nube de tempestad de occidente;
Y tú, pálida sombra,
Entre la sepulcral y hosca arboleda,
Te deslizaste huyendo taciturna.
Mas sólo la figura de tu cuerpo
-Sólo ella- del jardín y de mi vida
Por siempre se alejó: como dos astros
Quedaron ante mí tus bellos ojos.
Tus ojos que dejarme no quisieron
Y en esa noche, oscura ya, alumbraron
La triste senda de mi hogar sombrío.
Tus ojos, que jamás, cual la esperanza,
Mi ser abandonaron; y me siguen,
Me guían, me seducen
En el largo transcurso de los años.
Ellos mis dueños son y yo su esclavo
Su misión es dar lumbre
Con nobles entusiasmos a mi alma,
Cual mi deber salvarme
De su guiadora luz a los destellos,
Y ser purificado por su llama,
Y ser santificado
De su fuego celeste en los fulgores.
Ellos mi alma llenan de hermosura
(Que es la esperanza), y lejos
Allá en el cielo, brillan: dos estrellas
Ante las que, en el triste y silencioso
Desvelo de mi noche me arrodillo.
Y luego, cuando el día
De alegre claridad la tierra inunda,
Los veo aún: ¡dos dulces
Y centelleantes vésperos, que el rayo
Del mismo sol no extingue!

***

EL COLISEO

¡Eres símbolo constante de la fiel y antigua
/Roma!
¡Excelente relicario de sublime admiración, que a esta época legaron aquellos tiempos ya
/[idos cuya pompa y poderío parecen ensoñación!

Tras largo peregrinaje y ardiente ser de tu /ciencia,
me humillo con reverencia en las sombras de
/tu historia,
y transformada mi alma sacia su sed de belleza
contemplando tus grandezas, tus tristezas y tu
/gloria.

¡Oh profunda inmensidad, tiempo y recuerdo
/de antaño desolación y silencio, noche grandiosa;
/admirable!
Al percibiros comprendo vuestra mágica
/pureza en la perenne realeza de vuestra fuerza
/indomable.

Vuestros dulces sortilegios son mejores para mí
que los que el rey de Judea hiciera en
/Gethsemamí.
Ni la encantada Caldea jamás consiguió
/arrancar
a las estrellas prodigios cual vense en este
/lugar.

Donde un héroe cayera, hoy vese una columna…
y, donde el águila escénica envuelta en oro
/brilló
hoy el vampiro revuela al llegar la medianoche
y el fantástico aquelarre este lugar convirtió.

Aquí do las cabelleras de las matronas romanas
balanceaban al viento el rubio de sus colores,
hoy sólo se balancean el cardo y la débil caña…
han cesado aquellos días de sublimes
/esplendores.

Y, donde el rey poderoso su trono de oro tenía,
ágil y oscuro lagarto viene siempre a recorrer;
y hacia su casa marmórea cual espectro se
/desliza
a los pálidos reflejos de la luna en su crecer.

Mas yo pregunto: esos muros, esas inertes
/arcadas junto a zócalos de musgo hoy en hiedra
/revestidas
esos relieves tan vagos, esos frisos tan ruinosos
esas cornisas tronchadas y piedras enmohecidas,
¿es esto cuanto dejaron las horas y tiempos
/idos?

¿es lo único que resta de su fama colosal?
¿es cuanto a mí y al destino aquella época ha
llegado de su firme poderío y su obra escultural?
«Eso no es todo» -responden en aquel lugar
/los ecos«voces graves y proféticas hay en nuestro
/corazón…
y toda ruina recuerda las ideas de los sabios
semejantes a los himnos que al sol dedicó /Memnón.

Aún reinamos poderosas en los más grandes
/señores; asentamos nuestro imperio en las almas
/gigantescas…
no; no somos impotentes…; queda nuestro
/poderío,
nuestra gloria y nuestro nombre, aunque pálidas
/nos veas.
Las mil y una maravillas que extáticas nos
/circundan.
y recuerdan nuestra estirpe, nuestra gala y
/nuestra historia
se han prendido a nuestros flancos… y su
/admirable vestido
nos envuelve entre su manto más fulgente que la gloria».

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EDGAR ALLAN POR — EL CUERVO Y OTROS POEMAS

EDGAR ALLAN POR — EL CUERVO Y OTROS POEMAS

EL CUERVO
Y OTROS POEMAS
EDGAR A. POE

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***
EL VALLE DE LA INQUIETUD

¡Hubo aquí, antaño, un valle callado y sonriente
donde nadie habitaba.
Partiéronse las gentes a la guerra,
dejando a los luceros de ojos dulces,
que velaran, de noche, desde azuladas torres
las flores y en el centro del valle cada día
la roja luz del sol yacía indolente.
Mas ya quien lo visite advertiría
la inquietud de ese valle melancólico.
No hay en él nada quieto
sino el aire que ampara
aquella soledad de maravilla.
¡Ah! Ningún viento mece aquellos árboles
que palpitan al modo de los helados mares
en torno de las Hébridas brumosas.
¡Ah! Ningún viento arrastra aquellas nubes,
que crujen levemente por el cielo intranquilo,
turbadas desde el alba hasta la noche
sobre las violetas que allí yacen,
como ojos humanos de mil suertes,
sobre ondulantes lirios,
que lloran en las tumbas ignoradas.
Ondulan, y de sus fragantes cimas
cae eterno rocío, gota a gota.
Lloran, y por sus tallos delicados,
como aljofar, van lágrimas perennes.

***
EL DÍA MÁS FELIZ

El día más feliz, la hora más dichosa
Que mi triste y marchito corazón vivió
Y esa esperanza de poder y orgullo que vanidosa
Presta voló.

¿Dije poder? Pues sí, tal yo pensaba,
Pero ¡ay!, ha tiempo que se desvanecieron
Las visiones que en mi juventud guardaba

Y al final murieron.
¿Y el orgullo? ¿Qué tengo yo que ver contigo?
Aún es posible que otra infausta alma
Reciba el veneno que me diste enemigo

El día más feliz, la hora más dichosa
Que mis ojos verán o han visto enardecidos,
Del orgullo y poder la visión majestuosa ,
¡Son sueños idos!

Mas si aquella esperanza de poder y de orgullo
Se me ofreciera hoy con su dolor y su melancolía
Pienso que aun así el vano orgullo
Una vez más no viviría.

Porque en sus alas hubo un polvo oscuro
Que al aletear cayó en lluvia dispersa
Esencia poderosa y malhadada
Que mata al alma con su roce impuro.

***
EL PALACIO EMBRUJADO

De nuestros valles el más lozano
Un gran palacio muy elevado
Radiante y bello guardaba antaño
De ángeles santos fuera poblado.
Era el dominio del buen Monarca
Del Pensamiento.
Ningún querube con su ala abarca
Tal monumento.

Las oriflamas flotan gloriosas
Áureas al viento desde el tejado,
(Esto en el viejo tiempo pasado
De antiguas cosas)
Toda voluta de aire retoza
En la dulzura de un día tal.
Hay un perfume alado ideal
Que las almenas apenas roza.

Del feliz valle los visitantes
Por dos ventanas solían ver
Danza de espíritus, al ofrecer
Laúd templado notas vibrantes,
Mientras que en trono alto y sereno,

(¡Porfirogeno!)
Ver se podía al soberano del reino arcano.
Perlas, rubíes, grato dechado
la perla augusta resplandecía
Allí fluía… allí fluía…
El eco cuyo deber alado
Era cantar
Al genio ilustre, genio dorado
Del Rey sin par.

Viles villanos que el luto emboza
Se apoderaron del alto Estado
(¡Nunca hay mañana para el cuidado!)
¡Duelo que el tiempo jamás desbroza!
Hoy en su casa ya no es la gloria
La flor ambigua
Pues sólo queda dormida historia
Leyenda antigua.

Y los viajeros que al valle bajan
Por dos ventanas de fatuo fuego
Ven vastas formas que se barajan
A un son discorde en raro juego
Y un río horrendo que se desliza
Bajo el portón pálido y seco,
Torrente horrible, eterno eco
De carcajada ya sin sonrisa.

***
AL SILENCIO

Hay cualidades, incorpóreos seres
que tienen doble vida y son espejo
de esa entidad gemela que dimana .
de materia y de luz, sólido y sombra.

Hay un doble silencio -mar y costa-
cuerpo y alma. Uno mora en sitios solos
con nuevas hierbas; una grave gracia,
algún recuerdo humano, algunas lágrimas,
Quítanle horror, su nombre es «ya no más»
es el silencio corporal: ¡No temas!
Carece del poder de hacer el mal.

Mas, si el hado veloz (¡suerte imprevista!)
te presenta su sombra (elfo su nombre
que vaga en soledades, que no ha hollado
el pie del hombre), encomiéndate a Dios.

***
ULALUME

Los cielos cenicientos y sombríos,
crespas las hojas, lívidas y mustias,
y era una noche del doliente octubre
del tiempo inmemorial entre las brumas,
era en las tristes márgenes del Auber,
el lago tenebroso de aguas mudas,
ante los bosques tétricos del Weir,
la región espectral de la pavura.

A solas con mi alma recorría
avenida titánica y oscura
de fúnebres cipreses, o con mi alma,
con Psiquis, alma que el misterio turba…
Era la edad del corazón volcánico
como las llamas del Yaanek sulfúreas,
como las lavas del Yaanek que brotan
allá del polo en la región nocturna.

Pocas palabras nos dijimos, era
como una confidencia íntima y muda;
palabras serias, pensamientos graves
que la memoria para siempre turban;
no recordamos que era el triste octubre,
que era la noche, ¡noche infausta y única!
no recordamos la región del Auber
que tanto conoció mi desventura,
ni el bosque fantasmagórico del Weir,
la región espectral de la pavura.

Y cuando la noche avanza
de estrellas al vago temblor
al fin de la oscura avenida
un lánguido rayo se ve,
fulgor diamantino que anuncia
de fúnebre velo al través,
que emerge de nube fantástica
la Luna, la blanca Astarté.

Y yo dije a mi alma: «Más que Diana
ardiente aquella misteriosa Luna
rueda al través de un éter de suspiros;
lágrimas de su faz una por una
caen donde el gusano nunca muere.
Para mostrarnos la celeste ruta
y el alma imperio de la paz letea
atrás deja a Leo en las alturas,
sus estrellas traspasando,
de Leo a su despecho, ora nos busca
y sus miradas límpidas y dulces
son las miradas que el amor anuncian.»

Mas, Psiquis dijo señalando al cielo:
«La palidez de ese astro me conturba;
pronto, huyamos de aquí pronto, es preciso».
Y de sus alas recogió las plumas
con intenso terror, y sollozando,
presa de pronto de invencible angustia
plegó las alas hasta el polvo frío
lentas dejando descender las plumas.

Y yo le dije: «Tu terror es vano,
sigamos esa luz trémula y pura,
que nos bañen sus rayos cristalinos,
sus rayos sibilinos que ya auguran
e irradian la belleza y la esperanza.
Mira: la senda de los cielos busca:
Sigamos sin temor sus limpias rayas
Que ellos a playa llevarán seguro,
sigamos esa luz limpia y tranquila
a través de la bóveda cerúlea».

