Friday, July 18, 2008

POEMAS — ** POE ** — 2 POEMAS

POEMAS — ** POE ** — 2 POEMAS

Edgar Allan Poe
Annabel Lee
***

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Hace muchos, muchos años, en un reino junto al mar,
Habitaba una doncella cuyo nombre os he de dar,
Y el nombre que daros puedo es el de Annabel Lee,
quien vivía para amarme y ser amada por mí.
Yo era un niño y era ella una niña junto al mar,
En el reino prodigioso que os acabo de evocar.
Más nuestro amor fue tan grande cual jamás yo
presentí,
Más que el amor compartimos con mi bella Annabel
Lee,
Y los nobles de su estirpe de abolengo señorial
Los ángeles en el cielo envidiaban tal amor,
Los alados serafines nos miraban con rencor.
Aquel fue el solo motivo, ¡hace tanto tiempo ya!,
por el cual, de los confines del océano y más allá,
Un gélido viento vino de una nube y yo sentí
Congelarse entre mis brazos a mi bella Annabel Lee.
La llevaron de mi lado en solemne funeral.
A encerrarla la llevaron por la orilla de la mar
A un sepulcro en ese reino que se alza junto al mar,
Los arcángeles que no eran tan felices cual los dos,
Con envidia nos miraban desde el reino que es de
Dios.
Ese fue el solo motivo, bien lo podéis preguntar,
Pues lo saben los hidalgos de aquel reino junto al mar,
Por el cual un viento vino de una nube carmesí
Congelando una noche a mi bella Annabel Lee.
Nuestro amor era tan grande y aún más firme en su
candor
Que aquel de nuestros mayores, más sabios en el
amor.
Ni los ángeles que moran en su cielo tutelar,
Ni los demonios que habitan negros abismos del mar
Podrán apartarme nunca del alma que mora en mí,
Espíritu luminoso de mi
hermosa Annabel Lee.
Pues los astros no se elevan sin traerme la mirada
Celestial que, yo adivino, son los ojos de mi amada.
Y la luna vaporosa jamás brilla baladí
Pues su fulgor es ensueño de mi bella Annabel Lee.
Yazgo al lado de mi amada, mi novia bien amada,
Mientras retumba en la playa la nocturna marejada,
Yazgo en su tumba labrada cerca del mar rumoroso,
En su sepulcro a la orilla del océano proceloso.
***
_ _ _
Edgar Allan Poe
Un Sueño en un Sueño

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¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño en un sueno.
Me encuentro en la costa fria
Que agita la mar bravia,
Oprimiendo entre mis manos,
Como arenas, oro en granos.
¡Que pocos son! Y alli mismo,
De mis dedos al abismo
Se desliza mi tesoro
Mientras lloro, ¡mientras lloro!
¿Evitare ¡ oh Dios ! su suerte
oprimiendolos mas fuertes?
¿ Del vacio despiadado
Ni uno solo habre salvado ?
¿ Cuanto hay de grande o pequeño
Solo es un sueño en un sueño ?

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Saturday, June 21, 2008

POEMAS NOVELES - GHOST LOVER 1 Y 2

POEMAS NOVELES - GHOST LOVER 1 Y 2

POEMAS NOVELES - GHOST LOVER 1 Y 2

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Ghost lover 1 (la primera vez en el mercurio)

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No me preguntes por que te apunto
No me preguntes porque lloro
Deja de decirme que me amas eso ya no lo creo
Solo debes saber que mi motivo es el amor que te tengo

Esa noche solo, mi alma intrigada y la garganta
Punzante solo con mis lagrimas recordándote
Porque te amo tanto?
Iluminado solo por la luz de ese mercurio
La suave y fría lluvia consolándome
Y ahí la conocí

La amante fantasma ante mis ojos
Ella tenia tu forma y tu gesto
Pero sus ojos vacíos y negros
Ella se me acerco y me tomo en su seno
Después de un abrazo y una mirada vacía…
Me beso… si lo hizo y como nunca lo habría imaginado
Casi sentí que fuiste tu quien me besaba…
En ese momento ella desapareció….

Y ahora, después de varios encuentros
Después de tantas miradas vacías y apasionantes
Besos bajo ese mercurio….
Por fin ella me revelo su plan…

¡Gracias amante fantasma¡
Matare a aquella que tu reencarnas en apariencia
Y su espíritu será tuyo, las dos serán uno…
Y seremos felices hasta la eternidad….

Y no me preguntes por que te apunto
No me preguntes porque lloro
Deja de decir que me amas……
Ella lo hará por ti, pero necesita un alma…
Y debido al gran amor que te tengo tu la darás….

__________

Ghost lover 2 (el precio del amor eterno)

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Por que soy incapaz de matarte?
Mil veces he dicho que iría hasta el fin contigo…
La amante fantasma quiere tu alma…
Pero tu muerte es un hecho que no podré callar…

Ahora estamos juntos en esto…
Vamos corriendo a lo que da este auto
Deberías dejar de llorar..
Y comprender que hago esto por tu bien…
Tus mudos gritos son inservibles
Ya que el fin nos espera

Ella me miraba en mi desesperación
Tener que matarte era un precio justo?
Merecías tu que lo hiciera?
Pero si no…. como lograre ser feliz
Se me acerco y sentí un poco de maldad en su ser
Pero su consejo fue el mejor…..
¡Gracias amante fantasma¡

Si no soy capaz de matarte…
Ya que te he dicho que iría hasta el fin contigo…..
Entonces moriremos juntos
En este auto al máximo, apagaremos nuestras vidas…
En un cálido beso… y cuando tu alma sea de la amante fantasma….
Por fin seremos felices…

Te amo tanto que no te puedo matar….
Así que lo haremos juntos.
Complaceré a mi amante fantasma
Moriremos en un pozo de sangre, en un beso ahogador…
Y así nuestras almas hacia el fin…
estarán juntas para siempre.

milowishmasterfox

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Wednesday, June 11, 2008

Miscelánea Budista — POEMAS ZEN

http://madeinjapanoriente.blogspot.com/2008/06/miscelnea-budista-poemas-zen.html

Miscelánea Budista — POEMAS ZEN

Miscelánea Budista
Recopilación de poemas Zen
José L. Hernández

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Como se trata de materiales clásicos y muy antiguos no siempre se
tienen los datos de los autores. Los poemas pertenecen a tres autores:
Suzuki, Watts y Deshimaru, los dos primeros son divulgadores a los
que, como mucho, se les debe atribuir la traducción de estos poemas, el
tercero Deshimaru era un monje dedicado a la difusión del budismo. La
primera edición inglesa de Suzuki es de 1949, hace más de cincuenta
años.

* * *
(Tung-shan. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Cuidando de buscar la Verdad según los demás,
cada vez se retiraba más de mí …
Ahora ando sólo conmigo mismo,
y no hay otro más que yo;
no obstante, no soy él…
Una vez entendido esto,
estoy con Él cara a cara.
* * *
(Tozan, undécimo patriarca Zen (807-869).
La Práctica Del Zen, deTaisen Deshimaru)

No busquéis el camino en los otros,
en un lugar lejano;
el camino está bajo nuestros pies.
Ahora viajo solo…
Pero puede encontrarlo en todas partes;
ciertamente, él es ahora yo,
pero ahora yo no soy él.
Así también, cuando encuentro lo que encuentro,
Puedo obtener la verdadera libertad.
* * *
(Fu, de T´ai-yüan. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Recuerdo la época en que no tenía visión (satori),
cada vez que oía la flauta mi corazón se afligía.
Ahora no tengo sueños vanos en mi almohada,
me limito a dejar que el flautista ejecute el son que le plazca.
* * *
(Poema haiku japonés. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
¡Oh! ¡Esto es Yoshino!
¿Qué más puedo decir?
¡La montaña ataviada con flores de cerezo!.
* * *
(Saigyó, periodo Kamamura (1168-1334).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
¡El aventado humo del monte Fuji
desapareciendo mucho más allá!.
¿Quién conduce el destino
de mi pensamiento, extraviándose con él?.
* * *
(Canción tradicional japonesa.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
¿Llegó? ¿Llegó?
Voy a la orilla a encontrarme con él.
Mas en la orilla no hay nada salvo brisa
que canta entre los pinos.
* * *
(Bashó, poeta haiku. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Una rama despojada de hojas,
un cuervo posado en ella…
Este atardecer de otoño.
* * *
(Hsüeh-tou, compilador del Pi-yen-chi.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)

La brisa primaveral se eleva suavemente sobre el distrito de Chang.
La perdiz canta tiernamente entre los arbustos cargados de flores.
La carpa que salta la turbulenta catarata que se parte en tres se convierte en dragón…
Y ¡qué necio es quien aun de noche la busca en la alberca!.
* * *
(Dogen. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Las flores se van cuando nos apena perderlas,
los yuyos llegan mientras nos apena verlos crecer.
* * *
(Budismo tibetano, tradición del Sendero Breve.
El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Nada de pensamiento, nada de reflexión, nada de análisis,
nada de cultivarse, nada de intención:
deja que se resuelva solo.
* * *
(Zenrin Kushu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
No puedes conseguirlo poniéndote a pensar;
no puedes buscarlo sin ponerte a pensar.
* * *
(Cheng-tao Ke. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Como el cielo vacío, carece de límites,
pero está en su lugar, siempre profundo y claro.
Cuando tratas de conocerlo, no puedes verlo.
No puedes agarrarlo,
pero no puedes perderlo.
Al no poderlo tomar, lo tomas.
Cuando callas, habla;
cuando hablas, calla.
El gran portón esta abierto de par en par para dar limosnas,
y ninguna multitud bloquea el camino.
* * *
(Zenrin Kushu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Una palabra establece el cielo y la tierra,
una espada nivela el mundo entero.
* * *
(Ikkyu, poema doka. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Comemos, evacuamos, nos acostamos y nos levantamos;
este es nuestro mundo.
Todo lo que tenemos que hacer después es morir.
* * *
(Zenrin Kushu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Los gansos salvajes no se proponen reflejarse en el agua,
el agua no piensa recibir su imagen.
* * *
(Poema del Zenrin Kushu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Quietamente sentado, sin hacer nada,
llega la primavera y crece sola la hierba.
* * *
(El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
El monte Lu en lluvia y niebla; el río Che muy crecido.
¡Antes de que fuera allí, no cesaba el dolor del deseo!
Fui allí y retorné… No fue nada en especial:
el monte Lu en lluvia y niebla; el río Che muy crecido.
* * *
(El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
La gloria matutina que florece una hora
no difiere en esencia del pino gigante
que vive un milenio.
* * *
(Gochiku, poema haiku. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
La larga noche;
el sonido del agua
dice lo que pienso.
* * *
(Hoyen (Fa-yen) de Gosozan (Wu-tso-shan) muerto en 1104.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)

Un lote de tierra labrantía yace en silencio, junto a la colina.
Cruzando mis manos sobre el pecho, pregunto gentilmente al viejo labriego:
“¿Con cuánta asiduidad lo vendiste y lo volviste a comprar?”.
Me placen los pinos y bambúes que convidan con refrescante brisa.
* * *
(Poema popular japonés. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Así es la vida:
siete veces abajo,
¡ocho veces arriba!.
* * *
(Goso Hóyen. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Cien años: treinta y seis mil mañanas.
¡Esto mismo, viejo amigo, sigue adelante por siempre!.
* * *
(Chuang-tzu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
El cuerpo como hueso seco,
la mente como cenizas muertas;
eso es verdadero conocimiento:
no esforzarse en saber el porqué.
En la niebla, en la oscuridad,
el sin mente no puede planear.
¿Qué clase de hombre es ese?.
* * *
(Lao-tzu, El Tao. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
¡Suprimid el talento y acabaréis con las ansiedades…!
La gente, en general, es tan feliz como si estuviera de fiesta,
o como si subiera a una torre en primavera.
Yo solo estoy tranquilo, y no he hecho signos,
como un niño que aún no sabe sonreír;
desamparado como si no tuviera casa adonde ir.
Todos los otros tienen más que suficiente,
y solo yo parezco estar necesitado.
Posiblemente mi mente sea la de un tonto
¡que es tan ignorante…!.
Los vulgares son brillantes,
y solo yo parezco ser torpe.
El vulgo discrimina,
y solo yo parezco más que suficiente.
Soy negligente como si fuera oscuro;
a la deriva, como si no me apegase a nada.
La gente, en general, todos tienen algo que hacer,
y solo yo parezco carecer de habilidad y práctica.
Yo solo soy diferente de los otros,
pero valoro la búsqueda del sustento que viene de la Madre.
* * *
(Han-shan. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Pienso en los veinte años que pasaron,
cuando acostumbraba volver a casa tranquilamente desde el monasterio;
toda la gente que vivía en el monasterio decía:
“Han-Shan es un idiota”.
Reflexiono: ¿soy realmente un idiota?.
Pero mis reflexiones no logran resolver la cuestión,
pues ni yo mismo sé quién es el yo.
Me limito a bajar la cabeza; no son necesarias más preguntas,
porque ¿de qué puede servir el preguntar?.
Que vengan y de mí se burlen todo cuanto gusten,
yo sé muy claramente qué quieren decir,
más no he de responder a sus befas,
pues eso se adapta admirablemente a mi vida.
* * *
(Chih-jôu discípulo de Yüan-t´ung. Hsü-chuan
(Transmisión de la lámpara), XX. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Durante veinte años peregriné
todo el camino de Este a Oeste;
y ahora, al encontrarme en Ch´i-hsien,
veo que jamás di ni un paso adelante.
* * *
(Hui-yüan. De Hsü-chuan (Transmisión de la lámpara).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
¡Oh, este raro suceso…!
¿Cómo no me alegraría dar por él diez mil piezas de oro?
Tengo un sombrero sobre mi cabeza, y un atado alrededor de mis ijares.
¡Y en mi cayado llevo la brisa refrescante y la luna llena!.
* * *
(Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Las sombras del bambú están barriendo las escaleras,
pero no se agita el polvo.
La luz de la luna penetra hondamente en el fondo del estanque,
pero en el agua no quedan rastros.
* * *
(Poema del Zenrin Kushu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Los árboles muestran la forma corporal del viento;
las olas dan energía vital a la luna.
* * *
(Mumon (Wu-mên). Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Cientos de flores primaverales; la luna otoñal.
Una refrescante brisa estival; la nieve invernal.
Libra tu mente de todo vano pensamiento
¡Y cuán agradable es para ti toda estación!.
* * *
(Nansen (Nanch´üan). Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Bebiendo té, comiendo arroz,
paso mi tiempo tal como viene.
Observando el río, contemplando las montañas…
¡Cuán sereno y descansado verdaderamente me siento!.
* * *
(Suttanipáta, vers. 949 y 1099. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Lo que está ante ti, descártalo;
que nada quede detrás de ti.
Si luego no captas qué hay en medio,
en nada vagarás.
* * *
(Kena-Upanishad. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Lo concibe quien no lo concibe;
quien lo concibe, no lo conoce.
No lo entienden quienes lo entienden;
lo entienden quienes no lo entienden.
* * *
(Fa-yen de Wu-tsu Shan. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
La hoja de la espada de Chao-chou está fuera de su vaina.
¡Cuán fría como escarcha, cuán flamígera como llama!.
Si uno intenta preguntar: “¿Cómo es eso así?”,
de inmediato aparece una división: esto y aquello.
* * *
(P´ing-t´ien el Mayor. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
El resplandor celeste no se opaca,
la norma perdura por siempre jamás.
Para aquél que traspuso esta puerta,
no hay razonamiento, no hay erudición.
* * *
(Dhritaka, sexto patriarca Zen.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)

Penetra en la verdad última de la mente,
y no tendrás cosas y no-cosas.
Iluminados y no-iluminados… son lo mismo.
No hay mente ni cosa.
* * *
(Manura, vigésimosegundo patriarca Zen.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
La mente se desplaza con las diez mil cosas;
hasta cuando se mueve está serena.
Percibe su esencia a medida que se mueve,
Y no hay júbilo ni aficción.
* * *
(Fudaishi (Fu-ta-shih). Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Ando con las manos vacías y con todo la espada está en mis manos;
marcho a pie, y con todo a grupas de un buey voy cabalgando:
cuando transpongo el puente,
he aquí que el agua no fluye, pero el puente sí.
* * *
(Hui-k´ai (1183-1260). El Paso Fronterizo Sin Puerta (Wu-mên-kuan).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)

El gran camino no tiene puertas,
(pero) ¡cuán entrecruzados son los pasajes!.
Una vez traspuesto este paso fronterizo,
recorres en real soledad el universo.
* * *
(Hui-k´ai (1183-1260). El Paso Fronterizo Sin Puerta (Wu-mên-kuan).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)

¿La naturaleza búdica en el perro? (“¡Wu!”)
La elevación es completa, el mandato inequívoco;
tan pronto vaciles entre ser y no-ser
ya eres cadáver inerte.
* * *
(Visuddhimagga, resumen de la doctrina budista.
El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)

El sufrimiento existe solo, ninguno que sufra;
el hecho existe, pero no quien lo haga;
Nirvana existe, pero nadie que lo busque;
el Sendero existe, pero nadie que lo recorra.
Sólo la miseria existe; no hay mísero,
ni hacedor; no se encuentra nada, salvo el acto.
El Nirvana existe, pero no el hombre que lo busca.
El Sendero existe, pero no el que viaje en él.
* * *
(P´ang, periodo Yüan-ho (806-821).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)

El viejo P´ang nada elige del mundo:
en lo que a él respecta, todo está vacío; ni siquiera tiene asiento,
pues en su casa reina el Vacío Absoluto;
¡En verdad, cuán vacío está sin tesoros!.
Cuando sale el sol, recorre el Vacío,
cuando el sol se pone, duerme en el Vacío;
sentado en el Vacío canta sus canciones vacías.
Y sus canciones vacías reverberan a través del Vacío.
No te sorprendas del Vacío tan integralmente vacío,
pues el Vacío es el asiento de todos los Budas.
Y los hombres del mundo no entienden el Vacío,
pero el Vacío es el tesoro real;
si dices: no hay Vacío,
cometes grave ofensa contra los Budas.
* * *
(Shuan (Shou-an). Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
En Nantai me siento en silencio con incienso encendido.
En un día de arrobamiento, todas las cosas se olvidan.
No es que la mente se detenga y los pensamientos se aparten,
sino que en realidad nada hay que mi serenidad perturbe.
* * *
(Hokoji, discípulo de Baso (Ma-tsu).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)

¡Cuán maravillosamente sobrenatural
y cuán milagroso es esto!
¡Sacar agua y llevar leña!.
* * *
INSCRITO EN LA MENTE CREYENTE (Hsin-hsin-ming)
(Sêng-ts´an, tercer patriarca Zen, muerto en 606.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)

El Método Perfecto no sabe de dificultades,
excepto que rehusa efectuar preferencias:
sólo cuando se libera de odio y amor
se revela plenamente sin disfraz.
Basta la diferencia de una décima de milímetro
para que el cielo y la tierra queden separados:
si quieres verlo manifiesto,
no asumas pensamiento en su favor ni en su contra.
Alzar lo que gustas contra lo que te disgusta…
Esta es la enfermedad de la mente.
Cuando no se entiende el profundo significado (del Método)
se perturba la paz de la mente y nada se gana.
El Método es perfecto como el vasto espacio,
sin faltarle nada, sin nada superfluo:
en verdad, se debe a efectuar elección
que su talidad se pierda de vista.
No persigas las complicaciones externas,
no mores en el vacío interior.
Cuando la mente reposa serena en la unidad de las cosas,
el dualismo se desvanece de por sí.
Y cuando no se entiende integralmente la unidad
de dos modos se sustenta la pérdida:
la negación de la realidad puede conducir a su negación absoluta,
mientras apoyar el vacío puede resultar en su contradicción.
Verbalismo e intelección…
Cuando más nos acompañamos de ellos, más nos descarriamos;
por tanto, fuera el verbalismo y la intelección
y no habrá lugar al que no puedas pasar libremente.
Cuando retornamos a la raíz, ganamos el significado;
cuando perseguimos los objetos externos, perdemos la razón.
En el momento en que nos iluminamos por dentro,
trascendemos el vacío y el mundo que nos enfrenta.
Las transformaciones que se suceden en un mundo vacío que nos enfrenta,
parecen todas reales debido a la Ignorancia:
procura no buscar lo verdadero,
cesa tan solo de abrigar opiniones.
No te entretengas con el dualismo,
evita cuidadosamente perseguirlo;
tan pronto tengas lo correcto y lo erróneo,
lo que se sigue es confusión, la mente se pierde.
Los dos existen debido al uno,
pero ni siquiera te aferres a este uno;
cuando la mente única no está perturbada,
las diez mil cosas no ofrecen ofensa.
Cuando ellas no ofrecen ofensa, es como si no existieran,
cuando la mente no es perturbada, es como si no hubiese mente.
El sujeto se aquieta cuando el objeto cesa,
el objeto cesa cuando el sujeto se aquieta.
El objeto es un objeto del sujeto,
el sujeto es un sujeto de un objeto:
conoce que la relatividad de los dos
reside únicamente en la unidad del vacío.
En la unidad del vacío los dos son uno,
y cada uno de los dos contiene en sí la totalidad de las diez mil cosas;
cuando no se efectúa discriminación entre esto y aquello,
¿cómo puede surgir un criterio unilateral y prejuicioso?.
El Gran Método es calmo y de espíritu abierto,
nada es fácil, nada es difícil:
los propósitos pequeños son irresolutos,
cuando más se apresuran más se demoran.
El apego jamás se mantiene dentro de los lazos,
es seguro que marche en sentido equivocado:
déjalo ir flojo, que las cosas sean como fueren,
mientras la esencia ni parte ni mora.
Obedece a la naturaleza de las cosas, y estarás en concordia con el Método,
calmo, cómodo y libre de molestia;
mas cuando tus pensamientos están atados, te alejas de la verdad,
se tornan más pesados y torpes, y de ningún modo son sensatos.
Cuando no son sensatos, el alma está turbada,
¿de qué sirve, entonces, ser parcial y unilateral?.
Si quieres recorrer el curso del Único Vehículo
no tengas prejuicios contra los objetos-de-los-seis-sentidos.
Cuando no tienes prejuicios contra los objetos-de-los-seis-sentidos,
a la vez te identificas con la Iluminación.
El sabio es no-activo,
mientras el ignorante se ata;
mientras que en el mismo Dharma, no hay individuación,
ignorantemente se apegan a objetos particulares.
Son sus propias mentes las que crean ilusiones,
¿no es esa la máxima de las contradicciones?.
La Ignorancia engendra el dualismo del reposo y del desasosiego.
Los iluminados carecen de gustos y disgustos.
Todas las formas de dualismo
medran ignorantemente por la mente misma,
son como visiones y flores en el aire:
¿por qué debemos perturbarnos tratando de agarrarlas?.
Ganancia y pérdida, correcto y erróneo…
¡fuera con ellos de una vez por todas!.
Si el ojo nunca se duerme
todos los sueños cesan de por sí:
si la mente retiene su unidad,
las diez mil cosas son de una sola talidad.
Cuando se sondea el hondo misterio de la talidad única,
de repente olvidamos las complicaciones externas:
Cuando se ve a las diez mil cosas en su unidad,
retornamos al origen y seguimos siendo lo que somos.
Olvida el porqué de las cosas,
y alcanzas un estado más allá de la analogía:
el movimiento detenido no es movimiento,
y el reposo puesto en movimiento no es reposo.
Cuando no se obtiene más el dualismo,
ni siquiera la unidad misma sigue siendo como tal.
El fin último de las cosas, donde no pueden ir más allá,
no está sujeto a reglas ni medidas:
la mente en armonía con el Método es el principio de la identidad,
en el que hallamos todas las acciones en un estado de quietud;
las irresoluciones son descartadas por completo,
y la fe recta es restablecida en su rectitud genuina.
Así nada es retenido,
nada es memorizado,
todos es vacío, lúcido, auto-iluminativo.
No hay mancha, ni ejercicio, ni derroche de energía:
he aquí donde jamás alcanza el pensamiento,
he aquí donde la imaginación fracasa en sus mediciones.
En el reino superior de la Talidad Verdadera
no hay “otro” ni “yo”.
Cuando se pide una identificación directa
sólo podemos decir: “No dos”.
Al no ser dos todo es lo mismo,
todo lo que es, está comprendido en ello:
los sabios de los diez sectores,
todos entran en esta fe absoluta.
Esta fe absoluta está más allá de la prisa (tiempo) y de la extensión (espacio).
Un instante es diez mil años.
No interesa cómo están condicionadas las cosas, ya sea con “ser” o “no ser”,
eso se manifiesta por doquier ante ti.
Lo infinitamente pequeño es tan grande como grande puede ser,
cuando se olvidan las condiciones externas;
lo infinitamente grande es tan pequeño como pequeño puede ser,
cuando se ponen fuera de la vista límites objetivos.
Lo que es lo mismo con lo que no lo es,
lo que no es lo mismo con lo que es:
donde no pueda obtenerse este estado de cosas,
asegúrate de no entretenerte.
Uno en todos,
todos en uno…
Si sólo se comprende esto,
¡No te preocupes más por no ser perfecto!.
La mente creyente no está dividida,
e indivisa es la mente creyente…
He aquí donde fallan las palabras,
pues esto no pertenece al pasado, al futuro ni al presente.
* * *
HOKYO ZAN MAI (Samadhi del Espejo del Tesoro)
(Maestro Tozan, 807 – 869. La Práctica Del Zen, de Taisen Deshimaru).

Sin error, sin duda, así es el Dharma.
Buda y los maestros de la transmisión no hablaron de él.
Ahora podéis obtenerlo.
Por eso, os lo ruego, conservadlo intacto.
La nieve blanca
se amontona en la bandeja de plata.
La luz de la luna envuelve a la garza blanca.
Son parecidas,
pero no idénticas.
Se funden íntimamente,
pero cada una comprende su estado.
La conciencia no es lenguaje.
Si se presenta la ocasión
también hay que pasar por esto.
Turbado por las palabras,
te precipitas en el abismo.
En desacuerdo con las palabras,
topas con el límite de la duda.
Salir al encuentro,
tocar.
Ni una ni otra cosa valen,
es como una bola de fuego.
Expresarse
con lenguaje adornado
es desvirtuar.
La medianoche
es luz verdadera,
el alba
no es claro
Aun cuando no sea sin conciencia,
no es sin lenguaje.
Pero si es inconsciente,
se hace lenguaje.
Es como mirarte en un espejo:
la forma y el reflejo cara a cara.
Tú no eres el reflejo,
pero el reflejo es tú.
El bebé está en el mundo
bajo cinco condiciones:
no va ni viene,
no llega de pronto…
no es amo de quedarse….
no habla….baba wawa…
Por último, no puede obtener
el objeto deseado,
pues su lenguaje no es justo.
Las seis líneas del hexagrama del shuri
deciden el juego mutuo.
Sin embargo, la causa de se establezca
el tres resulta ser el cinco.
Como los cinco sabores de la planta chisso
Es igual que un cetro de diamante
Cuando lo derecho y lo oblicuo
se hallan y pellizcan
(como las piernas en loto),
danse maravillosamente
pregunta y respuesta confundidas.
Intimo con el origen
familiar con la Vía.
Si hay mezcla,
hay felicidad.
Pero no debemos cometer
error alguno.
Es inocente y misterioso,
no pertenece a la ilusión
ni al satori.
La ley de la interdependencia y la ocasión
pueden realizarse en la claridad
y el silencio del corazón.
El microcosmos penetra en el infinito.
El límite del macrocosmos
es el propio límite del cosmos.
La creación de una diferencia,
incluso ínfima,
no puede armonizarse
con el ritmo de la música.
Tenemos ahora lo súbito y lo gradual,
el Zen se hace sección,
una medida para las comparaciones.
A pesar de la comprensión a través de las sectas
y de la realización de la idea, hay una
mancha en el verdadero satori.
En el exterior, la calma.
En el interior, el movimiento.
Como el caballo trabado
y el ratón escondido.
Todos los maestros de la transmisión
se han afligido en lo tocante a este punto,
por eso sienten la necesidad de brindar el dharma.
Todos van tras ilusiones erróneas,
por eso se confunde el blanco con el negro.
Cuando la ilusión se desvanece, en el mismo
instante cada uno puede comprenderse a sí mismo.
Si deseáis adaptaros, pisad
las viejas huellas transmitidas.
Os lo ruego, estudiad con atención
el ejemplo de los ancianos precedentes.
El árbol ha sido observado durante diez millones de años
para alcanzar la vía de Buda.
Como la debilidad del tigre,
como los ojos nocturnos del caballo.
Por su complejo de inferioridad,
que les hace ver los objetos
como si fueran un raro tesoro,
y puesto que los hombres tienen el horror en su espíritu,
el maestro ha de convertirse en gato
o en buey blanco.
El maestro de tiro con arco,
gracias a su elevada y justa técnica
puede dar en el blanco
incluso a la mayor de las distancias.
Pero si flecha y lanza chocan en pleno vuelo,
la más elevada técnica pierde toda su eficacia.
Canta el hombre de madera,
la mujer de piedra se levanta y baila.
Los súbditos deben obedecer al rey,
el hijo ha de seguir al padre.
No seguir no es el deber filial del hijo,
no obedecer no es ser un verdadero seguidor.
La acción oculta, secreta,
íntimamente utilizada,
parecerá limitada y estúpida.
Su nombre es la causa de la causa,
y es lo único que triunfa.
* * *
MAHAMUDRA
(Niguma, monja tibetana, fundadora del linaje Shangpa de la orden Kagyu.)

No hagas absolutamente nada con la mente
Reside auténticamente, en un estado natural.
Nuestra mente, sin perturbaciones, es realidad.
La clave está en meditar sin flaquear;
Experimenta la gran realidad mas allá de los extremos.
En un Océano lúcido,
Las burbujas nacen y mueren una y otra vez.
De la misma forma, los pensamientos no son diferentes de la gran realidad.
No encuentres faltas; permanece tranquilo.
Cualquiera cosa que nazca, cualquiera cosa que ocurra,
No te apeges, déjala libre en el lugar.
Las apariencias, los sonidos, y los objetos son nuestra mente;
No existe; nada excepto nuestra mente.
La mente esta más allá de los extremos, del nacer y del morir.
La naturaleza de la mente es estar despierta,
Utiliza los cinco sentidos, pero no se aparta de la realidad.
En el estado de equilibrio cósmico
No hay nada que practicar o abandonar
No hay meditación o periodos de práctica.
* * *
EL SAMADHI DEL GRANERO DE LA GRAN SABIDURIA.
(Maestro Ejo. El Zen, de Dogen, de Taisen Deshimaru)
Siento un profundo respeto, que nace desde lo más recóndito de mi compasión, por
vosotros que continuáis la práctica de zazen en el estado de espíritu que voy a describir:
sin intentar obtener nada, sin ninguna meta; sin dejaros influir por vuestra inteligencia
personal; sin mostrar suficiencia por la experiencia que habéis adquirido en el doyo.
Con toda la energía de vuestro cuerpo y de vuestro espíritu, penetrad totalmente en
komyozo, sin daros vuelta hacia atrás para mirar el tiempo.
No busquéis el satori. No escuchéis los fenómenos ilusorios (mayoi):
No detestéis los pensamientos que aparecen, tampoco los améis, y, sobre todo, no los
mantengáis. De todas maneras, sea lo que sea, debéis practicar la gran postura sentada
aquí y ahora. Si no mantenéis los pensamientos, éstos no vendrán por sí mismos. Si os
abandonáis a la espiración y dejáis que la inspiración venga en un armonioso ir y venir,
no hay más que un zafú bajo el cielo vacío, pesado como una llama.
Si no esperáis nada de lo que hacéis, si no consideráis cosa alguna, podéis cortar con
todo, solamente por zazen.
Aunque los ochenta y cuatro mil bonno (deseos, ilusiones) vayan y vengan, si no les
dais importancia, si los abandonáis a sí mismos, en ese momento, de cada uno de ellos, de
uno tras otro y de todos juntos, podrá surgir el maravilloso misterio del granero de la gran
sabiduría.
No existe solamente el komyo del momento de zazen. También está aquel que, paso a
paso, acto tras acto, os hacer ver progresivamente que cada fenómeno puede realizarse
inmediata, automática, independientemente de vuestra inteligencia propia y de vuestros
pensamientos personales. Tal es la verdadera y auténtica certificación que existe sin molestar
la manifestación de komyo.
Es el poder espiritual del no actuar por la luz que se ilumina por sí misma. Este komyo
es originariamente no sustancia, no existencia. Por ello, aunque muchos Budas lo realicen
en este mundo, no son de este mundo. Y, estando en el nirvana, no están en el nirvana.
En el instante de vuestro nacimiento, komyo no existía. En el de vuestra muerte, no
desaparecerá.
Desde el punto de vista de Buda, no aumenta. Desde el punto de vista de los sentidos,
no disminuye.
Así como cuando tenéis ilusiones o dudas, no podéis hacer la pregunta correcta, cuando
tenéis el satori no podéis expresarlo. En ningún momento consideréis nada con vuestra
conciencia personal. Durante las veinticuatro horas del día, tened la calma y la gran tranquilidad
de los muertos. No penséis en nada por vosotros mismos. Así, al practicar la espiración
y la inspiración, vuestra naturaleza profunda y vuestra naturaleza sensitiva, inconsciente
y naturalmente, serán no saber, no comprensión.
Entonces, todo podrá volverse naturalmente calmo, esplendor de komyo, en la unidad
del espíritu y del cuerpo. Por eso, cuando lo llamamos, debería responder rápidamente.
Un solo y mismo komyo armoniza en un todo a la gente del satori y la de las ilusiones.
Así, aunque os pongáis en movimiento, este último no debería perturbaros. Y el bosque,
las flores, las briznas de hierba, los animales, los seres humanos, todos los fenómenos (ya
sean largos, cortos, cuadrados o redondos) podrán realizarse inmediata, automática,
pendientemente de vuestra inteligencia propia y de la acción personal de vuestro pensamiento.
No estéis apegados ni a las ropas ni al alimento ni a la casa. No sucumbáis al deseo
sensual o al apego del amor que son prácticas animales.
Inútil interrogar a los demás sobre komyo, pues su komyo no tiene utilidad alguna para
vosotros.
En el origen, este samadhi es el santo doyo, el océano de todos los Budas. Es entonces
el más grande y el más santo de todos los asientos transmitidos directamente de Buda en
Buda a través de la santa práctica universal. Puesto que ahora sois discípulos de Buda,
debéis hacer zazen tranquilamente en su asiento.
No os sentéis en el zafú infernal, el zafú gaki, animal o asura, ni tampoco en el de los
shomon o de los engaku. Practicad solamente shikantaza. No perdáis el tiempo. Es lo que
se llama el auténtico espíritu del doyo, el verdadero komyo samadhi, el maravilloso y espléndido
satori.
Este texto sólo debe ser leído por los verdaderos discípulos del Maestro Dogen, aquellos
que están autorizados a entrar en su habitación.
Lo he escrito para mis compañeros de zazen, para que no haya puntos de vista erróneos,
para perfeccionarme a mí mismo y para educar a los demás.
Escrito por Ejo, bajo el reinado del emperador Gouta. Con el más
profundo respeto, en el templo Eihei-ji el 28 de agosto de 1278.
* * *
MONDÓS ZEN
PREGUNTA TÓPICA: ¿Cuál es el significado de la llegada del Primer Patriarca
desde Oeste?
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTAS:

“¿Por qué no se lo preguntáis a vuestra propia mente?”. Respondió el maestro.
Pregunta: “¿Cuál es nuestra mente, señor?”.
Respuesta: “Debéis contemplar el accionar secreto?”.
Pregunta: “¿Cuál es el accionar secreto, señor?.”
El maestro se limitó a abrir y cerrar los ojos, en vez de dar alguna explicación verbal.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:

“Cuando entiendes, no entiende; cuando dudas, no se duda”.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“Es aquello que ni se entiende ni se duda, además no se duda ni se entiende”.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:

“Si hubiese algún significado, nadie se salvaría siquiera a sí mismo”.
Pregunta: “Si aquí no hay significado alguno, ¿cuál es la verdad que se dice alcanzó el
segundo patriarca con Bodhidharma?”.
Respuesta: “Lo que se denomina ‘alcanzó’”, dijo el maestro, “en realidad en ‘no alcanzó’”.
Pregunta: “Si este es el caso, ¿cuál es el significad de ‘no alcanzó’?”.
Respuesta: “Precisamente porque tu mente está siempre corriendo detrás de todos los
objetos que se le presentan y no sabe dónde refrenarse, el patriarca declaró que eres el necio
que busca otra cabeza sobre la suya propia. Si vuelcas tu luz dentro de ti mismo, como
se te dijo que hagas, sin demora, y reflexionas, y cesas de buscar las cosas externas, comprenderás
que tu mente y las de los Budas y patriarcas no difieren recíprocamente. Cuando
llegues de esa manera a un estado de no hacer nada, se dice que alcanzaste la verdad”.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“Supón que un hombre está en el fondo de un pozo de mil pies de profundidad; si pudieses
sacarlo sin usar un trozo de soga, te daría la respuesta sobre el significado de la visita
de nuestro Patriarca aquí”.
Preguntado después acerca de la solución por un niño sirviente del templo, el maestro
dijo:
“¿Por qué, tonto, quién está en el pozo?”.
Vuelto a interrogar sobre el mismo punto, pasado el tiempo, por el mismo niño sirviente,
el maestro le respondió llamándole por su nombre:
“¡Hui-chi!”.
“¡Si, maestro!”. Respondió.
“¡Mira! ¡Estás afuera!”, le dijo el maestro.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTAS:

“Cuando pruebas vinagre, sabes que es ácido; cuando pruebas la sal, sabes que es salada”.
“En el lomo del asno moribundo hay demasiadas moscas”.
“Hoy y mañana”.
“El pelo de una tortuga de una pulgada de largo, pesa siete libras”.
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“El viento portador de escarcha hace que caigan las hojas del bosque”.
“¿Qué significa eso?, preguntó el discípulo.
“Cuando llega la primavera brotan de nuevo”. Fue la respuesta.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“¡Una piedra solitaria en el aire!”.
El discípulo hizo una reverencia en silencio, y el maestro le preguntó:
“¿Entiendes?”.
“No, señor”.
“Es afortunado que no entiendas, dijo el maestro; si hubieses entendido, es seguro que
tu cabeza se hubiese roto en pedazos”.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“Ahora precisamente estoy ocupado, oh venerable monje; ven en otra ocasión”.
Pero cuando el monje discípulo estaba a punto de marcharse, el maestro llamó: “¡Venerable
monje!”, y el monje se volvió.
“¿De qué se trata?”, preguntó el maestro.
De inmediato el discípulo entendió el significado e hizo reverencias, entonces el
maestro efectuó otra observación: “¿De qué sirve hacer reverencias, cofrade testarudo?”.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“¿Qué es eso que llamas significado?”.
“De ser así, ¿no hay significado en esta llegada del Patriarca desde el Oeste?”, dijo el
consultante.
“Eso proviene de la punta de tu lengua”, dijo el maestro.
* * *
PREGUNTAS (MIENTRAS SE MUESTRA UN PALO O CAYADO):
“No llaméis palo a esto; si lo hacéis afirmáis. Tampoco neguéis que es un palo; si lo
hacéis, negáis. Aparte de la afirmación y la negación, ¡hablad, hablad!.”
Sólo un monje salió de entre la concurrencia y, quitándole el palo al maestro, lo arrojó
al suelo.
* * *
“¿Qué es esto?. Si decís que es un cayado, váis derecho al infierno; pero si no es un
cayado, ¿qué es?.”
* * *
El maestro poniendo su vara ahorquillada en el cuello del discípulo:
“¿Qué demonio te enseñó a ser un monje sin hogar? ¿Qué demonio te enseñó a andar
errante?. Ya sea que digas algo o que no digas nada, lo mismo has de morir bajo mi horquilla:
¿habla, habla, sé rápido!”
* * *
El maestro blandiendo su vara, tras preguntar a un discípulo:
“¡No importa lo que digas o lo que no digas, lo mismo tendrás treinta golpes!”.
* * *
OTRAS:
Un discípulo y el maestro tomando té. El discípulo:
¿Qué significa cuando dicen que a pesar de tenerlo todo el día no lo conocemos?.
El maestro, en silencio, le ofreció un trozo de pastel de arroz. Después de comerlo, el
discípulo repitió la pregunta, y, entonces, le dijo el maestro:
No lo conocemos aunque lo usamos todos los días.
* * *
Preguntado acerca de cómo ingresar en el sendero de la verdad, el maestro respondió:
“¿Oyes el murmullo de la fuente?.”
“Si, lo oigo”, dijo el discípulo.
“Hay un modo de ingresar”, concluyó el maestro.

