Sunday, May 18, 2008

MISTERIOS EN EL VATICANO –¿FICCIONES O REALIDADES?

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MISTERIOS EN EL VATICANO –¿FICCIONES O REALIDADES?

Misterios en el Vaticano
y…???
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Una vieja sospecha
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Para quien ha seguido las informaciones publicadas sobre este tema, aparentemente, la noticia sólo tenía de sorprendente el hecho de que estos familiares del Pontífice venían a sumarse al coro multitudinario que reclama se arroje luz sobre las confusas circunstancias en que se produjo el inesperado fallecimiento.
Apenas transcurrido un mes desde la muerte, la prensa española anuncia la inminente presentación en Roma de Han asesinado al Papa (Operación Paloma), una novela en la que los periodistas Jesús Ramón Pena y Mario Eduardo Zottola sostienen que la muerte del Papa Lucíani «obedeció a un movimiento puramente económico», debido a que «el imperio financiero del Vaticano es uno de los más poderosos del mundo» y «existen poderosos motivos para intentar eliminar al máximo dirigente de esta fortuna». Sin embargo, a comienzos de aquel mismo mes, los tradicionalistas romanos seguidores del arzobispo Lefébvre ya avanzaron la posibilidad de que Juan Pablo I hubiese sido asesinado por los masones infiltrados en las altas esferas vaticanas, a las que culpabilizaban de impulsar las tendencias reformistas postconciliares en la Iglesia, a las que supuestamente se opondría el Papa.
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La Sotana Roja
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Ciertas revistas de extrema derecha habían acusado de estar afiliados a la masonería al secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Villot, al presidente de la Congregación de Obispos, cardenal Baggio, al banquero del Vaticano, arzobispo Marcinkus y a otros prelados. En 1980, Bruce Marshali fantasea con el tema en su novela ¿Un asesino para Juan Pablo /?, en la que el Papa Lucíani es envenenado por la ficticia sociedad de Los Nuevos Apóstoles, cuyos doce miembros se oponen a los cambios propulsados por el Concilio Vaticano II y apoyan como pontífice al cardenal Siri. Tres años después en La verdadera muerte de Juan Pablo I, Jean- Jacques Thierry plantea la hipótesis de que Villot sustituyó a Pablo VI por un sosías y planeó la muerte de su sucesor cuando éste descubrió la infiltración masónica en las esferas vaticanas, insólita teoría la del doble que aún hoy sostienen no pocos ultraconservadores. De forma más seria y mejor documentada, Roger Peyrefitte, buen conocedor de los entresijos de la Masonería y del Vaticano, sostiene en La Sotana Roja la tesis de un complot tramado por algunos prelados que mantenían estrechas relaciones con mafiosos, financieros y dirigentes de la logia P-2, encubriendo bajo pseudónimos muy evidentes a personajes que a esas alturas eran ya bien conocidos. Y describe al Papa como un reformista liberal empeñado en erradicar la corrupción de la cúpula eclesial, presentando a Villot y a Marcinkus como instigadores del crimen, llevado a cabo por un asesino profesional con una jeringuilla envenenada, a fin de evitar su inminente destitución. Ese mismo año, los fabricantes de best- séller G. Thomas y M. Morgan-Whitts publican Pontífice, una documentadísima investigación sobre las vidas de los tres últimos papas y las críticas circunstancias en que se desarrollan sus pontificados, en la que sugieren que la hipótesis del asesinato fue un rumor hábilmente promovido por el KGB soviético para desacreditar al Vaticano en unos momentos de gran tensión en sus relaciones con la URSS.
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El Encubrimiento
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En nombre de Dios La tesis de una conspiración urdida para asesinar a Lucíani con digitalina, a fin de impedir los cambios planteados por el Papa para acabar con la corrupción, es defendida en 1984 por David Yallop en su obra En nombre de Díos, resultado de tres años de intensas investigaciones en las que contó con la colaboración clandestina de algunos miembros de la curia vaticana. Yallop demuestra que el Vaticano encubrió las circunstancias en que se produjo el fallecimiento y proporciona indicios suficientes para considerar necesaria la apertura de una investigación oficial. Su libro provocó un verdadero escándalo. La situación era realmente grave. Hasta el punto de llevar a un esoterista ultraconservador como Jean Parvulesco a aceptar la posibilidad de que Juan Pablo I fuese ejecutado para evitar que condujese a la Iglesia a una desviación teológico, progresista y tercermundista (se refiere al «sueño revolucionario y anarquista» que Yallop atribuye al Papa Lucíani), y a sostener a un tiempo que -aprovechando estas circunstancias- Yallop y «sus comandatarios sin rostro» pretenden presentar al Vaticano convertido en «la mayor potencia criminal del mundo».

El Presidente de la Comisión Pontificia para las Comunicaciones Sociales reaccionó al libro de Yallop remitiendo a las Nunciaturas Apostólicas y a algunas Conferencias Episcopales unos folios, elaborados por monseñor Nicolini, en los que se rebatía la hipótesis de que «el llorado» Juan Pablo I pretendiese «revolucionar» la jerarquía vaticana, explicando que «imaginar un ambiente propicio a conjuras es imposible para quien vive en la realidad cotidiana del Vaticano», añadiendo que «la salud del Papa era más bien enfermiza» y dejando claro que carece de importancia quién descubrió el cadáver del Pontífice. Pese a todo, una encuesta publicada en 1987 demostraba que el 30 por ciento de los italianos estaban convencidos de que el Papa de la sonrisa murió asesinado. Un ladrón en la noche Conscientes de la necesidad de argumentos más contundentes, las autoridades vaticanas animaron a realizar una investigación imparcial sobre el asunto al periodista John Cornwell. Le dieron unas facilidades sin precedentes que le permitieron entrevistarse con los más importantes protagonistas de la historia que aún seguían vivos, sin imponerle condición alguna; todo ello -aclara- con la esperanza de que saldrían a la luz pruebas concluyentes de la falsedad de todas las teorías conspiratorias que durante te más de una década han sido causa de malestar para la Iglesia Católica Romana. En Como un ladrón en la noche, nos explica que, las pruebas comenzaron a llevarme a una conclusión que me parece más vergonzosa y más trágica que cualquiera de las conspiraciones propuestas hasta el presente: Le despreciaban por su torpe forma de andar, su aspecto desganado, sus inocentes discursos, su lenguaje sencillo e imitaban el silbante tono de su voz. Se referían a él en tono condescendiente, con diminutivos. Había interminables historias sobre su comportamiento y sus meteduras de pata… Se dejó morir por no sentirse capacitado para ser Papa… Murió solo, en el centro de la comunidad cristiana más grande del mundo, por negligencia y por falta de amor, ridiculizado y menospreciado por la institución que existía para mantenerle… Lo peor es que el propio Cornwell le presenta a veces como alguien poco menos que delirante y estima que «su mansedumbre, su desconfianza, sus preocupaciones por los temas puramente pastorales y piadosos, no se acoplaban bien a una Iglesia que se enfrentaba a los desafíos mundanales de los ochenta y los noventa». En similar sintonía, la de aceptar el mal menor, el historiador Ricardo de la Cierva asume en El diario secreto de Juan Pablo I que existió una trama económica, amenazas de muerte, una conspiración para acabar con el Papa, un masón convertido que le facilita la lista de sus colegas infiltrados en la cúspide eclesiástica y le avisa que van a atacarle esa misma semana… pero, finalmente, muere por causa natural, antes de que intenten asesinarle. Puesto que se trata de una no- vela histórica, no hay forma de discernir en ella lo cierto de lo ficticio. Este libro, como el anterior, pretende tranquilizar no pocas conciencias atormentadas por la posibilidad de semejante crimen, al tiempo que incrementa la confusión en torno al tema. ¡Que se haga justicia! Y en estas circunstancias se encontraba la polémica cuando, a comienzos de 1991, las declaraciones de los familiares de Juan Pablo I vinieron a añadir leña a la caldera de las sospechas. Como si Dios, o el demonio, se empeñase en que los trapos sucios del Vaticano siguieran siendo noticia, o bien en crear confusión en torno al tema que nos ocupa, una semana después la prensa anunciaba la próxima aparición de un libro explosivo.

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La Muerte del Papa
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El jesuita norteamericano Robert Graham, expone en el mismo los resultados de su amplia investigación sobre las tramas de espionaje -propias y ajenas- que se han tejido en torno a los secretos del Vaticano, y en las que han participado no pocos religiosos. Lo que más me llamó la atención del asunto era que pocas semanas antes, a mediados de diciembre de 1990, una pequeña editorial había comenzado a distribuir el primer libro -que yo sepa- en el que un sacerdote sustenta la tesis del asesinato: Se pedirá cuenta.

En opinión de su autor, el español Jesús López Sáez, licenciado en teología, filosofía y psicología, era necesario este libro, ya que el de Cornwell no sólo «no contentó al Vaticano sino que supera incluso la distorsión que ya se había hecho de la imagen de Albino Lucíani, y es necesario hacerle justicia». «El problema de la muerte de Juan Pablo I está ahí -explica- y se puede resolver, no encubriendo ni reprimiendo el asunto, sino tratando de corazón comprenderlo. Abundan los indicios que justificarían una investigación en cualquier Estado de Derecho. Con ello no se ataca a la Iglesia; al contrario, se la defiende.

La clave evangélica es la purificación del templo, que es casa de oración y no debe convertirse en un mercado ni en cueva de bandidos. Evidentemente, lo que está en juego es muy grave: ¿Dónde ha habido más negocios? ¿En el mercado vaticano o en el viejo templo denunciado por Jesús? ¿No son demasiadas las muertes que han acompañado esos negocios? ¿Se ha hurtado a la Iglesia y al mundo la causa de la muerte de Juan Pablo I?… Si no se responde adecuadamente a estos interrogantes, la nueva evangelización quedará desacreditada como vieja comedia, desgraciada y estéril. Como dice el Señor en el Evangelio de Lucas: Se pedirá cuenta». Han matado a mi padre Ha hecho caso omiso a las prudentes recomendaciones de que no publicase su libro, consciente de que un artículo sobre el mismo tema, publicado en la revista religiosa Vida Nueva, le costó el cese como responsable de catequesis de adultos en el Secretariado Nacional. Casualmente, aquel articulo salió a la calle el 4 de octubre de 1984, aniversario del entierro del Papa, día en que -casualmente- en todas las iglesias del mundo se leía un salmo que en la Comunidad cristiana de la que ahora es responsable tenían especialmente asociado a la muerte de Juan Pablo I: «Han entrega- do el cadáver de tus siervos por comida a los pájaros del cielo, la carne de tus amigos a las bestias de la tierra… Que se conozca entre las gentes». Hablando con él, resulta evidente que profesa una admiración y un amor especial por la figura de Juan Pablo I. Cuando en la Comisión Episcopal le explicaron que, aunque fuera verdad, no debería decirse, añadiendo que, es como si tu padre fuera un criminal, debe quedar en familia, él replicó: «ese no es el caso; el caso es que han matado a mi padre y no tengo por qué callarlo».

Casualmente, el padre de Jesús López nació el mismo día que el Papa Lucíani: el 17 de octubre de 1912… Si de algo se le puede acusar es de exceso de amor y de celo, y no parecen ser estos motivos suficientes para que la jerarquía pueda condenar su atrevimiento, sino -por el contrario- para disculpar sus posibles excesos. Según nos explica, Jesús López visitó, en 1989, a Pía, la sobrina de Lucíani que junto a su padre Eduardo ha protagonizado las recientes declaraciones, y a la esposa de éste último, Antonia, quien acabó confesándole: No sabemos de qué murió, y a veces tenemos pensamientos extraños. Les entregó entonces copia de un borrador de su libro, y en diciembre de 1990, les envió el libro impreso. Resulta curioso que, tras doce años de silencio, precisamente ahora se animen a expresar sus dudas, aunque sea tímidamente. ¿Puede haber sido este sacerdote español el catalizador de esa reacción? Aunque así no fuese, hay demasiada sincronicidad entre ambos hechos como para ignorar que resultan significativos.

Pero veamos cuáles son los hechos en que se fundamenta la polémica. ¿Por qué no se hizo la autopsia? El 29 de septiembre de 1978, el Vaticano comunicaba oficialmente que, hacia las 5.30 de esa mañana, «el secretario particular del Papa, no habiéndole encontrado en la capilla, como de costumbre, le ha encontrado muerto en la cama, con la luz encendida, como si aún leyera. El médico, Dr. R. Buzonetti, que acudió inmediatamente, ha constatado su muerte, acaecida probablemente hacia las 23 horas del día anterior a causa de un infarto agudo de miocardio». Las evidencias acumuladas posteriormente demostraron que fue la hermana Vincenza quien descubrió el cadáver, al entrar en la habitación del Pontífice, desconcertada porque no obtuvo respuesta a sus insistentes llamadas. Según varios testigos, estaba sentado en la cama, con la luz encendida, las gafas puestas y unos papeles entre las manos. La monja corrió entonces a despertar al secretario John Magee, quien constató la muerte y llamó al cardenal Villot. Acompañado por el médico, éste último examinó el cadáver y llamó a los embalsamadores. El problema es que las declaraciones que éstos hicieron posteriormente no coinciden con las realizadas por otros testigos. Dada la temperatura tibia que aún mantenía el cuerpo y que fue también comprobada por sor Vincenza y por el secretario Lorenzi, los embalsamadores estiman que el fallecimiento debió producirse entre las 4 y las 5, y no a las 11, conclusión que les fue confirmada por monseñor Noé. Pese a las protestas de algunos eclesiásticos, el cardenal Oddi declaró que el Sacro Colegio Cardenalicio ni siquiera iba a considerar la posibilidad de abrir investigación alguna sobre la muerte, ni aceptaría el menor control por parte de nadie. Pero luego se supo que los cardenales pidieron conocer las circunstancias precisas en que aquella se produjo, ante los interrogantes que se planteaba la opinión pública, la ausencia de un boletín médico y la negativa de la Santa Sede a realizar la autopsia del cadáver que eliminase cualquier duda. El problema es que, sin autopsia, resulta clínicamente imposible determinar que un deceso se produjo por infarto de miocardio agudo e instantáneo y que el cuadro típico del mismo no se corresponde con la disposición en la que se afirmó haber encontrado el cadáver, ya que todo parecía indicar que no hubo lucha con la muerte. Por otra parte, el sobrio estilo de vida del Papa y su tensión baja tampoco hacían sospechar semejante desenlace, ni tampoco se corresponden con una hemorragia cerebral o una embolia pulmonar, las otras posibilidades que han citado fuentes vaticanas. Para colmo, los médicos Buzonetti y Fontana, que firmaron el certificado de defunción, reconocieron no haber prestado nunca sus servicios médicos a Lucíani, por lo que no sabían nada sobre el estado de su salud ni sobre las medicinas que tomaba; tampoco se molestaron en preguntar a quienes podían saberlo. Su muerte fue tan inesperada que el Dr. Da Ros, médico personal de Juan Pablo I, a quien había encontrado el día anterior con muy buena salud, no se lo podía creer. Una losa de silencio La Secretaría de Estado impuso un voto de silencio a sor Vincenza, para impedirle que contase lo que había visto, aunque finalmente lo rompió, ya que -en su opinión- «el mundo debe conocer la verdad» sobre la muerte de este Papa, al que ella admiraba profundamente. Como nos explica el padre López Sáez, «parece que el Vaticano no quiere saber de qué murió el Papa, o no quiere que se sepa, y su versión oficial ha falseado la situación, dándose la ocultación y aún la represión de toda investigación sobre este enigma». Según uno de los especialistas a los que ha pedido estudiase las circunstancias en que se produjo la muerte, el Dr. Cabrera, «ésta podría responder mejor a una muerte provocada por sustancia depresora y acaecida en profundo sueño». Por otra parte, el tono rosáceo que aún tenía su rostro a mediodía del 29 «aparece en algunas intoxicaciones, por ejemplo, de monóxido de carbono y de cianuro». Llama la atención -continúa el sacerdote español- la prisa de Villot por embalsamar el cadáver», procedimiento habitual cuando muere un Papa. Y ello pese a que, en cualquier Estado de Derecho, sólo se puede proceder al embalsamamiento cuando han transcurrido 24 horas desde el fallecimiento, como ocurrió tras la muerte de Pablo VI. Contrariamente a lo que se ha dicho, las normas de la Santa Sede ni prohíben ni ordenan la autopsia de los pontífices, y mediante ésta -que Villot descartó obstinadamente- podría haberse determinado si hubo infarto agudo o detectado veneno de metales pesados, pero ésta quedaría seriamente dificultada tras el embalsamamiento. Aún en 1989 los habitantes del pueblo natal de Lucíani constituyeron un comité para pedir que se hiciese la autopsia que pese a los años transcurridos aún podría despejar algunas dudas. Sin embargo, pese a que se ha dicho que el cadáver fue embalsamado sin extraerle la sangre ni las vísceras, Lorenzi asegura que los embalsamadores «retiraron partes del cuerpo, posiblemente las vísceras». En tal caso, pudo realizarse algún tipo de autopsia. Si así fue, ¿por qué no se ha dicho? El padre Gennari, asegura que tal autopsia se hizo, confirmando que las preocupaciones y el estrés llevaron al Papa a tomar inadvertidamente un vasodilatador, contraindicado para su tensión baja. Pero, en tal caso, teniendo en cuenta que Lucíani era muy cuidadoso con sus medicamentos y que estos eran controlados por la enfermera sor Vincenza, cabe la posibilidad de un cambio criminal de las medicinas. En cuanto a la lectura que tenía entre sus manos cuando falleció, han circulado diversas versiones, sin que el Vaticano haya concretado de qué se trataba, incomprensiblemente. Según Germano Pattaro, consejero teológico del Pontífice, «eran unas notas sobre la conversación de dos horas que el Papa habla mantenido la tarde anterior con el Secretario de Estado Villot». Para entender los motivos por los que alguien podría estar interesado en acabar con la vida de Juan Pablo I, es necesario recordar brevemente toda una serie de turbias maniobras que salieron a la luz años después, que afectaban directamente a las finanzas vaticanas y que Lucíani alcanzó a conocer parcialmente.

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El Complot
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El Banco Vaticano lava más blanco Según se desprende de las investigaciones realizadas por Yallop, Gurwin, Sisti, Modolo, Di Fonzo, Piazzesi, Bonsanti, Doménech y Rupert Cornweil, la mafia italonorteamericana utilizó las instituciones financieras del Vaticano para blanquear dinero sucio procedente del tráfico de drogas y otras actividades delictivas. Semejante operación fue concebida por Michelle Sindona, que comienza su carrera reciclando la fortuna de los Gambino, conocidos hampones neoyorquinos, a través de un holding. Lentamente, va forjando un verdadero imperio financiero de dimensiones internacionales. Tras entregar al cardenal Montini, el dinero necesario para la construcción de un asilo, y que realmente fue donado por la CIA y la Mafia, se convierte en su amigo y consejero financiero. Por mediación de quien años después se convertiría en el Papa Pablo VI, conoce a Massimo Spada, director del Banco Vaticano. A través del Continental Bank of Illinois, la cuarta, parte de cuyas acciones han sido adquiridas por Sindona, se canalizarán cuantiosas inversiones vaticanas a lo largo del continente americano. Sindona traba una estrecha amistad con Licio Gelli, un poderoso empresario textil que ha combatido contra la República durante la guerra civil española, alistándose luego en las SS nazis y trabajando finalmente como agente del KGB soviético para salvar el pellejo, actividad a la que pronto viene a sumarse la de agente de la CIA, al tiempo que se enriquece ayudando en su huida a Sudamérica a numerosos nazis como el famoso Klaus Barbie. Acusado de haber torturado a partisanos, viaja a Argentina, donde entable amistad con el presidente Perón que le convierte en el primer agraciado con la doble nacionalidad italoargentina y le nombra consejero de su país en Italia. Teje toda una red de contactos en Iberoamérica, similar a la que elabora en Italia entre empresarios, políticos y militares. A partir de 1966, anima a muchos de estos a ingresar en la agrupación P-2, a través de la cual Gamberini, Gran Maestre del Gran Oriente de Italia, pretende contar con un grupo de personajes eminentes que fuesen favorables y útiles a la Masonería, pero que pronto escapa a su control. El poder de convicción y la creciente influencia de Gelli -convertido ya en Gran Maestre de la Logia P-2- llevan a muchos a ingresar en ella convencidos de que les resultará de gran ayuda en sus carreras. Gelli se dedica a acumular secretos que le permiten incrementar su poder y chantajear a otros para que se integren en su logia, convirtiéndose así en el epicentro donde confluyen las más confidenciales informaciones del país, gracias a las cuales manipula las más diversas instancias. Las amistades argentinas de Gelli Para centralizar sus actividades en Iberoamérica, Gelli compra una mansión en Montevideo, jactándose de ser amigo de poderosos hombres de negocios y de dirigentes derechistas de todo el continente. Contribuye al retorno de Perón, en 1973 asiste como invitado de honor a la inauguración de su presidencia y Andreotti comenta, asombrado, el respeto reverencial que el general le profesaba, asegurando que vio cómo Perón se arrodillaba ante Gelli. Su influencia en Argentina estuvo asegurada sucesivamente por el ministro-ocultista López Rega, y - tras el golpe militar- por el General Suárez Masón y por el Almirante Massera, ligados a los escuadrones de la muerte y miembros de la P-2. Junto a ellos, Gelli hace suculentos negocios, comprando principalmente petróleo y armas. Gelli y Sindona se introducen en las más altas esferas vaticanas de la mano de Umberto Ortolani, abogado y Gentilhombre de Su Santidad, que se convertirá en el lugarteniente de Gelli dentro de la P-2, conociendo así a monseñor Paul Marcinkus. Hijo de lituanos y criado en Chicago, en 1963 éste se había convertido en el corpulento guardaespaldas e intérprete predilecto de Pablo VI, salvando su vida en Manila y ganándose su plena confianza. Cuando es encargado de dirigir el Instituto para las Obras de Religión (IQR), aparato financiero del Vaticano, el obispo Marcinkus utiliza los consejos y la red bancaria internacional de Sindona para invertir buena parte de la fortuna del Vaticano, al tiempo que Sindona utiliza la estructura bancaria de la Santa Sede para evadir impuestos y blanquear el dinero de la Mafia y Gelli garantiza la cobertura política de las operaciones. Los escándalos financieros En 1973 Sindona se ha convertido en el banquero más importante del país. El primer ministro le saluda como el salvador de la lira y el embajador norteamericano le califica el hombre del año. Pero la crisis del petróleo, sus operaciones especulativas y los rumores sobre sus relaciones con la Mafia contribuyen a que su imperio se derrumbe en menos de un año. Sindona huye a Estados Unidos y el Vaticano pierde una cifra considerable en la operación, hecho desmentido por Marcinkus, quien niega conocer a Sindona. Roberto Calvi, que conoció a Pablo VI cuando era arzobispo de Milán, trabó relación con Sindona -probablemente por intermedio de Spada y Marcinkus- cuando era subdirector general del Banco Ambrosiano. Había razones sobradas para este encuentro: el IOR era propietario de buena parte de las acciones del Ambrosiano y de la mitad del Finanbank, uno de los bancos suizos de Sindona. Gracias a estos apoyos en 1971 Calvi se convierte en presidente del banco y no tardará en ser tesorero de la P-2. Tras el crack Sindona, el IOR encarga a Calvi de sus inversiones en el extranjero, prestando su nombre para que éste compre la mitad de las acciones de la Banca Mercantile florentina y Marcinkus forma parte de la directiva de la sucursal en Bahamas del Ambrosiano. Gelli viaja a Nueva York, donde Sindona había sido detenido acusado de fraude y testifica que su amigo era víctima inocente de una intriga comunista. Allí, Sindona le presenta a Phil Guarino, director de la campaña electoral de Reagan, a cuya inauguración presidencial le invitará.

En 1977 Sindona le recuerda que considera propios la mitad de sus negocios. Dado que éste no cumple su promesa de enviarle dinero, dos meses después ordena empapelar el centro de Milán con llamativos carteles que denuncian a Calvi como estafador, defraudador y traficante de divisas, y finalmente hace llegar al gobernador del Banco de Italia una carta que acorralará definitivamente a Calvi. En 1979 Sindona renueva sus ataques contra Calvi y el Banco de Italia inicia una investigación sobre esta entidad. En nombre del dividendo En medio de tales problemas, en agosto muere Pablo VI y los cardenales no tardan en elegir sucesor suyo al patriarca veneciano Albino Lucíani. Este Pontífice tan popular trae aires decididamente renovadores. Y había demostrado ya su firmeza ante dos escándalos económicos, uno de ellos relacionado con la venta de la Banca Católica del Véneto a Calvi, por parte de Marcinkus en 1972. Tras la operación, este banco cesó de hacer préstamos a bajo interés con los que había favorecido a los menos privilegiados. A petición de sus obispos, Luciani comenzó a investigar, no pudiendo dar crédito a lo que descubrió sobre Calvi y Sindona. Cuando le comentó el problema a Benelli, sustituto de la Secretaría de Estado, éste le explicó que sabía se trataba de una más de las operaciones financieras urdidas por los banqueros y Marcinkus para evadir impuestos y especular ilegalmente. Lucíani comentó: ¿Qué tiene que ver todo esto con la Iglesia de los pobres? En nombre de Díos. Y Benelli le replicó: «No. En nombre del dividendo». Así que Juan Pablo I sabe a qué atenerse. Encarga al cardenal Villot la inspección financiera del IOR. Entretanto, Calvi ha comenzado a desprenderse de todas sus acciones, cuando se entera de que el Papa ha decidido reemplazar a Marcinkus e intentar devolver a la Iglesia a una situación de pobreza evangélica. Se asegura que el 12 de septiembre el Papa tiene en su poder una lista con los nombres de 121 funcionarios del Vaticano que presuntamente pertenecen a la masonería, entre los que figurarían Villot, Casaroli y Marcinkus. El día 13 llama urgentemente a G. Pattaro como consejero, confesándole su desconcierto ante las relaciones de enfrentamiento entre los miembros de la curia. Marcinkus, jurará a Cornweil que ni él ni nadie del Vaticano es masón, lo que se contradice con muchas investigaciones. Tras la única audiencia que mantiene con el Papa, comenta a sus ayudantes: «¡Qué barbaridad! ¡Parece agotado!» Es peligroso expulsar a los mercaderes del templo Según diversos testimonios, el Papa se propone sustituir a Villot por Benelli -gran adversario de Marcinkus- como secretario de Estado, entre otros cambios. En la tarde del 28 tiene una larga conversación con Villot en la que le comunica su decisión de realizar importantes cambios y de poner fin a las relaciones entre el IOF y el Ambrosiano. Esa misma noche, Lucíani fallece. Alguno de los que estaban informados del nuevo rumbo planeado por el Papa pudo informar de ello a Calvi o a Gelli. Y alguien que tuviese acceso a la habitación de Lucíani pudo provocar su muerte. Se conocen unos cuantos casos de pontífices que murieron envenenados. Y tenemos además la lista de los atentados con la P-2 y de muertes relacionadas con la quiebra del Ambrosiano. El padre López Sáez ha expuesto de forma sumamente clara y sintética las más destacadas evidencias que le llevan a sostener la tesis de que se trató de una muerte provocada, y que hasta ahora el Vaticano no ha acertado a refutar con precisión. Por el contrario, además de que muchas de las relaciones delictivas del IOR están más que bien fundamentadas, su entrega de más de 240 millones de dólares a bancos acreedores de todo el mundo, por sus responsabilidades relacionadas con la quiebra del Ambrosiano, demuestran los intereses comunes de ambas entidades. La extraña caída de la logia P-2 En sus recientes declaraciones, Eduardo Lucíani, hermano del Papa, ha explicado la extraña forma en que Juan Pablo I se despidió de él, tres días antes de su muerte: Nunca nos habíamos besado ni abrazado, pero aquella tarde quiso besarme y me abrazó con fuerza. Le pregunté si estaba bien y me dijo que sí. Pero yo me fui con un misterioso presentimiento. Eduardo añadió que en sus encuentros con el pontífice, nunca se refirió a los problemas de IOR, pero antes de ser elegido Papa le confesó: «Por desgracia, hasta los bancos fundados por católicos, que deberían disponer de gente de confianza, se apoyan en personas que de católicas no tienen ni el nombre». Procesado por 65 delitos cometidos en Estados Unidos, Sindona es encarcelado en marzo de 1980, concediéndose su extradición a Italia donde fue condenado a cadena perpetua por la muerte del fiscal encargado de investigar la quiebra de sus bancos. A los dos días de estar encerrado en una cárcel de máxima seguridad, sufre un extraño ataque descrito como infarto o derrame cerebral, pero que parece fue producido por cianuro, falleciendo. Ortolani, acusado de participar en la quiebra fraudulenta del Ambrosiano, permanece varios años refugiado en Suramérica, antes de regresar a Italia, donde es procesado.

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Logrando Entender
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En marzo de 1981, la policía italiana intenta detener a Gelli como implicado en la fuga de Sindona, pero éste ha desaparecido de su villa residencial, donde encuentran los archivos de la P-2. Entre sus 953 miembros descubren a muchas de las personalidades más poderosas de Italia, como Andreotti y otros ex primeros ministros, 3 ministros en activo, 90 jueces, 43 parlamentarios, líderes de todos los partidos a excepción del comunista, banqueros, propietarios y directores de diarios, 183 oficiales de los tres ejércitos, incluido el comandante de las Fuerzas Armadas y 2 directores de los servicios de inteligencia. La estrategia de la tensión Cuando la prensa la descubre, se inicia una crisis que culmina con la caída del gobierno de coalición encabezado por Foriani, muchos de cuyos colaboradores eran miembros de la P-2. Como uno de los acusadores explicará, la Logia P-2 «combinó política y negocios con la intención de destruir el ordenamiento constitucional del país». Se refería a las implicaciones de la P-2 en atentados terroristas que crearon en Italia una estrategia de la tensión que la predispuso a varias tentativas de golpe de Estado, en las que participó la Logia, a la par que fomentaba el temor de diversas instancias a que los comunistas llegasen al poder, dentro de un mare mágnum de extrañas relaciones que CIA, Mafia y Masonería mantuvieron en Italia desde la Segunda Guerra Mundial y a las que no fueron ajenas altas personalidades vaticanas. En julio, la hija de Gelli viaja a Italia sin encubrir su identidad, siendo detenida en el aeropuerto y encontrándose en un doble fondo de su equipaje una serie de documentos relativos a la P-2, uno de los cuales es descrito como un informe secreto de la CIA falsificado que se refería a intentos de subvertir a Europa occidental y a Italia en particular. Resulta impensable que, tras haber sido sacados del país, semejantes documentos se pongan al alcance de la policía, a no ser que tras semejante maniobra se esconda una intención oculta. Ya el periodista P. Hebbiethhwaite se había extrañado de que en los archivos de Gelli no hubiese nombres de comunistas italianos ni de otros países, resultando complejo entender cómo sin tales intermediarios había realizado buenos negocios con países del Este y entablado amistad con el dictador Ceaucescu, sospechando que tales nombres podrían haber sido eliminados por el propio Gelli que habría dejado todo aquel material dispuesto para ser encontrado, en lugar de haberlo destruido. Stephen Knight, un investigador imparcial que ha denunciado la infiltración del KGB en la masonería británica, recuerda que Gelli trabajó para la inteligencia soviética y sostiene que, la P-2 fue un programa patrocinado por la KGB para desestabilizar Italia y llevar a los comunistas al poder por primera vez en un país occidental. Esto explicaría en su opinión por qué se encontraba entre sus archivos un documento en el que se describe la estructura de¡ KGB, aunque no se pregunta por qué lo dejó tras él, así como las motivaciones ocultas del escándalo de la P-2 y su conexión con el atentado que sufrió Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981, poco después de descubrirse los documentos de la Logia. Pero esa es otra historia y las claves de todo el embrollo podrían encontrarse en otro nivel: el de los oscuros designios de las fuerzas que rigen la extraña dialéctica del ajedrez planetario, situándose «más allá del bien y del mal», como veremos en otra ocasión. Un viaje sin retorno El 20 de ese mismo mes, Calvi es detenido por la quiebra del Banco Ambrosiano, ejerciendo una enorme presión sobre Marcinkus y Menini, directivos del IOR, para que acudan en su ayuda, comunicando a su esposa y a su hija que las operaciones anómalas por las que iban a procesarle habían sido realizadas en representación de esta institución bancaria del Vaticano, según constaba en documentos guardados en la Banca suiza del Gottardo.

Un año después de ser condenado y puesto en libertad bajo fianza, Calvi vuela a Londres. Hay quien sospecha que busca ayuda en una Logia de Londres, a la que decía pertenecer y a la que atribula poderosas influencias financieras. Sea corno fuere, su cadáver es hallado colgado de un puente londinense, con los bolsillos repletos de piedras. Un tribunal de Milán sostendrá que fue asesinado, mientras su viuda asegura que «fue víctima de feroces luchas vaticanas», y recuerda que, cuando Gelli llamaba a Calvi para chantajearle y le preguntaban quien era, desde 1978 siempre respondía: Lucíani, el apellido del Papa muerto ese año. Cuando Yallop intentó entrevistarle por teléfono para su libro sobre la vida de Juan Pablo I, Calvi le respondió malhumorado: «¿Quién te ha mandado contra mí? Yo siempre pago. ¿De qué conoce a Gelli? ¿Cuánto quiere? No escriba ese libro. No me vuelva a llamar nunca». Implicado en la quiebra del Ambrosiano, Gelli es encarcelado en 1982 en una prisión de máxima seguridad, de la que escapa un año después. En 1986 el Tribunal Supremo le implica en la brutal matanza de Bolonia, llevada a cabo por elementos ultraderechistas con el conocimiento de servicios de inteligencia controlados por él, y de la que intentó culpabilizar a los servicios secretos búlgaros y soviéticos, como en el atentado contra el Papa Wojtila. Extraditado por sus delitos financieros, pasó una corta temporada en la cárcel, concediéndosela la libertad provisional por motivos de salud. Un trabajo del Espíritu Santo Contrasta la imagen que de Juan Pablo I se ha querido dar en ciertas esferas vaticanas con la que de él ha retenido el pueblo llano. Un anónimo monseñor confiesa a Cornweil: «El Espíritu Santo hizo un buen trabajo, librándonos de él antes de que hiciera demasiado daño». Don Diego Lorenzi, uno de sus secretarios, le confirma: «Les hubiera gustado cambiarle. No le merecíamos». «Ese Papa consiguió un enorme afecto popular de la gente corriente -opina el padre Farusi, director del informativo de Radio Vaticana-. Se le creía aún más popular que a Juan XXIII, era incluso más santo, más humilde, más modesto, más sencillo. Se pensaba de él que era un Papa santo, cercano a su gente». Está claro que un Papa así tenía que resultar incómodo para muchos en un ambiente que ha cambiado la humildad, la caridad y el amor por la púrpura, el protocolo y la burocracia. Su reino no era de ese mundo y ese mundo le despreció.

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George Bush: El heredero de la dinastía siniestra

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Las acusaciones llueven sobre el actual presidente de los EE.UU. Según varios investigadores, George Bush, como su padre, el ex-presidente son miembros de una sociedad secreta: Skull and Bones (la Orden de la Calavera y los Huesos), algunos de cuyos miembros han sido denunciados por crímenes que van desde el narcotráfico a la conspiración política. ¿Nos encontramos ante exageraciones «conspiranoicas» o ante un poder oculto decidido a hacerse con el control del planeta?
Su imagen es conocida en todo el mundo. Para la mayoría, su nombre se asocia a un conservadurismo a ultranza, partidario acérrimo de la pena de muerte. Se trata de George Bush, Jr., calificado de bruto e indocumentado por conocidos intelectuales de su país. En el reciente Festival de Cine de la Mostra de Venecia, el director Robert Altman declaró que si salía elegido como presidente en noviembre él abandonaría los EE UU.

Pero lo que pocos conocen es el lado oculto de este hombre. Como su abuelo, el senador Prescott Bush, como su padre George Bush y otros varones de su familia, el candidato pertenece a una sociedad secreta de siniestra fama. Según han denunciado varios investigadores independientes, algunos de sus miembros estarían implicados en una serie de crímenes que van desde el tráfico de drogas al racismo partidario de políticas eugenésicas para reducir drásticamente la población del Tercer Mundo y de las minorías étnicas en EE UU. La profanación de tumbas y cadáveres sólo sería, según estas acusaciones, un elemento ceremonial que ilustra las señas de identidad de dicha sociedad.

El 1 de mayo de 1990 la tumba del general Omar Torrijos fue profanada. Unos desconocidos que hablaban con acento extranjero robaron las cenizas de este líder, símbolo de la resistencia ante el poder neocolonial de EE UU. Con el fin de celebrar la reinstauración en el país del poderío norteamericano, estos profanadores sellaron con este ritual la obtención de un nuevo trofeo: las cenizas del general que, según sus partidarios, fue asesinado por la CIA. La operación realizada en Panamá, presuntamente financiada por La Orden de la Calavera y los Huesos, no haría sino continuar una siniestra tradición. Así lo denunciaba NACLA Report on the Americas, una revista política con ninguna afición por el «ocultismo», en su editorial de junio de 1990.

Más de medio siglo antes de que George Bush padre lanzara contra Panamá la Operación «Causa Justa», la Orden a la que pertenecía el presidente ya había hecho lo mismo con el cadáver del revolucionario mexicano Pancho Villa; unos desconocidos abrieron su féretro y le cortaron la cabeza. Se asegura que Skull and Bones, la sociedad secreta formada por la élite de la universidad de Yale, pagó por ella. En mayo de 1918, el senador Prescott Bush -padre del expresidente de EE UU y abuelo de quien compite en estos mismos días por alcanzar el mismo honor- profanó junto con otros miembros de esta sociedad el sepulcro de Gerónimo, el legendario jefe rebelde de los apaches. A mediados de los 80, Ned Anderson, líder de la tribu de San Carlos, reunió documentos, fotografías y otras evidencias sobre esta profanación. Uno de los cómplices de Prescott Bush, Neil Malion, se encargó de «echar ácido sobre la cabeza de Gerónimo, quemando la cabellera y la carne» para que pudiera ser expuesta en sus rituales nocturnos. Esta unión se habría afianzado en el campo de los negocios. Prescott Bush fue quien catapul-tó a Neil Malion a la dirección de Dresser, donde tendría su primer empleo el ex-presidente George Bush, que bautizó con el nombre de Neil a uno de sus hijos.

Ned Anderson consiguió una entrevista con un representante de la Orden, al que solicitó la devolución de los huesos de Gerónimo. Anderson afirma que obtuvo una respuesta afirmativa, aunque no formalmente, transformada en decepción al día siguiente, ya que el interlocutor de la Orden faltó a la cita concertada. El personaje que evadió el compromiso para ganar tiempo y esconder los restos de Gerónimo era Jonathan Bush, hermano del candidato.