Tranquilicé a mi Psiquis y besándola
de su mente aparté las inquietudes
y sus zozobras disipé profundas,
y convencerla que siguiera pude.
Llegamos hasta el fin; ¡ojalá nunca
llegara! Al fin de la avenida lúgubre
nos detuvo la puerta de una tumba
¡oh triste noche del lejano octubre!
nos detuvo la losa de una tumba,
de legendario monumento fúnebre.
¡Oh, hermana! -dije- ¿Qué inscripción confusa
en la sellada losa se descubre?
Respondióme: «Ulalume», ésta es su tumba,
¡la tumba de tu pálida Ulalume!

Quedó mi corazón como ese cielo
ceniciento, como esas hojas mustias,
como esas hojas yertas y crispadas.
¡Ay!, pensé: el mismo octubre fue sin duda
fue en esa misma noche cuando vine
al través del horror y de la bruma
aquí trayendo mi doliente carga.
¡Oh, noche infausta, infausta cual ninguna!
¡Oh!, ¿qué infernal espíritu me trajo
a esta región fatal de la tristura?
Bien conozco el mudo lago del Auber,
y esta comarca que el horror anubla,
y el bosque fantástico de Weir,
¡la región espectral de la pavura!

***

EL LAGO


De mi vida en la distante primavera, jubilosa primavera,
Dirigí mi paso errante a una mágica ribera.
La ribera solitaria, la ribera silenciosa
De un salvaje lago ignoto que circundan y oscurecen
Negra cinta rocallosa
Y copudos altos Dinos que las auras estremecen
Pero cuando allí la noche su fúnebre manto arroja
Y el místico y gemebundo viento de su melodía,
Entonces, ¡oh!, entonces quiere despertar de su congoja
Del terror del lago triste, despertar el alma mía.
Mas ese terror que dejaba en mi espíritu contento;
Hoy, ni las joyas ni el afán de la riqueza,
Como antes, a contemplarlo llevarán mi pensamiento,
Ni el amor por más que fuese el amor de tu belleza.
La muerte estaba en el fondo de la ola envenenada,
Y una tumba en lo más hondo, pérfidamente adornada
Para quien a su amargura breve tregua hubiera dado
Un solaz, a los dolores de su espíritu afligido,
Y en un Edén transformado
El salvaje lago ignoto, lago triste y escondido.

***
LOS ESPÍRITUS DE LA MUERTE

I

Tu alma, con sus sombríos pensamientos,
Se hallará sola en la siniestra tumba.
Nadie querrá saber lo que en secreto
Tu corazón y tu conciencia ocultan.

II

Sé silencioso en soledad tan grande,
Que no es tal soledad, pues te circundan,
Los espíritus todos de la muerte,
Que ya en vida rondaban en tu busca.
Ellos querrán ensombrecerte el alma
Con sus negros arcanos y sus dudas.
Sé silencioso en soledad tan grande;
Cierra los labios cual la misma tumba.

III

Y la noche, aunque clara y luminosa,
Se tornará de pronto en cueva oscura;
Desde sus altos tronos las estrellas
No alumbrarán tu soledad adusta.
Mas sus rojizos globos sin fulgores
Han de ser a tu tedio y a tu angustia
Como incendio voraz, cual una fiebre
De los que libre no has de verte nunca.

IV

No podrás desechar los pensamientos
Ni las visiones que tu mente turban,
Y que antes en tu espíritu dejaban
La huella del rocío en la llanura.

V

La brisa, que es de Dios el puro aliento,
Soplará en torno de la helada tumba,
Y en la colina tenderá su velo
La niebla vaporosa y taciturna.
Las tinieblas, las sombras invioladas
Símbolo y prenda son; hablan y auguran.
Sobre las altas copas de los árboles
Tiende el misterio su cerrada túnica.

***
EL CUERVO

Una hosca medianoche, cuando en tristes reflexiones
sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
inclinaba somnoliento la cabeza, de repente a mi puerta oí llamar,
como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta mano tímida a tocar.
«Es -me dije- una visita que llamando está a mi puerta, ¡eso es todo, y nada más!»

¡Ah! bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
¡Cuán ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura
procurando en vano hallar tregua a la honda desventura de la muerta
Leonora, la radiante, la sin par
virgen rara a quien Leonora los querubes llaman
-ahora ya sin nombre… nunca más!

Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras,
de tal modo que el latido de mi pecho palpitante
procurando dominar:
«Es, sin duda, un visitante -repetía con instancia-
que a mi alcoba quiere entrar, un tardío visitante a las puertas de mi estancia…
¡eso es todo, y nada más!»

Poco a poco, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando:
«Caballero -dije- o dama, mil perdones os demando;
mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza
me vinisteis a llamar, y con tal delicadeza
y tan tímida constancia os pusisteis a tocar,
que no oí» -dije, y las puertas abrí al punto de mi estancia:
¡sombras sólo y… nada más!
Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo
empeños, quedé allí -cual antes nadie
los soñé forjando sueños,
mas profundo era el silencio, y la calma no
acusaba ruido alguno… resonar
sólo un nombre se escuchaba que en voz baja
a aquella hora yo me puse a murmurar,
y que el eco repetía como un soplo:
« ¡Leonora! ».
¡Esto apenas, nada más!

La ventana abrí, con rítmico aleteo y garbo extraño,
entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto, con aspecto señorial,
fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta de mi puerta el cabezal,
sobre el busto que de Palas la figura representa
¡fue y posóse, y nada más!

Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza
con su grave, torva y seria, decorosa gentileza
y le dije: «Aunque la cresta calva llevas, de
seguro no eres cuervo nocturnal,
¡viejo, infausto cuervo oscuro vagabundo en la tiniebla!
Díme ¿cuál tu nombre, cuál, en el reino plutoniano de la noche y de la niebla?»
Dijo el cuervo «¡Nunca más!»
Asombrado quedé oyendo así hablar al avechucho,
si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho,
pues preciso es convengamos en que nunca
hubo criatura que lograse contemplar
ave alguna en la moldura de su puerta
encaramada, ave o bruto reposar
sobre efigie en la cornisa de su puerta,
cincelada,
con tal nombre: «¡Nunca más!»

Mas el cuervo, fijo, inmóvil, en la grave efigie aquella
solo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella
vinculada; ni una pluma sacudía, ni un acento
se le oía pronunciar…
Dije entonces al momento: «Ya otros antes se
han marchado, y la aurora al despuntar,
él también se irá volando cual mis sueños han
volado.»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»
Por respuesta tan abrupta como justa
sorprendido,
«No hay ya duda alguna -dije- lo que dice
es aprendido,
aprendido de algún amo desdichado a quien la
suerte persiguiera sin cesar, persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de,
en su duelo, sus canciones terminar y el clamor de su esperanza con el triste
ritornelo de “¡Jamás, y nunca más!”»

Mas el cuervo provocando mi alma triste
a la sonrisa,
mi sillón rodé hasta el frente de ave y busto y
de cornisa
luego, hundiéndome en la seda, fantasía y
fantasía dime entonces a juntar, por saber qué pretendía aquel pájaro ominoso
de un pasado inmemorial
aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y /odioso
al graznar « ¡Nunca jamás! »

Quedé yo esto investigando frente al cuervo,
en honda calma,
cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y
/alma.
Esto y más -sobre cojines reclinado- con
/anhelo me empeñaba en descifrar, en el rojo terciopelo donde imprimía viva
/huella luminosa mi fanal,
terciopelo cuya púrpura ¡ay jamás volverá ella
a oprimir ¡ah! ¡nunca más!

Parecióme el aire, entonces, por incógnito
/incensario
que un querube columpiase de mi alcoba en el
/santuario,
perfumado. «¡Miserable ser! -me dije
/Dios te ha oído, y por medio angelical,
tregua, tregua y el olvido del recuerdo de
/Leonora te ha venido hoy a brindar:
¡Bebe! ¡Bebe ese nepente, y así todo olvida
/ahora! »
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Oh profeta! -dije- o duende, más profeta al
/fin, ya seas
ave o diablo, ya te envíe la tormenta, ya te veas
por los vientos barrido a esta playa, desolado
/pero intrépido, a este hogar por los males devastado, dime, dime, te lo
/imploro:
¿Llegaré jamás a hallar algún bálsamo para el
/mal que triste lloro?» Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Oh profeta -dije- o diablo! Por ese ancho,
/combo velo
de zafiro que nos cobija, por el sumo Dios del
/cielo a quien ambos adoramos,
dile a esta alma dolorida, presa infausta del
/pesar
si jamás en otra vida la doncella arrobadora a
/mi seno he de estrechar,
¡el alma virgen a quien llaman los arcángeles
/Leonora! »
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Esa voz, oh cuervo, sea la señal de la partida
-grité alzándome-, retorna, vuelve a tu
/hórrida guarida,
la plutónica ribera de la noche y de la
/bruma!… ¡De tu horrenda falsedad
en memoria, ni una pluma dejes, negra! ¡El
/busto deja! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho! ¡De mi umbral tu
/forma aleja!»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

Y aún el cuervo inmóvil, fijo, sigue fijo en la
/escultura
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la
/moldura…
y sus ojos son los ojos de un demonio que,
/durmiendo, las visiones ve del mal
y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo arroja
/trunca su ancha forma funeral
y mi alma de esa sombra que en el suelo
/flota… nunca se alzará… ¡nunca jamás!

***
A MI MADRE

¡Porque sé que los ángeles que viven en el
/cielo
Y que entre ellos entonan sus más hermosos
/cantos,
No han hallado palabra que tenga los encantos
Que aquel de «madre», del amor gemelo.
Yo te doy ese nombre porque así lo ha querido
Mi corazón: Tú has sido más que la madre mía,
Cuando nuestra Virginia dejó la tierra un día
Y tu amor llenó entonces mi corazón dolido.

Mi pobrecita madre -que se fue tan
/temprano
Era mi propia madre, mas tú lo eres de aquella
Que me fue tan querida en la vida, y por ella,
Te amo más que a la madre que fue la mía
Con ese amor intenso de mi esposa querida
Que era, para mi alma, más que su propia
/vida.

 

***
SONETO A LA CIENCIA

¡Ciencia! del tiempo viejo la hija eres.
Todo lo cambias con tus ojos vagos
¿Por qué en mi corazón saciarte quieres,
¡Oh cuervo!, cuyas alas son estragos?

¿Te amaré yo, ni el sabio en sus anhelos,
Si explayar no dejas sus quimeras
Cuando busca tesoros en los cielos
Dejándose llevar de alas ligeras?

¿No supiste arrancar del carro a Diana,
Y echar las hamadríadas de sus lares
Para acogerse a estrella más lejana?

¿No quitaste a las náyades los mares
Y al elfo el prado? ¿Acaso no prescindo
Por ti del sueño al pie del tamarindo?