* * *

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Thursday, June 5, 2008

EL AMANTE FANTASMA, Y OTROS POEMAS GOTICOS ** POEMAS NOVELES — MILOWISHMASTERFOX

EL AMANTE FANTASMA, Y OTROS POEMAS GOTICOS ** POEMAS NOVELES — MILOWISHMASTERFOX

EL AMANTE FANTASMA, Y OTROS POEMAS GOTICOS
POEMAS NOVELES
MILOWISHMASTERFOX

**************
_
Ghost lover 3 (perdón amante fantasma)
_
Mil veces le he dicho que iría hasta el fin con ella
Otras cien le he dicho que la amo…
Que ironía la que brota de mis venas
Ya que me iré hasta el fin solo…

Matarle es lo peor que he podido pensar
Morir juntos suena mejor…
Pero como herirle mas de lo que he hecho,
Te estoy fallando a la amante fantasma…

Tu amante fantasma!
Desdichada te denuncia tu llanto
Tus lagrimas de frustración…
Como la ironía que brota de mis venas…

Solo sin el frío consuelo de la amante fantasma
Sin sus miradas vacías…
Sin sus besos apasionantes
Y todo por renunciar a matar a mi amada!
Te sigo fallando amante fantasma…

Perdón amante fantasma!
pero la amo demasiado…
Tanto así que renuncio a tu amor eterno…
Y me quedo con la miseria de amar a quien no me ama

Y ahora solo en este frío
Donde se agota mi vida a cada minuto…
Suspiro mis ultimas veces pensando en ella
Y viendo a la amante fantasma mirándome
Con sus lagrimas cual color asemeja…
La sangre que sale mis venas

Mil veces le he dicho que iría hasta el fin con ella
Otras cien le he dicho que la amo…
Que ironía la que brota de mis venas…
Ya que me iré hasta el fin solo
Y me quedo con la miseria de amar a quien no me ama…
_
Milowishmasterfox

*****************
_
Ghost lover 4 (Mi Inspiración… TU)

_
En este frió rincón…
Ala luz de este mercurio…
Muriendo minuto a minuto
He llegado al limite por ti
Pero… piensas tu en mi?

Por que te amo tanto?
Por que siento explotar mi corazón…
con solo imaginar que me besas?
Me siento tan idiota por morir por alguien…
Que no sabe cuanto la amo

Pero talvez sea yo el culpable
De la miseria en la que estoy…
Será que debí decirte cuanto te amo
O no lo demostré lo suficiente.

Pues cuando leas esto ya estaré muerto
Y por fin podrás saber…
Que en un loco sueno…
Yo deseaba que llegaras a ser…
La madre de mis hijos

Y que cuando te miraba con otro…
mis labios sangraban…
De tanto que los mordía

Que tu olor me deleitaba
Y mis sueños nunca abandonaste
Que mi boca se pudra…
Si te miento al decir
Que desde que te vi por primera vez…
no ha pasado un día…
Sin pensar en ti

Que tu sonrisa era la gasolina de mi corazón
Y la esperanza de amarte…
De este nunca llego a desaparecer

Tus suaves manos…
Siempre incitaron alas mías a tomarlas
Tus ojos de amor de luna…
Me llevaban a una ilusión
Que me incitaba a besarte

Si alguna vez Alguien creyó
Que de alguna forma yo estaba molesto contigo…
Entonces no me conoce bien
Es solo que me frustraba amarte tanto…
Y no poder hacerte mi mujer

Tu rostro es el único Dios…
Que he venerado
Tu cuerpo…
EL desvelo de mil noches
Tu voz…
La melancolía de recordarte
Tu forma de ser…
Todo un río de mis lagrimas
Tu ser…
Lo único que he amado
lo único por lo que mato
lo único que deseo
lo único por lo que lloro
lo que me motiva a
Escribir este poema de rimas de sangre…

Y tal vez seas… LA RAZON DE MI EXISTENCIA!!!

_
Una breve descripción de lo que siento por ti, pero con todo el AMOR del mundo…

_ MILOWISHMASTERFOX

*******************
_
Pincel cortante
_
Tomo este bolígrafo
Cual dios del amor toma su pincel
Así como escribo estas líneas
El nos pincela el corazón

Tomo tu mano…
Cual dios del amor toma su arco y flecha
Así como sostengo tu mano mirándote con deseo
El me atraviesa el corazón

Miro tu rostro…
Cual dios del amor me mira llorar
Así como infinitamente te deseo
El desea verme amándote

Te escribo mil poemas…
Cual dios del amor te intenta flechar
Así como imposible me es tu amor
El no puede obligar a otra Diosa a amar…

Milowishmasterfox

***************
_
Los cuervos me odian

_
Puedo sentir sus frías miradas
Como ellos sienten mi piel
Ellos esperan el fin de los latidos
De un corazón que ya no quiere marchar

Este frió me da un calido alivio
Pero su presencia me aterra
Que más da si mi memoria se perderá
Pero no seré su festín

No daré el gusto a los que me odian
De verme siendo comida de cuervos
Debo levantarme
Y decepcionar su hambre

La vida me ha decepcionado
Y la muerte me parece una aventura interesante
Pero el mundo no gira a mi entorno
Una lección que me ha costado aprender

Y no derramare mi sangre
Por capricho de algunos malditos
Que no soportan mi existencia
Ni daré mi carne a los cuervos
Luego les arrojare la carne de mis enemigos

Debo enfrentar el mundo tal y como es
Aunque me parezca tan absurdo
Vivir en un mundo sin palabra
Y seguiré nadando contra corriente
Buscando la libertad

No marcare la meta de esta carrera
Acabando con mi vida
Prefiero acabar con la de los malditos
Ahora veo que la mía vale mas…
_

Milowishmasterfox

************

_
La vida se congela

_
Como cuesta creer cuando
Se niega lo que se ve
Como cuesta sentir cuando no se toca

El frió a tu alrededor te acoge
En un inexplicable calor

No todos mueren de la misma manera que tu
Para que rezas si estas maldito
La vida se congela y no te das cuenta

La vida se congela
La vida se congela

El sufrimiento te agobia
Tu alma se destroza
Tu triste y fría vida te castiga
Y piensas que es el infierno?

Como cuesta creer cuando
Se niega lo q se ve
Como cuesta sentir cuando no se toca

No todos mueren de la misma manera q tu
Para que rezas si estas maldito
La vida se congela y no te das cuenta

No todos mueren de la misma manera q tu
Para que rezas si estas maldito
La vida se congela y no te das cuenta

La vida se congela
La vida se congela
_

Milowishmasterfox

**************
_
Desangr-ARTE
_
Como transmitir el sentimiento usando tinta?
Por que no usar lagrimas?
Tal vez estas no tienen color
Entonces usa tu sangre…

Si debes escribir algo…
Eso que te desvela e imaginas en todo momento
Lo sueñas y roba toda tu atención
Pues que comience el show!

Pero es como una mentira escribir con tinta
Si escribes algo de ti mismo
Usa tu sangre!
Y llena ese espacio vacío

Crea tu entorno oscuro
Y podrás mirar tus sentimientos
Desfila con las criaturas de la noche…
Y celebra tu creación

No dejes ni una sola gota
Inspírate hasta acabar
Y si algo te sobra…
Bébela y brinda por tu inspiración

Toma tu pincel y tu sangre
Usa tu alma de lienzo
Pinta el rostro de tu amada
Y llévalo al museo del asesino

Toma las rosas del jardín de tu amada
Desgarra tu piel con sus espinas
Recuéstate en su vestido de novia
Y deja tu rostro de sangre en el

Cava una tumba en una noche lluviosa
Preferiblemente en el patio de tu casa
Pasa toda la noche dentro
Ahógate con su foto entre tus manos

Ahora deja que el mundo te vea
Y se den cuenta de lo que es arte
Que ella sepa cuanto significa para ti
Tanto que es tu inspiración

Y demuestra que no hay mejor poema
Que el de un chico muerto…
Que lo ha escrito con sangre.
_
Milowishmasterfox

************
_
A sangre fría

En ese momento que me acerque
Y el veneno de tus labios probé
Sostuviste tu mirada hacia la mía
Y estuviste tensa mientras que lo hacia

A sangre fría te tome
El veneno de tus labios probé
A sangra fría te hice mía
Te derretías mientras lo hacia

Tanto tiempo soñando ese momento
Ahora que lo hice no me arrepiento
Era como un miserable favor
Que me concediste con amor

Recuerdo la calidez de tu piel
Como tu veneno sabor miel
Esa noche tu hechizo me pusiste
Mil noches sin dormir
El precio por lo que me diste

A sangre fría te tome
El veneno de tus labios probé
A sangre fría te hice mía
Te derretías mientras lo hacia

A sangre fría deje de decirte te amo
No me iría sin habértelo demostrado
A sangre fría te di la sorpresa
Te demostré mi amor con firmeza

Tanto tiempo soñando ese momento
Ahora que lo hice no me arrepiento
Era como un miserable favor
Que me tome con todo mi amor

A sangre fría…
A sangre fría…

Milowishmasterfox

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Wednesday, June 4, 2008

Poemas Vampíricos — VARIOS

Poemas Vampíricos — VARIOS

Poemas vampíricos

Que los muertos descansen en paz
-Laß die Verstorbenen ruhen-
(Kaspar Stieler, 1632-1707)

¡Muere, Filidor!
¿por qué no moriste por tu deseo?
El coro de promesas de las musas
anunciaba herederos a tu nombre,
aunque pensara Florilis
que ninguno se lamentaría por ti.
Florilis, ciertamente,
reirá con tu muerte;
y, de seguro,
chistes contará
encima de tu ataúd
y brincará, vitoreará
y cantará sobre tu tumba.
Si alguien menciona tu nombre,
tras tu muerte,
como, cuando o donde sea,
ella se burlará sobre tu lápida,
ella misma sacudirá tus roídos huesos.
Mas, orgullosa niña,
no imagines
que te dejaré ir así.
Un rostro espectral,
parecido al mío, te atormentará;
te perseguirá mi fantasma e irá a la cama contigo.
Un opresivo sueño
te despertará frecuentemente.
Con dificultad creerás cómo entonces puedo asustarte:
Haré miserable tu vida con lamentos y golpes.
Si por la mañana te encontraran contusiones,
di que te las hice por vengarme.
Si caes enferma
te atormentaré en tus pensamientos.
Más vale entonces te corrijas
mientras tiempo hay para hacerlo.
Si me desvaneces en las aguas vaporosas del Aquerón
no tendrá sentido quejarse
cuando te atormente mi fantasma.

*******************************

Thalaba el destructor
-Thalaba the Destroyer-
(Robert Southey, 1799)

¡Una noche de tinieblas y tormenta!
Dentro de la cripta
Thalaba depositó al anciano,
para protegerle de la lluvia.
¡Una noche de tormenta! El viento
barría el cielo sin luna,
y gemía entre las columnas de los sepulcros;
y en las pausas de su barrer
oían el caer de la espesa lluvia
sobre el monumento.
En silencio, sobre la tumba de Oneiza
su padre y su esposo se hastiaban.
El almacín desde el minarete
cantó la medianoche.
“¡Ahora, ahora!”, gritó Thalaba;
y sobre la cripta de la tumba
se esparció un pálido resplandor,
como los reflejos de áureo fuego;
y en esta espantosa luz
Oneiza apareció ante ellos. Era ella…
Sus mismas facciones…, alteradas por la muerte,
lívidas mejillas, azulados labios;
pero en sus ojos aparecía
un brillo más terrible
que toda la horridez de la muerte.
“¿Vives aún, infeliz?”,
preguntó con apagada voz a Thalaba;
“¿y debo abandonar cada noche mi tumba
para decirte, en vano,
que Dios te ha abandonado?”
“¡No es ella! _exclamó el anciano_,
¡es un espectro, nada más que un espectro!”
Y dirigiéndose al joven que empuñaba la lanza:
“¡Arrójasela tú mismo!”
“¡Arrójala!”, gritó Thalaba,
y, desprovisto de toda fuerza,
clavó sus ojos en la estremecedora forma.
“¡Sí, arrójala!”, gritó una voz cuyo tono
inundó súbitamente su alma con tanto alivio
como cuando la lluvia en el desierto
de la muerte le libró.
Pero, obediente a aquella conocida voz,
fijó sus ojos en aquello,
cuando Moath, firme de corazón
efectuó el lanzamiento: a través del cadáver del vampiro
voló la lanza, cayó,
y gimiendo por el dolor de la herida
su diabólico morador huyó.
Una azulada luz cayó sobre ellos,
e inundados de gloria, ante sus ojos
el espíritu de Oneiza descansó.

**********************************

The Giaour (fragmento)
(Lord Byron, 1813)

Pero primero, sobre la tierra, como vampiro enviado,
tu cadáver de la tumba será arrancado;
luego, lívido, vagarás por el que fuera tu hogar,
y la sangre de todos los tuyos has de chupar;
allí, de tu hija, hermana y esposa,
a media noche, la fuente de la vida secarás;
Aunque abomines del banquete, debes, forzosamente,
nutrir tu lívido cadáver viviente,
tus víctimas, antes de expirar,
en el demonio a su señor verán;
maldiciéndote, maldiciéndose,
tus flores marchitándose están en el tallo.
Pero una que por tu crimen debe caer,
la más joven, entre todas, la más amada,
llamándote padre, te bendecirá:
¡esta palabra envolverá en llamas tu corazón!
Pero concluir debes tu trabajo y observar
en sus mejillas el último color;
de sus ojos el último destello,
y su postrera y vidriosa mirada debes ver
helarse sobre el azul sin vida;
con impías manos desharás luego
las trenzas de su dorado cabello,
que fueron en vida bucles por ti acariciados
y con promesas de tierno amor despeinados;
¡pero ahora tú lo arrebatas,
monumento a tu agonía!
Con tu propia y mejor sangre chorrearán
tus rechinantes dientes y macilentos labios;
luego, a tu lóbrega tumba caminarás;
ve, y con demonios y espíritus delira,
hasta que de horror estremecidos, huyan
de un espectro más abominable que ellos.

************************************

La tumba inquieta
-The Unquiet Grave-
(Canción tradicional del folklore británico)

El viento no sopla hoy, mi amor,
y caen algunas pequeñas gotas de lluvia;
nunca tuve más que un verdadero amor
y en la tumba fue encerrado.

Haré tanto por mi único amor
como cualquier joven haría;
me sentaré y lloraré junto a su tumba
durante doce meses y un día.

Transcurridos los doce meses y un día,
la muerta empezó a hablar:
“Oh, ¿quién llora junto a mi tumba
y no me deja dormir?”

“Soy yo, mi amor, el que junto a la tumba está
y no te deja dormir;
implorando un beso de tus helados labios,
eso es todo lo que deseo.”

“Imploras un beso de mis helados labios,
pero mi aliento huele fuertemente a tierra;
si te beso con mis helados labios,
tus días estarán contados.”

Esta mañana, en el lejano y verde jardín,
amor, donde solíamos pasear,
la más bella flor que allí crecía
se ha marchitado en su tallo.

También el tallo está seco, mi amor,
y así se marchitarán nuestros corazones;
así que, procúrate felicidad, mi amor,
hasta que Dios te llame.

http://bloodgothic.blogspot.com/2008/06/poemas-vampricos-varios.html

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Monday, April 28, 2008

RECOPILACION GOTICA “LORD DES MORTE” — VOCES DE OSCURIDAD - CUENTO Y POEMAS

RECOPILACION GOTICA “LORD DES MORTE” — VOCES DE OSCURIDAD - CUENTO Y POEMAS

RECOPILACION GOTICA
“LORD DES MORTE”
VOCES DE OSCURIDAD
CUENTOS Y POEMAS
__
VOCES DE LA OSCURIDAD
Literatura Gótica y Oscura
Colección de Poesías y Cuento Maldito
_
NUEVA VÍCTIMA

En la penumbra de mis días
La oscura verdad se revela ante mí
La sangre derramada
Mi muerte no buscaba
Con un grito la maldad reclamaba
Tormentosos deseos posan en la noche
Recuerdos renacen en la oscuridad
Una nueva victima es reclamada
He de sacrificar mi pasión
Que con gracia creó destrucción
El terror en las calles renace
El infortunio cuida al percance
Torturando incrédulos inocentes
Ríos rojos transitan vorazmente
Respirando agonía candente
_
EN LA PROFUNDIDAD DEL MAL
Espíritu de maldad que te posaste en mí
Amo y señor del terror y la muerte
Venga tu ira con sangre inocente
Aplasta sin piedad los corazones misericordiosos
Vuelve pedazos la divina felicidad
Fuerzas de las profundidades del mal
Brindadme el poder para erradicar a la humanidad
Ningún mortal en pié quedará
Por siempre la muerte reinará
El momento de los demonios ha llegado
Las fuerzas oscuras reinarán sobre la luz
El infierno consumido en cenizas
Una nueva tierra conquistará
Santos y pecadores, sacrificados serán
Fuerzas de dolor incineran la tranquilidad
Los débiles la paz reclamarán
Más tu mirada no logrará
_
MI SANGRE POR TU AMOR
Gustoso derramaría mi sangre
Gota a gota sobre tu altar
Si tu amor pudiera lograr
La melancolía de tu ausencia
Tu recuerdo ha de consolar
Te sentiré en mis sueños
Suspiraré por ti
Me entregaré a ti
Perdido en un fúnebre abismo
Recurro la suavidad de tus brazos
Desde mi sepulcro a ti vislumbraré
Soy la sombra que vuela sobre ti
Aquella que te cuida
Aquella que te ama en silencio
Invisible ante tus ojos
Pero siempre presente
Noches colmadas de oscuridad
Consagrarán nuestra alianza
Perpetúa hacia la infinidad
Temibles y arrogantes olas de dulzura
Reposan sobre la luz de mis garras
A la espera de impregnar tu corazón
Rompiendo las cadenas de amargura
Desvariando en un brindis de ternura
_
SANTOS MALÉVOLOS
El reino del terror te saluda
Bienvenidos sean hermanos del mal
Hijos de la oscuridad
Herederos de la desolación
Hundidos en gozo sus corazones latirán
Al unísono de la violencia siniestra
Misión sagrada cumplida
Asesinado el hijo perdido
Abstraído en su gloria perecerá
Calcinado su cuerpo
Derrotada su alma
Olvidada su obra
Que los torturados os maldigan
Bendiciones en el eterno descanso
Fijos en la mente pecadora
Un alma negro celestial
Anuncia la malevolencia absoluta
Por siempre santo el asesino será
Santo del terror te proclamarán
Alas de fuego y cuernos de acero
Tierras escamosas y mares secos crecerán
El poder de la muerte
Contigo lleva perpetuamente
De tus cenizas vida crecerá
Y por siempre el mal renacerá
_
UN LAMENTO EN LA OSCURIDAD
La noche se torna gris
El aroma del pánico
Misteriosas criaturas atrae
En una sinfonía de agonía
Restos humanos lloverán
Gotas rojas en tierra negra
El color de la muerte pregonarán
Cuerpos inertes muestran su anatomía
Cadáveres putrefactos sonríen al olvido.
Ríos de ardiente dolor,
Muestran el sendero del terror
La luna muestra su último aliento
El sol se abre paso entre el repudio
Las aves inician su cantar
La oscuridad terror no brinda más
Lamentos profundos afligen el lugar
Criaturas oscuras lloran sin parar
_
DILEMA
El asesino matar quisiera
Hundir su filoso deseo
En carme joven y blanda
Sentado entre la multitud
Su momento de gloria espera
Éxtasis por sangre regada
En medio de cruel desdicha
Su pecado cometer no puede
Miradas incriminantes imputan su pensar
Por siempre acusado será
Más su conciencia en paz conservará
En un dilema sin solución tropezó
De las entrañas de la penumbra
Una sombría mirada aparece
Cual asecho inconsciente
La sed de muerte asoma tímidamente
Oculto el criminal observa
El cazador víctima será
Víctima de su furia
Encerrado en duda
Martirizado por su deseo
Inmóvil por su pensamiento
Perecerá en sádico calvario
Abstraído en angustiosa espera
Verdugo fracasado permanecerá
Y a su propia vida renunciará
Lord des Morte Voces de la Oscuridad
_
TRAS LA BATALLA
En medio de destellantes truenos
La lluvia sangre limpiaba
Bosques de cadáveres
Inmaculados se tornarían
Gloriosa y horrenda batalla
Sin fin de dolor postrado
En el altar a los héroes venerarán
Más los vencedores tributo no tendrán
La población al unísono cantar
Repudia al triunfador siniestro
Sus cabezas han de buscar
Mutiladas en altares yacerán
El guerrero mata sin piedad
Al iluso poblador muerte hay que dar
Sin aliento nadie sobrevivirá
Víctimas de lo espeluznante
En el marchar del futuro tiempo
Ningún poblador con vida continuó.
Esclavos de su venganza
Abono sangriento en oscura tierra
_
SEDUCCIÓN Y MUERTE
Tus uñas desgarrando mi piel
Tu boca arrancando mis tejidos
Tus manos apartando mis órganos
Tu piel impregnándose en mi sangre
Aliméntate de mi cuerpo
Ámame en voraz deseo
Envuelto en mi excitada agonía
Mi ansiada muerte prolongo
Labios envenenados
Beso mortal que disfrute
Dulce droga genocida
A la muerte adicto seré
Muerte en mi discernimiento
Seducción bajo tus sentidos
Hordas de sangre, vomito de dolor
Divina tortura de placido romance
Caricias me tocan suavemente
Tu víctima soy y lo disfruto
Belleza amante de la carne
Devórame con tu lujuria
Mi sangre me das a beber
Orgasmo de vida me recorre
Tu rostro excitado contemplo
Sonriendo complacida
La delicia de tu sensualidad
La belleza de tu rostro
La ternura de tus besos
La dulzura de tu adiós
El deleite de una noche de pasión
El placer de morir en tu erotismo
Te extrañaré
_
DEVORAR HUMANOS VIVOS
En un paraíso inhóspito y abandonado
Salvaje pero magnánimo
Primitivos voraces al asecho
Cruzan su comarca dedicadamente
Su hambre feroz han de saciar
En bárbara cacería su presa sufrirá
Humanos, víctimas perfectas
Alimento sangriento del siniestro
Exquisito manjar en el paladar
Tras meses de ayuno
Bendición divina florece
Carne fresca perdida está
En busca del hogar lejano
Su sufrimiento comenzará
Más su muerte remota estará
Alimento muerto, muerte trae
La víctima fallecer no debe
Carne de vivos nutren sus almas
Salvaje fiesta desata el voraz horror
Desconsuelo y agonía en los sacrificados
Delicia y placer para los comensales
Uno a uno despojados de miembros serán
Sangre brotará más la muerte no asomará
Concluida la cena la paz retorna
Convalecientes víctimas deben sanar
Curadas las heridas, carnosos nuevamente
Plato principal volverán a presenciar
Querrán morir pero no perecerán jamás
Devorar humanos vivos, vida eterna les dá
Los que antes torturadas víctimas fueron
Hoy en criaturas hambrientas se convirtieron
Viejos y nuevos miembros de la comarca
En orgías de carne se devoran día tras día entre ellos
_
RETRATO DE SANGRE
Lamentos confundidos en gruñidos
La dicha del artista en su obra reirá
Inconcluso de esplendor
Pálido como un cadáver
Basura embellecida
Fruto creado en expectativa
Tormentosos gritos agotan la paz
Oscuros susurros piadosos
Compasión para el lisiado
El objetivo es uno solo
Desangrar para pintar
Desviscerar para adornar
En búsqueda de perfección
Sangre en las manos correrá
Éxtasis de inspiración
Adornan la majestuosidad
Marginar la conciencia
Pérdida total de la realidad
Nada se crea sin sufrimiento
No hay perfección sin dolor
La última creación es la inmolación
En charca sangrienta se baña
Pero en lienzo blanco sus restos
Desparramados reposarán
Adornando la cruel perfección
Que en su vida no encontró
Agonizando creerá ser aplaudido
Inmundicia en sociedad ruin
Escombro de basura dormida
Obra de arte concluida
_
ESPERO POR TI
La belleza de tus palabras
En dulzura mi maldad transforma
En ternura mi odio devuelve
Pobre de mi corazón perdido
Secos y vacíos mis labios
Esperan el momento
Que tu sangre saboreen
En tu compañía mi alma tiene paz
En tu ausencia mi mente te reclama
Lejos y olvidado por el tiempo
Oigo el crujir del cielo
La melancolía se apodera de él
Caen lágrimas de lluvia
Formando un mar de depresión
En el que me ahogaré sin tu amor
Dame la razón que busco
Permíteme ser parte de ti
Permíteme estar a tu lado
_
AMOR ETERNO
_
Acaricié suavemente sus labios, apartando los finos cabellos que cubrían su
rostro y con delicadeza desnude su cuello, una filosa espada corto el viento y
en su trayecto un grito insultó al silencio, un chorro de sangre escurría
apresuradamente sobre su pecho, su cuerpo se desplomó sobre la alfombra ,
su cabeza se mantuvo erguida suspendida de su cabellera oscilando cual
hipnotizador péndulo, una dulce pero dolorosa mirada se mantuvo perenne
en su expresión.
Era el adorno perfecto para incrementar mi colección de preciados
ornamentos, su cabeza ser ía colocada en una bandeja y exhibida con orgullo
en la sala de mi casa . Aquella mujer fue solo una de tantas que tuvieron la
suerte de ser seducidas por mi divina presencia.
Mi vida transcurrió vacía y solitaria , pero luego de un tiempo conocí a
aquella que se convertiría en un gran amor para mí, sin embargo todo lo que
tiene un principio tiene también un final, y todo lo que vive debe morir , por
tanto el momento de acabar nuestra unión había llegado
Perdóname, tendré que matarte, no es porque ya no te quiera, es solo que ha
llegado el momento de terminar ; pero no llores por mi, t e extrañaré pero
pronto encontraré alguien que llene tu vació. No estés triste, prometo llevar
flor es a tu sepultura , ni la estatua de cristo impedirá que me acerque al
lugar donde reposarás. Fuiste a quién más amé en esta vida , sería un honor
para mi conservar tan sólo un pedazo de tu cuerpo para poder acariciarlo en
los momentos de tristeza y soledad.
Toma , bebe este líquido, te hará olvidar el dolor , pronto no sentirá s más
agonía , tus últimos latidos responderán a la excitación de tu cuerpo.
Recuéstat e sobr e mi pecho y permite que bese tus labios, mientra s mis
manos recorren traviesamente los intestinos que brotan de tu vientre.
Pedazos de mi cuerpo empiezan a desprenderse y caer suavemente sobre las
sábanas, es un delicioso dolor el que estoy sintiendo, creo que mi excitación
me hizo errar el golpe, perdóname cariño, la puñalada iba destinada a tu
corazón y en vez de eso, mi propia carne sufrió las consecuencia s de mi
euforia.
La noche casi llega a su fin, se que nos divertimos mucho haciendo el amor ,
recordaré toda mi vida la forma como tu sangre se deslizaba por mi miembro
erecto, y sobre todo recordaré aquel momento en que sentí tu último aliento,
esa última respiración que pedía ser inmortalizada con un ardiente beso. De
todas las mujeres que he asesinado, tú eres sin duda la que más he amado.
Sabes algo, luces tan linda con ese rostro pálido, tu pecho frío y
ensangrentado, no puedo creer que luzcas mucho más preciosa muerta que
viva, aunque ya no puedes moverte estoy seguro que tu alma estaría
agradecida si descargo mi lujuria una vez más sobre tu inerte cuerpo.
Así paso el tiempo, yo y mi difunta amada nos divertíamos mientra s
caíamos inmersos en insaciables orgías de pasión, hasta que el cruel destino
se interpuso ent e nosotros, las fuerzas de la naturaleza hacían efecto. Tu
cuerpo va perdiendo su lúgubre frescura , la sangre de tus venas se ha
agotado producto de mi insaciable sed, las heridas dejadas por mis garras en
tu espa lda ya no sanarán jamás, y el perfume a formol ya no te ha ce tan
sexy como solías serlo.
Estoy deprimido, te estoy perdiendo y con ello también pierdo el deseo por
vivir , y se que todo esto es mi culpa , si no te hubiera matado seguirías junto
a mi, abrazándome y brindándome tu ternura. En mi desolación solo percibo
una solución digna , te seré fiel y no te reemplazaré por otra , me gustaría
morir y reunirme contigo pero, tampoco puedo mor ir , no se puede matar lo
que no tiene vida, no se puede sacrificar lo que ya esta muerto.
Amada mía , te devolveré la vida , vivirás et ernamente en mi interior , soy
consciente de que tu carne ya no es apta para el consumo humano, pero no es
problema para mí puesto que hace mucho que dejé de ser humano. Devoraré
lentamente tu ca rne, entraña s y huesos, tu difunto existir será ingerido por
mi inmortalidad, disfrúta lo cariño, tu deseo de estar siempre unidos se har á
realidad.
Por siempre tu alma y tu cuerpo serán part e sagrada de mi ser , y aquellos
que digan estar é contigo hasta que la
muerte nos separ e , no saben lo que
es el amor . Yo soy eterno y mi amor por ti también lo será a no ser que no
me guste tu sabor y mi cuerpo te expulse en forma de vomito, en cuyo caso
tendrás que conformarte con haber acariciado mis entrañas.

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Monday, April 21, 2008

EDGAR ALLAN POR — EL CUERVO Y OTROS POEMAS

EDGAR ALLAN POR — EL CUERVO Y OTROS POEMAS

EL CUERVO
Y OTROS POEMAS
EDGAR A. POE

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***
EL VALLE DE LA INQUIETUD

¡Hubo aquí, antaño, un valle callado y sonriente
donde nadie habitaba.
Partiéronse las gentes a la guerra,
dejando a los luceros de ojos dulces,
que velaran, de noche, desde azuladas torres
las flores y en el centro del valle cada día
la roja luz del sol yacía indolente.
Mas ya quien lo visite advertiría
la inquietud de ese valle melancólico.
No hay en él nada quieto
sino el aire que ampara
aquella soledad de maravilla.
¡Ah! Ningún viento mece aquellos árboles
que palpitan al modo de los helados mares
en torno de las Hébridas brumosas.
¡Ah! Ningún viento arrastra aquellas nubes,
que crujen levemente por el cielo intranquilo,
turbadas desde el alba hasta la noche
sobre las violetas que allí yacen,
como ojos humanos de mil suertes,
sobre ondulantes lirios,
que lloran en las tumbas ignoradas.
Ondulan, y de sus fragantes cimas
cae eterno rocío, gota a gota.
Lloran, y por sus tallos delicados,
como aljofar, van lágrimas perennes.

***
EL DÍA MÁS FELIZ

El día más feliz, la hora más dichosa
Que mi triste y marchito corazón vivió
Y esa esperanza de poder y orgullo que vanidosa
Presta voló.

¿Dije poder? Pues sí, tal yo pensaba,
Pero ¡ay!, ha tiempo que se desvanecieron
Las visiones que en mi juventud guardaba

Y al final murieron.
¿Y el orgullo? ¿Qué tengo yo que ver contigo?
Aún es posible que otra infausta alma
Reciba el veneno que me diste enemigo

El día más feliz, la hora más dichosa
Que mis ojos verán o han visto enardecidos,
Del orgullo y poder la visión majestuosa ,
¡Son sueños idos!

Mas si aquella esperanza de poder y de orgullo
Se me ofreciera hoy con su dolor y su melancolía
Pienso que aun así el vano orgullo
Una vez más no viviría.

Porque en sus alas hubo un polvo oscuro
Que al aletear cayó en lluvia dispersa
Esencia poderosa y malhadada
Que mata al alma con su roce impuro.

***
EL PALACIO EMBRUJADO

De nuestros valles el más lozano
Un gran palacio muy elevado
Radiante y bello guardaba antaño
De ángeles santos fuera poblado.
Era el dominio del buen Monarca
Del Pensamiento.
Ningún querube con su ala abarca
Tal monumento.

Las oriflamas flotan gloriosas
Áureas al viento desde el tejado,
(Esto en el viejo tiempo pasado
De antiguas cosas)
Toda voluta de aire retoza
En la dulzura de un día tal.
Hay un perfume alado ideal
Que las almenas apenas roza.

Del feliz valle los visitantes
Por dos ventanas solían ver
Danza de espíritus, al ofrecer
Laúd templado notas vibrantes,
Mientras que en trono alto y sereno,

(¡Porfirogeno!)
Ver se podía al soberano del reino arcano.
Perlas, rubíes, grato dechado
la perla augusta resplandecía
Allí fluía… allí fluía…
El eco cuyo deber alado
Era cantar
Al genio ilustre, genio dorado
Del Rey sin par.

Viles villanos que el luto emboza
Se apoderaron del alto Estado
(¡Nunca hay mañana para el cuidado!)
¡Duelo que el tiempo jamás desbroza!
Hoy en su casa ya no es la gloria
La flor ambigua
Pues sólo queda dormida historia
Leyenda antigua.

Y los viajeros que al valle bajan
Por dos ventanas de fatuo fuego
Ven vastas formas que se barajan
A un son discorde en raro juego
Y un río horrendo que se desliza
Bajo el portón pálido y seco,
Torrente horrible, eterno eco
De carcajada ya sin sonrisa.

***
AL SILENCIO

Hay cualidades, incorpóreos seres
que tienen doble vida y son espejo
de esa entidad gemela que dimana .
de materia y de luz, sólido y sombra.