Entre los alumnos de Yale, promoción tras promoción, corre desde el siglo pasado el rumor de que la forma más rápida y segura de acceder a una carrera de brillante porvenir en los círculos del poder es pertenecer a este «club» privado, que recluta a sus miembros entre los alumnos y los docentes de Yale. Una vez admitido, el nuevo adepto se compromete a no revelar ningún aspecto de sus actividades internas, incluyendo mantener en secreto su pertenencia y negar cualquier vínculo con ella.
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El ocultismo de las elites
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Fundada en 1832 por William H. Russeli, esta sociedad secreta -que algunos consideran que fue inicialmente la rama americana de la Orden de los Iluminados de Baviera, fundada en 1776- surgió para promocionar a 1os hijos de las elites a puestos de relevancia política, económica y social, con la finalidad de consolidar su influencia en los círculos depoder. Su existencia está tan bien establecida como sus liturgias, aunque los expertos no se ponen de acuerdo sobre su naturaleza. Así, por ejemplo, MassimoIntrovigne, director del Instituto de Nuevas Religiones y el más reputado experto en sectas, recoge la existencia de los rituales macabros y la profanación de la tumba de Gerónimo, pero se inclina por creer que sólo se trata de un «satanismo lúdico» de clase alta inspirado en la tradición de la masonería anglosajona. Se trata un fenómeno muy común entre los jóvenes estudiantes norteamericanos que, si bien integra ritos ocultistas, no presenta más riesgos que alguna gamberrada. Aunque reconoce la pertenencia a la misma de políticos destacados, como el ex presidente George Bush y su secretario de estado, George Shultz, cree que el carácter elitista de Skull and Bones ha facilitado que naciera en torno a ella una «literatura complotista» sin fundamento.

Sin embargo, no son estos los únicos nombres de «La Orden» asociados al poder. También se ha señalado la pertenencia a esta sociedad de otros altos cargos de la Administración Bush, como James Baker III, también secretario de Estado, y de C.Boyden Gray, implicado en el escándalo Irán-Contra y en las conexiones con esta fuerza irregular nicaragüense sublevada contra el gobierno sandinista en los 80.

Tampoco parece que estos estrechos vínculos con el poder sean una novedad. El fundador, William H. Russell, fue secretario de Guerra de la Administración Grant. William Taft, hijo de otro de los líderes pioneros de «La Orden», Alphonse Taft, fue el único presidente de EE UU que, además, ocupó el cargo de presidente de la Corte Suprema. George Bush Senior también fue el primer presidente que antes fue director de la poderosa CIA.

Todo apunta a que esta sociedad representa una facción de las familias patricias norteamericanas asociadas a la cúpula del poder, cuyo liderazgo se perpetúa hereditariamente. Entre sus miembros se encuentran la veintena de apellidos de mayor pedigrí en el campo de las finanzas y la industria del Este de EE UU, según la lista de miembros publicada -por el historiador Anthony Sutton. Para sus críticos más radicales, tanto los honores públicos como la recompensa económica están garantizados, pero a cambio de una subordinación absoluta a «La Orden».

Al final de cada curso, un selecto grupo de 15 graduados es escogido para participar en la entrada iniciática al mundo de los poderes temporales. Se asegura que, desnudos y dentro de un ataúd, deben confesar sus fantasías sexuales y otros sórdidos secretos. Cada neófito recibe un hueso con una inscripción que identifica su pertenencia a la «más poderosa de las sociedades secretas». Sólo las paredes de la «Tumba» (el edificio del campus de Yale donde se llevan a cabo las ceremonias) son testigos de esta oscura comunión en la cual Introvigne reconoce el signo ocultista de la liturgia, pero considera que se trata de ritos que simbolizan con estas imágenes de fango la condición humana y que culminan con el «lavado», que representa la purificación por el agua y el nacimiento del neófito como hombre nuevo.

En 1856, la Orden de la Calavera y los Huesos fue registrada oficialmente como Asociación Russell. Desde entonces se le conoce también como el Capítulo 322 de una sociedad secreta alemana. Domiciliada durante décadas en la sede neoyorquina de la banca Brown Brothers Harriman, siempre parece haber estado interesada en la creación de un liderazgo oculto con capacidad para controlar los destinos del planeta. La familia Bush ostenta un privilegiado asiento en este cenáculo desde hace tres generaciones. Los vínculos entre los Harriman y los Bush se forjaron en la graduación de 1917, cuando Edward Roland Harriman y Prescott Bush consiguieron la «condecoración» ósea que les acreditaba como serias promesas de los proyectos que «la Orden» tenía a escala mundial.

Las expectativas puestas en ellos no eran gratuitas, ya que fueron aupados por dos poderosos «patriarcas»: Percy Rockefeller, que llegó a la Orden en 1900, y E. H. Harriman, en 1913. El padre de este último,Averell Harriman, era un magnate del ferrocarril que se hizo con el control de la Union Pacific Railroad en 1898 gracias a un crédito del padre de Percy.

Los abuelos de George Bush encajaron en este restringido círculo. Por parte materna, George Herbert Walker, acaparó su propia parcela en los ferrocarriles del medio oeste y acabó asociándose con los Harriman. Por parte paterna, Samuel Bush representó fielmente las inversiones de la industria armamentística cuyos beneficios se dispararon enormemente en la I Guerra Mundial.

En 1931, la Brown Brothers se unió a los Harriman para darle a la Orden el argumento de una nueva aventura que la humanidad no deberá olvidar nunca. Los Harriman y Prescott Bush fueron los banqueros y socios comerciales de Adolf Hitler. Muchos detalles de esta historia suprimida pueden ser consultados en La biografía no autorizada de George Bush, escrita por Webster G. Tarpley y Anton Chaitkin, hijo de Jacob Chaitkin, que interpuso una querella por estafa en la Hamburg Amerika Line contra los Harriman y P. Bush. De acuerdo con sus denuncias, el otro gran Beneficiado de la operación fue Hitler. He aquí el prontuario de esta biografía siniestra: La Union Banking Corp., fundada por el abuelo del ex-presidente de EE UU, y la Brown Brothers-Harriman, financiaron la maquinaria militar de los nazis a través del Cartel Alemán del Acero. En 1938, Prescott Bush, en calidad de socio ejecutivo de la BBH, también fue responsable del préstamo concedido al Tercer Reich para importar combustibles suministrados por la Standard Oil, que abastecerían las necesidades de la aviación militar alemana.

La Hamburg Amerika Line, naviera creada por el abuelo de George Bush con el respaldo de los Harriman, no sólo apoyó a las SS, sino que operó como tapadera propagandística de los nazis. En 1932, Averell Harriman se encargó personalmente de procurar a los ideólogos nazis pasajes a bordo de la Hamburg Ametika Line para que asistieran a un congreso sobre «higiene racial». Se asegura que una de las prioridades de «La Orden» en nuestro siglo ha sido la de evitar la explosión demográfica de los grupos étnicos considerados inferiores y la promoción de políticas eugenésicas, como la esterilización en masa. No hay que olvidar que las leyes nazis de esterilización se inspiraron en las norteamericanas.

Este complejo financiero habría puesto en marcha un vasto dispositivo logística para facilitar el tráfico de armas y explosivos, remitidos en gran parte a través de la naviera a la I G. Farben nazi; mientras, en Cuba, el principal negocio de la I G. Farben -según asegura Hans G.Behr en La droga, potencia mundial- sería vender heroína a la Cosa Nostra americana.

Según sus acusadores, esta es la fuente que nutrió la trayectoria de George Bush corno hombre de negocios, espía avalado por el poderoso director de la CIA Allen Dufles, y político. Como dueño de Zapata Oil, George Bush heredó, además, la conexión nazi de su padre. En su libro La Operación Paperclip, Ray Renick cuenta que, acabada la Segunda Guerra Mundial, la organización Gehlen -criminales nazis supuestamente reclutados por los Rockefeller y la Orden de Malta, a la que pertenece el hermano mayor de George Bush- ubicó su cuartel general en California.

Desde sus inicios, la CIA integró a los nazis en un gigantesco aparato de terror estatal a lo largo de toda Sudamérica. Su estrategia es, de acuerdo con Mike Ruppert, ex detec-tive de la sección de narcóticos de la policía de Los Ángeles, el tráfico de drogas a gran escala, con la colaboración de Cosa Nostra, y el blanqueó de dinero en bancos de las Bahamas y otros paraísos fiscales. La Operación Paperclip se dividió y dio lugar a la Operación Amadeus, por la que muchos oficiales nazis fueron trasladados desde Alemania a Sudamérica. Albert Carone, uno de los «correos» más activos de esta red, era coronel de la inteligencia militar. Su agenda parecía un directorio de la CIA y la Mafia, según Ruppert, que asegura haberla revisado minuciosamente. Tras expresar cierto descon-tento, Carone murió por “toxicidad química de etiología desconocida”. Su hija afirma tener pruebas contra el «cerebro» de la Operación Amadeus, igualmente examinadas por Ruppert. Según estos documentos, «Amadeus» no es otro que George Bush. Así lo denunció Ruppert ante una comisión de Inteligencia del Senado norteamericano.
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Pecados de familia
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Entre los patrocinadores de la carrera de Bush destaca Walter Mischer, banquero, promotor y uno de los mayores terratenientes de Tejas. En La CIA, la Mafia y George Bush, Pete Brewton denunció las supuestas conexiones de Mischer con la Mafia. Muchos aseguran haber sufrido persecución por conocer los secretos de la familia Bush. Baste citar aquí el trágico caso de Darlene Novinger, una ex-agente del FBI que investigaba grandes flujos de narcotráfico entre Canadá y Florida Y denunció haber comprobado la relación de los narcotraficantes de la Falange Libanesa con George Bush en el mismo periodo en el cual éste desempeñaba el cargo de jefe de la lucha contra el narcotráfico en el sur de Florida. Los superiores de Darlene le prohibieron seguir con su trabajo y la presionaron para firmar mentís de sus propios hallazgos que según ella, puede incluso documentar con imágenes. En 1987, las primeras amenazas se cumplieron. El cadáver de su marido apareció en el río Sesquihanna dos meses después de ser asesinado. El 8 de julio de 1993 recibió otro aviso funerario, hecho realidad cuatro horas más tarde: su padre murió envenenado. Poco después de enterrarlo, halló junto a la lápida un canario muerto, el mismo mensaje que alguien dejó en el buzón a Bradley Ayres, su compañero de investigación en el FBI. El 24 de julio de 1996, Darlene denunció estos hechos en la Kiev AM Radio, en Glendale, Califomia.
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El candidato de la Orden
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En 1977, George W. Bush Junior, erigió su primera compañía, Arbusto Energy, con la ayuda económica de la Orden. La asistencia de su tío Jonathan Bush fue muy útil para acumular el capital, aportado por una veintena de inversores, con William Draper III al frente. En la Biografía no autorizada, de Tarpley y Chaitkin, Draper aparece como gestor de la «cuenta Thyssen», de la que los Harriman y los Bush se habrían servido para financiar al partido nazi.

George Bush hijo entró en la Orden en 1968. Los promotores políticos de
su padre le confiaron la tarea de representar estos sombríos intereses. Ya habría ocurrido en vísperas de la Guerra del Golfo. «En el nombre del padre», George Bush jr. invirtió en Harken, una prolongación de la íntima relación entre «petrodólares» y «narcodólares» expuesta en el Informe Kiwi. Según dijo el ex-agente de la CIA Ronald Rewald a Rodney Stich, George Bush tenía una cuenta con narcodólares bajo un nombre falso, Irwin Peach. En esta guerra, el petrolero George Bush, dueño de Zapata Oil, habría actuado contra su antiguo amigo Saddan Husein, a quien probablemente no permitió derrocar, con el objetivo deliberado de producir una crisis mundial con elevadas ganancias para las grandes multinacionales.

Según las denuncias recogidas por los autores reseñados anteriormente, los Bush son herederos de un oscuro linaje. En el inicio del nuevo milenio, «La Orden» habría elegido a George Bush junior para encumbrar sus designios, perpetuar el pillaje y, probablemente, aumentar su colección de huesos de líderes disidentes.

EL VATICANO Y LAS SOCIEDADES SECRETAS EN BUSCA DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL
(A continuación, la transcripción de un programa radial).
Viene el Nuevo Orden Mundial

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DURANTE LOS PROXIMOS 30 MINUTOS, USTED ESTARA EN LA ESPADA DEL ESPIRITU

Este es David Bay, director del Ministerio Senda Antigua.
Y esta es la Espada del Espíritu, un programa de radio dedicado a advertir e informar al pueblo de Dios. Estamos
comprometidos con el estudio y la exposición de la infalible, inspirada y autorizada Palabra de Dios. Los puntos de vista
expresados nos pertenecen, y no necesariamente son los de esta estación.
Nuestra sociedad se está deteriorando, y los cristianos que creen en la Biblia están mal preparados para enfrentar ese
deterioro. Este programa de radio está dedicado a preparar al pueblo de Dios a enfrentar los retos de este Día, y
alentar la obediencia a la Palabra de Dios, separándonos de la mundanalidad y las falsas doctrinas.
La bancarrota moral de nuestra sociedad está bien documentada.
Pocas personas entienden por qué hemos quedado en bancarrota moral. Sin embargo, cuando observamos nuestra
sociedad a través de los ojos de Dios, a través de la Biblia, podemos ver fácilmente por qué enfrentamos los problemas
sin precedentes de hoy. Este estudio de Estados Unidos a través de los ojos de Dios es lo que siempre tratamos de
hacer aquí; manténgase con nosotros para que escuche algunas verdades que le abrirán los ojos.
En las semanas pasadas, hemos estudiado los lazos entre las Sociedades Secretas y la implementación del Nuevo Orden Mundial. Estudiaremos cómo el Vaticano podría estar ahora totalmente controlado por estas Sociedades Secretas, en camino a completar la Religión del Nuevo Orden Mundial, que estiman es una parte indispensable de su Nuevo Orden Mundial.
Discutiremos este tema a partir de varias fuentes:
“The Broken Cross” (La cruz torcida), por Peirs Compton, 1981.
“The Occultic Conspiracy: Secret Societies — Their Influence and Power in World History” (La conspiración ocultista: sociedades secretas — su influencia y poder en la historia mundial), por Michael Howard, 1989.
“Behold A Pale Horse” (He ahí un caballo blanco), por el autor cristiano Bill Cooper, 1991.
Miremos primero “The Broken Cross”.
Compton es un ex editor de un periódico católico, “The Universe”. El traza la presunta infiltración de la Iglesia Romana por los Illuminati. El autor es un católico tradicional y aún practicante, que ha escrito este libro como protesta contra el abandono por la Iglesia Católica de sus enseñanzas tradicionales de la doctrina cristiana. Compton se lamenta:
“Hay un sentir en el exterior de que nuestra civilización está en peligro de muerte. Es un despertar reciente… Porque la civilización declina cuando la razón se pone de cabeza, cuando lo malvado y abyecto, lo feo y corrupto, son convertidos aparentemente en las normas de las expresiones sociales y culturales… cuando la maldad, bajo una variedad de máscaras, toma el lugar del bien”.
“Nosotros los de esta generación…nos hemos convertido en las víctimas dispuestas, inconscientes, o resentidas de tal convulsión. De ahí, el aire de inutilidad que nos ha impregnado, un sentimiento de que el hombre ha perdido la fe en sí mismo y en la existencia como un todo… Nunca antes el hombre ha sido abandonado sin una guía o compás…. divorciado de la realidad… sin religión” .
Compton luego hace una lista de las fallas de la Iglesia Católica en años recientes:
Declinación en la creencia en los absolutos .
Su disposición a comprometerse con la maldad en este mundo, en lugar de mantenerla a raya .


Predicación del humanismo en nombre de la caridad cristiana .
Pasar de ser el enemigo inflexible del comunismo a tomar parte en un “diálogo” comprometedor, contribuyendo así a la ruina de la sociedad.
Claudicó en su credo de Un Dios Verdadero en el cielo por el falso credo de que hay muchos dioses en el Cielo y en la Tierra .
Compton luego hace la pregunta crítica — “¿qué es lo que ha causado los cambios en la Iglesia”? Luego de reconocer que la mayoría de las personas naturalmente rechaza la idea de una “conspiración”, el autor declara, ” vemos… la obra de un plan de siglos y deliberado para destruir a la Iglesia desde adentro. Aun así hay más pruebas de todo tipo sobre la existencia de esa conspiración, de las que hay sobre algunos de los hechos comúnmente aceptados de la historia… La orquestación secreta, que se ha ocultado… a los académicos, así como a la mente del público, ha sido el trasfondo o la fuerza impulsora de gran parte de la historia mundial” (p.4).
En este punto, sentimos la necesidad de hablar sobre el concepto de una conspiración interna en los sucesos mundiales. Sin duda, muchas personas se burlan de tal concepto; aun así, les recordamos a nuestros oyentes dos hechos:
La Biblia declara claramente y a menudo que Satanás ha estado conspirando contra Dios desde el comienzo de la historia mundial para tratar de tomar el control de este universo de las manos de Dios. Tanto Satanás como Dios trabajan mediante agentes humanos para controlar este mundo. Vemos este panorama en Daniel 10, donde Daniel ora por 21 días por una respuesta a la oración. Cuando el ángel de Dios llega hasta él luego de este periodo de tiempo, le dice a Daniel que Dios había respondido a la petición de Daniel el mismo día en que Daniel oró y había comisionado a este ángel particular para llevar la respuesta. Sin embargo, este ángel había sido retrasado por los demonios de Satanás, que batallaban contra los ángeles de Dios en el ámbito sobrenatural. ¿Por qué era la batalla? Para ver qué fuerza controlaría realmente a los reyes de la tierra, al tomar las decisiones diarias que afectarían la historia del hombre. La Biblia enseña la conspiración de Satanás y sus seguidores terrenales contra Dios y Sus santos.

El renombrado historiador Edward Gibbons, escribió en su obra magistral, “The History of the Decline and Fall of the Roman Empire” (Historia de la declinación y la caída del Imperio Romano), que la razón principal de la caída del Imperio Romano de 1,200 años fue una conspiración interna, secretísima, dentro del propio gobierno. Todo el tiempo que los conspiradores estuvieron causando daño, engañaron magistralmente a los ciudadanos del Imperio, a través de las mentiras y mediante las burlas ante la estupidez de cualquiera que osara sugerir que esto era una conspiración. Cualquiera que no aprenda de la historia está condenado a repetirla, así que debemos despertar y tomar nota de la realidad de la conspiración en nuestros medios.
Ahora volvamos a la palabras de Compton concernientes a la Iglesia Católica Romana actual:
“El deseo de dominar el mundo, ya sea a través del poder de las armas, la cultura o la religión, es tan viejo como la historia….” .
Luego de detallar algunos de los intentos de tomar el control del papado por parte de elementos no cristianos, Compton llega entonces a Adam Weishaupt, el sacerdote jesuita que creó los Maestros de los Illuminati, sobre los cuales hemos hablado repetidamente. Compton declara, “…Adam Weishaupt pudo ver el prospecto que tenía delante de sí son una mente militar. Tenía empuje y visión. Sabía el valor de la sorpresa, basada en el secreto… Era decidido… Fusionaría a la humanidad en un todo, eliminaría la tradición, suprimiría los dogmas…”. Weishaupt “se diferenció de sus compañeros en nombre de la hermandad universal. El estado ideal que Weishaupt tenía en mente estaba… basado en el sueño imposible de la perfección humana… El primer día de mayo de 1776, la sociedad secreta que habría de afectar profundamente gran parte de la historia subsiguiente comenzó a existir con el nombre de los Illuminati.
“Los Illuminati tenían…un plan .. se decidieron por una muy abarcadora línea de conducta. Esta formaría y controlaría la opinión pública. Amalgamaría las religiones al disolver todas las diferencias de creencias y rituales que las habían mantenido aparte, y se apoderaría del papado y pondría a un agente suyo en la Silla de Pedro” .
Estos planes se escribieron en 1776.
Posteriormente, un miembro de los Illuminati, Nubius, en un escrito de 1818 declaró que la meta de los Illuminati es “la completa aniquilación del catolicismo, e incluso, finalmente del cristianismo. Si el cristianismo sobreviviera, aun sobre las ruinas de Roma, un poco después reviviría y viviría” (p. 13). Posteriormente, examinaremos las mismas metas, según se expresan en el libro de la Nueva Era “The Occult Conspiracy” (La conspiración oculta). Compton continúa citando la explicación de Nubius sobre la necesidad de los Illuminati de infiltrar el papado.
“El papado ha estado entrelazado durante setecientos años con la historia de Italia. Italia no puede moverse ni respirar sin el permiso del Sumo Pontífice… Es necesario buscar un remedio. Muy bien, hay un remedio a la mano. El Papa… nunca entrará a una sociedad secreta. Por tanto, se convierte en deber de las sociedades secretas hacer el primer avance hacia la Iglesia y el Papa, con el objeto de conquistar a ambos” .
Esto no es nada más que un llamado a los Illuminati a infiltrar el papado. Así, la meta desde el principio (1776) fue plantar un iluminista confeso en el papado, mientras las filas católicas estarían completamente ignorantes de que esto había ocurrido. Nubius reconoció entonces que ese proceso podría tomar muchos, muchos años. Previmos la necesidad de invadir y tomar los conventos y seminarios, para ganar las mentes de las monjas y especialmente los sacerdotes que suben para convertirse en cardenales. Los cardenales eligen al Papa .
¿Cómo fue financiado Weishaupt en su empeño de establecer los Maestros de los Illuminati? Compton explica:
“El (Weishaupt) recibió respaldo financiero… de un grupo de banqueros de la Casa de Rothschild. Fue bajo su dirección que se elaboraron los planes a largo plazo y a nivel mundial de los Illuminati…”
Compton luego confirma la naturaleza espiritual ocultista de este plan de los Illuminati para un Nuevo Orden Mundial.
“El reclamo de estar poseídos por una influencia de otro mundo podría no haber sido totalmente falso… someterse a las pruebas que hacen a un Illuminati de pura cepa (la ceremonia se realizó de noche, en una cámara subterránea cerca de Frankfurt” (p. 8-9). ¿Recuerdan nuestra discusión, la semana pasada, sobre las iniciaciones de la American Skull and Bones society (Sociedad Americana Calavera y Huesos)? También llevan a cabo su iniciación en una tumba bajo tierra, o cámara, en medio de la noche. Recuerden, Anton LeVey revela en su libro, Satanic Rituals (Rituales Satánicos), que esa ceremonia es normal en el satanismo.
Compton registra más de la influencia ocultista de los Maestros de los Illuminati. “…Algunos ritos y símbolos derivaron un significado innegable de lo que generalmente es llamado Magia Negra, o de la invocación de un poder satánico cuya potencia corre como un rayo siniestro…”.
“El hombre se guía y recibe órdenes por los símbolos… Los Illuminati hicieron uso de … una pirámide, o triángulo, que durante mucho tiempo ha sido conocida por los iniciados como un signo de fe solar o mística. En la cima de esa pirámide, estaba, y de hecho aún está, la imagen de un Ojo humano separado, a la que se han referido en forma diversa como el ojo abierto de Lucifer… o el observador eterno del mundo y la escena humana”.
“La pirámide era uno de los símbolos que representaba la deidad desconocida y sin nombre en los cultos precristianos. Siglos después, fue resucitada como símbolo de la destrucción de la Iglesia Católica; y cuando la primera fase de esa destrucción había sido producida por aquellos que la habían infiltrado y desde entonces ocupaban algunos de los lugares más altos en la Iglesia, la reprodujeron como señal de su éxito”.
Compton luego nos estremece con la siguiente revelación:
“El (este Ojo que Todo lo Ve) dominaba sobre las multitudes que se reunieron para el Congreso Eucarístico de Filadelfia en 1976. Fue tomado por los jesuitas, que publicaron el anuario de la Sociedad, y apareció en una serie de estampillas del Vaticano emitidas en 1978″ (p. 10-11). El autor cristiano Bill Cooper, me confirmó este hecho verbalmente por teléfono cuando llamé a su asistente para tratar de confirmar independientemente esta chocante información.
Compton identifica más específicamente el verdadero significado del Ojo que todo lo Ve:
“El Ojo, que se remonta a los adoradores babilónicos de la luna, o astrólogos, vino a representar la trinidad egipcia (pagana) de Osiris, el sol; Isis, la diosa de la luna, y su hijo, Horus ” (p. 11-12).
De hecho, una de las marcas que identifica al paganismo es su adoración de la Trinidad como Padre, Madre Virgen e Hijo. Esta Trinidad Pagana se encuentra en virtualmente cada religión pagana organizada en el mundo.
Compton continúa examinando el progreso del Plan de los Illuminati para infiltrar la Iglesia Católica desde adentro.
“Para mediados de los 1800, los Illuminati estaban al mando del Estado de Italia” (p. 17). Pero todavía la oficina religiosa del papado estaba fuera de su control.
En este punto, debemos recordar que el papado y la Iglesia Católica Romana entera estaban siendo mortalmente debilitados por la inclusión de doctrina falsa, pagana. Fue sólo cuestión de tiempo antes de que los Illuminati pudieran derrocar al papado al implantar exitosamente a uno de los suyos. El papado estaba destinado a caer como un árbol que se había estado pudriendo por siglos antes de que cayera de repente bajo la arremetida del viento persistente. La meta de infiltrar el Vaticano con un iluminista está también detallada en el libro The Occult Conspiracy (La conspiración oculta), por Michael Howard, en el capítulo 7, titulado “Secretos en el Vaticano”, páginas 141-160.
Esta meta suprema de los Illuminati de infiltrar a los suyos en los niveles más altos de la Iglesia Católica no tuvo éxito hasta principios de los 1960, cuando se convocó el Vaticano II. Compton declara, “los librales o progresistas, seguros de haber traído los designios de las sociedades secretas a una conclusión exitosa, estaban exultantes… EL mundo entero de la religión ahora estaba permeado por su influencia…” .
“En menos de una década la iglesia había transformado de una implacable enemiga del comunismo en una activa y bastante poderosa defensora de la coexistencia con Moscú y la China Roja. Al mismo tiempo, los cambios revolucionarios en sus enseñanzas de siglos han movido a Roma más y más cerca… de las del neopaganismo humanista, del Concilio Nacional y Mundial de Iglesias” .
“Cuando los efectos del Concilio Vaticano Segundo se hicieron aparentes, el doctor Rudolf Griurber, obispo de Regensbury, fue llevado a observar que las ideas principales de la Revolución Francesa, ‘que representan un importante elemento en el plan de Lucifer, estaban siendo aceptadas en muchas esferas del catolicismo’”. Recuerde, Compton es un católico de toda la vida y aún practicante. A medida que uno lee su libro, se acuerda de la actitud del escritos de las Lamentaciones.
Compton continúa:
“Aunque se ha conducido mayormente tras bastidores…la lucha entre la Iglesia y las sociedades secretas ha sido más agria y prolongada que cualquier conflicto internacional…” (p. 75).
Ahora que el Vaticano II había implementado el Plan de Lucifer, como había observado el obispo Griurber, luego Compton revela el próximo paso del Plan de los Illuminati:
“Ahora quedaba concluir una visita realmente histórica con un rito de iniciación que pondría el sello a esta comprensión recién admitida…”. “Así, el papa Paulo, dio en las Naciones Unidas el 4 de octubre de 1965″, (p.67), un discurso “que propagó el evangelio social tan cercano al corazón de los revolucionarios, sin una sola referencia a las doctrinas religiosas que ellos [los revolucionarios] encontraban tan perniciosas” (p. 68).
Luego del discurso, el papa Paulo VI fue al Salón de Meditación de la ONU. “Un boletín cuidadosamente publicado, que supuestamente trataba sobre el significado y el propósito del salón, fue producido por Lucis Press, que publica materiales impresos para las Naciones Unidas”. El hecho de que Lucis Trust es la Casa Publicadora que imprime y disemina el material de Naciones Unidas, es una devastadora formulación de cargos de la Nueva Era y la naturaleza satánica de esta organización. Lucis Trust fue establecida en 1922 como Lucifer Trust por Alice Bailey, para que fuera la compaña publicadora que diseminaría los libros de Bayley y Blavatsky. En 1923, Bailey cambió el nombre a Lucis Trust, sin duda porque Lucifer Trust revelaba en forma demasiado clara la verdadera naturaleza del Movimiento de la Nueva Era [Constance Cumbey, The Hidden Dangers of the Rainbow (Los peligros ocultos del arcoiris), p. 49]. Un rápido viaje a cualquier librería de la Nueva Era revelará que muchos de los libros incondicionales de la Nueva Era, especialmente todos los libros de Bailey, son publicados por Lucis Trust.
Ahora regresemos a la historia de la visita del papa Paulo VI a las Naciones Unidas el 4 de octubre de 1965.
“Este salón [de meditación] era un centro de los Illuminati, dedicado al culto del Ojo que Todo lo Ve, que bajo un sistema de alegorías y secretos velados… estaba dedicado al servicio de los cultos paganos, y la obliteración del cristianismo en favor de las creencias humanistas” (p. 68-69).
Este ritual ocultista de iniciación por el papa Paulo VI en el Salón de Meditación de las Naciones Unidas, “representó la etapa inicial de un esquema, el cumplimiento del cual sería… la erección del Templo del Entendimiento, en cincuenta acres del Potomac en Washington, D.C…. El propósito subyacente del templo fue revelado de lleno por su… Ojo que Todo lo Ve… que representaba las seis fes del mundo — budismo, hinduismo, islam, judaísmo, confucianismo y cristianismo…” Esta abdicación significa que el Papa ya no se considera el “Vicario de Jesucristo sobre la tierra” (p. 70-71).
El escenario está así preparado para la formación y el anuncio de la Religión del Nuevo Orden Mundial. Esta nueva religión será una combinación de todas las religiones del mundo, lo que significa el toque de difuntos para la Separación del Cristianismo Verdadero. Recuerde las palabras de Jesús, “Yo SOY el Camino, y La Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Esta dramática declaración significa que ninguna de las otras religiones individualmente ni la Religión del Nuevo Orden Mundial pueden proveer el camino al Padre en el Cielo. Al infiltrar y tomar control del papado católico romano, Satanás habrá obtenido una enorme victoria, y estará preparado el escenario para el desarrollo de los sucesos predichos en el libro del Apocalipsis.
Ahora considere el próximo paso que dio el papa Paulo VI, como lo registra Compton: “Hizo también uso de un símbolo siniestro, usado por los satanistas en el siglo seis, que había sido revivido en la época del Vaticano Segundo. Este era una cruz torcida o partida, en la que se exhibía una figura repulsiva y distorsionada de Cristo, de la cual los practicantes de la magia negra y brujos de la Edad Media habían hecho uso, para representar el término bíblico ‘marca de la Bestia’. Aun así no sólo Paulo VI, sino sus sucesores, los dos Juan Pablo, llevaron ese objeto y lo alzaron para que fuera reverenciado por las multitudes, que no tenían la menor idea de que representaba al anticristo” (p.72). En la página 56, Compton retrata al actual papa, Juan Pablo II, sosteniendo esta cruz torcida o partida.
Qué chocante que un papa católico pueda utilizar o utilice un objeto que se sabe es satánico, que representa al Anticristo, y hacer que los fieles en la multitud se inclinen ante él y lo reverencien. Esto nos recuerda la profecía de Apocalipsis 13:12, de que el Falso Profeta hará que las gentes de la tierra deifiquen (adoren) al Anticristo.
Pero la peor revelación de Compton aún está por venir.
El papa Paulo luego se presentó en el Yankee Stadium “llevando el efod, la antigua vestidura… que usó Caifás… quien pidió la crucifixión de Cristo”..(Ibid).
“Pocos días después del regreso de Paulo a Roma, el obispo de Cuernavaca, Mendes Arceo, declaraba que ‘el marxismo es necesario para hacer realidad el reino de Dios en la época actual’; mientras que el papa Paulo dejó saber que Roma…estaba lista para considerar de nuevo las sociedades secretas” .
“Una mañana del verano de 1976, unos jóvenes seminaristas católicos se sintieron sumamente alarmados por una revelación en un diario llamado el “Borghese…porque el periódico contenía una lista detallada de clérigos, algunos de los cuales ocupaban algunos de los cargos más elevados, que se decía eran miembros de sociedades secretas. Fueron noticias sorprendentes, porque… los estudiantes estaban familiarizados con… la ley canóniga 2335, [que] expresamente declara que un católico que se uniera a una sociedad de ese tipo sería excomulgado… mientras que la ley canóniga 2336 estaba relacionada con las medidas disciplinarias a ser aplicadas contra cualquier clérigo” que se uniera a una sociedad secreta.
Michael Howard, autor de la Nueva Era de “The Occult Conspiracy”, habla de esta misma lista, pero va más allá para revelar que la mayoría de estos jerarcas católicos eran miembros de logias masónicas . Howard declaró que algunos de estos altos jerarcas del Vaticano eran:

El secretario privado del papa Paulo VI
El director general de Radio Vaticano
El arzobispo de Florencia
El prelado de Milán
El director asistente del periódico del Vaticano
Siete obispos italianos
El abad de la Orden de San Benedicto


Estos estudiantes quedaron horrorizados con esta revelación, porque se habían emitido repetidas bulas papales contra las sociedades secretas, comenzando con el papa Clemente XII (1738), y terminando con el papa Pío XI, que murió en 1939.
Este artículo fue negado en forma muy vociferante por un escritor católico, M. Jacques Ploncard, en la publicación L’Aurora, quien declaró que ningún prelado había estado afiliado a una sociedad secreta desde 1830. Sin embargo, investigadores determinados, algunos de los que fingieron ser miembros del gobierno, lograron acceso al Registro Italiano de Sociedades Secretas, y recopilaron una lista de cardenales, arzobispos y obispos que eran miembros de sociedades secretas. Esta lista incluyó a 125 prelados. Compton luego hace una lista de estos nombres en las páginas 78-84. El escenario estaba ahora preparado para la plena aprobación papal de la membresía en las sociedades secretas. El 27 de noviembre de 1983, el papa Juan Pablo II, el papa actual, emitió la bula papal que legalizó la membresía en las sociedades secretas para los católicos.
Ahora podemos entender cómo es que este papa Juan Pablo II puede exhibir tan descaradamente la cruz torcida o partida, ocultista. Ahora podemos entender cómo el papa Juan Pablo puede buscar con entusiasmo la dominación del Nuevo Orden Mundial, como lo afirma Malachi Martin en su libro, The Keys to this Blood (Las llaves para esta sangre). Martin es un sacerdote jesuita retirado, que enseñó en el Instituto Bíblico Pontificio del Vaticano.
Finalmente, luego de más de 200 años la Sociedad Secreta de los Maestros del Illuminati, los originadores del concepto del Nuevo Orden Mundial, han alcanzado uno de sus principales objectivos, infiltrar a su propio iluminista como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica Romana. Este suceso ocurrió, como ya hemos declarado, a principios de los 1960, cuando el papa Paulo VI llegó al poder. Este periodo de tiempo también encaja con el periodo general de degradación espiritual y apostasía que hemos destacado en programas anteriores y en nuestro seminario. Es interesante que el autor cristiano Bill Cooper, en su libro Behold a Pale Horse (He ahí un caballo blanco), declara, “en 1952, se formó una alianza, que unía… por primera vez en la historia: Las Familias Negras (la nobleza europea, que históricamente han practicado el espiritismo ocultista); los Illuminati, el Vaticano, y los masones, que ahora trabajan juntos para traer el Nuevo Orden Mundial” (p. 80).
Michael Howard añade la nota al calce final a todo este tema, al concluir su capítulo sobre la implicación del Vaticano en la corriente hacia el Nuevo Orden Mundial. Recuerde, Howard no critica al Vaticano; en su lugar, es un escritor de la Nueva Era que muestra entusiasmo respecto a estos sucesos. Howard declara, “En las celebraciones en honor a San Francisco de Asís en 1986, que hicieron énfasis en la unidad de todas las religiones mundiales, el Papa participó en una oración multirreligiosa por la paz mundial. Los tradicionalistas se horrorizaron de ver que el Pontífice compartía alegremente una plataforma con un lama tibetano, un swami hindú, un médico brujo indígena norteamericano, un rabino judío y un sumo sacerdote maorí… La unidad de todas las religiones del mundo y el reconocimiento de que todas derivaron de la misma fuente antigua es la filosofía central de las sociedades secretas”.
En este punto, recuerde las palabras de Jesús, “Por sus frutos los conoceréis”. La corriente hacia el Nuevo Orden Mundial ha visto ocurrir su progreso más significativo bajo el liderazgo de hombres que exteriormente parecían sumamente conservadores y tradicionalistas. No se deje engañar.
Finalmente, en un seminario en Boston, en agosto de 1990, el director en Nueva Inglaterra de la Sociedad Teosófica declaró en forma audaz y entusiasta que el Plan para la implementación de la Religión Pagana del Nuevo Orden Mundial pedía que el Papa católico viajara a Jerusalén en el momento preciso de la historia para acordar una conferencia religiosa mundial especial. A esta conferencia asistirían todas las religiones mundiales. En esta conferencia, el Papa anunciaría que desde este momento en adelante, todas las religiones del mundo serían una. La meta final de los Maestros de los Illuminati se logrará finalmente, con el liderazgo del Papa.
Pero, por qué debemos sorprendernos de que Adam Weishaupt fuera un sacerdote jesuita católico. Así, vemos a la Iglesia Católica presente en el inicio de esta conspiración para el Nuevo Orden Mundial, y en el final.
No se deje engañar.

TEORIA DE LA CONSPIRACION
Una mirada a la oscuridad
Para Jim Keith, in memoriam.
“La primera víctima de la guerra es la verdad”. Kipling.

Podemos ver la realidad de dos maneras:

Uno puede creer literalmente lo que lee en los periódicos, oye en la radio o ve ? en la TV; es un modo seguro, garantizado, de estar en el mundo; sin sombras, enigmas o motivo alguno de inquietud. Llamaremos a este modo: Versión Disney de la historia, en ella el universo cotidiano oscila regular y previsiblemente entre una pareja de valores claramente delimitados y cognoscibles: la Derecha y la Izquierda.

Podemos también cuestionar esta forma gregaria de hipnosis y acceder paulatinamente al conocimiento de una historia secreta, invisible, negada por “las más diversas autoridades”, una historia que no coincide con los valores de la tribu y que rompe con numerosos tabúes.
“En la democracia no existe nada similar a una clase dirigente. Los medios de comunicación son herramientas imprescindibles para mantener las libertades mediante la configuración de una opinion pública informada y responsable”

Ante una boutade como ésta, claro ejemplo de la Versión Disney, solamente cabe una sonrisa escéptica o una crítica breve, arrebatada y feroz:Existe la clase dirigente.
La democracia es escasa o nulamente democrática.

Los media persiguen una política de ocultación y distorsión de los acontecimientos de acuerdo con los intereses de sus gestores propietarios, en el mejor de los casos; en el peor, nos encontramos ante un programa acelerado de embrutecimiento ante el cual el panem et ciercenses de la antigua Roma constituye una mera anécdota.

Si tratamos de rellenar este esqueleto con carne, es decir con nombres propios o vicisitudes históricas concretas, seremos inmediatamente tachados de paranoicos.
Es un modo de desacreditar a los que mantienen posiciones incómodas; perdamos el miedo, no nos ofusquemos, permanezcamos alerta. Lo que ellos llaman paranoia es un paso adelante en el camino de la salud mental. Riamos.

Nada más serio que el humor. Nada menos divertido y auténtico que la sonrisilla de superioridad del ignorante que todo lo sabe mediante la Prensa y el prejuicio. Los más burros, cuando oyen hablar del Tao, se ríen. Ignorémoslos.

Pero vayamos entrando en materia.
“La Era Tecnotrónica va diseñando paulatinamente una sociedad cada vez más controlada. Esa sociedad será dominada por una elite de personas libres de valores tradicionales, que no dudarán en realizar sus objetivos mediante técnicas depuradas con las que influirán en el comportamiento del pueblo, y controlarán y vigilarán con todo detalle a la sociedad, hasta el punto de que llegará a ser posible establecer una vigilancia casi permanente sobre cada uno de los ciudadanos del planeta.”