***
PARA ANNIE

¡Alabemos al Eterno!
el mal ha cesado ya
y la fiebre del vivir
ahora vencida está.

Sumido en honda tristeza
y carente de energías
tendido todo a lo largo
van transcurriendo mis días.

Ni un solo músculo muevo
pero muy poco me importa;
pues mejoro lentamente
y esto ya me reconforta.

Tan sosegado y tranquilo
hoy en mi tálamo duermo que al verme se creería
que estoy más muerto que enfermo.

Ayes, quejas y gemidos,
lamentaciones y llanto,
aquieta el latido horrible
de mi corazón un tanto.

Con la fiebre por la vida
que enloquecía mi mente,
penas e incomodidades
se alejaron prestamente.

Lo que más me torturaba,
sed de una pasión impía,
bebiendo en cierta fontana
tranquilicé el alma mía.

De no lejana caverna
brota un manantial riente
en el que presto mis labios
saciaron su sed ardiente.

Que nadie tilde de oscura
a la pieza en que reposo,
ni de pequeño a este tálamo
donde yazgo venturoso.

Nadie durmió en lecho igual y,
para en verdad dormir,
otro semejante al mío
es preciso conseguir.

¡Cuán dulcemente reposa
mi alma tantalizada!
Su aspiración por las rosas
y mirtas ya fue olvidada.

Junto a su lecho imagina
otra más suave fragancia de
romero y pensamientos
que embellecen su prestancia.

Extasiada en el recuerdo
de mi Annie y su belleza,
es como duerme mi alma
inebriada en su pureza.

De mi Annie la constancia
admira con embeleso
y recuerda que en su trenza
depositó un tierno beso.

Enlázame con ternura,
con gran pasión me acaricia;
y yo, adormido en su seno,
descanso en plena delicia.

Esta es la causa real
de mi sereno reposo;
y, aunque muerto me creáis
vivo tranquilo y gozoso.

Fulge más mi corazón
que las celestes estrellas;
pues brilla para mi Annie,
la de las miradas bellas.

En el amor de mi Annie
está mi ser abrasado;
y en sus ojos tan ardientes
siempre pienso extasiado.

 

***
EL REINO DE LAS HADAS

¡Valles privados de luz,
fieros y umbríos torrentes,
cuyos contornos las gentes nunca
pueden descubrir!

Gota a gota allí las lágrimas
sin cesar van deslizando
y las lunas aguardando
vense doquiera lucir.

Cada instante de la noche crecen,
y luego se achican;
al punto se modifican
y se cambian de lugar.

De sus faces siempre pálidas
emiten vapores ellas,
que a las tremantes estrellas
hacen su brillo ocultar.

Cerca de la medianoche,
otra más opaca luna,
que las hadas por su bruma,
no encontraron superior,

llega bajo el horizonte
y asiéntase en las montañas
circunferencias extrañas
esparciendo en derredor.

Sus vestiduras flotantes
circuyen los caseríos,
los distantes señoríos,
los bosques y el mismo mar.

Los espíritus danzantes
y los seres adormidos
en laberintos henchidos
de luz se ven sepultar.

¡Cuán profundo hállase entonces
el éxtasis de su sueño
mientras con pálido ceño
las vemos presto venir!

Levántase de mañana
y con sus lunares velos
cual albatros, por los cielos,
vénse, al viento, sacudir.

Mas las hadas, una vez
que se hubieron refugiado
cabe esa luna, y dejado
lo que sirvióles de abrigo,

Ya nunca logran hallar
por aquellos mil lugares
ningunas lunas lunares
que sean refugio amigo.

Las moléculas del astro
pronto se volatilizan
y en fina lluvia deslizan
aquella materia astral.

Por eso, las mariposas
que en vano buscan los cielos,
insatisfechas, sus vuelos
escrutan lo sideral.

Y al descender ya cansadas,
en sus alas temblorosas
nos traen las mariposas
partículas desgajadas
de aquellas lunas hermosas.

***
LA CIUDAD EN EL MAR

Una ciudad exótica se yergue solitaria
donde la Parca pálida implantó sus reales;
allá en el Occidente, la tumba funeraria
a pérfidos y nobles liberó de sus males.

Sus templos, sus palacios y torres carcomidas
que ni oscilan ni tiemblan al impulso del viento,
difieren de los nuestros; y sus aguas dormidas
reposan melancólicas en singular concento.

En la velada noche de esa ciudad callada,
ningún rayo desciende desde el empíreo cielo.
Sólo un resplandor ígneo de la mar alejada
cruza las largas noches de aquel inmenso
/suelo.

Por torres, por almenas, por cúpulas y alturas,
por templos, por palacios y muros babilónicos,
por macizos de hiedra sobre las esculturas,
los resplandores lívidos circulan melancólicos.

Ni siquiera respeta la soledad umbría
las florecillas pétreas de los valiosos frisos
que adornan de sus templos en fúnebre armonía
los claveles, violetas, pámpanos y narcisos.

Bajo el azul del cielo, sumidas en tristeza,
las linfas no agitadas duermen en la ciudad;
y las sombras y flores de aquella fortaleza
parecen suspendidas del aire, en igualdad.

De un torreón, la Parca, cual fantasma gigante,
contempla con orgullo el país señorial
y a sus pies yace inerte… y sonríe triunfante
dueña omnímoda y grave de aquel suelo letal.

Ábrense muchos templos y tumbas sin sus losas
al nivel de las aguas tranquilas y brillantes,
Sin que a dejar sus lechos las induzcan
/premiosas
las joyas de los muertos e ídolos de diamantes.

Aquel amplio desierto que al cristal se asemeja
carece en absoluto de toda ondulación.
Ni una ola siquiera por allí ver se deja…
nada indica si hay vientos en mar de otra
/región.

Mas ahora en el aire nótase un movimiento
que estremece allá abajo aquesta soledad;
en el piélago oscuro el agua en ronco acento
saca de su marasmo a esta triste ciudad.

Sus altos capiteles bambolear parecen
y hundirse entre las ondas que calmas eran
/antes.
Los picos que en la bruma del cielo ya se
/mecen
abrirse parecieran en huecos, oscilantes.

Entonces ya las ondas tienen luz más rojiza…
deslízanse las horas lánguidas y silentes;
quizá sea engullida la ciudad quebradiza
entre ayes y gemidos que no son de vivientes.

Cuando desaparezca y quede sepultada
bajo la mar profunda con todo su oleaje,
vendrá de los mil tronos de Luzbel la mesnada
y entonces el Infierno le rendirá homenaje.

***
BALADA NUPCIAL

En mi dedo está el anillo,
ciñe corona mi frente;
mil joyas de hermoso brillo
adornan mi ser fulgente.
¡Soy feliz eEn el presente!

¡CuáEn bien me ama mi señor
mas en el primer instante
que me declaró su amor
estremeció su dolor
mi espíritu y fiel amante.

Pues sus palabras sonaban
como toque de agonía
y al que murió recordaban
junto al valle eEn lucha impía
Mas hoy, ríe noche y día.

Al querer tranquilizarme
besó mi pálida frente
y en delirio vi patente
al muerto Elormie abrazarme.
¡Hoy sólo debo alegrarme!

En esa hora solemne
empeñé mi juramento…
y si mi fe no es perenne
ni mi espíritu está indemne,
éste vive muy contento.

El anillo está en mi dedo;
prueba de que soy dichosa.
y, aunque tiemblo y tengo miedo,
quiera que despierte quedo
de esta idea fatigosa.

¿Con alguien mal procedí?
El muerto que abandoné,
a quien triste sorprendí,
¿no goza con frenesí
sabiendo que lo cuidé?

***
EULALIA

Desterrado del mundo voluntario,
entre quejas y lágrimas vivía;
era mi alma tristísimo calvario
sin amores ni dulce compañía.

Mas Eulalia, gentil y pudorosa
llegó a ser mi agradable compañera,
y en sus bucles auríferos, la hermosa
recibió mi caricia placentera.

En la noche el fulgor de las estrellas
no iguala sus miradas tan radiantes,
ni en el mínimo crepúsculo hay en ellas
que irise cual sus ojos tan brillantes.

Los bucles que ella ostenta en sus cabellos
inculcan en mi ser la poesía,
y Astarté lanza cálidos destellos
contemplando a mi Eulalia noche y día.

Suspiro por suspiro su alma entera
Eulalia me dedica con amor;
no me invade ya más la duda artera,
ni yazgo en el abismo del dolor.

***
UN SUEÑO DENTRO DE UN SUEÑO

¡Toma en la frente este beso!
Y partiendo, te confieso
Que no fue errado tu empeño
En creer mis días un sueño.
Que si la esperanza mía
Se fue una noche o un día,
En una visión o en nada,
¿Por eso es menos pasada?
Cuanto hay de grande o pequeño,
Sólo es un sueño en un sueño.

Me encueEntro en la costa fría
Que agita la mar bravía,
Oprimiendo entre mis manos,
Como arenas, oro en granos.
¡Qué pocos son!
Y allí mismo,
De mis dedos al abismo
Se desliza mi tesoro
Mientras lloro, ¡mientras lloro!
¿Evitaré ¡oh Dios! su suerte
Oprimiéndolos más fuerte?
¿Del vacío despiadado
Ni uno solo habré salvado?
¿Cuánto hay de grande o pequeño,
Sólo es un sueño en en sueño?

***
ELDORADO

Arrogante
y altanero
Un armado caballero,
Por la luz y por la sombra, alucinado,
Y cantando
Sus canciones, fue vagando
En procura de la tierra de Eldorado.

Pero vano fue su esmero
Y ya viejo el caballero,
Por la sombra el corazón sintió apresado,
Al pensar que nunca el día Llegaría
El que hallara aquella tierra de Eldorado.
Ya sin fuerzas, vacilante,
encontró una sombra errante.
«Sombra» -díjole febril y esperanzado-
A mi súplica responde:
«¿Sabes dónde
Hallaré, de Eldorado la tierra ignota?»

-En la luna, tras de extrañas
Y fatídicas montañas,
En el valle por las sombras habitado-
Respondióle: -Ve adelante,
Caminante,
Si es que buscas esa tierra de Eldorado.

***
ANNABEL LEE

Hace muchos, muchos años, en un reino
/junto al mar,
Habitaba una doncella cuyo nombre os he de
/dar,
Y el nombre que daros puedo es el de
/Annabel Lee,
Quien vivía para amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño y era ella una niña junto al
/mar,
En el reino prodigioso que os acabo de evocar.
Mas nuestro amor fue tan grande cual jamás
/yo presentí,
Más que el amor compartimos con mi bella
/Annabel Lee,
Y los nobles de su estirpe de abolengo señorial
Los ángeles en el cielo envidiaban tal amor,
Los alados serafines nos miraban con rencor.
Aquél fue el solo motivo, ¡hace tanto tiempo
/ya!,
por el cual, de los confines del océano y más
/allá,
Un gélido viento vino de una nube y yo sentí
Congelarse entre mis brazos a mi bella
/Annabel Lee.
La llevaron de mi lado en solemne funeral.
A encerrarla la llevaron por la orilla de la mar
A un sepulcro en ese reino que se alza junto al
/mar,
Los arcángeles que no eran tan felices cual los
/dos,
Con envidia nos miraban desde el reino que es
/de Dios. Ese fue el solo motivo, bien lo podéis
/preguntar,
Pues lo saben los hidalgos de aquel reino
/junto al mar,
Por el cual un viento vino de una nube carmesí
Congelando una noche a mi bella Annabel Lee.