Hay un doble silencio -mar y costa-
cuerpo y alma. Uno mora en sitios solos
con nuevas hierbas; una grave gracia,
algún recuerdo humano, algunas lágrimas,
Quítanle horror, su nombre es «ya no más»
es el silencio corporal: ¡No temas!
Carece del poder de hacer el mal.

Mas, si el hado veloz (¡suerte imprevista!)
te presenta su sombra (elfo su nombre
que vaga en soledades, que no ha hollado
el pie del hombre), encomiéndate a Dios.

***
ULALUME

Los cielos cenicientos y sombríos,
crespas las hojas, lívidas y mustias,
y era una noche del doliente octubre
del tiempo inmemorial entre las brumas,
era en las tristes márgenes del Auber,
el lago tenebroso de aguas mudas,
ante los bosques tétricos del Weir,
la región espectral de la pavura.

A solas con mi alma recorría
avenida titánica y oscura
de fúnebres cipreses, o con mi alma,
con Psiquis, alma que el misterio turba…
Era la edad del corazón volcánico
como las llamas del Yaanek sulfúreas,
como las lavas del Yaanek que brotan
allá del polo en la región nocturna.

Pocas palabras nos dijimos, era
como una confidencia íntima y muda;
palabras serias, pensamientos graves
que la memoria para siempre turban;
no recordamos que era el triste octubre,
que era la noche, ¡noche infausta y única!
no recordamos la región del Auber
que tanto conoció mi desventura,
ni el bosque fantasmagórico del Weir,
la región espectral de la pavura.

Y cuando la noche avanza
de estrellas al vago temblor
al fin de la oscura avenida
un lánguido rayo se ve,
fulgor diamantino que anuncia
de fúnebre velo al través,
que emerge de nube fantástica
la Luna, la blanca Astarté.

Y yo dije a mi alma: «Más que Diana
ardiente aquella misteriosa Luna
rueda al través de un éter de suspiros;
lágrimas de su faz una por una
caen donde el gusano nunca muere.
Para mostrarnos la celeste ruta
y el alma imperio de la paz letea
atrás deja a Leo en las alturas,
sus estrellas traspasando,
de Leo a su despecho, ora nos busca
y sus miradas límpidas y dulces
son las miradas que el amor anuncian.»

Mas, Psiquis dijo señalando al cielo:
«La palidez de ese astro me conturba;
pronto, huyamos de aquí pronto, es preciso».
Y de sus alas recogió las plumas
con intenso terror, y sollozando,
presa de pronto de invencible angustia
plegó las alas hasta el polvo frío
lentas dejando descender las plumas.

Y yo le dije: «Tu terror es vano,
sigamos esa luz trémula y pura,
que nos bañen sus rayos cristalinos,
sus rayos sibilinos que ya auguran
e irradian la belleza y la esperanza.
Mira: la senda de los cielos busca:
Sigamos sin temor sus limpias rayas
Que ellos a playa llevarán seguro,
sigamos esa luz limpia y tranquila
a través de la bóveda cerúlea».

Tranquilicé a mi Psiquis y besándola
de su mente aparté las inquietudes
y sus zozobras disipé profundas,
y convencerla que siguiera pude.
Llegamos hasta el fin; ¡ojalá nunca
llegara! Al fin de la avenida lúgubre
nos detuvo la puerta de una tumba
¡oh triste noche del lejano octubre!
nos detuvo la losa de una tumba,
de legendario monumento fúnebre.
¡Oh, hermana! -dije- ¿Qué inscripción confusa
en la sellada losa se descubre?
Respondióme: «Ulalume», ésta es su tumba,
¡la tumba de tu pálida Ulalume!

Quedó mi corazón como ese cielo
ceniciento, como esas hojas mustias,
como esas hojas yertas y crispadas.
¡Ay!, pensé: el mismo octubre fue sin duda
fue en esa misma noche cuando vine
al través del horror y de la bruma
aquí trayendo mi doliente carga.
¡Oh, noche infausta, infausta cual ninguna!
¡Oh!, ¿qué infernal espíritu me trajo
a esta región fatal de la tristura?
Bien conozco el mudo lago del Auber,
y esta comarca que el horror anubla,
y el bosque fantástico de Weir,
¡la región espectral de la pavura!

***

EL LAGO


De mi vida en la distante primavera, jubilosa primavera,
Dirigí mi paso errante a una mágica ribera.
La ribera solitaria, la ribera silenciosa
De un salvaje lago ignoto que circundan y oscurecen
Negra cinta rocallosa
Y copudos altos Dinos que las auras estremecen
Pero cuando allí la noche su fúnebre manto arroja
Y el místico y gemebundo viento de su melodía,
Entonces, ¡oh!, entonces quiere despertar de su congoja
Del terror del lago triste, despertar el alma mía.
Mas ese terror que dejaba en mi espíritu contento;
Hoy, ni las joyas ni el afán de la riqueza,
Como antes, a contemplarlo llevarán mi pensamiento,
Ni el amor por más que fuese el amor de tu belleza.
La muerte estaba en el fondo de la ola envenenada,
Y una tumba en lo más hondo, pérfidamente adornada
Para quien a su amargura breve tregua hubiera dado
Un solaz, a los dolores de su espíritu afligido,
Y en un Edén transformado
El salvaje lago ignoto, lago triste y escondido.

***
LOS ESPÍRITUS DE LA MUERTE

I

Tu alma, con sus sombríos pensamientos,
Se hallará sola en la siniestra tumba.
Nadie querrá saber lo que en secreto
Tu corazón y tu conciencia ocultan.

II

Sé silencioso en soledad tan grande,
Que no es tal soledad, pues te circundan,
Los espíritus todos de la muerte,
Que ya en vida rondaban en tu busca.
Ellos querrán ensombrecerte el alma
Con sus negros arcanos y sus dudas.
Sé silencioso en soledad tan grande;
Cierra los labios cual la misma tumba.

III

Y la noche, aunque clara y luminosa,
Se tornará de pronto en cueva oscura;
Desde sus altos tronos las estrellas
No alumbrarán tu soledad adusta.
Mas sus rojizos globos sin fulgores
Han de ser a tu tedio y a tu angustia
Como incendio voraz, cual una fiebre
De los que libre no has de verte nunca.

IV

No podrás desechar los pensamientos
Ni las visiones que tu mente turban,
Y que antes en tu espíritu dejaban
La huella del rocío en la llanura.

V

La brisa, que es de Dios el puro aliento,
Soplará en torno de la helada tumba,
Y en la colina tenderá su velo
La niebla vaporosa y taciturna.
Las tinieblas, las sombras invioladas
Símbolo y prenda son; hablan y auguran.
Sobre las altas copas de los árboles
Tiende el misterio su cerrada túnica.

***
EL CUERVO

Una hosca medianoche, cuando en tristes reflexiones
sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
inclinaba somnoliento la cabeza, de repente a mi puerta oí llamar,
como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta mano tímida a tocar.
«Es -me dije- una visita que llamando está a mi puerta, ¡eso es todo, y nada más!»

¡Ah! bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
¡Cuán ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura
procurando en vano hallar tregua a la honda desventura de la muerta
Leonora, la radiante, la sin par
virgen rara a quien Leonora los querubes llaman
-ahora ya sin nombre… nunca más!

Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras,
de tal modo que el latido de mi pecho palpitante
procurando dominar:
«Es, sin duda, un visitante -repetía con instancia-
que a mi alcoba quiere entrar, un tardío visitante a las puertas de mi estancia…
¡eso es todo, y nada más!»

Poco a poco, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando:
«Caballero -dije- o dama, mil perdones os demando;
mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza
me vinisteis a llamar, y con tal delicadeza
y tan tímida constancia os pusisteis a tocar,
que no oí» -dije, y las puertas abrí al punto de mi estancia:
¡sombras sólo y… nada más!
Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo
empeños, quedé allí -cual antes nadie
los soñé forjando sueños,
mas profundo era el silencio, y la calma no
acusaba ruido alguno… resonar
sólo un nombre se escuchaba que en voz baja
a aquella hora yo me puse a murmurar,
y que el eco repetía como un soplo:
« ¡Leonora! ».
¡Esto apenas, nada más!

La ventana abrí, con rítmico aleteo y garbo extraño,
entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto, con aspecto señorial,
fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta de mi puerta el cabezal,
sobre el busto que de Palas la figura representa
¡fue y posóse, y nada más!

Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza
con su grave, torva y seria, decorosa gentileza
y le dije: «Aunque la cresta calva llevas, de
seguro no eres cuervo nocturnal,
¡viejo, infausto cuervo oscuro vagabundo en la tiniebla!
Díme ¿cuál tu nombre, cuál, en el reino plutoniano de la noche y de la niebla?»
Dijo el cuervo «¡Nunca más!»
Asombrado quedé oyendo así hablar al avechucho,
si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho,
pues preciso es convengamos en que nunca
hubo criatura que lograse contemplar
ave alguna en la moldura de su puerta
encaramada, ave o bruto reposar
sobre efigie en la cornisa de su puerta,
cincelada,
con tal nombre: «¡Nunca más!»

Mas el cuervo, fijo, inmóvil, en la grave efigie aquella
solo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella
vinculada; ni una pluma sacudía, ni un acento
se le oía pronunciar…
Dije entonces al momento: «Ya otros antes se
han marchado, y la aurora al despuntar,
él también se irá volando cual mis sueños han
volado.»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»
Por respuesta tan abrupta como justa
sorprendido,
«No hay ya duda alguna -dije- lo que dice
es aprendido,
aprendido de algún amo desdichado a quien la
suerte persiguiera sin cesar, persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de,
en su duelo, sus canciones terminar y el clamor de su esperanza con el triste
ritornelo de “¡Jamás, y nunca más!”»

Mas el cuervo provocando mi alma triste
a la sonrisa,
mi sillón rodé hasta el frente de ave y busto y
de cornisa
luego, hundiéndome en la seda, fantasía y
fantasía dime entonces a juntar, por saber qué pretendía aquel pájaro ominoso
de un pasado inmemorial
aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y /odioso
al graznar « ¡Nunca jamás! »

Quedé yo esto investigando frente al cuervo,
en honda calma,
cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y
/alma.
Esto y más -sobre cojines reclinado- con
/anhelo me empeñaba en descifrar, en el rojo terciopelo donde imprimía viva
/huella luminosa mi fanal,
terciopelo cuya púrpura ¡ay jamás volverá ella
a oprimir ¡ah! ¡nunca más!

Parecióme el aire, entonces, por incógnito
/incensario
que un querube columpiase de mi alcoba en el
/santuario,
perfumado. «¡Miserable ser! -me dije
/Dios te ha oído, y por medio angelical,
tregua, tregua y el olvido del recuerdo de
/Leonora te ha venido hoy a brindar:
¡Bebe! ¡Bebe ese nepente, y así todo olvida
/ahora! »
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Oh profeta! -dije- o duende, más profeta al
/fin, ya seas
ave o diablo, ya te envíe la tormenta, ya te veas
por los vientos barrido a esta playa, desolado
/pero intrépido, a este hogar por los males devastado, dime, dime, te lo
/imploro:
¿Llegaré jamás a hallar algún bálsamo para el
/mal que triste lloro?» Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Oh profeta -dije- o diablo! Por ese ancho,
/combo velo
de zafiro que nos cobija, por el sumo Dios del
/cielo a quien ambos adoramos,
dile a esta alma dolorida, presa infausta del
/pesar
si jamás en otra vida la doncella arrobadora a
/mi seno he de estrechar,
¡el alma virgen a quien llaman los arcángeles
/Leonora! »
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Esa voz, oh cuervo, sea la señal de la partida
-grité alzándome-, retorna, vuelve a tu
/hórrida guarida,
la plutónica ribera de la noche y de la
/bruma!… ¡De tu horrenda falsedad
en memoria, ni una pluma dejes, negra! ¡El
/busto deja! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho! ¡De mi umbral tu
/forma aleja!»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

Y aún el cuervo inmóvil, fijo, sigue fijo en la
/escultura
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la
/moldura…
y sus ojos son los ojos de un demonio que,
/durmiendo, las visiones ve del mal
y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo arroja
/trunca su ancha forma funeral
y mi alma de esa sombra que en el suelo
/flota… nunca se alzará… ¡nunca jamás!

***
A MI MADRE

¡Porque sé que los ángeles que viven en el
/cielo
Y que entre ellos entonan sus más hermosos
/cantos,
No han hallado palabra que tenga los encantos
Que aquel de «madre», del amor gemelo.
Yo te doy ese nombre porque así lo ha querido
Mi corazón: Tú has sido más que la madre mía,
Cuando nuestra Virginia dejó la tierra un día
Y tu amor llenó entonces mi corazón dolido.

Mi pobrecita madre -que se fue tan
/temprano
Era mi propia madre, mas tú lo eres de aquella
Que me fue tan querida en la vida, y por ella,
Te amo más que a la madre que fue la mía
Con ese amor intenso de mi esposa querida
Que era, para mi alma, más que su propia
/vida.

 

***
SONETO A LA CIENCIA

¡Ciencia! del tiempo viejo la hija eres.
Todo lo cambias con tus ojos vagos
¿Por qué en mi corazón saciarte quieres,
¡Oh cuervo!, cuyas alas son estragos?

¿Te amaré yo, ni el sabio en sus anhelos,
Si explayar no dejas sus quimeras
Cuando busca tesoros en los cielos
Dejándose llevar de alas ligeras?

¿No supiste arrancar del carro a Diana,
Y echar las hamadríadas de sus lares
Para acogerse a estrella más lejana?

¿No quitaste a las náyades los mares
Y al elfo el prado? ¿Acaso no prescindo
Por ti del sueño al pie del tamarindo?

***
PARA ANNIE

¡Alabemos al Eterno!
el mal ha cesado ya
y la fiebre del vivir
ahora vencida está.

Sumido en honda tristeza
y carente de energías
tendido todo a lo largo
van transcurriendo mis días.

Ni un solo músculo muevo
pero muy poco me importa;
pues mejoro lentamente
y esto ya me reconforta.

Tan sosegado y tranquilo
hoy en mi tálamo duermo que al verme se creería
que estoy más muerto que enfermo.

Ayes, quejas y gemidos,
lamentaciones y llanto,
aquieta el latido horrible
de mi corazón un tanto.

Con la fiebre por la vida
que enloquecía mi mente,
penas e incomodidades
se alejaron prestamente.

Lo que más me torturaba,
sed de una pasión impía,
bebiendo en cierta fontana
tranquilicé el alma mía.

De no lejana caverna
brota un manantial riente
en el que presto mis labios
saciaron su sed ardiente.

Que nadie tilde de oscura
a la pieza en que reposo,
ni de pequeño a este tálamo
donde yazgo venturoso.

Nadie durmió en lecho igual y,
para en verdad dormir,
otro semejante al mío
es preciso conseguir.

¡Cuán dulcemente reposa
mi alma tantalizada!
Su aspiración por las rosas
y mirtas ya fue olvidada.

Junto a su lecho imagina
otra más suave fragancia de
romero y pensamientos
que embellecen su prestancia.

Extasiada en el recuerdo
de mi Annie y su belleza,
es como duerme mi alma
inebriada en su pureza.

De mi Annie la constancia
admira con embeleso
y recuerda que en su trenza
depositó un tierno beso.

Enlázame con ternura,
con gran pasión me acaricia;
y yo, adormido en su seno,
descanso en plena delicia.

Esta es la causa real
de mi sereno reposo;
y, aunque muerto me creáis
vivo tranquilo y gozoso.

Fulge más mi corazón
que las celestes estrellas;
pues brilla para mi Annie,
la de las miradas bellas.

En el amor de mi Annie
está mi ser abrasado;
y en sus ojos tan ardientes
siempre pienso extasiado.

 

***
EL REINO DE LAS HADAS

¡Valles privados de luz,
fieros y umbríos torrentes,
cuyos contornos las gentes nunca
pueden descubrir!

Gota a gota allí las lágrimas
sin cesar van deslizando
y las lunas aguardando
vense doquiera lucir.

Cada instante de la noche crecen,
y luego se achican;
al punto se modifican
y se cambian de lugar.

De sus faces siempre pálidas
emiten vapores ellas,
que a las tremantes estrellas
hacen su brillo ocultar.

Cerca de la medianoche,
otra más opaca luna,
que las hadas por su bruma,
no encontraron superior,

llega bajo el horizonte
y asiéntase en las montañas
circunferencias extrañas
esparciendo en derredor.

Sus vestiduras flotantes
circuyen los caseríos,
los distantes señoríos,
los bosques y el mismo mar.

Los espíritus danzantes
y los seres adormidos
en laberintos henchidos
de luz se ven sepultar.

¡Cuán profundo hállase entonces
el éxtasis de su sueño
mientras con pálido ceño
las vemos presto venir!

Levántase de mañana
y con sus lunares velos
cual albatros, por los cielos,
vénse, al viento, sacudir.

Mas las hadas, una vez
que se hubieron refugiado
cabe esa luna, y dejado
lo que sirvióles de abrigo,

Ya nunca logran hallar
por aquellos mil lugares
ningunas lunas lunares
que sean refugio amigo.

Las moléculas del astro
pronto se volatilizan
y en fina lluvia deslizan
aquella materia astral.

Por eso, las mariposas
que en vano buscan los cielos,
insatisfechas, sus vuelos
escrutan lo sideral.

Y al descender ya cansadas,
en sus alas temblorosas
nos traen las mariposas
partículas desgajadas
de aquellas lunas hermosas.

***
LA CIUDAD EN EL MAR

Una ciudad exótica se yergue solitaria
donde la Parca pálida implantó sus reales;
allá en el Occidente, la tumba funeraria
a pérfidos y nobles liberó de sus males.

Sus templos, sus palacios y torres carcomidas
que ni oscilan ni tiemblan al impulso del viento,
difieren de los nuestros; y sus aguas dormidas
reposan melancólicas en singular concento.

En la velada noche de esa ciudad callada,
ningún rayo desciende desde el empíreo cielo.
Sólo un resplandor ígneo de la mar alejada
cruza las largas noches de aquel inmenso
/suelo.

Por torres, por almenas, por cúpulas y alturas,
por templos, por palacios y muros babilónicos,
por macizos de hiedra sobre las esculturas,
los resplandores lívidos circulan melancólicos.

Ni siquiera respeta la soledad umbría
las florecillas pétreas de los valiosos frisos
que adornan de sus templos en fúnebre armonía
los claveles, violetas, pámpanos y narcisos.

Bajo el azul del cielo, sumidas en tristeza,
las linfas no agitadas duermen en la ciudad;
y las sombras y flores de aquella fortaleza
parecen suspendidas del aire, en igualdad.

De un torreón, la Parca, cual fantasma gigante,
contempla con orgullo el país señorial
y a sus pies yace inerte… y sonríe triunfante
dueña omnímoda y grave de aquel suelo letal.

Ábrense muchos templos y tumbas sin sus losas
al nivel de las aguas tranquilas y brillantes,
Sin que a dejar sus lechos las induzcan
/premiosas
las joyas de los muertos e ídolos de diamantes.

Aquel amplio desierto que al cristal se asemeja
carece en absoluto de toda ondulación.
Ni una ola siquiera por allí ver se deja…
nada indica si hay vientos en mar de otra
/región.

Mas ahora en el aire nótase un movimiento
que estremece allá abajo aquesta soledad;
en el piélago oscuro el agua en ronco acento
saca de su marasmo a esta triste ciudad.

Sus altos capiteles bambolear parecen
y hundirse entre las ondas que calmas eran
/antes.
Los picos que en la bruma del cielo ya se
/mecen
abrirse parecieran en huecos, oscilantes.

Entonces ya las ondas tienen luz más rojiza…
deslízanse las horas lánguidas y silentes;
quizá sea engullida la ciudad quebradiza
entre ayes y gemidos que no son de vivientes.

Cuando desaparezca y quede sepultada
bajo la mar profunda con todo su oleaje,
vendrá de los mil tronos de Luzbel la mesnada
y entonces el Infierno le rendirá homenaje.

***
BALADA NUPCIAL

En mi dedo está el anillo,
ciñe corona mi frente;
mil joyas de hermoso brillo
adornan mi ser fulgente.
¡Soy feliz eEn el presente!

¡CuáEn bien me ama mi señor
mas en el primer instante
que me declaró su amor
estremeció su dolor
mi espíritu y fiel amante.

Pues sus palabras sonaban
como toque de agonía
y al que murió recordaban
junto al valle eEn lucha impía
Mas hoy, ríe noche y día.

Al querer tranquilizarme
besó mi pálida frente
y en delirio vi patente
al muerto Elormie abrazarme.
¡Hoy sólo debo alegrarme!

En esa hora solemne
empeñé mi juramento…
y si mi fe no es perenne
ni mi espíritu está indemne,
éste vive muy contento.

El anillo está en mi dedo;
prueba de que soy dichosa.
y, aunque tiemblo y tengo miedo,
quiera que despierte quedo
de esta idea fatigosa.

¿Con alguien mal procedí?
El muerto que abandoné,
a quien triste sorprendí,
¿no goza con frenesí
sabiendo que lo cuidé?

***
EULALIA

Desterrado del mundo voluntario,
entre quejas y lágrimas vivía;
era mi alma tristísimo calvario
sin amores ni dulce compañía.

Mas Eulalia, gentil y pudorosa
llegó a ser mi agradable compañera,
y en sus bucles auríferos, la hermosa
recibió mi caricia placentera.

En la noche el fulgor de las estrellas
no iguala sus miradas tan radiantes,
ni en el mínimo crepúsculo hay en ellas
que irise cual sus ojos tan brillantes.

Los bucles que ella ostenta en sus cabellos
inculcan en mi ser la poesía,
y Astarté lanza cálidos destellos
contemplando a mi Eulalia noche y día.

Suspiro por suspiro su alma entera
Eulalia me dedica con amor;
no me invade ya más la duda artera,
ni yazgo en el abismo del dolor.

***
UN SUEÑO DENTRO DE UN SUEÑO

¡Toma en la frente este beso!
Y partiendo, te confieso
Que no fue errado tu empeño
En creer mis días un sueño.
Que si la esperanza mía
Se fue una noche o un día,
En una visión o en nada,
¿Por eso es menos pasada?
Cuanto hay de grande o pequeño,
Sólo es un sueño en un sueño.

Me encueEntro en la costa fría
Que agita la mar bravía,
Oprimiendo entre mis manos,
Como arenas, oro en granos.
¡Qué pocos son!
Y allí mismo,
De mis dedos al abismo
Se desliza mi tesoro
Mientras lloro, ¡mientras lloro!
¿Evitaré ¡oh Dios! su suerte
Oprimiéndolos más fuerte?
¿Del vacío despiadado
Ni uno solo habré salvado?
¿Cuánto hay de grande o pequeño,
Sólo es un sueño en en sueño?

***
ELDORADO

Arrogante
y altanero
Un armado caballero,
Por la luz y por la sombra, alucinado,
Y cantando
Sus canciones, fue vagando
En procura de la tierra de Eldorado.

Pero vano fue su esmero
Y ya viejo el caballero,
Por la sombra el corazón sintió apresado,
Al pensar que nunca el día Llegaría
El que hallara aquella tierra de Eldorado.
Ya sin fuerzas, vacilante,
encontró una sombra errante.
«Sombra» -díjole febril y esperanzado-
A mi súplica responde:
«¿Sabes dónde
Hallaré, de Eldorado la tierra ignota?»

-En la luna, tras de extrañas
Y fatídicas montañas,
En el valle por las sombras habitado-
Respondióle: -Ve adelante,
Caminante,
Si es que buscas esa tierra de Eldorado.

***
ANNABEL LEE

Hace muchos, muchos años, en un reino
/junto al mar,
Habitaba una doncella cuyo nombre os he de
/dar,
Y el nombre que daros puedo es el de
/Annabel Lee,
Quien vivía para amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño y era ella una niña junto al
/mar,
En el reino prodigioso que os acabo de evocar.
Mas nuestro amor fue tan grande cual jamás
/yo presentí,
Más que el amor compartimos con mi bella
/Annabel Lee,
Y los nobles de su estirpe de abolengo señorial
Los ángeles en el cielo envidiaban tal amor,
Los alados serafines nos miraban con rencor.
Aquél fue el solo motivo, ¡hace tanto tiempo
/ya!,
por el cual, de los confines del océano y más
/allá,
Un gélido viento vino de una nube y yo sentí
Congelarse entre mis brazos a mi bella
/Annabel Lee.
La llevaron de mi lado en solemne funeral.
A encerrarla la llevaron por la orilla de la mar
A un sepulcro en ese reino que se alza junto al
/mar,
Los arcángeles que no eran tan felices cual los
/dos,
Con envidia nos miraban desde el reino que es
/de Dios. Ese fue el solo motivo, bien lo podéis
/preguntar,
Pues lo saben los hidalgos de aquel reino
/junto al mar,
Por el cual un viento vino de una nube carmesí
Congelando una noche a mi bella Annabel Lee.

Nuestro amor era tan grande y aún más firme
/en su candor
Que aquel de nuestros mayores, más sabios en
/el amor.
Ni los ángeles que moran en su cielo tutelar, Ni los demonios que habitan negros abismos
/del mar
Podrán apartarme nunca del alma que mora en
/mí,
Espíritu luminoso de mi hermosa Annabel /Lee.

Pues los astros no se elevan sin traerme la
/mirada
Celestial que, yo adivino, son los ojos de mi
/amada. I Y la luna vaporosa jamás brilla baladí
Pues su fulgor es ensueño de mi bella Annabel
/Lee. Yazgo al lado de mi amada, mi novia bien
/amada, Mientras retumba en la playa la nocturna
/marejada,
Yazgo en su tumba labrada cerca del mar
/rumoroso,
En su sepulcro a la orilla del océano proceloso.

***
ISRAFEL

Y el ángel Israfel, en quien las fibras del
corazón son un salterio, y que tiene la voz
más dulce entre todas las criaturas de
Dios.
(EL CORÁN)

Un ángel «lleva en las fibras
Del corazón un salterio»;
De extraña belleza inunda
Tu canto, Israfel, los cielos.
Y las estrellas, deudosas,
(Lo cuentan antiguos cuentos)

Naciente el divino cántico,
Sus himnos enmudecieron.
Allá en lo alto, vacilante
En la cumbre de su vuelo,
Enamorada la luna Enrojeció a sus acentos;
Y para escuchar, su lumbre .
Purpúrea -y al mismo tiempo
Las siete rápidas Pléyades
Hizo una pausa en el cielo.

Y dice el coro estelar-
Dicen los seres suspensos-
Que su arrebato, Israfel
Debe a esa lira de fuego
Con que reclinado, canta;
Al metal vívido y trémulo
Del encordado inaudito
Que puso en ella el Eterno.
Pero mora el Ángel, donde
Los más hondos pensamientos
Son un deber; donde siempre
Fue el amor un dios perfecto,
Y arden cerca ojos de huríes, Si aquí estrellas brillan lejos.

¡Oh Israfel! no yerras cuando
Tu voz áurea tiene a menos
Cantar cantos no sublimes:
A ti el laurel, bardo excelso;
A ti -el mejor ¡por más sabio!
¡Vive alegre y largo tiempo!

Al éxtasis del empíreo
Se hermana tu ritmo angélico-
Tu amor, dolor y alegría
Al fervor de tu salterio,
¡Pueden callar las estrellas!

Sí, Israfel: tuyo es el Cielo.
Mas nuestro mundo es un mundo
De dulzuras y de duelos;
Nuestras flores, sólo flores.
Y la sombra del perpetuo
Bienestar de que allá gozas,
Claro sol es para el nuestro.

De habitar yo donde él vive
E Israfel donde yo muero
Tal vez él no cantaría
Con hechizo tan supremo
Terrestre cántico, mientras
Quizá un himno más intenso,
Alzándose de mi lira Colmara el triunfo los Cielos.

***
LA TIERRA DEL ENSUEÑO

En una senda abandonada y negra
que recorren tan sólo ángeles malos,
donde un Eidolon llamado Noche,
ha erigido su trono solitario;
llegué una vez; cruel atrevido
de Tule ignota los contornos vagos
y al reino entré que extiende sus confines
fuera del Tiempo y fuera del Espacio.
Valles sin lindes, mares sin riberas,
cavernas, bosques densos y titánicos,
Con formas que el humano no descubre
tras el denso rocío que las cubre
montañas que a los cielos desafían
y hunden la base en insondables
mares mares que calmos, agitados luego,
surgen de cielos de color de fuego;
lagos que arrastran, frías y desiertas
sus aguas solitarias, aguas muertas
sus aguas quietas, inmutables, quietas
como corolas de nevados lirios.

Por esos lagos que reflejan sus solitarias
y desiertas aguas, aguas muertas
sus aguas tristes, inmutables, tristes
como corolas de nevados lirios
cerca de aquellos bosques gigantescos,
enfrente de esos negros océanos,
al pie de aquellos montes formidables,
de esas cavernas en los hondos antros,
vénse, a veces, fantasmas silenciosos
que pasan a lo lejos sollozando,
fúnebres y dolientes ¡son aquellos
amigos que por siempre nos dejaron,
caros amigos para siempre idos,
fuera del Tiempo y fuera del Espacio!

Para el alma nutrida de pesares
para el transido corazón, acaso
es el asilo de la paz suprema,
del reposo y la calma en Eldorado.
Pero el viajero que azorado cruza
la región no contempla sin espantos
que a los mortales ojos sus misterios
perennemente seguirán sellados
así lo quiere la Deidad sombría
que tiene allí su imperio incontrastado.
Por esa senda desolada y triste
que recorren tan sólo ángeles malos,
senda fatal donde la Diosa Noche
ha erigido su trono solitario,
donde la inexplorada, última Tule
esfuma en sombras sus contornos vagos,
con el alma abrumada de pesares,
transido el corazón, he paseado…
¡He paseado en pos de los que huyeron
fuera del Tiempo y fuera del Espacio!

***
PARA ALGUIEN, EN EL CIELO

Para mi alma, fuiste, amor,
Cuanto en el mundo sonreía
La isla verde en el mar, amor,
Y la fuente y el ara pía.
Flores brotaban en redor,
Y cada flor, fue sólo mía.

¡Sueño fugaz, de tan brillante!
¡Ampo estelar que de tan puro,
Lució un instante!
En vano a mi alma lo Futuro
Clama: -¡Adelante!
Vuelta al pasado, abismo oscuro,
Persigue, muda, el Sueño amante.

Pues, ¡ay de mí!, la luz de Vida
Se me ha extinguido por jamás.
«Ya nunca más -no más- no más-»
(Así a la playa combatida,
Mar solemne, diciendo vas)
¡Tenderás vuelo, águila herida,
Árbol seco florecerás!

Y éxtasis son mis noches hondas;
Y estoy contigo -alma fraterna
Donde el mirar celeste ahondas,
Donde el flotante andar gobiernas
Al ritmo de qué etéreas rondas,
Ante cuáles ondas eternas.

***
CANCIÓN

En tu día nupcial, te vi encendida
Por ardiente rubor,
Aunque era un cielo para ti la vida,
Y el mundo, en tu presencia, todo amor.

En resplandor que en tu miraba había,
(¿Por qué se avivó tanto?)
Fue cuanto el alma dolorosa mía
Gozó en el mundo, de amoroso Encanto.

«Sólo un pudor de virgen es motivo
De tal rubor», pudo decirse ante él.
Pero ¡ay! reanimó fuego más vivo
En el pecho de aquél.

Que te miró de novia, cuando quiso
Lucir aquel rubor,
Aunque te fuera el mundo un paraíso,
Y en derredor, la vida, toda amor.

***
EL GUSANO VENCEDOR

¡Mirad! Noche de fiesta,
Solemne, es del futuro
En los postreros años de la vida.
Un coro de querubes,
Alados y con tules encubiertos,
Ajando con sus lágrimas los tules,
A un drama de terror y de esperanzas
Asisten en grandioso coliseo
Mientras exhala sobrehumana orquesta
La música sublime de los cielos.
Mimos, de Dios imagen,
Moviéndose veloces, con cautela
Murmuran: ¡meros títeres que impulsa
La voluntad de inmensos y disformes
Seres que van mudando
La escena y arrojando de sus alas
De cóndor, agitadas en la sombra,
La invisible desgracia!

¡Oh, nunca este confuso
Drama será olvidado!
Nunca con Fantasma, eternamente
Por un tropel en vano perseguido,
De círculo a través, que siempre gira.
Y torna al mismo sitio;
Siendo la esencia de la oscura trama
El horror, la locura y el delito.

¡Mas ved! Entre la turba
Mímica se introdujo una rastrera
Figura, ¡ser inmundo!
Cuerpo color de sangre que acechaba
Allá en la soledad del escenario,
¡Se tuerce! ¡Se retuerce!
Con mortales
Tormentos en su pasto se convierten
Los mimos; y los ángeles gimieron
Cuando sus viles uñas
Manchó con sangre humana el vil insecto.

¡Las luces se extinguieron!
¡Y todo yace extinto!
Y, por cubrir las formas
Trémulas, el telón, fúnebre manto,
Cae con la rapidez de una tormenta.
Y pálidos y mustios los querubes,
Irguiéndose, arrancándose sus velos,
Afirman que la mísera comedia
Es la tragedia “Hombre”
Y el inmundo gusano
¡El Héroe vencedor de esta tragedia!

***
SONETO A ZANTE

¡Isla hermosa, la hermosa entre las flores
te dio de nombres bellos el más bello!
¡Qué recuerdos me traen halagadores
las tuyas y tu mágico destello!

¡Cuánta escena pasó de dicha ciega!
¡Cuánta ilusión de anhelos enterrados!
¡Visiones de una niña que no llega jamás,
jamás, a tus risueños prados!

¡Jamás! Todo lo cambia este sonido.
Jamás tu antiguo encanto resucita;
tu recuerdo, jamás. Siendo florido,

me vas a parecer tierra maldita.
¡Jacintito país! ¡Purpúreo Zante!
¡Isola d’oro! ¡Fior di Levante!

***
LA DURMIENTE

Era la medianoche, en junio, tibia, bruna.
Yo estaba bajo un rayo de la mística luna,
Que de su blanco disco como un encantamiento
Vertía sobre el valle un vapor somnoliento.
Dormitaba en las tumbas el romero fragante,
Y al lago se inclinaba el lirio agonizante,
Y envueltas en la niebla en el ropaje acuoso,
Las ruinas descansaban en vetusto reposo.
¡Mirad! también el lago semejante al Leteo,
Dormita entre las sombras con lento cabeceo,
Y del sopor consciente despertarse no quiere
Para el mundo que en tomo lánguidamente
/muere
Duerme toda belleza y ved dónde reposa
Irene, dulcemente, en calma deleitosa.
Con la ventana abierta a los cielos serenos,
De claros laminares y de misterios llenos.

Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Por qué está tu ventana, así, en la noche
/abierta?
Los aires juguetones desde el bosque frondoso,
Risueños y lascivos en tropel rumoroso
Inundan tu aposento y agitan la cortina
Del lecho en que tu hermosa cabeza se reclina,
Sobre los bellos ojos de copiosas pestañas,
Tras los que el alma duerme en regiones
/extrañas,
Como fantasmas tétricos, por el sueño y los
/muros
Se deslizan las sombras de perfiles oscuros.
Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Cuál es, di, de tu ensueño el poderoso encanto?
Debes de haber venido de los lejanos mares
A este jardín hermoso de troncos seculares.
Extraños son, mujer, tu palidez, tu traje,
Y de tus largas trenzas el flotante homenaje;
Pero aún es más extraño el silencio solemne
En que envuelves tu sueño misterioso y
/perenne.
La dama gentil duerme. ¡Que duerman para el
/mundo!
Todo lo que es eterno tiene que ser profundo.
El cielo lo ha amparado bajo su dulce manto,
Trocando este aposento por otro que es más
/santo,
Y por otro más triste, el lecho en que reposa.
Yo le ruego al Señor, que con mano piadosa,
La deje descansar con sueño no turbado,
Mientras que los difuntos desfilan por su lado.
Ella duerme, amor mío. ¡Oh!, mi alma le desea
Que así como es eterno, profundo el sueño sea;
Que los viles gusanos se arrastren suavemente
En torno de sus manos y en torno de su frente;
Que en la lejana selva, sombría y centenaria,
Le alcen una alta tumba tranquila y solitaria
Donde flotan al viento, altivos y triunfales,
De su ilustre familia los paños funerales;
Una lejana tumba, a cuya puerta fuerte
Piedras tiró, de niña, sin temor a la muerte,
Y a cuyo duro bronce no arrancará más sones,
Ni los fúnebres ecos de tan tristes mansiones
¡Qué triste imaginarse pobre hija del pecado
Que el sonido fatídico a la puerta arrancado,
Y que quizá con gozo resonara en tu oído,
de la muerte terrífica era el triste gemido!