Este bello y explícito texto de Zbigniew Brezinsky, el Kissinger de Jimmy Carter, extraído de su obra “La Era Tecnotrónica”, constituye un primer referente sobre AQUELLO DE LO QUE VAN REALMENTE LAS COSAS.

David Lyons, en su libro apologético sobre el tema: “La Sociedad de la Vigilancia” (Alianza Editorial) abunda en la referencia a los parabienes que tal tipo de sociedad tendrá para todos, a la vez que critica a los defensores de una actitud de sospecha ante tan dulces novedades inspirados en la lectura de Foucault y Orwell.

La construcción del Estado Mundial, New World Order, parece ya un proceso imparable y tiene sus bardos. Nombres como los de Toffler o Junger. George Bush o Bill Clinton. Juan Pablo II o el Dalai Lama. Aznar o González.

Todos en la brecha. Pero ¿qué hay detrás de todo esto?

El Plan

La versión conspiratoria estándar mantiene la tesis de que existe algo así como un Plan Global que a través de las generaciones va siendo implementado en la Historia mediante las actividades coordinadas de distintos personajes y organizaciones. Estas van insertando a sus miembros en las instituciones y tramas más diversas. Las sociedades secretas, las Revoluciones, las Guerras, las Crisis Económicas, entre otros muchos acontecimientos, formarían parte y darían testimonio de estas actividades.

Francmasones, Jesuitas, Illuminati de Baviera, Rosacruces, Templarios o Thuleanos dan testimonio, a través de las circunstancias más plurales, de una presencia invisible y decisiva, sin la cual los acontecimientos permanecen opacos y desconectados de toda virtualidad explicativa.

Sin olvidar los Servicios Secretos, los grupos económicos de presión o los representantes del Crimen Organizado y de las Ciencias y las Artes.

Según la ideología de los investigadores, el plan será calificado o explicado de un modo u otro. Para De Maistre, la Revolución Francesa es un acto vesánico realizado por seres perversos, por conspiradores, sin embargo, éstos no hacen otra cosa que cumplir muy a su pesar con los designios de la Providencia, caracterizada fundamentalmente por un potencial de venganza ilimitada, que les utiliza para castigar al Antiguo Régimen por su corrupción y cobardía. En una palabra, que Dios lo quiere y que todo, incluso lo peor, es para bien, dado lo cual no cabe oponerse ni a la tiranía ni a la conspiración ni a nada. Esta versión ultramontana de la Teoría de la Conspiración es extremadamente curiosa, lo que parece tener de matiz critico se convierte en la apoteosis del conformismo y de la sumisión. Las profecías apocalípticas cristianas clásicas tienen todas este matiz de desesperanza e impotencia camuflado de esperanza, pero destacándose la sumisión a la autoridad y la pasividad como mensaje. El Apocalipsis es un texto canónico que en su momento fue considerado una falsificación y que, a mi juicio, constituye un instrumento de guerra psicológica más que una profecía e, ineludiblemente y por desgracia, a la vista de lo que está pasando en el mundo, también un esquema de dominación y genocidio. El Anticristo como chivo expiatorio, las continuas apelaciones a la pasividad y la espera de la Parusía, la despoblación del planeta mediante todo tipo de guerras y catástrofes…

Gary Allen (“None dare call it conspiracy”) ve en la paulatina constitución de un Orden Global Planetario (el Nuevo Orden Mundial), una conspiración de los Super Ricos. Los políticos serían poco más que locutores o empleados de segunda fila. La independencia de las naciones, un obstáculo a superar, ya sea mediante guerras puntuales o crisis económicas diseñadas (Servia, Sudeste Asiático), como a través de una retórica mundialista camuflada de todo tipo de patrañas pseudo humanitarias o ecológicas (Derechos Humanos, crecimiento sostenido, etc.). La caja de resonancia suelen ser las Naciones Unidas, un foro de burocracias estatales que se considera el máximo órgano de legitimación soberana de las políticas, de cara al populacho narcotizado por la TV.

En esta trama, el socialismo habría sido simplemente un instrumento destinado a consolidar una concentración de poder inigualable en manos de determinadas elites, debilitando y aniquilando a las clases medias y auspiciando el control policial y mental del rebaño futuro.
La Trilateral (David Rockefeller), el Club Bilderberg (Jordi Pujol, Bill Clinton) o el Council of Foreign Relations (Kissinger, Brezinsky) constituyen ejemplos de instituciones, algunas de ellas transnacionales, que operan como foros de encuentro y reclutamiento de las nuevas elites que preparan la etapa faraónica de sumisión planetaria en el siglo XXI.

Breves elementos de cámara oscura

El espacio es limitado y, para terminar, os daré algunos pequeños flashes conspirativos que he seleccionado para vosotros:

* La matanza de Waco es reconocida por diversos especialistas como un ensayo y un aviso del Estado Americano a los grupos disidentes. La utilización de todo tipo de parafernalia vinculada a la Guerra Psicológica y a las armas no letales (sic) fue exhaustiva. (Whalen y Vatkin, “The 60 Greatest Conspiracies of all Time”).

* Tony Blair es denunciado en la revista Lobster, consagrada al análisis del mundo de los servicios secretos, como un colaborador de la CIA infiltrado en el movimiento laborista con la finalidad de emascularlo. (www.knowledge.co.uk/lobster/index.htm).

* El número de la bestia no tiene nada que ver con Nerón ni con personaje individual alguno, está vinculada a una función: el Papado. VICARIUS FILII DEI suma 666. El Papa, pues, y no ningún otro personaje, constituye el candidato más adecuado. (“666, The Number Of The Beast”, Michael Scheifler. www.aloha.net/~mikesch/)

* Alle Bogs, congresista norteamericano miembro de la Comisión Warren y disidente de las conclusiones que iba hilvanando este organismo con relación al asesinato del Presidente Kennedy, pereció en un accidente de avioneta sobre Alaska. La última persona que tuvo contacto con él fue quien le llevó al aeropuerto en coche. El que luego sería Presidente de los USA: Bill Clinton. (“La sombra que nos gobierna”, Santiago Camacho).

* El visionario Terence McKenna (http://www.disinfo.com/disinfo?p=folder&title=Terence+McKenna) ha elaborado una teoría matemática llamada Time Wave Zero, que traza unas gráficas en las que, por la aceleración del ritmo de los cambios más drásticos de la humanidad, el 21 del 12 del 2012 (la fecha en que finaliza el calendario maya), se produce una singularidad temporal: llamémosle EL SUMIDERO hacia el que todo camina. Quedan doce años como máximo: piensa a partir de ahora qué es lo que realmente quieres hacer cada día -y actúa en consecuencia.

* Tanto Javier Solana como Bill Clinton son denunciados por una publicación servia como “implantados” (microelectrodos conectados al cerebro que posibilitan el control remoto de las gentes) y esbirros de una Conspiración Extraterrestre. (Publicado en Año Cero, 1999).
* En el límite -y para terminar- no podemos obviar la inquietante hipótesis del origen extraterrestre de nuestros problemas presentes. Bases secretas subterráneas, cooperación intensa entre el gobierno USA, su ejército y ciertas variedades alienígenas, abducciones e implantes como manifestación premonitoria de un Nuevo Orden Mundial a través de la panacea del control mental. Un horizonte, como podemos ver, de inusitada bondad y expectativas “paruxísticas” (doy gracias a livinki por este neologismo: paroxismo + parusía.) El texto fundamental para conocer esta cuestión: “Informe Matrix”, Valdamar Valerian. www.trufax.org/trans/krill.html

Hasta pronto. Perseverad en la desconfianza.
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Aquel 11 de Septiembre será difícil de olvidar para millones de personas de todo el mundo que, como un servidor, quedaron petrificadas en las pantallas de televisión al comprobar una vez más la tragedia del terrorismo, cebado con Norteamérica.

Y recuerdo que estaba en Madrid cuando las imágenes de la CNN me sacudieron. Al principio, pensé ingenuamente, supuse que era un quisquilloso accidente de un piloto desquiciado. Más tarde, , al estrellarse el segundo avión contra otra Torre, me di cuenta que la cosa se venía en serio.

Pero ya todos conocemos esta historia y qué desenlace tuvo. Casi como un rumor, la idea de que la guerra en Medio Oriente fue causada por ambiciones petrolíferas se empezó a colar en nuestro inconsciente. Y ahora no hay, prácticamente, dudas.

Y los minutos de luto mundiales y las palabras del presidente Bush tuvieron su cometido.

De a poco, la historia oficial de los acontecimientos cobró forma y sustancia. Y ya nadie se inquiere qué pasó realmente aquel fatídico día. La imagen tenebrosa de un fanático de rostro enjuto y mirada penetrante se nos ha hincado en nuestras cabezas con pérfida nitidez. Con tanta fuerza como que los medios la alimentaron.

Hoy me propongo llevar a cabo dos cosas, en honor a la verdad y a las familias damnificadas. Por un lado, desnudar la trama oscura y secreta que tejieron altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos. Por otro, mostrar a la opinión publica cómo una vez más se nos está manipulando, mintiendo descaradamente y ocultando información vital para comprender esta tragedia.

Y empezaré señalando algunas contradicciones.

Los Acontecimientos “OFICIALES”

No hay duda. Al revolver entre cientos de archivos uno puede llevarse más de una sorpresa. Y entonces, casi como un moho viscoso pegado duramente a la pared de un cofre, aparecen las contradicciones con el tiempo.

Pero bueno y justo será que repasemos cual fue la “historia oficial” de aquel 11 de septiembre turbulento.

Como todos sabemos, dos aviones comerciales impactan contra la fachada del World Trade Center (WTC) en las Torres Gemelas. Luego, las noticias advierten de muchos vuelos más siniestrados. Y uno de ellos, según la “versión oficial”, se estrella en las mismísimas fauces del Pentágono, el edificio más protegido del mundo. En Pennsylvania, otro Boeing 757 es derribado por la misma tripulación que, en un acto heroico, toman los controles y evitan una catástrofe mayor.

A simple vista, tales eventos no ofrecen queja alguna. Y todos, , me incluyo primero, nos sentimos tentados en pensar que fueron terroristas de Medio Oriente que, al mando de Bin Laden y su grupo sedicioso de Al Qaeda, hicieron su macabra labor. Y aunque esto es verdadero, hay ciertas aristas que chirrían ni bien uno las analiza.

Pero las paradojas empiezan al estudiar atentamente el vuelo siniestrado en el Pentágono. Allí, como digo, no sólo los avezados terroristas pudieron hacerse con los mandos del vuelo y estrellarlo contra una delicada fachada de los primeros pisos del edificio (cuando hubiera sido más sencillo hacerlo sobre el raso y no tan ceñido al suelo) sino que, encima, violaron uno de los más complejos emblemas militares del planeta, el corazón de Washington y el mundo.

Y para hacerlo evadieron el sistema sofisticado de radar del lugar, y la artillería que, en caso de violación del espacio aéreo entra automáticamente en funcionamiento. Lo hicieron, y con tan buen tino, que de los cinco anillos que conforman este lugar, impactaron y destrozaron sólo uno. Casualmente aquel que recientemente había sido refaccionado.

Y digo yo, ¡ Vaya puntería!.

Cuando la NBC dio a conocer la filmación de este horror, que sospechosamente no tuvo mucha repercusión, se aprecia como “algo” impacta en la base del edificio. Pero claro, ese “algo” no llega a observarse con mucha definición. Y si uno se toma la molestia de analizar una y otra vez la cinta, puede llevarse pasmosas sorpresas.

No sólo no hay avión comercial, sino que el fuego, según los que estudiaron la cinta, especialistas en explosiones, se comporta de una manera que sólo puede ser consecuencia de una explosión y no la combustión del queroseno del avión.

Aquella es la opinión de Pierre, Henri Bunel, especialista del ejército francés.

Y añade, para más inri:
“La bola de fuego de las Torres Gemelas se proyecta hacia fuera y hacia abajo, mientras que la del Pentágono lo hace hacia arriba, señal de que las temperaturas que generó fueron más altas en el caso de Washington, al producirse una mayor evaporación, lo que vuelve a indicar que se trató de una detonación, ya que si el origen del fuego es por queroseno, la temperatura es más baja.”

Lo curioso de todo, es que el vuelo 77 que, según la versión oficial, se estrelló contra el Pentágono, misteriosamente desapareció del radar varios minutos antes de que ocurriera la tragedia.

Y desapareció cuando atravesaba los densos Parques Nacionales de Ohio. Justo cuando no había nadie disponible para ver donde quedó aquel vuelo.

Y, a continuación, minutos más tarde un “bip” en el radar sentenció que una aeronave veloz se dirigía hacia el Pentágono. Claro, su velocidad desmesurada no era la de un simple Boeing, era otra cosa. ¿Qué era? Ya lo veremos.

Continuemos con la filmación de la NBC.

Como digo, no se aprecia avión comercial, salvo algo, notoriamente blanco y delgado, que surge al ras del suelo. En cada fotograma, amen de la explosión, se puede seguir el recorrido de aquello que no presenta alas como las de los aviones, y cuya velocidad supera a la de un Boeing.

Pero además de la filmación, que aquí se ofrece para su análisis, hay otros detalles…

Por ejemplo. Muchos testigos afirman que vieron un pequeño avión cruzar sobre sus cabezas, emitiendo un tipo de estela inconfundible. “Como un avión mediano” confesaba Meseidy Rodriguez.

Michael Kelly lo retrataría más minuciosa para la cadena CBS: “ Vi un avión que venía por encima, a muy baja altura, y lo siguiente fue una tremenda explosión. Era un avión pequeño”.

Es cierto, también hubo observadores de un Boeing circulando por la zona. Pero eso se explica fácilmente cuando constatamos que se había decretado, tras lo de Nueva York, a todos los vuelos aterrizar en el aeropuerto de Reagan ubicado a sólo un kilometro del Pentágono.

Y nadie, repito: nadie, pudo presenciar aquello que se estrelló contra el Pentágono.

Pero hubo ciertas pistas que pudieron ponernos sobre el responsable. Se trataba de filmaciones efectuadas desde cámaras de seguridad de tanto una gasolinera como el propio hotel Sheraton. Lamentablemente aquí el FBI hizo de las suyas, y confiscó todo el material relativo a ello. Y pregunto una vez más ¿No es sospechosa esta actitud?

Y es que, sea lo que hayan captado las cámaras, hubiera sido contundente. Por eso, despechado, José Velasquez decía: “ Pensé que la cámara de seguridad de la gasolinera debería haberlo captado todo, porque está orientada hacia aquel lugar”.

Pero continuemos.

Y aferrémonos a las matemáticas, mis ciencias preferidas.

Hacía una hora que había ocurrido lo de las Torres Gemelas en Nueva York, cuando ocurrió lo del Pentágono. Por tanto, el mundo ya estaba convulsionado.

Pues bien, aquel poderoso, ahora endeble, edificio del Pentágono está alojado a 15 km de la base aérea Andrews que posee aviones caza para cualquier acción imprevista.

La “versión oficial” admite que se enviaron cazas para evitar lo del Pentágono, pero no llegaron a tiempo. Y, en lugar de enviarlos de la base más próxima (la Andrews donde “casualmente” no estaban disponibles, estaban en prácticas) se procedió a enviar los de la base de Virginia, la Langley.

Como digo, así y todo, según el Norad (mando aéreo de la defensa de Norteamérica) no pudieron llegar a tiempo.

Pero aclaremos el asunto.

La base aérea de Langley (que envió dos F-16 a las 9:24 hs) está ubicada a 200 km del Pentágono. Un F-16 puede alcanzar velocidades de casi dos veces la del sonido (Mach 2, aproximadamente 2300 km/h)
Ahora bien, juntemos todo y analicemos.

Si el impacto fue, según el Norad y la “versión oficial”, a las 9:37 hs, la distancia pudo ser cubierta por los cazas a su máxima velocidad (tuvieron más de 12 minutos). Pero, por alguna siniestra razón, aquellos bólidos del aire no emplearon más allá de los 400 km/h, según los cálculos matemáticos que invito que ustedes mismos realicen.

¿Por qué? La respuesta puede ser obvia…

Incluso más. Según los partes sismograficos, el impacto al Pentágono fue efectuado a las 9:41 hs, no a las 9:37 hs.

Y digo yo ¿Por qué, sabiendo el estado de la Nación, donde sus dos monumentos más emblemáticos ya habían sido alcanzados, no se llegó a tiempo a evitar esta nueva catástrofe.? Y tuvieron una hora para reflexionar cual podría ser el siguiente objetivo en la negra lista de los terroristas. Aun así, las medidas de seguridad del Pentágono dejaron mucho que desear.

¿Qué fue entonces lo que finalmente se estrelló contra el Pentágono?.

Dejaré que lo diga, como lo hizo en The Washintong Post,un ingeniero que trabajaba en el propio edificio:

“Nosotros oímos un ruido, un ruido fuerte como el de un misil. A continuación se oyó la explosión.”

¿Suficiente?.

¿No?

Vayamos, entonces, a algo mucho más concreto.

Y esta vez los ojos no engañan.

¿Puede que este misil haya sido la causa del atentado al Pentágono?

Aun el Pentágono de pie, fíjese que solamente afectó un área menor y de los primeros pisos, cuando el tamaño del Boeing debería haber producido una oquedad mucho más grande. ¿Y donde están el timón, la cola y las alas?

Amen de que las maniobras, según la cada vez más dudosa “versión oficial”, llevadas a cabo por los pilotos del Boeing secuestrado fueron tildadas de “imposible” por varios profesionales de la aviación, el impacto en el primer piso del edificio militar fue imposible desde el vamos.

Joe Vials, investigador de los hechos, piensa que no sólo es inverosímil para la pericia de un piloto entrenado en escuelas simples manejar un Boeing semejante, sino que encima, afirma, se dio el lujo de enfilar a una baja altura de cuasi aterrizaje. Eso, ni los experimentados pilotos aéreos pueden.

Será pues, hora de tomar reglas y centímetros y medir el edificio.

Y las imágenes nos ayudaran.

Fijémonos en las fotos la imagen donde esta derrumbada la fachada del edificio, que ocurrió al cabo de una hora. Media 15 metros de profundidad y 19 de anchura.

Pues bien, el Boeing que se estrelló contra el Pentágono media 47, 32 metros de longitud, frente a los 15, y 38 metros de envergadura, frente a los 19. Y el retrato digitalizado de la situación será más elocuente. En este caso, las palabras sobran.

Aquello, definitivamente, no fue un avión comercial.

Pero alguien objetara: “¿Y los restos, acaso no hubo restos del avión?”.

Rotundamente No. O mejor: hubo un, repito: “un”, resto de avión, pero sus dimensiones eran tres veces más pequeñas que el Boeing. Y, según la “versión oficial”, el avión se desintegró (cuestión que jamás ocurrió en este tipo de accidentes).

Detalles de la oquedad. Compárese con la envergadura de lo que un Boeing hubiera hecho con sus 13, 6 metros de altura

Los “restos” del avión. Amen de no corresponder a un Boeing, su tamaño nos indica que aquel artefacto que impactó contra el pentágono era tres veces menor que un avión comercial

Pero como dijo el físico Gerard Holmgren, quien analizó exhaustivamente el episodio en su Análisis Matemático y físico del atentado del Pentágono, “El gobierno de los Estados Unidos podrá ser el más poderoso del mundo pero no puede cambiar las leyes de la Física”.

La verdadera proporción de avión. Como se advierte a simple vista el desmoronamiento, que se hizo efectivo a la hora del estruendo, debió ser mayor y más destructivo.
Pensemos que en las alas había combustible en esta clase de naves.

El Pentágono en uno de sus flancos. Por ahí pasó el avión, pero, como se aprecia, el pasto esta intacto y sin ningún daño

Las Torres Gemelas: PILOTOS DE ALA

No voy a profundizar en la vida de los terroristas que nos vendieron (en virtud o no de la orden ejecutiva 01, 261 que prohibe dar detalles por razones de seguridad) a un público dolido y resentido en lo más profundo.

Solo debo decir, en honor a la verdad, que aquellos emisarios de Ala no estaban facultados para volar con pericia tremendas fortalezas del aire, muchos menos para ejecutar maniobras como las que vimos en el Pentágono o en la Torre Sur.

Lo desastroso para la “versión oficial” es que muchos de los caratulados como terroristas que habían piloteado los aviones estaban vivos y coleando en diferentes partes del mundo ( como Salem Alhazmi, que manejó el vuelo 77 y reside actualmente en la ciudad saudí de Yanbou).

Aquellos identikit resultaron una farsa. Y desde embajadas se le advirtió al FBI que estaban malinformando a la población. Pero esto, como muchas otras cosas, fue desoído.

Importaba un culpable, alguien en quien recayeran todas las consecuencias del horror. Y en esa búsqueda no importó la verdad. Todo nacido en Medio Oriente era posible sospechoso. Más aun si anduvo por los Estados Unidos en los últimos días al 11 de septiembre.

Y no importaba (para llegar a esta cometido) que se falsificaran evidencias o que se tergiversaran testimonios. Todo, como digo, servía. Por eso no nos debe resultar extraño que el pasaporte de uno de los terroristas haya caído en manos del FBI. Claro, lo hallaron en los escombros milagrosamente intacto. No sólo evadió los 40.000 litros de queroseno del avión, las temperaturas excesivas y la infraestructura del lugar que se desmoronaba, sino que resistió más que su dueño del que no se halló vestigio alguno.

Y algunos dirán que fue una suerte encontrarlo. Otros, más escépticos, pensaran que se nos está tomando el pelo.

Pero analicemos los acontecimientos en las Torres Gemelas.

Primeramente debo destacar que tardaron 30 valiosos minutos en dar la alarma del secuestro del Boeing al Norad. Esto, es obvio, pudo evitar la catástrofe. Los cazas, avezados en estos menesteres, hubieran desviado de mil formas diferentes el objetivo de los secuestradores. Pero, como digo, no ocurrió. Y a las 08:46 hs el Boeing 167 destrozaba una de las Torres Gemelas.

Pues bien. Puede ser entendible, y hasta cierto punto “disculpable”, la negligencia de los controladores aéreos y el Norad en cuanto al primer impacto. Pero no en cuanto al segundo. Y me explico.

Nos enfrentamos a un segundo avión que se dirigía a la Torre Sur del WTC. Dos F-15, cuya velocidad puede llegar a 3000 km/h, se lanzan a la detención del segundo vuelo. 10 minutos después, el inminente impacto no puede ser evitado.

Y sin embargo, como calcularon los expertos, estos bólidos pudieron alcanzar su objetivo en seis minutos. ¿Qué pasó? Parece que lo mismo que en el Pentágono, lo deducible…

Porque, según el Norad, abrazado a la “versión oficial”, aquel segundo vuelo tomado fue detectado a las 08:43 hs. A las 08:46 hs parten los F-15 de la base de Otis (alojada a 250 km de la ciudad). Y aun en vuelo, a las 08:52 hs, no pueden impedir que a las 09:02 hs se estrelle el segundo avión. Finalmente, y ya en vano, llegan a las 09:11 hs.

En suma: desde que se dio la alarma ( y no olvidemos que el primer avión ya había impactado en la Torre Norte) transcurrieron casi 20 minutos.

Así y todo, por alguna siniestra razón, otra vez, los cazas no emplearon todas sus capacidades y no llegaron a tiempo.

El mismísimo general Paul Waver, director del Air National Guard, afirmó que “ los cazas podrían haber alcanzado a los aviones aun estando a 800 km de distancia”.

Entonces ¿qué falló?.

No podemos pensar en un error, dado que no por nada Estados Unidos invierte tanto millones en defensa militar. Además era el segundo vuelo. Tenían tiempo.

Sospecho que alguien, presumiblemente muy informado por adelantado del asunto, con influencias en las altas esferas del poder, dio la orden de demorarse a los F-15. Por eso se explica, que al segundo impacto, aceleraron, tal como lo registra el radar y los cálculos matemáticos , a 1350 km/h para llegar a destino. Y es que, pobres diablos, venían a una media de 260 km/h, casi en clase turista)

Pero alguien objetara ¿Al fin y al cabo, el vuelo 93, no fue derribado en Pennsylvania por cazas?

Tampoco, parece, llegaron a tiempo. Y según la ya dudosisima “versión oficial”, el gobierno afirmó que aquel vuelo cayó por obra y gracia de los propios pasajeros en un acto que les grajeó el mote de “el vuelo de los héroes”.

EXPERTOS DE ALA

Sobre la pericia de los pilotos terroristas, como mencione, quedan muchas dudas. Al ver los videos de los atentados, muchos de los pilotos de aviones comerciales (semejantes al de los atentados) alzaron la voz. Y concluyeron que los secuestradores debieron estar muy avezados en la aviación. Tuvieron que ser, necesariamente (insisto) expertos.

Fernando Llaca Posada, comandante de Iberia y ex presidente del SEPLA declaró: “La acción ha sido obra de pilotos entrenados y no de aficionados que hubieran tenido una formación improvisada. Tenía un mínimo de instrucción que se adquiere con mucho tiempo de aprendizaje y con mucho dinero. No eran aficionados.”

Otro piloto era Jaime Lacasa:

“El Piloto tenía una experiencia en este tipo de aviones, ya que sólo un experto puede hacer un impacto con esa precisión”.

Así y todo, y aunque cueste reconocerlo, la “versión oficial” sepultó estas declaraciones.

Los terroristas apenas si habían hecho cursillos en escuelas de vuelo, y ninguno había manejado jamás, según los instructores, un Boeing, salvo uno de ellos, Mohamed Atta, en un simulador.

Y tengamos en cuenta que a una velocidad de 800 km/h un error de fracciones de segundo puede equivaler a una desviación de varios metros en el rumbo. Pero uno de ellos, incluso, se dio el lujo de virar a último momento, tal como muestran los videos.

Pero permitamos por un momento cerrar los ojos a lo obvio y suponer que “por un milagro de Alá”, los terroristas pudieron maniobrar sus secuestradas aeronaves hacia las Torres.

La cosa cambia, sin embargo, con el Pentágono. Porque el presunto terrorista Hani Hanjour que estrelló “su” avión, según la “versión oficial”, no llegó a pilotear en su prácticas siquiera una avioneta. Pero maniobró con tanta destreza su avión que, no sólo estuvo en vuelo 55 minutos, sino que descendió a ras de la tierra para chocar contra el primer anillo del Pentágono. Y lo hizo evitando los arboles, faroles, y manejando a solo cinco metros de altura.

Pero no olvidemos que fue Alá quien lo instruyó. Y probablemente las instrucciones del Corán lo ayudaron. Porque nadie de este mundo puede manejar un avión así. Antes, la nave se va a pique contra el suelo.

El terrorista Mohamed Atta, captado por las cámaras del aeropuerto. Dicen, según los informes, que estuvo en periplo por toda España

Algunas tomas del segundo impacto. Se evidencia la maniobra del avión, antes del impacto

¿Que es aquella protuberancia en el avión? .Algunos piensan que pudo tratarse de una bomba acoplada.

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TORRES DEMOLIDAS POR…
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“ La secuencia de eventos que provoca finalmente el colapso de los edificios no puede determinarse de forma definitiva”, declaraba el FEMA (Sociedad Civil de Ingenieros Americanos)

Y estaban en lo cierto. Porque, amen de la torre numero 7 que cayó por causas desconocidas –que de inmediato se achacó a las Gemelas – el derrumbamiento de Torres no puede ni será explicado por mucho tiempo.

Lo cierto es que todo nos lleva a pensar en una detonación interna. Y me explicaré sucintamente con un mínimo de rigor.

Y empezaré con los testimonios de bomberos que jamás creyeron la “historia oficial” y declaraban en su día: “Los daños estructurales provocados por el impacto de los aviones y la ignición del combustible no fue por si misma razón suficiente para provocar la caída de las torres”.

Pues bien. Estos hombres reclamaron una investigación profunda de los hechos, y pronto, una cinta se ofreció al cuerpo de bomberos, donde estaban grabadas las últimas comunicaciones con aquellos que habían ascendido a rescatar a las victimas de la tragedia. Claro, se pedía que a cambio de dichas cintas, firmaran un informe de confidencialidad para que por ninguna razón fueran dadas a conocer a la opinión publica.

Los bomberos no aceptaron el trato, pero sí los familiares de las victimas. Y, desde luego, mandaron el acuerdo al demonio. Y desvelaron como el jefe del cuerpo de bomberos, Jeff Palmer confirmaba que el incendió en la planta 78 era controlable y que “tenemos un buen plan para impedir que se propague”.

Pero sus planes fuero truncados. Y allí mismo morirían bajo los cimientos y las explosiones que oyeron reporteros de CNN, de la BBC.

Y uno de ellos, Steve Evans lo resumía así:

“ Yo estaba en la base de la segunda torre, la segunda torre que fue impactada. Hubo una explosión, la base del edificio se agitó , la sentí moverse. Luego, cuando nosotros estabamos fuera hubo una serie de explosiones.”

Pero centrémonos en los aviones y su combustible y su blanco.

Las torres, por un lado, estaban formadas por más de 40 vigas de acero enterradas en lo profundo de la tierra, a un nivel –7, sobre la propia roca de la isla. Su constructor, el japonés Minoru yamasaki, conciente de la envergadura de su obra, mandó a construir un doble sistema de refuerzo , uno interior y otro exterior. En el eje central había vigas de acero. Y , por fuera, también había vigas de acero.

Ahora bien. Volvamos a aunar todos estos datos y los del avión.

Como se sabe, para fundir el acero es preciso de temperaturas superiores a 1400 grados centígrados. Y sin embargo, el queroseno de los aviones gracias si llegaban a 800 grados.

Aun así, afirman que cayeron como consecuencia de un efecto domino que empezó desde el impacto de las aeronaves. Una planta sobre otra. Pero debemos admitir al ver los videos que aquello semeja más una demolición con explosivos que otra cosa. Y como digo, el acero era muy resistente para consumirse a 800 grados.

Quizá por eso, Mirolad Ristic, catedrático de la Facultad de Arquitectura y Construcción de la Universidad de Belgrano declaró: “ El derrumbare de las Torres Gemelas se produjo, además de por el impacto de los aviones, a la posible presencia de explosivos dentro del edificio. A la luz de las imágenes, y al contemplar la caída de las antenas de televisión de las torres en dirección estrictamente vertical, sin torsiones, deduje que no había otra forma de lograr una demolición así que con explosivos.”

Pero esto no es lo inquietante del asunto.

Lo curioso, lo importante, lo trascendente es que en el nivel –7 se halló literalmente una “piscina de acero liquido”.

Mark Loizeaux - presidente de la empresa Controled Demolition de Phoenix - reclamado para colaborar en las investigaciones, efectuó el hallazgo. Y recordémoslo: el nivel 7 está a muchos metros por debajo de la tierra. Y no hay oxigeno casi. Y el impacto de los aviones fue entre las plantas 80 y 100 (promedio).

¿Cómo, con sus 800 grados de calor de combustible, fundieron los cimientos transformándolos en una “piscina” de acero?.

Tal vez ahora entendamos cómo tamañas construcciones sólo resistieron poco más de media hora antes de su colapso.

Fue el tiempo prefijado para las detonaciones…

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SOSPECHOSOS CLARIVIDENTES

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Ya lo digo. Hubo circunstancias que fueron literalmente desdeñadas por la prensa y que nos advertían que hubo muchas personas que sabían de antemano de la catástrofe.

Eso me lleva a pensar que el Gobierno de los Estados Unidos sabía lo que estaba en juego aquel 11 de septiembre. Y, aun así, miró para otro lado. Es más: podría decirse que les abrió de par en par las puertas a los terroristas para que hicieran su trabajo.

Después de todo, como sabemos, ellos siempre salen beneficiados a costa de las miles de victimas y el dolor y miedo esparcidos por toda la población y la propia humanidad. No nos engañemos, así son los lideres del mundo.

Pero se me entenderá mejor cuando exponga a los adelantados o profetas que supieron atisbar lo que se venia.

Kennet Williams –agente del FBI –advirtió en un elaborado informe en julio
de 2001 de las intenciones de Al Qaeda. Su conocido “informe Phoenix” fue sistemáticamente obviado. Pese a que advertía que tanto el Pentágono como las Torres Gemelas podían ser los blancos elegidos.

La CBS aseguró que en agosto de 2001, George Tonet, director de la CIA
había avisado al presidente Bush de los inminentes atentados.

Coleen Rowley , agente del FBI en Minneapolis también afirmó que se
conocían los planes de los terroristas pero así y todo no se hizo nada por detenerlos.

El enemigo publico numero uno de Estados Unidos, casualmente muy cercano al presidente y su entorno. También salió beneficiado en la masacre. Curiosamente en los primeros videos que se dieron a conocer no habla de su responsabilidad en los atentados

El primer ministro Israelí, Ariel Sharon también fue advertido por el servicio de seguridad Israelí, según el diario Yadiot Ahranot.

Muchos de los trabajadores de Odigo, empresa Israelí –cuya sede estaba en World Trade Center – fueron advertidos de los inminentes ataques a través de radio mensajes.

En Europa, una de las bases americanas más importantes, curiosamente – cuando no sospechosamente- se puso en alerta casi diez horas antes de producirse el primer atentado contras las Torres Gemelas.

La base aérea de Wright Patterson también estuvo en alerta horas antes de la masacre.

El periodista Gordon Thomas confirmó que la CIA había sido notificada por el servicio secreto israelí de que aviones comerciales suicidas podrían impactar contra los emblemas de Norteamérica.

El Alcalde de San Francisco, Willie Brown, también fue advertido. Lo mismo el escritor Salman Rushdie. En el Pentágono , donde se produciría el tercer atentado, se citaron a un nutrido grupo de periodistas. Y, por razones que jamas se esclarecieron, se canceló aquella convocatoria que estaba preparada para la misma mañana de los hechos, en el preciso lugar donde habría de impactar el dudosisimo ¿Boeing.?.

El 10 de septiembre de 2001 , Tom Kemey , director del FEMA, fue impelido
por sus superiores a que tomara puesto con su gente en Nueva York.

En agosto de 2001, otra casualidad. Un ex teniente de marina es detenido y declara sin ambages trabajar como agente secreto. Delmart Edward Vreeland avisaba –con absoluta precisión de detalles- de un inminente atentado en Nueva York .

El banquero Richar Dennison también denunció sus “novedades” al FBI en agosto de 2001. Y, según anticipó, aquellos terroristas tenían planeado secuestrar aviones para su horrendo crimen.
El presidente egipcio Hosni Mubarak también disponía de información al respecto –en virtud de sus servicios de inteligencia, que parecen funcionar mejor que el de los estadounidenses –de un atentado el 11 de septiembre.

La foto muestra a Bush –en el preciso instante en que le avisan de la amarga “novedad” - en aquella escuelita donde permaneció impávido mientras su país se colapsaba

De Alemania también informaron al FBI. Indicaron con detalle el propio WTC. En junio del 2000 una empresa de paginas web, Verisign, tuvo 17 solicitudes
sospechosas para crear sitios nuevos en la red. Sus nombres lo dicen todo: August11horror.com, terrorattack2001.com, woldtradecenterbombs.com , newyorattack299.com, attackamerica.com , terrorattack2001.com.

Las extrañas maniobras de los mercados bursátiles días atrás del 11 de septiembre solo nos indican lo mismo: alguien sabía.

El 7 de septiembre, George Schultz – ex secretario de Estado- también recibió la “mala nueva” por anticipado. Así lo dijo al diario San Francisco Cronicle.

El 10 de septiembre el juez antiterrorista de Francia Jean-Louis Brugiere también advierte de los inminentes golpes a WTC.

Y aquí lo curioso. Meses antes del 11 de septiembre, fue hecha una simulación en maqueta del ataque al Pentágono. Y justamente el día de la catástrofe , en la sede de la CIA, se hizo un ejercicio similar que, dramáticamente, esta vez coincidió con la realidad.

Finalmente, por alguna razón bendita, las Torres Gemelas estuvieron con solo –y que no es poco –un 20 % de la ocupación. Eso, cierto es, evitó que la masacre llegara a mayores.

Y la lista podría seguir extendiéndose, pero creo que es suficiente para ilustrar mi idea.

Alguien –un grupo o Familia en el poder –sabía muy bien lo que estaba por ocurrir. Y aun así, olímpicamente cerró los ojos. Si lo planeó o no es ya arriesgado decirlo. Basta con afirmar que “las puertas de la casa estaban abiertas.” Y que muchas empresas, compañías petroleras y gente del gobierno salieron beneficiados.

Por eso, tal vez, el Echelon –un sofisticado sistema de espionaje –que capta más de 50 millones de mensajes (informáticos o telefónicos) en el mundo, día tras día, no detectó nada. Salvo unas comunicaciones que dio a conocer la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) Y decían: “Mañana es la hora cero”. “El partido está por comenzar”.

No sólo los terroristas evadieron estas informaciones (por negligencia o inteligencia del Estado) sino que, pasaron “armas blancas” –según la “versión oficial”- , chequearon sus pasaportes –que nadie negó el sello, pese a figurar en listas del FBI –y acto seguido, se hicieron con el control de los aviones. El resultado ya lo conocemos de memoria.

El “partido”, finalmente, había comenzado.

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¿FANATICOS DE ALA O DE LA INFORMATICA?
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Una trama perfecta. Eso es lo que me pareció. Y quizá pocos se atrevan a descubrir que tras los atentados y los cientos de muertes, hubo particularmente algunos decesos que fueron más que sospechosos.

Que John O´Neill fuera relevado de su cargo del FBI (donde no lo dejaban profundizar en el tema Bin Laden/Al Qaeda) y haya empezado a trabajar ,”casualmente” el 10 de septiembre en las Torres –donde al día siguiente moriría - pudo ser azar.

Que a bordo del avión secuestrado viajara el espía Daniel Lewin, que trabajaba para las fuerzas aéreas de Israel, también: “casualidad”.

Pero en mi opinión no existen las casualidades. Y –siempre lo digo - donde otros ven algo casual, yo veo propósito.

Porque, amen de aquellas sincronicidades curiosas, debemos añadir que en los vuelos viajaban científicos de la empresa Raytheon, especializada en sistemas para la milicia.

En el Boeing 767 que se estrelló contra una de las torres (norte) viajaban tres trabajadores de aquella empresa: Peter Gray, David Kovalcin, Kenneth Waldie.

En el segundo avión –estrellado en la torre sur – también había otro trabajador de Raytheon : Hubert Homer.

Ya deberíamos sospechar de estas “sincronicidades” o “casualidades mayores”. Pero todavía faltaba otra rareza…

En el desaparecido vuelo 77 –que se desintegraría completamente en el Pentágono, según la “versión oficial”, sin siquiera dejar trazas ni fuselajes – a bordo viajaba Steve Hall, director de programas bélicos de la mencionada compañía.

Pero sigamos con las “casualidades”.

Tras los hechos del 11 de Septiembre, Raytheon obtuvo del gobierno Norteamericano más de 400 millones de dólares para mejorar sistemas de misiles.

Una cifra espectacular, pero pequeña en relación a lo que ganaron los que “financiaron” la guerra. Porque si tan solo hubieran dado una mínima tajada, un porcentaje menor de lo que obtuvieron, el hambre del mundo hubiera terminado de la noche a la mañana.

Pero no. Debían seguir empeñados en financiar complejos sistemas de defensa que son “inútiles” –y ya sabemos por qué lo digo- cuando se los precisa y que no conducen más que al desmesurado poder de unos pocos.