Nuestro amor era tan grande y aún más firme
/en su candor
Que aquel de nuestros mayores, más sabios en
/el amor.
Ni los ángeles que moran en su cielo tutelar, Ni los demonios que habitan negros abismos
/del mar
Podrán apartarme nunca del alma que mora en
/mí,
Espíritu luminoso de mi hermosa Annabel /Lee.

Pues los astros no se elevan sin traerme la
/mirada
Celestial que, yo adivino, son los ojos de mi
/amada. I Y la luna vaporosa jamás brilla baladí
Pues su fulgor es ensueño de mi bella Annabel
/Lee. Yazgo al lado de mi amada, mi novia bien
/amada, Mientras retumba en la playa la nocturna
/marejada,
Yazgo en su tumba labrada cerca del mar
/rumoroso,
En su sepulcro a la orilla del océano proceloso.

***
ISRAFEL

Y el ángel Israfel, en quien las fibras del
corazón son un salterio, y que tiene la voz
más dulce entre todas las criaturas de
Dios.
(EL CORÁN)

Un ángel «lleva en las fibras
Del corazón un salterio»;
De extraña belleza inunda
Tu canto, Israfel, los cielos.
Y las estrellas, deudosas,
(Lo cuentan antiguos cuentos)

Naciente el divino cántico,
Sus himnos enmudecieron.
Allá en lo alto, vacilante
En la cumbre de su vuelo,
Enamorada la luna Enrojeció a sus acentos;
Y para escuchar, su lumbre .
Purpúrea -y al mismo tiempo
Las siete rápidas Pléyades
Hizo una pausa en el cielo.

Y dice el coro estelar-
Dicen los seres suspensos-
Que su arrebato, Israfel
Debe a esa lira de fuego
Con que reclinado, canta;
Al metal vívido y trémulo
Del encordado inaudito
Que puso en ella el Eterno.
Pero mora el Ángel, donde
Los más hondos pensamientos
Son un deber; donde siempre
Fue el amor un dios perfecto,
Y arden cerca ojos de huríes, Si aquí estrellas brillan lejos.

¡Oh Israfel! no yerras cuando
Tu voz áurea tiene a menos
Cantar cantos no sublimes:
A ti el laurel, bardo excelso;
A ti -el mejor ¡por más sabio!
¡Vive alegre y largo tiempo!

Al éxtasis del empíreo
Se hermana tu ritmo angélico-
Tu amor, dolor y alegría
Al fervor de tu salterio,
¡Pueden callar las estrellas!

Sí, Israfel: tuyo es el Cielo.
Mas nuestro mundo es un mundo
De dulzuras y de duelos;
Nuestras flores, sólo flores.
Y la sombra del perpetuo
Bienestar de que allá gozas,
Claro sol es para el nuestro.

De habitar yo donde él vive
E Israfel donde yo muero
Tal vez él no cantaría
Con hechizo tan supremo
Terrestre cántico, mientras
Quizá un himno más intenso,
Alzándose de mi lira Colmara el triunfo los Cielos.

***
LA TIERRA DEL ENSUEÑO

En una senda abandonada y negra
que recorren tan sólo ángeles malos,
donde un Eidolon llamado Noche,
ha erigido su trono solitario;
llegué una vez; cruel atrevido
de Tule ignota los contornos vagos
y al reino entré que extiende sus confines
fuera del Tiempo y fuera del Espacio.
Valles sin lindes, mares sin riberas,
cavernas, bosques densos y titánicos,
Con formas que el humano no descubre
tras el denso rocío que las cubre
montañas que a los cielos desafían
y hunden la base en insondables
mares mares que calmos, agitados luego,
surgen de cielos de color de fuego;
lagos que arrastran, frías y desiertas
sus aguas solitarias, aguas muertas
sus aguas quietas, inmutables, quietas
como corolas de nevados lirios.

Por esos lagos que reflejan sus solitarias
y desiertas aguas, aguas muertas
sus aguas tristes, inmutables, tristes
como corolas de nevados lirios
cerca de aquellos bosques gigantescos,
enfrente de esos negros océanos,
al pie de aquellos montes formidables,
de esas cavernas en los hondos antros,
vénse, a veces, fantasmas silenciosos
que pasan a lo lejos sollozando,
fúnebres y dolientes ¡son aquellos
amigos que por siempre nos dejaron,
caros amigos para siempre idos,
fuera del Tiempo y fuera del Espacio!

Para el alma nutrida de pesares
para el transido corazón, acaso
es el asilo de la paz suprema,
del reposo y la calma en Eldorado.
Pero el viajero que azorado cruza
la región no contempla sin espantos
que a los mortales ojos sus misterios
perennemente seguirán sellados
así lo quiere la Deidad sombría
que tiene allí su imperio incontrastado.
Por esa senda desolada y triste
que recorren tan sólo ángeles malos,
senda fatal donde la Diosa Noche
ha erigido su trono solitario,
donde la inexplorada, última Tule
esfuma en sombras sus contornos vagos,
con el alma abrumada de pesares,
transido el corazón, he paseado…
¡He paseado en pos de los que huyeron
fuera del Tiempo y fuera del Espacio!

***
PARA ALGUIEN, EN EL CIELO

Para mi alma, fuiste, amor,
Cuanto en el mundo sonreía
La isla verde en el mar, amor,
Y la fuente y el ara pía.
Flores brotaban en redor,
Y cada flor, fue sólo mía.

¡Sueño fugaz, de tan brillante!
¡Ampo estelar que de tan puro,
Lució un instante!
En vano a mi alma lo Futuro
Clama: -¡Adelante!
Vuelta al pasado, abismo oscuro,
Persigue, muda, el Sueño amante.

Pues, ¡ay de mí!, la luz de Vida
Se me ha extinguido por jamás.
«Ya nunca más -no más- no más-»
(Así a la playa combatida,
Mar solemne, diciendo vas)
¡Tenderás vuelo, águila herida,
Árbol seco florecerás!

Y éxtasis son mis noches hondas;
Y estoy contigo -alma fraterna
Donde el mirar celeste ahondas,
Donde el flotante andar gobiernas
Al ritmo de qué etéreas rondas,
Ante cuáles ondas eternas.

***
CANCIÓN

En tu día nupcial, te vi encendida
Por ardiente rubor,
Aunque era un cielo para ti la vida,
Y el mundo, en tu presencia, todo amor.

En resplandor que en tu miraba había,
(¿Por qué se avivó tanto?)
Fue cuanto el alma dolorosa mía
Gozó en el mundo, de amoroso Encanto.

«Sólo un pudor de virgen es motivo
De tal rubor», pudo decirse ante él.
Pero ¡ay! reanimó fuego más vivo
En el pecho de aquél.

Que te miró de novia, cuando quiso
Lucir aquel rubor,
Aunque te fuera el mundo un paraíso,
Y en derredor, la vida, toda amor.

***
EL GUSANO VENCEDOR

¡Mirad! Noche de fiesta,
Solemne, es del futuro
En los postreros años de la vida.
Un coro de querubes,
Alados y con tules encubiertos,
Ajando con sus lágrimas los tules,
A un drama de terror y de esperanzas
Asisten en grandioso coliseo
Mientras exhala sobrehumana orquesta
La música sublime de los cielos.
Mimos, de Dios imagen,
Moviéndose veloces, con cautela
Murmuran: ¡meros títeres que impulsa
La voluntad de inmensos y disformes
Seres que van mudando
La escena y arrojando de sus alas
De cóndor, agitadas en la sombra,
La invisible desgracia!

¡Oh, nunca este confuso
Drama será olvidado!
Nunca con Fantasma, eternamente
Por un tropel en vano perseguido,
De círculo a través, que siempre gira.
Y torna al mismo sitio;
Siendo la esencia de la oscura trama
El horror, la locura y el delito.

¡Mas ved! Entre la turba
Mímica se introdujo una rastrera
Figura, ¡ser inmundo!
Cuerpo color de sangre que acechaba
Allá en la soledad del escenario,
¡Se tuerce! ¡Se retuerce!
Con mortales
Tormentos en su pasto se convierten
Los mimos; y los ángeles gimieron
Cuando sus viles uñas
Manchó con sangre humana el vil insecto.

¡Las luces se extinguieron!
¡Y todo yace extinto!
Y, por cubrir las formas
Trémulas, el telón, fúnebre manto,
Cae con la rapidez de una tormenta.
Y pálidos y mustios los querubes,
Irguiéndose, arrancándose sus velos,
Afirman que la mísera comedia
Es la tragedia “Hombre”
Y el inmundo gusano
¡El Héroe vencedor de esta tragedia!

***
SONETO A ZANTE

¡Isla hermosa, la hermosa entre las flores
te dio de nombres bellos el más bello!
¡Qué recuerdos me traen halagadores
las tuyas y tu mágico destello!

¡Cuánta escena pasó de dicha ciega!
¡Cuánta ilusión de anhelos enterrados!
¡Visiones de una niña que no llega jamás,
jamás, a tus risueños prados!

¡Jamás! Todo lo cambia este sonido.
Jamás tu antiguo encanto resucita;
tu recuerdo, jamás. Siendo florido,

me vas a parecer tierra maldita.
¡Jacintito país! ¡Purpúreo Zante!
¡Isola d’oro! ¡Fior di Levante!

***
LA DURMIENTE

Era la medianoche, en junio, tibia, bruna.
Yo estaba bajo un rayo de la mística luna,
Que de su blanco disco como un encantamiento
Vertía sobre el valle un vapor somnoliento.
Dormitaba en las tumbas el romero fragante,
Y al lago se inclinaba el lirio agonizante,
Y envueltas en la niebla en el ropaje acuoso,
Las ruinas descansaban en vetusto reposo.
¡Mirad! también el lago semejante al Leteo,
Dormita entre las sombras con lento cabeceo,
Y del sopor consciente despertarse no quiere
Para el mundo que en tomo lánguidamente
/muere
Duerme toda belleza y ved dónde reposa
Irene, dulcemente, en calma deleitosa.
Con la ventana abierta a los cielos serenos,
De claros laminares y de misterios llenos.

Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Por qué está tu ventana, así, en la noche
/abierta?
Los aires juguetones desde el bosque frondoso,
Risueños y lascivos en tropel rumoroso
Inundan tu aposento y agitan la cortina
Del lecho en que tu hermosa cabeza se reclina,
Sobre los bellos ojos de copiosas pestañas,
Tras los que el alma duerme en regiones
/extrañas,
Como fantasmas tétricos, por el sueño y los
/muros
Se deslizan las sombras de perfiles oscuros.
Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Cuál es, di, de tu ensueño el poderoso encanto?
Debes de haber venido de los lejanos mares
A este jardín hermoso de troncos seculares.
Extraños son, mujer, tu palidez, tu traje,
Y de tus largas trenzas el flotante homenaje;
Pero aún es más extraño el silencio solemne
En que envuelves tu sueño misterioso y
/perenne.
La dama gentil duerme. ¡Que duerman para el
/mundo!
Todo lo que es eterno tiene que ser profundo.
El cielo lo ha amparado bajo su dulce manto,
Trocando este aposento por otro que es más
/santo,
Y por otro más triste, el lecho en que reposa.
Yo le ruego al Señor, que con mano piadosa,
La deje descansar con sueño no turbado,
Mientras que los difuntos desfilan por su lado.
Ella duerme, amor mío. ¡Oh!, mi alma le desea
Que así como es eterno, profundo el sueño sea;
Que los viles gusanos se arrastren suavemente
En torno de sus manos y en torno de su frente;
Que en la lejana selva, sombría y centenaria,
Le alcen una alta tumba tranquila y solitaria
Donde flotan al viento, altivos y triunfales,
De su ilustre familia los paños funerales;
Una lejana tumba, a cuya puerta fuerte
Piedras tiró, de niña, sin temor a la muerte,
Y a cuyo duro bronce no arrancará más sones,
Ni los fúnebres ecos de tan tristes mansiones
¡Qué triste imaginarse pobre hija del pecado
Que el sonido fatídico a la puerta arrancado,
Y que quizá con gozo resonara en tu oído,
de la muerte terrífica era el triste gemido!

***
A HELENA

Sólo una vez te he visto
Sólo una vez- en tiempo ya lejano.
Sé que no muy lejano -pero velan
Brumas de lo pasado su distancia.
Era una medianoche
Del dulce mes de julio; y de la luna –
Que, en ascensión feliz como tu vida
Buscaba, entre los cielos, á más alta
Región, rápida senda-Un velo descendía con reposo,
Con pesadez, con sueño
-Un velo indefinido
De plata y seda y luz- que se extendía

De los erguidos rostros de mil rosas
De un encantado Edén, lleno de calma,
Por el que blandamente o con sigilo
Tan sólo a deslizarse se atreviera
El viento -se extendía
En los erguidos rostros de esas rosas
Que, cual desvanecidas de ternura,
Soltaban en retomo
A la amorosa luz que las besaba.
Sus perfumadas almas -se extendían
En los erguidos rostros de las rosas,
Que sonreían con feliz deliquio en ese paraíso que hechizaba
De tu presencia en él la poesía.

Te vi, como los ángeles, vestida
De blanco, en muelle alfombra de violetas
El cuerpo dulcemente reclinado,
Mientras que, de la luna,
La plateada luz se reflejaba
En los rostros erguidos de las rosas
Y en tu bello semblante
Al cielo alzado con profunda pena.
¿No fue el mismo Destino
Quien en la dulce medianoche -en julio
No fue el mismo destino (cuyo nombre
También es sentimiento) quien detuvo
Mi paso en el dintel del paraíso
Para aspirar el delicado incienso
De esas dormidas rosas?
Todo era soledad, silencio, en torno.
Y, mientras daba a su ruindad olvido,
El mundo que aborrece el alma mía,
Del impalpable sueño en los misterios,
Dos seres angustiados
Velábamos a solas: tú conmigo.
(¡Oh, Cielos! ¡Oh, Señor! ¡Cómo se agita
Mi corazón uniendo estas palabras!)
¡A solas tú conmigo!… El pie detuve… .
La pálida hermosura
Del cielo descendido a tu existencia,
Miré con devoción; y, al encontrarse
Mi vista con la tuya,
Todo dejó de ser, formas y vida,
En ese Edén que tú, maga sublime,
Con tus divinos ojos encantabas.

Perdió la luna su fulgor de perlas
Y huyeron a mis ojos fascinados,
Los ya musgosos bancos, los senderos,
Los árboles, las flores;
Y las puras esencias
De las dormidas rosas fallecieron
En los amantes brazos de los aires.
Todo -todo expiró menos tu imagen;
y aún ella, con la lumbre de la luna
Aún ella se extinguió para mi vista,
Que sólo vi el fulgor de tu mirada
Y el alma de tus ojos
Alzados con pesar a las alturas.
Los vi -y el mundo fueron
Para mi ser tus ojos imantados.
Los vi más breves horas
-Los vi hasta que la luna huyó del cielo.
¡Qué tormentosas luchas
Del corazón!
¡Qué impíos infortunios!
¡Qué lúgubres historias! descubrían,
En misteriosa unión esas esferas
De pura luz celeste!… ¡Y qué brillantes,
Sublimes esperanzas! ¡Qué apacible
Mar de engrandecimiento! ¡Qué osadas ambiciones!
¡Y para amar, qué inmenso poderío!

Ya la amorosa diana
Al mundo se ocultó bajo una densa
Nube de tempestad de occidente;
Y tú, pálida sombra,
Entre la sepulcral y hosca arboleda,
Te deslizaste huyendo taciturna.
Mas sólo la figura de tu cuerpo
-Sólo ella- del jardín y de mi vida
Por siempre se alejó: como dos astros
Quedaron ante mí tus bellos ojos.
Tus ojos que dejarme no quisieron
Y en esa noche, oscura ya, alumbraron
La triste senda de mi hogar sombrío.
Tus ojos, que jamás, cual la esperanza,
Mi ser abandonaron; y me siguen,
Me guían, me seducen
En el largo transcurso de los años.
Ellos mis dueños son y yo su esclavo
Su misión es dar lumbre
Con nobles entusiasmos a mi alma,
Cual mi deber salvarme
De su guiadora luz a los destellos,
Y ser purificado por su llama,
Y ser santificado
De su fuego celeste en los fulgores.
Ellos mi alma llenan de hermosura
(Que es la esperanza), y lejos
Allá en el cielo, brillan: dos estrellas
Ante las que, en el triste y silencioso
Desvelo de mi noche me arrodillo.
Y luego, cuando el día
De alegre claridad la tierra inunda,
Los veo aún: ¡dos dulces
Y centelleantes vésperos, que el rayo
Del mismo sol no extingue!

***

EL COLISEO

¡Eres símbolo constante de la fiel y antigua
/Roma!
¡Excelente relicario de sublime admiración, que a esta época legaron aquellos tiempos ya
/[idos cuya pompa y poderío parecen ensoñación!

Tras largo peregrinaje y ardiente ser de tu /ciencia,
me humillo con reverencia en las sombras de
/tu historia,
y transformada mi alma sacia su sed de belleza
contemplando tus grandezas, tus tristezas y tu
/gloria.

¡Oh profunda inmensidad, tiempo y recuerdo
/de antaño desolación y silencio, noche grandiosa;
/admirable!
Al percibiros comprendo vuestra mágica
/pureza en la perenne realeza de vuestra fuerza
/indomable.

Vuestros dulces sortilegios son mejores para mí
que los que el rey de Judea hiciera en
/Gethsemamí.
Ni la encantada Caldea jamás consiguió
/arrancar
a las estrellas prodigios cual vense en este
/lugar.

Donde un héroe cayera, hoy vese una columna…
y, donde el águila escénica envuelta en oro
/brilló
hoy el vampiro revuela al llegar la medianoche
y el fantástico aquelarre este lugar convirtió.

Aquí do las cabelleras de las matronas romanas
balanceaban al viento el rubio de sus colores,
hoy sólo se balancean el cardo y la débil caña…
han cesado aquellos días de sublimes
/esplendores.

Y, donde el rey poderoso su trono de oro tenía,
ágil y oscuro lagarto viene siempre a recorrer;
y hacia su casa marmórea cual espectro se
/desliza
a los pálidos reflejos de la luna en su crecer.

Mas yo pregunto: esos muros, esas inertes
/arcadas junto a zócalos de musgo hoy en hiedra
/revestidas
esos relieves tan vagos, esos frisos tan ruinosos
esas cornisas tronchadas y piedras enmohecidas,
¿es esto cuanto dejaron las horas y tiempos
/idos?

¿es lo único que resta de su fama colosal?
¿es cuanto a mí y al destino aquella época ha
llegado de su firme poderío y su obra escultural?
«Eso no es todo» -responden en aquel lugar
/los ecos«voces graves y proféticas hay en nuestro
/corazón…
y toda ruina recuerda las ideas de los sabios
semejantes a los himnos que al sol dedicó /Memnón.

Aún reinamos poderosas en los más grandes
/señores; asentamos nuestro imperio en las almas
/gigantescas…
no; no somos impotentes…; queda nuestro
/poderío,
nuestra gloria y nuestro nombre, aunque pálidas
/nos veas.
Las mil y una maravillas que extáticas nos
/circundan.
y recuerdan nuestra estirpe, nuestra gala y
/nuestra historia
se han prendido a nuestros flancos… y su
/admirable vestido
nos envuelve entre su manto más fulgente que la gloria».

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Tuesday, April 15, 2008

POESIA EROTICA ESPAÑOLA — VARIOS AUTORES

POESIA EROTICA ESPAÑOLA — VARIOS AUTORES

POESIA EROTICA
CASTELLANA
***
Juan Ruiz, Arcipreste de Hita
(España, s. XIV)
***
Des las propriedades que
las dueñas chicas han
Quiero vos abreviar la predicación,
que siempre me pagué de pequeño sermón,
e de dueña pequeña et de breve razón,
ca lo poco e bien dicho finca en el corazón.
Del que mucho fabla ríen, quien mucho ríe es loco;
es en la dueña chica amor grande e non poco;
dueñas hay muy grandes que por chicas non troco,
e las chicas por las grandes, non se arrepiente del troco.
De las chicas que bien diga, el amor me fizo ruego,
que diga de sus noblezas; yo quiero las dezir luego:
dirévos de dueñas chicas, que lo avredes por juego:
son frías como la nieve, e arden como el fuego.
Son frías de fuera, con el amor ardientes:
en la cama solaz, trebejo, plazenteras, rientes:
en casa cuerdas, donosas, sosegadas, bien fazientes.
Mucho ál falleredes, bien parad í mientes.
En pequeña girgonça yaze grand resplandor,
en açúcar muy poco yaze mucho dulçor,
en la dueña pequeña yaze muy grand amor,
pocas palabras cumplen al buen entendedor.
Es pequeño el grano de la buena pemienta,
pero más que la nuez conorta e calienta;
así dueña pequeña, si todo amor consienta,
non ha plazer en el mundo que en ella non sienta.
Como en chica rosa está mucho color,
en oro muy poco grand precio e gran valor,
como en poco blasmo yaze grand buen olor,
ansí en chica dueña yaze muy grand amor.
Como robí pequeño tiene mucha bondat,
color, virtud e precio e noble claridad,
ansí dueña pequeña tiene mucha beldat,
fermosura, donaire, amor e lealtad.
Chica es la calandria e chico el ruiseñor,
pero más dulce cantan que otra ave mayor;
la muger, por ser chica, por eso non es pior;
con doñeo es más dulce que açúcar nin flor.
Son aves pequeñuelas papagayo e orior,
pero cualquier dellas es dulce gritador;
adonada, fermosa, preciada cantador:
bien atal es la dueña pequeña con amor.
De la muger pequeña non hay comparación,
terrenal paraíso es e consolacíon,
solaz et alegría, placer et bendición:
mejor es en la prueva que en la salutación.
Siempre quis’ muger chica más que grande nin mayor,
non es desaguisado del grand mal ser foidor;
del mal tomar lo menos, dízelo el sabidor:
por ende de las mugeres la mejor es la menor.