***
A HELENA

Sólo una vez te he visto
Sólo una vez- en tiempo ya lejano.
Sé que no muy lejano -pero velan
Brumas de lo pasado su distancia.
Era una medianoche
Del dulce mes de julio; y de la luna –
Que, en ascensión feliz como tu vida
Buscaba, entre los cielos, á más alta
Región, rápida senda-Un velo descendía con reposo,
Con pesadez, con sueño
-Un velo indefinido
De plata y seda y luz- que se extendía

De los erguidos rostros de mil rosas
De un encantado Edén, lleno de calma,
Por el que blandamente o con sigilo
Tan sólo a deslizarse se atreviera
El viento -se extendía
En los erguidos rostros de esas rosas
Que, cual desvanecidas de ternura,
Soltaban en retomo
A la amorosa luz que las besaba.
Sus perfumadas almas -se extendían
En los erguidos rostros de las rosas,
Que sonreían con feliz deliquio en ese paraíso que hechizaba
De tu presencia en él la poesía.

Te vi, como los ángeles, vestida
De blanco, en muelle alfombra de violetas
El cuerpo dulcemente reclinado,
Mientras que, de la luna,
La plateada luz se reflejaba
En los rostros erguidos de las rosas
Y en tu bello semblante
Al cielo alzado con profunda pena.
¿No fue el mismo Destino
Quien en la dulce medianoche -en julio
No fue el mismo destino (cuyo nombre
También es sentimiento) quien detuvo
Mi paso en el dintel del paraíso
Para aspirar el delicado incienso
De esas dormidas rosas?
Todo era soledad, silencio, en torno.
Y, mientras daba a su ruindad olvido,
El mundo que aborrece el alma mía,
Del impalpable sueño en los misterios,
Dos seres angustiados
Velábamos a solas: tú conmigo.
(¡Oh, Cielos! ¡Oh, Señor! ¡Cómo se agita
Mi corazón uniendo estas palabras!)
¡A solas tú conmigo!… El pie detuve… .
La pálida hermosura
Del cielo descendido a tu existencia,
Miré con devoción; y, al encontrarse
Mi vista con la tuya,
Todo dejó de ser, formas y vida,
En ese Edén que tú, maga sublime,
Con tus divinos ojos encantabas.

Perdió la luna su fulgor de perlas
Y huyeron a mis ojos fascinados,
Los ya musgosos bancos, los senderos,
Los árboles, las flores;
Y las puras esencias
De las dormidas rosas fallecieron
En los amantes brazos de los aires.
Todo -todo expiró menos tu imagen;
y aún ella, con la lumbre de la luna
Aún ella se extinguió para mi vista,
Que sólo vi el fulgor de tu mirada
Y el alma de tus ojos
Alzados con pesar a las alturas.
Los vi -y el mundo fueron
Para mi ser tus ojos imantados.
Los vi más breves horas
-Los vi hasta que la luna huyó del cielo.
¡Qué tormentosas luchas
Del corazón!
¡Qué impíos infortunios!
¡Qué lúgubres historias! descubrían,
En misteriosa unión esas esferas
De pura luz celeste!… ¡Y qué brillantes,
Sublimes esperanzas! ¡Qué apacible
Mar de engrandecimiento! ¡Qué osadas ambiciones!
¡Y para amar, qué inmenso poderío!

Ya la amorosa diana
Al mundo se ocultó bajo una densa
Nube de tempestad de occidente;
Y tú, pálida sombra,
Entre la sepulcral y hosca arboleda,
Te deslizaste huyendo taciturna.
Mas sólo la figura de tu cuerpo
-Sólo ella- del jardín y de mi vida
Por siempre se alejó: como dos astros
Quedaron ante mí tus bellos ojos.
Tus ojos que dejarme no quisieron
Y en esa noche, oscura ya, alumbraron
La triste senda de mi hogar sombrío.
Tus ojos, que jamás, cual la esperanza,
Mi ser abandonaron; y me siguen,
Me guían, me seducen
En el largo transcurso de los años.
Ellos mis dueños son y yo su esclavo
Su misión es dar lumbre
Con nobles entusiasmos a mi alma,
Cual mi deber salvarme
De su guiadora luz a los destellos,
Y ser purificado por su llama,
Y ser santificado
De su fuego celeste en los fulgores.
Ellos mi alma llenan de hermosura
(Que es la esperanza), y lejos
Allá en el cielo, brillan: dos estrellas
Ante las que, en el triste y silencioso
Desvelo de mi noche me arrodillo.
Y luego, cuando el día
De alegre claridad la tierra inunda,
Los veo aún: ¡dos dulces
Y centelleantes vésperos, que el rayo
Del mismo sol no extingue!

***

EL COLISEO

¡Eres símbolo constante de la fiel y antigua
/Roma!
¡Excelente relicario de sublime admiración, que a esta época legaron aquellos tiempos ya
/[idos cuya pompa y poderío parecen ensoñación!

Tras largo peregrinaje y ardiente ser de tu /ciencia,
me humillo con reverencia en las sombras de
/tu historia,
y transformada mi alma sacia su sed de belleza
contemplando tus grandezas, tus tristezas y tu
/gloria.

¡Oh profunda inmensidad, tiempo y recuerdo
/de antaño desolación y silencio, noche grandiosa;
/admirable!
Al percibiros comprendo vuestra mágica
/pureza en la perenne realeza de vuestra fuerza
/indomable.

Vuestros dulces sortilegios son mejores para mí
que los que el rey de Judea hiciera en
/Gethsemamí.
Ni la encantada Caldea jamás consiguió
/arrancar
a las estrellas prodigios cual vense en este
/lugar.

Donde un héroe cayera, hoy vese una columna…
y, donde el águila escénica envuelta en oro
/brilló
hoy el vampiro revuela al llegar la medianoche
y el fantástico aquelarre este lugar convirtió.

Aquí do las cabelleras de las matronas romanas
balanceaban al viento el rubio de sus colores,
hoy sólo se balancean el cardo y la débil caña…
han cesado aquellos días de sublimes
/esplendores.

Y, donde el rey poderoso su trono de oro tenía,
ágil y oscuro lagarto viene siempre a recorrer;
y hacia su casa marmórea cual espectro se
/desliza
a los pálidos reflejos de la luna en su crecer.

Mas yo pregunto: esos muros, esas inertes
/arcadas junto a zócalos de musgo hoy en hiedra
/revestidas
esos relieves tan vagos, esos frisos tan ruinosos
esas cornisas tronchadas y piedras enmohecidas,
¿es esto cuanto dejaron las horas y tiempos
/idos?

¿es lo único que resta de su fama colosal?
¿es cuanto a mí y al destino aquella época ha
llegado de su firme poderío y su obra escultural?
«Eso no es todo» -responden en aquel lugar
/los ecos«voces graves y proféticas hay en nuestro
/corazón…
y toda ruina recuerda las ideas de los sabios
semejantes a los himnos que al sol dedicó /Memnón.

Aún reinamos poderosas en los más grandes
/señores; asentamos nuestro imperio en las almas
/gigantescas…
no; no somos impotentes…; queda nuestro
/poderío,
nuestra gloria y nuestro nombre, aunque pálidas
/nos veas.
Las mil y una maravillas que extáticas nos
/circundan.
y recuerdan nuestra estirpe, nuestra gala y
/nuestra historia
se han prendido a nuestros flancos… y su
/admirable vestido
nos envuelve entre su manto más fulgente que la gloria».

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EDGAR ALLAN POR — EL CUERVO Y OTROS POEMAS

EDGAR ALLAN POR — EL CUERVO Y OTROS POEMAS

EL CUERVO
Y OTROS POEMAS
EDGAR A. POE

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***
EL VALLE DE LA INQUIETUD

¡Hubo aquí, antaño, un valle callado y sonriente
donde nadie habitaba.
Partiéronse las gentes a la guerra,
dejando a los luceros de ojos dulces,
que velaran, de noche, desde azuladas torres
las flores y en el centro del valle cada día
la roja luz del sol yacía indolente.
Mas ya quien lo visite advertiría
la inquietud de ese valle melancólico.
No hay en él nada quieto
sino el aire que ampara
aquella soledad de maravilla.
¡Ah! Ningún viento mece aquellos árboles
que palpitan al modo de los helados mares
en torno de las Hébridas brumosas.
¡Ah! Ningún viento arrastra aquellas nubes,
que crujen levemente por el cielo intranquilo,
turbadas desde el alba hasta la noche
sobre las violetas que allí yacen,
como ojos humanos de mil suertes,
sobre ondulantes lirios,
que lloran en las tumbas ignoradas.
Ondulan, y de sus fragantes cimas
cae eterno rocío, gota a gota.
Lloran, y por sus tallos delicados,
como aljofar, van lágrimas perennes.

***
EL DÍA MÁS FELIZ

El día más feliz, la hora más dichosa
Que mi triste y marchito corazón vivió
Y esa esperanza de poder y orgullo que vanidosa
Presta voló.

¿Dije poder? Pues sí, tal yo pensaba,
Pero ¡ay!, ha tiempo que se desvanecieron
Las visiones que en mi juventud guardaba

Y al final murieron.
¿Y el orgullo? ¿Qué tengo yo que ver contigo?
Aún es posible que otra infausta alma
Reciba el veneno que me diste enemigo

El día más feliz, la hora más dichosa
Que mis ojos verán o han visto enardecidos,
Del orgullo y poder la visión majestuosa ,
¡Son sueños idos!

Mas si aquella esperanza de poder y de orgullo
Se me ofreciera hoy con su dolor y su melancolía
Pienso que aun así el vano orgullo
Una vez más no viviría.

Porque en sus alas hubo un polvo oscuro
Que al aletear cayó en lluvia dispersa
Esencia poderosa y malhadada
Que mata al alma con su roce impuro.

***
EL PALACIO EMBRUJADO

De nuestros valles el más lozano
Un gran palacio muy elevado
Radiante y bello guardaba antaño
De ángeles santos fuera poblado.
Era el dominio del buen Monarca
Del Pensamiento.
Ningún querube con su ala abarca
Tal monumento.

Las oriflamas flotan gloriosas
Áureas al viento desde el tejado,
(Esto en el viejo tiempo pasado
De antiguas cosas)
Toda voluta de aire retoza
En la dulzura de un día tal.
Hay un perfume alado ideal
Que las almenas apenas roza.

Del feliz valle los visitantes
Por dos ventanas solían ver
Danza de espíritus, al ofrecer
Laúd templado notas vibrantes,
Mientras que en trono alto y sereno,

(¡Porfirogeno!)
Ver se podía al soberano del reino arcano.
Perlas, rubíes, grato dechado
la perla augusta resplandecía
Allí fluía… allí fluía…
El eco cuyo deber alado
Era cantar
Al genio ilustre, genio dorado
Del Rey sin par.

Viles villanos que el luto emboza
Se apoderaron del alto Estado
(¡Nunca hay mañana para el cuidado!)
¡Duelo que el tiempo jamás desbroza!
Hoy en su casa ya no es la gloria
La flor ambigua
Pues sólo queda dormida historia
Leyenda antigua.

Y los viajeros que al valle bajan
Por dos ventanas de fatuo fuego
Ven vastas formas que se barajan
A un son discorde en raro juego
Y un río horrendo que se desliza
Bajo el portón pálido y seco,
Torrente horrible, eterno eco
De carcajada ya sin sonrisa.

***
AL SILENCIO

Hay cualidades, incorpóreos seres
que tienen doble vida y son espejo
de esa entidad gemela que dimana .
de materia y de luz, sólido y sombra.

Hay un doble silencio -mar y costa-
cuerpo y alma. Uno mora en sitios solos
con nuevas hierbas; una grave gracia,
algún recuerdo humano, algunas lágrimas,
Quítanle horror, su nombre es «ya no más»
es el silencio corporal: ¡No temas!
Carece del poder de hacer el mal.

Mas, si el hado veloz (¡suerte imprevista!)
te presenta su sombra (elfo su nombre
que vaga en soledades, que no ha hollado
el pie del hombre), encomiéndate a Dios.

***
ULALUME

Los cielos cenicientos y sombríos,
crespas las hojas, lívidas y mustias,
y era una noche del doliente octubre
del tiempo inmemorial entre las brumas,
era en las tristes márgenes del Auber,
el lago tenebroso de aguas mudas,
ante los bosques tétricos del Weir,
la región espectral de la pavura.

A solas con mi alma recorría
avenida titánica y oscura
de fúnebres cipreses, o con mi alma,
con Psiquis, alma que el misterio turba…
Era la edad del corazón volcánico
como las llamas del Yaanek sulfúreas,
como las lavas del Yaanek que brotan
allá del polo en la región nocturna.

Pocas palabras nos dijimos, era
como una confidencia íntima y muda;
palabras serias, pensamientos graves
que la memoria para siempre turban;
no recordamos que era el triste octubre,
que era la noche, ¡noche infausta y única!
no recordamos la región del Auber
que tanto conoció mi desventura,
ni el bosque fantasmagórico del Weir,
la región espectral de la pavura.

Y cuando la noche avanza
de estrellas al vago temblor
al fin de la oscura avenida
un lánguido rayo se ve,
fulgor diamantino que anuncia
de fúnebre velo al través,
que emerge de nube fantástica
la Luna, la blanca Astarté.

Y yo dije a mi alma: «Más que Diana
ardiente aquella misteriosa Luna
rueda al través de un éter de suspiros;
lágrimas de su faz una por una
caen donde el gusano nunca muere.
Para mostrarnos la celeste ruta
y el alma imperio de la paz letea
atrás deja a Leo en las alturas,
sus estrellas traspasando,
de Leo a su despecho, ora nos busca
y sus miradas límpidas y dulces
son las miradas que el amor anuncian.»

Mas, Psiquis dijo señalando al cielo:
«La palidez de ese astro me conturba;
pronto, huyamos de aquí pronto, es preciso».
Y de sus alas recogió las plumas
con intenso terror, y sollozando,
presa de pronto de invencible angustia
plegó las alas hasta el polvo frío
lentas dejando descender las plumas.

Y yo le dije: «Tu terror es vano,
sigamos esa luz trémula y pura,
que nos bañen sus rayos cristalinos,
sus rayos sibilinos que ya auguran
e irradian la belleza y la esperanza.
Mira: la senda de los cielos busca:
Sigamos sin temor sus limpias rayas
Que ellos a playa llevarán seguro,
sigamos esa luz limpia y tranquila
a través de la bóveda cerúlea».

Tranquilicé a mi Psiquis y besándola
de su mente aparté las inquietudes
y sus zozobras disipé profundas,
y convencerla que siguiera pude.
Llegamos hasta el fin; ¡ojalá nunca
llegara! Al fin de la avenida lúgubre
nos detuvo la puerta de una tumba
¡oh triste noche del lejano octubre!
nos detuvo la losa de una tumba,
de legendario monumento fúnebre.
¡Oh, hermana! -dije- ¿Qué inscripción confusa
en la sellada losa se descubre?
Respondióme: «Ulalume», ésta es su tumba,
¡la tumba de tu pálida Ulalume!

Quedó mi corazón como ese cielo
ceniciento, como esas hojas mustias,
como esas hojas yertas y crispadas.
¡Ay!, pensé: el mismo octubre fue sin duda
fue en esa misma noche cuando vine
al través del horror y de la bruma
aquí trayendo mi doliente carga.
¡Oh, noche infausta, infausta cual ninguna!
¡Oh!, ¿qué infernal espíritu me trajo
a esta región fatal de la tristura?
Bien conozco el mudo lago del Auber,
y esta comarca que el horror anubla,
y el bosque fantástico de Weir,
¡la región espectral de la pavura!

***

EL LAGO


De mi vida en la distante primavera, jubilosa primavera,
Dirigí mi paso errante a una mágica ribera.
La ribera solitaria, la ribera silenciosa
De un salvaje lago ignoto que circundan y oscurecen
Negra cinta rocallosa
Y copudos altos Dinos que las auras estremecen
Pero cuando allí la noche su fúnebre manto arroja
Y el místico y gemebundo viento de su melodía,
Entonces, ¡oh!, entonces quiere despertar de su congoja
Del terror del lago triste, despertar el alma mía.
Mas ese terror que dejaba en mi espíritu contento;
Hoy, ni las joyas ni el afán de la riqueza,
Como antes, a contemplarlo llevarán mi pensamiento,
Ni el amor por más que fuese el amor de tu belleza.
La muerte estaba en el fondo de la ola envenenada,
Y una tumba en lo más hondo, pérfidamente adornada
Para quien a su amargura breve tregua hubiera dado
Un solaz, a los dolores de su espíritu afligido,
Y en un Edén transformado
El salvaje lago ignoto, lago triste y escondido.

***
LOS ESPÍRITUS DE LA MUERTE

I

Tu alma, con sus sombríos pensamientos,
Se hallará sola en la siniestra tumba.
Nadie querrá saber lo que en secreto
Tu corazón y tu conciencia ocultan.

II

Sé silencioso en soledad tan grande,
Que no es tal soledad, pues te circundan,
Los espíritus todos de la muerte,
Que ya en vida rondaban en tu busca.
Ellos querrán ensombrecerte el alma
Con sus negros arcanos y sus dudas.
Sé silencioso en soledad tan grande;
Cierra los labios cual la misma tumba.

III

Y la noche, aunque clara y luminosa,
Se tornará de pronto en cueva oscura;
Desde sus altos tronos las estrellas
No alumbrarán tu soledad adusta.
Mas sus rojizos globos sin fulgores
Han de ser a tu tedio y a tu angustia
Como incendio voraz, cual una fiebre
De los que libre no has de verte nunca.

IV

No podrás desechar los pensamientos
Ni las visiones que tu mente turban,
Y que antes en tu espíritu dejaban
La huella del rocío en la llanura.

V

La brisa, que es de Dios el puro aliento,
Soplará en torno de la helada tumba,
Y en la colina tenderá su velo
La niebla vaporosa y taciturna.
Las tinieblas, las sombras invioladas
Símbolo y prenda son; hablan y auguran.
Sobre las altas copas de los árboles
Tiende el misterio su cerrada túnica.

***
EL CUERVO

Una hosca medianoche, cuando en tristes reflexiones
sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
inclinaba somnoliento la cabeza, de repente a mi puerta oí llamar,
como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta mano tímida a tocar.
«Es -me dije- una visita que llamando está a mi puerta, ¡eso es todo, y nada más!»

¡Ah! bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
¡Cuán ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura
procurando en vano hallar tregua a la honda desventura de la muerta
Leonora, la radiante, la sin par
virgen rara a quien Leonora los querubes llaman
-ahora ya sin nombre… nunca más!

Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras,
de tal modo que el latido de mi pecho palpitante
procurando dominar:
«Es, sin duda, un visitante -repetía con instancia-
que a mi alcoba quiere entrar, un tardío visitante a las puertas de mi estancia…
¡eso es todo, y nada más!»

Poco a poco, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando:
«Caballero -dije- o dama, mil perdones os demando;
mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza
me vinisteis a llamar, y con tal delicadeza
y tan tímida constancia os pusisteis a tocar,
que no oí» -dije, y las puertas abrí al punto de mi estancia:
¡sombras sólo y… nada más!
Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo
empeños, quedé allí -cual antes nadie
los soñé forjando sueños,
mas profundo era el silencio, y la calma no
acusaba ruido alguno… resonar
sólo un nombre se escuchaba que en voz baja
a aquella hora yo me puse a murmurar,
y que el eco repetía como un soplo:
« ¡Leonora! ».
¡Esto apenas, nada más!

La ventana abrí, con rítmico aleteo y garbo extraño,
entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto, con aspecto señorial,
fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta de mi puerta el cabezal,
sobre el busto que de Palas la figura representa
¡fue y posóse, y nada más!

Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza
con su grave, torva y seria, decorosa gentileza
y le dije: «Aunque la cresta calva llevas, de
seguro no eres cuervo nocturnal,
¡viejo, infausto cuervo oscuro vagabundo en la tiniebla!
Díme ¿cuál tu nombre, cuál, en el reino plutoniano de la noche y de la niebla?»
Dijo el cuervo «¡Nunca más!»
Asombrado quedé oyendo así hablar al avechucho,
si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho,
pues preciso es convengamos en que nunca
hubo criatura que lograse contemplar
ave alguna en la moldura de su puerta
encaramada, ave o bruto reposar
sobre efigie en la cornisa de su puerta,
cincelada,
con tal nombre: «¡Nunca más!»

Mas el cuervo, fijo, inmóvil, en la grave efigie aquella
solo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella
vinculada; ni una pluma sacudía, ni un acento
se le oía pronunciar…
Dije entonces al momento: «Ya otros antes se
han marchado, y la aurora al despuntar,
él también se irá volando cual mis sueños han
volado.»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»
Por respuesta tan abrupta como justa
sorprendido,
«No hay ya duda alguna -dije- lo que dice
es aprendido,
aprendido de algún amo desdichado a quien la
suerte persiguiera sin cesar, persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de,
en su duelo, sus canciones terminar y el clamor de su esperanza con el triste
ritornelo de “¡Jamás, y nunca más!”»

Mas el cuervo provocando mi alma triste
a la sonrisa,
mi sillón rodé hasta el frente de ave y busto y
de cornisa
luego, hundiéndome en la seda, fantasía y
fantasía dime entonces a juntar, por saber qué pretendía aquel pájaro ominoso
de un pasado inmemorial
aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y /odioso
al graznar « ¡Nunca jamás! »

Quedé yo esto investigando frente al cuervo,
en honda calma,
cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y
/alma.
Esto y más -sobre cojines reclinado- con
/anhelo me empeñaba en descifrar, en el rojo terciopelo donde imprimía viva
/huella luminosa mi fanal,
terciopelo cuya púrpura ¡ay jamás volverá ella
a oprimir ¡ah! ¡nunca más!

Parecióme el aire, entonces, por incógnito
/incensario
que un querube columpiase de mi alcoba en el
/santuario,
perfumado. «¡Miserable ser! -me dije
/Dios te ha oído, y por medio angelical,
tregua, tregua y el olvido del recuerdo de
/Leonora te ha venido hoy a brindar:
¡Bebe! ¡Bebe ese nepente, y así todo olvida
/ahora! »
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Oh profeta! -dije- o duende, más profeta al
/fin, ya seas
ave o diablo, ya te envíe la tormenta, ya te veas
por los vientos barrido a esta playa, desolado
/pero intrépido, a este hogar por los males devastado, dime, dime, te lo
/imploro:
¿Llegaré jamás a hallar algún bálsamo para el
/mal que triste lloro?» Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Oh profeta -dije- o diablo! Por ese ancho,
/combo velo
de zafiro que nos cobija, por el sumo Dios del
/cielo a quien ambos adoramos,
dile a esta alma dolorida, presa infausta del
/pesar
si jamás en otra vida la doncella arrobadora a
/mi seno he de estrechar,
¡el alma virgen a quien llaman los arcángeles
/Leonora! »
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Esa voz, oh cuervo, sea la señal de la partida
-grité alzándome-, retorna, vuelve a tu
/hórrida guarida,
la plutónica ribera de la noche y de la
/bruma!… ¡De tu horrenda falsedad
en memoria, ni una pluma dejes, negra! ¡El
/busto deja! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho! ¡De mi umbral tu
/forma aleja!»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

Y aún el cuervo inmóvil, fijo, sigue fijo en la
/escultura
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la
/moldura…
y sus ojos son los ojos de un demonio que,
/durmiendo, las visiones ve del mal
y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo arroja
/trunca su ancha forma funeral
y mi alma de esa sombra que en el suelo
/flota… nunca se alzará… ¡nunca jamás!

***
A MI MADRE

¡Porque sé que los ángeles que viven en el
/cielo
Y que entre ellos entonan sus más hermosos
/cantos,
No han hallado palabra que tenga los encantos
Que aquel de «madre», del amor gemelo.
Yo te doy ese nombre porque así lo ha querido
Mi corazón: Tú has sido más que la madre mía,
Cuando nuestra Virginia dejó la tierra un día
Y tu amor llenó entonces mi corazón dolido.

Mi pobrecita madre -que se fue tan
/temprano
Era mi propia madre, mas tú lo eres de aquella
Que me fue tan querida en la vida, y por ella,
Te amo más que a la madre que fue la mía
Con ese amor intenso de mi esposa querida
Que era, para mi alma, más que su propia
/vida.

 

***
SONETO A LA CIENCIA

¡Ciencia! del tiempo viejo la hija eres.
Todo lo cambias con tus ojos vagos
¿Por qué en mi corazón saciarte quieres,
¡Oh cuervo!, cuyas alas son estragos?

¿Te amaré yo, ni el sabio en sus anhelos,
Si explayar no dejas sus quimeras
Cuando busca tesoros en los cielos
Dejándose llevar de alas ligeras?

¿No supiste arrancar del carro a Diana,
Y echar las hamadríadas de sus lares
Para acogerse a estrella más lejana?

¿No quitaste a las náyades los mares
Y al elfo el prado? ¿Acaso no prescindo
Por ti del sueño al pie del tamarindo?

***
PARA ANNIE

¡Alabemos al Eterno!
el mal ha cesado ya
y la fiebre del vivir
ahora vencida está.

Sumido en honda tristeza
y carente de energías
tendido todo a lo largo
van transcurriendo mis días.

Ni un solo músculo muevo
pero muy poco me importa;
pues mejoro lentamente
y esto ya me reconforta.

Tan sosegado y tranquilo
hoy en mi tálamo duermo que al verme se creería
que estoy más muerto que enfermo.

Ayes, quejas y gemidos,
lamentaciones y llanto,
aquieta el latido horrible
de mi corazón un tanto.

Con la fiebre por la vida
que enloquecía mi mente,
penas e incomodidades
se alejaron prestamente.

Lo que más me torturaba,
sed de una pasión impía,
bebiendo en cierta fontana
tranquilicé el alma mía.

De no lejana caverna
brota un manantial riente
en el que presto mis labios
saciaron su sed ardiente.

Que nadie tilde de oscura
a la pieza en que reposo,
ni de pequeño a este tálamo
donde yazgo venturoso.

Nadie durmió en lecho igual y,
para en verdad dormir,
otro semejante al mío
es preciso conseguir.

¡Cuán dulcemente reposa
mi alma tantalizada!
Su aspiración por las rosas
y mirtas ya fue olvidada.

Junto a su lecho imagina
otra más suave fragancia de
romero y pensamientos
que embellecen su prestancia.

Extasiada en el recuerdo
de mi Annie y su belleza,
es como duerme mi alma
inebriada en su pureza.

De mi Annie la constancia
admira con embeleso
y recuerda que en su trenza
depositó un tierno beso.

Enlázame con ternura,
con gran pasión me acaricia;
y yo, adormido en su seno,
descanso en plena delicia.

Esta es la causa real
de mi sereno reposo;
y, aunque muerto me creáis
vivo tranquilo y gozoso.

Fulge más mi corazón
que las celestes estrellas;
pues brilla para mi Annie,
la de las miradas bellas.

En el amor de mi Annie
está mi ser abrasado;
y en sus ojos tan ardientes
siempre pienso extasiado.

 

***
EL REINO DE LAS HADAS

¡Valles privados de luz,
fieros y umbríos torrentes,
cuyos contornos las gentes nunca
pueden descubrir!

Gota a gota allí las lágrimas
sin cesar van deslizando
y las lunas aguardando
vense doquiera lucir.

Cada instante de la noche crecen,
y luego se achican;
al punto se modifican
y se cambian de lugar.

De sus faces siempre pálidas
emiten vapores ellas,
que a las tremantes estrellas
hacen su brillo ocultar.

Cerca de la medianoche,
otra más opaca luna,
que las hadas por su bruma,
no encontraron superior,

llega bajo el horizonte
y asiéntase en las montañas
circunferencias extrañas
esparciendo en derredor.

Sus vestiduras flotantes
circuyen los caseríos,
los distantes señoríos,
los bosques y el mismo mar.

Los espíritus danzantes
y los seres adormidos
en laberintos henchidos
de luz se ven sepultar.

¡Cuán profundo hállase entonces
el éxtasis de su sueño
mientras con pálido ceño
las vemos presto venir!

Levántase de mañana
y con sus lunares velos
cual albatros, por los cielos,
vénse, al viento, sacudir.

Mas las hadas, una vez
que se hubieron refugiado
cabe esa luna, y dejado
lo que sirvióles de abrigo,

Ya nunca logran hallar
por aquellos mil lugares
ningunas lunas lunares
que sean refugio amigo.

Las moléculas del astro
pronto se volatilizan
y en fina lluvia deslizan
aquella materia astral.

Por eso, las mariposas
que en vano buscan los cielos,
insatisfechas, sus vuelos
escrutan lo sideral.

Y al descender ya cansadas,
en sus alas temblorosas
nos traen las mariposas
partículas desgajadas
de aquellas lunas hermosas.

***
LA CIUDAD EN EL MAR

Una ciudad exótica se yergue solitaria
donde la Parca pálida implantó sus reales;
allá en el Occidente, la tumba funeraria
a pérfidos y nobles liberó de sus males.

Sus templos, sus palacios y torres carcomidas
que ni oscilan ni tiemblan al impulso del viento,
difieren de los nuestros; y sus aguas dormidas
reposan melancólicas en singular concento.

En la velada noche de esa ciudad callada,
ningún rayo desciende desde el empíreo cielo.
Sólo un resplandor ígneo de la mar alejada
cruza las largas noches de aquel inmenso
/suelo.

Por torres, por almenas, por cúpulas y alturas,
por templos, por palacios y muros babilónicos,
por macizos de hiedra sobre las esculturas,
los resplandores lívidos circulan melancólicos.

Ni siquiera respeta la soledad umbría
las florecillas pétreas de los valiosos frisos
que adornan de sus templos en fúnebre armonía
los claveles, violetas, pámpanos y narcisos.

Bajo el azul del cielo, sumidas en tristeza,
las linfas no agitadas duermen en la ciudad;
y las sombras y flores de aquella fortaleza
parecen suspendidas del aire, en igualdad.

De un torreón, la Parca, cual fantasma gigante,
contempla con orgullo el país señorial
y a sus pies yace inerte… y sonríe triunfante
dueña omnímoda y grave de aquel suelo letal.

Ábrense muchos templos y tumbas sin sus losas
al nivel de las aguas tranquilas y brillantes,
Sin que a dejar sus lechos las induzcan
/premiosas
las joyas de los muertos e ídolos de diamantes.

Aquel amplio desierto que al cristal se asemeja
carece en absoluto de toda ondulación.
Ni una ola siquiera por allí ver se deja…
nada indica si hay vientos en mar de otra
/región.

Mas ahora en el aire nótase un movimiento
que estremece allá abajo aquesta soledad;
en el piélago oscuro el agua en ronco acento
saca de su marasmo a esta triste ciudad.

Sus altos capiteles bambolear parecen
y hundirse entre las ondas que calmas eran
/antes.
Los picos que en la bruma del cielo ya se
/mecen
abrirse parecieran en huecos, oscilantes.

Entonces ya las ondas tienen luz más rojiza…
deslízanse las horas lánguidas y silentes;
quizá sea engullida la ciudad quebradiza
entre ayes y gemidos que no son de vivientes.

Cuando desaparezca y quede sepultada
bajo la mar profunda con todo su oleaje,
vendrá de los mil tronos de Luzbel la mesnada
y entonces el Infierno le rendirá homenaje.

***
BALADA NUPCIAL

En mi dedo está el anillo,
ciñe corona mi frente;
mil joyas de hermoso brillo
adornan mi ser fulgente.
¡Soy feliz eEn el presente!

¡CuáEn bien me ama mi señor
mas en el primer instante
que me declaró su amor
estremeció su dolor
mi espíritu y fiel amante.

Pues sus palabras sonaban
como toque de agonía
y al que murió recordaban
junto al valle eEn lucha impía
Mas hoy, ríe noche y día.

Al querer tranquilizarme
besó mi pálida frente
y en delirio vi patente
al muerto Elormie abrazarme.
¡Hoy sólo debo alegrarme!

En esa hora solemne
empeñé mi juramento…
y si mi fe no es perenne
ni mi espíritu está indemne,
éste vive muy contento.

El anillo está en mi dedo;
prueba de que soy dichosa.
y, aunque tiemblo y tengo miedo,
quiera que despierte quedo
de esta idea fatigosa.

¿Con alguien mal procedí?
El muerto que abandoné,
a quien triste sorprendí,
¿no goza con frenesí
sabiendo que lo cuidé?

***
EULALIA

Desterrado del mundo voluntario,
entre quejas y lágrimas vivía;
era mi alma tristísimo calvario
sin amores ni dulce compañía.

Mas Eulalia, gentil y pudorosa
llegó a ser mi agradable compañera,
y en sus bucles auríferos, la hermosa
recibió mi caricia placentera.

En la noche el fulgor de las estrellas
no iguala sus miradas tan radiantes,
ni en el mínimo crepúsculo hay en ellas
que irise cual sus ojos tan brillantes.

Los bucles que ella ostenta en sus cabellos
inculcan en mi ser la poesía,
y Astarté lanza cálidos destellos
contemplando a mi Eulalia noche y día.

Suspiro por suspiro su alma entera
Eulalia me dedica con amor;
no me invade ya más la duda artera,
ni yazgo en el abismo del dolor.

***
UN SUEÑO DENTRO DE UN SUEÑO

¡Toma en la frente este beso!
Y partiendo, te confieso
Que no fue errado tu empeño
En creer mis días un sueño.
Que si la esperanza mía
Se fue una noche o un día,
En una visión o en nada,
¿Por eso es menos pasada?
Cuanto hay de grande o pequeño,
Sólo es un sueño en un sueño.

Me encueEntro en la costa fría
Que agita la mar bravía,
Oprimiendo entre mis manos,
Como arenas, oro en granos.
¡Qué pocos son!
Y allí mismo,
De mis dedos al abismo
Se desliza mi tesoro
Mientras lloro, ¡mientras lloro!
¿Evitaré ¡oh Dios! su suerte
Oprimiéndolos más fuerte?
¿Del vacío despiadado
Ni uno solo habré salvado?
¿Cuánto hay de grande o pequeño,
Sólo es un sueño en en sueño?

***
ELDORADO

Arrogante
y altanero
Un armado caballero,
Por la luz y por la sombra, alucinado,
Y cantando
Sus canciones, fue vagando
En procura de la tierra de Eldorado.

Pero vano fue su esmero
Y ya viejo el caballero,
Por la sombra el corazón sintió apresado,
Al pensar que nunca el día Llegaría
El que hallara aquella tierra de Eldorado.
Ya sin fuerzas, vacilante,
encontró una sombra errante.
«Sombra» -díjole febril y esperanzado-
A mi súplica responde:
«¿Sabes dónde
Hallaré, de Eldorado la tierra ignota?»

-En la luna, tras de extrañas
Y fatídicas montañas,
En el valle por las sombras habitado-
Respondióle: -Ve adelante,
Caminante,
Si es que buscas esa tierra de Eldorado.

***
ANNABEL LEE

Hace muchos, muchos años, en un reino
/junto al mar,
Habitaba una doncella cuyo nombre os he de
/dar,
Y el nombre que daros puedo es el de
/Annabel Lee,
Quien vivía para amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño y era ella una niña junto al
/mar,
En el reino prodigioso que os acabo de evocar.
Mas nuestro amor fue tan grande cual jamás
/yo presentí,
Más que el amor compartimos con mi bella
/Annabel Lee,
Y los nobles de su estirpe de abolengo señorial
Los ángeles en el cielo envidiaban tal amor,
Los alados serafines nos miraban con rencor.
Aquél fue el solo motivo, ¡hace tanto tiempo
/ya!,
por el cual, de los confines del océano y más
/allá,
Un gélido viento vino de una nube y yo sentí
Congelarse entre mis brazos a mi bella
/Annabel Lee.
La llevaron de mi lado en solemne funeral.
A encerrarla la llevaron por la orilla de la mar
A un sepulcro en ese reino que se alza junto al
/mar,
Los arcángeles que no eran tan felices cual los
/dos,
Con envidia nos miraban desde el reino que es
/de Dios. Ese fue el solo motivo, bien lo podéis
/preguntar,
Pues lo saben los hidalgos de aquel reino
/junto al mar,
Por el cual un viento vino de una nube carmesí
Congelando una noche a mi bella Annabel Lee.

Nuestro amor era tan grande y aún más firme
/en su candor
Que aquel de nuestros mayores, más sabios en
/el amor.
Ni los ángeles que moran en su cielo tutelar, Ni los demonios que habitan negros abismos
/del mar
Podrán apartarme nunca del alma que mora en
/mí,
Espíritu luminoso de mi hermosa Annabel /Lee.

Pues los astros no se elevan sin traerme la
/mirada
Celestial que, yo adivino, son los ojos de mi
/amada. I Y la luna vaporosa jamás brilla baladí
Pues su fulgor es ensueño de mi bella Annabel
/Lee. Yazgo al lado de mi amada, mi novia bien
/amada, Mientras retumba en la playa la nocturna
/marejada,
Yazgo en su tumba labrada cerca del mar
/rumoroso,
En su sepulcro a la orilla del océano proceloso.