La tecnología de Raytheon es tan secreta que suele llamarse a estas investigaciones privadas “proyectos negros”, casi rayanos en la ciencia ficción, pero siempre a favor de los militares.

Ahora bien. Entre esos “proyectos” vedados a la opinión publica estaba la posibilidad de pilotear un avión sin necesidad de Piloto, a través de señales electrónicas.

El diario alemán Der Spiegel lo decía claramente: “ El pasado mes de agosto , la compañía Raytheon logró en la base Aérea de Holloman , en Nuevo Mexico (EE.UU) hacer aterrizar hasta seis veces a un Boeing 727 sin piloto a bordo. El sistema que empleó utilizaba señales de radio que partían del final de la pista en la que tenía que aterrizar , que se enviaban al avión, que gracias a ordenes electrónicas desde tierra y a la utilización de localización por GPS servían para que los aterrizajes pudieran producirse.”

Entonces ocurre que al leer cosas de semejante envergadura uno, naturalmente, sospecha. Y piensa y vuelve a pensar: ¿no habrá sido posible que algo similar hubiera ocurrido en WTC.? Y cuando leo las historias tejidas por la siempre presente “versión oficial” sobre los terroristas no puedo más que sorprenderme y abonar esta teoría.

O como dijo el experto en los atentados Paul Thompson: “ Estaban en los vuelos secuestrados los empleados de Raytheon para activar el sistema Global Hawk o asegurarse de su funcionamiento?”.

Si se aseguraron de su funcionamiento, lo hicieron bien. Y ahora callaran.

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CONCLUSIONES FINALES

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No debería albergarse dudas de lo que ocurrió el 11 de septiembre del 2001. Hubo un ataque terrorista, eso es indiscutible. Pero estuvo escalonado desde el interior del Estado Norteamericano, donde salieron muchos beneficiados. No sólo obtuvieron “permiso” para la guerra en Medio Oriente bajo una hipotética amenaza – recuerden que hablaban de armas de destrucción masiva, armas que jamás fueron encontradas - terrorista, sino que violaron todo tipo de instituciones habidas y por haber e incluso a la propia población que no quiso plegarse en esta revuelta.

Pero los medios, eficaces como siempre, concienciaron a la gente. Y poco a poco fueron condicionándose a creer lo que día tras días decían. La amenaza de Ántrax sólo sirvió para revolver el avispero y el temor, puntilloso, se instaló en los corazones de la población. De ahí en más no había que dudar de la “versión oficial”. Hacerlo sería una acción de “mala fe” y atentaría contra “ El faro más brillante de la Libertad y el Progreso del mundo”.

Y no debo ni quiero decir que no hubo terrorismo, ni que podría haber estado implicados muchos de los personajes detectados por el FBI (tal es el caso de Mohamed Atta y el grupo de Bin Laden). Pero todos ellos, se quiera o no, tuvieron un apoyo del Estado Norteamericano para concretar sus siniestros fines.

A la postre, todos, -incluso el clan Bin Laden – salieron beneficiados.

Y sé que alguien dirá: “Pero el propio Bin Laden declaró su ataque a Estados Unidos”.

Pero creo que ya todos sabemos los secretos acuerdo entre este “impostor” y terrorista y el gobierno americano. Si alguien tiene dudas, debería refrescarse viendo el documental de Michael More “ Farenheit 9/11”.

Además, se antepone algo lógico. Un hombre como Bin Laden, que planea minuciosamente el atentado más impresionante de la historia, que toma medidas para que todo salga a la perfección ¿No esperó un contraataque de su enemigo, no previó que su atentado haría bullir el celo Norteamericano?. Claro que lo previó, pero en sus planes estaba cotejado que jamás sería apresado (además no olvidemos que los sobres con Ántrax fueron toda su “artillería” pesada). Y así dejó, -de igual modo que a él- las puertas abiertas al imperio del Petróleo.

Este es el retrato, resumido y directo, de lo que ocurrió aquel 11 de septiembre en que la historia dio un sacudón. Y, como vemos, las ansias de poder del hombre no se debilitan con nada. Y sigue escalando. Y sigue conquistando. Y sigue llenándose los bolsillos a costa de inocentes e ingenuos.

Algunas de las imágenes del “gran faro del mundo”. Han generado repulsas y protestas en todo el mundo. ¿No son suficientes para que los defensores – ocultos en agrupaciones escépticas, y de pésima calidad- del gobierno de Bush callen, y lo hagan para siempre? Se escudan diciendo que es una ofensa a las víctimas del 11 de septiembre, y yo me pregunto ¿ es que estas otras no son víctimas de la misma injusticia y el uso desmesurado del poder?

Todos somos parte de la población. Y,creo yo, –al menos que mis ojos me engañen – somos mayoría. La pregunta es y volverá a ser: ¿Por qué dejamos, entonces, que nos mientan y nos manipulen a su antojo?.

Y lo repito: con una “limosna” de todo aquello que recaudaron con la guerra habría bastado para frenar el hambre del mundo.

Sólo sé algo –y con esto finalizó de una buena vez este informe -: Usted y yo somos responsables de la injusticia. Porque hemos sido ciegos aunque nacimos con ojos. Porque hemos callado aunque tenemos lengua. Porque las banalidades reinantes y la superficialidad de las cosas captan nuestra atención cuando no deberían hacerlo.

Que llegué a quien tenga que llegar.

Años 80: Donald Rumsfeld y Saddam Hussein en la época en que éste usaba armas de destrucción masiva contra Irán y su propio pueblo.

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La NASA y la Luna
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El 1 de octubre de 1958 fue fundada la National Aeronautics and Space Administration (NASA). Referir los orígenes de esta organización tal vez sea útil para que el lector se explique muchas de las cosas, algunas inverosímiles a primera vista, que explicaremos a continuación. En la década de los cincuenta los Estados Unidos desplegaban dos programas espaciales independientes, el Explorer, desarrollado por el Ejército, y el Vanguard, dependiente de la Marina. El interés de los militares por el espacio no era una cuestión que tuviera nada que ver con el avance de la ciencia. La potencialidad de los satélites en misiones de reconocimiento y comunicación se unía al desarrollo de cohetes propulsores cada vez más eficientes que, de paso, podían ser empleados como mísiles intercontinentales. Si a eso le unimos la posibilidad de emplazar armamento nuclear en órbita a la Tierra, no resultará difícil comprender que para las fuerzas armadas estadounidenses el espacio era un objetivo estratégico de primer orden. Por todo ello la NASA, a pesar de la imagen pública “amigable” que tradicionalmente ha divulgado, fue desde su principio una de las agencias gubernamentales americanas en las que el sigilo ha estado más presente, desde la simple ocultación de datos al público, hasta la organización de operaciones clandestinas con los más variados objetivos.

De hecho, la propia acta fundacional de la NASA ya recoge en uno de sus artículos que cualquier información sería susceptible de ser ocultada si así lo demandasen los intereses de la seguridad nacional. Esto no se refería solamente a cuestiones que tuvieran que ver directamente con la defensa, sino que incluía otro campo tenido muy en cuenta durante aquella época: la posibilidad de encontrar pruebas que demostrasen la existencia de vida inteligente de origen extraterrestre.

Así, entre el desarrollo de modelos secretos, que seguramente originaron algunos supuestos avistamientos ovni, y la realización de experimentos sobre telepatía con astronautas en órbita, se inició uno de los planes de investigación secreta más fascinantes de la historia, que culminaría con la conquista de la Luna, un acontecimiento detrás del que hay mucho más de lo que cuentan las enciclopedias.

Fraude cósmico

La reciente publicación en los Estados Unidos de varios libros y vídeos al respecto ha puesto de actualidad una curiosa teoría conspirativa según la cual la conquista de nuestro satélite, el mayor hito de la historia de la exploración espacial, bien pudo ser un refinado engaño organizado y dirigido por la NASA. Para algunos autores, los astronautas norteamericanos -o al menos los del Apolo XI- nunca posaron sus pies sobre la superficie lunar, aportando una colección de pruebas que, si bien en la mayoría de los casos son circunstanciales, en su conjunto conforman una inquietante duda.

En principio, y analizando la coyuntura de la época, tampoco debiera extrañarnos demasiado que el gobierno norteamericano recurriese a una farsa de semejante calibre. Recordemos que toda esta turbia historia tuvo lugar durante el momento más tenso de la Guerra Fría y que, hasta aquel momento, el programa espacial soviético se había confirmado como mucho más eficaz que su equivalente estadounidense. No solo se trataba de una mera cuestión de prestigio; llegar a la Luna, a cualquier precio, era una necesidad militar, si se quería evitar que la Unión Soviética, consciente de su primacía tecnológica, fuera ganando terreno e influencia en la política internacional de la época. Estos y otros planteamientos similares habrían motivado la creación del ASP (Apollo Simulation Program), que culminaría con el alunizaje ficticio del Apollo XI en el desierto de Nevada, tal vez en algún rincón de la célebre Área 51.

¿Descabellado? Es posible, pero existen algunos detalles que cuando menos levantan la sombra de una duda razonable. El primero de ellos, y el más evidente, se puede observar en las fotos que el módulo aparece posado sobre la superficie de la Luna. Según nos cuentan, y tal como atestiguan las conocidas fotografías de la huella de Armstrong, el suelo de nuestro satélite está cubierto por una considerable capa de polvo fino. Sin embargo, no existe ninguna diferencia entre el terreno que hay bajo el módulo y el circundante. Ni un cráter, ni polvo adherido a las patas del aparato. Las pequeñas irregularidades del suelo que rodea a la nave espacial continúan uniformemente bajo ésta, como si en vez de haber alunizado violentamente utilizando sus potentes retrocohetes para amortiguar el choque, hubiera sido depositada allí suavemente por una grúa.

No es ésta la única sorpresa que nos deparará un atento estudio de las fotografías y filmaciones del programa Apollo. Como señala el fotógrafo David Percy, una de las más elementales reglas de la fotografía es que las superficies planas son siempre iluminadas uniformemente por el Sol. Sin embargo, cualquiera puede comprobar que en muchas de las fotografías los astronautas y el módulo lunar se muestran en un área intensamente alumbrada, mientras los alrededores permanecen en penumbra, lo que solo podría haber sucedido si éstas se hubieran tomado de noche utilizando focos, y no en pleno día lunar, como cuenta la versión oficial. Las sombras que proyectan algunos objetos, que en vez de ir en paralelo -como correspondería a una iluminación solar- se extiende en trayectorias divergentes, también indican que las fotos fueron tomadas en la Tierra, utilizando la noche de algún remoto paraje desértico o bien un plató enorme para simular un alunizaje de guardarropía.

No obstante, es perfectamente posible que los americanos fueran a la Luna y aún así se vieran obligados a falsificar las fotos; especialmente si lo que descubrieron allí no era algo que pudieran divulgar a la opinión pública.

Contacto en la Luna

Cuando de conspiraciones se trata, las cosas nunca son lo que parecen a primera vista, y un fraude como el de las fotos lunares puede ser solamente la punta del iceberg de una operación de encubrimiento mucho mayor. Desde aquel histórico 20 de julio de 1969 en que el hombre puso por primera vez su pie en la Luna, las historias de un supuesto encuentro con seres extraterrestres han corrido como un reguero de pólvora por todo el planeta. Todo tiene su origen en un extraño fallo provocado por una “cámara sobrecalentada” que mantuvo interrumpidas a lo largo de dos minutos las imágenes y sonido de la NASA -no sin unos segundos de margen para poder cortar la emisión en caso de que sucediera algún imprevisto- servía al mundo. Sin embargo, radioaficionados de todo el planeta seguían las transmisiones a través de sus propios equipos de VHF y muchos de ellos atestiguan haber sido testigos de esta comunicación:

Armstrong: ¿Qué era eso? ¿Qué demonios era eso? ¡Eso es lo único que quiero saber!
Houston (Christopher Craft): ¿Qué pasa ahí?… Control de la misión llamando a Apolo XI…
¿Aldrin?: ¡Esas cosas son inmensas, señor! ¡Enormes! ¡Oh Dios! ¡No vais a creerme! ¡Os digo que hay otra nave espacial ahí fuera… posada en la cara exterior del borde del cráter! ¡Están en la Luna, mirándonos!

La conversación continúa con Armstrong y Aldrin descubriendo como unos seres que han descendido de lo que parece ser otra nave espacial les contemplan con curiosidad e incluso se dedican a observar sus instrumentos. Ante esta situación, Houston ordena a los astronautas que tomen todas las fotografías que puedan y actúen como si nada estuviera sucediendo, porque van a reanudar la transmisión al público.

El asunto era grave. A pesar del desmentido oficial, y la consideración como falsificaciones de todas las grabaciones de aficionados que recogían el diálogo, la NASA era consciente de que una información “potencialmente perturbadora” había escapado aquella noche a su control. Algo que se juraron que no volvería a suceder. Para evitarlo, en misiones posteriores se estableció un código de emergencias para que lo utilizasen los astronautas en casos como el anterior. Este código -cuyo nombre en clave era KILO- fue utilizado en una conversación que tuvo lugar durante la misión del Apollo XVII:

Módulo lunar: ¡Hey! Puedo ver un punto brillante allí abajo, en el lugar de aterrizaje, deben haber quitado esa cosa resplandeciente que lo cubre todo.
Houston: Roger. Interesante. Mucho… Pasa a KILO. KILO.
M L: ¡Hey! Ahora es de color gris, y el número uno se está alargando.
H: Roger. Lo hemos cogido y copiamos que está allá abajo. Pasa a KILO. KILO en este asunto.
M L: Cambiando el modo a HM. La grabadora apagada. Perded un poco las comunicaciones ahí, ¿eh? OK, está BRAVO. BRAVO. Seleccionar OMNI. ¡Hey!, nunca creeríais esto. Estoy justo sobre el borde de Orientale, Miro hacia abajo y puedo volver la luz resplandeciente de nuevo.
H: Roger. Comprendido.
M L: Justo al final del cerro.
H: Hay alguna posibilidad de…
M L: Está al este de Orientale.
H: ¿No supondrás que se trata de un Vostok?…

Esta última frase es especialmente significativa. Vostok es el nombre de una serie de satélites rusos que fueron lanzados a principios de los sesenta. Por la fecha y porque estas naves jamás abandonaron la órbita terrestre, es imposible que una de ellas se encontrara en la Luna, por lo que debe tratarse de un nombre en código para designar otra cosa, probablemente una nave extraterrestre.

Ruinas selenitas

Pero, de haber sido así las cosas, los tripulantes del programa Apollo no se habrían encontrado ni más ni menos que con aquello que habían ido a buscar. En las fotografías de la superficie lunar tomadas por diversos vuelos, tanto rusos como norteamericanos, se puede apreciar la existencia de extrañas estructuras que por su forma y organización sugieren un origen artificial. Titánicas torres, formaciones rectangulares que semejan ruinas de ciudades, y extrañas cúpulas semitransparentes, forman un conjunto que de ser de origen alienígena tendría una considerable antigüedad, a juzgar por los evidentes signos de deterioro que muestran debido al impacto de los meteoritos.

Quizá la más renombrada de estas formaciones sean los monolitos de más de doscientos metros de alto que el astrónomo William Blair descubrió en las fotografías tomadas por una de las sondas del programa Lunar Orbiter, en 1967. Estos objetos, justificados por la NASA como “efectos ópticos”, tenían además la particularidad de estar repartidos por la superficie lunar siguiendo un patrón regular.

En este entorno se puede comprender casos tan curiosos como el de la foto AS-32-4822. Esta imagen de la superficie de lunar, tomada durante el vuelo Apollo X, fue inexplicablemente descatalogada de los archivos de la NASA aunque, afortunadamente, puede ser libremente contemplada en Internet gracias a la labor de investigadores no oficiales, como la Enterprise Misión, grupo liderado por el divulgador científico Richard Hoagland, quien se ha convertido en una de las voces más firmes en denunciar las manipulaciones de la agencia espacial. La foto muestra un paraje de geografía lunar en que aparecen peculiaridades tan notables como una enorme plaza de planta perfectamente cuadrada, junto a la que se puede observar una enorme estructura regular y, al otro lado de un risco de curiosa forma, un entramado de líneas rectas que recuerdan el trazado de las calles de una ciudad.

Testimonios claves de la ocultación de la NASA

Alan Davis nació en Illinois el 13 de diciembre de 1934, se licenció en Ingeniería Electrónica por la Universidad de Hawai y más tarde se diplomó también en Ciencias Empresariales. Comenzó a trabajar en la NASA en 1959, justo un año después de su creación. Fue ingeniero de telecomunicaciones del proyecto Apollo y estuvo en la plantilla de la agencia aeroespacial hasta 1973. Después se encargo de la dirección de varias estaciones de radar y a principios de los noventa fue director de ITT en España.

Su testimonio es sin duda alguna excepcional, ya que su trabajo en el proyecto Apollo consistía en recibir las señales de radio de las naves, que llegaban a su puesto en la isla de Antigua, en el Caribe, y rebotarlas después hasta el control central en Houston. Él, por tanto, era el primero en recibir las comunicaciones de los astronautas y era testigo directo de todo cuanto acontecía en los primeros viajes espaciales.

Según sus declaraciones, en el primer viaje tripulado no ocurrió solamente lo que vimos por televisión. Armstrong avisó por el circuito interno de comunicación de que “sentía cómo alguien se estaba fijando en él y en su compañero; no veía a nadie, pero estaba convencido de que no estaban solos”. Desde la Tierra no se le dio mayor importancia al tema, y en todo momento pensaron que los astronautas estaban siendo presa de extraños pensamientos debido al insólito lugar en el que se encontraban.

Pero más tarde ocurrió algo que dejó helados a los miembros del control de Houston: “Los astronautas relataron que ante sus ojos habían aparecido ruinas de una construcción hecha por seres inteligentes”. En la entrevista, el propio Alan Davis incluso las describe, ya que él mismo afirmó haber visto las imágenes. Según sus palabras “allí no había un solo muro, sino varios, y por su morfología era completamente imposible que se tratara de un capricho de la Geología. Los bloques de piedras estaban muy erosionados, pero estaba claro que aquello era artificial. En alguna de las paredes, a algo más de un metro de altura, había agujeros que recordaban a lo que hoy son nuestras modernas ventanas; también había otro tipo de huecos que estaban cerca del suelo, como si fueran puertas. La NASA investigó a fondo aquellas ruinas pero no fueron capaces de precisar su antigüedad. Sin embargo la conclusión a la que llegaron fue clara, una civilización desconocida tuvo hace miles de años una base sobre la Luna, incluso es posible que estuvieran allí antes del nacimiento de la raza humana”.

Según comento Alan Davis, la NASA ya tenía constancia, mediante otro tipo de pruebas, de la evidencia de visitas extraterrestres y de la existencia de vida fuera del Sistema Solar, antes de la aparición de las ruinas sobre nuestro satélite. Él mismo afirma que está “convencido de la existencia de visitas de otras civilizaciones, desde hace miles de años, a nuestro planeta”.

La pregunta que surge siguiendo el hilo de esta declaración es prácticamente obligada. Si la NASA tiene esta información, cuya importancia cambiaría por completo la comprensión de nuestra Historia, ¿por qué no la revela? Para Davis la respuesta es sencilla: “Aunque la NASA se creó para la exploración del espacio exterior y en un principio estuvo compuesta exclusivamente por civiles, los militares controlan en secreto la agencia desde muy poco tiempo después de su creación. Por encima de la investigación científica se encuentran los intereses militares y los de la seguridad nacional de EE.UU., y no sé por qué restringen sistemáticamente cualquier información que lleve a la opinión pública a pensar que existen otras civilizaciones que vienen a la Tierra”.

Las valientes declaraciones del profesor Davis no son algo que podamos considerar usual y la valoración de lo que expresó ante las cámaras no se puede realizar en pocos minutos. Pero sus declaraciones no son las únicas expresadas por técnicos de la NASA que apuntan a que hubo mucho más de lo que salió en televisión aquel mes de julio de 1969. Un antiguo jefe de comunicaciones de la agencia, Maurice Chatelain, también comentó hace varios años que “todos los vuelos Apollo y Gemini fueron seguidos a distancia -y a veces de cerca- por vehículos de origen extraterrestre. Cada vez que esto ocurría, los astronautas informaban al control de la misión, que inmediatamente les ordenaba silencio absoluto”. Hay, por tanto, demasiadas coincidencias en las afirmaciones de varios científicos de la agencia, como para suponer que el asunto no es más que un simple fraude.

Aunque si existe un miembro de la NASA que ha destacado por acusar a la agencia de fraude y engaño, éste ha sido sin lugar a dudas el astronauta Edgar Mitchell, miembro de la tripulación del Apollo XIV, el cual comentó lo siguiente en una rueda de prensa ofrecida hace unos años: “Estoy convencido de que los gobiernos de todo el mundo saben que se están produciendo visitas de extraterrestres, pero tienen un motivo fundamental para negarlo: el miedo”.

La lista de testimonios de empleados de la NASA que aseguran haber visto evidencias de vida extraterrestre cerca de la Luna es mucho mayor, pero su enumeración no nos llevaría a una conclusión tajante acerca de lo que todavía nos queda por descubrir acerca de nuestro satélite. Por tanto, el misterio continua.

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El Proyecto HAARP o la tierra en peligro

El proyecto es tan controvertido como peligroso. Sus defensores aducen un sinfín de ventajas de carácter científico, geofísico y militar, pero sus detractores están convencidos de que podrían tener consecuencias catastróficas para nuestro planeta, desde arriesgadas modificaciones en la ionosfera, hasta la manipulación de la mente humana.
La carta fue publicada el 20 de Noviembre de 1994 en un periódico de Alaska: el Anchorage Daily News. En ella se aludía a peligrosas investigaciones militares (probablemente relacionadas con un invento de Nikola Tesla) en el transcurso de las cuales se habrían estado enviando haces de partículas desde la superficie de la tierra hacia la ionosfera.
El proyecto al que se hacía referencia no era otro que el High-frequency Active Aural Research Program (Programa de investigación de la aurora activa de alta frecuencia), mas conocido bajo la sigla HAARP, que formaría parte de la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI) (“Star Wars”.) Su objetivo: modificar las condiciones de la ionosfera introduciendo cambios químicos en su composición (lo que llevaría consigo un cambio climático), o bien bloquear las comunicaciones mundiales.

Aquella información debió impresionar al científico Nick Begich, quien junto a la periodista Jeanne Manning se puso inmediatamente manos a la obra para realizar una profunda investigación al respecto. Fruto de la misma vio la luz el libro “Angels don’t play this harp” (Los ángeles no tocan esta arpa), en el que ambos autores plantean inquietantes hipótesis. Una de ellas, por ejemplo, es que de ponerse en marcha, el proyecto HAARP podría tener peores consecuencias para nuestro planeta que las pruebas nucleares.

Laberinto de Intereses

Begich y Manning están convencidos de que a través del proyecto HAARP se estaría enviando hacia la ionosfera un haz de partículas electromagnéticas orientadas y enfocadas que estarían contribuyendo a su calentamiento.

La versión oficial es, sin embargo, bien distinta. Según ésta, el HAARP es una investigación académica cuyo objetivo es cambiar las condiciones de la ionosfera con el fin de obtener mejoras en las comunicaciones mundiales. No obstante, después de haber estudiado determinados documentos militares norteamericanos, Begich y Manning aseguran que el objetivo es muy distinto: la explotación de la ionosfera con fines meramente militares.

Para evitar la oposición de la opinión publica al proyecto, los militares han jugado otra vez una carta que les suele dar muy buenos resultados: la de la prensa. Así, no resulta raro leer en los periódicos norteamericanos que el HAARP no es esencialmente distintos de otros calentadores ionosféricos que ya funcionan en diferentes partes del mundo, como Arecibo, Puerto Rico, Noruega o la antigua Unión Soviética.

Pero mientras la polémica prosigue, también lo hacen las investigaciones por parte de los organismos más interesados en que este proyecto salga adelante: el Ministerio de Defensa de Estados Unidos y la Universidad de Alaska. No podemos olvidar que con la puesta en marcha del mismo, los militares conseguirían un escudo defensivo relativamente barato, mientras que la universidad se apuntaría un tanto relativo a la manipulación geofísica más atrevida que ha tenido lugar desde las explosiones de bombas nucleares en la atmósfera.

Tras realizar una serie de pruebas con “éxito”, Alaska conseguiría no solo ser el escenario de los grandes proyectos militares del futuro, sino también un enorme mercado para sus reservas de gas natural.

La versión oficial o engañando a la Opinión Pública

Begich y Manning cuentan en su libro que los poderes militares de Estados Unidos engañan intencionadamente al público mediante sofisticados juegos de palabras y una desinformación exagerada.

El Proyecto HAARP ha sido presentado a la opinión pública como un programa de investigación científica y académica. Los documentos militares estadounidenses parecen sugerir, sin embargo, que el objetivo principal de HAARP es “explotar la ionosfera para propósitos del Departamento de Defensa.” Sin referirse explícitamente al programa HAARP, un estudio de la Fuerza Aérea de los EE.UU. menciona el uso de “modificaciones ionosféricas inducidas” como un medio de alterar los modelos climáticos así como trastornar las comunicaciones y el radar del enemigo.

De acuerdo con la Dra. Rosalie Bertell, HAARP forma parte de un sistema integrado de armamentos, que tiene consecuencias ecológicas potencialmente devastadoras.

“Se relaciona con cincuenta años de programas intensos y crecientemente destructivos para comprender y controlar la atmósfera superior. Sería precipitado no asociar HAARP con la construcción del laboratorio espacial que está siendo planeado separadamente por los Estados Unidos. HAARP es parte integral de una larga historia de investigación y desarrollo espacial de naturaleza militar deliberada. Las implicaciones militares de la combinación de estos proyectos son alarmantes… La capacidad de la combinación HAARP/Spacelab/cohete espacial de producir cantidades muy grandes de energía, comparable a una bomba atómica, en cualquier parte de la tierra por medio de haces de láser y partículas, es aterradora. El proyecto será probablemente “vendido” al público como un escudo espacial contra la entrada de armas al territorio nacional o, para los más ingenuos, como un sistema para reparar la capa de ozono”.

Fuera de la manipulación climática, HAARP tiene una serie de otros usos relacionados: “HAARP podría contribuir a cambiar el clima bombardeando intensivamente la atmósfera con rayos de alta frecuencia. Convirtiendo las ondas de baja frecuencia en alta intensidad podría también afectar a los cerebros humanos, y no se puede excluir que tenga efectos tectónicos”.

En forma más general, HAARP tiene la capacidad de modificar el campo electromagnético de la tierra. Es parte de un arsenal de “armas electrónicas” que los investigadores militares de los EE.UU. consideran una “guerra más suave y bondadosa”.

Según la versión oficial, las posibilidades del sistema HAARP son muchas. Por ejemplo, dotar a los militares de una herramienta capaz de sustituir el efecto del impulso electromagnético de las bombas nucleares explosionadas en la atmósfera. Asimismo, contribuiría a reemplazar el sistema de comunicaciones con submarinos de muy baja frecuencia por una tecnología más eficaz, a crear un nuevo sistema de radar “mas allá del horizonte”, o a eliminar las comunicaciones en un área muy extensa sin afectar a las de los propios interesados. El HAARP sería también (siempre según la versión oficial) una herramienta eficaz de disuasión que obligaría a revisar buena parte de los acuerdos de paz y no-proliferación de armas nucleares, así como un medio ideal para la prospección de yacimientos de petróleo, gas natural y minerales.

Y, entre otras cosas, supondría también un instrumento válido para detectar posibles ataques de aviones o misiles en vuelo bajo (lo cual resulta aún difícil con los radares convencionales).

Desde luego, estas utilidades parecen interesantes sobre la base de políticas de defensa nacional que, además, resultarían muy baratas. Sin embargo, el proyecto tiene “otra cara” muy peligrosa, y es precisamente ésta la que Begich y Mannning describen en su libro con el fin de darla a conocer a la opinión pública para que ésta reaccione en contra de la puesta en marcha del proyecto HAARP.

Peligro inminente

Parece ser que son doce las patentes que forman la médula espinal del proyecto HAARP. Una de ellas, la número 4.686.605, del físico texano Bernard Eastlund, que hace referencia a un “método y un equipo para cambiar una región de la atmósfera, ionosfera y/o magnetósfera”, estuvo clasificada por orden expresa del gobierno durante todo un año. En realidad, el calentador ionosférico de Eastlund es diferente a otros conocidos hasta la fecha: la radiación de radiofrecuencias (RF) se concentra y enfoca en un punto de la ionosfera, consiguiendo proyectar una cantidad de energía sin precedentes, que puede alcanzar hasta los 10 gigavatios. La enorme diferencia de potencial generada (dicen Begich y Manning) podría cambiar e incluso desplazar la ionósfera, provocando un caos total en las comunicaciones de la tierra, tanto terrestres como marítimas. Así como destruir misiles o aviones, cambiar las condiciones atmosféricas al modificar la absorción de los rayos solares y aumentar las concentraciones de ozono, nitrógeno e incluso afectar negativamente al cerebro.

Sin embargo, éstas no son las implicaciones más peligrosas del HAARP. Hay otras muchas mas graves todavía.

En este sentido, Beguich afirma que, con relación al proyecto, existe un informe sobre el desarrollo de un sistema capaz de manipular y trastornar los procesos mentales humanos mediante la radiación pulsada de frecuencias de radio sobre extensas zonas geográficas. El material más completo sobre esta tecnología se encuentra en los escritos de Zbigniew Brzezinski, ex Consejero de Seguridad Nacional con el presidente Carter y con J.F. Mac Donald, consejero científico del presidente Johnson. En ellos se informa sobre el uso de los transmisores de energía para la guerra física y medio-ambiental, y sobre como pueden afectar negativamente a la salud y el pensamiento humano. Otro de los documentos descubiertos por Beguich pertenece a la Cruz Roja Internacional, y en él, este organismo advierte de los efectos perniciosos de la energía radiada. Incluso deja constancia de las bandas de frecuencia que generan estos efectos, que (¿casualmente?) ¡…se corresponde con las gamas que puede transmitir el HAARP…!

¿Un programa de control social?

En 1970 Zbigniew Brzezinski avisaba sobre la aparición de una sociedad controlada por la tecnología y dirigida por una elite capaz de influir en los votantes gracias a la superioridad de sus conocimientos científicos.

En su libro, Beguich retoma esta idea cuando asegura que, sin los obstáculos presentados por los valores liberales tradicionales, ésta no dudaría en utilizar incluso técnicas capaces de influir en el comportamiento de la gente para afianzar su poder. Pues bien, para algunos este futuro “orwelliano” podría estar acercándose (si es que no está aquí ya) peligrosamente.

De acuerdo con un documento donde se explican las posibles aplicaciones de los campos electromagnéticos artificiales en situaciones cuasi-militares, Begich asegura que este tipo de técnicas de control, al igual que los sistemas de seguridad de las bases militares o los métodos anti-persona utilizados en las guerras tácticas, entrarían dentro del amplio radio de acción del Proyecto HAARP. Es mas, según él, los sistemas electromagnéticos podrían ser empleados incluso para provocar trastornos fisiológicos de importancia moderada o grave, tales como distorsiones perceptibles y/o desorientación, y hasta para estimular las capacidades paranormales de determinados individuos.

Al parecer, el documento citado explica también otra “ventaja” de estas técnicas tan silenciosas como difíciles de neutralizar: su extensa cobertura mediante un solo sistema. Finalmente, Begich se pregunta si este impactante documento hace referencia a un proyecto ya en marcha y reviewúa la posibilidad de que se trate del HAARP, puesto que es el transmisor de frecuencias de radio más potente del mundo.

Y otro dato muy significativo. Resulta que, según el gobierno de Estados Unidos, uno de los usos del HAARP es su capacidad para localizar yacimientos minerales, silos subterráneos de misiles y túneles, una faceta del proyecto a la que en 1996 el Senado destinó nada menos que 15 millones de dólares. La cuestión es que la frecuencia necesaria para que las radiaciones penetren en la Tierra queda dentro de la banda más asociada con los trastornos de las funciones mentales humanas y, paralelamente, también puede tener efectos negativos sobre las rutas de migración de aves y peces, que siguen sus trayectos dependiendo de campos de energía hasta ahora no alterados.

La manipulación del clima

Por si fuera poco, a la posible manipulación de las mentes humanas y las modificaciones en la ionosfera habría que sumar nuevos efectos negativos. El propio creador del calentador ionosférico del proyecto HAARP, Bernard Eastlund, asegura que su invento podría, también, controlar el clima. Una afirmación que ha llevado a Begich a concluir que si el HAARP operase al cien por cien podría crear anomalías climatológicas sobre ambos hemisferios terrestres, siguiendo la teoría de la resonancia tan empleada por el genial Nikola Tesla en sus inventos. Un cambio climatológico en un hemisferio desencadenaría otro cambio en el otro hemisferio. Una posibilidad que no se debe descartar, sobre todo a tenor de las opiniones de científicos de le Universidad de Stanford, que aseguran que el clima mundial podría ser controlado mediante la transmisión de señales de radio relativamente pequeñas, a los cinturones de Van Allen. Por resonancia, pequeñas señales activadoras pueden controlar energías enormes.

En este libro Begich se pregunta si estos conocimientos van a ser empleados con fines bélicos o pacíficos, pues, según explica, hay precedentes de lo segundo precisamente durante la Guerra de Vietnam. Así, dice, el Departamento de Defensa estadounidense habría llegado a manipular relámpagos y huracanes a través de dos proyectos: el Skyfire (fuego del cielo) y el Stormfury (furia de la tormenta) en los que también se habría estado trabajando para producir efectos a gran escala a partir de pequeñas fuentes activadoras.

Y, en efecto, es mas que posible que las afirmaciones de Begich no sean tan descabelladas como pudiera parecer al principio. No en vano, unos años antes, en 1958, el capitán T. Orville (consejero principal de la Casa Blanca y encargado de los estudios sobre cambio climático) admitió que el Departamento de Defensa estaba investigando “métodos para manipular las cargas de la Tierra y el cielo con la intención de producir cambios en el clima” por medio de un haz electrónico que ionizaría o desionizaría la atmósfera sobre una zona determinada.

Después, en 1966, el profesor Gordon Mac Donald (miembro del comité científico del presidente) realizaría un comentario preocupante: “la clave de la guerra geofísica está en identificar la inestabilidad ambiental que, sumada a una pequeña cantidad de energía, liberaría cantidades ingentes de la misma “. Y en su libro futurista “A menos que la paz llegue” Mac Donald incluiría un capítulo titulado “Como destrozar el medio ambiente”, en el que describe los usos de la manipulación climática, modificación del clima, desestabilización o derretimiento de los casquetes polares, técnicas para reducir el ozono, ingeniería de terremotos, control de las olas oceánicas y manipulación de las ondas cerebrales desde campos energéticos terrestres. Decía que este tipo de arma iba a ser desarrollada y una vez puesta en marcha, sería prácticamente imposible de ser detectada por sus víctimas. ¿Se estaría refiriendo ya al Proyecto HAARP?.

Científicos contra el Haarp

El gran peligro del proyecto HAARP es que se desconocen las consecuencias que supondría enviar tanto energía hacia la ionosfera. La doctora estadounidense Elizabeth Rauscher afirma que el HAARP pretende “bombear” cantidades ingentes de energía hacia una configuración molecular sumamente delicada que compone las capas de lo que llamamos ionosfera, y advierte de la vulnerabilidad de estas capas a las reacciones catalíticas, ya que un cambio pequeño podría desencadenar uno mucho mayor y de consecuencias desconocidas. Rauscher describe la ionosfera como una burbuja de jabón que rodea a la atmósfera de la Tierra con movimientos espirales en su superficie. Si se hace un agujero lo suficientemente grande, dice, podría “reventar” dejándonos sin el escudo protector contra los rayos cósmicos. Por su parte, Bárbara Zickhur, miembro de la Liga anti-HAARP, compara a los científicos y militares que están detrás del proyecto con “niños que juegan con un palo afilado tratando de despertar a un oso dormido”, solo para ver que podría pasar…

Otro investigador, Paul Schaefer, de Kansas City, ingeniero electrónico y constructor de armas nucleares habla en el libro “Los ángeles no tocan esta arpa” de los desequilibrios provocados durante la era industrial y atómica, especialmente aquellos causados por la irradiación a la atmósfera de gran cantidad de partículas diminutas de alta velocidad. Schaefer sostiene que la velocidad antinatural del movimiento de partículas de alta energía en la atmósfera y las bandas de radiación que rodean a la Tierra son la causa de los trastornos del clima.

Según el modelo propuesto por este científico, mediante los terremotos y la actividad volcánica desaforada, la Tierra estaría descargando su calor acumulado aliviando su presión y tratando de recuperar el equilibrio perdido. Schaefer es terminante al afirmar que, si se quiere preservar al planeta, debe cesar la producción de partículas inestables que lo están enfermando.

Habría que empezar, asegura, por cerrar todas las centrales nucleares del mundo y terminar con todas las pruebas atómicas, las guerras atómicas y cualquier iniciativa relacionada con la llamada “Guerra De Las Galaxias”. Además, por supuesto, de no poner en marcha el controvertido proyecto HAARP.

Por todo ello, los autores de “Los ángeles no tocan esta arpa” lideran una campaña para salvaguardar la ionosfera. Además, pretenden exigir la transparencia de los secretos militares y protestar contra todo tipo de experimento que atente directamente contra la supervivencia de la humanidad.

El importante debate sobre el calentamiento global bajo los auspicios de la O.N.U. no da más que una visión parcial del cambio climático. Fuera de los impactos devastadores de las emisiones de gases de efecto invernadero sobre la capa de ozono, el clima del mundo puede ahora ser modificado como parte de una nueva generación de sofisticadas “armas no letales.” Tanto los estadounidenses como los rusos han desarrollado la capacidad de manipular el clima del mundo.

La evidencia científica reciente sugiere que el HAARP está en funcionamiento y que tiene la capacidad potencial de desencadenar inundaciones, sequías, huracanes y terremotos. Desde un punto de vista militar, HAARP es un arma de destrucción masiva. Potencialmente, constituye un instrumento de conquista capaz de desestabilizar selectivamente los sistemas agrícolas y ecológicos de regiones enteras.

Armas de Nuevo Orden mundial (NWO)

El Proyecto HAARP forma parte del arsenal de armas del Nuevo Orden Mundial bajo la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI). Desde puntos de comando militar en los EE.UU., se podría potencialmente desestabilizar economías nacionales completas a través de manipulaciones climáticas. Lo que es más importante, esto puede ser implementado sin que el enemigo tenga conocimiento de ello, a un costo mínimo y sin comprometer a personal o equipo militar como ocurre en una guerra convencional.

Muchas personas no comprenden como HAARP está subvencionado y promovido por el ejército. ¿Acaso no sería esta una arma biológica insuperable capaz de producir temporales o sequías sobre diversos territorios elegidos?

El uso de HAARP (si fuera aplicado) podría tener impactos potencialmente devastadores en el clima del mundo. Respondiendo a los intereses económicos y estratégicos de los EE.UU., podría ser utilizado para modificar selectivamente el clima en diferentes partes del mundo, lo que resultaría en la desestabilización de sistemas agrícolas y ecológicos.

También vale la pena señalar que el Departamento de Defensa de los EE.UU. ha destinado recursos substanciales al desarrollo de sistemas de inteligencia y monitoreo de los cambios climáticos. La NASA y la Agencia de Imaginería y de Mapas del Departamento de Defensa (NIMA, su sigla en inglés) trabajan en “imaginería para estudios de inundaciones, erosión, peligros de deslizamientos de tierras, terremotos, zonas ecológicas, pronósticos del tiempo, y cambios climáticos” con información transmitida por satélites.