***
Íñigo López de Mendoza,
Marqués de Santillana
(España, 1398-1458)
Serranillas
***
32
Mozuela de Bores
allá do la Lama,
púsome en amores.
Cuidé que olvidado
amor me tenía,
como quien se había
grand tiempo dexado
de tales dolores,
que más que la llama
queman amadores.
Mas vi la fermosa
de buen continente,
la cara placiente,
fresca como rosa,
de tales colores
cual nunca vi dama,
nin otra, señores.
Por lo cual: —“Señora”
(le dixe), “en verdad
”la vuestra beldad
”saldrá desde agora
”dentre estos alcores,
”pues merece fama
”de grandes loores.”
Dixo: —“Caballero,
”tiradvos afuera:
”dexad la vaquera
”pasar al otero;
”ca dos labradores
”me piden de Frama,
”entrambos pastores.”
—“Señora, pastor
”seré si queredes:
”mandarme podedes,
”como a servidor:
”mayores dulzores
”será a mí la brama
”que oir ruiseñores.”
Así concluimos
el nuestro proceso
sin facer exceso,
e nos avenimos.
E fueron las flores
de cabe Espinama
los encobridores.
***
Garcí Sánchez de Badajoz
(España, ¿1460?-¿1526?)
***
Recontando a su amiga un sueño que soñó
La mucha tristeza mía
que causó vuestro deseo,
ni de noche ni de día,
cuando estoy donde no os veo,
no olvida mi compañía.
Yo los días no los vivo,
velo las noches cativo,
y si alguna noche duermo,
suéñome muerto en un yermo
en la forma que aquí escribo.
Yo soñaba que me iba
desesperado de amor
por una montaña esquiva
donde si no un ruiseñor
no hallé otra cosa viva.
Y del dolor que levaba
soñaba que me finaba,
Y el Amor que lo sabía,
y que a buscarme venía
y al ruiseñor preguntaba:
—“Dime, lindo ruiseñor,
”¿viste por aquí perdido
”un muy leal amador
”que de mí viene herido?”—
—“¿Cómo? ¿Sois vos el Amor?”—
—“Sí, yo soy a quien seguís,
”y por quien dulces vevís
”todos los que bien amáis.”—
—“Ya sé por quién preguntáis,
”por Garcí Sánchez decís.
”Muy poco ha que pasó
”solo por esta ribera,
”y como le vi y me vio,
”yo quise saber quién era
”y él luego me lo contó
”diciendo: — ‘Yo soy aquel
”a quien más fue amor crüel,
”crüel que causó el dolor,
”que a mí no me mató amor,
”sino la tristeza de él.’
“Yo le dixe: —‘¿Si podré
”a tu mal dar algún medio?’
”Díxome: —‘No, y el porqué
”es porque aborrí el remedio
”cuando de él desesperé.’
“Y estas palabras diciendo,
”y las lágrimas corriendo,
”se fue con dolores graves,
”yo con otras muchas aves
”fuemos en pos de él siguiendo,
”hasta que muerto cayó
”allí entre unas acequias,
”y aquellas aves y yo
”le cantamos las obsequias,
”porque de amores murió:
”y aun no medio fallescido,
”la tristeza y el olvido
”le enterraron de crüeles,
”y en estos verdes laureles
”fue su cuerpo convertido.
”De allí nos quedó costumbre
”las aves enamoradas
”de cantar sobre su cumbre
”las tardes, las alboradas,
”cantares de dulcedumbre.”—
—“Pues yo os otorgo indulgencia
”de las penas que el ausencia
”os dará amor y tristura,
”a quien más su sepoltura
”servirá con reverencia.”—
Vime alegre, vime ufano
de estar con tan dulce gente,
vime con bien soberano
enterrado honradamente
y muerto de vuestra mano.
Allí, estando en tal concierto,
creyendo que era muy cierto
que veía lo que escribo,
recordé y halléme vivo,
de la cual causa soy muerto.

***
Gil Vicente
(Portugal, ¿1465?-1537)
***
Dicen que me case yo
Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.
Más quiero vivir segura
n’esta sierra a mi soltura
que no estar en ventura
si casaré bien o no.
Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.
Madre, no seré casada
por no ver vida cansada,
y quizá mal empleada
la gracia que Dios me dio.
Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.
No será ni es nacido
tal para ser mi marido;
y pues que tengo sabido
que la flor yo me la só.
Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.
Halcón que se atreve
Halcón que se atreve
con garza guerrera,
peligros espera.
Halcón que se vuela
con garza a porfía,
cazarla quería
y no la recela.
Mas quien no se vela
de garza guerrera,
peligros espera.
La caza de amor
es de altanería:
trabajos de día,
de noche dolor.
Halcón cazador
con garza tan fiera,
peligros espera.

***
Pedro Manuel Ximénez de Urrea
(España, ¿1486-1529?)
Villancico
***
Madre, cuando enviudaré
a Zaragoza me iré.
Allí las viudas holgadas,
mucho más que las casadas,
allí son muy visitadas
de los que les tienen fe.
Visitadas y queridas,
muy queridas y servidas,
servidas y bien sabidas,
que yo sé bien cómo fue.
Viuda huelga en Zaragoza
más que casada ni moza;
cada cual dellas retoza
con mil cosillas que sé.
Madre, aquellas son mujeres
que, con sus dulces aferes,
ellas dan muchos placeres
y tienen quien gelos dé.
¡Oh si viese ya morir
a mi marido, por ir
donde sé que he de sentir
placer con amor que habré!
Si mucho el vivir le dura
yo le daré gran tristura,
que por ir donde hay holgura
la vida le quitaré.

***
Cristóbal de Castillejo
(España, 1492-1550)
Al amor
***
Dame, Amor, besos sin cuento,
asido de mis cabellos,
y mil y ciento tras ellos,
y tras ellos mil y ciento,
y después
de muchos millares, tres;
y porque nadie los sienta,
desbaratemos la cuenta
y contemos al revés.

***
Garcilaso de la Vega
(España, ¿1501 o 1503?-1536)
Égloga primera
(Fragmento)
***
Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?
Tus claros ojos ¿a quién los volviste?
¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste?
¿Cuál es el cuello que, como en cadena,
de tus hermosos brazos anudaste?
No hay corazón que baste,
aunque fuese de piedra,
viendo mi amada hiedra,
de mí arrancada, en otro muro asida,
y mi parra en otro olmo entretejida,
que no se esté con llanto deshaciendo
hasta acabar la vida.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

***
Juan de Timoneda
(España, 1585)
Villancico
***
Pues el tiempo se me pasa,
Madre mía, en buena fé,
Sola yo no dormiré.
Gozar quiero de mi edad
Como sabia moza y cuerda,
No queráis, madre, que pierda
Aquesta mi mocedad.
Certifico’s qu’es verdad,
Como ya dicho’s lo he:
Sola yo no dormiré.
Madre, ya sé quién me ama
Y quién servirme desea,
Que no soy tuerta ni fea
Ni mala para en la cama.
¡Qué me falta para dama?
Decildo, que no lo sé:
Sola yo no dormiré.
No soy negra ni mulata
Para no tener amores,
Mochacha como las flores,
Hermosa como la plata.
Duerma sola la beata,
Que tiene causa por qué:
Sola yo no dormiré.
Desnuda soy muy hermosa,
No tengo pelo mal puesto,
Piernas y muslos y gesto,
No se ha visto otra tal cosa.
Noche larga y tenebrosa,
Madre, que me asombraré,
Sola yo no dormiré.
¡Cuál es la que no se espanta
De noche sola en la cama?
Un galán con una dama
Están bien bajo una manta.
Sola no llora ni canta
Una persona qu’esté:
Sola yo no dormiré.

***
Baltasar de Alcázar
(España, 1530-1606)
***
Tres cosas me tienen preso
Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón:
la bella Inés, el jamón
y berengenas con queso.
Esta Inés, amantes, es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.
Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berengenas con queso.
Fue de Inés la primer palma,
pero ya júzgase mal
entre todos ellos cuál
tiene más parte en mi alma.
En gusto, medida y peso
no le hallo distinción;
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berengenas con queso.
Alega Inés su beldad,
el jamón que es de Aracena,
el queso y la berengena
la española antigüedad.
Y está tan en fiel el peso,
que, juzgado sin pasión,
todo es uno: Inés, jamón
y berengenas con queso.
A lo menos este trato
destos mis nuevos amores
hará que Inés sus favores
me los venda más barato,
pues tendrá por contrapeso,
si no hiciere la razón,
una lonja de jamón
y berengenas con queso.

***
Francisco de Aldana
(España, 1537-1578)
***
¿Cuál es la causa?
¿Cuál es la causa, mi Damón, que estando
en la lucha de amor juntos trabados
con lenguas, brazos, pies y encadenados
cual vid que entre el jazmín se va enredando,
y que el vital aliento ambos tomando
en nuestros labios, de chupar cansados,
en medio tanto bien somos forzados
llorar y sospirar de cuando en cuando?
Amor, mi Filis bella, que allá dentro
nuestras almas juntó, quiere en su fragua
los cuerpos ajuntar también tan fuerte
que no pudiendo, como esponja al agua,
pasar del alma al dulce amado centro,
llora el velo mortal su avara suerte.

***
San Juan de la Cruz
(España, 1542-1591)
Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual.
***
Noche oscura
En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
Aquesta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
¡Oh noche que guiaste!
¡Oh, noche amable más que la alborada!
¡Oh, noche que juntaste
Amado con Amada,
Amada en el Amado transformada!
En mi pecho florido,
que entero para él sólo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
El aire del almena,
cuando ya sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
Canción de la llama de amor viva
¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro!
¡Oh cauterio suave!
¡oh regalada llaga!
¡oh mano blanda! ¡oh toque delicado
que a la vida eterna sabe
y toda deuda paga!
¡matando, muerte en vida la has trocado!
¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores,
calor y luz dan junto a su querido!
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras;
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!

***
Miguel de Cervantes Saavedra
(España, 1547-1616)
¿Quién menoscaba mis bienes?
***
¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes.
Y ¿quién aumenta mis duelos?
Los celos.
Y ¿quién prueba mi paciencia?
Ausencia.
De ese modo, en mi dolencia
Ningún remedio se alcanza,
Pues me matan la esperanza
Desdenes, celos y ausencia.
¿Quién me causa este dolor?
Amor.
Y ¿quién mi gloria repuna?
Fortuna.
Y ¿quién consiente en mi duelo?
El cielo.
De ese modo, yo recelo
Morir deste mal extraño,
Pues se aúnan en mi daño
Amor, fortuna y el cielo.
¿Quién mejorará mi suerte?
La muerte.
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
Mudanza.
Y sus males, ¿quién los cura?
Locura.
De ese modo, no es cordura
Querer curar la pasión,
Cuando los remedios son
Muerte, mudanza y locura.