***
ISRAFEL

Y el ángel Israfel, en quien las fibras del
corazón son un salterio, y que tiene la voz
más dulce entre todas las criaturas de
Dios.
(EL CORÁN)

Un ángel «lleva en las fibras
Del corazón un salterio»;
De extraña belleza inunda
Tu canto, Israfel, los cielos.
Y las estrellas, deudosas,
(Lo cuentan antiguos cuentos)

Naciente el divino cántico,
Sus himnos enmudecieron.
Allá en lo alto, vacilante
En la cumbre de su vuelo,
Enamorada la luna Enrojeció a sus acentos;
Y para escuchar, su lumbre .
Purpúrea -y al mismo tiempo
Las siete rápidas Pléyades
Hizo una pausa en el cielo.

Y dice el coro estelar-
Dicen los seres suspensos-
Que su arrebato, Israfel
Debe a esa lira de fuego
Con que reclinado, canta;
Al metal vívido y trémulo
Del encordado inaudito
Que puso en ella el Eterno.
Pero mora el Ángel, donde
Los más hondos pensamientos
Son un deber; donde siempre
Fue el amor un dios perfecto,
Y arden cerca ojos de huríes, Si aquí estrellas brillan lejos.

¡Oh Israfel! no yerras cuando
Tu voz áurea tiene a menos
Cantar cantos no sublimes:
A ti el laurel, bardo excelso;
A ti -el mejor ¡por más sabio!
¡Vive alegre y largo tiempo!

Al éxtasis del empíreo
Se hermana tu ritmo angélico-
Tu amor, dolor y alegría
Al fervor de tu salterio,
¡Pueden callar las estrellas!

Sí, Israfel: tuyo es el Cielo.
Mas nuestro mundo es un mundo
De dulzuras y de duelos;
Nuestras flores, sólo flores.
Y la sombra del perpetuo
Bienestar de que allá gozas,
Claro sol es para el nuestro.

De habitar yo donde él vive
E Israfel donde yo muero
Tal vez él no cantaría
Con hechizo tan supremo
Terrestre cántico, mientras
Quizá un himno más intenso,
Alzándose de mi lira Colmara el triunfo los Cielos.

***
LA TIERRA DEL ENSUEÑO

En una senda abandonada y negra
que recorren tan sólo ángeles malos,
donde un Eidolon llamado Noche,
ha erigido su trono solitario;
llegué una vez; cruel atrevido
de Tule ignota los contornos vagos
y al reino entré que extiende sus confines
fuera del Tiempo y fuera del Espacio.
Valles sin lindes, mares sin riberas,
cavernas, bosques densos y titánicos,
Con formas que el humano no descubre
tras el denso rocío que las cubre
montañas que a los cielos desafían
y hunden la base en insondables
mares mares que calmos, agitados luego,
surgen de cielos de color de fuego;
lagos que arrastran, frías y desiertas
sus aguas solitarias, aguas muertas
sus aguas quietas, inmutables, quietas
como corolas de nevados lirios.

Por esos lagos que reflejan sus solitarias
y desiertas aguas, aguas muertas
sus aguas tristes, inmutables, tristes
como corolas de nevados lirios
cerca de aquellos bosques gigantescos,
enfrente de esos negros océanos,
al pie de aquellos montes formidables,
de esas cavernas en los hondos antros,
vénse, a veces, fantasmas silenciosos
que pasan a lo lejos sollozando,
fúnebres y dolientes ¡son aquellos
amigos que por siempre nos dejaron,
caros amigos para siempre idos,
fuera del Tiempo y fuera del Espacio!

Para el alma nutrida de pesares
para el transido corazón, acaso
es el asilo de la paz suprema,
del reposo y la calma en Eldorado.
Pero el viajero que azorado cruza
la región no contempla sin espantos
que a los mortales ojos sus misterios
perennemente seguirán sellados
así lo quiere la Deidad sombría
que tiene allí su imperio incontrastado.
Por esa senda desolada y triste
que recorren tan sólo ángeles malos,
senda fatal donde la Diosa Noche
ha erigido su trono solitario,
donde la inexplorada, última Tule
esfuma en sombras sus contornos vagos,
con el alma abrumada de pesares,
transido el corazón, he paseado…
¡He paseado en pos de los que huyeron
fuera del Tiempo y fuera del Espacio!

***
PARA ALGUIEN, EN EL CIELO

Para mi alma, fuiste, amor,
Cuanto en el mundo sonreía
La isla verde en el mar, amor,
Y la fuente y el ara pía.
Flores brotaban en redor,
Y cada flor, fue sólo mía.

¡Sueño fugaz, de tan brillante!
¡Ampo estelar que de tan puro,
Lució un instante!
En vano a mi alma lo Futuro
Clama: -¡Adelante!
Vuelta al pasado, abismo oscuro,
Persigue, muda, el Sueño amante.

Pues, ¡ay de mí!, la luz de Vida
Se me ha extinguido por jamás.
«Ya nunca más -no más- no más-»
(Así a la playa combatida,
Mar solemne, diciendo vas)
¡Tenderás vuelo, águila herida,
Árbol seco florecerás!

Y éxtasis son mis noches hondas;
Y estoy contigo -alma fraterna
Donde el mirar celeste ahondas,
Donde el flotante andar gobiernas
Al ritmo de qué etéreas rondas,
Ante cuáles ondas eternas.

***
CANCIÓN

En tu día nupcial, te vi encendida
Por ardiente rubor,
Aunque era un cielo para ti la vida,
Y el mundo, en tu presencia, todo amor.

En resplandor que en tu miraba había,
(¿Por qué se avivó tanto?)
Fue cuanto el alma dolorosa mía
Gozó en el mundo, de amoroso Encanto.

«Sólo un pudor de virgen es motivo
De tal rubor», pudo decirse ante él.
Pero ¡ay! reanimó fuego más vivo
En el pecho de aquél.

Que te miró de novia, cuando quiso
Lucir aquel rubor,
Aunque te fuera el mundo un paraíso,
Y en derredor, la vida, toda amor.

***
EL GUSANO VENCEDOR

¡Mirad! Noche de fiesta,
Solemne, es del futuro
En los postreros años de la vida.
Un coro de querubes,
Alados y con tules encubiertos,
Ajando con sus lágrimas los tules,
A un drama de terror y de esperanzas
Asisten en grandioso coliseo
Mientras exhala sobrehumana orquesta
La música sublime de los cielos.
Mimos, de Dios imagen,
Moviéndose veloces, con cautela
Murmuran: ¡meros títeres que impulsa
La voluntad de inmensos y disformes
Seres que van mudando
La escena y arrojando de sus alas
De cóndor, agitadas en la sombra,
La invisible desgracia!

¡Oh, nunca este confuso
Drama será olvidado!
Nunca con Fantasma, eternamente
Por un tropel en vano perseguido,
De círculo a través, que siempre gira.
Y torna al mismo sitio;
Siendo la esencia de la oscura trama
El horror, la locura y el delito.

¡Mas ved! Entre la turba
Mímica se introdujo una rastrera
Figura, ¡ser inmundo!
Cuerpo color de sangre que acechaba
Allá en la soledad del escenario,
¡Se tuerce! ¡Se retuerce!
Con mortales
Tormentos en su pasto se convierten
Los mimos; y los ángeles gimieron
Cuando sus viles uñas
Manchó con sangre humana el vil insecto.

¡Las luces se extinguieron!
¡Y todo yace extinto!
Y, por cubrir las formas
Trémulas, el telón, fúnebre manto,
Cae con la rapidez de una tormenta.
Y pálidos y mustios los querubes,
Irguiéndose, arrancándose sus velos,
Afirman que la mísera comedia
Es la tragedia “Hombre”
Y el inmundo gusano
¡El Héroe vencedor de esta tragedia!

***
SONETO A ZANTE

¡Isla hermosa, la hermosa entre las flores
te dio de nombres bellos el más bello!
¡Qué recuerdos me traen halagadores
las tuyas y tu mágico destello!

¡Cuánta escena pasó de dicha ciega!
¡Cuánta ilusión de anhelos enterrados!
¡Visiones de una niña que no llega jamás,
jamás, a tus risueños prados!

¡Jamás! Todo lo cambia este sonido.
Jamás tu antiguo encanto resucita;
tu recuerdo, jamás. Siendo florido,

me vas a parecer tierra maldita.
¡Jacintito país! ¡Purpúreo Zante!
¡Isola d’oro! ¡Fior di Levante!

***
LA DURMIENTE

Era la medianoche, en junio, tibia, bruna.
Yo estaba bajo un rayo de la mística luna,
Que de su blanco disco como un encantamiento
Vertía sobre el valle un vapor somnoliento.
Dormitaba en las tumbas el romero fragante,
Y al lago se inclinaba el lirio agonizante,
Y envueltas en la niebla en el ropaje acuoso,
Las ruinas descansaban en vetusto reposo.
¡Mirad! también el lago semejante al Leteo,
Dormita entre las sombras con lento cabeceo,
Y del sopor consciente despertarse no quiere
Para el mundo que en tomo lánguidamente
/muere
Duerme toda belleza y ved dónde reposa
Irene, dulcemente, en calma deleitosa.
Con la ventana abierta a los cielos serenos,
De claros laminares y de misterios llenos.

Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Por qué está tu ventana, así, en la noche
/abierta?
Los aires juguetones desde el bosque frondoso,
Risueños y lascivos en tropel rumoroso
Inundan tu aposento y agitan la cortina
Del lecho en que tu hermosa cabeza se reclina,
Sobre los bellos ojos de copiosas pestañas,
Tras los que el alma duerme en regiones
/extrañas,
Como fantasmas tétricos, por el sueño y los
/muros
Se deslizan las sombras de perfiles oscuros.
Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Cuál es, di, de tu ensueño el poderoso encanto?
Debes de haber venido de los lejanos mares
A este jardín hermoso de troncos seculares.
Extraños son, mujer, tu palidez, tu traje,
Y de tus largas trenzas el flotante homenaje;
Pero aún es más extraño el silencio solemne
En que envuelves tu sueño misterioso y
/perenne.
La dama gentil duerme. ¡Que duerman para el
/mundo!
Todo lo que es eterno tiene que ser profundo.
El cielo lo ha amparado bajo su dulce manto,
Trocando este aposento por otro que es más
/santo,
Y por otro más triste, el lecho en que reposa.
Yo le ruego al Señor, que con mano piadosa,
La deje descansar con sueño no turbado,
Mientras que los difuntos desfilan por su lado.
Ella duerme, amor mío. ¡Oh!, mi alma le desea
Que así como es eterno, profundo el sueño sea;
Que los viles gusanos se arrastren suavemente
En torno de sus manos y en torno de su frente;
Que en la lejana selva, sombría y centenaria,
Le alcen una alta tumba tranquila y solitaria
Donde flotan al viento, altivos y triunfales,
De su ilustre familia los paños funerales;
Una lejana tumba, a cuya puerta fuerte
Piedras tiró, de niña, sin temor a la muerte,
Y a cuyo duro bronce no arrancará más sones,
Ni los fúnebres ecos de tan tristes mansiones
¡Qué triste imaginarse pobre hija del pecado
Que el sonido fatídico a la puerta arrancado,
Y que quizá con gozo resonara en tu oído,
de la muerte terrífica era el triste gemido!

***
A HELENA

Sólo una vez te he visto
Sólo una vez- en tiempo ya lejano.
Sé que no muy lejano -pero velan
Brumas de lo pasado su distancia.
Era una medianoche
Del dulce mes de julio; y de la luna –
Que, en ascensión feliz como tu vida
Buscaba, entre los cielos, á más alta
Región, rápida senda-Un velo descendía con reposo,
Con pesadez, con sueño
-Un velo indefinido
De plata y seda y luz- que se extendía

De los erguidos rostros de mil rosas
De un encantado Edén, lleno de calma,
Por el que blandamente o con sigilo
Tan sólo a deslizarse se atreviera
El viento -se extendía
En los erguidos rostros de esas rosas
Que, cual desvanecidas de ternura,
Soltaban en retomo
A la amorosa luz que las besaba.
Sus perfumadas almas -se extendían
En los erguidos rostros de las rosas,
Que sonreían con feliz deliquio en ese paraíso que hechizaba
De tu presencia en él la poesía.

Te vi, como los ángeles, vestida
De blanco, en muelle alfombra de violetas
El cuerpo dulcemente reclinado,
Mientras que, de la luna,
La plateada luz se reflejaba
En los rostros erguidos de las rosas
Y en tu bello semblante
Al cielo alzado con profunda pena.
¿No fue el mismo Destino
Quien en la dulce medianoche -en julio
No fue el mismo destino (cuyo nombre
También es sentimiento) quien detuvo
Mi paso en el dintel del paraíso
Para aspirar el delicado incienso
De esas dormidas rosas?
Todo era soledad, silencio, en torno.
Y, mientras daba a su ruindad olvido,
El mundo que aborrece el alma mía,
Del impalpable sueño en los misterios,
Dos seres angustiados
Velábamos a solas: tú conmigo.
(¡Oh, Cielos! ¡Oh, Señor! ¡Cómo se agita
Mi corazón uniendo estas palabras!)
¡A solas tú conmigo!… El pie detuve… .
La pálida hermosura
Del cielo descendido a tu existencia,
Miré con devoción; y, al encontrarse
Mi vista con la tuya,
Todo dejó de ser, formas y vida,
En ese Edén que tú, maga sublime,
Con tus divinos ojos encantabas.

Perdió la luna su fulgor de perlas
Y huyeron a mis ojos fascinados,
Los ya musgosos bancos, los senderos,
Los árboles, las flores;
Y las puras esencias
De las dormidas rosas fallecieron
En los amantes brazos de los aires.
Todo -todo expiró menos tu imagen;
y aún ella, con la lumbre de la luna
Aún ella se extinguió para mi vista,
Que sólo vi el fulgor de tu mirada
Y el alma de tus ojos
Alzados con pesar a las alturas.
Los vi -y el mundo fueron
Para mi ser tus ojos imantados.
Los vi más breves horas
-Los vi hasta que la luna huyó del cielo.
¡Qué tormentosas luchas
Del corazón!
¡Qué impíos infortunios!
¡Qué lúgubres historias! descubrían,
En misteriosa unión esas esferas
De pura luz celeste!… ¡Y qué brillantes,
Sublimes esperanzas! ¡Qué apacible
Mar de engrandecimiento! ¡Qué osadas ambiciones!
¡Y para amar, qué inmenso poderío!

Ya la amorosa diana
Al mundo se ocultó bajo una densa
Nube de tempestad de occidente;
Y tú, pálida sombra,
Entre la sepulcral y hosca arboleda,
Te deslizaste huyendo taciturna.
Mas sólo la figura de tu cuerpo
-Sólo ella- del jardín y de mi vida
Por siempre se alejó: como dos astros
Quedaron ante mí tus bellos ojos.
Tus ojos que dejarme no quisieron
Y en esa noche, oscura ya, alumbraron
La triste senda de mi hogar sombrío.
Tus ojos, que jamás, cual la esperanza,
Mi ser abandonaron; y me siguen,
Me guían, me seducen
En el largo transcurso de los años.
Ellos mis dueños son y yo su esclavo
Su misión es dar lumbre
Con nobles entusiasmos a mi alma,
Cual mi deber salvarme
De su guiadora luz a los destellos,
Y ser purificado por su llama,
Y ser santificado
De su fuego celeste en los fulgores.
Ellos mi alma llenan de hermosura
(Que es la esperanza), y lejos
Allá en el cielo, brillan: dos estrellas
Ante las que, en el triste y silencioso
Desvelo de mi noche me arrodillo.
Y luego, cuando el día
De alegre claridad la tierra inunda,
Los veo aún: ¡dos dulces
Y centelleantes vésperos, que el rayo
Del mismo sol no extingue!

***

EL COLISEO

¡Eres símbolo constante de la fiel y antigua
/Roma!
¡Excelente relicario de sublime admiración, que a esta época legaron aquellos tiempos ya
/[idos cuya pompa y poderío parecen ensoñación!

Tras largo peregrinaje y ardiente ser de tu /ciencia,
me humillo con reverencia en las sombras de
/tu historia,
y transformada mi alma sacia su sed de belleza
contemplando tus grandezas, tus tristezas y tu
/gloria.

¡Oh profunda inmensidad, tiempo y recuerdo
/de antaño desolación y silencio, noche grandiosa;
/admirable!
Al percibiros comprendo vuestra mágica
/pureza en la perenne realeza de vuestra fuerza
/indomable.

Vuestros dulces sortilegios son mejores para mí
que los que el rey de Judea hiciera en
/Gethsemamí.
Ni la encantada Caldea jamás consiguió
/arrancar
a las estrellas prodigios cual vense en este
/lugar.

Donde un héroe cayera, hoy vese una columna…
y, donde el águila escénica envuelta en oro
/brilló
hoy el vampiro revuela al llegar la medianoche
y el fantástico aquelarre este lugar convirtió.

Aquí do las cabelleras de las matronas romanas
balanceaban al viento el rubio de sus colores,
hoy sólo se balancean el cardo y la débil caña…
han cesado aquellos días de sublimes
/esplendores.

Y, donde el rey poderoso su trono de oro tenía,
ágil y oscuro lagarto viene siempre a recorrer;
y hacia su casa marmórea cual espectro se
/desliza
a los pálidos reflejos de la luna en su crecer.

Mas yo pregunto: esos muros, esas inertes
/arcadas junto a zócalos de musgo hoy en hiedra
/revestidas
esos relieves tan vagos, esos frisos tan ruinosos
esas cornisas tronchadas y piedras enmohecidas,
¿es esto cuanto dejaron las horas y tiempos
/idos?

¿es lo único que resta de su fama colosal?
¿es cuanto a mí y al destino aquella época ha
llegado de su firme poderío y su obra escultural?
«Eso no es todo» -responden en aquel lugar
/los ecos«voces graves y proféticas hay en nuestro
/corazón…
y toda ruina recuerda las ideas de los sabios
semejantes a los himnos que al sol dedicó /Memnón.

Aún reinamos poderosas en los más grandes
/señores; asentamos nuestro imperio en las almas
/gigantescas…
no; no somos impotentes…; queda nuestro
/poderío,
nuestra gloria y nuestro nombre, aunque pálidas
/nos veas.
Las mil y una maravillas que extáticas nos
/circundan.
y recuerdan nuestra estirpe, nuestra gala y
/nuestra historia
se han prendido a nuestros flancos… y su
/admirable vestido
nos envuelve entre su manto más fulgente que la gloria».

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Wednesday, March 19, 2008

ROMANCERO - ANONIMO

ROMANCERO - ANONIMO

ROMANCERO — ANONIMO

ROMANCE DE ABENÁMAR

—¡Abenámar, Abenámar, moro de la morería,
el día que tú naciste grandes señales había!
Estaba la mar en calma, la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro, bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor, aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho mi madre me lo decía
que mentira no dijese, que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey, que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar, aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos? ¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor, y la otra la mezquita,
los otros los Alixares, labrados a maravilla.
El moro que los labraba cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra, otras tantas se perdía.
El otro es Generalife, huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas, castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan, bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada, contigo me casaría;
daréte en arras y dote a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan, casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene muy grande bien me quería.
Anónimo
PÉRDIDA DE ANTEQUERA
De Antequera salió el moro
Tres horas antes del día,
Con cartas en la sus manos
En que socorro pedía.
Por los campos de Archidona
A grandes voces decía:
—¡Oh buen rey, si tú supieses
Mi triste mensajería!
El rey, que venir lo vido,
A recebirlo salía
Con tres cientos de a caballo,
La flor de la morería.
Anónimo
ROMANCE DEL MORO DE ANTEQUERA
De Antequera sale un moro, de Antequera, aquesa villa,
cartas llevaba en su mano, cartas de mensajería,
escritas iban con sangre, y no por falta de tinta,
el moro que las llevaba ciento y veinte años había.
Ciento y veinte años el moro, de doscientos parecía,
la barba llevaba blanca muy larga hasta la cinta,
con la cabeza pelada la calva le relucía;
toca llevaba tocada, muy grande precio valía,
la mora que la labrara por su amiga la tenía.
Caballero en una yegua que grande precio valía,
no por falta de caballos, que hartos él se tenía;
alhareme en su cabeza con borlas de seda fina.
Siete celadas le echaron, de todas se escabullía;
por los cabos de Archidona a grandes voces decía:
—Si supieres, el rey moro, mi triste mensajería
mesarías tus cabellos y la tu barba vellida.
Tales lástimas haciendo llega a la puerta de Elvira;
vase para los palacios donde el rey moro vivía.
Encontrado ha con el rey que del Alhambra salía
con doscientos de a caballo, los mejores que tenía.
Ante el rey, cuando le halla, tales palabras decía:
—Mantenga Dios a tu alteza, salve Dios tu señoría.
—Bien vengas, el moro viejo, días ha que te atendía.
—¿Qué nuevas me traes, el moro, de Antequera esa mi villa?
—No te las diré, el buen rey, si no me otorgas la vida.
—Dímelas, el moro viejo, que otorgada te sería.
—Las nuevas que, rey, sabrás no son nuevas de alegría:
que ese infante don Fernando cercada tiene tu villa.
Muchos caballeros suyos la combaten cada día:
aquese Juan de Velasco y el que Henríquez se decía,
el de Rojas y Narváez, caballeros de valía.
De día le dan combate, de noche hacen la mina;
los moros que estaban dentro cueros de vaca comían,
si no socorres, el rey, tu villa se perdería.
ROMANCERO DE ANTEQUERA

De Antequera partió el moro tres horas antes del día,
con cartas en la su mano en que socorro pedía.
Escritas iban con sangre, más no por falta de tinta.
El moro que las llevaba ciento y veinte años había,
la barba tenía blanca, la calva le relucía;
toca llevaba tocada, muy grande precio valía.
La mora que la labrara por su amiga la tenía;
alhaleme en su cabeza con borlas de seda fina;
caballero en una yegua, que caballo no quería.
Solo con un pajecico que le tenga compañía,
no por falta de escuderos, que en su casa hartos había.
Siete celadas le ponen de mucha caballería,
mas la yegua era ligera, de entre todos se salía;
por los campos de Archidona a grandes voces decía:
—¡Oh buen rey, si tú supieses mi triste mensajería,
mesarías tus cabellos y la tu barba vellida!
El rey, que venir lo vido, a recebirlo salía
con trescientos de caballo, la flor de la morería.
—Bien seas venido, el moro, buena sea tu venida.
—Alá te mantenga, el rey, con toda tu compañía.
—Dime, ¿qué nuevas me traes de Antequera, esa mi villa?
—Yo te las diré, buen rey, si tú me otorgas la vida.
—La vida te es otorgada, si traición en ti no había.
—¡Nunca Alá lo permitiese hacer tan gran villanía!,
mas sepa tu real alteza lo que ya saber debría,
que esa villa de Antequera en grande aprieto se vía,
que el infante don Fernando cercada te la tenía.
Fuertemente la combate sin cesar noche ni día;
manjar que tus moros comen, cueros de vaca cocida.
Buen rey, si no la socorres, muy presto se perdería.
El rey, cuando aquesto oyera, de pesar se amortecía;
haciendo gran sentimiento, muchas lágrimas vertía;
rasgaba sus vestidudas, con gran dolor que tenía,
ninguno le consolaba, porque no lo permitía;
mas después, en sí tornando, a grandes voces decía:
—Tóquense mi añafiles, trompetas de plata fina;
júntense mis caballeros cuantos en mi reino había,
vayan con mis dos hermanos a Archidona, esa mi villa,
en socorro de Antequera, llave de mi señoría.
Y ansí, con este mandado se junto gran morería;
ochenta mil peones fueron el socorro que venía,
con cinco mil de caballo, los mejores que tenía.
Ansí en la Boca del Asna este real sentado había
a la vista del infante, el cual ya se apercebía,
confiando en la gran victoria que de ellos Dios le daría,
sus gentes bien ordenadas; de San Juan era aquel día
cuando se dió la batalla de los nuestros tan herida,
que por ciento y veinte muertos quince mil moros había.
Después de aquesta batalla fue la villa combatida
con lombardas y pertrechos y con una gran bastida
conque le ganan las torres de donde era defendida.
Después dieron el castillo los moros a pleitesía,
que libres con sus haciendas el infante los pornía
en la villa de Archidona, lo cual todo se cumplía;
y ansí se ganó Antequera a loor de Santa María.
ANONIMO
ROMANCE DE DON BUESO
Lunes era, lunes
de Pascua florida,
guerrean los moros
los campos de Oliva.
¡Ay campos de Oliva,
ay campos de Grana,
tanta buena gente
llevan cautivada!
¡Tanta buena gente
que llevan cautiva!,
y entre ellos llevaban
a la infanta niña;
cubierta la llevan
de oro y perlería,
a la reina mora
la presentarían.
—Toméis, vos, señora,
esta cautivita,
que en España toda
no la hay tan bonita;
toméis vos, señora,
esta cautivada,
que en todo tu reino
no la hay tan galana.
No la quiero, no,
a la cautivita,
que el rey es mancebo,
la enamoraría.
—No la quiero, no,
a la cautivada,
que el rey es mancebo,
la enamorara.
—Mandadla, señora,
con el pan al horno,
allí dejará
hermosura el rostro;
mandadla, señora,
a lavar al río,
allí dejará
hermosura y brío.
Paños de la reina
va a lavar la niña;
lloviendo, nevando,
la color perdía;
la niña lavando,
la niña torciendo,
aun bien no amanece
los paños tendiendo.
Madruga Don Bueso
al romper el día,
a tierra de moros
a buscar amiga.
Hallóla lavando
en la fuente fría:
—Quita de ahí, mora,
hija de judía,
deja a mi caballo
beber agua limpia.
—¡Reviente el caballo
y quien lo traía!,
que yo no soy mora
ni hija de judía,
sino una cristiana
que aquí estoy cautiva.
—¡Oh qué lindas manos
en el agua fría!,
¿si venís, la niña,
en mi compañía?
¡Oh qué blancas manos
en el agua clara!
¿si queréis, la niña,
venir en compaña?
—Con un hombre solo
yo a fe no me iría,
por los altos montes
miedo te tendría.
—Juro por mi espada,
mi espada dorida,
de no hacerte mal,
más que a hermana mía.
—Pues ir, caballero,
de buen grado iría.
¿Paños de la reina
yo qué los haría?
—Los de grana y oro
tráelos, vida mía,
los de holanda y plata
al río echarías.
Y digas, la niña,
la niña garrida,
¿has de ir en las ancas
o has de ir en la silla?
—Montaré en las ancas
que es más honra mía.
Tomóla don Bueso,
a ancas la subía.
Tierras van andando,
tierras conocía,
tierras va mirando
da en llorar la niña.
—¿Por qué lloras, flor,
por qué lloras, vida?,
¡maldígame Dios
si yo mal te haría!
—¡Ay campos de Grana,
ay campos de Oliva,
veo los palacios
donde fui nacida!
Cuando el rey mi padre
plantó aquí esta oliva,
él se la plantaba,
yo se la tenía,
mi madre la reina
bordaba y cosía,
yo como chiquita
la seda torcía,
mi hermano don Bueso
los toros corría;
yo como chiquita
la aguja enhebraba,
mi hermano don Bueso
caballos domaba.
¡Abrid puertas, madre,
puertas de alegría,
por traeros nuera
traigo vuestra hija!
—¡Si me traes nuera,
sea bien venida!
Para ser mi hija,
¡qué descolorida!
—¿Qué color, mi madre,
qué color quería,
si hace siete años
que pan no comía,
si no eran los berros
de una fuente fría
do culebras cantan,
caballos bebían?
¡Si no eran los berros
de unas aguas margas
do caballos beben
y culebras cantan!
¡Válgame Dios, valga,
y Santa María!
¡Ay campos de Grana,
ay campos de Oliva!
Anónimo
ROMANCE DE LA PÉRDIDA DE ALHAMA
Paseábase el rey moro — por la ciudad de Granada
desde la puerta de Elvira — hasta la de Vivarrambla.
—¡Ay de mi Alhama!—
Cartas le fueron venidas — que Alhama era ganada.
Las cartas echó en el fuego — y al mensajero matara,
—¡Ay de mi Alhama!—
Descabalga de una mula, — y en un caballo cabalga;
por el Zacatín arriba — subido se había al Alhambra.
—¡Ay de mi Alhama!—
Como en el Alhambra estuvo, — al mismo punto mandaba
que se toquen sus trompetas, — sus añafiles de plata.
—¡Ay de mi Alhama!—
Y que las cajas de guerra — apriesa toquen el arma,
porque lo oigan sus moros, — los de la vega y Granada.
—¡Ay de mi Alhama!—
Los moros que el son oyeron — que al sangriento Marte llama,
uno a uno y dos a dos — juntado se ha gran batalla.
—¡Ay de mi Alhama!—
Allí fabló un moro viejo, — de esta manera fablara:
—¿Para qué nos llamas, rey, — para qué es esta llamada?
—¡Ay de mi Alhama!—
—Habéis de saber, amigos, — una nueva desdichada:
que cristianos de braveza — ya nos han ganado Alhama.
—¡Ay de mi Alhama!—
Allí fabló un alfaquí — de barba crecida y cana:
—Bien se te emplea, buen rey, — buen rey, bien se te empleara.
—¡Ay de mi Alhama!—
Mataste los Bencerrajes, — que eran la flor de Granada,
cogiste los tornadizos — de Córdoba la nombrada.
—¡Ay de mi Alhama!—
Por eso mereces, rey, — una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino, — y aquí se pierda Granada.
—¡Ay de mi Alhama!—
Anónimo
ROMANCE DEL REY MORO QUE PERDIÓ VALENCIA
Helo, helo por do viene el moro por la calzada,
caballero a la jineta encima una yegua baya,
borceguíes marroquíes y espuela de oro calzada,
una adarga ante los pechos y en su mano una azagaya.
Mirando estaba Valencia, como está tan bien cercada:
—¡Oh, Valencia, oh Valencia, de mal fuego seas quemada!
Primero fuiste de moros que de cristianos ganada.
Si la lanza no me miente, a moros serás tornada;
aquel perro de aquel Cid prenderélo por la barba,
su mujer, doña Jimena, será de mí cautivada,
su hija, Urraca Hernando, será mi enamorada,
después de yo harto de ella la entregaré a mi compaña.
El buen Cid no está tan lejos, que todo bien lo escuchaba.
—Venid vos acá, mi hija, mi hija doña Urraca;
dejad las ropas continas y vestid ropas de pascua.
Aquel moro hi·de·perro detenédmelo en palabras,
mientras yo ensillo a Babieca y me ciño la mi espada.
La doncella, muy hermosa, se paró a una ventana;
el moro, desque la vido, de esta suerte le hablara:
—Alá te guarde, señora, mi señora doña Urraca.
—Así haga a vos, señor, buena sea vuestra llegada.
Siete años ha, rey, siete, que soy vuestra enamorada.
—Otros tantos ha, señora, que os tengo dentro en mi alma.
Ellos estando en aquesto el buen Cid que se asomaba.
—Adiós, adiós, mi señora, la mi linda enamorada,
que del caballo Babieca yo bien oigo la patada.
Do la yegua pone el pie, Babieca pone la pata.
Allí hablará el caballo bien oiréis lo que hablaba:
—¡Reventar debía la madre que a su hijo no esperaba!
Siete vueltas la rodea alrededor de una jara;
la yegua, que era ligera, muy adelante pasaba
hasta llegar cabe un río adonde una barca estaba.
El moro, desque la vido, con ella bien se holgaba,
grandes gritos da al barquero que le allegase la barca;
el barquero es diligente, túvosela aparejada,
embarcó muy presto en ella, que no se detuvo nada.
Estando el moro embarcado, el buen Cid que llegó al agua,
y por ver al moro en salvo, de tristeza reventaba;
mas con la furia que tiene, una lanza le arrojaba,
y dijo: —Recoged, mi yerno, arrecogedme esa lanza,
que quizás tiempo vendrá que os será bien demandada.
Anónimo
ROMANCE DEL INFANTE VENGADOR
Helo, helo por do viene el infante vengador,
caballero a la jineta en un caballo corredor,
su manto revuelto al brazo, demudada la color,
y en la su mano derecha un venablo cortador;
con la punta del venablo sacarían un arador,
siete veces fue templado en la sangre de un dragón
y otras tantas afilado porque cortase mejor,
el hierro fue hecho en Francia, y el asta en Aragón.
Perfilándoselo iba en las alas de su halcón.
Iba buscar a don Cuadros, a don Quadros, el traidor.
Allá le fuera a hallar junto al emperador,
la vara tiene en la mano, que era justicia mayor.
Siete veces lo pensaba si lo tiraría o no
y al cabo de las ocho el venablo le arrojó;
por dar al dicho don Cuadros, dado ha al emperador,
pasado le ha manto y sayo, que era de un tornasol,
por el suelo ladrillado más de un palmo lo metió.
Allí le habló el rey, bien oiréis lo que habló:
—¿Por qué me tiraste, infante? ¿Por qué me tiras, traidor?
—Perdóneme tu alteza, que no tiraba a ti, no,
tiraba al traidor de Cuadros, ese falso engañador,
que siete hermanos tenía no ha dejado si a mí, no.
Por eso delante de ti, buen rey, lo desafío yo.
Todos fían a don Cuadros y al infante no fían, no,
sino fuera una doncella, hija es del emperador,
que los tomó por la mano y en el campo los metió.
A los primeros encuentros Cuadros en tierra cayó.
Apeárase el infante, la cabeza le cortó
y tomárala en su lanza y al buen rey la presentó.
De que aquesto vido el rey con su hija le casó.
Anónimo
LA VENGANZA DE MUDARRA
A cazar va don Rodrigo, y aun don Rodrigo de Lara:
con la grande siesta que hace arrimádose ha a una haya,
maldiciendo a Mudarrillo, hijo de la renegada,
que si a las manos le hubiese, que le sacaría el alma.
El señor estando en esto, Mudarrillo que asomaba.
—Dios te salve, caballero, debajo la verde haya.
—Así haga a ti, escudero, buena sea tu llegada.
—Dígasme tú, el caballero, ¿cómo era la tu gracia?
—A mí dicen don Rodrigo, y aun don Rodrigo de Lara,
cuñado de Gonzalo Gustos, hermano de doña Sancha;
por sobrinos me los hube los siete infantes de Salas;
espero aquí a Mudarrillo, hijo de la renegada;
si delante lo tuviese, yo le sacaría el alma.
—Si a ti te dicen don Rodrigo, y aun don Rodrigo de Lara,
a mí Mudarra González, hijo de la renegada;
de Gonzalo Gustos hijo y anado de doña Sancha;
por hermanos me los hube los siete infantes de Salas.
Tú los vendiste, traidor, en el val de Arabiana,
mas si Dios a mí me ayuda, aquí dejarás el alma.
—Espéresme, don Gonzalo, iré a tomar las mis armas.
—El espera que tú diste a los infantes de Lara,
aquí morirás, traidor, enemigo de doña Sancha.
Anónimo
ROMANCE DEL GRAN LLANTO QUE DON GONZALO
GUSTIOS HIZO ALLÁ EN CÓRDOBA