En funcionamiento

Aunque no hay evidencia concreta de que HAARP haya sido utilizado, las conclusiones científicas sugieren que está en condiciones de pleno funcionamiento en la actualidad. Lo que significa que HAARP podría ser utilizado potencialmente por los militares de los EE.UU. para modificar selectivamente el clima de una “nación inamistosa” o de un “estado delincuente” a fin de desestabilizar su economía nacional.

Los sistemas agrícolas tanto en los países desarrollados como en vía de desarrollo ya están en crisis como resultado de las políticas del Nuevo Orden Mundial que incluyen la desregulación de los mercados y el dumping de las materias primas. Se ha documentado ampliamente que la “medicina económica” impuesta al Tercer Mundo y a los países del antiguo bloque soviético por el FMI y el Banco Mundial, ha contribuído en gran parte a la desestabilización de la agricultura nacional. A su vez, las provisiones de la Organización Mundial de Comercio (OMC) han apoyado los intereses del puñado de conglomerados agro-biotécnicos occidentales en su intención de imponer semillas genéticamente modificadas (GMO) a los agricultores en todo el mundo.

Es importante comprender el lazo entre los procesos económicos, estratégicos y militares del Nuevo Orden Mundial. En este contexto, las manipulaciones climáticas bajo el programa HAARP (accidentales o deliberadas) exacerbarían inevitablemente estos cambios al debilitar a las economías nacionales, destruyendo la infraestructura y provocando potencialmente la bancarrota de los agricultores en vastas áreas.

Sin duda los gobiernos nacionales y las Naciones Unidas deberían considerar las posibles consecuencias del Proyecto HAARP y de otras “armas no-letales” sobre el cambio del clima que pueden llevar a la extinción de cierta parte de la humanidad.

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Sunday, March 16, 2008

EL HOMBRE BICENTENARIO — ISAAC ASIMOV

EL HOMBRE BICENTENARIO — ISAAC ASIMOV

El Hombre Bicentenario
Isaac Asimov

Las Tres Leyes de la robótica:
1. Un robot no debe dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un
ser humano
sufra daño.

2. Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos,
ecepto cuando dichas órdenes estén reñidas con la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no
esté reñida ni con la Primera y Segunda Ley.
1
-Gracias -dijo Andrew Martin, aceptando el asiento que le ofrecían. Su semblante
no delataba a una persona acorralada, pero eso era.
En realidad su semblante no delataba nada, pues no dejaba ver otra expresión
que la tristeza de los ojos. Tenía el cabello lacio, castaño claro y fino, y no había
vello en su rostro. Parecía recién afeitado. Vestía anticuadas, pero pulcras ropas
de color rojo aterciopelado.
Al otro lado del escritorio estaba el cirujano, y la placa del escrito incluía una serie
indentificatoria de letras y números, pero Andrew no se molestó en leerla. Bastaría
con llamarle <>.
-Cuándo se puede realizar la operación doctor,? -preguntó.
El cirujano murmuró, con esa inalienable nota de respeto que un robot siempre
usaba ante un ser humano:
-No estoy seguro de entender cómo o en quién debe realizarse esa operación,
señor.
El rostro del cirujano habría revelado cierta respetuosa intransigencia si tal
expresión -o cualquier otra- hubiera sido posible en el acero inoxidable con un
ligero tono de bronce.
Andrew Martin estudió la mano derecha del robot, la mano quirúrgica, que
descansaba en el escritorio. Los largos dedos estaban artísticamente modelados
en curvas metálicas tan gráciles y apropiadas que era fácil imaginarlas
empuñando un escalpelo que momentáneamente se transformaría en parte de los
propios dedos.
En su trabajo no habría vacilaciones, tropiezos, temblores ni errores. Eso iba unido
a la especialización tan deseada por la humanidad que pocos robots poseían ya
un cerebro independiente. Claro que un cirujano necesita cerebro, pero éste
estaba tan limitado en su capacidad que no reconocía a Andrew. Tal vez nunca le
hubiera oído nombrar.
-Alguna vez ha pensado que le gustaría ser un hombre? -le preguntó Andrew.
El cirujano dudó un momento, como si la pregunta no encajara en sus sendas
positrónicas.
-Pero yo soy un robot, señor.
-No sería preferible ser un hombre?
-Sería preferible ser mejor cirujano. No podría serlo si fuera hombre, sólo si fuese
un robot más avanzado. Me gustaría ser un robot más avanzado.
-No le ofende que yo pueda darle órdenes, que yo pueda hacerle poner de pie,
sentarse, moverse a derecha e izquierda, con sólo decirlo?
-Es mi placer agradarle. Si sus órdenes interfiriesen en mi funcionamiento
respecto de usted o de cualquier otro ser humano, no le obedecería. La primera
Ley, concerniente a mi deber para con la seguridad humana, tendría prioridad
sobre la Segunda Ley, la referente a la obediencia. De no ser así, la obediencia es
un placer para mí… Pero a quién debo operar?
-A mí.
-Imposible. Es una operación evidentemente dañina.
-Eso no importa -dijo Andrew con calma.
-A un ser humano no, pero yo también soy un robot.
2
Andrew tenía mucha más experiencia de robot cuando acabaron de
manufacturarlo. Era como cualquier otro robot, con diseño elegante y funcional.
Le fué bien en el hogar adonde lo llevaron, en quellos días en que los robots eran
una rareza en las casas y en el planeta.
Había cuatro personas en la casa: el <>, la <>, la >
y la <>, Conocía los nombres, pero nunca los usaba. El Señor se llamaba
Gerald Martin.
Su número de serie era NDR… No se acordaba de las cifras. Había pasado mucho
tiempo, pero si hubiera querido recordarlas habría podido hacerlo. Sólo que no
quería.
La niña fue la primera en llamarlo Andrew, porque no era capaz de pronunciar las
letras, y todos hicieron lo mismo que ella.
La Niña… Llegó a vivir noventa años y había fallecido tiempo atrás. En cierta
ocasión, él quiso llamarla Señora, pero ella no se lo permitió. Fue Niña hasta el día
de su muerte.
Andrew estaba destinado a realizar tareas de ayuda de cámara, de mayordomo y
de criado. Eran días experimentales para él y para todos los robots en todas
partes, excepto en las factorías y las estaciones industriales y exploratorias que se
hallaban fuera de la Tierra.
Los Martin le tenían afecto y muchas veces le impedían realizar su trabajo porque
la Señorita y la Niña preferían jugar con él.
Fue la Señorita la primera en darse cuenta de cómo se podía solucionar aquello.
-Te ordenamos a que juegues con nosotras y debes obedecer las órdenes -le dijo.
-Lo lamento, Señorita -contestó Andrew-, pero una orden previa del Señor sin
duda tiene prioridad.
-Papá sólo dijo que esperaba que tú te encargaras de la limpieza -replicó ella-.
Eso no es una orden. Yo sí te lo ordeno.
Al Señor no le importaba. El Señor sentía un gran cariño por la Señorita y por la
Niña, incluso más que la Señora, y Andrew también les tenía cariño. Al menos, el
efecto que ellas ejercían sobre sus actos eran aquellos que en un ser humano se
hubieran considerado los efectos del cariño. Andrew lo consideraba cariño, pues
conocía otra palabra designarlo.
Talló para la Niña un pendiente de madera. Ella se lo había ordenao. Al parecer, a
la Señorita le habían regalado por su cumpleaños un pendiente de marfilina con
volutas, y la Niña sentía celos. Sólo tenía un trozo de madera y se lo dio a Andrew
con un cuchillo de cocina.
Andrew lo talló rápidamente.
-Qué bonito, Andrew -dijo la niña-. Se lo enseñaré a papá.
El Señor no podía creerlo.
-Dónde conseguiste esto Mandy? -Así llamaba el Señor a la Niña. cuando la Niña
le aseguró que decía la verdad, el Señor se volvió hacia Andrew-. Lo has hecho tú,
Andrew?
-Si Señor.
-De dónde copiaste el diseño?
-Es una representación geométrica, Señor, que armoniza con la fibra de la
madera.
Al día siguiente, el Señor le llevó otro trozo de una madera y un vibrocuchillo
eléctrico.
-Talla algo con esto, Andrew. Lo que quieras.
Andrew obedeció y el Señor le observó; luego, examinó el producto durante un
largo rato. Después de eso, Andrew dejó de servir la mesa. Le ordenaron que
leyera libros sobre diseño de muebles, y aprendió a fabricar gabinetes y
escritorios.
El Señor le dijo:
-Son productos asombrosos, Andrew.
-Me complace hacerlos, Señor.
-Cómo que te complace?
-Los circuitos de mi cerebro funcionan con mayor fluidez. He oído usar el término
<> y el modo en que usted lo usa concuerda con mi modo de sentir.
Me complace hacerlos, Señor.
3
Gerald Martin llevó a Andrew a la oficina regional de Robots y Hombres
Mecánicos de Estados Unidos. Como miembro de la Legislatura Regional, no tuvo
problemas para conseguir una entrevista con el jefe de robopsicología. Más aún,
sólo estaba calificado para poseer un robot por ser miembro de la Legislatura. Los
robots eran algo habitual en aquellos días.
Andrew no comprendió nada al principio, pero en años posteriores, ya con
mayores conocimientos, evocaría esa escena yo lo comprendería.
El robopsicólogo, Merton Mansky, escuchó con el ceño cada vez más fruncido y
realizó un esfuerzo para no tamborilear en la mesa con los dedos. Tenía tensos
los rasgos y la frente arrugada y daba la impresión de ser más joven de lo que
aparentaba.
-La robótica no es un arte exacto, señor Martin -dijo-. No puedo explicárselo
detalladamente, pero la matemática que rige la configuración de las sendas
positrónicas es tan compleja que sólo permite soluciones aproximadas.
Naturalmente, como construimos todo en torno de las Tres Leyes, éstas son
incontrovertibles. Desde luego, reemplazaremos ese robot…
-En absoluto -protestó el Señor-. No se trata de un fallo. el cumple perfectamente
con sus deberes. El punto es que también realiza exquisitas tallas en madera y
nunca repite los diseños. Produce obras de arte.
Mansky parecía confundido.
-Es extraño. claro que actualmente estamos probando con sendas
generalizadas…Cree usted que es realmente creativo?
-Véalo usted mismo.
Le entregó una pequeña esfera de madera, en la que había una escena con niños
tan pequeños que apenas se veían; pero las proporciones eran perfectas y
armonizaban de un modo natural con la fibra, comosi también ésta estuviera
tallada.
-El hizo esto? -exclamó Mansky. Se lo devolvió, sacudiendo la cabeza-.
Puramente fortuito. Algo que hay en sus sendas.
-Pueden repetirlo?
-Probablemente no. Nunca nos han informado de nada semejante.
-¡Bien! No me molesta en absoluto que Andrew sea el único.
-Me temo que la empresa querrá recuperar ese robot para estudiarlo.
-Olvídelo -replicó el Señor. Se volvió hacia Andrew-: Vámonos a casa.
-Como usted desee, Señor -dijo Andrew.
4
La Señorita salía con jovencitos y no estaba mucho en casa. Ahora era la Niña,
que ya no era tan niña, quien llenaba el horizonte de Andrew. Nunca olvidaba que
la primera talla en madera de Andrew había sido para ella. La llevaba en una
cadena de plata que le pendía del cuello.
Fue ella la primera que se opuso a la costumbre del Señor a regalar los productos.
-Vámos, papá. Si alquien los quiere, que pague por ellos. Valen la pena.
-Tu no eres codiciosa, Mandy.
-No es por nosotros, papá. Es por el artísta.
Andrew jamás había oído esa palabra y en cuanto tuvo un momento a solas la
buscó en el diccionario.
Poco después realizaron otro viaje; en esa ocasión para visitar al abogado del
Señor.
-Qué piensas de esto John? -le preguntó el Señor.
El abogado se llamaba John Feingold. Era canoso y barrigón, y los bordes de sus
lentes de contacto estaban teñidos de verde brillante. Miró la pequeña placa que el
Señor le había entregado.
-Es bella… Pero estoy al tanto. Es una talla de un robot, ese que has traído
contigo.
-Si, es obra de Andrew. Verdad, Andrew?
-Si, Señor.
-Cúanto pagarías por esto John? -preguntó el Señor.
-No sé. No colecciono esos objetos.
-Creerías que me han ofrecido doscientos cincuenta dólares por esta cosita?
Andrew ha fabricado también sillas que he vendido por quinientos dólares. Los
productos de Andrew nos han permitido depositar doscientos mil dólares en el
banco.
-¡Cielos, te está haciendo rico, Gerald!
-Sólo a medias. La mitad está en una cuenta a nombre de Andrew Martin.
-Del robot?
-Exacto, y quiero saber si es legal.
-Legal? -Feingold se reclinó en la silla, haciéndola crujir-. No hay precedentes,
Gerald. Cómo firmó tu robot los papeles necesarios?
-Sabe hacer la firma de su nombre y yo la llevé. No lo llevé a él al banco en
persona. Es preciso hacer algo más?
-Mmm… -Feingold entrecerró los ojos durante unos segundos-. Bueno, podemos
crear un fondo fiduciario que maneje las finanzas en su nombre, lo cual hará de
capa aislante entre él y el mundo hostil. Aparte de eso, mi consejo es que no
hagas nada más. Hasta ahora nadie te ha detenido. Si alguien se opone, déjale
que se querelle.
-Y te harás cargo del caso si hay alguna querella?
-Por un anticipo, claro que si.
-De cuánto?
Feingold señaló la placa de madera.
-Algo como esto.
-Me parece justo -dijo el Señor.
Feingold se rió entre dientes mientras se volvía hacia el robot.
-Andrew, te gusta tener dinero?
-Si, señor.
-Qué piensas hacer con él?
-Pagar cosas que de lo contrario tendría que pagar el Señor. Esto le ahorrará
gastos al Señor.
5
Hubo ocasiones para ello. Las reparaciones eran costosas y las revisiones aún
más. Con los años se produjeron nuevos modelos de robot, y el Señor se
preocupó de que Andrew contara con cada nuevo dispositivo, hasta que fue un
dechado de excelencia metálica. El propio robot se encargaba de los gastos.
Andrew insistía en ello.
Sólo sus sendas positrónicas permanecieron intactas. El Señor insistía en ello.
-Los nuevos no son tan buenos como tú, Andrew. Los nuevos robots no sirven. La
empresa ha aprendido a hacer sendas más precisas, más específicas, más
particulares. Los nuevos robots no son versátiles. Hacen aquello para lo cual están
diseñados y jamás desvían. Te prefiero a ti.
-Gracias, Señor,
-Y es obra tuya, Andrew, no lo olvides. Estoy seguro de que Mansky puso fin a las
sendas generalizadas en cuanto te echó un buen vistazo. No le gustó que fueras
tan imprevisible… Sabes cuántas veces pidió que te llevaríamos para estudiarte?
¡Nueve veces! Pero nunca se lo permití, y ahora que se ha retirado quizá nos
dejen en paz.
El cabello del Señor disminuyó y encaneció, y el rostro se le puso fofo, pero
Andrew tenía mejor aspecto que cuando entró a formar parte de la familia. La
Señora se había unido a una colonia artística de Europa y la Señorita era poeta en
Nueva York. A veces escribían, pero no con frecuencia. La Niña estaba casada y
vivía a poca distancia. Decía que no quería abandonar a Andrew y cuando nació
su hijo, el Señorito, dejó que el robot cogiera el biberón para alimentarlo.
Andrew comprendió que el Senõr, con el nacimiento de ese nieto, tenía ya alguien
que reemplazara a quienes se habían ido. No sería tan injusto presentarle su
solicitud.
-Señor -le dijo-, ha sido usted muy amable al permitir que yo gastara mi dinero
según mis deseos.
-Era tu dinero, Andrew.
-Sólo por voluntad de usted, Señor. No creo que la ley le hubiera impedido
conservarlo.
-La ley no me va a persuadir de que me porte mal, Andrew.
-A pesar de todos los gastos y a pesar de los impuestos, Señor, tengo casi
seiscientos mil dólares.
-Lo sé, Andrew.
-Quiero dárselos, Señor.
-No los aceptaré, Andrew.
-A cambio de algo que usted puede darme, Señor.
-Ah, Qué es eso, Andrew?
-Mi libertad, Señor.
-Tu…
-Quiero comprar mi libertad, Señor.
6
No fue tan fácil. El Señor se sonrojó, soltó un <<¡Por amor de Dios!>>, dio media
vuelta y se alejó.
Fue la Niña quien logró convencerlo, en un tono duro y desafiante, y delante de
Andrew. durante treinta años, nadie había dudado en hablar en su presencia,
tratrárase de él. o no. Era sólo un robot.
-Papá, porqué te lo tomas como una afrenta personal? El seguirá aquí. Continuará
siéndote leal. No puede evitarlo. Lo tiene incorporado. Lo único que quiere es
formalismo verbal. Quiere que lo llamen libre. Es tan terrible? No se lo ha ganado?
¡Cielos! él y yo hemos hablado de esto durante años.
-Conque durante años?
-Si, una y otra vez lo ha ido postergando temor a lastimarte. Yo le dije que te lo
pidiera.
-El no sabe qué es la libertad. Es un robot.
-Papá, no lo conoces. Ha leído todo lo que hay en la biblioteca. No sé qué siente
por dentro, pero tampoco sé qué sientes tú. Cuando le hablas, reacciona ante las
diversas abstracciones tal como tú y yo. Qué otra cosa cuenta? Si las reacciones
de alguien son como las nuestras, qué más se puede pedir?
-La ley no adoptará esa actitud -se obstinó el Senõr, exasperado. Se volvió hacia
Andrew y le dijo con voz ronca-: ¡Mira, oye! No puedo liberarte a no ser de una
forma legal, y si esto llega a los tribunales no sólo no obtendrás la libertad, sino
que la ley se enterará oficialmente de tu fortuna. Te dirán que un robot no tiene
derecho a ganar dinero. Vale la pena que pierdas tu dinero por esta farsa?
-La libertad no tiene precio, Señor -replicó Andrew-. Sólo la posibilidad de
obtenerla ya vale ese dinero.
7
El tribunal también podía pensar que la libertad no tenía precio y decidir que un
robot no podía comprarla por mucho que pagase, por alto que fuese el precio.
La declaración del abogado regional, que representaba a quienes habían
entablado un pleito conjunto para oponerse a la libertad de Andrew, fue ésta: La
palabra < > no significaba nada cuando se aplicaba a un robot, pues sólo
un ser humano podía ser libre.
Lo repitió varias veces, siempre que le parecía apropiado; lentamente, moviendo
las manos al son de las palabras.
La Niña pidió permiso para hablar en nombre de Andrew.
La llamaron por su nombre completo, el cual Andrew nunca había oído antes:
-Amanda Laura Martin Charney puede acercarse al estrado.
-Gracias, señoría. No soy abogada y no sé hablar con propiedad, pero espero que
todos presten atención al significado e ignoren las palabras. Comprendamos qué
significa ser libre en el caso de Andrew. En alguos sentidos, ya lo es. Lleva por lo
menos veinte años sin que un mienbro de la familia Martin le ordene hacer algo
que él no hubiera hecho por propia voluntad. Pero si lo deseamos, podemos
ordenarle cualquier cosa y expresarlo con la mayor rudeza posible, porque es una
máquina y nos pertenece. Porqué ha de seguir en esa situación, cuando nos ha
servido durante tanto tiempo y tan lealmente y ha ganado tanto dinero para
nosotros? No nos debe nada más; los deudores somos nosotros. Aunque
se nos prohibiera legalmente someter a Andrew a una cervidumbre involuntaria, él
nos serviría voluntariamente. Concederle la libertad será sólo una triquiñuela
verbal, pero significaría muchísimo para él. Le daría todo y nonos costaría nada.
Por un momento pareció que el juez contenía una sonrisa.
-Entiendo su argumentación, señora Charney. Lo cierto es que a este respecto no
existe una ley obligatoria ni un precedente. Sin embargo, existe el supuesto tácito
de que sólo el ser humano puede gozar de libertad. Puedo establecer una nueva
ley, o someterme a la decisión de un tribunal superior; pero no puedo fallar en
contra de ese supuesto. Permítame interpelar al robot. ¡Andrew!
Sí, señoría.
Era la primera vez que Andrew hablaba ante el tribunal y el juez se asombró de la
modulación humana de aquella voz.
-Porqué quiéres ser libre, Andrew? En qué sentido es importante para ti?
-Desearía usted ser esclavo, señoría?
-Pero no eres esclavo. Eres un buen robot, un robot genial, por lo que me han
dicho, capaz de expresiones artísticas sin parangón. Qué más podrías hacer si
fueras libre?
-Quizá no pudiera hacer más de lo que hago ahora, señoría, pero lo haría con
mayor alegría. Creo que sólo alguien que desea la libertad puede ser libre. Yo
deseo la libertad.
Y eso le proporcionó al juez un fundamenteo. El argumento central de su
sentencia fue: <una mente tan avanzada como para entender y desear ese estado.>>
Más adelante, el Tribunal Mundial ratificó la sentencia.
8
El Señor seguía disgustado y su áspero tono de voz hacía que Andrew se sintiera
como si tuviese un cortocircuito.
-No quiero tu maldito dinero, Andrew. Lo tomaré sólo porque de lo contrario no te
sentirás libre. A partir de ahora, puedes elegir tus tareas y hacerlas como te
plazca. No te daré órdenes, excepto ésta: que hagas lo que se te plazca. Pero
sigo siendo responsable de ti. Esa forma parte de la sentencia del juez. Espero
que lo entiendas.
-No seas irascible, papá -interrumpió la Niña-. La responsabilidad no es una gran
carga. Sabes que no tendrás que hacer nada. Las Tres Leyes siguieron vigentes.
-Entonces, en qué sentido es libre?
-Acaso los seres humanos no están obligados por sus leyes, Señor?
-No voy a discutir -dijo el Señor.
Se marchó, y a partir de entonces Andrew lo vio con poca frecuencia.
La Niña iba a verlo a menudo a la casita que le habían construido y entregado. No
disponía de cocina ni cuarto de baño. Sólo tenía dos habitaciones. Una era una
biblioteca y la otra servía de depósito y taller. Andrew aceptó muchos encargos y
como robot libre trabajó más que antes, hasta que pagó el costo de la casa y el
edificio se transfirió legalmente.
Un día, fue a verlo el Señorito…, no, ¡George! El Señorito había insistido en eso
después de la sentencia del juez.
-Un robot libre no llama Señorito a nadie -le había dicho George-. Yo te llamo
Andrew. Tú debes llamarme George.
El día en que George fue a verlo a solas le informó de que el Señor estaba
agonizando. La Niña se encontraba juanto al lecho, pero el Señor también quería
estuviese Andrew.
El Señor habló con voz potente, auqnue parecía incapaz de moverse. Se esforzó
en levantar la mano.
-Andrew -dijo-, Andrew… No me ayudes, George. Me estoy muriendo, eso es todo,
no estoy impedido… Andrew, me alegra que seas. Sólo quería decirte eso.
Andrew no supo qué decir. Nunca había estado frente a un moribundo, pero sabía
que era el modo humano de dejar de funcionar. Era como ser desmontado de una
manera involuntaria e irreversible, y Andrew no sabía qué era lo apropiado decir
en ese momento. Sólo pudo quedarse en pie, callado e inmóvil.
Cuando todo terminó, la Niña le dijo:
-tal vez te haya parecido huraño hacia el final , Andrew, pero estaba viejo y le dolió
que quisieras ser libre.
Y entonces Andrew halló las palabras adecuadas:
-Nunca habría sido libre sin él, Niña.
9
Andrew comenzó a usar ropa después de la muerte del Señor. empezó por
ponerse unos pantalones viejos, unos que le había dado George.
George ya estaba casado y era abogado. Se incorporó a la firma de Feingold. El
viejo Feingold había muerto tiempo atrás, pero su hija continuó con el bufete, que
con el tiempo pasó a llamarse Feingold y Martin. Conservó ese nombre incluso
cuando la hija se retiró y ningún Feingbold la sucedió. En la época en que Andrew
se puso ropa por primera vez, el apellido Martin acababa de añadirse a la firma.
George se esforzó en no sonreír al verle ponerse los pantalones por primera vez,
pero andrew le notó la sonrisa en los ojos.
George le enseñó a cómo manipular la carga de estática para permitir que los
pantalones se abrieran, le cubrieran inferior del cuerpo y se cerraran. George le
hizo una demostración con sus propios pantalones, pero anrew comprendió que él
tardaría en imitar la soltura de ese movimiento.
-Y para qué quieres llevar pantalones, Andrew? -dijo George-. Tu cuerpo resulta
tan bellamente funcional que es una pena cubrirlo; especialmente, cuando no
tienes que preocuparte por la temperatura ni por el pudor. Y además no ce ciñen
bien sobre el metal.
-Acaso los cuerpos humanos no resultan bellamente duncionales, George? Sin
embargo, os cubrís. -Para abrigarnos, por limpieza, como protección, como
adorno. Nada de eso aplica en tu caso.
-Me siento desnudo sin ropa. Me siento diferente, George.
-¡Diferente! Andrew, hay millones de robots en la Tierra. En esta región, según el
último censo, hay xasi tantos robots como hombres.
-Lo sé, George. Hay robots que realizan cualquier tipo de tarea concebible.
-Y ninguno de ello usa ropa.
-Pero ninguno de ellos es libre, George.
Poco a poco, Andrew mejoró su guardaropa. Lo inhibían la sonrisa de George y la
mirada de las personas que le encargaban trabajos.
Aunque fuera libre, el detallado programa con que había sido construido le
imponía un determinado comportamiento con la gente, y sólo se animaba a
avenzar poco a poco. La desaprobación directa lo contrariaba durante meses.
No todos aceptaban la libertad de Andrew. El era incapaz de guardarles rencor,
pero sus procesos mentales se encontraban con dificultades al pensar en ello.
Sobre todo, evitaba ponerse ropa cuando creía que la Niña iba a verlo. Era ya una
anciana que a menudo vivía lejos, en un clima más templado, pero en cuanto
regresaba iba a visitarlo.
En uno de esos regresos, George le comentó:
-Ella me ha convencido Andrew. Me presentaré como candidato a la Legislatura el
año próximo. De tal abuelo, tal nieto, dice ella.
-De tal abuelo…-Andrew se interrumpió, desconcentrado.
-Quiero decir que yo, el nieto, seré como el Señor, el abuelo, que estuvo un tiempo
en la Legislatura. -Eso sería agradable, George. Si el Señor aún estuviera…
Se interrumpio de nuevo, pues no quería decir <>. No parecía
adecuado.
-Vivo- Lo ayudó George-. Sí, pienso en el viejo monstruo de cuando en cuando.
Andrew reflexionó sobre esa conversación. Se daba cuenta de sus limitaciones de
lenguaje al hablar con George. El idioma había cambiado un poco desde que
Andrew se había convertido en un ser con vocabulario innato. Además, George
practicaba una lengua coloquial que el Señor y la Niña no utilizaban. Porqué
llamaba monstruo al Señor, cuando esa palabra no parecía la apropiada?
Los libros no lo ayudaban. Eran antiguos y la mayoría trataban de tallas en
madera, de arte o de diseño de muebles. No había ninguno sobre el idioma ni
sobre las costumbres de los seres humanos.
Pensó que debía buscar los libros indicados y, como robot libre, supuso que sería
mejor no preguntarle a George. Iría a la ciudad y haría uso de la bilbioteca. Fué
una decisión triunfal y sintió que su electropotencial se elevaba tanto que tuvo que
activar una bobina de impedancia.
Se puso un atuendo completo, incluida una cadena de madera en el hombro.
Hubiera preferido plástico brillante, pero George le había dicho que la madera
resultaba más elegante y que el cedro bruñido era mucho más valioso.
Llevaba recorridos treinta metros cuando una creciente resistencia le hizo
detenerse. Desactivó la bobina de impedancia, pero no fue suficiente. Entonces,
regresó a la casa y anotó cuidadosamente en un papel. <>
Lo dejó a la vista, sobre la mesa.
10
No llegó a la biblioteca. Había estudiado el plano. Conocía el itinerario, pero no su
apariencia. Los monumentos al natural no se asemejaban a los símbolos del plano
y eso le hacía dudar. Finalmente pensó que debía de haberse equivocado, pues
todo parecía extraño.
Se cruzó con algún que otro robot campesino, pero cuando se decidió a preguntar
no había nadie a la vista. Pasó un vehículo y no se detuvo. Andrew se quedó de
pié, indeciso, y entonces vio venir dos seres humanos por el campo.
Se volvió hacia ellos, y ellos cambiaron de rumbo para salirse al encuentro. Un
instante antes iban hablando en voz alta, pero se habían callado. Tenían una
expresión que Andrew asociaba con la incertidumbre de los humanos y eran
jóvenes, aunque no mucho. Veinte años? Andrew nunca sabía determinar la edad
de los humanos.
-Señores, podrían indicarme el camino hacia la biblioteca de la ciudad?
Uno de ellos, el más alto de los dos, que llevaba un enorme sombrero, le dijo al
otro:
-Es un robot.
El otro tenía nariz prominente y párpados gruesos.
-Va vestido- comentó.
El alto cascó los dedos.
-Es el robot libre. En casa de los Martin tienen un robot libre que no pertenece a
nadie. Porqué otra razón iba a usar ropa?
-Pregúntaselo.
-Eres el robot de los Martin?
-Soy Andrew Martin, señor.
-bien, pues quítate esa ropa. Los robots no usan ropa. -Y le dijo al otro-:
Es repugnante. Míralo.
Andrew titubeó. Hacía tanto tiempo que no oía una orden en ese tono de voz que
los circuitos de la Segunda Ley se atascaron un instante.
-Quítate la ropa -repitó el alto-. Te lo ordeno.
Andrew empezó a desvestirse.
-Tíralas allí -le ordenó el alto.
-Si no pertenece a nadie -sugirió el de nariz prominente-, podría ser nuestro.
-De cualquier modo -dijo el alto-. quién va a poner objeciones a lo que hagamos?
No estamos dañando ninguna propiedad…-Y le indicó a Andrew-: Apóyate sobre la
cabeza.
-La cabeza no es para… -balbuceó él.
-Es una orden. si no sabes cómo hacerlo, inténtalo.
Andrew volvió a dudar y luego apoyó la cabeza en el suelo. intentó levantar las
piernas y cayó pesadamente.
-Quédate quieto -le ordenó el alto. y le dijo al otro-: Podemos desmontarlo. Alguna
vez has desmontado un robot?
-Nos dejará hacerlo?
-Cómo podría impedirlo?
Andrew no tenía modo de impedirlo si le ordenaban no resistirse. La Segunda Ley,
la de obediencia, tenía prioridad sobre la Tercera ley, la de supervivencia. en
cualquier caso, no podía defenderse sin hacerles daño, y eso significaría violar la
Primera Ley. Ante ese pensamiento, sus unidades motrices se contrajeron
ligeramente y andrew se quedó allí tiritando.
El alto lo empujó con el pie.
-Es pesado. Creo que vamos a necesitar herramientas para este trabajo.
-Podríamos ordenarle que se desmonte el mismo. Sería divertido verle intentarlo.
-Si - asintió el alto, pensativamente-, pero apartémoslo del camino. Si viene
alguien…
Era demasiado tarde. Alguien venía, y era George. andrew le vio cruzar una loma
a lo lejos. Le hubiera gustado hacerle señas, pero la última orden había sido que
se quedara quieto. George echó a correr y llegó con el aliento entrecortado. Los
dos jóvenes retrocedieron unos pasos.
-Andrew ha pasado algo?
-Estoy bien George.
-Entonces ponte de pie…Qué pasa con tu ropa?
-Es tu robot amigo? -preguntó el alto.
-No es el robot de nadie. qué ha ocurrido aquí?
-Le pedimos cortésmente que se quitara la ropa. Porqué te molesta, si no es tuyo?
-Qué hacían andrew?
-Tenían la intención de desmebrarme. estaban a punto de trasladarme a un lugar
tranquilo para ordenarme que me desmontara yo mismo.
George se volvió hacia ellos. Le temblaba la barbilla. Los dos jóvenes no
retrocedieron más. Sonreían.
-Qué piensas hacer gordinflón? -dijo el alto, con tono burlón-. Atacarnos?
-No. No es necesario. Este robot ha vivido con mi familia durante más de setenta
años. Nos conoce y nos estima más que a nadie. Le diré que vosotros dos me
estáis atacando amenazando y queréis matarme. Le pediré que me defienda.
entre vosotros y yo, optará por mí. Sabéis qué os ocurrirá cuando os ataque? - Los
dos jóvenes recularon atemorizados-. Andrew, corro peligro porque estos dos
quieren hacerme daño. ¡Vé hacia ellos!
Andrew obedeció, y los dos jóvenes no esperaron. Pusieron los pies en polvorosa.
-De acuerdo, Andrew, cálmate -dijo George, un poco demudado, pues ya no
estaba en edad para enzarzarse con un joven y menos con dos.
-No podría haberlos lastimado, George. Vi que no te estaban atacando.
-No te ordené que los atacaras, sólo que fueras hacia ellos. su miedo hizo lo
demás.
-Cómo pueden temer a los robots?
-Es una enfermedad humana, de la que aún no nos hemos curado. Pero eso no
importa. qué demonios haces aquí, andrew? Estaba a punto de regresar y
contratar un helicóptero cuando te encontré. Cómo se te ocurrió ir a la biblioteca?
Yo te hubiera traído los libros que necesitaras.
-Soy un…
-Robot libre. Si, vale. Qué querías de la biblioteca?
-Quiero saber más acerca de los robots, George. Quiero escribir una historia de
los robots.
-Bien, vayamos a casa…Y recoge tus ropas, Andrew. Hay un millón de libros sobre
robótica y todos ellos incluyen historias de la ciencia. El mundo no sólo se está
saturando de robots, sino de información sobre ellos.
Andrew meneó la cabeza; con un gesto humano que había adquirido
recientemente.
-No me refiero a una historia de la robótica, George, sino a una historia de los
robots, escrita por un robot. Quiero explicar lo que sienten los robots acerca de lo
que ha ocurrido desde que se les permitó trabajar y vivir en la Tierra.
George enarcó las cejas, pero no dijo nada.
11
La Niña ya tenía más de ochenta y tres años, pero no había perdido energía ni
determinación. Usaba el bastón más para gesticular que para apoyarse.
Escuchó la historia hecha una furia.
-es espantoso, George Quiénes eran esos rufianes?
-No lo sé Qué importa? Al final no causaron daño.
-Pero pudieron causarlo. Tu eres abogado, George, y si disfrutas de una buena
posición se debe al talento de Andrew. El dinero que él ganó es el cimiento de
todo lo que tenemos aquí. El da continuidad a esta familia y no permitiré que lo
traten como a un juguete de cuerda.
-Qué quieres que haga, madre?
-He dicho que eres abogado, es que no me escuchas? Prepara una acción
constitutiva, obliga a los tribunales regionales a declarar los derechos de los
robots, logra que la Legislatura apruebe leyes necesarias y lleva el asunto al
Tribunal Mundial si es preciso. Estaré vigilando, George, y no toleraré
vacilaciones.
Hablaba en serio, y lo que comenzó como un modo de aplacar a esa formidable
anciana se transformó en un asunto complejo, tan enmarañado que resultaba
interesante. Como socio más antiguo de Feingold y Martin, George planeó la
estrategia, pero dejó el trabajo a sus colegas más jóvenes, entre ellos a su hijo
Paul, que también trabajaba en la firma y casi todos los días le presentaba un
informe a la abuela. Ella, a su vez, deliberaba todos los días con Andrew.
Andrew estaba profundamente involucreado. Postergó nuevamente su trabajo en
el libro sobre los robots mientras cavilaba sobre las argumentaciones judiciales, y
en ocasiones hacía útiles sugerencias.
-George me dijo que los seres humanos siempre han temido a los robots -dijo una
vez-. Mientras sea así, los tribunales y las legislaturas no trabajarán a favor de
ellos. No tendría que hacerse algo con la opinión pública?
Así que, mientras Paul permanecía con el juzgado, George optó por la tribuna
pública. Eso le permitía ser informal y llegaba al extremo de usar esa ropa nueva y
floja que llamaban <>.
-Pero no te la pises en el estrado, papá -le advirtió Paul.
Interpeló a la convención anual de holonoticias en una ocasión, diciendo:
-Si en virtud de la Segunda Ley podemos exigir a cualquier robot obediencia
ilimitada en todos los aspectos que entrañan daño para un ser humano, entonces
cualquier ser humano tiene un temible poder sobre cualquier robot. Como la
Segunda Ley tiene prioridad sobre la Tercera, cualquier ser humano puede hacer
uso de la ley de obediencia para anular la ley de autoprotección. Puede ordenarle
a cualquier robot que se haga daño a sí mismo o que se autodestruya, sólo por
capricho.
>>Es eso justo? Trataríamos así a un animal? Hasta un objeto inanimado que nos
ha prestado un buen servicio se gana nuestra consideración. Y un robot no es
insensible. No es un animal. Puede pensar, hablar, razonar, bromear. Podemos
tratarlos como amigos, podemos trabajar con ellos y no brindarles el fruto de esa
amistad, el beneficio de la colaboración mutua?
>>si un ser humano tiene el derecho de darle a un robot cualquier orden que no
suponga danno para un ser humano, debería tener la decencia de no darle a un
robot ninguna orden que suponga daño para un robot, a menos que lo requiera la
seguridad humana. Un gran poder supone una gran responsabilidad, y si los
robots tienen tres leyes para proteger a los hombres es mucho pedir que los
hombres tengan un par de leyes para proteger a los robots?
Andrew tenía razón. La batalla por ganarse la opnión pública fue la clave en los
tribunales y en la Legislatura, y al final se aprobó una ley que imponía unas
condiciones, según las cuales se prohibían las órdenes lesivas para los robots.
Tenía muchos vericuetos y los castigos por violar la ley eran insuficientes, pero el
principio quedó establecido. La Legislatura Mundial la aprobó el día de la muerte
de la Niña.
No fue coincidencia que la Niña se aferrara a la vida tan desesperadamente
durante el último debate y sólo cejara cuando le comunicaron la victoria. Su última
sonrisa fue para Andrew. Sus últimas palabras fueron:
-Fuiste bueno con nosotros, Andrew.
Murió cogiéndole la mano, mientras George, con su esposa y sus hijos,
permanecía a respetuosa distancia de ambos.
12
Andrew aguardó pacientemente mientras el recepcionista entraba al despacho. El
robot podría haber usado el interfono holográfico, pero sin duda era presa de
cierto nerviosismo por tener que tratar con otro robot y no con un ser humano.
Andrew se detuvo cavilando sobre esa cuestión. <<,Nerviosismo>> era la palabra
adecuada para una criatura que en vez de nervios tenía sendas positrónicas?
Podía usarse como un término analógico?
Esos problemas seguían con frecuencia mientras trabajaba en su libro sobre los
robots. El esfuerzo de pensar frases para expresar todas las complejidades le
había mejorado el vocabulario.
algunas personas lo miraban al pasar, y él no eludía sus miradas. Las oafrontaba
con calma y la gente se alejaba.
Salió Paul Martin. Parecía sorprendido, aunque Andrew tuvo dificultades para
verle la expresión, pues Paul usaba ese grueso maquillaje que la moda imponía
para ambos sexos y, aunque le confería más vigor a su blando rostro, Andrew lo
desaprobaba. Había notado que desaprobar a los seres humanos no le inquietaba
demasiado mientras no lo manifestara verbalmente. Incluso podía expresarlo por
escrito. Estaba seguro de que no siempre había sido así.
-Entra, Andrew. Lamento haberte hecho esperar, pero tenía que concluir una
tarea. Entra. Me dijiste que querías hablar conmigo, pero no sabía que querías
hablarme aquí.
-Si estás ocupado, Paul, estoy dispuesto a esperar. Paul miró el juego de sombras
cambiantes en el cuadrante de la pared que servía como reloj.
-Dispongo de un rato. Has venido solo?
-Alquilé un automóvil.
-Algún problema? -preguntó Paul, con cierta ansiedad.
-No esperaba ninguno. Mis derechos están protegidos.
La ansiedad de Paul se agudizó.
-Andrew, te he explicado que la ley no es de ejecución obligatoria salvo en
situaciones excepcionales… Y si insistes en usar ropa acabarás teniendo
problemas, como aquella primera vez.
-La única. Paul. Lamento que estés disgustado.
-Bien, míralo de este modo: eres prácticamente una leyenda viviente, Andrew, y
eres demasiado valioso para arrogarte el derecho de ponerte en peligro… Cómo
anda el libro?
-Me estoy acercando al final, Paul. El editor está muy contento.
-¡Bien!
-no sé si se encuentra contento exactamente con el libro en cuanto tal. Creo que
piensa vender muchos ejemplares porque está escrito por un robot, y eso le hace
estar contento.
-Me temo que es muy humano.
-No estoy disgustado. Que se venda, sea cual sea la razón, porque eso significará
dinero y me vendrá bien.
-La abuela te dejó…
-La Niña era generosa y sé que puedo contar con la ayuda de la familia. Pero
espero que los derechos del libro me ayuden en el próximo paso.
-De qué hablas?
-Quiero ver al presidente de Robots y Hombres Mecánicos S.A. He intentado
concentrar una cita, pero hasta ahora no pude dar con él. La empresa no colaboró
conmigo en la preparación del libro, así que no me sorprende.
Paul estaba divirtiéndose.
-Colaboración es lo último que puedes esperar. La empresa no colaboró con
nosotros en nuestra gran lucha por los derechos de los robots. Todo lo contrario,
ya entiendes por qué: si les otorgas derechos a los robots, quizá la gente no
quiera comprarlos.
-Pero si llamas tú, podrás conseguirme una entrevista.
-Me tienen poca simpatía como a ti, Andrew.
-Quizá puedas insinuar que la firma Feingold y Martin está dispuesta a iniciar una
campaña para reforzar aún más los derechos de los robots.
-No sería una mentira, Andrew?
-Sí, Paul, y yo no puedo mentir. Por eso debes llamar tú.
-Ah, no puedes mentir, pero puedes instigarme a mentir, verdad? Eres cada vez
más humano Andrew.
13
No fue fácil, a pesar del renombre de Paul.
Pero al fin se logró. Harley Smythe-Robertson, que descendía del fundador de la
empresa por línea materna y había adoptado ese guión en el apellido para
indicarlo, parecía disgustado. Se aproximaba a la edad de jubilarse, y el tema de
los derechos de los robots había acaparado su gestión como presidente. Llevaba
el cabello gris aplastado y el rostro sin maquillaje. Miraba a Andrew con hostilidad.
-Hace un siglo -dijo Andrew-, un tal Merton Mansky, de esta empresa, me dijo que
la matemática que tige la trama de las sendas positrónicas era tan compleja que
sólo permitía soluciones complejas y, por lo tanto, mis aptitudes no eran del todo
previsibles.
-Eso fue hace casi un siglo. -smythe-Robertson dudó un momento, luego añadió
en tono frío-: Ya no es así. Nuestros robots están construidos y adiestrados con
precisión para realizar sus tareas.
-Sí -dijo Paul, que estaba allí para cerciorarse de que la empresa actuara
limpiamente-, con el resultado de que mi recepcionista necesita asesoramiento
cada vez que se aparta de una trea convencional.
-Más se disgustaría usted si se pusiera a improvisar -replicó Smythe-Robertson.
-Entonces, ustedes ya no manufacturan robots como yo, flexibles y adaptables? -
preguntó Andrew.
-No.
-La investigación que he realizado para preparar mi libro -prosiguió Andrew- indica
que soy el robot más antiguo en activo.
-El más antiguo ahora y el más antiguo siempre. El más antiguo que habrá nunca.
Ningún robot es útil después de veinticinco años. Los recuperaremos para
reemplazarlos por modelos más nuevos.
-Ningún robots es útil después de veinticinco annos tal como se los fabrica ahora -
señaló Paul-. Andrew es muy especial en ese sentido.
Andrew, ateniéndose al rumbo que se había trazado, dijo:
-Por ser el robot más antiguo y flexible del mundo, no soy tan excepcional como
para merecer un tratamiento especial de la empresa?
-En absoluto -respondió Smythe-Robertson-. Ese carácter excepcional es un
estorbo para la empresa. Si usted estuviera alquilado, en vez de haber sido
vendido por una infortunada decisión, lo habríamos reeplazado hace muchísimo
tiempo.
-Pero de eso de trata- se animó Andrew-. Soy un robot libre y soy duenno de mí
mismo. Por lo tanto, acudo a usted a pedirle que me reeplace. Usted no puede
hacerlo sin el consentimiento del dueño. En la actualidad, ese consentimiento se
incluye obligatoriamente como condición para el alquiler, pero en mi época no era
así.
Smythe-robertson estaba estupefacto y desconcertado, y guardó silencio. Andrew
observó el holograma de la pared. Era una máscara mortuoria de Susan Calvin,
santa patrona de la robótica. Había muerto dos siglos atrás, pero después de
escribir el libro Andrew le conocía tan bien que tenía la sensación de haberla
tratado personalmente.
-Cómo puedo reemplazarte? -replicó Smythe-robertson-. Si le reemplazo como
robot, cómo puedo darle el nuevo robot a usted, el propietario, si en el momento
del reemplazo usted deja de existir?
Sonrió de un modo siniestro.
-No es difícil -terció Paul-. La personalidad de Andrew está asentada en su
cerebro positrónico, y esa parte no se puede reemplazar sin crear un nuevo robot.
Por consiguiente, el cerebro positrónico es Andrew el propietario. Todas las demás
piezas del cuerpo del robot se pueden reemplazar sin alterar la personalidad del
robot, y esas piezas pertenecen al cerbro. Yo diría que Andrew desea
proporcionarle a su cerebro un nuevo cuerpo robótico.
-En efecto -asintió Anfrew. Se volvió hacia Smythe-Robertson-. Ustedes han
fabricado androides, verdad?, robots que tienen apariencia humana, incluida la
textura de la piel.
-Sí, lo hemos hecho. Funcionaban perfectamente con su cutis y sus tendones
fibrosintéticos. Prácticamente no había nada de metal, salvo en el cerebro, pero
eran tan resistentes como los robots de metal. Más resistentes, en realidad.
Paul se interesó:
-No lo sabía. Cuántos hay en el mercado?
-Ninguno - contestó Smythe-Robertson-. Eran mucho más caros que los modelos
de metal, y un estudio del mercado reveló que no serían aceptados. Parecían
demasiado humanos.
-Pero la empresa conserva toda su destreza -afirmó Andrew-. Deseo, pues, ser
reemplazado por un robot orgánico, por un androide.
-¡Santo cielo! - exclamó Paul.
Smythe-Robertson se puso rígido.
-¡Eso es imposible!
-Por qué imposible? -preguntó Andrew-. Pagaré lo que sea, dentro de lo
razonable, por supuesto.
-No fabricamos androides.
-No quieren fabricar androides -dijo Paul-. Eso no es lo mismo que no poseer la
capacidad para fabricarlos.
-De todos modos, fabricar androides va contra nuestra política pública.
-No hay ley que lo prohiba -señaló Paul.
-Aun así, no los fabricamos ni pensamos hacerlo.
Paul se aclaró la garganta.
-Señor Smythe-Roberson, Andrew es un robot libre y está amparado por la ley que
garantiza los derechos de los robots. Entiendo que usted está al corriente de ello.
-Ya lo creo.
-Este robot, como robot, libre, opta por usar vestimenta. Por esta razón, a menudo
es humillado por seres humanos desconsiderados, a pesar de la ley que prohíbe
humillar a los robots. Es difícil tomar medidas contra infracciones vagas que no
cuentan con la reprobación general de quienes deben decidir sobre la culpa y la
inocencia.
-Nuestra empresa lo comprendió desde el principio. Lamentablemente, la firma de
su padre no.
-Mi padre ha muerto, pero en este asunto veo una clara infracción, con una parte
perjudicada.
-De qué habla? -gruñó Smythe-Roberson.
-Andrew Martin, que acaba de convertirse en mi cliente, es un robot libre
capacitado para solicitar a Robot y Hombres Mecánicos el derecho de reemplazo,
el cual la empresa otorga a quien posee un robot durante más de veinticinco años.
Más aún, la empresa insiste en que haya reemplazos. -Paul sonrió con desenfado-
. El cerebro positrónico de mi cliente es propietario del cuerpo de mi cliente, que,
desde luego, tiene más de veinticinco años. El cerebro positrónico exige
reemplazo del cuerpo y ofrece pagar un precio razonable por un cuerpo de
androide, en calidad de dicho reemplazo. si usted rechaza el requerimiento, mi
cliente sufrirá una humillación y presentaremos una querella. Además, aunque la
opinión pública no respaldara la reclamación de un robot en este caso, le recuerdo
que su empresa no goza de popularidad. Hasta quienes más utilizan los robots y
se aprovechan de ellos recelan la empresa. Esto puede ser un vestigio de tiempos
en que los robots eran muy temidos. Puede ser resentimiento contra el poderío y
la riqueza de Robots y Hombres Mecánicos, que ostenta el monopolio mundial.
Sea cual fuera la causa, el resentimiento existe y creo que usted preferirá no ir a
juicio, teniendo en cuenta que mi cliente es rico y que vivirá muchos siglos, lo cual
le permitirá prolongar la batalla eternamente.
Smythe-Robertson se había ruborizado.
-Usted intenta a obligarme a …
-No le obligo a nada. Si desea rechazar la razonable solicitud de mi cliente, puede
hacerlo y nos marcharemos sin decir más… Pero entablaremos un pleito, como es
nuestro derecho, y a la larga usted perderá.
-Bien… -empezó Smythe-Robertson, y se calló.
-Veo que va usted a aceptar. Puede que tenga dudas, pero al fin aceptará. Le haré
otra aclaración. Si, al transferir el cerebro positrónico de mi cliente de su suerpo
actual a un cuerpo orgánico se produce alguna lesión lesión, por leve que sea, no
descansaré hasta haber arruinado a su empresa. De ser necesario, haré todo lo
posible para movilizar a la opinión pública contra ustedes si una senda del cerebro
de platino-iridio de mi cliente sufre algún daño. Estás de acuerdo, Andrew?
Andrew titubeó. Era como aprobar la mentira, el chantaje, elmal trato y la
humillación de un ser humano. pero no hay daño físico, se dijo, no hay daño físico.
Finalmente logró pronunciar un tímido sí.
14
Era como estar reconstruido. Durante días, semanas y meses Andrew se sintió
como otra persona, y los actos más sencillos lo hacían vacilar.
Paul estaba frenético.
-Te han dañado, Andrew. Tendremos que entablar un pleito.
-No lo hagas - dijo Andrew muy despacio-. Nunca podrás probar pr…
-Premeditación?
-Premeditación. Además, ya me encuentro más fuerte, mejor. es e; t…
-Temblor?
-Trauma. A fin de cuentas, nunca antes se practicó semejante oper… oper…
Andrew sentía el cerebro desde dentro, algo que nadie más podía hacer. Sabía
que se encontraba bien y, durante los meses que le llevó aprender la plena
coordinación y el pleno interjuego positrónico, se pasó horas ante el espejo.
¡No parecía humano! El rostro era rígido y los movimientos, demasiado
deliberados. Carecía de la soltura del ser humano, pero quizá pudiera lograrlo con
el tiempo. Al menos, podía ponerse ropa sin la ridícula anomalía de tener un rostro
de metal.
-Volveré al trabajo.
Paul sonrió.
-Eso significa que ya estás bien. Qué piensas hacer? Escribirás otro libro?
-No -respondió muy serio-. Vivo demasiado tiempo como para dejarme seducir por
una sola carrera. Hubo un tiempo en que era artista y aún puedo volver a esa
ocupación. Y hubo un tiempo en que fui historiador y aún puedo volver a eso. Pero
ahora deseo ser robobiólogo.
-Robopsicólogo, querrás decir.
-No. Eso implicaría el estudio de cerebros positrónicos, y en este momento no
deseo hacerlo. Un robobiólogo sería alguien que estudia el funcionamiento del
cuerpo que va con ese cerebro.
-Eso no se llamaría un robotista?
-Un robotista trabaja con un cuerpo de metal. Yo estudiaré un cuerpo humanoide
orgánico, y el único especímen que existe es el mío.
-Un campo muy limitado- observó Paul-. Como artista, toda la inspiración te
pertenecía; como historiador, estudiabas principalmente los robots; como
robobiólogo, sólo te estudiarás a ti mismo.
Andrew asintió con la cabeza.
-Eso parece.
Andrew tuvo que comenzar desde el principio, pues no sabía nada de biología y
casi nada de ciencias. Empezó a frecuentar bibliotecas, donde consultaba índices
electrónicos durante horas, con su apariencia totalmente normal debido a la ropa.
Los pocos que sabían que era un robot no se entrometían.
Construyó un laboratorio en una sala que añadió a su casa, y también se hizo una
biblioteca.
Transcurrieron años. Un día, Paul fue a verlo.
-Es una lástima que ya no trabajaes en la historia de los robots. Tengo entendido
que Robots y Hombres Mecánicos está adoptando una política radicalmente
nueva.
Paul había envejecido, y unas células fotoópticas habían reemplazado sus
deteriorados ojos. En ese aspecto estaba más cerca de Andrew.
-Qué han hecho? -preguntó Andrew.
-Están fabricando ordenadores centrales, cerebros positrónicos gigantescos que
se comunican por microondas con miles de robots. Los robots no poseen cerebro.
Son las extremidades del gigantesco cerebro, y los dos están separados
físicamente.
-Es más eficiente?
-La empresa afirma que sí. Smythe-Robertson marcó el nuevo rumbos antes de
morir. Sin embargo, tengo la sospecha de que es una reaciión contra ti. No
quieren fabricar
robots que les causen problemas como tú, y por eso han separado el cerebro del
cuerpo. El cerebro no seseará un cerebro que desee nada. Es asombrosa la
influencia que has ejercido en la historia de los robots. Tus facultades artísticas
animaron a la empresa a fabricar robots más precisos y especializados; tu libertad
derivó en la formulación del principio de los derechos robóticos; tu insistencia en
tener un cuerpo de androide hizo que la empresa separase el cerebro del cuerpo.
-Supongo que al final la empresa fabricará un enorme cerebro que controlará
miles de millones de cuerpos robóticos. Todos los huevos en un cesto. Peligroso.
Muy desatinado.
-Me parece que tienes razón. Pero no creo que ocurra hasta dentro de un siglo y
no viviré para verlo. Quizá ni siquiera viva para ver el año próximo.
-¡Paul! -exclamó Andrew, no somos como tú. No importa demasiado, pero si es
importante aclararte algo. Soy el último humano de los Martin. Hay descendientes
de mi tía abuela, pero ellos no cuentan. El dinero que controlo personalmente
quedará en tu fondo a tu nombre y, en la medida en que uno puede prever el
futuro, estarás económicamente a salvo.
-Eso es innecesario - rechazó Andrew con dificultad, pues a pesar de todo ese
tiempo no lograba habituarse a la muerte de los Martin.
-No discutamos. Así serán las cosas. en qué estás trabajando?
-Diseño un sistema que permita que los androides, yo mismo, obtengan energía
de la combustión de hidrocarburos, y no de las células atómicas.
Paul enarcó las cejas.
-De modo que puedan respirar y comer?
-Sí.
-Cuánto hace que investigas ese problema?
-Mucho tiempo, pero creo que he diseñado una cámara de combustión adecuada
para una descomposición catalizada controlada.
-Pero por qué, Andrew La célula atómica es infinitamente mejor.
-En ciertos sentidos, quizá; pero la célula atómica es inhumana.
15
Le llevó tiempo, pero andrew tenía tiempo de sobra. Ante todo, no quiso hacer
nada hasta que Paul muriese en paz.
Con la muerte del bisnieto del Señor, Andrew se sintió más expuesto a un mundo
hostil, de modo que estaba aún más resuelto a seguir el rumbo que había
escogido tiempo atrás.
Pero no estaba solo. Aunque un hombre había muerto, la firma Feingold y Martin
seguía viva, pues una empresa no muere, así como no muere un robot. La firma
tenía sus instrucciones y las cumplió al pie de la letra. A través del fondo fiduciario
y la firma legal, Andrew conservó su fortuna y, a cambio de una suculenta
comisión anual, Feingold y Martin se involucró en los aspectos legales de la nueva
cámara de combustión.
Cuando llegó el momento de visitar Robots y Hombres Mecánicos S.A., lo hizo a
solas. En una ocasión había ido con el Señor y en otra con Paul; esta vez era la
tercera, estaba solo y parecía un hombre.
La empresa había cambiado. La planta de [roducción se había desplazado a una
gran estación espacial, como ocurría con muchas industrias. Con ellas se habían
ido muchos robots. La Tierra parecía cada vez más un parque, con una población
similar a robots, de los cuales un treinta por cierto estaban dotados de un cerebro
autónomo.
El director de investigaciones era Alvin Magdescu, de tez y cabellos oscuros y
barab puntiaguda. Sobre la cintura sólo usaba la faja pectoral impuesta por la
moda. Andrew vestía según la anticuada moda de varias décadas.
-Te conozco, desde luego -dijo Magdescu-, y me agrada verte. eres uno de
nuestros productos más notables y es una lástima que el viejo Smythe-Robertson
te tuviera inquina. Podríamos haber un gran trato contigo.
-Aun pueden.
-No, no creo. Ha pasado el momento. Hace más de un siglo que tenemos robots
en la Tierra, pero eso está cambiando. Se irán al espacio y los que permanezcan
aquí no tendrán cerebro.
-Pero quedo yo, y me quedo en la Tierra.
-Sí, pero tú no pareces robot. Qué nueva solicitud traes?
-Quiero ser menos robot. Como soy tan orgánico, deseo una fuente orgánica de
energía. Aquí tengo los planos…
Magdescu los miró sin prisa. Los observaba con creciente interés.
-Es notablemente ingenioso. A quién se le ha ocurrido todo esto?
-A mí.
Magdescu lo miró fijamente.
-Supondría una reestructuración total del cuerpo y sería experimental. pues nunca
se ha intentado. Te aconsejo que no lo hagas, que te quedes como estás.
El rostro de Andrew tenía una capacidad expresiva limitada, pero no ocultó su
impaciencia.
-Profesor Magdescu, no lo entiende. Usted no tiene más opción que acceder a mi
requerimiento. Si se pueden incorporar estos dispositivos a mi cuerpo, también se
pueden incorporar a cuerpos humanos. La tendencia a prolongar la vida humana
mediante prótesis se está afianzando. No hay dispositivos mejores que los que yo
he diseñado. Controlo las patentes a través de Feingold y Martin. Somos capaces
de montar una empresa para desarrollar prótesis que quizá terminen generando
seres humanos con muchas de las propiedades de los robots. Su empresa se verá
afectada. En cambio, si me opera ahora y accedea hacerlo en circunstancias
similares en el futuro, percibirá una comisión por utilizar las patentes y controlar la
tecnología robótica y potésica para seres humanos. El alquiler inicial se otorgará
sólo cuando se haya realizado la primera operación, y cuando haya pasado tiempo
suficiente para demostrar que tuvo éxito.
La Primera Ley no le creó ninguna inhibición ante las severas condiciones que le
estaba imponiendo un ser humano. Había aprendido que lo que parecía crueldad
podía resultar bondad a la larga.
Magdescu estaba estupefacto.
-No soy yo quien debe decidir en semejante asunto. Es una decisión de empresa y
llevará tiempo.
-Puedo esperar un tiempo razonable -dijo Andrew-, pero sólo un tiempo razonable.
Y pensó con satisfacción que Paul mismo no lo habría hecho mejor.
16
Fue sólo un tiempo razonable, y la operación resultó todo un éxito.
-Yo me oponía a esta operación, Andrew -le dijo Magdescu-, pero no por lo que tú
piensas. No estaba en contra del experimento, de haberse tratado de otro.
Detestaba poner en peligro tu cerebro positrónico. Ahora que tienes sendas
positrónicas que actúan recíprocamente con sendas nerviosas simuladas, podría
resultar difícil rescatar el cerebro intacto si el cuerpo se deteriorase.
-Yo tenía confianza en la capacidad personal de la empresa. Y ahora puedo
comer.
-Bueno, puedes sorber aceite de oliva. Eso significa que habrá que hacer de vez
en cuando limpieza de la cámara de combustión, como ya te hemos explicado. Es
un factor incómodo, diría yo.
-Quizá, si yo no pensara seguir adelante. La auto limpeza no es imposible. Estoy
trabajando en un dispositivo que se encargará de los alimentos sólidos que
incluyan parte no combustible; la materia indigerible, por así decirlo, que habrá
que desechar.
-Entonces, necesitarás un ano.
-Su equivalente.
-Qué más, Andrew?
-Todo lo demás.
-También genitales?
-En la medida en que concuerden con mis planes. Mi cuerpo es un lienzo donde
pienso dibujar…
magdescu aguardó a que concluyera la frase, pero como la pausa se prolongaba
decidió redondearla él mismo:
-Un hombre?
-Ya veremos -se limitó a decir Andrew.
-Es una ambición contradictoria, Andrew. Tú eres mucho mejor que un hombre.
Has ido cuesta abajo desde que optaste por ser orgánico.
-Mi cerebro no se ha dañado.
-No, claro que no. Pero, Andrew, los nuevos hallazgos protésicos que han
posibilitado tus patentes se comercializan bajo tu nombre. Eres reconocido como
el gran inventor y se te honra por ello… tal como eres. Por qué quieres arriesgar
más tu cuerpo?
Andrew no respondió.
Los honores llegaron. Aceptó el nombramiento en varias instituciones culturales,
entre ellas una consagrada a la nueva ciencia que él había creado; la que el llamó
robobiología, pero que se denominaba protetología.
En el ciento cincuenta aniversario de su fabricación, se celebró una cena de
homenaje en Robots y Hombres Mecánicos. Si Andrew vio en ello alguna ironía,
no lo mencionó.
Alvin Magdescu, ya jubilado, presidió la cena. Tenía noventa y cuatro años y aún
vivía porque tenía prótesis que, entre otras cosas, cumplían las funciones del
hígado y de los riñones. La cena alcanzó su momento culminante cuando
Magdescu, al cabo de un discurso breve y emotivo, alzó la copa para brindar por
“el robot sesquicentenario”.
Andrew se había hecho remodelar los tendones del rostro hasta el punto de que
podía expresar una gama de emociones, pero se comportó de un modo pasivo
durante toda la ceremonia. No le agradaba ser un robot sesquicentenario.
17
La protetología le permitió a Andrew abandonar la Tierra. en las décadas que
siguieron a la celebración del sesquicentenario, la Luna se convirtió en un mundo
más terrícola que la Tierra en todos los aspectos menos en el de la gravedad, un
mundo que albergaba una densa población en sus ciudades subterráneas.
Allí, las prótesis debían tener en cuenta la menor gravedad, y Andrew pasó cinco
annos en la Luna trabajando con especialistas locales para introducir las
necesarias adaptaciones. Cuando no se encontraba trabajando, deambulaba entre
los robots, que lo trataban con cortesía robótica debida a un hombre.
Regresó a la Tierra, que era monótona y apacible en comparación, y fue a las
oficinas de Feingold y Martin para anunciar su vuelta.
El entonces director de la firma, Simon Delong, se quedó sorprendido.
-Nos habían anunciado que regresabas, Andrew -dijo, aunque estuvo a punto de
llamarlo <>-, pero no te esperábamos hasta la semana entrante.
-Me impacienté - contestó bruscamente Andrew, que ansiaba ir al grano-. En la
Luna, simon, estuve al mando de un equipo de investigación de veinte científicos
humanos. Les daba órdenes que nadie cuestionaba. Los robots lunares me
trataban como a un ser humano. Entonces por qué no soy un ser humano?
DeLong adoptó una expresión cautelosa.
-querido Andrew, como acabas de explicar, tanto los robots como los humanos te
tratan como si fueras un ser humano. Por consiguiente, eres un ser humano de
facto.
-No me basta con ser un ser humano de facto. Quiero que no sólo me traten como
tal, sino que me identifiquen legalmente como tal. Quiero ser un ser humano de
jure.
-eso es distinto. ahí tropezaríamos con los prejuicios humanos y con el hecho
indudable de que, por mucho que parezcas un ser humano, no lo eres.
-En qué sentido? Tengo la forma de un ser humano y órganos equivalentes a los
de los humanos. Mis órganos son idénticos a los que tiene un ser humano con
prótesis. He realizado aportaciones artísticas, literarias y científicas a la cultura
humana, tanto como cualquier ser humano vivo. Qué más se puede pedir?
-Yo no pediría nada. El problema es que se necesitaría una Ley de la Legislatura
Mundial para definirte como ser humano. Francamente, no creo que sea posible.
-Con quién debo hablar en la Legislatura?
-Con la presidencia de la Comisión para la Ciencia y la Tecnología, tal vez.
-Puedes pedir una reunión?
-Pero no necesitas un intermediario. Con tu prestigio…
-No. Encárgate tú. -Andrew ni siquiera pensó que estaba dándole una orden a un
ser humano. En la Luna se habían acostumbrado a ello-. Quiero que sepan que
Feingold y Martin me apoya plenamente en esto.
-Pues bien…
-Plenamente, Simon. En ciento setenta y tres años he aportado muchísimo a esta
firma. En el pasado estuve obligado para con otros miembros de esta firma. Ahora
no.
Es a la inversa, y estoy reclamando mi deuda.
-Veré qué puedo hacer -dijo DeLong.
18
La presidencia de la Comisión para Ciencia y la Tecnología era una asiática
llamada Chee Li-Hsing. Con sus prendas transparentes (que ocultaban lo que ella
quería ocultar mediante un resplandor), parecía envuelta en plástico.
-Simpatizo con su afán de obtener derechos humanos plenos -le dijo-. En otros
tiempos de la historia hubo integrantes de la población humana que lucharon por
obtener derechos plenos. Pero qué derechos puede desear que ya no tenga?
-Algo muy simple: el derecho a la vida. Un robot puede ser desmontado en
cualquier momento.
-Y un ser humano puede ser ejecutado en cualquier momento.
-La ejecución sólo puede realizarse dentro del marco de la Ley. Para
desmontarme a mí no se requiere un juicio; sólo se necesita la palabra de un ser
humano que tenga autorización para poner fin a mi vida. Además…, además… -
Andrew procuró reprimir su tono implorante, pero su expresión y su voz
humanizadas lo traicionaban-. Lo siento es que deseo ser hombre. Lo he deseado
durante seis generaciones de seres humanos.
Li-Hsing lo miró con sus ojos oscuros.
-La Legislatura puede aprobar una ley declarándolo humano; llegado el caso,
podría aprobar una ley declarando humana a una estatua de piedra. Sin embargo,
creo que en el primer caso serviría tan poco como para el segundo. Los diputados
son tan humanos como el resto de la población, y siempre existe un recelo contra
los robots.
-Incluso actualmente?
-Incluso actualmente. Todos admitiríamos que usted se ha ganado a pulso el
premio de ser humano, pero persistíria el temor de sentar un precedente
indeseable.
-Qué precendente? Soy el único robot libre, el único de mi tipo, y nunca se
fabricará otro. Pueden preguntárselo a Robots y Hombres Mecánicos.
-<> es mucho tiempo, Andrew, o, si lo prefiere, señor Martin, pues
personalmente le considero humano. La mayoría de los diputados se mostrarán
reacios a sentar ese precedente, por insignificante que parezca. Señor Martin,
cuenta usted con mi respaldo, pero no le aconsejo que abrigue esperanzas. En
realidad…
-Se reclinó en el asiento y arrugó la frente-. En realidad, si la discusión se vuelve
acalorada, surgirá cierta tendencia, tanto dentro como fuera de la Legislatura, a
favorecer esa postura, que antes mencionó usted, la que quieran desmontarle.
Librarse de usted podría ser el modo más fácil de resolver el dilema. Piénselo
antes de insistir.
-Nadie recordará la técnica de la protetología, algo que me pertenece casi por
completo?
-Parecerá cruel, pero no la recordarán. O, en todo caso, la recordarán
desfavorablemente. Dirán que usted lo hizo con fines egoístas, que fue parte de
una campaña para robotizar a los seres humano o para humanizar a los robots; y
en cualquiera de ambos casos sería pérfido y maligno. Usted nunca ha sido
víctima de una campaña política de desprestigio, y le aseguro que se convertiría
en el blanco de unas calumnas que ni usted ni yo creeríamos, pero sí habría gente
que las creería. Señor Martin, viva su vida en paz.
Se levantó. Al lado de Andrew, que estaba sentado, parecía menuda, casi una
niña.
-Si decido luchar por mi humanidad -dijo Andrew-, usted estará de mi lado?
Ella reflexionó y contestó:
-sí, en la medida de lo posbile. Si en algún momento esa postura amenaza mi
futuro político, tendré que abandonarle, pues para mí no es una cuestión
fundamental. Procuro ser franca.
-Gracias. No le pediré otra cosa. Me propongo continuar esta lucha al margen de
las consecuencias, y le pediré ayuda mientras usted pueda brindármela.
19
No fue una lucha directa. Feingold y Martin aconsejó paciencia y andrew masculló
que no tenía una paciencia. Luego, Feingold y Martin inició una campaña para
delimitar la zona de combate.
Entabló un pleito en el que se rechazaba la obligación de pagar deudas a un
individuo con un corazón protésico, alegando que la posesión de un órgano
robótico lo despojaba de humanidad y de sus derechos constitucionales.
Lucharon con destreza y tenacidad; perdían en cada paso que daban, pero
procurando siempre que la sentencia resultante fuese lo más genérica posible, y
luego la presentaban mediante apelaciones ante el Tribunal Mundial.
Llevó años y millones de dólares.
Cuando se dictó la última sentencia, DeLong festejó la derrota como si fuera un
portante triunfo. Andrew estaba presente en las oficinas de la firma, por supuesto.
-Hemos logrado dos cosas, Andrew, y ambas son buenas. En primer lugar, hemos
establecido que ningún número de artefactos le quita la humanidad al cuerpo
humano. En segundo lugar, hemos involucrado a la opinión pública de tal modo
que estará a favor de una interpretación amplia de lo que significa humanidad,
pues no hay ser humano existente que no desee una prótesis si eso puede
mantenerlo con vida.
-Y crees que la Legislatura me concederá el derecho a la humanidad?
DeLong parecía un poco incómodo.
-En cuanto a eso, no puedo ser optimista. Queda el único órgano que el Tribunal
Mundial ha utilizado como criterio de humanidad. Los seres humanos poseen un
cerebro celular orgánico y los robots tienen un cerebro positrónico de platino e
iridio… No Andrew, no pongas esa cara. Carecemos de conocimientos para imitar
el funcionamiento de un cerebro celular en estructuras artificiales parecidas al
cerebro orgánico, así que no se puede incluir en la sentencia, ni siquiera tú
podrías lograrlo.
-Qué haremos entonces?
-Intentarlo, por supuesto. La diputada Li-Hsing estará de nuestra parte y también
una cantidad creciente de diputados. El presidente sin duda seguirá la opinión de
la mayoría de la Legislatura en este asunto.
-Contamos con una mayoría?
-No, al contrario. Pero podríamos obtenerla si el público expresa su deseo de que
se te incluya en una interpretación amplia de lo que significa humanidad. Hay
pocas probabilidades, pero si no deseas abandonar debemos arriesgarnos.
20
La diputada Li-Hsing era mucho más vieja que cuando Andrew la conoció. Ya no
llevaba aquellas prendas transparentes, sino que tenía el cabello corto y vestía
con ropa tubular. En cambio, Andrew aún se atenía, dentro de los límites de lo
razonable, al modo de vestir que predominaba cuando él comenzó a usar ropa un
siglo atrás.
-Hemos llegado tan lejos como podíamos, Andrew. Lo intentaremos nuevamente
después del receso, pero, con franqueza, la derrota es segura y tendremos que
desistir. Todos estos esfuerzos sólo me han valido una derrota segura en la
próxima campaña parlamentaria.
-Lo sé, y lo lamento. Una vez dijiste que me abandonarías si se llegaba a ese
extremo; por qué no lo has hecho?
-Porqué cambié de opinión. Abandonarte se convirtió en un precio mucho más alto
del que estaba dispuesta a pagar por una nueva gestión. Hace más de un cuarto
de siglo que estoy en la Legislatura. Es suficiente.
-No hay modo de hacerles cambiar de parecer, Chee?
-He convencido a toda la gente razonable. El resto, la mayoría, no están
dispuestos a renunciar a su aversión emocional.
-La aversión emocional no es una razón válida para votar a favor o en contra.
-Lo sé, Andrew, pero la razón que alegan no es la aversión emocional.
-Todo se reduce al tema del cerebro, pues. Pero es que todo ha de limitarse a una
posición entre células y positrones? No hay modo de imponer una definición
funcional? Debemos decir que un cerebro está hecho de esto o lo otro? No
podemos decir que el cerebro es algo capaz de alcanzar cierto nivel de
pensamiento?
-No dará resultado. Tu cerebro fue fabricado por el hombre, el cerebro humano no.
Tu cerebro fue construido, el humano se desarrolló. Para cualquier ser humano
que se proponga mantener la barrera entre él y el robot, esas diferencias
constituyen una muralla de acero de un kilómetro de grosor y un kilómetro de
altura.
-Si pudiéramos llegar a la raíz de su antipatía…, a la auténtica raíz de…
-Al cabo de tantos años -comentó tristemente Li-Hsing-, sigues intentando razonar
con los seres humanos. Pobre Andrew, no te enfades, pero es tu personalidad
robótica la que te impulsa en esa dirección.
-No lo sé -dijo Andrew-. Si pudiera someterme…
Si pudiera someterse…
Sabía desde tiempo atrás que podía llegar a ese extremo, y al fin decidió ver al
cirujano. Buscó uno con la habilidad suficiente para la tarea, lo cual significaba un
cirujano robot, pues no podía confiar en un cirujano humano, ni por su destreza ni
por sus intenciones.
El cirujano no podría haber realizado la operación en un ser humano, así que
Andrew, después de postergar el momento de la decisión con un triste
interrogatorio que reflejaba su torbellino interior, dejó de lado la Primera Ley
diciendo:
-Yo también soy un robot. -Y añadió, con la firmeza con que había aprendido a dar
órdenes en las últimas décadas, incluso a seres humano-: Le ordenó que realice
esta operación.
En ausencia de la Primera Ley, una orden tan firme, impartida por alguien que se
parecía tanto a un ser humano, activó la Segunda Ley, imponiendo la obediencia.
21
Andrew estaba seguro de que el malestar que sentía era imaginario. Se había
recuperado de la operación. No obstante, se apoyó disimuladamente contra la
pared. Sentarse sería demasiado revelador.
-La votación definitiva se hará esta semana, Andrew -dijo Li Hsing-. No he podido
retrasarla más, y perderemos… Ahí terminará todo, Andrew.
-Te agradezco tu habilidad para la demora. Me ha proporcionado el tiempo que
necesitaba y he corrido el riesgo que debía correr.
-De qué riesgo hablas? -preguntó Li-Hsing, con manifiesta preocupación.
-No podía contártelo a ti ni a la gente de Feingold y Martin, pues sabía que me
detendrías. Mira, si el problema es el cerebro, acaso la mayor diferencia no resiste
en la imortalidad? A quién le importa la apariencia, la constitución ni la evolución
del cerebro? Lo que importa es que las células cerebrales mueren, que deben
morir. Aunque se mantengan o se reemplacen los demás órganos, las células
cerebrales, que no se pueden reemplazar sin alterar y matar la personalidad,
deben morir con el tiempo. Mis sendas positrónicas, han durado casi dos siglos sin
cambios y pueden durar varios siglos más. No es ésa la barrera fundamental? Los
seres humanos pueden tolerar que un robot sea inmortal, pues no importa cuánto
dure una máquina; pero no pueden tolerar a un ser humano inmortal, pues su
propia mortalidad sólo es tolerable siempre y cuando sea universal. Por eso no
quieren considerarme humano.
-A dónde quieres llegar, Andrew?
-He eliminado ese problema. Hace décadas, mi cerebro positrónico fue conectado
a nercios orgánicos. Ahora una última operación ha reorganizado esas conexiones
de tal modo que lentamente mis sendas pierdan potencial.
La azorada Li-Hsing calló un instante. Luego, apretó los labios.
-Quieres decir que has planeado morirte, Andrew? Es imposible. Eso viola la
Tercera Ley.
-No. He escogido entre la muerte de mi cuerpo y la muerte de mis aspiraciones y
deseos. Habría violado la Tercera Ley si hubiese permitido que mi cuerpo viviera a
costa de una muerte mayor.
-Li-Hsing le agarró el brazo como si fuera a sacudirle. Se contuvo.
-Andrew, no dará resultado. vuelve a tu estado anterior.
-Imposible. Se han causado muchos daños. Me queda un año de vida. Duraré
hasta el segundo centenario de mi construcción. Me permití esa debilidad.
-Vale la pena? Andrew, eres un necio.
-Si consigo la humanidad, habrá valido la pena. De lo contrario, mi lucha
terminará, y eso tmbién habrá valido la pena.
Li-Hsing hizo algo que la asombró. Rompió a llorar en silencio.
22
Fue extraño el modo en que ese último acto capturó la imaginación del mundo.
Andrew no había logrado conmover a la gente con todos sus esfuerzos, pero
había aceptado la muerte para ser humano, y ese sacrificio fue demasiado grande
para que lo recharan.
La ceremonia final se programó deliberadamente para el segundo centenario. El
presidente mundial debía firmar el acta y darle carácter de ley, y la ceremonia se
transmitiría por una red mundial de emisoras y se vería en el Estado de la Luna e
incluso en la colonia marciana. Andrew iba en una silla de ruedas. Aún podía
caminar, pero con gran esfuerzo.
Ante los ojos de la humanidad, el presidente mundial dijo:
-Hace cincuenta años, Andrew fue declarado el robot sesquicentenario. -hizo una
pausa y añadió solemnemente-: Hoy, el Señor Martin es declarado el hombre
bicentenario.
Y Andrew, sonriendo, extendió la mano para estrechar la del presidente.
23
Andrew yacía en el lecho. sus pensamientos se disipaban. Intentaba agarrarse a
ellos con desesperación. ¡Un hombre! ¡Era un hombre! Quería serlo hasta su
último pensamiento. Quería disolverse, morir siendo hombre.
Abrió los ojos y reconoció a Li-Hsing que aguardaba solemnemente. Había otras
personas, pero sólo eran sombras irreconocibles. Unicamente Li-Hsing se
recortaba contra ese fondo cada vez más borroso. Andrew tendió la mano y sintió
vagamente el apretón.
Ella se esfumaba ante sus ojos mientras sus últimos pensamientos se disipaban.
Pero, antes de que la imagen de Li-Hsing se desvaneciera del todo, un último
pensamiento cruzó la mente de Andrew por un instante fugaz.
-Niña - susurró, en voz tan queda que nadie le oyó.
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Saturday, March 15, 2008

¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELECTRICAS? - PHILIP K. DICK

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¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELECTRICAS? - PHILIP K. DICK

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Tuesday, March 4, 2008

HEREJIAS DEL DIOS INMENSO — BRIAN ALDISS

HEREJIAS DEL DIOS INMENSO — BRIAN ALDISS

HEREJÍAS DEL DIOS INMENSO
por Brian W. Aldiss

EL LIBRO SECRETO DE HARAD IV

Yo, Harad IV, Escriba Mayor declaro que éste mi escrito solo puede ser mostrado a
los sacerdotes de rango de la Iglesia Ortodoxa Universal Sacrificial y a los Ancianos
Elegidos del Consejo de la Iglesia Ortodoxa Universal Sacrificial, porque aquí se
entiende en cuestiones relativas a las cuatro Herejías Viles que no deben ser vistas ni
discutidas por el pueblo.
Para una Correcta Consideración de las más recientes y viles herejías, debemos
contemplar en perspectiva los acontecimientos de la historia. Así pues, retrocedamos al
Primer Año de nuestra era, cuando las Tinieblas del Mundo fueron desterradas por la
venida del Dios Inmenso, nuestro más verdadero y enorme Señor, a quien todos
honramos y tememos.
Desde este año actual, 910 D.I., es imposible recordar cómo era el mundo
entonces, pero a partir de los pocos registros que todavía se conservan podemos
hacernos cierta idea de aquellas épocas e incluso realizar las Contorsiones Mentales
necesarias para ver cómo debieron ser juzgados los acontecimientos por aquellos
pecadores que tomaron parte en ellos.
El mundo sobre el que descendió el Dios Inmenso estaba repleto de gentes y de
sus maquinarias, todos completamente desprevenidos para Su Visita. Puede que
hubiera cien mil veces más gente de la que hoy existe.
El Dios Inmenso aterrizó en lo que ahora es el Mar Sagrado, sobre el que
actualmente navegan algunas de nuestras más bellas iglesias dedicadas a Su Nombre.
En aquellos tiempos, la región era mucho menos placentera, pues estaba dividida en
numerosos estados que pertenecían a distintas naciones. Tal era el sistema de
posesión de la tierra antes de que se formasen nuestras actuales teorías sobre la
migración y evacuación constantes.
Las patas traseras del Dios Inmenso se extendieron muy hacia el interior de África -
que entonces no era el continente insular que es hoy en día, casi tocando el río Congo,
en el punto sagrado donde ahora se alza la Iglesia Sacrificial de Basolo-Aketi-Ele, y en
el punto sagrado donde ahora se alza el Templo Santuario de Adén, arrasando el
antiguo puerto de Adén.
Algunas de las patas del Dios Inmenso se extendieron sobre el Sudán y a través de
lo que entonces constituía el Reino de Libia y ahora es parte del Mar del Viejo Pesar,
mientras que uno de sus pies reposaba en una ciudad llamada Túnez en lo que
entonces era la costa de Tunicia. Allí se posaron algunas de las patas del costado
izquierdo del Dios Inmenso.
Las patas de su costado derecho bendijeron y comprimieron las arenas de Arabia
Saudita, hoy denominada Valle de la Vida, y las estribaciones del Cáucaso, arrasando
el Monte llamado Ararat en el Asia Menor, en tanto que su pata Más delantera se
extendió sobre el territorio de Rusia, destruyendo de inmediato la gran ciudad capital de
Moscú.
El cuerpo del Dios Inmenso, descansando en reposo sobre tres antiguos mares, si
hemos de creer a los Viejos Registros, llamados el Mar del Mediterráneo, el Mar Rojo y
el Mar del Nilo, que juntos forman parte del actual Mar Sagrado. Con su Gran Mole
erradicó también parte del Mar Negro, que ahora llamamos Mar Blanco, así como
Egipto, Atenas, Chipre y la Península Balcánica hasta las cercanías de Belgrado, hoy
Santo Belgrado, puesto que sobre esta ciudad se irguió el Cuello del Dios Inmenso en
su Primera Visita a nosotros los mortales, rozando casi los tejados de las casas.
En cuanto a su Cabeza, se cernía sobre la región montañosa que denominamos
Italandia y que entonces era conocida como Europa, una región muy poblada del
planeta, alzándose a tal altitud que en los días despejados fácilmente podía divisarse
desde Londres, entonces como ahora la ciudad principal de la tierra de los
anglofranceses.
En aquellos primeros días se calculó que la longitud del Dios Inmenso era de más
de siete millares de kilómetros de extremo a extremo, y cada una de sus ocho patas
media sobre un millar y medio de kilómetros. Ahora profesamos en nuestro Credo que
el Dios Inmenso cambia su forma, longitud y número de patas según esté Complacido
o Enojado con el hombre.
En aquellos días se desconocía la naturaleza de Dios. Ningún preparativo se había
hecho para su venida, aunque corrían algunos rumores sobre el milenio. Por lo tanto,
las especulaciones sobre su naturaleza se alejaban mucho de la verdad y con
frecuencia eran sumamente blasfemas.
Aquí sigue un resumen del notorio Documento Gersheimer, que contribuyó en gran
medida a precipitar los acontecimientos que condujeron a la Primera Cruzada en 271
D.I. Ignoramos quién era el Gersheimer Negro, con la salvedad carente de significado
de que se trataba de un Profeta Científico de un lugar llamado Cornell o Carnell,
obviamente una Iglesia del Continente Americano (cuya forma era entonces distinta).
“Los reconocimientos aéreos parecen indicar que esta criatura —si podemos
llamarla así—, que se extiende más o menos en línea recta a lo largo del Mar Rojo y
por el sudeste de Europa, no es un ser viviente, al menos tal y como concebimos
nosotros la vida. El hecho de que se parezca vagamente a un lagarto de ocho patas
puede deberse a una mera coincidencia, así que no debemos preocuparnos por su
posible carácter maligno, como han sugerido algunos periódicos sensacionalistas”.
La vil jerga de aquellos remotos días no resulta hoy plenamente comprensible, pero
creemos que “reconocimientos aéreos” es una referencia a los aparatos voladores
mecánicos que aquella última generación de Impíos poseía. El Gersheimer Negro
prosigue:
“Si este objeto no está vivo, tal vez sea un fragmento de escombros galácticos que
se ha adherido momentáneamente al planeta, quizá del mismo modo en que una hoja
puede adherirse a un balón de fútbol durante su trayectoria. Esta creencia no implica
necesariamente una modificación de nuestros conceptos científicos del universo. Tanto
si la cosa tiene vida como si no, no hemos de volvernos todos supersticiosos.
Sencillamente, debemos recordarnos que en el universo, tal como lo concebimos a la
luz de la ciencia del siglo XX, existen muchos fenómenos que nos siguen siendo
desconocidos. Por muy dolorosa que resulte esta aparición inesperada, podemos
consolarnos en parte pensando que nos proporcionará nuevos conocimientos, tanto
sobre nosotros mismos como acerca del mundo que se extiende más allá de nuestro
sistema solar”.
Aunque términos como “escombros galácticos” han perdido todo su significado, si
es que alguna vez lo tuvieron, el sentido general de este párrafo es claramente
injurioso. Se decreta una restricción contra el culto al Dios Inmenso, oponiendo en su
lugar un herético Dios de la Ciencia. Sólo hace falta citar otro pasaje de este ofensivo
revoltijo, porque resulta esencial para Mostrar la Actitud mental de Gersheimer y, es de
suponer, de la mayoría de sus contemporáneos.
“Como es natural, todos los pueblos del mundo, y especialmente aquellos que aún
se demoran en los umbrales de la civilización, se hallan hoy muy asustados. Les
parece ver algo de sobrenatural en la llegada de esta cosa, y creo que cualquier
hombre, si es sincero consigo mismo, admitirá sentir en su corazón un eco de este
temor. Solamente podremos suprimirlo, solamente podremos enfrentarnos al caos en
que el mundo se halla ahora sumergido, si retenemos en nuestras mentes una imagen
galáctica de la situación. La propia inmensidad de esta cosa que yace perniciosamente
tendida sobre nuestro planeta es causa suficiente para el terror. Pero imaginémosla en
proporción. Un ciempiés está posado sobre una naranja. O, para elegir un ejemplo que
resulte menos repulsivo, una pequeña salamanquesa de unos nueve centímetros
descansa momentáneamente sobre un globo terráqueo de plástico de sesenta
centímetros de diámetro. Nos corresponde a nosotros, a toda la raza humana, con
todas las fuerzas tecnológicas a nuestra disposición, unirnos como nunca lo hemos
hecho y expulsar esta cosa, esta cosa grande y estúpida, hacia las profundidades del
espacio de las que ha surgido. Buenas noches”.
El motivo que me impulsa a repetir esta Blasfemia Inicial es que veamos en este
mensaje de un miembro de las Tinieblas del Mundo las huellas de aquel pecado
original que —pese a todos nuestros sacrificios, a todas nuestras penalidades, á todas
nuestras cruzadas— aún no hemos logrado extirpar. Por eso nos enfrentamos ahora
con la mayor Crisis de la Iglesia Ortodoxa Universal Sacrificial, y por eso ha llegado la
hora de una Cuarta Cruzada que supere en su envergadura a todas las anteriores.
El Dios Inmenso permaneció donde se hallaba, en lo que hoy designamos la
Posición del Mar Sagrado, durante cierto número de años, en todo y por todo inmóvil.
Para la humanidad, éste fue el gran período de formación de la Creencia, marcado
por el establecimiento de la Iglesia Universal y caracterizado por sus numerosas
convulsiones. Grandemente hubieron de sufrir los primeros sacerdotes y profetas a fin
de que la Palabra se diseminara por el Mundo y las sectas blasfemas fuesen
destruidas, aunque el Libro Clandestino de los Hechos de la Iglesia parece indicar que
muchos de ellos eran en realidad miembros de anteriores iglesias que, viendo la luz,
mudaron su lealtad.
La poderosa figura del Dios Inmenso se vio sometida a multitud de pequeños
agravios. Las Mayores Armas de aquella remota era, frutos de la charlatanería técnica,
eran llamadas Nucleares, y ésas le fueron arrojadas al Dios Inmenso, pero, como cabía
esperar, sin efecto alguno. Muros de fuego se alzaron en vano a su alrededor. Nuestro
Dios Inmenso, al que todos honramos y tememos, es inmune a la debilidad terrenal. Su
cuerpo estaba revestido como con un Metal —ésa fue la semilla de la Segunda
Cruzada— pero no tenía ninguna de las debilidades del metal.
Su descenso a la tierra fue acogido por la naturaleza con una respuesta inmediata.
Los antiguos vientos que hasta entonces prevalecían se estrellaron contra sus
poderosos costados y fueron desviados hacia otros lugares. Esto produjo el efecto de
enfriar el centro de África, de tal manera que desaparecieron las selvas tropicales y
todas las criaturas que en ellas moraban. En las tierras limítrofes de Caspana
(entonces llamadas Persia y Járkov, según antiguos relatos), se desencadenaron
huracanes de nieve durante una docena de crudos inviernos, llegando por el este hasta
el interior de la India. En los demás lugares, por todo el mundo, la venida del Dios
Inmenso se dejó sentir en los cielos, en forma de lluvias inesperadas, vientos erráticos
y temporales que duraron muchos meses. También los océanos fueron perturbados,
mientras que el gran volumen de agua desplazado por su cuerpo inundó las tierras
cercanas, matando a muchos millares de seres y arrojando diez mil ballenas muertas a
los muelles de Colombo.
La tierra se sumó a las convulsiones. Mientras se hundía el territorio situado bajo la
gran masa del Dios Inmenso, disponiéndose a recibir lo que luego seria el Mar
Sagrado, las tierras de alrededor se elevaron hacia Arriba formando pequeñas colinas,
como las abruptas y salvajes Dolominas que hoy protegen los límites meridionales de
Italandia. Hubo seísmos y nuevos volcanes y géiseres allí donde jamás había manado
el agua, y plagas de serpientes, florestas incendiadas y muchos signos prodigiosos que
ayudaron a los Primeros Padres de nuestra fe a convertir a los ignorantes. Por todas
partes se extendieron, predicando que la única salvación se hallaba en entregarse a él.
Numerosos Pueblos Enteros perecieron en esta época de convulsión, entre ellos
Búlgaros, Egipcios, Israelitas, Moravos, Kurdos, Turcos, Sirios, Turcos de las Montañas
y también la mayor parte de los Eslavos del Sur, Georgianos y Croatas, los robustos
Valacos y las razas Griegas, Chipriotas y Cretenses. Además de otras cuyos pecados
eran muy grandes y cuyos nombres no fueron recogidos en los anales de la iglesia.
El Dios Inmenso abandonó nuestro mundo en el año 89 o, como algunos sostienen,
en el 90. (Ésta fue la primera Partida y como tal se celebra. en el calendario de nuestra
Iglesia, aunque la Iglesia Católica Universal lo denomina Día de la Primera
Desaparición). Regresó en el 91, grande y temido sea su nombre.
Es poco lo que sabemos del periodo en que estuvo ausente de la Tierra. Podemos
hacernos una idea de cómo pensaba entonces la gente si consideramos que, en
general, las naciones de la Tierra se regocijaron grandemente. Siguieron
produciéndose cataclismos naturales, pues los océanos se derramaran en el enorme
hueco que él había creado, formando así nuestro amado y venerado Mar Sagrado. En
toda la faz del planeta estallaron Grandes Guerras.
Su regreso en el año 91 puso fin a las guerras, como un signo de la gran paz que
su presencia le prometía a su pueblo elegido.
Pero los habitantes del mundo en Aquella Época no eran todos de nuestra religión,
por más que los profetas andaban entre ellos, y numerosas eran sus blasfemias. En el
Museo Negro que hay adjunto a la gran basílica de Omán y Yemen se conservan
pruebas documentales de que en este periodo intentaron comunicarse con el Dios
Inmenso por medio de sus máquinas. No hace falta decir que no obtuvieron respuesta;
pero muchos hombres razonaron entonces, en la confusión de sus mentes, que esto se
debía a que el Dios era una Cosa, tal y como había profetizado el Gersheimer Negro.
En ésta su Segunda Venida, el Dios Inmenso bendijo nuestra tierra aposentándose
principalmente dentro de los confines del Círculo Ártico, o lo que entonces era el
Círculo Ártico, con su cuerpo extendido sobre el norte del Canadá, como era llamado,
por encima de una gran península denominada Alaska, a través del Mar de Bering y
por las regiones septentrionales de las tierras rusas hasta el río Lena, hoy Bahía de
Lenn. Algunas de sus patas traseras quebraron grandes fragmentos del Hielo Ártico,
mientras que otras patas delanteras se sumergían en el norte del Océano Pacífico.
Pero en verdad para él no somos más que arena bajo sus pies y sus pies son
indiferentes a nuestras montañas y nuestras Variaciones Climáticas.
En cuanto a su pavorosa cabeza, desde todas las ciudades de la franja costera del
norte de América se la podía ver alzándose hasta la estratosfera y refulgiendo con un
brillo metálico; desde ciudades hoy desaparecidas como Vancouver, Seattle,
Edmonton, Portland, Blanco, Reno e incluso San Francisco. Fue la enérgica y
pecaminosa nación que poseía estas ciudades la que entonces se volvió con más
fuerza contra el Dios Inmenso. Todo el peso de su impía civilización científica se volvió
contra él, pero lo único que consiguieron sus gentes fue destruir sus propias costas.
Mientras tanto, se produjeron nuevos cambios naturales. La masa del Dios
Inmenso desvió a la Tierra en su diario girar, de modo que las estaciones se alteraron y
los libros proféticos nos cuentan cómo los grandes árboles hacían brotar sus hojas para
cubrirse en invierno y las perdían en verano. Los murciélagos volaban a la luz del día y
las mujeres daban a luz niños peludos. La fusión de los casquetes polares causó
grandes inundaciones, olas de marea y rocíos ponzoñosos, y sabemos que una noche
se agitaron las aguas de la Profundidad, de tal forma que la marea que surgió de las
Tierra Altas Malayas (como hoy las conocemos) fue tan poderosa que en pocas horas
formó la península continental de Bestlandia con lo que hasta entonces habían sido los
Continentes o Islas independientes de Singapur, Sumatra, Indonesia, Java, Sidney y
Australia o Austria.
Con tan impresionantes portentos, nuestros sacerdotes pudieron Convertir a los
Pueblos, y millones de supervivientes se apresuraron a ingresar en la Iglesia. Ésa fue
la Primera Gran Época de la Iglesia, cuando la palabra se extendió por todo el asolado
y transformado planeta. Nuestras instituciones se crearon a lo largo de las siguientes
generaciones, principalmente en los diversos Concilios de la Nueva Iglesia (algunos de
los cuales han sido luego reconocidos como heréticos).
No nos establecimos sin dificultades, e hizo falta quemar a mucha gente antes de
que el resto se apercibiera de la fe que Ardía En Ellos. Pero, según fueron pasando las
generaciones, el Verdadero Nombre del Dios se extendió por un territorio cada vez más
amplio.
Solo los habitantes del norte de América seguían aferrándose mayoritariamente a
su abyecta superstición. Fortificados por su ciencia, rechazaban la Gracia. Así fue
como en el Año 271 se emprendió la Primera Cruzada, especialmente contra ellos pero
también contra los Irlandeses, cuyas opiniones heréticas no estaban sustentadas en la
ciencia: los Irlandeses fueron rápidamente Erradicados casi hasta el último hombre.
Los Americanos eran más formidables, pero esta dificultad sólo sirvió para agrupar a la
gente y unir aún más a la Iglesia.
La Primera Cruzada se libró para combatir la Primera Gran Herejía de la Iglesia, la
herejía que proclamaba que el Dios Inmenso era una Cosa y no un Dios, según lo
había expuesto Gersheimer Negro. Concluyó satisfactoriamente cuando el jefe de los
Americanos, Lionel Undermeyer, se reunió con el Venerable Obispo Emperador del
Mundo, Jon II, y consintió en que los mensajeros de la Iglesia disfrutaran de libertad
para predicar en América sin ser estorbados. Tal vez habría podido forzarse un
convenio más severo, como aducen algunos comentaristas, pero para entonces ambos
bandos padecían grandes penurias a causa de la peste y la hambruna, porque las
cosechas del mundo se habían perdido. Fue una afortunada coincidencia que la
población del mundo ya se hubiera reducido a la mitad, pues de otro modo la
reorganización de las estaciones habría ido seguida del hambre más absoluta.
En todas las iglesias del mundo se rogó al Dios Inmenso que diera una señal de
que había sido Testigo de la gran derrota infligida a los infieles Americanos. Quienes se
opusieron a este inspirado acto fueron destruidos. El Dios respondió a las plegarias en
el 297, avanzando velozmente una Pequeña Porción y acomodándose principalmente
en el Océano Pacífico a donde llegaba por el sur a lo que ahora es la Antarta, entonces
era el Trópico de Capricornio y anteriormente había sido el Ecuador. Algunas de sus
patas izquierdas cubrieron numerosas ciudades de la costa occidental de América,
entre las que se contaban algunas de las que ya hemos citado, como San Francisco, y
llegaron por el sur hasta Guadalajara (donde el Templo del Santo Dedo honra todavía
la huella de su pie). Este es el movimiento que designamos Primera Mudanza, y fue
justamente considerado como una prueba indiscutible del desprecio del Dios Inmenso
hacia América.
Tal sensación prevaleció también en la propia América. Purificados por el hambre,
los descomunales terremotos y otras catástrofes naturales, sus habitantes quedaron
mejor preparados para aceptar las palabras de los sacerdotes y se convirtió hasta el
último hombre. Se emprendieron peregrinaciones en masa para contemplar el enorme
cuerpo de Dios, que cubría su nación de un extremo a otro. Los peregrinos más osados
ascendían en aeroplanos voladores y sobrevolaban su lomo, barrido Sin Cesar por
terribles tempestades durante más de cien años. Los que allí se convirtieron se
volvieron más Extremados que sus hermanos del otro lado del mundo, más antiguos en
la fe. Apenas se habían unido las congregaciones americanas con las nuestras cuando
ya se separaban por una desavenencia doctrinal en el Concilio de la Tenca Muerta
(322). Esta fecha marca el surgimiento de la Iglesia Católica Universal Sacrificial. En
aquellos remotos días, los creyentes de la fe Ortodoxa no disfrutábamos de la armonía
que reina hoy con nuestros hermanos Americanos.
El punto de la doctrina que dio lugar al cisma de las iglesias fue, como por todos es
sabido, la cuestión de si la humanidad debía o no utilizar vestiduras que imitaran el
lustre metálico del Dios Inmenso. Se adujo que esto equivalía, a equiparar al hombre
con la Imagen de Dios, pero en realidad se trataba de una calumnia deliberada contra
los sacerdotes Ortodoxos Universales, que utilizaban prendas de plástico o metal en
honor de su hacedor.
De ahí surgió la Segunda Gran Herejía. Como este prolongado y confuso periodo
ha sido estudiado a fondo en otros tratados, no es necesario que nos detengamos en
él: diremos tan sólo que la disputa llegó a su apogeo con la Segunda Cruzada, que los
Católicos Universales Americanos emprendieron contra nosotros en el año 450. Puesto
que todavía poseían una gran preponderancia de máquinas, consiguieron imponer sus
opiniones, saquear varios monasterios a las orillas del Mar Sagrado, deshonrar a
nuestras mujeres y regresar gloriosamente a su tierra.
Desde entonces, todos los habitantes del planeta se cubren únicamente con
prendas de lana o piel. Quienes se opusieron a este inspirado acto fueron destruidos.
Sería un error resaltar excesivamente las querellas del pasado. Durante todo este
tiempo, la mayoría de las personas se dedicaban pacíficamente al culto, eran
sacrificadas regularmente y rezaban cada amanecer y cada anochecer (fuera cuando
fuese) para que el Dios Inmenso abandonara nuestro mundo, ya que no éramos dignos
de él.
La Segunda Cruzada dejó un reguero de problemas tras ella; en conjunto, los
cincuenta años que siguieron no fueron años felices. Las huestes Americanas
regresaron a su país para descubrir que la enorme presión ejercida sobre la plataforma
continental occidental había creado muchos volcanes en su mayor cordillera, las
Montañas Rocosas. Su tierra estaba cubierta de lava y fuego, y su aire cargado de
hedionda ceniza.
Acertadamente, aceptaron esto como una señal de que su conducta dejaba mucho
que desear a los ojos del Dios Inmenso (pues, aunque nunca se ha podido demostrar
que tenga ojos, no cabe duda de que Nos Ve). Puesto que el resto del mundo no había
sido Visitado por un castigo de semejante escala, adivinaron correctamente que su
pecado era que seguían aferrándose a la tecnología y a las armas de la tecnología
contra los deseos de Dios.
Con fe intensa en sus corazones, destruyeron hasta el último artefacto de la ciencia
que aún quedaba, desde los Nucleares a los Abrelatas y, como acto propiciatorio,
arrojaron a cien millares de vírgenes de la fe en los volcanes más a propósito. Quienes
se opusieron a estos inspirados actos fueron destruidos, y algunos ceremonialmente
devorados.
Nosotros, los creyentes de la fe Ortodoxa Universal, aplaudimos esta ejemplar
acción de nuestros hermanos. Pero no estábamos seguros de que se hubieran
purificado lo suficiente. Puesto que ya no poseían armas y nosotros aún teníamos
algunas era evidente que podíamos ayudarles en su purificación. Por consiguiente, una
poderosa flota de ciento sesenta y seis navíos de madera zarpó con rumbo a América,
para ayudarles a sufrir por la religión y, de paso, para recobrar parte del botín que se
habían llevado. Esta fue la Tercera Cruzada del año 482, bajo Jon el Rechoncho.
Mientras los dos ejércitos contendientes libraban la batalla en las afueras de Nueva
York, se produjo la Segunda Mudanza. No duró más allá de cinco minutos.
En este lapso, el Dios Inmenso se volvió hacia su costado izquierdo, se arrastró
sobre el centro de lo que entonces era el continente del Norte de América, cruzó el
Atlántico como si fuera un charco, se desplazó a través de África y vino a detenerse al
Sur del Océano Indico, destruyendo Madagaska con una pata trasera. En Todas las
Partes de la Tierra se hizo la noche.
Cuando llegó el amanecer, difícilmente podía quedar un solo hombre que no
creyera en el poder y la sabiduría del Dios Inmenso, a cuyo nombre corresponde todo
el Terror y la Fuerza. Lamentablemente, entre los que no podían creer figuraban los
dos ejércitos rivales, que habían sido engullidos por una Oleada de Tierra y Rocas ante
el paso del Dios.
En el caos subsiguiente sólo prevaleció una nota de cordura: la cordura de la
Iglesia. La Iglesia estableció como Tercera Gran Herejía la idea de que al hombre
pudiera serle permitida ninguna máquina contra los deseos de Dios. Hubo cierta
disputa doctrinal acerca de si los libros debían considerarse o no como máquinas. Por
las dudas, se decidió que sí lo eran. A partir de entonces todos los hombres quedaron
en libertad de no hacer nada más que trabajar en los campos y rendir culto, y orar al
Dios Inmenso para que se retirase a otro mundo más digno de su poderío. Al mismo
tiempo se incrementó el número de sacrificios y se introdujo el Método de la Quema
Lenta (año 499).
A continuación vino la gran Paz, que duró hasta el 900. Durante todo este tiempo,
el Dios Inmenso no se movió; en verdad se ha dicho que los siglos no son más que
segundos para él. Es probable que la humanidad no haya conocido jamás una paz tan
prolongada como la de estos cuatrocientos años; una paz que existía en el interior de
los corazones ya que no en el exterior, pues, naturalmente, el mundo se hallaba
sumido en Cierto Desorden. La enorme fuerza del desplazamiento del Dios Inmenso a
través de medio mundo había trastornado en gran medida la sucesión de los días y las
noches. Algunas leyendas afirman que, antes de la Segunda Mudanza, el sol salía por
el este y se ponía por el oeste; precisamente al contrario que el orden natural de las
cosas según nosotros las conocemos.
Gradualmente, este periodo de paz conoció cierto restablecimiento del orden de las
estaciones y cierta cesación de las crecidas, chubascos de sangre, pedriscos,
terremotos, diluvios de carámbanos, apariciones de cometas, erupciones volcánicas,
nieblas miasmáticas, vendavales destructivos, plagas agrícolas, plagas de lobos y
dragones, maremotos, tornados de un año de duración, lluvias feroces y demás azotes
que las escrituras de este periodo con tanta elocuencia describen. Los Padres de la
Iglesia, retirándose a la relativa seguridad de los mares interiores y las soleadas
praderas de Gobilandia, en Mongolia, establecieron una nueva ortodoxia bien calculada
en su rigor de oraciones y sacrificios humanos en la hoguera para incitar al Dios
Inmenso a dejar nuestro pobre y miserable mundo rumbo a otro mejor y más
substancioso.
Con esto la historia llega casi al momento actual. El año 900, apenas una década
antes del momento en que vuestro escriba redacta estas notas. ¡Ese año el Dios
Inmenso abandonó nuestra tierra!
Recordad, si os place, que la Primera Partida en el año 89 no duró más de veinte
meses. ¡Ya ahora el Dios Inmenso se ha alejado de nosotros casi la mitad de este
número de años! ¡Necesitamos su vuelta; no podemos vivir sin él, como habríamos
debido comprender Hace Mucho de no haber sido blasfemos en nuestro corazón!
Al partir, impulsó nuestro humilde globo hacia un rumbo tal que estamos
condenados a vivir todo el año en el más crudo de los inviernos; el sol está lejano y
encogido; los mares se congelan durante la mitad del año: témpanos de hielo desfilan
por nuestros campos; a mediodía, es demasiado oscuro para leer sin una vela. ¡Ay de
nosotros!
Pero, en verdad, merecemos nuestro sino. Es un castigo justo, pues durante todos
los siglos de nuestra época, cuando nuestra especie vivía relativamente feliz y sin
perturbaciones, orábamos como dementes para que el Dios Inmenso nos dejara.
Solicito a todos los Ancianos Elegidos del Consejo que repudien tales oraciones
como la Cuarta y Mayor Herejía y declaren que, de ahora en adelante, todos los
esfuerzos de la humanidad se encaminarán a llamar al Dios Inmenso para rogarle que
regrese a nosotros de inmediato.
Igualmente solicito que vuelva a incrementarse el número de sacrificios. Es inútil
tratar de escatimar sólo porque se nos están acabando las mujeres.
Igualmente solicito que se emprenda una Cuarta Cruzada a toda prisa, ¡antes de
que el aire empiece a congelarse dentro de nuestras narices!

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HEREJIAS DEL DIOS INMENSO — BRIAN ALDISS