***
Luis de Góngora
(España, 1561-1627)
***
De un caminante enfermo que
se enamoró donde fue hospedado
Descaminado, enfermo, peregrino
En tenebrosa noche, con pie incierto
La confusión pisando del desierto,
Voces en vano dio, pasos sin tino.
Repetido latir, si no vecino,
Distinto oyó de can siempre despierto,
Y en pastoral albergue mal cubierto
Piedad halló, si no halló camino.
Salió el sol, y entre armiños escondida,
Soñolienta beldad con dulce saña
Salteó al no bien sano pasajero.
Pagará el hospedaje con la vida;
Más le valiera errar en la montaña,
Que morir de la suerte que yo muero.
***
Noble desengaño
***
Noble desengaño,
gracias doy al cielo
que rompiste el lazo
que me tenía preso.
Por tan gran milagro
colgaré en tu templo
las graves cadenas
de mis graves yerros.
Las fuertes coyundas
del yugo de acero,
que con tu favor
sacudí del cuello,
las húmidas velas
y los rotos remos,
que escapé del mar
y ofrecí en el puerto,
ya de tus paredes
serán ornamento,
gloria de tu nombre,
y de Amor descuento.
Y así, pues que triunfas
del rapaz arquero,
tiren de tu carro
y sean tu trofeo
locas esperanzas,
vanos pensamientos,
pasos esparcidos,
livianos deseos,
rabiosos cuidados,
ponzoñosos celos,
infernales glorias,
gloriosos infiernos.
Compóngante himnos,
y digan sus versos
que libras captivos
y das vista a ciegos.
Ante tu deidad
hónrense mil fuegos
del sudor precioso
del árbol sabeo.
Pero ¿quién me mete
en cosas de seso,
y en hablar de veras
en aquestos tiempos,
donde el que más trata
de burlas y juegos,
ése es quien se viste
más a lo moderno?
Ingrata señora
de tus aposentos,
más dulce y sabrosa
que nabo en adviento,
aplícame un rato
el oído atento,
que quiero hacer auto
de mis devaneos.
¡Qué de noches frías
que me tuvo el hielo
tal, que por esquina
me juzgó tu perro,
y alzando la pierna,
con gentil denuedo,
me argentó de plata
los zapatos negros!
¡Qué de noches destas,
señora, me acuerdo
que andando a buscar
chinas por el suelo,
para hacer la seña
por el agujero,
al tomar la china
me ensucié los dedos!
¡Qué de días anduve
cargado de acero
con harto trabajo,
porque estaba enfermo!
Como estaba flaco,
parecía cencerro:
hierro por de fuera,
por de dentro hueso.
¡Qué de meses y años
que viví muriendo
en la Peña Pobre
sin ser Beltenebros;
donde me acaeció
mil días enteros
no comer sino uñas,
haciendo sonetos!
Qué de necedades
escribí en mil pliegos,
que las ríes tú ahora
y yo las confieso!
Aunque las tuvimos
ambos, en un tiempo,
yo por discreciones
y tú por requiebros.
¡Qué de medias noches
canté en mi instrumento:
“Socorred, señora,
con agua a mi fuego”!
Donde, aunque tú no
socorriste luego,
socorrió el vecino
con un gran caldero.
Adiós, mi señora,
porque me es tu gesto
chimenea en verano
y nieve en invierno,
y el bazo me tienes
de guijarros lleno,
porque creo que bastan
seis años de necio.

***
Lope de Vega
(España, 1562-1635)
Íbase la niña
***
Íbase la niña
Noche de San Juan
A coger los aires
Al fresco del mar.
Miraba los remos
Que remando van
Cubiertos de flores,
Flores de azahar.
Salió un caballero
Por el arenal,
Dijérale amores
Cortés y galán.
Respondió la esquiva,
Quísola abrazar,
Con temor que tiene
Huyendo se va.
Salióle al camino
Otro por burlar,
Las hermosas manos
Le quiere tomar.
Entre estos desvíos
Perdido se han
Sus ricos zarcillos;
Vanlos a buscar.
«¡Dejadme llorar
Orillas del mar!
¡Por aquí, por allí los ví,
Por aquí deben de estar!»
Lloraba la niña,
No los puede hallar,
Danse para ellos,
Quiérenla engañar.
«¡Dejadme llorar
Orillas del mar!
¡Por aquí, por allí los ví,
Por aquí deben de estar!»
Tomad niña el oro
Y no lloréis más,
Que todas las niñas
Nacen en tomar,
Que las que no toman
Después llorarán
El no haber tomado
En su verde edad.
***
Francisco de Quevedo
(España, 1580-1645)

***
Amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra, que me llevare el blanco día:
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera;
mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejarán, no su cuidado:
serán ceniza, mas tendrá sentido,
polvo serán, mas polvo enamorado.
Amante agradecido a las lisonjas
mentirosas de un sueño
¡Ay, Floralba! Soñé que te… ¿Dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?
Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,
cual suele opuestas flechas de su aljaba,
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
como mi adoración en su desvelo.
Y dije: “Quiera Amor, quiera mi suerte,
que nunca duerma yo, si estoy despierto,
y que si duermo, que jamás despierte”.
Mas desperté del dulce desconcierto;
y vi que estuve vivo con la muerte,
y vi que con la vida estaba muerto.
Soneto amoroso
Tras arder siempre, nunca consumirme;
y tras siempre llorar, nunca acabarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme;
y tras siempre vivir, jamás morirme;
después de tanto mal, no arrepentirme;
tras tanto engaño, no desengañarme;
después de tantas penas, no alegrarme;
y tras tanto dolor, nunca reírme;
en tantos laberintos, no perderme,
ni haber, tras tanto olvido, recordado,
¿qué fin alegre puede prometerme?
Antes muerto estaré que escarmentado:
ya no pienso tratar de defenderme,
sino de ser de veras desdichado.
Prosigue en el mismo estado
de sus afectos
Amor me ocupa el seso y los sentidos;
absorto estoy en éxtasis amoroso;
no me concede tregua ni reposo
esta guerra civil de los nacidos.
Explayóse el raudal de mis gemidos
por el grande distrito y doloroso
del corazón, en su penar dichoso,
y mis memorias anegó en olvidos.
Todo soy ruinas, todo soy destrozos,
escándalo funesto a los amantes,
que fabrican de lástimas sus gozos.
Los que han de ser, y los que fueron antes,
estudien su salud en mis sollozos,
y envidien mi dolor, si son constantes.

***
Juan de Tassis, conde de Villamediana
(España, 1582-1622)
A una dama que se casaba con un D. N. Castro, impotente, y había sido primero mujer de un capón.
***
Señora, no me fastidia
envidia,
ni mueven mi pluma y labios
agravios,
ni causan en mí desvelos
celos;
antes alabo á los cielos
de que os sirva un impotente;
pues así el alma no siente
envidia, agravios ni celos.
Dióme un tiempo de su amor
dolor:
ver sus deseos premiados
cuidados,
y que os gozasen sus ojos
enojos.
Supe sus aceros flojos
y sabida su impotencia,
cesaron en mi conciencia
dolor, cuidados y enojos.
Es Castro en nombre abreviado
castrado,
castrado á quien falta el “basto”
castro;
castrado y casto varón
capón
mal podrá haceros buen son
cuando “cascabeles toque”
quien es en “toque emboque”
castrado, casto y capón.
Bien sé que este amante rojo
es flojo,
su “pica, taco y pelorto”
corto;
y que no tiene esta pieza
cabeza.
No guerreará con destreza
instrumento tan mellado;
porque está de puro usado
flojo, corto y sin cabeza.
Faltó á vuestro Scipión
bastón;
y aunque á la guerra os provoque
“estoque”
y para entrar la goleta
gineta
y así á la primera treta
asaltos os faltarán,
faltándole el capitán
bastón, estoque y gineta.
No correrá con pujanza
lanza,
ni con gritos ó á lo sordo
bohordo,
ni á fuer de juego en España
caña.
Si el corazón no me engaña
la boda será funesta;
pues no se enristra la fiesta
lanza, bohordo ni caña.
Si no empuña mandricardo
dardo,
ni dispara en vuestro ormuz
arcabuz,
ni enciende cuando os pertrecha
mecha:
siempre andará con sospecha,
señora, que otro os dá asaltos,
un pobre que ve que es falto
de dardo, arcabuz y mecha.
Es un brazo sin espada
nada;
reloj con pesas sin manos
vano,
y un impotente en el hecho
sin provecho.
Ved, señora, el pie derecho
primero que lo juzguéis,
mirad después no lo halléis.
Nada, vano y sin provecho.
Si al potro el ijar no bate
azicate,
y á la yegua que más vuela
espuela,
y á la mula que más rúa
púa,
a ser lerda se habitúa:
y lo mismo es la mujer
si no le bate el correr,
azicate, espuela ó púa.
Fue un tiempo vuestro varón
capón
y es el que os goza al presente
impotente;
amén de otro monje añejo
viejo.
Señora, mi mal consejo
es que corráis buen caballo,
y no busquéis para gallo
capón, impotente ó viejo.
Vos tenéis, señora polla,
argolla,
y en Castro contemplo solas
bolas
y en el caponazo flaco
taco;
y de aquí, señora, saco
que uno de estos solo y vos
nunca juntaréis los dos
argolla, bolas y taco.
Plegue á Dios que no sea Castro
padrastro,
de vuestro huerto y jardín
mastín,
o sea del hortelano
alano:
gozad del garbo lozano
antes que seáis mujer
de un marido que ha de ser
padrastro, mastín y alano.
Tenga otro en vuestros sollozos
gozos,
y en burlando vuestro intento
contento,
y en veros quemar y arder
placer:
que á mí no me han de mover
riscos, bronces y pedernales
a tener de vuestros males
gozos, contento y placer.
A una señora que cantaba
La peregrina voz y el claro acento
Por la dulce garganta despedido,
Con el süave afecto del oído
Bien pueden suspender cualquier tormento.
Mas el nuevo accidente que yo siento
Otro misterio tiene no entendido,
Pues en la mayor gloria del sentido,
Halla causa de pena el sentimiento.
Efectos varios, porque el mismo canto
Deja en la suspensión con que enajena
Cuerdo el enloquecer, la razón loca.
Y por nuevo milagro o nuevo encanto,
Cuando la voz más dulcemente suena,
Con ecos de dolor el alma toca.