Pártese el moro Alicante víspera de San Cebrián;
ocho cabezas llevaba, todas de hombres de alta sangre.
Sábelo el rey Almanzor, a recebírselo sale;
aunque perdió muchos moros piensa en esto bien ganar.
Mandara hacer un tablado para mejor los mirar;
mandó traer un cristiano que estaba en captividad,
como ante sí lo trujeron empezóle de hablar:
díjole: -Gonzalo Gustos, mira quien conocerás;
que lidiaron mis poderes en el campo de Almenar,
sacaron ocho cabezas, todas son de gran linaje.
Respondió Gonzalo Gustos: —Presto os diré la verdad.
Y limpiándoles la sangre asaz se fuera a turbar;
dijo llorando agramente: —¡Conózcolas por mi mal!
La una es de mi carillo; las otras me duelen más,
de los Infantes de Lara son, mis hijos naturales.
Así razona con ellas como si vivos hablasen:
—¡Sálveos Dios, Nuño Salido, el mi compadre leal!,
¿adónde son los mis hijos que yo os quise encomendar?
Mas perdonadme, compadre, no he por qué os demandar,
muerto sois como buen ayo, como hombre muy de fiar.
Tomara otra cabeza del hijo mayor de edad:
—¡Oh hijo Diego González, hombre de muy gran bondad,
del conde Garci Fernández alférez el principal,
a vos amaba yo mucho, que me habíades de heredar.
Alimpiándola con lágrimas volviérala a su lugar.
Y toma la del segundo, don Martín que se llamaba:
—¡Dios os perdone, el mi hijo, hijo que mucho preciaba;
jugador de tablas erais el mejor de toda España;
mesurado caballero, muy bien hablabais en plaza!
Y dejándola llorando la del tercero tomaba:
—¡Hijo don Suero González, todo el mundo os estimaba;
el rey os tuviera en mucho, sólo para la su caza!
¡Ruy Velázquez, vuestro tío, malas bodas os depara;
a vos os llevó a la muerte, a mí en cautivo dejaba!
Y tomando la del cuarto lasamente la miraba:
—¡Oh, hijo Fernán González, (nombre del mejor de España,
del buen conde de Castilla, aquel que vos baptizara),
matador de oso y de puerco, amigo de gran compaña;
nunca con gente de poco os vieran en alianza!
Tomó la de Ruy González, al corazón la abrazaba:
—¡Hijo mío, hijo mío, quién como vos se hallara;
gran caballero esforzado, muy buen bracero a ventaja;
vuestro tío Ruy Velázquez tristes bodas ordenara!
Y tomando otra cabeza, los cabellos se mesaba:
—¡Oh, hijo Gustios González, habíades buenas mañas,
no dijérades mentira, ni por oro ni por plata,
animoso, buen guerrero, muy gran heridor de espada,
que a quien dábades de lleno tullido o muerto quedaba!
Tomando la del menor el dolor se le doblaba:
-¡Hijo Gonzalo González, los ojos de doña Sancha!
¡Qué nuevas irán a ella que a vos más que a todos ama!
¡Tan apuesto de persona, decidor bueno entre damas,
repartidor en su haber, aventajado en la lanza!
¡Mejor fuera la mi muerte que ver tan triste jornada!
Al duelo que el viejo hace, toda Córdoba lloraba.
El rey Almanzor, cuidoso, consigo se lo llevaba
y mandaba a una morica lo sirviese muy de gana.
Esta le torna en prisiones y con amor le curaba;
hermana era del rey, doncella moza y lozana;
con ésta Gonzalo Gustios vino a perder la su saña,
que de ella le nació un hijo que a los hermanos vengara.
Anónimo
ROMANCE DE LA LOBA PARDA
Estando yo en la mi choza pintando la mi cayada,
las cabrillas altas iban y la luna rebajada;
mal barruntan las ovejas, no paran en la majada.
Vide venir siete lobos por una oscura cañada.
Venían echando suertes cuál entrará a la majada;
le tocó a una loba vieja, patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos como punta de navaja.
Dio tres vueltas al redil y no pudo sacar nada;
a la otra vuelta que dio, sacó la borrega blanca,
hija de la oveja churra, nieta de la orejisana,
la que tenían mis amos para el domingo de Pascua.
—¡Aquí, mis siete cachorros, aquí, perra trujillana,
aquí, perro el de los hierros, a correr la loba parda!
Si me cobráis la borrega, cenaréis leche y hogaza;
y si no me la cobráis, cenaréis de mi cayada.
Los perros tras de la loba las uñas se esmigajaban;
siete leguas la corrieron por unas sierras muy agrias.
Al subir un cotarrito la loba ya va cansada:
—Tomad, perros, la borrega, sana y buena como estaba.
—No queremos la borrega, de tu boca alobadada,
que queremos tu pelleja pa’ el pastor una zamarra;
el rabo para correas, para atacarse las bragas;
de la cabeza un zurrón, para meter las cucharas;
las tripas para vihuelas para que bailen las damas.
Anónimo
ROMANCE NUEVAMENTE REHECHO DE LA FATAL
DESENVOLTURA DE LA CAVA FLORINDA

De una torre de palacio se salió por un postigo
la Cava con sus doncellas con gran fiesta y regocijo.
Metiéronse en un jardín cerca de un espeso ombrío
de jazmines y arrayanes, de pámpanos y racimos.
Junto a una fuente que vierte por seis caños de oro fino
cristal y perlas sonoras entre espadañas y lirios,
reposaron las doncellas buscando solaz y alivio
al fuego de mocedad y a los ardores de estío.
Daban al agua sus brazos, y tentada de su frío,
fue la Cava la primera que desnudó sus vestidos.
En la sombreada alberca su cuerpo brilla tan lindo
que al de todas las demás como sol ha escurecido.
Pensó la Cava estar sola, pero la ventura quiso
que entre unas espesas yedras la miraba el rey Rodrigo.
Puso la ocasión el fuego en el corazón altivo,
y amor, batiendo sus alas, abrasóle de improviso.
De la pérdida de España fue aquí funesto principio
una mujer sin ventura y un hombre de amor rendido.
Florinda perdió su flor, el rey padeció el castigo;
ella dice que hubo fuerza, él que gusto consentido.
Si dicen quién de los dos la mayor culpa ha tenido,
digan los hombres: la Cava y las mujeres: Rodrigo.
Anónimo
ROMANCE SEXTO - EL REINO PERDIDO
Las huestes de don Rodrigo desmayaban y huían
cuando en la octava batalla sus enemigos vencían.
Rodrigo deja sus tiendas y del real se salía,
solo va el desventurado, sin ninguna compañía;
el caballo de cansado ya moverse no podía,
camina por donde quiera sin que él le estorbe la vía.
El rey va tan desmayado que sentido no tenía;
muerto va de sed y hambre, de velle era gran mancilla;
iba tan tinto de sangre que una brasa parecía.
Las armas lleva abolladas, que eran de gran pedrería;
la espada lleva hecha sierra de los golpes que tenía;
el almete de abollado en la cabeza se hundía;
la cara llevaba hinchada del trabajo que sufría.
Subióse encima de un cerro, el más alto que veía;
desde allí mira su gente cómo iba de vencida;
de allí mira sus banderas y estandartes que tenía,
cómo están todos pisados que la tierra los cubría;
mira por los capitanes, que ninguno parescía;
mira el campo tinto en sangre, la cual arroyos corría.
Él, triste de ver aquesto, gran mancilla en sí tenía,
llorando de los sus ojos desta manera decía:
«Ayer era rey de España, hoy no lo soy de una villa;
ayer villas y castillos, hoy ninguno poseía;
ayer tenía criados y gente que me servía,
hoy no tengo ni una almena, que pueda decir que es mía.
¡Desdichada fue la hora, desdichado fue aquel día
en que nací y heredé la tan grande señoría,
pues lo había de perder todo junto y en un día!
¡Oh muerte!, ¿por qué no vienes y llevas esta alma mía
de aqueste cuerpo mezquino, pues se te agradecería?»
Anónimo
DINDIRINDÍN
Dindirindín dindirindín dirindaina,
dindirindín.
Yu me leve un bel maitín
Matineta per la prata,
Encontré lo ruiseñor
Que cantaba so la rama
Dindirindín.
Dindirindín dindirindín dirindaina,
dindirindín.
Ruiseñor, le ruiseñor
Faite-me aquesta embaixata
Y dígalo a mon ami,
Que yuya so maritata
Dindirindín.
Dindirindín dindirindín dirindaina,
dindirindín.
Anónimo
NUEVAS TE TRAYGO, CARILLO
Nuevas te traygo, Carillo
de tu mal.
—Dímelas agora, Pasqual.
—Sábete que Bartolilla,
la hija de Mari Mingo,
se desposó el domingo
con un zagual de la villa.
E gran cordojo i manzilla
de tu mal,
porqu’eres tan buen zagual.
Anónimo
LOS HOMBRES CON GRAN PLAZER
Los hombres con gran plazer
No saben qué se hazer.
Ángeles de alto viçio,
Cada qual de su oficio,
Fazed al nyño servicio,
Que nos quiso oy nascer.
Anónimo
TRES MORILLAS ME ENAMORAN
Tres morillas me enamoran
en Jaén,
Axa y Fátima y Marién.
Tres morillas tan garridas
iban a coger olivas,
y hallábanlas cogidas
en Jaén,
Axa y Fátima y Marién.
Y hallábanlas cogidas,
y tornaban desmaídas
y las colores perdidas
en Jaén,
Axa y Fátima y Marién.
Tres moricas tan lozanas,
tres moricas tan lozanas,
iban a coger manzanas
a Jaén:
Axa y Fátima y Marién.
Anónimo
AL ALBA VENID, BUEN AMIGO
Al alba venid, buen amigo,
al alba venid.
Amigo el que yo más quería,
venid al alba del día.
Amigo el que yo más amaba,
venid a la luz del alba.
Venid a la luz del día,
non trayáis compañía.
Venid a la luz del alba,
non traigáis gran compañía.
Anónimo
EN ÁVILA, MIS OJOS
En Ávila, mis ojos,
dentro en Ávila.
En Ávila del Río
mataron a mi amigo,
dentro en Ávila.
Anónimo
ROMANCE DEL PRISIONERO
Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.
Anónimo
EL INFANTE ARNALDOS
¡Quién hubiera tal ventura sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos la mañana de San Juan!
Andando a buscar la caza para su falcón cebar,
vio venir una galera que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas, la ejarcia de oro terzal,
áncoras tiene de plata, tablas de fino coral.
Marinero que la guía, diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo, arriba los hace andar;
las aves que van volando, al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos, bien oiréis lo que dirá:
—Por tu vida, el marinero, dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero, tal respuesta le fue a dar:
—Yo no canto mi canción sino a quién conmigo va.
Anónimo
ROMANCE DE FONTEFRIDA
Fontefrida, Fontefrida, Fontefrida y con amor,
do todas las avecicas van tomar consolación,
si no es la tortolica que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera pasar el traidor del ruiseñor,
las palabras que él decía llenas son de traición;
—Si tu quisieses, señora, yo sería tu servidor.
—Vete de ahí, enemigo, malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde, ni en prado que tenga flor,
que si hallo el agua clara, turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido, porque hijos no haya, no,
no quiero placer con ellos, ni menos consolación.
Déjame, triste enemigo, malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga ni casar contigo, no.
Anónimo
DE FRANCIA PARTIÓ LA NIÑA
De Francia partió la niña, de Francia la bien guarnida,
íbase para París, do padre y madre tenía.
Errado lleva el camino, errada lleva la guía,
arrimárase a un roble por esperar compañía.
Vio venir un caballero que a París lleva la guía.
La niña, desque lo vido, de esta suerte le decía:
—Si te place, caballero, llévesme en tu compañía.
—Pláceme, dijo, señora, pláceme, dijo, mi vida.
Apeóse del caballo por hacerle cortesía;
puso la niña en las ancas y él subiérase en la silla.
En el medio del camino de amores la requería.
La niña, desque lo oyera, díjole con osadía:
—Tate, tate, caballero, no hagáis tal villanía,
hija soy de un malato y de una malatía,
el hombre que a mi llegase malato se tornaría.
El caballero, con temor, palabra no respondía.
A la entrada de París la niña se sonreía.
—¿De qué vos reís, señora? ¿De qué vos reís, mi vida?
—Ríome del caballero y de su gran cobardía:
¡tener la niña en el campo y catarle cortesía!
Caballero, con vergüenza, estas palabras decía:
—Vuelta, vuelta, mi señora, que una cosa se me olvida.
La niña, como discreta, dijo: —Yo no volvería,
ni persona, aunque volviese, en mi cuerpo tocaría:
hija soy del rey de Francia y la reina Constantina,
el hombre que a mí llegase muy caro le costaría.
Anónimo
ROMANCE DE DOÑA ALDA
En París está doña Alda, la esposa de don Roldán,
trescientas damas con ella para bien la acompañar:
todas visten un vestido, todas calzan un calzar,
todas comen a una mesa, todas comían de un pan.
Las ciento hilaban el oro, las ciento tejen cendal,
ciento tañen instrumentos para a doña Alda alegrar.
Al son de los instrumentos doña Alda adormido se ha;
ensoñado había un sueño, un sueño de gran pesar.
Despertó despavorida con un dolor sin igual,
los gritos daba tan grandes se oían en la ciudad.
—¿Qué es aquesto, mi señora qué es el que os hizo mal?
—Un sueño soñé, doncellas, que me ha dado gran pesar:
que me veía en un monte en un desierto lugar:
y de so los montes altos un azor vide volar;
tras dél viene una aguililla que lo ahincaba muy mal.
El azor con grande cuita metióse so mi brial,
el águila con gran ira de allí lo iba a sacar;
con las uñas lo despluma, con el pico lo deshace.
Allí habló su camarera, bien oiréis lo que dirá:
—Aquese sueño, señora, bien os lo entiendo soltar:
el azor es vuestro esposo que de España viene ya,
el águila sedes vos, con la cual ha de casar,
y aquel monte era la iglesia, donde os han de velar.
—Si es así, mi camarera, bien te lo entiendo pagar.
Otro día de mañana cartas de lejos le traen:
tintas venían de fuera, de dentro escritas con sangre,
que su Roldán era muerto en la caza de Roncesvalles.
Cuando tal oyó doña Alda muerta en el suelo se cae.
Anónimo
ROMANCE DE GERINELDO
Levantóse Gerineldo, que al rey dejara dormido,
fuese para la infanta donde estaba en el castillo.
—Abráisme, dijo, señora, abráisme, cuerpo garrido.
—¿Quién sois vos, el caballero, que llamáis a mi postigo?
—Gerineldo soy, señora, vuestro tan querido amigo.
Tomárala por la mano, en un lecho la ha metido,
y besando y abrazando Gerineldo se ha dormido.
Recordado había el rey de un sueño despavorido;
tres veces lo había llamado, ninguna le ha respondido.
—Gerineldo, Gerinaldo, mi camarero pulido;
si me andas en traición, trátasme como a enemigo.
O dormías con la infanta o me has vendido el castillo.
Tomó la espada en la mano, en gran saña va encendido,
fuérase para la cama donde a Gerineldo vido.
El quisiéralo matar, mas criole de chiquito.
Sacara luego la espada, entrambos la ha metido,
porque desque recordase viese cómo era sentido.
Recordado había la infanta y la espada ha conocido.
—Recordados, Gerineldo, que ya érades sentido,
que la espada de mi padre yo me la he bien conocido.
Anónimo, 1537
ROMANCE DE ROSAFRESCA
Rosafresca, Rosafresca, tan garrida y con amor,
cuando yo os tuve en mis brazos no vos supe servir, no,
y ahora que os serviría no vos puedo haber, no.
—Vuestra fue la culpa, amigo, vuestra fue, que mía no:
enviásteme una carta con un vuestro servidor
y en lugar de recaudar él dijera otra razón:
que érades casado, amigo, allá en tierra de León,
que tenéis mujer hermosa y hijos como una flor.
—Quien vos lo dijo, señora, no vos dijo verdad, no,
que yo nunca entré en Castilla ni allá en tierras de León,
sino cuando era pequeño que no sabía de amor.
Anónimo
ROMANCE DE GERINELDO Y LA INFANTA
—Gerineldo, Gerineldo, paje del rey más querido,
quién te tuviera esta noche en mi jardín florecido.
Válgame Dios, Gerineldo, cuerpo que tienes tan lindo.
—Como soy vuestro criado, señora, burláis conmigo.
—No me burlo, Gerineldo, que de veras te lo digo.
—¿Y cuándo, señora mía, cumpliréis lo prometido?
—Entre las doce y la una que el rey estará dormido.
Media noche ya es pasada. Gerineldo no ha venido.
«¡Oh, malhaya, Gerineldo, quien amor puso contigo!»
—Abráisme, la mi señora, abráisme, cuerpo garrido.
—¿Quién a mi estancia se atreve, quién llama así a mi postigo?
—No os turbéis, señora mía, que soy vuestro dulce amigo.
Tomáralo por la mano y en el lecho lo ha metido;
entre juegos y deleites la noche se les ha ido,
y allá hacia el amanecer los dos se duermen vencidos.
Despertado había el rey de un sueño despavorido.
«O me roban a la infanta o traicionan el castillo.»
Aprisa llama a su paje pidiéndole los vestidos:
«¡Gerineldo, Gerineldo, el mi paje más querido!»
Tres veces le había llamado, ninguna le ha respondido.
Puso la espada en la cinta, adonde la infanta ha ido;
vio a su hija, vio a su paje como mujer y marido.
«¿Mataré yo a Gerineldo, a quien crié desde niño?
Pues si matare a la infanta, mi reino queda perdido.
Pondré mi espada por medio, que me sirva de testigo.»
Y salióse hacia el jardín sin ser de nadie sentido.
Rebullíase la infanta tres horas ya el sol salido;
con el frior de la espada la dama se ha estremecido.
—Levántate, Gerineldo, levántate, dueño mío,
la espada del rey mi padre entre los dos ha dormido.
—¿Y adónde iré, mi señora, que del rey no sea visto?
—Vete por ese jardín cogiendo rosas y lirios;
pesares que te vinieren yo los partiré contigo.
—¿Dónde vienes, Gerineldo, tan mustio y descolorido?
—Vengo del jardín, buen rey, por ver cómo ha florecido;
la fragancia de una rosa la color me ha devaído.
—De esa rosa que has cortado mi espada será testigo.
—Matadme, señor, matadme, bien lo tengo merecido.
Ellos en estas razones, la infanta a su padre vino:
—Rey y señor, no le mates, mas dámelo por marido.
O si lo quieres matar la muerte será conmigo.
Anónimo
LA MISA DEL AMOR
Mañanita de San Juan, mañanita de primor,
cuando damas y galanes van a oír misa mayor.
Allá va la mi señora, entre todas la mejor;
viste saya sobre saya, mantellín de tornasol,
camisa con oro y perlas bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca, un poquito de arrebol,
y en los sus ojuelos garzos lleva un poco de alcohol;
así entraba por la iglesia relumbrando como el sol.
Las damas mueren de envidia, y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro, en el credo se perdió;
el abad que dice misa, ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan, no aciertan responder, non,
por decir amén, amén, decían amor, amor.
Anónimo
ROMANCE DE ROSAFLORIDA
En Castilla está un castillo, que se llama Rocafrida;
al castillo llaman Roca, y a la fonte llaman Frida.
El pie tenía de oro y almenas de plata fina;
entre almena y almena está una piedra zafira;
tanto relumbra de noche como el sol a mediodía.
Dentro estaba una doncella que llaman Rosaflorida;
siete condes la demandan, tres duques de Lombardía;
a todos les desdeñaba, tanta es su lozanía.
Enamoróse de Montesinos de oídas, que no de vista.
Una noche estando así, gritos da Rosaflorida;
oyérala un camarero, que en su cámara dormía.
—«¿Qu’es aquesto, mi señora? ¿Qu’es esto, Rosaflorida?
»O tenedes mal de amores, o estáis loca sandía».
—«Ni yo tengo mal de amores, ni estoy loca sandía,
»mas llevásesme estas cartas a Francia la bien guarnida;
»diéseslas a Montesinos, la cosa que yo más quería;
»dile que me venga a ver para la Pascua Florida;
»darle he siete castillos los mejores que hay en Castilla;
»y si de mí más quisiere yo mucho más le daría:
»darle he yo este mi cuerpo, el más lindo que hay en Castilla,
»si no es el de mi hermana, que de fuego sea ardida».
Anónimo
ENTREVISTA DE BERNARDO CON EL REY
Con cartas sus mensajeros el rey al Carpio envió:
Bernardo, como es discreto, de traición se receló:
las cartas echó en el suelo y al mensajero habló:
—Mensajero eres, amigo, no mereces culpa, no,
mas al rey que acá te envía dígasle tú esta razón:
que no le estimo yo a él ni aun a cuantos con él son;
mas por ver lo que me quiere todavía allá iré yo.
Y mandó juntar los suyos, de esta suerte les habló:
—Cuatrocientos sois, los míos, los que comedes mi pan:
los ciento irán al Carpio para el Carpio guardar,
los ciento por los caminos, que a nadie dejen pasar;
doscientos iréis conmigo para con el rey hablar;
si mala me la dijere, peor se la he de tornar.
Por sus jornadas contadas a la corte fue a llegar:
—Dios os mantenga, buen rey, y a cuantos con vos están.
—Mal vengades vos, Bernardo, traidor, hijo de mal padre,
dite yo el Carpio en tenencia, tú tómaslo en heredad.
—Mentides, el rey, mentides, que no dices la verdad,
que si yo fuese traidor, a vos os cabría en parte;
acordáseos debía de aquella del Encinal,
cuando gentes extranjeras allí os trataron tan mal,
que os mataron el caballo y aun a vos querían matar;
Bernardo, como traidor, de entre ellos os fue a sacar.
Allí me diste el Carpio de juro y de heredad,
prometísteme a mi padre, no me guardaste verdad.
—Prendedlo, mis caballeros, que igualado se me ha.
—Aquí, aquí los mis doscientos, los que comedes mi pan,
que hoy era venido el día que honra habemos de ganar.
El rey, de que aquesto viera, de esta suerte fue a hablar:
—¿Qué ha sido aquesto, Bernardo; que así enojado te has?
¿Lo que hombre dice de burla de veras vas a tomar?
Yo te dó el Carpio, Bernardo, de juro y de heredad.
—Aquestas burlas, el rey no son burlas de burlar;
llamásteme de traidor, traidor, hijo de mal padre:
el Carpio yo no lo quiero, bien lo podéis vos guardar,
que cuando yo lo quisiere, muy bien lo sabré ganar.
Anónimo
ROMANCE I DICE CÓMO EL CID VENGÓ A SU PADRE
Pensativo estaba el Cid viéndose de pocos años
para vengar a su padre matando al conde Lozano;
miraba el bando temido del poderoso contrario
que tenía en las montañas mil amigos asturianos;
miraba cómo en la corte de ese buen rey Don Fernando
era su voto el primero, y en guerra el mejor su brazo;
todo le parece poco para vengar este agravio,
el primero que se ha hecho a la sangre de Lain Calvo;
no cura de su niñez, que en el alma del hidalgo
el valor para crecer no tiene cuenta a los años.
Descolgó una espada vieja de Mudarra el castellano,
que estaba toda mohosa, por la muerte de su amo.
«Haz cuenta, valiente espada, que es de Mudarra mi brazo
y que con su brazo riñes porque suyo es el agravio.
Bien puede ser que te corras de verte así en la mi mano,
mas no te podrás correr de volver atrás un paso.
Tan fuerte como tu acero me verás en campo armado;
tan bueno como el primero, segundo dueño has cobrado;
y cuando alguno te venza, del torpe hecho enojado,
hasta la cruz en mi pecho te esconderé muy airado.
Vamos al campo, que es hora de dar al conde Lozano
el castigo que merece tan infame lengua y mano».
Determinado va el Cid, y va tan determinado,
que en espacio de una hora mató al conde y fue vengado.
Anónimo
ROMANCE II DE CÓMO JIMENA, LA HIJA DEL
CONDE LOZANO, PIDE AL REY VENGANZA
Grande rumor se levanta de gritos, armas y voces
en el palacio de Burgos, donde son los ricoshombres.
Bajó el rey de su aposento y con él toda la corte,
y a las puertas del palacio hallan a Jimena Gómez,
desmelenado el cabello, llorando a su padre el conde;
y a Rodrigo de Vivar ensangrentado el estoque.
Vieron al soberbio mozo el rostro airado se pone,
de doña Jimena oyendo lo que dicen sus clamores:
—¡Justicia, buen rey, te pido y venganza de traidores;
así se logren tus hijos y de tus hazañas goces,
que aquel que no la mantiene de rey no merece el nombre!
Y tú, matador cruel, no por mujer me perdones:
la muerte, traidor, te pido, no me la niegues ni estorbes,
pues mataste un caballero, el mejor de los mejores.
En esto, viendo Jimena que Rodrigo no responde,
y que tomando las riendas en su caballo se pone,
el rostro volviendo a todos, por obligalles da voces,
y viendo que no le siguen grita: —¡Venganza, señores!
Anónimo
ROMANCE III EN QUE DOÑA JIMENA PIDE
DE NUEVO JUSTICIA AL REY
En Burgos está el buen rey asentado a su yantar,
cuando la Jimena Gómez se le vino a querellar;
cubierta paños de luto, tocas de negro cendal;
las rodillas por el suelo, comenzara de fablar;
—Con mancilla vivo, rey; con ella vive mi madre;
cada día que amanece veo quien mató a mi padre
caballero en un caballo y en su mano un gavilán;
por hacerme más enojo cébalo en mi palomar;
con sangre de mis palomas ensangentó mi brial.
¡Hacedme, buen rey justicia, no me la queráis negar!
Rey que non face justicia non debía de reinar,
ni comer pan a manteles, ni con la reina folgar.
El rey cuando aquesto oyera comenzara de pensar:
«Si yo prendo o mato al Cid, mis cortes revolverse han;
pues, si lo dejo de hacer, Dios me lo demandará».
Allí habló doña Jimena palabras bien de notar:
—Yo te lo diría, rey, como lo has de remediar.
Mantén tú bien las tus cortes, no te las revuelva nadie,
y al que mi padre mató dámelo para casar,
que quien tanto mal me hizo sé que algún bien me fará.
—Siempre lo he oído decir, y ahora veo que es verdad,
que el seso de las mujeres no era cosa natural:
hasta aquí pidió justicia, ya quiere con él casar.
Mandaré una carta al Cid, mandarle quiero llamar.
Las palabras no son dichas, la carta camino va;
mensajero que la lleva dado la había a su padre.
Anónimo
ROMANCE VIII CARTA DE DOÑA JIMENA AL REY
En los solares de Burgos a su Rodrigo aguardando,
tan encinta está Jimena, que muy cedo aguarda el parto;
cuando demás dolorida una mañana en disanto,
bañada en lágrimas tiernas, escribe al rey don Fernando:
«A vos, el mi señor rey, el bueno, el aventurado,
el magno, el conquistador, el agradecido, el sabio,
la vuestra sierva Jimena, fija del conde Lozano,
desde Burgos os saluda, donde vive lacerando.
Perdonédesme señor, que no tengo pecho falso,
y si mal talante os tengo, no puedo disimulallo.
¿Qué ley de Dios vos otorga que podáis, por tiempo tanto
como ha que fincáis en lides, descasar a los casados?
¿Qué buena razón consiente que a mi marido velado
no le soltéis para mí sino una vez en el año?
Y esa vez que lo soltáis, fasta los pies del caballo
tan teñido en sangre viene, que pone pavor mirallo;
y no bien mis brazos toca cuando se duerme en mis brazos,
y en sueños gime y forcejea, que cuida que está lidiando,
y apenas el alba rompe, cuando lo están acuciando
las esculcas y adalides para que se vuelva al campo.
Llorando vos lo pedí y en mi soledad cuidando
de cobrar padre y marido, ni uno tengo, ni otro alcanzo.
Y como otro bien no tengo y me lo habedes quitado,
en guisa lo lloro vivo cual si estuviese enterrado.
Si lo facéis por honralle, asaz Rodrigo es honrado,
pues no tiene barba, y tiene reyes moros por vasallos.
Yo finco, señor, encinta, que en nueve meses he entrado
y me pueden empecer las lágrimas que derramo.
Dad este escrito a las llamas, non se fega de él palacio,
que en malos barruntadores no me será bien contado».
Anónimo
ROMANCE IX LA RESPUESTA DEL REY
Pidiendo a las diez del día papel a su secretario,
a la carta de Jimena responde el rey por su mano;
y después de hacer la cruz con cuatro puntos y un rasgo,
aquestas palabras pone a guisa de cortesano:
«A vos, la noble Jimena, la del marido envidiado,
vos envío mis saludos en fe de quereros tanto.
Que estáis de mi querellosa, decís en vuestro despacho,
que non vos suelto el marido sino una vez en el año,
»y que cuando vos le suelto, en lugar de regalaros,
en vuestros brazos se duerme como viene tan cansado.
Si supiérades, señora, que vos quitaba el velado
para mis namoramientos, fuera bien el lamentarlo;
»mas si sólo vos lo quito para lidiar en el campo
con los moros convecinos, non vos fago mucho agravio;
que si yo no hubiera puesto las mis huertas a su cargo,
ni vos fuerais más que dueña, ni él fuera más que un hidalgo.
»A no vos tener encinta, señora, el vuestro velado
creyera de su dormir lo que me habedes contado.
Más pues el parto esperáis… si os falta un marido al lado,
no importa, que sobra un rey que os hará cien mil regalos.
»Decís que entregue a las llamas la carta que habéis mandado;
a contener herejías, fuera digna de tal caso;
mas pues razones contiene dignas de los siete sabios,
mejor es para mi archivo que non para el fuego ingrato.
»Y porque guardéis la mía y no la fagáis pedazos,
por ella a lo que pariéredes prometo buen aguinaldo:
si fuere hijo, daréle una espada y un caballo
y cien mil maravedís para ayuda de su gasto;
»si fija, para su dote prometo poner en cambio
desde el día en que naciere de plata cuarenta marcos.
Con esto ceso, señora, y no de estar suplicando
a la Virgen vos ayude en los dolores del parto.»
Anónimo
ROMANCE X DE LA MUERTE DEL REY
DON FERNANDO EN EL CASTILLO
DE CABEZÓN, A UNA CORTA JORNADA
DE VALLADOLID

Doliente estaba, doliente, ese buen rey don Fernando;
los pies tiene cara oriente y la candela en la mano.
A su cabecera tiene arzobispos y perlados;
a su man derecha tiene los sus hijos todos cuatro:
los tres eran de la reina y el uno era bastardo.
Ese que bastardo era quedaba mejor librado:
abad era de Sahagund, arzobispo de Santiago,
y del Papa cardenal, en las Españas legado.
—Si yo no muriera, hijo, vos fuérades Padre Santo,
mas con la renta que os queda, bien podréis, hijo,
alcanzarlo.
Anónimo
ROMANCE XI DE LA INFANTA DOÑA URRACA,
QUE SE FUE PARA CABEZÓN A QUEJARSE
MUY MALAMENTE AL REY SU PADRE

—Morir vos queredes, padre, ¡San Miguel vos haya el alma!
Mandastes las vuestra tierras a quien se vos antojara:
diste a don Sancho a Castilla, Castilla la bien nombrada,
a don Alfonso a León con Asturias y Sanabria,
a don García a Galicia con Portugal la preciada,
¡y a mí, porque soy mujer, dejáisme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra como una mujer errada;
mi lindo cuerpo daría a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere, haré bien por vuestra alma.
Allí preguntara el rey: —¿Quién es esa que así habla?
Respondiera el arzobispo: —Vuestra hija doña Urraca.
—Calledes, hija, calledes, no digades tal palabra,
que mujer que tal decía merecía ser quemada.
Allá en tierra leonesa un rincón se me olvidaba,
Zamora tiene por nombre, Zamora la bien cercada,
de un lado la cerca el Duero, del otro peña tajada.
¡Quien vos la quitare, hija, la mi maldición le caiga!
Todos dicen: “Amen, amen”, sino don Sancho que calla.
Anónimo
ROMANCE XII DE DOÑA URRACA, CERCADA EN ZAMORA
¡Rey don Sancho, rey don Sancho, ya que te apuntan las barbas,
quien te las vido nacer no te las verá logradas!
Don Fernando apenas muerto, Sancho a Zamora cercaba,
de un cabo la cerca el rey, del otro el Cid la apremiaba.
Del cabo que el rey la cerca Zamora no se da nada;
del cabo que el Cid la aqueja Zamora ya se tomaba;
corren las aguas del Duero tintas en sangre cristiana.
Habló el viejo Arias Gonzalo, el ayo de doña Urraca:
—Vámonos, hija, a los moros dejad a Zamora salva,
pues vuestro hermano y el Cid tan mal os desheredaban.
Doña Urraca en tanta cuita se asomaba a la muralla,
y desde una torre mocha el campo del Cid miraba.
Anónimo
ROMANCE XIII EN QUE DOÑA URRACA
RECUERDA CUANDO EL CID SE CRIABA
CON ELLA EN SU PALACIO EN ZAMORA

—¡Afuera, afuera, Rodrigo, el soberbio castellano!
Acordársete debría de aquel buen tiempo pasado
que te armaron caballero en el altar de Santiago,
cuando el rey fue tu padrino, tú, Rodrigo, el ahijado;
mi padre te dio las armas, mi madre te dio el caballo,
yo te calcé espuela de oro porque fueses más honrado;
pensando casar contigo, ¡no lo quiso mi pecado!,
casástete con Jimena, hija del conde Lozano;
con ella hubiste dineros, conmigo hubieras estados;
dejaste hija de rey por tomar la de un vasallo.
En oír esto Rodrigo volvióse mal angustiado:
—¡Afuera, afuera, los míos, los de a pie y los de a caballo,
pues de aquella torre mocha una vira me han tirado!,
no traía el asta hierro, el corazón me ha pasado;
¡ya ningún remedio siento, sino vivir más penado!
Anónimo
ROMANCE XV DEL CABALLERO LEAL
ZAMORANO Y DE VELLIDO
DOLFOS, QUE SE SALIÓ DE ZAMORA
PARA CON FALSEDAD HACERSE
VASALLO DEL REY DON SANCHO

Sobre el muro de Zamora; vide un caballero erguido;
al real de los castellanos da con grande grito:
—¡Guarte, guarte, rey don Sancho, no digas que no te aviso,
que del cerco de Zamora un traidor había salido;
Vellido Dolfos se llama, hijo de Dolfos Vellido,
si gran traidor fue su padre, mayor traidor es el hijo;
cuatro traiciones ha hecho, y con ésta serán cinco!
Si te engaña, rey don Sancho, no digas que no te aviso.
Gritos dan en el real: ¡A don Sancho han mal herido!
¡Muerto le ha Vellido Dolfos; gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto, metióse por un postigo,
por las calle de Zamora va dando voces y gritos:
—¡Tiempo era, doña Urraca, de cumplir lo prometido!
Anónimo
ROMANCE XVII CON EL RETO DE DIEGO ORDÓÑEZ
Ya cabalga Diego Ordóñez, ya del real había salido,
armado de piezas dobles, sobre un caballo morcillo;
va a retar a los zamoranos, por muerte del rey su primo.
Vido estar a Arias Gonzalo en el muro del castillo;
allí detuvo el caballo, levantóse en los estribos:
—¡Yo os reto, los zamoranos, por traidores fementidos!
¡Reto a mancebos y viejos, reto a mujeres y niños,
reto también a los muertos y a los que aún no son nacidos;
reto la tierra que moran, reto yerbas, panes, vinos,
desde las hojas del monte hasta las piedras del río,
pues fuisteis en la traición del alevoso Vellido!
Respondióle Arias Gonzalo, como viejo comedido:
—Si yo fuera cual tú dices, no debiera ser nacido.
Bien hablas como valiente, pero no como entendido.
¿Qué culpa tienen los muertos en lo que hacen los vivos?
Y en lo que los hombres hacen, ¿qué culpa tienen los niños?
Dejéis en paz a los muertos, sacad del reto a los niños,
y por todo lo demás yo habré de lidiar contigo.
Más bien sabes que en España antigua costumbre ha sido
que hombre que reta a concejo haya de lidiar con cinco,
y si uno de ellos le vence, el concejo queda quito.
Don Diego cuando esto oyera algo fuera arrepentido;
mas sin mostrar cobardía, dijo: —Afírmome a lo dicho.
Anónimo
ROMANCE XVIII CUENTA CÓMO ARIAS
GONZALO SE PREPARABA
PARA LIDIAR EL RETO

Tristes van los zamoranos metidos en gran quebranto;
retados son de traidores, de alevosos son llamados;
más quieren todos ser muertos que no traidores nombrados.
Día era de san Millán, ese día señalado,
todos duermen en Zamora, mas no duerme Arias Gonzalo;
aún no es bien amanecido que el cielo estaba estrellado,
castigando está a sus hijos, a todos cuatro está armando,
las palabras que les dice son de mancilla y quebranto:
—Yo he de lidiar el primero con don Diego el castellano:
si con mentira nos reta, vencerle he y hágoos salvos;
pero si cualquier traidor hay entre los zamoranos,
y él nos reta con verdad, muerto quedaré en el campo.
Morir quiero y no ver muerte de hijos que tanto amo.
Las armas pide el buen viejo, sus hijos le están armando,
las grebas le están poniendo; doña Urraca que allí ha entrado,
llorando de los sus ojos y el cabello destrenzado:
—¿Para qué tomas las armas? ¿Dónde vas, mi viejo amo:
pues sabéis, si vos morís, perdido es todo mi estado?
¡Acordaos que prometistes a mi padre don Fernando
de nunca desampararme ni dejar de vuestra mano!
Caballeros de la infanta a don Arias van rogando
que les deje la batalla, que la tomarán de grado;
mas él sólo da sus armas a su hijo don Fernando:
—¡Dios vaya contigo, hijo, la mi bendición te mando;
ve a salvar los de Zamora; como Cristo a los humanos!
Sin poner pie en el estribo don Fernando ha cabalgado.
Por aquel postigo viejo galopando se ha alejado
adonde estaban los jueces, que ya le están esperando;
partido les han el sol, dejado les han el campo.
Anónimo
ROMANCE XIX DEL ENTIERRO DE FERNAND ARIAS
Por aquel postigo viejo
que nunca fuera cerrado
vi venir seña bermeja
con trescientos de caballo;
un pendón traen sangriento,
de negro muy bien bordado,
y en medio de los trescientos
traen un cuerpo finado;
Fernand Arias ha por nombre,
hijo de Arias Gonzalo.
A la entrada de Zamora
un gran llanto es comenzado.
Llorábanle cien doncellas,
todas ciento hijasdalgo;
sobre todas lo lloraba
esa Infanta Urraca Hernando,
¡ y cuán triste la consuela
el buen viejo Arias Gonzalo!:
—¡Callad, mi ahijada, callad,
no hagades tan grande llanto;
por un hijo que me han muerto,
vivos me quedaban cuatro;
que no murió entre las damas,
ni menos tablas jugando,
mas murió sobre Zamora,
vuestra honra resguardando!
¡Ay de mí, viejo mezquino!
¡Quién no te hubiera criado,
para verte, Fernand Arias,
agora muerto en mis brazos!
Ya tocaban las campanas,
ya llevaban a enterrarlo
allá en la iglesia mayor,
junto al altar de Santiago,
en una tumba muy rica,
como requiere su estado.
Anónimo
ROMANCE XX ES EL DE
LA JURA DE SANTA GADEA

En Santa Gadea de Burgos
do juran los hijosdalgo,
allí toma juramento
el Cid al rey castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo.
Las juras eran tan recias
que al buen rey ponen espanto.
—Villanos te maten, rey,
villanos, que no hidalgos;
abarcas traigan calzadas,
que no zapatos con lazo;
traigan capas aguaderas,
no capuces ni tabardos;
con camisones de estopa,
no de holanda ni labrados;
cabalguen en sendas burras,
que no en mulas ni en caballos,
las riendas traigan de cuerda,
no de cueros fogueados;
mátente por las aradas,
no en camino ni en poblado;
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados;
sáquente el corazón vivo,
por el derecho costado,
si no dices la verdad
de lo que te es preguntado:
si tú fuiste o consentiste
en la muerte de tu hermano.
Las juras eran tan fuertes
que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero
de los suyos más privado:
—Haced la jura, buen rey,
no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor,
ni Papa descomulgado.
Jura entonces el buen rey
que en tal nunca se ha hallado.
Después habla contra el Cid
malamente y enojado:
—Mucho me aprietas, Rodrigo,
Cid, muy mal me has conjurado,
mas si hoy me tomas la jura,
después besarás mi mano.
—Aqueso será, buen rey,
como fuer galardonado,
porque allá en cualquier tierra
dan sueldo a los hijosdalgo.
—¡Vete de mis tierras, Cid,
mal caballero probado,
y no me entres más en ellas,
desde este día en un año!
—Que me place —dijo el Cid—.
que me place de buen grado,
por ser la primera cosa
que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno
yo me destierro por cuatro.
Ya se partía el buen Cid
sin al rey besar la mano;
ya se parte de sus tierras,
de Vivar y sus palacios:
las puertas deja cerradas,
los alamudes echados,
las cadenas deja llenas
de podencos y de galgos;
sólo lleva sus halcones,
los pollos y los mudados.
Con el iban los trescientos
caballeros hijosdalgo;
los unos iban a mula
y los otros a caballo;
todos llevan lanza en puño,
con el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas
con borlas de colorado.
Por una ribera arriba
al Cid van acompañando;
acompañándolo iban
mientras él iba cazando.
Anónimo
ROMANCE DEL REY DON SANCHO
—¡Rey don Sancho, rey don Sancho!, no digas que no te aviso,
que de dentro de Zamora un alevoso ha salido;
llámase Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido,
cuatro traiciones ha hecho, y con esta serán cinco.
Si gran traidor fue el padre, mayor traidor es el hijo.
Gritos dan en el real: —¡A don Sancho han mal herido!
Muerto le ha Vellido Dolfos, ¡gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto, metiose por un postigo,
por las calle de Zamora va dando voces y gritos:
—T
iempo era, doña Urraca, de cumplir lo prometido.
Anónimo
ROMANCE DEL RETO A LOS ZAMORANOS
Ya cabalga Diego Ordóñez, del real se había salido
de dobles piezas armado y un caballo morcillo;
va a reptar los zamoranos por la muerte de su primo,
que mató Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido.
—Yo os riepto, los zamoranos, por traidores fementidos,
riepto a todos los muertos y con ellos a los vivos,
riepto hombres y mujeres, los por nacer y nacidos,
riepto a todos los grandes, a los grandes y a los chicos,
a las carnes y pescados y a las aguas de los ríos.
Allí habló Arias Gonzalo, bien oiréis lo que hubo dicho:
¿Qué culpa tienen los viejos? ¿qué culpa tienen los niños?
¿qué merecen las mujeres y los que no son nacidos?
¿por qué rieptas a los muertos, los ganados y los ríos?
Bien sabéis vos, Diego Ordóñez, muy bien lo tenéis sabido,
que aquel que riepta a concejo debe de lidiar con cinco.
Ordóñez le respondió: —Traidores heis todos sido.
Anónimo
ROMANCE DE FERNÁN D’ARIAS
Por aquel postigo viejo que nunca fuera cerrado,
vi venir pendón bermejo con trescientos de caballo;
en medio de los trescientos viene un monumento armado,
y dentro del monumento viene un ataúd de palo,
y dentro del ataúd venía un cuerpo finado.
Fernán d’Arias ha por nombre, hijo de Arias Gonzalo.
Llorábanle cien doncellas, todas ciento hijasdalgo;
todas eran sus parientas en tercero y cuarto grado;
las unas le dicen primo, otras lo llaman hermano,
las otras decían tío, otras lo llaman cuñado.
Sobre todas lo lloraba aquesa Urraca Hernando,
¡y cuán bien que la consuela ese viejo Arias Gonzalo!
—¿Por qué lloráis, mis doncellas? ¿por qué hacéis tan grande llanto?
No lloréis así, señoras, que no es para llorarlo,
que si un hijo me han muerto, ahí me quedaban cuatro.
No murió por las tabernas, ni a las tablas jugando,
mas murió sobre Zamora, vuestra honra resguardando;
murió como un caballero con sus armas peleando.
Anónimo
ROMANCE DE FERNÁN D’ARIAS,
HIJO DE ARIAS GONZALO

Por aquel postigo viejo
que nunca fuera cerrado
vi venir pendón bermejo
con trescientos de caballo,
en medio de los trescientos
viene un monumento armado,
y dentro del monumento
viene un cuerpo de un finado
Fernán d’Arias ha por nombre,
fijo de Arias Gonzalo.
Llorábanle cien doncellas,
todas ciento hijasdalgo;
todas eran sus parientas
en tercero y cuarto grado,
las unas le dicen primo,
otras le llaman hermano,
las otras decían tío
otras lo llaman cuñado.
Sobre todas lo lloraba
aquesa Urraca Hernando,
¡y cuán bien que la consuela
ese viejo Arias Gonzalo!:
—Calledes, hija, calledes,
calledes, Urraca Hernando,
que si un hijo me han muerto,
ahí me quedaban cuatro.
No murió por las tabernas
ni a las tablas jugando,
mas murió sobre Zamora,
vuestra honra resguardando.
Anónimo
ROMANCE DEL JURAMENTO QUE TOMÓ
EL CID AL REY DON ALONSO

En santa Águeda de Burgos, do juran los hijosdalgo,
le toman jura a Alfonso por la muerte de su hermano;
tomábasela el buen Cid, ese buen Cid castellano,
sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo
y con unos evangelios y un crucifijo en la mano.
Las palabras son tan fuertes que al buen rey ponen espanto;
—Villanos te maten, Alonso, villanos, que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo, que no sean castellanos;
mátente con aguijadas, no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados;
abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo;
capas traigan aguaderas, no de contray ni frisado;
con camisones de estopa, no de holanda ni labrados;
caballeros vengan en burras, que no en mulas ni en caballos;
frenos traigan de cordel, que no cueros fogueados.
Mátente por las aradas, que no en villas ni en poblado,
sáquente el corazón por el siniestro costado;
si no dijeres la verdad de lo que te fuere preguntando,
si fuiste, o consentiste en la muerte de tu hermano.
Las juras eran tan fuertes que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero que del rey es más privado:
—Haced la jura, buen rey, no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor, ni papa descomulgado.
Jurado había el rey que en tal nunca se ha hallado;
pero allí hablara el rey malamente y enojado:
—Muy mal me conjuras, Cid, Cid, muy mal me has conjurado,
mas hoy me tomas la jura, mañana me besarás la mano.
—Por besar mano de rey no me tengo por honrado,
porque la besó mi padre me tengo por afrentado.
—Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado,
y no vengas más a ellas dende este día en un año.
—Pláceme, dijo el buen Cid, pláceme, dijo, de grado,
por ser la primera cosa que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno, yo me destierro por cuatro.
Ya se parte el buen Cid, sin al rey besar la mano,
con trescientos caballeros, todos eran hijosdalgo;
todos son hombres mancebos, ninguno no había cano;
todos llevan lanza en puño y el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas con borlas de colorado.
Mas no le faltó al buen Cid adonde asentar su campo.
Anónimo
ROMANCE DEL JURAMENTO QUE
TOMÓ EL CID AL REY DON ALONSO

En santa Gadea de Burgos, do juran los hijosdalgo,
allí le toma la jura el Cid al rey castellano.
Las juras eran tan fuertes que al buen rey ponen espanto;
sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo:
—Villanos te maten, Alonso, villanos, que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo, que no sean Castellanos;
mátente con aguijadas, no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados;
abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo;
capas traigan aguaderas, no de contray ni frisado;
con camisones de estopa, no de holanda ni labrados;
caballeros vengan en burras, que no en mulas ni en caballos;
frenos traigan de cordel, que no cueros fogueados.
Mátente por las aradas, que no en villas ni en poblado;
sáquente el corazón por el siniestro costado;
si no dijeres la verdad de lo que te fuere preguntando,
si fuiste ni consentiste en la muerte de tu hermano.—
Jurado había el rey que en tal nunca se ha hallado,
pero allí hablara el rey malamente y enojado:
—Muy mal me conjuras, Cid, Cid, muy mal me has conjurado;
mas hoy me tomas la jura, mañana me besarás la mano.
—Por besar mano de rey no me tengo por honrado,
porque la besó mi padre me tengo por afrentado.
—Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado,
y no vengas más a ellas dende este día en un año.
—Pláceme, dijo el buen Cid, pláceme, dijo, de grado,
tú me destierras por uno, yo me destierro por cuatro.—
Ya se parte el buen Cid, sin al rey besar la mano,
con trescientos caballeros, todos eran hijosdalgo,
todos son hombres mancebos, ninguno no había cano;
todos llevan lanza en puño y el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas, con borlas de colorado;
mas no le faltó al buen Cid adonde asentar su campo.
Anónimo
ROMANCE DE LA DONCELLA GUERRERA
Pregonadas son las guerras de Francia para Aragón,
¡Cómo las haré yo, triste, viejo y cano, pecador!
¡No reventaras, condesa, por medio del corazón,
que me diste siete hijas, y entre ellas ningún varón!
Allí habló la más chiquita, en razones la mayor:
—No maldigáis a mi madre, que a la guerra me iré yo;
me daréis las vuestras armas, vuestro caballo trotón.
—Conoceránte en los pechos, que asoman bajo el jubón.
—Yo los apretaré, padre, al par de mi corazón.
—Tienes las manos muy blancas, hija no son de varón.
—Yo les quitaré los guantes para que las queme el sol.
—Conocerante en los ojos, que otros más lindos no son.
—Yo los revolveré, padre, como si fuera un traidor.
Al despedirse de todos, se le olvida lo mejor:
—¿Cómo me he de llamar, padre? —Don Martín el de Aragón.
—Y para entrar en las cortes, padre ¿cómo diré yo?
—Besoos la mano, buen rey, las cortes las guarde Dios.
Dos años anduvo en guerra y nadie la conoció
si no fue el hijo del rey que en sus ojos se prendó.
—Herido vengo, mi madre, de amores me muero yo;
los ojos de Don Martín son de mujer, de hombre no.
—Convídalo tú, mi hijo, a las tiendas a feriar,
si Don Martín es mujer, las galas ha de mirar.
Don Martín como discreto, a mirar las armas va:
—¡Qué rico puñal es éste, para con moros pelear!
—Herido vengo, mi madre, amores me han de matar,
los ojos de Don Martín roban el alma al mirar.
—Llevarasla tú, hijo mío, a la huerta a solazar;
si Don Martín es mujer, a los almendros irá.
Don Martín deja las flores, un vara va a cortar:
—¡Oh, qué varita de fresno para el caballo arrear!
—Hijo, arrójale al regazo tus anillas al jugar:
si Don Martín es varón, las rodillas juntará;
pero si las separase, por mujer se mostrará.
Don Martín muy avisado hubiéralas de juntar.
—Herido vengo, mi madre, amores me han de matar;
los ojos de Don Martín nunca los puedo olvidar.
—Convídalo tú, mi hijo, en los baños a nadar.
Todos se están desnudando; Don Martín muy triste está:
—Cartas me fueron venidas, cartas de grande pesar,
que se halla el Conde mi padre enfermo para finar.
Licencia le pido al rey para irle a visitar.
—Don Martín, esa licencia no te la quiero estorbar.
Ensilla el caballo blanco, de un salto en él va a montar;
por unas vegas arriba corre como un gavilán:
—Adiós, adiós, el buen rey, y tu palacio real;
que dos años te sirvió una doncella leal!.
Óyela el hijo del rey, trás ella va a cabalgar.
—Corre, corre, hijo del rey que no me habrás de alcanzar
hasta en casa de mi padre si quieres irme a buscar.
Campanitas de mi iglesia, ya os oigo repicar;
puentecito, puentecito del río de mi lugar,
una vez te pasé virgen, virgen te vuelvo a pasar.
Abra las puertas, mi padre, ábralas de par en par.
Madre, sáqueme la rueca que traigo ganas de hilar,
que las armas y el caballo bien los supe manejar.
Tras ella el hijo del rey a la puerta fue a llamar.
Anónimo
ROMANCE DE LA DONCELLA GUERRERA
En Sevilla a un sevillano
siete hijas le dio Dios,
todas siete fueron hembras
y ninguna fue varón.
A la más chiquita de ellas
le llevó la inclinación
de ir a servir a la guerra
vestidita de varón.
Al montar en el caballo
la espada se le cayó;
por decir, maldita sea,
dijo: maldita sea yo.
El Rey que la estaba oyendo,
de amores se cautivó,
—Madre los ojos de Marcos
son de hembra, no de varón.
—Convídala tú, hijo mío,
a los rios a nadar,
que si ella fuese hembra
no se querrá desnudar.
Toditos los caballeros
se empiezan a desnudar,
y el caballero Don Marcos
se ha retirado a llorar.
Por qué llora Vd. Don Marcos
por qué debo de llorar,
por un falso testimonio
que me quieren levantar.
No llores alma querida
no llores mi corazón,
que eso que tú tanto sientes,
eso lo deseo yo.
BUEN CONDE FERNÁN GONZÁLEZ
—Buen conde Fernán González, el rey envía por vos,
que vayades a las cortes que se hacen en León,
que si vos allá vais, conde, daros han buen galardón:
daros han a Palenzuela y a Palencia la mayor,
daros han las nueve villas, con ellas a Carrión;
daros han a Torquemada, la torre de Mormojón;
buen conde, si allá no ides, daros hían por traidor.
Allí respondiera el conde y dijera esta razón:
—Mensajero eres, amigo; no mereces culpa, no;
que yo no he miedo al rey, ni a cuantos con él son;
Villas y castillos tengo, todos a mi mandar son:
de ellos me dejó mi padre, de ellos me ganara yo;
las que me dejó el mi padre poblélas de ricos hombres,
las que me ganara yo poblélas de labradores;
quien no tenía más que un buey, dábale otro, que eran dos;
al que casaba su hija doile yo muy rico don;
cada día que amanece por mí hacen oración,
no la hacían por el rey, que no lo merece, no,
él les puso muchos pechos y quitáraselos yo.
Anónimo

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Friday, March 7, 2008

HONGOS DE YUGGOTH y OTROS POEMAS FANTASTICOS -_- LOVECRAFT H. P.

HONGOS DE YUGGOTH y OTROS POEMAS FANTASTICOS -_- LOVECRAFT H. P.

HONGOS DE YUGGOTH
Hongos de Yuggoth y otros poemas fantásticos

***

I
EL LIBRO

El lugar era oscuro y polvoriento, un rincón perdido
En un laberinto de viejas callejuelas junto a los muelles,
Que olían a cosas extrañas traídas de ultramar,
Entre curiosos jirones de niebla que el viento del Oeste dispersaba.
Unos cristales romboidales, velados por el humo y la escarcha,
Dejaban apenas ver los montones de libros, como árboles retorcidos
Pudriéndose del suelo al techo… ventisqueros
De un saber antiguo que se desmoronaba a precio de saldo.
Entré, hechizado, y de un montón cubierto de telarañas
Cogí el volumen más a mano y lo hojeé al azar,
Temblando al leer raras palabras que parecían guardar
Algún secreto, monstruoso para quien lo descubriera.
Después, buscando algún viejo vendedor taimado,
Sólo encontré el eco de una risa.
II
PERSECUCIÓN

Llevaba el libro apretado bajo el abrigo,
Escondiéndolo como podía en semejante lugar,
Mientras apretaba el paso por las viejas calles del puerto
Volviendo con recelo la cabeza a cada instante.
Ventanas sombrías y furtivas de tambaleantes casas de ladrillo
Espiaban extrañamente mi paso apresurado,
Y al pensar en lo que cobijaban ansié violentamente
Una visión redentora de puro cielo azul.
Nadie me había visto cogerlo… y sin embargo
Una risa hueca seguía resonando en mi aturdida cabeza,
Dejándome adivinar qué mundos nocturnos de maldad
Acechaban en aquel volumen que había codiciado.
El camino se me hacía extraño, los muros demenciales…
Y a mi espalda, en la distancia, se oían pasos invisibles.
III
LA LLAVE

No sé qué vericuetos en la desolación
De aquellas extrañas callejuelas portuarias me llevaron a casa,
Pero en mi porche temblé, lívido con la prisa
Por entrar y echar el cerrojo a la pesada puerta.
Tenía el libro que indicaba la vía secreta
Para atravesar el vacío y las pantallas suspendidas en el espacio
Que mantienen a raya a los mundos sin dimensiones
Y confinan a los eones perdidos en su propio dominio.
Al fin era mía la llave de aquellas vagas visiones
De agujas contra el sol poniente y bosques crepusculares
Que se ciernen borrosas sobre los abismos, más allá de las precisiones
De esta tierra, acechando como Memorias de infinitud.
La llave era mía, pero mientras estaba allí sentado, musitando,
Vibró la ventana del desván bajo una leve presión.
IV
RECONOCIMIENTO
Había vuelto el día en que de niño
Vi una sola vez aquella hondonada cubierta de viejos robles
Grises por la bruma que sube del suelo y envuelve y ahoga
Las formas abortadas que la locura ha profanado.
Volví a verlo: la hierba tupida y salvaje
Ciñendo un altar cuyos signos tallados invocan
A Aquel Que No Tiene Nombre, hacia quien ascienden
Mil humaredas, eones emanados, desde altas torres impuras.
Vi el cuerpo tendido sobre aquella piedra húmeda
Y supe que aquellas cosas celebrantes no eran hombres;
Supe que aquel extraño mundo gris no era el mío,
Si no el de Yuggoth, más allá de los abismos estelares…
Y entonces el cuerpo me lanzó un grito de agonía
Y supe demasiado tarde que era yo!
V
VUELTA A CASA
El demonio dijo que me llevaría a casa,
A la tierra lívida y sombría que recordaba vagamente
Como un lugar elevado con escaleras y terrazas
Rodeadas de balaustradas de mármol que peinan los vientos del cielo,
Mientras muchas millas más abajo, a la orilla de un mar,
Se extiende un laberinto de torres y torres y cúpulas superpuestas,
Una vez más, me dijo, volvería a quedar embelesado
Ante aquellas viejas colinas, y oiría el lejano rumor de la espuma.
Todo esto prometió, y por las puertas del ocaso
Me arrastró a través de lagos de llamas lamientes
Y tronos de oro rojo de dioses sin nombre
Que gritan de miedo ante un destino ominoso.
Después, un negro abismo con ruido de olas en la noche:
Aquí estaba tu casa, se burló, cuando aún veías!

VI
LA LÁMPARA

Encontramos la lámpara dentro de aquellos acantilados huecos
Cuyos signos cincelados ningún sacerdote de Tebas podría descifrar,
Y los espantosos jeroglíficos de aquellas cavernas
Eran una advertencia para toda criatura viva de origen terrenal.
Nada más había allí: sólo aquella lámpara de latón
Con restos de un aceite extraño en su interior,
Adornada con volutas de oscuro diseño
Y símbolos que sugerían vagamente pecados desconocidos.
Los temores de cuarenta siglos no significaron nada
Para nosotros cuando nos llevamos nuestro escaso botín,
Y cuando luego lo examinamos en nuestra tienda oscura
Encendimos una cerilla para probar el aceite antiguo.
Ardió, ¡Dios Santo!… Pero las formas gigantescas
Que entrevimos en aquella furiosa llamarada
Abrasaron para siempre nuestras vidas con temor reverencial.
VII
LA COLINA DE ZAMÁN

La gran colina se alzaba junto al viejo pueblo,
Una mole contra el final de la calle mayor;
Verde, alta y boscosa, dominaba sombríamente
El campanario del recodo de la carretera.
Doscientos años antes corrían rumores
Sobre lo que ocurría en aquella ladera evitada por el hombre…
Historias de ciervos o pájaros extrañamente mutilados
O de niños perdidos cuyos padres habían abandonado toda esperanza.
Un día el cartero no encontró el pueblo donde solía
Y nadie volvió a ver sus habitantes ni sus casas;
La gente venía de Aylesbury y se quedaba mirando…
Pero todos decían al cartero que a buen seguro
Estaba loco por contar que había alcanzado a ver
Los ojos glotones de la gran colina y sus fauces abiertas de par en par.
VIII
EL PUERTO

A diez millas de Arkham había encontrado el sendero
Que bordea el acantilado sobre Boynton Beach,
Y esperaba alcanzar a la hora del crepúsculo
La cresta que domina Innsmouth en el valle.
Hacia alta mar se alejaba una vela
Blanca como los duros años de vientos antiguos podían blanquear,
Pero que me pareció un presagio adverso e indecible;
Por eso no agité la mano ni le grité adiós.
Veleros zarpando de Innsmouth! Ecos de famas antiguas,
De épocas muertas hace tiempo; pero ahora se acerca
Una noche demasiado rápida, y he llegado a la cumbre
Desde la que tantas veces oteé la ciudad lejana.
Agujas y tejados siguen allí… pero ¡mirad! ¡Las tinieblas
Se abaten sobre las lóbregas callejuelas, más oscuras que la tumba!
IX
EL PATIO

Era la ciudad que había conocido antaño,
La antigua ciudad leprosa donde multitudes mestizas
Cantan en honor de extraños dioses y golpean gongos impíos
En criptas bajo infectas callejuelas cercanas a la orilla.
Las casas carcomidas con ojos de pescado me miraban de reojo
Inclinándose a mi paso, ebrias y medio animadas,
Mientras sorteaba inmundicias hasta franquear la puerta
Del patio negro donde debía estar el hombre.
Las oscuras paredes se cerraron sobre mí, y empecé a blasfemar
A gritos por haber entrado en aquel antro,
Cuando veinte ventanas de repente estallaron
En una luz salvaje y se llenaron de hombres que bailaban:
¡Locas piruetas mudas de la muerte les arrastraban,
Pues ningún cadáver tenía manos ni cabeza!
X
LAS PALOMAS MENSAJERAS

Me llevaron a los barrios bajos, donde un mal viscoso
Pandeaba las descarnadas paredes de ladrillo,
Y una hedionda multitud de caras torcidas
Mandaba mensajes por guiños a extraños dioses y diablos.
Un millón de fuegos ardían en las calles,
Y unos seres furtivos enviaban desde las azoteas
Pájaros manchados de barro hacia el cielo abierto,
Mientras tambores ocultos batían con un ritmo acompasado.
Sabía que aquellos fuegos anunciaban cosas monstruosas,
Y que aquellas aves del espacio habían estado en el Exterior…
Adivinaba hacia qué criptas de oscuros planetas habían volado,
Y lo que traían de Thog bajo las alas.
Los otros reían… hasta que se quedaron repentinamente mudos
Al vislumbrar lo que llevaba uno de los pájaros en su pico maldito.
XI
EL POZO

El granjero Seth Atwood tenía más de ochenta años
Cuando intentó ahondar aquel profundo pozo junto a su puerta
Con la sola ayuda de Eb para cavar y perforar.
Al principio nos reímos, y esperamos que pronto recobraría el juicio,
Pero en vez de ello también el joven Eb se volvió loco
Hasta tal punto que se lo llevaron al manicomio del condado.
Entonces Seth cegó con ladrillos la boca del pozo…
Y luego se cortó una arteria de su nudoso brazo izquierdo.
Después del entierro algo nos hizo encaminarnos
Hacia aquel pozo y arrancar los ladrillos,
Pero sólo vimos una hilera de asideros de hierro
Que se perdía en un negro agujero de hondura incalculable.
Así que volvimos a poner los ladrillos en su sitio, pues el agujero
Nos había parecido demasiado profundo
Para que ninguna plomada pudiera sondearlo.
XII
EL AULLADOR

Me dijeron que no fuese por el sendero de Brigg’s Hill,
Que había sido antaño la carretera de Zoar,
Pues Goody Watkins, ahorcado en mil setecientos cuatro,
Había dejado allí algún vástago monstruoso.
Pero cuando desobedecí, y tuve ante mí
La quinta cubierta de hiedra junto a la gran ladera rocosa,
No pensé en olmos ni en sogas de cáñamo,
Si no que me pregunté por qué la casa parecía aún tan nueva.
Me había detenido a contemplar el crepúsculo
Y oía débiles aullidos que parecían venir del piso superior,
Cuando la hiedra que cubría los cristales dejó pasar
Un rayo de sol poniente que cogió por sorpresa al aullador.
Llegué a verlo… y huí frenéticamente de aquel lugar
Y de aquella criatura con cuatro patas y rostro humano.
XIII
HESPERIA

La puesta de sol invernal, refulgiendo tras las agujas
Y las chimeneas medio desprendidas de esta esfera sombría,
Abre grandes puertas a algún año olvidado
De antiguos esplendores y deseos divinos.
Futuras maravillas arden en aquellos fuegos
Cargados de aventura y sin sombra de temor;
Una hilera de esfinges indica el camino
Entre trémulos muros y torreones hacia liras lejanas.
Es la tierra donde florece el sentido de la belleza,
Donde todo recuerdo inexplicado tiene su fuente,
Donde el gran río del Tiempo inicia su curso descendiendo
Por el vasto vacío en sueños de horas iluminadas por las estrellas.
Los sueños nos acercan… pero un saber antiguo
Repite que el pie humano no ha hollado jamás estas calles.
XIV
VIENTOS ESTELARES

Es la hora de la penumbra crepuscular,
Casi siempre en otoño, cuando el viento estelar se precipita
Por las calles altas de la colina, que aunque desiertas
Muestran ya luces tempranas en cómodas habitaciones.
Las hojas secas danzan con giros extraños y fantásticos,
Y el humo de las chimeneas se arremolina con gracia etérea
Siguiendo las geometrías del espacio exterior,
Mientras Fomalhaut se asoma por las brumas del Sur.
Ésta es la hora en que los poetas lunáticos saben
Qué hongos brotan en Yugoth, y qué perfumes
Y matices de flores, desconocidos en nuestros pobres
Jardines terrestres, llenan los continentes de Nithon.
¡Pero por cada sueño que nos traen estos vientos
Nos arrebatan una docena de los nuestros!
XV
ANTARKTOS

En lo hondo de mi sueño el gran pájaro susurraba de forma extraña
Hablándome del cono negro de los desiertos polares,
Que se alza lúgubre y solitario sobre el casquete glaciar,
Azotado y desfigurado por los eones de frenéticas tormentas.
Allí no palpita ninguna forma de vida terrestre;
Sólo pálidas auroras y soles mortecinos
Brillan sobre ese peñón horadado, cuyo origen primitivo
Intentan adivinar a oscuras los Ancianos.
Si los hombres lo vieran, se preguntarían simplemente
Qué raro capricho de la Naturaleza contemplan;
Pero el pájaro me ha hablado de partes más vastas
Que meditan ocultas bajo la espesa mortaja de hielo.
¡Dios ayude al soñador cuyas locas visiones le muestren
Esos ojos muertos engastados en abismos de cristal!
XVI
LA VENTANA

La casa era vieja, con alas caprichosamente enmarañadas
Cuya disposición nadie conocía a ciencia cierta,
Y en una pequeña estancia hacia la parte trasera
Había una extraña ventana cegada con piedra antigua.
Allí, en una infancia atormentada por los sueños, solía ir
Siempre solo cuando reinaba la noche vaga y negra,
Apartando telarañas con una curiosa falta de miedo
Y sintiéndome cada vez más maravillado.
Más tarde llevé allí a los albañiles
Para descubrir qué vista habían rehuido mis lejanos antepasados,
Pero cuando perforaron la piedra entró impetuosa
Una ráfaga de aire del vacío ignoto que se abría al otro lado.
Entonces huyeron… pero yo me asomé y encontré desplegados
Todos los mundos salvajes que me habían revelado mis sueños.
XVII
UN RECUERDO

Había grandes estepas y mesetas rocosas
Que se extendían casi ilimitadas en la noche estrellada,
Con fuegos de campamento que iluminaban débilmente
Manadas velludas de animales con esquilas tintineantes.
Al sur, en la distancia, la llanura se ensanchaba y descendía
Hacia una oscura muralla tendida en zigzag
Como una enorme pitón de la edad primigenia
Que el tiempo infinito hubiera helado y petrificado.
Tiritaba extrañamente en el aire frío y enrarecido,
Y me preguntaba dónde estaba y cómo había llegado allí,
Cuando una figura envuelta en una capa junto a una hoguera
Se levantó y se acercó, llamándome por mi nombre.
Y al mirar aquella cara muerta bajo la capucha
Perdí la esperanza… pues había comprendido.
XVIII
LOS JARDINES DE YIN

Al otro lado de la muralla, cuya antigua mampostería
Llegaba casi al cielo con torres cubiertas de musgo,
Debía haber jardines colgantes, llenos de flores
Y aleteos de pájaros, mariposas y abejas.
Debía haber paseos, y puentes sobre cálidos estanques
Sembrados de lotos donde se reflejaban cornisas de templos,
Y cerezos de ramas y hojas delicadas
Contra un cielo rosado donde se cernían las garzas.
Todo debía estar allí, pues ¿no habían mis viejos sueños
Franqueado la puerta de aquel dédalo de linternas de piedra
Donde arroyos somnolientos trazan sus cursos sinuosos
Guiados por verdes sarmientos de parras colgantes?
Corrí hacia allí… pero al llegar a la muralla, sombría e inmensa,
Descubrí que ya no había ninguna puerta.
XIX
LAS CAMPANAS

Año tras año oí aquel tañido débil y lejano
De graves campanas traído por el viento negro de media noche;
Extraños repiques, que no venían de ningún campanario
Que pudiese descubrir, sino como de más allá de un gran vacío.
Busqué una pista en mis sueños y recuerdos,
Y pensé en todos los carillones que albergaban mis visiones;
Los de la apacible Innsmouth, donde las blancas gaviotas planeaban
En torno a una aguja que conocí antaño.
Siempre perplejo seguí oyendo caer aquellas notas lejanas
Hasta una noche de marzo en que la lluvia fría y desapacible
Me hizo franquear de nuevo las puertas del recuerdo
Hacia las viejas torres donde tañían badajos enloquecidos.
Tañían… pero desde las corrientes sin sol que fluyen
Por valles profundos hasta verter al lecho muerto del mar.
XX
BESTEZUELAS NOCTURNAS

No sabría decir de qué criptas salen arrastrándose,
Pero cada noche veo esas criaturas viscosas,
Negras, cornudas y descarnadas, con alas membranosas
Y colas que ostentan la barba bífida del infierno.
Llegan en legiones traídas por el viento del Norte
Con garras obscenas que cosquillean y escuecen,
Y me agarran y me llevan en viajes monstruosos
A mundos grises ocultos en el fondo del pozo de las pesadillas.
Pasan rozando los picos dentados de Thok
Sin hacer el menor caso de mis gritos ahogados,
Y descienden por los abismos inferiores hasta ese lago inmundo
Donde los shoggoths henchidos chapotean en un sueño dudoso.
Pero ¡ay! ¡Si al menos hicieran algún ruido
O tuvieran una cara donde se suele tener!
XXI
NYARLATHOTEP

Y al fin vino del interior de Egipto
El extraño Oscuro ante el que se inclinaban los fellás;
Silencioso, descarnado, enigmáticamente altivo
Y envuelto en telas rojas como las llamas del sol poniente.
A su alrededor se apretaban las masas, ansiosas de sus órdenes,
Pero al marcharse no podían repetir lo que habían oido;
Mientras por las naciones se propagaba la pavorosa noticia
De que las bestias salvajes le seguían lamiéndole las manos.
Pronto comenzó en el mar un nacimiento pernicioso;
Tierras olvidadas con agujas de oro cubiertas de algas;
Se abrió el suelo y auroras furiosas se abatieron
Sobre las estremecidas ciudadelas de los hombres.
Entonces, aplastando lo que había moldeado por juego,
El Caos idiota barrió el polvo de la Tierra.
XXII
AZATHOTH

El demonio me llevó por el vacío sin sentido
Más allá de los brillantes enjambres del espacio dimensional,
Hasta que no se extendió ante mí ni tiempo ni materia
Sino sólo el Caos, sin forma ni lugar.
Allí el inmenso Señor de Todo murmuraba en la oscuridad
Cosas que había soñado pero que no podía entender,
Mientras a su lado murciélagos informes se agitaban y revoloteaban
En vórtices idiotas atravesados por haces de luz.
Bailaban locamente al tenue compás gimiente
De una flauta cascada que sostenía una zarpa monstruosa,
De donde brotaban las ondas sin objeto que al mezclarse al azar
Dictan a cada frágil cosmos su ley eterna.
“Yo soy Su mensajero”, dijo el demonio,
Mientras golpeaba con desprecio la cabeza de su Amo.
XXIII
ESPEJISMO

No sé si existió alguna vez
Ese mundo perdido que flota oscuramente en el río del Tiempo,
Pero lo he visto a menudo, envuelto en una bruma violeta
Y brillando débilmente al fondo de un sueño borroso.
Había extrañas torres y ríos con curiosos meandros,
Laberintos de maravillas y bóvedas llenas de luz,
Y cielos llameantes cruzados por ramas, como los que tiemblan
Ansiosamente momentos antes de una noche invernal.
Grandes marismas llevaban a costas desiertas con juncales
Donde revoloteaban aves inmensas, y en una colina ventosa
Había un pueblo antiguo con un blanco campanario
Cuyos repiques vespertinos resuenan aún en mis oídos.
No sé qué tierra es ésa… ni me atrevo a preguntar
Cuándo o por qué estuve, o estaré allí.
XXIV
EL CANAL
En algún lugar del sueño hay un paraje maldito
Donde altos edificios deshabitados se apiñan a lo largo
De un canal estrecho, sombrío y profundo, que apesta
A cosas horrendas arrastradas por corrientes grasientas.
Callejones con viejos muros que se tocan casi en lo alto
Desembocan en calles que uno puede conocer o no,
Y un pálido claro de luna arroja un brillo espectral
Sobre largas hileras de ventanas, oscuras y muertas.
No se oyen ruidos de pasos, y ese sonido suave
Es el del agua grasienta deslizándose
Bajo puentes de piedra y por las orillas
De su cauce profundo, hacia algún vago océano.
Ningún ser vivo podría decir cuándo arrastró esa corriente
Del mundo de arcilla su región perdida en el sueño.
XXV
SAN TOAD

“¡Cuidaos del carillón cascado de San Toad!”, le oí gritar
Mientras me internaba por aquellas callejuelas demenciales
Que serpentean en laberintos sombríos e indefinidos
Al sur del río donde sueñan los siglos antiguos.
Era una figura furtiva, encorvada y harapienta,
Y en un instante desapareció tambaleándose,
Así que seguí hundiéndome en la noche
Hacia nuevas líneas de tejados, dentadas y malignas.
Ninguna guía habla de lo que acechaba allí…
Pero entonces oí chillar a otro viejo:
“¡Cuidaos del carillón cascado de San Toad!” Y cuando sintiéndome desfallecer
Me detuve, oí a un tercer anciano graznar de miedo:
“¡Cuidaos del carillón cascado de San Toad!” Huí espantado
Hasta que de pronto surgió ante mí aquel negro campanario.
XXVI
LOS FAMILIARES
John Whateley vivía como a una milla de la ciudad,
Allí donde las colinas empiezan a apiñarse;
Nunca habíamos pensado que tuviese mucho juicio,
Viendo cómo dejaba echar a perder su granja.
Pasaba el tiempo leyendo unos libros extraños
Que había encontrado en el desván de su casa,
Hasta que unos surcos chocantes le arrugaron la cara
Y todo el mundo dijo que no le gustaba su aspecto.
Cuando empezó con aquellos aullidos nocturnos decidimos
Que sería mejor encerrarle para evitar algún daño,
Así que tres hombres del manicomio de Aylesbury
Fueron a buscarle… pero volvieron solos y espantados:
Le habían encontrado hablando a dos seres agazapados
Que al oír sus pasos echaron a volar con grandes alas negras.
XXVII
EL FARO DEL ANCIANO