***
Sor Juana Inés de la Cruz
(México, 1648-1695)
Redondillas
***
Arguye de inconsecuente el gusto y la censura de los
hombres, que en las mujeres acusan lo que causan
Hombres necios, que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal!
Combatís su resistencia,
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco,
y luego le tiene miedo.
Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro,
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis,
que con desigual nivel,
a una culpáis por cruel,
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quéjaos enhorabuena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada,
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
O ¿cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga,
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia;
pues en promesa e instancia,
juntáis diablo, carne y mundo.
Al que ingrato me deja, busco amante
Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata,
y mato a quien me quiere ver triunfante.
Si a este pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo, por mejor partido, escojo,
de quien no quiero, ser violento empleo;
de quien no me quiere, vil despojo.

***
José Iglesias de la Casa
(España, 1748-1791)
Yo empecé a Luisa a halagar
***
Yo empecé a Luisa a halagar
ayer a la hora de la siesta,
y ella dijo, en jarras puesta:
“¿tiene usted ganas de holgar?”
Díjela: “El que a esto se atreve,
tal vez a más se atreviera”.
Y ella saltó: “Ropa fuera,
y holguémonos cual se debe”.

***
Tomás de Iriarte
(España, 1750-1791)
El mismo
***
Señor D. Juan, quedito, que me enfado:
besar la mano es mucho atrevimiento;
abrazarme… no, D. Juan, no lo consiento.
Cosquillas… ay Juanito… ¿y el pecado?
Qué malos son los hombres… mas, cuydado
que me parece, Juan, que pasos siento…
no es nadie… pues despachemos un momento.
¡Ay, qué placer… tan dulce y regalado!
Jesús, qué loca soy, quién lo creyera
que con un hombre yo… siendo cristiana
mas… que… de puro gusto… ¡ay… alma mía!
Ay, qué vergüenza, vete… ¿y aún tienes gana?
Pues cuando tú lo pruebes otra vez…
pero, Juanito, ¿volverás mañana?

***
José de Espronceda y Delgado
(España, 1808-1842)
El diablo mundo
(Fragmento)
***
El dulce anhelo del amor que aguarda
Tal vez inquieto y con mortal recelo,
La forma bella que cruzó gallarda
Allá en la noche, entre el medroso velo;
La ansiada cita que en llegar se tarda
Al impaciente y amoroso anhelo,
La mujer y la voz de su dulzura,
Que inspira al alma celestial ternura;
A un tiempo mismo en rápida tormenta,
Mi alma alborotaban de contino,
Cual las olas que azota con violenta
Cólera impetuoso torbellino;
Soñaba al héroe ya, la plebe atenta
En mi voz escuchaba su destino;
Ya al caballero, al trovador soñaba
Y de gloria y de amores suspiraba.
Hay una voz secreta, un dulce canto,
Que el alma sólo recogida entiende,
Un sentimiento misterioso y santo
Que del barro al espíritu desprende;
Agreste, vago y solitario encanto
Que en inefable amor el alma enciende,
Volando tras la imagen peregrina
El corazón de su ilusión divina.
Yo desterrado en extranjera playa
Con los ojos, extático seguía
La nave audaz que en argentada raya
Volaba al puerto de la patria mía;
Yo cuando en Occidente el sol desmaya,
Solo y perdido en la arboleda umbría,
Oír pensaba el armonioso acento
De una mujer, al suspirar del viento.
¡Una mujer! En el templado rayo
De la mágica luna se colora,
Del sol poniente al lánguido desmayo,
Lejos entre las nubes se evapora;
Sobre las cumbres que florece el mayo,
Brilla fugaz al despuntar la aurora,
Cruza tal vez por entre el bosque umbrío,
Juega en las aguas del sereno río.
¡Una mujer! Deslízase en el cielo
Allá en la noche desprendida estrella
Si aroma el aire recogió en el suelo,
Es el aroma que le presta ella.
Blanca es la nube que en callado vuelo
Cruza la esfera, y que su planta huella,
Y en la tarde la mar olas le ofrece
De plata y de zafir donde se mece.
Mujer que amor en su ilusión figura,
Mujer que nada dice a los sentidos,
Ensueño de suavísima ternura,
Eco que regaló nuestros oídos,
De amor la llama generosa y pura,
Los goces dulces del amor cumplidos,
Que engalana la rica fantasía,
Goces que avaro el corazón ansía;
¡Ay!, aquella mujer, tan sólo aquélla,
Tanto delirio a realizar alcanza,
Y esa mujer tan cándida y tan bella
Es mentida ilusión de la esperanza.
Es el alma que vívida destella
Su luz al mundo cuando en él se lanza,
Y el mundo con su magia y galanura,
Es espejo no más de su hermosura;
Es el amor que al mismo amor adora,
El que creó las sílfides y ondinas,
La sacra ninfa que bordando mora
Debajo de las aguas cristalinas;
Es el amor que recordando llora
Las arboledas del Edén divinas,
Amor de allí arrancado, allí nacido,
Que busca en vano aquí su bien perdido.
¡Oh llama santa! ¡Celestial anhelo!
¡Sentimiento purísimo! ¡Memoria
Acaso triste de un perdido cielo,
Quizá esperanza de futura gloria!
¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo!
¡Oh mujer, que en imagen ilusoria
Tan pura, tan feliz, tan placentera,
Brindó el amor a mi ilusión primera!…

***
Gustavo Adolfo Bécquer
(España, 1836-1870)
***
Cuando en la noche te envuelven
Cuando en la noche te envuelven
Las alas de tul del sueño,
Y tus tendidas pestañas
Semejan arcos de ébano,
Por escuchar los latidos,
De tu corazón inquieto,
Y reclinar tu dormida
Cabeza sobre mi pecho,
Diera, alma mía,
Cuanto poseo,
¡La luz, el aire
Y el pensamiento!
Cuando se clavan tus ojos
En un invisible objeto,
Y tus labios ilumina
De una sonrisa el reflejo,
Por leer sobre tu frente
El callado pensamiento
Que pasa como la nube
Del mar sobre el ancho espejo,
Diera, alma mía,
Cuando deseo
¡La fama, el oro,
La gloria, el genio!
Cuando enmudece tu lengua
Y se apresura tu aliento,
Y tus mejillas se encienden,
Y entornas tus ojos negros,
Por ver entre sus pestañas
Brillar con húmedo fuego
La ardiente chispa que brota
Del volcán de los deseos,
Diera, alma mía,
Por cuanto espero,
¡La fe, el espíritu,
La tierra, el cielo!
Me ha herido recatándose en las sombras
Me ha herido recatándose en las sombras,
Sellando con un beso su traición.
Los brazos me echó al cuello, y por la espalda
Partióme a sangre fría el corazón.
Y ella prosigue alegre su camino,
Feliz, risueña, impávida; y ¿por qué?
Porque no brota sangre de la herida,
Porque el muerto está en pie.

***
José Martí
(Cuba, 1853-1895)
Mucho, señora, daría
***
Mucho, señora, daría
por tender sobre tu espalda
tu cabellera bravía,
tu cabellera de gualda:
Despacio la tendería,
callado la besaría.
Por sobre la oreja fina
baja lujoso el cabello,
lo mismo que una cortina
que se levanta hacia el cuello.
La oreja es obra divina
de porcelana de China.
Mucho, señora, te diera
por desenredar el nudo
de tu roja cabellera
sobre tu cuerpo desnudo:
Muy despacio lo esparciera,
hilo por hilo lo abriera.

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Friday, April 13, 2007

CHARLES BAUDELAIRE // POEMAS VARIOS

POESÍA COMPLETA
CHARLES BAUDELAIRE


“Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo.”
(Pablo Neruda: Veinte poemas, VIII)

SUERTE DE ÁNGEL, a la vez luminoso y tétrico, amoroso y rebelde, desesperado y ardoroso, Charles Baudelaire tuvo en su mundo y en el mundo actual de la poesía un lugar preponderante. Llegó, lo ocupó y perdura inmortal. Su labor poética fue completada por la prosa, la crítica y la revelación en Francia de un precursor: su endemoniado y trágico, Edgar Poe. Además su propia existencia fue una simbiosis sólo comparable con las de sus próximos Rimbaud y Verlaine. En este volumen presentamos, sin la alteración que hubiera impuesto un presuntuoso, irreverente y hasta diríamos agraviante prurito versificador, casi en su totalidad, la que es su perdurable labor poética. Como en anteriores circunstancias con Whitman, Rilke y Rimbaud, vertimos ahora al castellano corriente sus divinas palabras, expresión de
la esencia poética suya. Lo otro, consecuencia de una obligada y servil adaptación a la métrica, la rima y otras zarandajas del menester poético, además de adocenado, habría resultado un agravio para nuestro poeta incomparable e inimitable, a la vez que desleal actitud ante el lector. Se le brinda aquí, pues, el verbo mas nunca la música sublime de Charles Baudelaire. Es, diríamos, sólo la trama sobre la que urdió sus sinfonías perdurables.

POESIAS

AL POETA IMPECABLE

Al perfecto mago de las letras francesas
A mi muy querido y muy venerado
maestro y amigo

THEOPHILE GAUTIER

Con los sentimientos
de la más profunda humildad
Yo dedico
Estas flores malsanas.

Ch. B.

AL LECTOR

La necedad, el error, el pecado, la tacañería,
Ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos,
Y alimentamos nuestros amables remordimientos,
Como los mendigos nutren su miseria.

Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos cobardes;
Nos hacemos pagar largamente nuestras confesiones,
Y entramos alegremente en el camino cenagoso,
Creyendo con viles lágrimas lavar todas nuestras manchas.

Sobre la almohada del mal está Satán Trismegisto
Que mece largamente nuestro espíritu encantado,
Y el rico metal de nuestra voluntad
Está todo vaporizado por este sabio químico.

¡Es el Diablo quien empuña los hilos que nos mueven!
A los objetos repugnantes les encontramos atractivos;
Cada día hacia el Infierno descendemos un paso,
Sin horror, a través de las tinieblas que hieden.

Cual un libertino pobre que besa y muerde
el seno martirizado de una vieja ramera,
Robamos, al pasar, un placer clandestino
Que exprimimos bien fuerte cual vieja naranja.

Oprimido, hormigueante, como un millón de helmintos,
En nuestros cerebros bulle un pueblo de Demonios,
Y, cuando respiramos, la Muerte a los pulmones
Desciende, río invisible, con sordas quejas.

Si la violación, el veneno, el puñal, el incendio,
Todavía no han bordado con sus placenteros diseños
El canevás banal de nuestros tristes destinos,
Es porque nuestra alma, ¡ah! no es bastante osada.

Pero, entre los chacales, las panteras, los podencos,
Los simios, los escorpiones, los gavilanes, las sierpes,
Los monstruos chillones, aullantes, gruñones, rampantes
En la jaula infame de nuestros vicios,

¡Hay uno más feo, más malo, más inmundo!
Si bien no produce grandes gestos, ni grandes gritos,
Haría complacido de la tierra un despojo
Y en un bostezo tragaríase el mundo:

¡Es el Tedio! - los ojos preñados de involuntario llanto,
Sueña con patíbulos mientras fuma su pipa,
Tú conoces, lector, este monstruo delicado,
-Hipócrita lector, -mi semejante, -¡mi hermano!

Posted by ARKAICO at 14:47:17 | Permalink | No Comments »