De Leng, donde los picos rocosos se yerguen sombríos y pelados
Bajo frías estrellas ocultas a los ojos humanos,
Brota al anochecer un único haz de luz
Cuyos lejanos rayos azules hacen gemir y rezar a los pastores.
Dicen (aunque nadie ha estado allí) que procede
De un faro alojado en una torre de piedra,
Donde el último Anciano vive solo
Hablando al Caos con redobles de tambores.
La Cosa, cuchichean, lleva una máscara de seda
Amarilla, cuyos extraños pliegues parecen ocultar
Una cara que no es de esta tierra, aunque nadie se atreve
A preguntar qué rasgos abultados hay debajo.
Muchos, en la primera juventud del hombre, buscaron ese faro,
Pero nadie sabrá jamás lo que encontraron.
XXVIII
EXPECTACIÓN

No sabría decir por qué algunas cosas me producen
Una sensación de maravillas inexploradas por venir,
O de grieta en el muro del horizonte
Que se abre a mundos donde sólo los dioses pueden vivir.
Es una expectación vaga, sin aliento,
Como de grandes pompas antiguas que recuerdo a medias,
O de aventuras salvajes, incorpóreas,
Plenas de éxtasis y libres como un ensueño.
La encuentro en puestas de sol y en extrañas agujas urbanas,
En viejos pueblos y bosques y cañadas brumosas,
En los vientos del Sur, en el mar, en collados y ciudades iluminadas,
En viejos jardines, en canciones entreoídas y en los fuegos de la luna.
Pero aunque sólo por su encanto vale la pena vivir la vida
Nadie alcanza ni adivina el don que insinúa.
XXIX
NOSTALGIA
Cada año, al resplandor melancólico del otoño,
Los pájaros remontan el vuelo sobre un océano desierto,
Trinando y gorjeando con prisa jubilosa
Por llegar a una tierra que su memoria profunda conoce.
Grandes jardines colgantes donde se abren flores
De vivos colores, hileras de mangos de gusto delicioso
Y arboledas que forman templos con ramas entrelazadas
Sobre frescos senderos…todo esto les muestran sus vagos sueños.
Buscan en el mar vestigios de su antigua costa,
Y la alta ciudad blanca, erizada de torres…
Pero sólo las aguas vacías se extienden ante ellos,
Así que al fin dan media vuelta una vez más.
Y mientras tanto, hundidas en un abismo infestado de extraños pólipos,
Las viejas torres añoran su canto perdido y recordado.
XXX
PAISAJE DE FONDO

Nunca he podido apegarme a las cosas nuevas y crudas,
Pues vi la primera luz en una ciudad antigua,
Donde los tejados apiñados descendían desde mi ventana
Hacia un puerto pintoresco, rico en visiones.
Calles con puertas cinceladas donde los rayos del sol poniente
Bañaban viejos montantes de abanico y pequeñas vidrieras,
Y campanarios georgianos rematados con veletas doradas…
Tales fueron las vistas que modelaron mis sueños infantiles.
Estos tesoros, heredados de épocas de prudente fermento,
Desdibujan la presencia de las débiles quimeras
Que se agitan en vana mudanza y con fe confusa
Entre los muros inmutables de la tierra y el cielo.
Cortan las cadenas del instante y me dejan libre
Para erguirme en solitario ante la eternidad.
XXXI
EL HABITANTE

Ya era viejo cuando Babilonia era joven;
Nadie sabe el tiempo que llevaba durmiendo bajo aquel montículo
Cuando nuestras palas inquisidoras encontraron al fin
Sus bloques de granito y los sacaron a la luz.
Había inmensos pavimentos y cimientos de muros,
Y losas y estatuas cuarteadas, donde el cincel representó
A seres fantásticos de alguna edad remota,
Más allá de la memoria del mundo humano.
Entonces vimos aquellos escalones de piedra que descendían
Por una puerta obstruida de dolomita grabada
Hasta un sombrío refugio de noche eterna
Donde amenazaban signos antiguos y secretos primigenios.
Abrimos un sendero… pero huimos en loca desbandada
Al oír aquellos pasos pesados que subían.
XXXII
ALIENACIÓN

Su carne material nunca se había alejado,
Pues cada aurora le encontraba en su lugar habitual,
Pero su espíritu amaba vagar cada noche
Por abismos y mundos distantes del día ordinario.
Había visto Yaddith y conservado empero el juicio,
Había vuelto indemne de la región ghoórica,
Hasta que una noche tranquila atravesó el curvo espacio
Aquella llamada apremiante que venía del vacío exterior.
Por la mañana despertó convertido en un anciano,
Y desde entonces nada ha vuelto a parecerle igual.
Los objetos flotan a su alrededor, nebulosos e indistintos,
Como fantasmas engañosos que ejecutan un plan más vasto.
Su familia y sus amigos son ahora una multitud extraña
A la que lucha en vano por pertenecer.
XXXIII
SIRENAS PORTUARIAS

Por encima de viejos tejados y agujas desconchadas
Las sirenas del puerto cantan durante toda la noche;
Gargantas venidas de puertos extraños, de blancas playas lejanas
Y océanos fabulosos, concertadas en coros abigarrados.
Ajenas unas a otras, no se conocen entre sí,
Pero todas, por obra de alguna fuerza oscuramente concentrada
Desde abismos ensimismados más allá del curso del Zodiaco,
Se funden en un misterioso zumbido cósmico.
A través de vagos sueños organizan un desfile
De formas aún más vagas, insinuaciones y visiones;
Ecos de vacíos exteriores e indicios sutiles
De cosas que ni ellas mismas pueden definir.
Y siempre en ese coro, tenuamente entreveradas,
Captamos algunas notas que ningún buque terrenal emitió jamás.
XXXIV
RECAÍDA
El camino descendía por un oscuro brezal ralamente arbolado
Donde piedras grises de musgo sobresalían del mantillo,
Y unas gotas curiosas, inquietantes y frías,
Salpicaban desde arroyos invisibles que corrían a mis pies.
No hacía viento, ni se oía el menor ruido
Entre los arbustos enmarañados y los árboles de extrañas formas,
Y ninguna perspectiva se extendía ante mí… hasta que de pronto
Vi un túmulo monstruoso en medio del camino.
Sus lados escarpados se erguían amenazantes contra el cielo,
Cubiertos de hiedra tupida y hendidos por una escalera en ruinas
Que ascendía hasta la altura pavorosa con escalones de lava
Demasiado grandes para cualquier pie humano.
Di un grito… ¡y supe qué estrella y qué año primigenios
Me habían vuelto a arrebatar de la esfera humana de sueños efímeros!
XXXV
ESTRELLA VESPERTINA

La vi desde aquel lugar escondido y silencioso
Donde el viejo bosque oculta a medias la pradera.
Brillaba a través de los esplendores del crepúsculo… pálida
Al principio, pero con una cara que poco a poco se encendía.
Llegó la noche, y aquel fanal solitario, teñido de ámbar,
Hirió mi vista como nunca lo había hecho antaño;
La estrella vespertina, pero mil veces aumentada,
Encandilaba aún más en aquella quietud y aquella soledad.
Trazaba extraños dibujos en el aire estremecido…
Recuerdos borrosos que siempre habían llenado mis ojos…
Inmensas torres y jardines, curiosos mares y cielos
De alguna vida imprecisa… no sé de dónde.
Pero entonces supe que a través de la bóveda cósmica
Aquellos rayos me llamaban desde mi lejano hogar perdido.
XXXVI
CONTINUIDAD

Hay en algunas cosas antiguas una huella
De una esencia vaga… más que un peso o una forma,
Un éter sutil, indeterminado,
Pero ligado a todas las leyes del tiempo y el espacio.
Un signo tenue y velado de continuidades
Que los ojos exteriores no llegan a descubrir;
De dimensiones encerradas que albergan los años idos,
Y fuera del alcance, salvo para llaves ocultas.
Me conmueve sobre todo cuando los rayos oblicuos del sol poniente
Iluminan viejas granjas en la ladera de una colina,
Y pintan de vida las formas que permanecen inmóviles
Desde hace siglos, menos quiméricas que todo esto que conocemos.
Bajo esa luz extraña siento que no estoy lejos
De la masa inmutable cuyos lados son las edades.


OTROS POEMAS FANTÁSTICOS
Hongos de Yuggoth y otros poemas fantásticos

I
EL LAGO DE LA PESADILLA
Existe un lago en la lejana Zan,
Más allá de las regiones frecuentadas por el hombre,
Donde se consume solitario en un estado espantoso
Un espíritu inerte y desolado;
Un espíritu viejo y atroz,
Agobiado por una terrible melancolía,
Que respira los vapores cargados de pestilencia
Que emanan las aguas densas y estancadas.
Sobre los bajíos, de cieno arcilloso,
Retozan criaturas ofensivas por su degeneración,
Y los extraños pájaros que merodean por sus orillas
Jamás han sido vistos por ojos mortales.
Durante el día luce un sol crepuscular
Sobre regiones vidriosas que nadie ha contemplado,
Y por la noche los pálidos rayos de la luna penetran
Hasta los abismos que se abren en su fondo.
Sólo las pesadillas han podido revelar
Qué escenas tienen lugar bajo estos rayos,
Qué visiones, demasiado ancestrales para la mirada humana,
Yacen sumergidas en su noche sin fin;
Pues por aquellas profundidades sólo deambulan
Las sombras de una raza silenciosa.
Una noche, saturada de olores malsanos,
Llegué a ver aquel lago, dormido e inerte,
Mientras en el cárdeno cielo bogaba
Una luna creciente que brillaba y brillaba.
Pude contemplar la extensión pantanosa de las orillas,
Y las criaturas ponzoñosas deslizándose por las ciénagas;
Lagartos y serpientes convulsos y moribundos;
Cuervos y vampiros descomponiéndose;
Y también, planeando sobre los cadáveres,
Necrófagos que se alimentaban de sus restos.
Y mientras la terrible luna se elevaba en lo alto,
Ahuyentando a las estrellas de los confines del cielo,
Vi que las oscuras aguas del lago se iluminaban
Hasta que aparecieron en el fondo las criaturas del abismo.
Más abajo, a una profundidad incalculable,
Brillaron las torres de una ciudad olvidada;
Vi domos sin lustre y paredes musgosas;
Agujas cubiertas de algas y estancias desiertas;
Vi templos desolados, criptas de espanto,
Y calles que habían perdido su esplendor.
Y en medio de aquel escenario vi aparecer
Una horda ambulante de sombras informes;
Una horda maligna que se agitaba
Ejecutando lo que parecía una danza siniestra
En torno a unos sepulcros viscosos
Cerca de un camino jamás hollado.
Un remolino surgió de aquellas tumbas
Quebrando el reposo de las aguas dormidas
Mientras las sombras letales del nivel superior
Aullaban al rostro sardónico de la luna.
Entonces el lago se hundió en su propio lecho,
Tragado por las profundas cavernas de la muerte,
Y de la nueva y humeante tierra desnuda
Se elevó una espiral de fétidos vapores de origen malsano.
Sobre la ciudad, casi al descubierto,
Revoloteaban las monstruosas sombras danzantes,
Cuando, de pronto, abrieron con repentino estruendo
¡Las lápidas de los sepulcros!
Ningún oído ha podido escuchar, ninguna lengua contar
El horror innombrable que sobrevino a continuación.
Vi que el lago… la luna gesticulante…
La ciudad y las criaturas que moraban en ella…
Al despertarme, rogué que en aquella orilla
¡El lago de la pesadilla no volviera a hundirse nunca más!
II
A PAN
Sentado en una cañada entre bosques
A orillas de un arroyo bordeado de juncos
Meditaba yo un día, cuando adormeciéndome
Me vi sumido en un sueño.
Del riachuelo surgió una figura
Medio hombre y medio cabrío;
Tenía pezuñas en vez de pies
Y una barba adornaba su garganta.
Con un rústico caramillo de caña
Tocaba dulcemente aquel ser híbrido,
Y yo olvidé todo cuidado terreno
Pues sabía que era Pan.
Ninfas y sátiros se congregaron
Para gozar del alegre sonido.
Demasiado pronto desperté con pesar
Y volví a las moradas de los hombres,
Pero en valles campestres yo querría vivir
Y escuchar de nuevo la flauta de Pan.
III
LA CIUDAD

Era dorada y espléndida
Aquella ciudad de la luz;
Una visión suspendida
En los abismos de la noche;
Una región de prodigios y gloria, cuyos templos
Eran de mármol blanco.
Recuerdo la época
En que apareció ante mis ojos;
Eran los tiempos salvajes e irracionales,
Los días de las mentes embrutecidas
En los que el Invierno, con su mortaja blanca y lívida,
Avanzaba lentamente torturando y destruyendo.
Más hermosa que Zión
Resplandecía en el cielo
Cuando los rayos de Orión
Nublaron mis ojos,
Y me sumieron en un sueño lleno de oscuros recuerdos
De vivencias olvidadas y remotas.
Sus mansiones eran majestuosas,
Decoradas con bellas esculturas
Que se erguían con nobleza
En magníficas terrazas,
Y los jardines eran fragantes y soleados,
Y en ellos florecían extrañas maravillas.
Me fascinaban sus avenidas
Con sus perspectivas sublimes;
Las elevadas arcadas me confirmaban
Que una vez, en otro tiempo,
Había vagado en éxtasis bajo su sombra,
En el benigno clima de Halcyón.
En la plaza central se alineaba
Una hilera de estatuas;
Hombres solemnes de largas barbas
Que habían sido poderosos en su día…
Pero una estaba rota y mutilada,
Y su rostro barbado había sido destrozado.
En aquella ciudad esplendorosa
No vi a ningún mortal,
Pero mi imaginación, indulgente
Con las leyes de la memoria,
Se demoró largo tiempo contemplando aquellas figuras
De la plaza, cuyos pétreos rostros observó con temor.
Avivé el débil rescoldo
Que aún permanecía encendido en mi espíritu,
Y me esforcé por recordar
Los eones de pasado;
Por atravesar libremente el infinito,
Y poder visitar el insondable pasado.
Entonces la horrible advertencia
Cayó sobre mi alma
Como el ominoso amanecer
Que asciende en su roja aureola,
Y huí, lleno de pánico, antes de que los terrores
Ya olvidados y desaparecidos me fueran revelados.
IV
A MR. FINLAY, POR SU ILUSTRACIÓN PARA EL CUENTO
DE MR. BLOCH: “EL DIOS SIN ROSTRO”

En lóbregos abismos laten las formas de la noche,
Hambrientas y tenebrosas, coronadas con extrañas mitras;
Negras alas se agitan en fantástico vuelo, de orbe
A orbe, a través de simas despojadas de la luz del sol.
Nadie osa llamar cosmos al lugar de donde proceden,
O suponer una expresión en cada rostro informe,
O pronunciar las palabras que con fuerza irresistible
Las atraerán de los infiernos del espacio exterior.
Sin embargo, aquí, sobre una página nuestra mirada horrorizada
Encuentra formas monstruosas que ningún ojo humano debería ver;
Reminiscencias de aquellas blasfemias cuya presencia
Derrama la muerte y la locura a través del infinito.
¿Quién es el ilustrador que desafía solitario los negros abismos
Y sobrevive para revelar sus horrores sin nombre?
V
MADRE TIERRA
Una noche, paseando, descendí por el talud
De un valle profundo, húmedo y silencioso,
Cuyo aire estancado exhalaba un tufo de podredumbre
Y una frialdad que me hacían sentir enfermo y débil.
Los árboles numerosos a cada lado
Se cernían como una banda espectral de trasgos,
Y las ramas contra el cielo menguante
Tomaban formas que me daban miedo, sin saber por qué.
Seguí avanzando, y parecía buscar
Alguna cosa perdida como la alegría o la esperanza,
Pero pese a todos mis esfuerzos no pude encontrar
Más que los fantasmas de la desesperación.
Los taludes se estrechaban cada vez más,
Hasta que pronto, privado de la luna y las estrellas,
Me vi comprimido en una grieta rocosa
Tan vieja y profunda que la piedra
Respiraba cosas primitivas y desconocidas.
Mis manos, explorando, intentaban rastrear
Los rasgos del rostro de aquel valle,
Hasta que en el musgo parecieron encontrar
Un perfil espantoso para mi mente.
Ninguna forma que forzando los ojos
Hubiera podido ver, habría reconocido;
Pues lo que tocaba hablaba de un tiempo
Demasiado remoto para el paso fugaz del hombre.
Los líquenes colgantes, húmedos y canosos,
Me impedían leer la antigua historia;
Pero un agua oculta, goteando tenuemente,
Me susurraba cosas que no habría debido saber.
“Mortal, efímero y osado,
En gracia guarda para ti lo que cuento,
Pero piensa a veces en lo que ha sido,
Y en las escenas que han visto estas rocas desmoronadas;
En conciencias ya viejas antes de que tu débil progenie
Apareciese en una magnitud menor,
Y en seres vivientes que todavía alientan
Aunque no parezcan vivos a los humanos.
Yo soy la voz de la madre tierra,
De la que nacen todos los horrores.”
VI
DESESPERACIÓN

Llorando sobre los páramos tenebrosos,
Suspirando a través de los bosques de cipreses,
Volando insensatamente en brazos del viento de la noche,
Formas infernales con cabellos ondulantes;
Crujiendo en las estériles ramas,
Susurrando en las ciénagas estancadas,
Gritando más allá de los acantilados del litoral,
Demonios malditos de la desesperación.
Recuerdo confusamente que en otro tiempo,
Antes de los grises cielos de noviembre,
Apagadas las llamas de mi juventud ambiciosa,
Existía en esta tierra algo parecido al éxtasis;
Cielos hoy oscurecidos refulgían en lo alto,
Oro y azur, aparentemente espléndidos,
Hasta que aprendí que todo era un sueño…
Un mortal ensueño del Hades.
Pero el Tiempo, que transcurre vertiginosamente,
Engendra el tormento de la semiconsciencia…
Se precipita turbulento, avanza a ciegas,
Más allá de las praderas transitadas;
Y el viajero, doliente, observa
El lúgubre resplandor de las hogueras de la muerte,
Escucha el aciago graznido del pretel
Mientras deriva hacia el mar, desamparado.
Alas funestas baten en el éter;
Buitres sombríos roen el espíritu;
Engendros sin nombre que se agitan eternamente,
Negras siluetas contra el obsceno cielo.
Pálidas sombras de la alegría pasada,
Demonios desgarrados de la tristeza venidera,
Confundidos en una nube de locura,
Para siempre incrustados en el alma.
Así el viviente, aislado, víctima de la incertidumbre,
Se debate en medio de estremecimientos de angustia,
Mientras las nauseabundas furias le despojan
Noche y día de paz y descanso.
Pero, más allá de los lamentos y pesares
De esta Vida detestable, espera
El dulce Olvido, culminación
De tantos años de búsqueda infructuosa.
VII
OCEANUS
A veces me detengo en la orilla
Donde las penas vierten sus flujos,
Y las aguas turbulentas suspiran y se quejan
De secretos que no se atreven a contar.
Desde las simas profundas de valles sin nombres,
Y desde colinas y llanuras que ningún mortal conoce,
La mística marejada y el hosco oleaje
Sugieren como taumaturgos malditos
Un millar de horrores, henchidos por el temor
Que ya contemplaron épocas hace tiempo olvidadas.
¡Oh vientos salados que tristemente barréis
Las desnudas regiones abisales;
Oh pálidas olas salvajes, que recordáis
El caos que la Tierra ha dejado tras de sí;
Una sola cosa os pido:
Guardad por siempre oculto vuestro antiguo saber!
VIII
EL EIDOLON

Sucedió en la hora innombrable de la noche
Cuando las fantasías en su delirante vuelo
Giran en torno al inmóvil durmiente
Y se deslizan en sus visiones inconscientes;
Cuando la carne yace en su lecho terrestre
Como un cuerpo muerto y deshabitado…
Abandonado por el alma que vuela libre
A través de mundos nunca vistos por ojos carnales.
Por encima de la torre la luna cornuda
Se elevaba a las alturas con gracia siniestra,
Y en su pálido e inquietante fulgor
Revivía recuerdos de antiguos sueños.
Arriba, en el firmamento, los signos de las estrellas
Centelleaban fantásticos y malignos,
Y unas voces surgidas del inmenso abismo
Me persuadieron para que olvidara mis penas en el sueño.
Tuve esta revelación una fría noche de noviembre
Y perdurará en mi memoria a través de los años.
Otra luna había cuando contemplé
Una región árida y desolada
Por la que reptaban oscuramente sombras espectrales
Sobre túmulos pantanosos donde dormían cosas muertas.
La siniestra luna proyectaba su luz mortecina
Sobre formas insólitas y deformes,
Formas aéreas procedentes de extraños dominios
Que se desplazaban de acá para allá
Revoloteando como si buscaran angustiadas
Un remoto lugar lleno de luz y de paz.
En medio de aquel oscuro tropel mis ojos descubrieron
Seres que habitan el espacio etéreo;
Un caos viviente se había reunido allí
Venido de inmemoriales esferas,
Pero con el mismo objetivo y el deseo común
De encontrar el Eidolon llamado VIDA.
La sombría luna, como ojo demoníaco
Parpadeando ebrio en el cielo,
Se elevó más y más sobre la llanura
Y arrastró a mi espíritu tras su estela.
Vi una montaña, coronada
Por grandes y populosas ciudades
Cuyos habitantes yacían en su mayor parte
Sumidos en un profundo sueño nocturno
Mientras la luna vigilaba aviesa durante largas y oscuras
Horas las calles solitarias y las torres silenciosas.
La montaña se erguía con una belleza indescriptible
Sobre un bosque que circundaba su base;
Ladera abajo fluía un arroyo cristalino
Que zigzagueaba bajo la luz espectral.
Todas las ciudades que engalanaban su cima
Parecían ansiosas por destacar sobre las demás,
Con sus imponentes columnas, cúpulas y templos
Que resplandecían magníficos y fascinantes por encima de las llanuras.
Entonces la luna se quedó inmóvil en el cielo
Como si fuera el símbolo de un mal presagio,
Y, al contemplarla, el tropel aéreo supo
Que la VIDA al fin estaba ante sus ojos;
Que la hermosa montaña que contemplaban
Era la VIDA, ¡el Eidolon tanto tiempo buscado!
Pero, de pronto… ¿qué son esos rayos que iluminan la escena
Como una aurora que disipa las tinieblas?
El oriente resplandece horriblemente con una luz
Del mismo color que la sangre… una luz deslumbrante…
Y la montaña adquiere una gris palidez,
El terror de las tierras vecinas.
El abominable bosque de árboles retorcidos
Agita sus horribles garras azotado por la brisa,
Y el arroyo, fluyendo ladera abajo,
Refleja el día con brillo restallante.
En lo alto avanza lentamente la luz del conocimiento
Salpicando los agrietados muros de las ciudades
Por los que reptan en torpes cuadrillas
El fétido lagarto y el gusano.
Mientras el mármol leproso expone a la luz
Esculturas que producen repulsión y espanto
Muchos templos revelan el pecado
Y la blasfemia que reina en su interior.
“¡Oh poderes de la Luz, del Espacio y la Sabiduría!
¿Está la VIDA tan llena de infames horrores?
Os ruego que no ocultéis más la maravillosa creación,
Y nos mostréis la gloria viviente… ¡El Hombre!”
Entonces las casas vomitaron a la calle
Una nauseabunda pestilencia, una caterva
De criaturas que no puedo, que no me atrevo a describir,
Cuya forma era tan vil como negra su infamia.
Y en el cielo, la perversa mirada del sol
Se burla de la devastación que ha producido,
Despiadado con las vagas formas que huyen
De regreso a la Noche eterna.
“¡Oh claro de luna, Pantano de los Túmulos de la MUERTE!
¡Vuelva a nosotros tu reino! El soplo letal
Es un bálsamo delicioso para el alma
Que ve la luz y conoce el absoluto.”
Quise unirme al cortejo alado
Que se sumía de nuevo en la oscuridad,
Pero el horror devoraba mi mente
Y paralizaba mis pobres pasos vacilantes.
De buena gana habría huido del día en mi sueño…
Demasiado tarde: ¡he perdido la pista!
IX
EL PUESTO DE AVANZADA
Cuando el anochecer enfría el río amarillo
Y las sombras avanzan por los senderos de la jungla,
El palacio de Zimbabwe permanece iluminado
Pues un gran Rey teme abandonarse al sueño.
Porque sólo él entre todos los hombres
Vadeó el pantano que las serpientes rehuyen;
Y luchando por alcanzar el sol poniente,
Se internó en la meseta que se extiende al otro lado.
Ningunos otros ojos se han aventurado por aquella tierra
Desde que los ojos les fueron dados a los hombres…
Pero allí, a la hora en que el ocaso se torna en noche,
Descubrió la guarida del Antiguo Secreto.
Más allá de la planicie se alzan extraños torreones,
Murallas y bastiones se despliegan alrededor
De los lejanos domos que envilecen el suelo
Como hongos descompuestos después de la lluvia.
Una luna mezquina se retuerce en el cielo iluminando
Vastas extensiones donde la vida no puede tener cobijo;
Cada domo, cada torre, palidecen en la lejanía
Y revelan sus estructuras cerradas y malignas.
Entonces, aquél que en su infancia deambuló
Sin miedo entre ruinas cubiertas de enredaderas
Se estremeció ante lo que sus ojos descubrieron…
Porque allí no se levantaban los vestigios de una morada de los hombres.
Formas inhumanas, medio vistas, medio adivinadas,
Medio sólidas y medio engendradas del éter,
Surgieron de vacíos sin estrellas abiertos en el cielo,
Y descendieron hasta estas pálidas murallas de pestilencia.
Y desde esta zona de demente ponzoña, hordas amorfas
Regresaron misteriosamente hacia el vacío,
Con sus mórbidas garras cargadas con los despojos
De cosas que los hombres han soñado y conocido.
Los antiguos Pescadores del Exterior…
¿Acaso no revelaban las historias del sumo sacerdote
cómo descubrieron los mundos de otros tiempos
Y capturaron el botín que su imaginación codiciaba?
Sus puestos de avanzada secretos, rodeados de espanto,
Urden planes sobre un millón de mundos en el espacio;
Aborrecidos por toda raza viviente,
Y sin embargo, preservados en su soledad.
Sudando de miedo, el hombre que vigila se arrastró
Por el pantano que rehuyen las serpientes,
Para encontrarse, a la salida del sol,
A salvo en el palacio donde dormía.
Nadie le vio partir, o regresar al alba,
Ni su carne revela ninguna huella
De lo que descubrió en aquella tiniebla infame…
Sin embargo, la paz ha huido de su sueño.
Cuando el anochecer enfría el río amarillo
Y las sombras avanzan por los senderos de la jungla,
El palacio de Zimbabwe permanece iluminado
Pues un gran Rey teme abandonarse al sueño.
X
PROVIDENCE
Allí donde el río y la bahía se unen mansamente
Y se extienden laderas frondosas,
Las agujas de Providence ascienden
Hacia los cielos antiguos,
Y en los estrechos senderos sinuosos
Que trepan por pendientes y crestas
Todavía se puede encontrar
La magia apacible de días olvidados.
Un destello de abanico, un golpe de aldaba,
La visión fugaz de una vieja casa de ladrillo…
Imágenes y sonidos de tiempos pasados
Donde se refugian las quimeras.
Unas escaleras con barandilla de hierro,
Un airoso campanario,
Una aguja esbelta de clara piedra tallada,
El muro de un jardín cubierto de musgo.
Un cementerio oculto, ruinas que son pruebas
De la mortalidad del hombre,
Un muelle podrido donde agudos tejados
Hacen guardia sobre el mar.
Una plaza y un paseo, cuyos muros
Han contemplado quince décadas enteras,
Junto a caminos empedrados que los árboles cobijan
Y desdeña la multitud.
Puentes de piedra sobre lánguidos arroyos,
Casas encaramadas en la colina,
Y patios donde el alma pensativa
Se deja invadir por sueños y misterios.
Tramos en cuesta de un callejón emparrado
Donde pequeños rombos de ventanas
Brillan en el crepúsculo sobre un sembrado
Que el azar ha dejado al fondo.
¡Mi Providence! ¡Qué huestes etéreas
Hacen girar aún tus veletas doradas!
¡Qué vientos embrujados pueblan todavía
Con fantasmas grises tus viejas callejuelas!
Como antaño las campanas vespertinas
Resuenan sobre tu valle,
Mientras tus severos fundadores en sus tumbas
Siguen bendiciendo tu tierra sagrada.
XI
EL BOSQUE
Talaron los árboles y, en el corazón del bosque,
Cuya noche perpetua oculta secretos eternos,
Elevaron a los cielos torres y pabellones de mármol:
Una ciudad para el disfrute de sus placeres.
Aquel magnífico esplendor de domos y torreones se alzaba
Resplandeciente para asombro de las tierras colindantes;
Cristal y marfil, coronados por sublimes pináculos
Que cubrían nieves perennes.
Y en sus salas resonaba la flauta y el sistro,
Mientras el vino y la orgía dejaban sus huellas
escarlatas;
Jamás una voz cantó a las antiguas maravillas,
Ni una sola mirada recorrió las colinas y las llanuras.
Así pasaron los años, hasta que una noche purpúrea
Un trovador ebrio recitó en sus desatinados versos
Las abyectas palabras que nunca debieron ser pronunciadas,
Conjurando las sombras de una antigua maldición.
Los bosques pueden desaparecer, pero nunca las tinieblas que albergan;
Por eso, en el lugar donde se asentaba aquella arrogante ciudad,
El estremecedor amanecer no encontró ni una sola piedra,
Pero sí tuvo que evitar la negrura de un bosque primitivo.
XII
EL HORROR DE YULE

Hay nieve en el campo
Y los valles están helados,
Y una profunda medianoche
Se cierne sombría sobre el mundo;
Pero una luz entrevista en las cumbres
Revela festines profanos y antiguos.
Hay muerte en las nubes,
Hay miedo en la noche,
Pues los muertos en sus mortajas
Celebran la puesta del sol,
Y entonan cantos salvajes en los bosques mientras danzan
En torno al altar de Yule, fungoso y blanco.
Un viento que no es de este mundo
Recorre el bosque de robles,
Cuyas mórbidas ramas se ahogan
En una maraña de delirante muérdago,
Porque éstos son los poderes de las tinieblas, que perviven
En las tumbas de la raza perdida de los Druidas.
XIII
CAMPANAS

Escucho las campanas de aquella torre majestuosa;
Las campanas del esplendor de Yule en una noche turbulenta;
Repicando con sorna en una hora lúgubre
Sobre un mundo sacudido por la codicia y el espanto.
Sus melodiosos tonos resuenan en miríadas de tejados;
Un millón de almas insomnes asiste al juego de los carillones;
Sin embargo su mensaje cae sobre un suelo pedregoso…
Su espíritu es cercenado por la espada del Tiempo.
¿Por qué suenan, remedando los años felices
Cuando la paz y el sosiego reinaban en la plácida llanura?
¿Por qué sus acordes familiares provocan las lágrimas
De aquellos que tal vez no vuelvan a conocer la dicha?
Hace años os conocía bien… hace muchos años…
Cuando el antiguo pueblo dormía en la ladera;
Entonces vuestras notas resonaban sobre la nieve iluminada por las estrellas
En medio de la alegría, la paz y la esperanza eterna.
Mi imaginación evoca el modesto chapitel;
El tejado puntiagudo, negra sombra contra la luna;
Los góticos ventanales, ardiendo con un fuego
Que presta la magia a los cínicos tonos.
Venerable cada seto cubierto de nieve bajo los rayos
Que añadían plata a la plata del valle;
Encantadora cada choza, cada vereda, cada arroyo,
Y alegre el espíritu del aire perfumado por los pinos.
Los pastores profesaban un simple credo;
Vivían en inocente beatitud entre las montañas;
Sus corazones joviales, sus almas honestas en paz,
Animados por las sencillas alegrías de los mortales.
Pero una horrible plaga aparece en escena;
Un fantástico nimbo se cierne sobre la tierra;
Formas demoniacas flotan por encima de los bosques,
Y ante cada puerta se alzan sombras malignas.
El Tiempo, siniestro bufón, avanza por la pradera;
Bajo su paso la alegría se extingue.
Corazones joviales se desangran con angustia inexpicable,
Y almas atormentadas proclaman su influencia funesta.
Conflicto y cambio acosan al mundo vacilante;
Pensamientos salvajes y quimeras ciegan la razón;
La confusión se apodera de una raza senil
Y el crimen y la locura merodean impunemente.
Escucho las campanas… las campanas burlonas y malditas
Que despiertan recuerdos que obsesionan y paralizan;
Suenan y resuenan sobre un millar de infiernos…
Demonios de la noche… ¿por qué no permanecéis tranquilos?
XIV
NÉMESIS
A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
He vivido mis vidas sin número,
He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastado con horror a la locura.
He flotado con la tierra en el amanecer de los tiempos,
Cuando el cielo no era más que una llama vaporosa;
He visto bostezar al oscuro universo,
Donde los negros planetas giran sin objeto,
Donde los negros planetas giran en un sordo horror,
Sin conocimiento, sin gloria, sin nombre.
He vagado a la deriva sobre océanos sin límite,
Bajo cielos siniestros cubiertos de nubes grises
Que los relámpagos desgarran en múltiples zigzags,
Que resuenan con histéricos alaridos,
Con gemidos de demonios invisibles
Que surgen de las aguas verdosas.
Me he lanzado como un ciervo a través de la bóveda
De la inmemorial espesura originaria,
Donde los robles sienten la presencia que avanza
Y acecha allá donde ningún espíritu osa aventurarse,
Y huyo de algo que me rodea y sonríe obscenamente
Entre las ramas que se extienden en lo alto.
He deambulado por montañas horadadas de cavernas
Que surgen estériles y desoladas en la llanura,
He bebido en fuentes emponzoñadas de ranas
Que fluyen mansamente hacia el mar y las marismas;
Y en ardientes y execrables ciénagas he visto cosas
Que me guardaré de no volver a ver.
He contemplado el inmenso palacio cubierto de hiedra,
He hollado sus estancias deshabitadas,
Donde la luna se eleva por encima de los valles
E ilumina las criaturas estampadas en los tapices de los muros;
Extrañas figuras entretejidas de forma incongruente
Que no soporto recordar.
Sumido en el asombro, he escrutado desde los ventanales
Las macilentas praderas del entorno,
El pueblo de múltiples tejados abatido
Por la maldición de una tierra ceñida de sepulcros;
Y desde la hilera de las blancas urnas de mármol persigo
Ansiosamente la erupción de un sonido.
He frecuentado las tumbas de los siglos,
En brazos del miedo he sido transportado
Allá donde se desencadena el vómito de humo del Erebo;
Donde las altas cumbres se ciernen nevadas y sombrías,
Y en reinos donde el sol del desierto consume
Aquello que jamás volverá a animarse.
Yo era viejo cuando los primeros Faraones ascendieron
Al trono engalanado de gemas a orillas del Nilo;
Yo era viejo en aquellas épocas incalculables,
Cuando yo, sólo yo, era astuto;
Y el Hombre, todavía no corrompido y feliz, moraba
En la gloria de la lejana isla del Ártico.
Oh, grande fue el pecado de mi espíritu,
Y grande es la duración de su condena;
La piedad del cielo no puede reconfortarle,
Ni encontrar reposo en la tumba:
Los eones infinitos se precipitan batiendo las alas
De las despiadadas tinieblas.
A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
He vivido mis vidas sin número,
He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastado con horror a la locura.
XV
EL MENSAJERO
El Engendro, dijo, vendría esa noche a las tres
Desde el viejo cementerio que se extiende al pie de la colina;
Pero yo, acurrucándome al benévolo calor de un fuego de roble,
Intenté convencerme a mí mismo de que era imposible.
Seguramente, reflexioné, se trata de una broma macabra
Urdida por alguien que no conoce el verdadero
Signo de los Antiguos, legado de tiempos pretéritos,
Que libera las perversas formas de las tinieblas.
Él no había querido decir eso… no… pero yo encendí
Otra lámpara mientras el constelado León surgía
Por encima del Seekonk, y resonaba un campanario…
Las tres… y el resplandor del fuego se apaga poco a poco.
Entonces, aquel augurio vino a golpear la puerta…
¡Y la delirante verdad me devoró como una llama!
XVI
POR DÓNDE UN DÍA PASEÓ POE
Divagan eternamente las sombras en esta tierra,
Soñando con siglos que se fueron para siempre;
Grandes olmos se alzan solemnes entre lápidas y túmulos
Desplegando su alta bóveda sobre un mundo oculto de otro tiempo.
Una luz del recuerdo ilumina todo el escenario,
Y las hojas muertas hablan en susurros de los días idos,
Añorando imágenes y sonidos que ya no volverán.
Triste y solitario, un espectro se desliza a lo largo
De los paseos por donde sus pasos le llevaban en vida;
Pero no es visible a los ojos de cualquiera, a pesar de que su canto
Resuena a través del tiempo con una extraña fascinación.
Sólo los pocos que conocen el secreto de su magia
Pueden encontrar entre estas tumbas la sombra de Poe.

Posted by ARKAICO at 17:10:14 | Permalink | No Comments »