HEREJIAS DEL DIOS INMENSO — BRIAN ALDISS

HEREJÍAS DEL DIOS INMENSO
por Brian W. Aldiss

EL LIBRO SECRETO DE HARAD IV

Yo, Harad IV, Escriba Mayor declaro que éste mi escrito solo puede ser mostrado a
los sacerdotes de rango de la Iglesia Ortodoxa Universal Sacrificial y a los Ancianos
Elegidos del Consejo de la Iglesia Ortodoxa Universal Sacrificial, porque aquí se
entiende en cuestiones relativas a las cuatro Herejías Viles que no deben ser vistas ni
discutidas por el pueblo.
Para una Correcta Consideración de las más recientes y viles herejías, debemos
contemplar en perspectiva los acontecimientos de la historia. Así pues, retrocedamos al
Primer Año de nuestra era, cuando las Tinieblas del Mundo fueron desterradas por la
venida del Dios Inmenso, nuestro más verdadero y enorme Señor, a quien todos
honramos y tememos.
Desde este año actual, 910 D.I., es imposible recordar cómo era el mundo
entonces, pero a partir de los pocos registros que todavía se conservan podemos
hacernos cierta idea de aquellas épocas e incluso realizar las Contorsiones Mentales
necesarias para ver cómo debieron ser juzgados los acontecimientos por aquellos
pecadores que tomaron parte en ellos.
El mundo sobre el que descendió el Dios Inmenso estaba repleto de gentes y de
sus maquinarias, todos completamente desprevenidos para Su Visita. Puede que
hubiera cien mil veces más gente de la que hoy existe.
El Dios Inmenso aterrizó en lo que ahora es el Mar Sagrado, sobre el que
actualmente navegan algunas de nuestras más bellas iglesias dedicadas a Su Nombre.
En aquellos tiempos, la región era mucho menos placentera, pues estaba dividida en
numerosos estados que pertenecían a distintas naciones. Tal era el sistema de
posesión de la tierra antes de que se formasen nuestras actuales teorías sobre la
migración y evacuación constantes.
Las patas traseras del Dios Inmenso se extendieron muy hacia el interior de África -
que entonces no era el continente insular que es hoy en día, casi tocando el río Congo,
en el punto sagrado donde ahora se alza la Iglesia Sacrificial de Basolo-Aketi-Ele, y en
el punto sagrado donde ahora se alza el Templo Santuario de Adén, arrasando el
antiguo puerto de Adén.
Algunas de las patas del Dios Inmenso se extendieron sobre el Sudán y a través de
lo que entonces constituía el Reino de Libia y ahora es parte del Mar del Viejo Pesar,
mientras que uno de sus pies reposaba en una ciudad llamada Túnez en lo que
entonces era la costa de Tunicia. Allí se posaron algunas de las patas del costado
izquierdo del Dios Inmenso.
Las patas de su costado derecho bendijeron y comprimieron las arenas de Arabia
Saudita, hoy denominada Valle de la Vida, y las estribaciones del Cáucaso, arrasando
el Monte llamado Ararat en el Asia Menor, en tanto que su pata Más delantera se
extendió sobre el territorio de Rusia, destruyendo de inmediato la gran ciudad capital de
Moscú.
El cuerpo del Dios Inmenso, descansando en reposo sobre tres antiguos mares, si
hemos de creer a los Viejos Registros, llamados el Mar del Mediterráneo, el Mar Rojo y
el Mar del Nilo, que juntos forman parte del actual Mar Sagrado. Con su Gran Mole
erradicó también parte del Mar Negro, que ahora llamamos Mar Blanco, así como
Egipto, Atenas, Chipre y la Península Balcánica hasta las cercanías de Belgrado, hoy
Santo Belgrado, puesto que sobre esta ciudad se irguió el Cuello del Dios Inmenso en
su Primera Visita a nosotros los mortales, rozando casi los tejados de las casas.
En cuanto a su Cabeza, se cernía sobre la región montañosa que denominamos
Italandia y que entonces era conocida como Europa, una región muy poblada del
planeta, alzándose a tal altitud que en los días despejados fácilmente podía divisarse
desde Londres, entonces como ahora la ciudad principal de la tierra de los
anglofranceses.
En aquellos primeros días se calculó que la longitud del Dios Inmenso era de más
de siete millares de kilómetros de extremo a extremo, y cada una de sus ocho patas
media sobre un millar y medio de kilómetros. Ahora profesamos en nuestro Credo que
el Dios Inmenso cambia su forma, longitud y número de patas según esté Complacido
o Enojado con el hombre.
En aquellos días se desconocía la naturaleza de Dios. Ningún preparativo se había
hecho para su venida, aunque corrían algunos rumores sobre el milenio. Por lo tanto,
las especulaciones sobre su naturaleza se alejaban mucho de la verdad y con
frecuencia eran sumamente blasfemas.
Aquí sigue un resumen del notorio Documento Gersheimer, que contribuyó en gran
medida a precipitar los acontecimientos que condujeron a la Primera Cruzada en 271
D.I. Ignoramos quién era el Gersheimer Negro, con la salvedad carente de significado
de que se trataba de un Profeta Científico de un lugar llamado Cornell o Carnell,
obviamente una Iglesia del Continente Americano (cuya forma era entonces distinta).
“Los reconocimientos aéreos parecen indicar que esta criatura —si podemos
llamarla así—, que se extiende más o menos en línea recta a lo largo del Mar Rojo y
por el sudeste de Europa, no es un ser viviente, al menos tal y como concebimos
nosotros la vida. El hecho de que se parezca vagamente a un lagarto de ocho patas
puede deberse a una mera coincidencia, así que no debemos preocuparnos por su
posible carácter maligno, como han sugerido algunos periódicos sensacionalistas”.
La vil jerga de aquellos remotos días no resulta hoy plenamente comprensible, pero
creemos que “reconocimientos aéreos” es una referencia a los aparatos voladores
mecánicos que aquella última generación de Impíos poseía. El Gersheimer Negro
prosigue:
“Si este objeto no está vivo, tal vez sea un fragmento de escombros galácticos que
se ha adherido momentáneamente al planeta, quizá del mismo modo en que una hoja
puede adherirse a un balón de fútbol durante su trayectoria. Esta creencia no implica
necesariamente una modificación de nuestros conceptos científicos del universo. Tanto
si la cosa tiene vida como si no, no hemos de volvernos todos supersticiosos.
Sencillamente, debemos recordarnos que en el universo, tal como lo concebimos a la
luz de la ciencia del siglo XX, existen muchos fenómenos que nos siguen siendo
desconocidos. Por muy dolorosa que resulte esta aparición inesperada, podemos
consolarnos en parte pensando que nos proporcionará nuevos conocimientos, tanto
sobre nosotros mismos como acerca del mundo que se extiende más allá de nuestro
sistema solar”.
Aunque términos como “escombros galácticos” han perdido todo su significado, si
es que alguna vez lo tuvieron, el sentido general de este párrafo es claramente
injurioso. Se decreta una restricción contra el culto al Dios Inmenso, oponiendo en su
lugar un herético Dios de la Ciencia. Sólo hace falta citar otro pasaje de este ofensivo
revoltijo, porque resulta esencial para Mostrar la Actitud mental de Gersheimer y, es de
suponer, de la mayoría de sus contemporáneos.
“Como es natural, todos los pueblos del mundo, y especialmente aquellos que aún
se demoran en los umbrales de la civilización, se hallan hoy muy asustados. Les
parece ver algo de sobrenatural en la llegada de esta cosa, y creo que cualquier
hombre, si es sincero consigo mismo, admitirá sentir en su corazón un eco de este
temor. Solamente podremos suprimirlo, solamente podremos enfrentarnos al caos en
que el mundo se halla ahora sumergido, si retenemos en nuestras mentes una imagen
galáctica de la situación. La propia inmensidad de esta cosa que yace perniciosamente
tendida sobre nuestro planeta es causa suficiente para el terror. Pero imaginémosla en
proporción. Un ciempiés está posado sobre una naranja. O, para elegir un ejemplo que
resulte menos repulsivo, una pequeña salamanquesa de unos nueve centímetros
descansa momentáneamente sobre un globo terráqueo de plástico de sesenta
centímetros de diámetro. Nos corresponde a nosotros, a toda la raza humana, con
todas las fuerzas tecnológicas a nuestra disposición, unirnos como nunca lo hemos
hecho y expulsar esta cosa, esta cosa grande y estúpida, hacia las profundidades del
espacio de las que ha surgido. Buenas noches”.
El motivo que me impulsa a repetir esta Blasfemia Inicial es que veamos en este
mensaje de un miembro de las Tinieblas del Mundo las huellas de aquel pecado
original que —pese a todos nuestros sacrificios, a todas nuestras penalidades, á todas
nuestras cruzadas— aún no hemos logrado extirpar. Por eso nos enfrentamos ahora
con la mayor Crisis de la Iglesia Ortodoxa Universal Sacrificial, y por eso ha llegado la
hora de una Cuarta Cruzada que supere en su envergadura a todas las anteriores.
El Dios Inmenso permaneció donde se hallaba, en lo que hoy designamos la
Posición del Mar Sagrado, durante cierto número de años, en todo y por todo inmóvil.
Para la humanidad, éste fue el gran período de formación de la Creencia, marcado
por el establecimiento de la Iglesia Universal y caracterizado por sus numerosas
convulsiones. Grandemente hubieron de sufrir los primeros sacerdotes y profetas a fin
de que la Palabra se diseminara por el Mundo y las sectas blasfemas fuesen
destruidas, aunque el Libro Clandestino de los Hechos de la Iglesia parece indicar que
muchos de ellos eran en realidad miembros de anteriores iglesias que, viendo la luz,
mudaron su lealtad.
La poderosa figura del Dios Inmenso se vio sometida a multitud de pequeños
agravios. Las Mayores Armas de aquella remota era, frutos de la charlatanería técnica,
eran llamadas Nucleares, y ésas le fueron arrojadas al Dios Inmenso, pero, como cabía
esperar, sin efecto alguno. Muros de fuego se alzaron en vano a su alrededor. Nuestro
Dios Inmenso, al que todos honramos y tememos, es inmune a la debilidad terrenal. Su
cuerpo estaba revestido como con un Metal —ésa fue la semilla de la Segunda
Cruzada— pero no tenía ninguna de las debilidades del metal.
Su descenso a la tierra fue acogido por la naturaleza con una respuesta inmediata.
Los antiguos vientos que hasta entonces prevalecían se estrellaron contra sus
poderosos costados y fueron desviados hacia otros lugares. Esto produjo el efecto de
enfriar el centro de África, de tal manera que desaparecieron las selvas tropicales y
todas las criaturas que en ellas moraban. En las tierras limítrofes de Caspana
(entonces llamadas Persia y Járkov, según antiguos relatos), se desencadenaron
huracanes de nieve durante una docena de crudos inviernos, llegando por el este hasta
el interior de la India. En los demás lugares, por todo el mundo, la venida del Dios
Inmenso se dejó sentir en los cielos, en forma de lluvias inesperadas, vientos erráticos
y temporales que duraron muchos meses. También los océanos fueron perturbados,
mientras que el gran volumen de agua desplazado por su cuerpo inundó las tierras
cercanas, matando a muchos millares de seres y arrojando diez mil ballenas muertas a
los muelles de Colombo.
La tierra se sumó a las convulsiones. Mientras se hundía el territorio situado bajo la
gran masa del Dios Inmenso, disponiéndose a recibir lo que luego seria el Mar
Sagrado, las tierras de alrededor se elevaron hacia Arriba formando pequeñas colinas,
como las abruptas y salvajes Dolominas que hoy protegen los límites meridionales de
Italandia. Hubo seísmos y nuevos volcanes y géiseres allí donde jamás había manado
el agua, y plagas de serpientes, florestas incendiadas y muchos signos prodigiosos que
ayudaron a los Primeros Padres de nuestra fe a convertir a los ignorantes. Por todas
partes se extendieron, predicando que la única salvación se hallaba en entregarse a él.
Numerosos Pueblos Enteros perecieron en esta época de convulsión, entre ellos
Búlgaros, Egipcios, Israelitas, Moravos, Kurdos, Turcos, Sirios, Turcos de las Montañas
y también la mayor parte de los Eslavos del Sur, Georgianos y Croatas, los robustos
Valacos y las razas Griegas, Chipriotas y Cretenses. Además de otras cuyos pecados
eran muy grandes y cuyos nombres no fueron recogidos en los anales de la iglesia.
El Dios Inmenso abandonó nuestro mundo en el año 89 o, como algunos sostienen,
en el 90. (Ésta fue la primera Partida y como tal se celebra. en el calendario de nuestra
Iglesia, aunque la Iglesia Católica Universal lo denomina Día de la Primera
Desaparición). Regresó en el 91, grande y temido sea su nombre.
Es poco lo que sabemos del periodo en que estuvo ausente de la Tierra. Podemos
hacernos una idea de cómo pensaba entonces la gente si consideramos que, en
general, las naciones de la Tierra se regocijaron grandemente. Siguieron
produciéndose cataclismos naturales, pues los océanos se derramaran en el enorme
hueco que él había creado, formando así nuestro amado y venerado Mar Sagrado. En
toda la faz del planeta estallaron Grandes Guerras.
Su regreso en el año 91 puso fin a las guerras, como un signo de la gran paz que
su presencia le prometía a su pueblo elegido.
Pero los habitantes del mundo en Aquella Época no eran todos de nuestra religión,
por más que los profetas andaban entre ellos, y numerosas eran sus blasfemias. En el
Museo Negro que hay adjunto a la gran basílica de Omán y Yemen se conservan
pruebas documentales de que en este periodo intentaron comunicarse con el Dios
Inmenso por medio de sus máquinas. No hace falta decir que no obtuvieron respuesta;
pero muchos hombres razonaron entonces, en la confusión de sus mentes, que esto se
debía a que el Dios era una Cosa, tal y como había profetizado el Gersheimer Negro.
En ésta su Segunda Venida, el Dios Inmenso bendijo nuestra tierra aposentándose
principalmente dentro de los confines del Círculo Ártico, o lo que entonces era el
Círculo Ártico, con su cuerpo extendido sobre el norte del Canadá, como era llamado,
por encima de una gran península denominada Alaska, a través del Mar de Bering y
por las regiones septentrionales de las tierras rusas hasta el río Lena, hoy Bahía de
Lenn. Algunas de sus patas traseras quebraron grandes fragmentos del Hielo Ártico,
mientras que otras patas delanteras se sumergían en el norte del Océano Pacífico.
Pero en verdad para él no somos más que arena bajo sus pies y sus pies son
indiferentes a nuestras montañas y nuestras Variaciones Climáticas.
En cuanto a su pavorosa cabeza, desde todas las ciudades de la franja costera del
norte de América se la podía ver alzándose hasta la estratosfera y refulgiendo con un
brillo metálico; desde ciudades hoy desaparecidas como Vancouver, Seattle,
Edmonton, Portland, Blanco, Reno e incluso San Francisco. Fue la enérgica y
pecaminosa nación que poseía estas ciudades la que entonces se volvió con más
fuerza contra el Dios Inmenso. Todo el peso de su impía civilización científica se volvió
contra él, pero lo único que consiguieron sus gentes fue destruir sus propias costas.
Mientras tanto, se produjeron nuevos cambios naturales. La masa del Dios
Inmenso desvió a la Tierra en su diario girar, de modo que las estaciones se alteraron y
los libros proféticos nos cuentan cómo los grandes árboles hacían brotar sus hojas para
cubrirse en invierno y las perdían en verano. Los murciélagos volaban a la luz del día y
las mujeres daban a luz niños peludos. La fusión de los casquetes polares causó
grandes inundaciones, olas de marea y rocíos ponzoñosos, y sabemos que una noche
se agitaron las aguas de la Profundidad, de tal forma que la marea que surgió de las
Tierra Altas Malayas (como hoy las conocemos) fue tan poderosa que en pocas horas
formó la península continental de Bestlandia con lo que hasta entonces habían sido los
Continentes o Islas independientes de Singapur, Sumatra, Indonesia, Java, Sidney y
Australia o Austria.
Con tan impresionantes portentos, nuestros sacerdotes pudieron Convertir a los
Pueblos, y millones de supervivientes se apresuraron a ingresar en la Iglesia. Ésa fue
la Primera Gran Época de la Iglesia, cuando la palabra se extendió por todo el asolado
y transformado planeta. Nuestras instituciones se crearon a lo largo de las siguientes
generaciones, principalmente en los diversos Concilios de la Nueva Iglesia (algunos de
los cuales han sido luego reconocidos como heréticos).
No nos establecimos sin dificultades, e hizo falta quemar a mucha gente antes de
que el resto se apercibiera de la fe que Ardía En Ellos. Pero, según fueron pasando las
generaciones, el Verdadero Nombre del Dios se extendió por un territorio cada vez más
amplio.
Solo los habitantes del norte de América seguían aferrándose mayoritariamente a
su abyecta superstición. Fortificados por su ciencia, rechazaban la Gracia. Así fue
como en el Año 271 se emprendió la Primera Cruzada, especialmente contra ellos pero
también contra los Irlandeses, cuyas opiniones heréticas no estaban sustentadas en la
ciencia: los Irlandeses fueron rápidamente Erradicados casi hasta el último hombre.
Los Americanos eran más formidables, pero esta dificultad sólo sirvió para agrupar a la
gente y unir aún más a la Iglesia.
La Primera Cruzada se libró para combatir la Primera Gran Herejía de la Iglesia, la
herejía que proclamaba que el Dios Inmenso era una Cosa y no un Dios, según lo
había expuesto Gersheimer Negro. Concluyó satisfactoriamente cuando el jefe de los
Americanos, Lionel Undermeyer, se reunió con el Venerable Obispo Emperador del
Mundo, Jon II, y consintió en que los mensajeros de la Iglesia disfrutaran de libertad
para predicar en América sin ser estorbados. Tal vez habría podido forzarse un
convenio más severo, como aducen algunos comentaristas, pero para entonces ambos
bandos padecían grandes penurias a causa de la peste y la hambruna, porque las
cosechas del mundo se habían perdido. Fue una afortunada coincidencia que la
población del mundo ya se hubiera reducido a la mitad, pues de otro modo la
reorganización de las estaciones habría ido seguida del hambre más absoluta.
En todas las iglesias del mundo se rogó al Dios Inmenso que diera una señal de
que había sido Testigo de la gran derrota infligida a los infieles Americanos. Quienes se
opusieron a este inspirado acto fueron destruidos. El Dios respondió a las plegarias en
el 297, avanzando velozmente una Pequeña Porción y acomodándose principalmente
en el Océano Pacífico a donde llegaba por el sur a lo que ahora es la Antarta, entonces
era el Trópico de Capricornio y anteriormente había sido el Ecuador. Algunas de sus
patas izquierdas cubrieron numerosas ciudades de la costa occidental de América,
entre las que se contaban algunas de las que ya hemos citado, como San Francisco, y
llegaron por el sur hasta Guadalajara (donde el Templo del Santo Dedo honra todavía
la huella de su pie). Este es el movimiento que designamos Primera Mudanza, y fue
justamente considerado como una prueba indiscutible del desprecio del Dios Inmenso
hacia América.
Tal sensación prevaleció también en la propia América. Purificados por el hambre,
los descomunales terremotos y otras catástrofes naturales, sus habitantes quedaron
mejor preparados para aceptar las palabras de los sacerdotes y se convirtió hasta el
último hombre. Se emprendieron peregrinaciones en masa para contemplar el enorme
cuerpo de Dios, que cubría su nación de un extremo a otro. Los peregrinos más osados
ascendían en aeroplanos voladores y sobrevolaban su lomo, barrido Sin Cesar por
terribles tempestades durante más de cien años. Los que allí se convirtieron se
volvieron más Extremados que sus hermanos del otro lado del mundo, más antiguos en
la fe. Apenas se habían unido las congregaciones americanas con las nuestras cuando
ya se separaban por una desavenencia doctrinal en el Concilio de la Tenca Muerta
(322). Esta fecha marca el surgimiento de la Iglesia Católica Universal Sacrificial. En
aquellos remotos días, los creyentes de la fe Ortodoxa no disfrutábamos de la armonía
que reina hoy con nuestros hermanos Americanos.
El punto de la doctrina que dio lugar al cisma de las iglesias fue, como por todos es
sabido, la cuestión de si la humanidad debía o no utilizar vestiduras que imitaran el
lustre metálico del Dios Inmenso. Se adujo que esto equivalía, a equiparar al hombre
con la Imagen de Dios, pero en realidad se trataba de una calumnia deliberada contra
los sacerdotes Ortodoxos Universales, que utilizaban prendas de plástico o metal en
honor de su hacedor.
De ahí surgió la Segunda Gran Herejía. Como este prolongado y confuso periodo
ha sido estudiado a fondo en otros tratados, no es necesario que nos detengamos en
él: diremos tan sólo que la disputa llegó a su apogeo con la Segunda Cruzada, que los
Católicos Universales Americanos emprendieron contra nosotros en el año 450. Puesto
que todavía poseían una gran preponderancia de máquinas, consiguieron imponer sus
opiniones, saquear varios monasterios a las orillas del Mar Sagrado, deshonrar a
nuestras mujeres y regresar gloriosamente a su tierra.
Desde entonces, todos los habitantes del planeta se cubren únicamente con
prendas de lana o piel. Quienes se opusieron a este inspirado acto fueron destruidos.
Sería un error resaltar excesivamente las querellas del pasado. Durante todo este
tiempo, la mayoría de las personas se dedicaban pacíficamente al culto, eran
sacrificadas regularmente y rezaban cada amanecer y cada anochecer (fuera cuando
fuese) para que el Dios Inmenso abandonara nuestro mundo, ya que no éramos dignos
de él.
La Segunda Cruzada dejó un reguero de problemas tras ella; en conjunto, los
cincuenta años que siguieron no fueron años felices. Las huestes Americanas
regresaron a su país para descubrir que la enorme presión ejercida sobre la plataforma
continental occidental había creado muchos volcanes en su mayor cordillera, las
Montañas Rocosas. Su tierra estaba cubierta de lava y fuego, y su aire cargado de
hedionda ceniza.
Acertadamente, aceptaron esto como una señal de que su conducta dejaba mucho
que desear a los ojos del Dios Inmenso (pues, aunque nunca se ha podido demostrar
que tenga ojos, no cabe duda de que Nos Ve). Puesto que el resto del mundo no había
sido Visitado por un castigo de semejante escala, adivinaron correctamente que su
pecado era que seguían aferrándose a la tecnología y a las armas de la tecnología
contra los deseos de Dios.
Con fe intensa en sus corazones, destruyeron hasta el último artefacto de la ciencia
que aún quedaba, desde los Nucleares a los Abrelatas y, como acto propiciatorio,
arrojaron a cien millares de vírgenes de la fe en los volcanes más a propósito. Quienes
se opusieron a estos inspirados actos fueron destruidos, y algunos ceremonialmente
devorados.
Nosotros, los creyentes de la fe Ortodoxa Universal, aplaudimos esta ejemplar
acción de nuestros hermanos. Pero no estábamos seguros de que se hubieran
purificado lo suficiente. Puesto que ya no poseían armas y nosotros aún teníamos
algunas era evidente que podíamos ayudarles en su purificación. Por consiguiente, una
poderosa flota de ciento sesenta y seis navíos de madera zarpó con rumbo a América,
para ayudarles a sufrir por la religión y, de paso, para recobrar parte del botín que se
habían llevado. Esta fue la Tercera Cruzada del año 482, bajo Jon el Rechoncho.
Mientras los dos ejércitos contendientes libraban la batalla en las afueras de Nueva
York, se produjo la Segunda Mudanza. No duró más allá de cinco minutos.
En este lapso, el Dios Inmenso se volvió hacia su costado izquierdo, se arrastró
sobre el centro de lo que entonces era el continente del Norte de América, cruzó el
Atlántico como si fuera un charco, se desplazó a través de África y vino a detenerse al
Sur del Océano Indico, destruyendo Madagaska con una pata trasera. En Todas las
Partes de la Tierra se hizo la noche.
Cuando llegó el amanecer, difícilmente podía quedar un solo hombre que no
creyera en el poder y la sabiduría del Dios Inmenso, a cuyo nombre corresponde todo
el Terror y la Fuerza. Lamentablemente, entre los que no podían creer figuraban los
dos ejércitos rivales, que habían sido engullidos por una Oleada de Tierra y Rocas ante
el paso del Dios.
En el caos subsiguiente sólo prevaleció una nota de cordura: la cordura de la
Iglesia. La Iglesia estableció como Tercera Gran Herejía la idea de que al hombre
pudiera serle permitida ninguna máquina contra los deseos de Dios. Hubo cierta
disputa doctrinal acerca de si los libros debían considerarse o no como máquinas. Por
las dudas, se decidió que sí lo eran. A partir de entonces todos los hombres quedaron
en libertad de no hacer nada más que trabajar en los campos y rendir culto, y orar al
Dios Inmenso para que se retirase a otro mundo más digno de su poderío. Al mismo
tiempo se incrementó el número de sacrificios y se introdujo el Método de la Quema
Lenta (año 499).
A continuación vino la gran Paz, que duró hasta el 900. Durante todo este tiempo,
el Dios Inmenso no se movió; en verdad se ha dicho que los siglos no son más que
segundos para él. Es probable que la humanidad no haya conocido jamás una paz tan
prolongada como la de estos cuatrocientos años; una paz que existía en el interior de
los corazones ya que no en el exterior, pues, naturalmente, el mundo se hallaba
sumido en Cierto Desorden. La enorme fuerza del desplazamiento del Dios Inmenso a
través de medio mundo había trastornado en gran medida la sucesión de los días y las
noches. Algunas leyendas afirman que, antes de la Segunda Mudanza, el sol salía por
el este y se ponía por el oeste; precisamente al contrario que el orden natural de las
cosas según nosotros las conocemos.
Gradualmente, este periodo de paz conoció cierto restablecimiento del orden de las
estaciones y cierta cesación de las crecidas, chubascos de sangre, pedriscos,
terremotos, diluvios de carámbanos, apariciones de cometas, erupciones volcánicas,
nieblas miasmáticas, vendavales destructivos, plagas agrícolas, plagas de lobos y
dragones, maremotos, tornados de un año de duración, lluvias feroces y demás azotes
que las escrituras de este periodo con tanta elocuencia describen. Los Padres de la
Iglesia, retirándose a la relativa seguridad de los mares interiores y las soleadas
praderas de Gobilandia, en Mongolia, establecieron una nueva ortodoxia bien calculada
en su rigor de oraciones y sacrificios humanos en la hoguera para incitar al Dios
Inmenso a dejar nuestro pobre y miserable mundo rumbo a otro mejor y más
substancioso.
Con esto la historia llega casi al momento actual. El año 900, apenas una década
antes del momento en que vuestro escriba redacta estas notas. ¡Ese año el Dios
Inmenso abandonó nuestra tierra!
Recordad, si os place, que la Primera Partida en el año 89 no duró más de veinte
meses. ¡Ya ahora el Dios Inmenso se ha alejado de nosotros casi la mitad de este
número de años! ¡Necesitamos su vuelta; no podemos vivir sin él, como habríamos
debido comprender Hace Mucho de no haber sido blasfemos en nuestro corazón!
Al partir, impulsó nuestro humilde globo hacia un rumbo tal que estamos
condenados a vivir todo el año en el más crudo de los inviernos; el sol está lejano y
encogido; los mares se congelan durante la mitad del año: témpanos de hielo desfilan
por nuestros campos; a mediodía, es demasiado oscuro para leer sin una vela. ¡Ay de
nosotros!
Pero, en verdad, merecemos nuestro sino. Es un castigo justo, pues durante todos
los siglos de nuestra época, cuando nuestra especie vivía relativamente feliz y sin
perturbaciones, orábamos como dementes para que el Dios Inmenso nos dejara.
Solicito a todos los Ancianos Elegidos del Consejo que repudien tales oraciones
como la Cuarta y Mayor Herejía y declaren que, de ahora en adelante, todos los
esfuerzos de la humanidad se encaminarán a llamar al Dios Inmenso para rogarle que
regrese a nosotros de inmediato.
Igualmente solicito que vuelva a incrementarse el número de sacrificios. Es inútil
tratar de escatimar sólo porque se nos están acabando las mujeres.
Igualmente solicito que se emprenda una Cuarta Cruzada a toda prisa, ¡antes de
que el aire empiece a congelarse dentro de nuestras narices!

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Monday, February 25, 2008

Cómo Ocurrió - ISSAC ASIMOV

Cómo Ocurrió - ISSAC ASIMOV

Cómo Ocurrió
Isaac Asimov

Mi hermano empezó a dictar en su mejor estilo oratorio, ese que hace que las
tribus se queden aleladas ante sus palabras.

-En el principio -dijo-, exactamente hace quince mil doscientos millones de años,
hubo una gran explosión, y el universo…

Pero yo había dejado de escribir.

-¿Hace quince mil doscientos millones de años? -pregunté, incrédulo.

-Exactamente -dijo-. Estoy inspirado.

-No pongo en duda tu inspiración -aseguré. (Era mejor que no lo hiciera. Él es tres
años más joven que yo, pero jamás he intentado poner en duda su inspiración.

Nadie más lo hace tampoco, o de otro modo las cosas se ponen feas.)-. Pero ¿vas
a contar la historia de la Creación a lo largo de un período de más de quince mil
millones de años?

-Tengo que hacerlo. Ese es el tiempo que llevó. Lo tengo todo aquí dentro -dijo,
palmeándose la frente-, y procede de la más alta autoridad.

Para entonces yo había dejado el estilo sobre la mesa.

-¿Sabes cuál es el precio del papiro? -dije.

-¿Qué?
(Puede que esté inspirado, pero he notado con frecuencia que su inspiración no
incluye asuntos tan sórdidos como el precio del papiro.)

-Supongamos que describes un millón de años de acontecimientos en cada rollo
de papiro. Eso significa que vas a tener que llenar quince mil rollos. Tendrás que
hablar mucho para llenarlos, y sabes que empiezas a tartamudear al poco rato. Yo
tendré que escribir lo bastante como para llenarlos, y los dedos se me acabarían
cayendo. Además, aunque podamos comprar todo ese papiro, y tú tengas la voz y
yo la fuerza suficientes, ¿quién va a copiarlo? Hemos de tener garantizados un
centenar de ejemplares antes de poder publicarlo, y en esas condiciones ¿cómo
vamos a obtener derechos de autor?

Mi hermano pensó durante un rato. Luego dijo:

-¿Crees que deberíamos acortarlo un poco?

-Mucho -puntualicé, si esperas llegar al gran público.

-¿Qué te parecen cien años?

-¿Qué te parecen seis días?

-No puedes comprimir la Creación en sólo seis días -dijo, horrorizado.

-Ese es todo el papiro de que dispongo -le aseguré-. Bien, ¿qué dices?

-Oh, está bien -concedió, y empezó a dictar de nuevo-. En el principio… ¿De veras
han de ser sólo seis días, Aarón?

-Seis días, Moisés -dije firmemente.

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Friday, February 8, 2008

LO QUE TE COME // NORMAN SPINRAD

LO QUE TE COME // NORMAN SPINRAD


LO QUE TE COME
Norman Spinrad

Esta es la ciudad. Los Angeles California. Siete millones de personas. Algunas de ellas todavía eligen jugar con los naipes que les tocaron. Demasiadas de ellas no. Tarde o temprano, algún meme se enloquece y se esparce como hongo de vestuario en el sudoroso cuerpo político. Cuando eso sucede, es mi trabajo.
Me llamo Friday.
Soy polizonte.
Joe Friday es el meme ideal para las tareas policiales. Nunca esboza una sonrisa, nunca mete las manos en la mercadería, José Ley en persona, jamás soñaría con nacionalizarse.
No es que no se hayan intentado personificaciones más drásticas, entienda.
Mike Hammer, por ejemplo, parecía el meme ideal para tratar con el Simio Heavy Metal cuando éste andaba por las calles, pero las cosas se fueron un poquito de las manos cuando La Flor y Nata de Los Angeles se puso a reventar a los ciudadanos decentes por cruzar la calle a mitad de cuadra. Después de lo cual pusieron por escrito a Roy Rogers y su fiel ladero Doc Holliday, pero se vieron forzados a reconsiderarlo cuando esos memes comenzaron a actuar como un Lagartocuero birifle y un Nietzsche con Espuelas y comenzaron a circular por el carnecarril de Selma.
- Eres lo que comes - asegura el teniente en el escuadrón -. Esta mercadería viene directamente de los tanques de cultivo del Departamento de Policía de Los Angeles, y les garantizamos que el antídoto los devolverá a su propia y querida integridad.
Pero la calle es más sabia, y tú también, seas quien seas en ese momento, una vez mezclados tus propios naipes.
- Eres lo que te come - admite libremente el traficante del callejón, mientras agita su alfiletero Baskin-Robbins, para deleite de las masas de mala entraña.
El asunto es que a Mike Hammer, que no se queda atrás de Mack el Cuchillo, le gusta mucho estar fuera del armario, y debe ser arrastrado, pateando y aullando, hasta la estación de policía para recibir su higienización diaria.
Porque, a pesar de lo que puedan decirte el teniente y el traficante, diseñar estos virus de confección es un arte, no una ciencia.
¿Cuál es el ángel que baila en la punta del alfiler que tienes en la mano? Para verlo tienes que pagar, y cuando lo haces ya hay algún otro mirando. Algún meme cuyos anzuelos moleculares se dirigen a tus centros de placer, con garantía, por lo tanto y aunque más no sea, de que te agradará mucho su nido de tordos cerebral.
Esa es la tecnología básica. Así es el núcleo más o menos estándar. Migra por el torrente sanguíneo hasta el cerebro, penetra en las células, maximiza las endorfinas, y se multiplica.
El Sr. Natural, como decían los traficantes, eras “tú, pero más”. Supercargaba tu química cerebral, aceleraba tus reflejos, turbocargaba tu equipo sensorial, bombeaba esas endorfinas, y lo único que necesitabas comprar era un solo alfiler. ¿No lo harías?
Por supuesto que lo hacías.
No es que el Jefe Parker Porker adoptara lo que se llamaría una actitud reservada en aquel momento. Como era tradicional, el Jefe del Departamento de Policía de Los Angeles estaba planeando candidatearse para un cargo en el gobierno estatal según la plataforma usual Atila el Huno, y el Sr. Natural era el perfecto envoltorio paranoide. Willy Horton en un alfiler.
No digamos que no hubiera motivos para estar paranoico. “Si entra basura, sale basura”, solían decir los viejos hackers, en tiempos en que el software era el filo del cuchillo de los forajidos. Pero el software funciona dentro del hardware, y cuando se bombea un virus no-personificado a través del viejo carneware cerebral lo que se obtiene a la salida es, sin duda, lo que promete el traficante: “tú, pero más”.
Y si el “tú” es un artista robabolsos, un asaltante, un Sangriento, un Deforme, o simplemente un villano callejero normal, el “pero más” no encajará precisamente dentro del perfil ideal del ciudadano decente.
Así que lo que el Departamento de Policía de Los Angeles se encontró enfrentando fue una epidemia de Rambos bajo los efectos de la metedrina, Supermanes dirigiéndose al lado oscuro de la Fuerza, maniáticos sexuales turbocargados e infractores de tránsito con los reflejos y los modales de Ayrton Senna en la pista, que convirtieron las calles y carreteras en el Gran Premio Guerra Mundial.
Para no mencionar el cálido sentido de seguridad que esta situación infundió en el electorado. Pero mejor mencionarlo en voz alta y a menudo, como lo hacía nuestro futuro Senador Porker, tan seguro como los déficits y los impuestos.
Hace muchos jefes de policía con botas hasta el muslo atrás, el Departamento de Policía de Los Angeles estaba siendo castigado, como de costumbre, por recurrir excesivamente a las pistolas, obligando al patán en jefe de aquel momento a defender su presupuesto para municiones ante el Concejo Deliberante. “¿Dicen que mis muchachos disparan demasiadas balas?”, les dijo. “Ningún problema. Entréguennos balas dum-dum. Con un solo disparo volaremos a los malandrines y los convertiremos en carne de perro. Podremos liquidar dos veces más delincuentes con la mitad de cartuchos. Si no cumplimos, no apoyen mi campaña para Vice-Gobernador”.
“Sí”, replicó el Concejo luego de una ardua deliberación, “eso tiene sentido”, y así lo hicieron.
Los memes, como todos sabemos ahora, son patrones de personalidad en software, moviéndose por el hardware cerebral, pero tendemos a olvidar que ya existía una pléyade de personalidades de la variedad demente en el charco genético de la psiquis, mucho antes que los tipos de sombrero negro y chaqueta blanca se las ingeniaran para adosar sus propias versiones artificiales a nuestros virus cerebrales básicos.
El meme Parker ya había habitado en varias generaciones de jefes de policía, y el meme Concejal no había mutado mucho desde que Sam Yorty escribiera la personificación, así que cuando el Jefe Porker exigió al Sr. Natural para las Fuerzas de la Ley y el Orden, también se lo dieron.
Por cierto, las cosas se estabilizaron a un nivel más alto de frenesí, es decir que mientras crecía el conteo de cadáveres, el Departamento de Policía de Los Angeles al menos pudo llevar la proporción toma y daca hasta la cifra que había mantenido por mucho tiempo, más-menos tres por ciento.
Entonces, algún avispado empezó a escribir personificaciones en los virus. Hay cierta disputa en cuanto a qué fue lo que entró primero al mercado - Mambo, el Hombre Macho, el Simio Heavy Metal -, pero no hay disputa en cuanto a que la mercadería salió de los laboratorios clandestinos de los grandes traficantes, y no del Pentágono o de la CIA, como dicen algunos mentecatos.
Desde el punto de vista del bajo fondo, el Sr. Natural era un producto espantoso. Vendían uno y perdían permanentemente al cliente. ¿Esa es forma de llevar adelante el Negocio de los Narcóticos?
Por supuesto que no. Lo que se necesitaba era una mercadería que obligara al cliente felizmente infectado a comprar otro alfiler. Y otro, y otro. Puesto que la necesidad es la madre del ingenio, tarde o temprano alguien debía desarrollar la técnica para darle un patrón de personalidad al virus de los alfileres.
“¿Tú, pero más?”, podían ahora deslizar los traficantes. “¿Por qué conformarse con eso? ¿Por qué no ser exactamente lo que quieres ser? Y si eres demasiado estúpido o descerebrado para darte cuenta de lo que quieres, eh, no hay problema, cómprate uno de estos alfileres y diviértete con tu nueva cabeza. ¿Qué tienes que perder? Si no te gustas, bueno, te vendemos otro, y otro, y otro, hasta que encuentres tu propio ideal personal”.
Una vez que la merca llegó a Hollywood, donde hay varios miles de guionistas de TV sin trabajo en cualquier momento dado, fue inevitable que el negocio de los virus se transformara en negocio del espectáculo, con los adulteradores de patrones haciendo batidos de personalidades imaginarias y rusticoides más rápido de lo que los técnicos podían fijarlas en los núcleos. Siendo la TV lo que es, esos memes no eran lo que se dice sutiles, puesto que Proust no es precisamente un favorito del hombre de la calle y que los guionistas de personificaciones eran de los que creían que Moby Dick era una enfermedad venérea.
El resto es lo que queda de la historia, o sea cuando el Centro Parker presentó la inevitable solicitud de personificaciones policíacas a medida, y el Concejo Deliberante respondió con el inevitable jawohl.
Hay policías que todavía recuerdan los días en que entraban al escuadrón sin saber quiénes serían la próxima vez que salieran a la calle. En aquellos días probaban de todo. Mike, Roy, el Doc, el Duque, Kojak, Wyatt, Sonny, el Sargento Preston y quién se acuerda qué más.
¿Quién, por cierto?
Seguramente no Joe Friday. Así son las cosas, señora. Mi nombre es Polizonte y soy un viernes, ¡qué alivio! Mi fría sangre azul se entibia cuando pienso en lo que mi corpus actual llevó a cabo cuando por mis sinapsis pululaban esos conceptos de Hollywood. Cuando alguno de esos viejos engramas policíacos reaparece para contaminar los fluidos vitales de la memoria, me siento urgentemente tentado a ahogar mi vergüenza en malteadas de chocolate.
El concepto que tenía Doc Holliday del control de las multitudes era disparar contra el Corral. OK. Mike Hammer era gravemente remiso a leerles a los perpetradores sus derechos antes de romperles las rótulas, y el viejo y noble Duque no veía nada anti-norteamericano en el hecho reventar en pedazos cualquier cosa que perturbara su paz momentánea.
Fue un proceso de eliminación, de los cuales hubo muchos en esa época, pero ahora me llamo Friday, soy el polizonte, igual que cualquier Flor y Nata de Los Angeles que usted encuentre por las calles. Si Joe Friday se enoja realmente, puede hacerlo objeto de una honesta reprimenda moral y tres minutos de falta de aire, pero eso es mejor que Mike Hammer rompiéndole la cabeza con una botella, ¿no es cierto, señora?
Estábamos trabajando en el turno noche de la División Bionarcóticos. El jefe es el habitual futuro Vice-Gobernador con anteojos espejados. Mi compañero es Joe Friday, ¿quién otro?
En alguna parte de la tierra de nadie entre Hollywood y el este de Los Angeles parecía estar operando un taller minorista, y la ciudad tenía una buena razón para estar nerviosa.
Mientras que el productor ilegal de alfileres de nivel profesional posee fábricas con importante respaldo bancario, equipos de primera línea y una dotación rebosante de técnicos y escritores de personificaciones, el taller minorista es una operación estrictamente rusticoide y de escaso capital manejada por los descerebrados restos de la clientela.
Sus equipos son los que se las ingeniaron en robar de ciertas fuerzas que gozosamente los vaporizarían en el acto de reexpropiación, instalados en sótanos que habían disfrutado por última vez de la cohabitación de seres no-roedores durante la administración del Gobernador Moonbeam.
Despojados de equipamiento financiero y mental para la producción coherente de software molecular, estos zombis piratean memes preexistentes, por el método de clavar alfileres al azar en las nalgas de muestras humanas de las calles, y luego recombinándolas con una batidora de huevos y vendiendo como producto el cieno resultante.

La primera pista sutil de que estaba operando un taller minorista apareció cuando un hombre que vestía cuero negro y cota de malla de cromo, y lucía una hilera de antiguas hojas de afeitar de filo simple cementadas a lo largo de la línea media de su cráneo afeitado, entró en el supermercado de Ralph, en el Boulevard Sunset, armado con una Uzi y una enorme espada de samurai. Después de decapitar al guardia de seguridad, al gerente y a tres cajeros, y de reventar un número aleatorio de clientes, convenció a los sobrevivientes de donar el contenido de las cajas registradoras a la causa.
Para entonces, sin embargo, el disturbio ya había atraído la atención oficial, y cuando el perpetrador emergió en el estacionamiento se encontró con un equipo SWAT que había sido transportado por aire al lugar de la escena, con órdenes de capturar vivo al espécimen. Lo cual consiguieron inmediatamente, destrozándole las rótulas con balas dum-dum.
Ya en la central, bajo la influencia de la escopolamina, de los dispositivos de bio-realimentación y de los típicos manguerazos, el sospechoso se identificó como Satán, pero no pudo ser inducido a suministrar mayores informaciones de utilidad.
Dieciocho horas más tarde, en la esquina de Hollywood y Vine, arrestaron a una sospechosa que estaba arrancándoles las cabezas a un hato de gatitos a mordiscones y escupiéndolas a los carromatos que pasaban. Estaba completamente desnuda, manchada con manteca de maní y sangre, y se necesitaron doce oficiales para someterla.
Poco después, una pandilla de Hare Krishnas armados con motosierras y bates de béisbol, liderados por un bestial muchacho empapado de pintura de paredes color azul que declaraba ser Shiva, invadió el Centro de Cientología del Boulevard Hollywood. Recién se pudo restablecer el orden cuando aterrizó en la azotea un minicóptero del Escuadrón Táctico y bañó el edificio con gas vomitógeno.
Cuando los tipos del laboratorio estudiaron la materia gris de estos perpetradores bajo los ciberscopios, su informe resultó un tanto perturbador.
Las personificaciones eran el habitual guiso de material pirateado de los talleres minoristas, incapaz de cohesionar en algún meme plausible de sustentar un control consistente del organismo, resultando en una criatura que exudaba algo parecido a la estática sináptica, como el Abraham Lincoln de Disneylandia con algún surco reescrito por William Burroughs.
Sin embargo, el núcleo viral que estaban usando habría sido materia para el FBI o para agencias federales más drásticas, si Parker hubiese estado dispuesto a compartir la cancha con los encapuchados de Washington. ¿Cómo era posible que un rusticoide taller minorista hubiese puesto sus grasientos tentáculos en este trozo de sesoware militar?
Pregunta estúpida.
Habían clavado alguno de sus alfileres, por casualidad, en el culo de algún portador. Habían pinchado a algún espía en misión en la escalera mecánica del Beverly Center. Sin siquiera saberlo, habían muestreado a algún agente del Servicio Secreto desempeñándose en control de multitudes. Algún comando Marine había salido de licencia, para un fin de semana de borrachera y putas, y ellos lo habían capturado en el excusado.
Por el medio que fuera, el núcleo viral birlado que este taller minorista estaba revistiendo con su pútrido pegote molecular era un virus militar ultrapesado, diseñado para emplearse a corto plazo en situaciones de combate. Desconectaba los centros del dolor, y enloquecía el metabolismo, los reflejos y las neuronas sensoriales hasta el límite, pasando la línea roja, para producir una unidad militar pasada de revoluciones, capaz de atravesar las paredes durante aproximadamente doscientas horas antes de agotar sus reservas protoplásmicas.
En la aplicación militar aprobada, este núcleo era personificado con algún meme militar adecuado, dependiendo del rango y la misión. Hornblower, Flynn y Lee para inspirar al personal de mando; G.I.Joe y el Oficial Auxiliar para los leales lanceros rumiabalas. El meme de mando seguiría la directiva primordial de la misión, y las tropas se autoconsiderarían hijos heroicos de futuras madres condecoradas.
Sin personificación militar que lo civilizara, este núcleo producía algo así como un feroz guerrero vikingo después de aspirar cocaína, un organismo sobrehumano que funcionaba en un software cerebral fortuito decididamente subhumano.
Peor todavía, los rusticoides del taller minorista estaban personificando este núcleo con un emplasto base compuesto por los memes recombinados de muestras selectas, generalmente obtenidas de alfileteros humanos.
Los acontecimientos subsiguientes no fueron tranquilizadores. Un tipo vestido como el Hombre Araña pero de cuero negro se escabulló hasta la terraza del edificio de la Compañía Discográfica Capitol, para estupor de los mirones, y luego se lanzó en clavado sobre éstos, dejando un cráter de impacto bastante ensangrentado. Un travesti que semejaba una Mujer Maravilla prehistórica secuestró a mano armada un camión de gasolina, y lo condujo hasta salir volando de la rampa del cruce de carreteras de Santa Mónica, en dirección al sur por la autopista a San Diego.
Hasta ahora, eran los únicos hechos que encajaban con el modus operandi.
Esa era la buena noticia. Al menos por el momento, parecía que estos aficionados no sabían lo que tenían en su poder, o si lo sabían, ningún traficante pesado les había expropiado sus bienes aún. Es decir que todavía teníamos tiempo de desbaratar la operación, antes de que sucediera lo inevitable.
La mala noticia era lo que pasaría si no lo lográbamos. Desde el punto de vista policíaco-profesional, este alfiler podía ser un callejón de pesadilla, pero desde el punto de vista de los traficantes adinerados, sería la época de las vacas gordas. Lo único que tenían que hacer era despojar al núcleo militar de todo el pegote, personificarlo con memes como el Simio Heavy Metal, el Sedicioso del Ejército Muerto y Mike Rompehuelgas, y obtendrían un alfiler que todos los pendencieros mala entraña de los bares y todos los perpetradores profesionales cabeza de chorlito clamarían por clavarse. Que la clientela acabara cerebralmente muerta unos días después era una advertencia que, muy probablemente, no aparecería escrita en algún lugar muy visible del envoltorio.
Hay gente mala allá afuera, señor. Por eso Dios inventó a los polizontes. Piénselo.
Alguien de la central de seguro lo pensó, después de lo cual el Centro Parker comunicó al escuadrón que a menos que la operación fuese exterminada antes de tener que incluir en la fiesta a los agentes federales, el Jefe Porker accedería a los deseos de la ciudadanía y aplicaría un meme más drástico en reemplazo del Sargento Friday. Por ejemplo Heinrich Himmler, Bull Corner o el Angel Guardián.
El quid de la cuestión era: “Si para el domingo que viene no has desbaratado ese taller minorista, Friday, te encontrarás no encontrándote en absoluto”.
Bueno, Joe Friday no es más que un meme humano, señora, no desprovisto de un software que le da sentido de auto - conservación, además de verse atormentado, de cuando en cuando, por pantallazos de sus desabridos habitantes previos que lo dejan sin deseos de ser reemplazado por todavía más actualizaciones gatillofáciles de la misma calaña.
De modo que los Fridays de la fuerza hicimos lo que mejor sabíamos.
Iniciamos la pesquisa.
Vigilamos. Entrevistamos soplones. Seguimos a los chicos malos. Tarde o temprano encontraríamos un cabo suelto que nos conduciría hacia algún sitio. O arrestaríamos al tipo correcto. O nos encontraríamos con otro demonio de taller minorista que capturar.
Créame, hasta a Joe Friday lo tenía sin cuidado contemplar ese detalle. Siendo un buen polizonte que sabe trabajar en equipo, no tenía deseos de obtener la gloria de ese arresto en particular. Que un colega tenga el honor, preferiblemente alguno que esté bien seguro dentro de un transporte blindado de personal.
Resultó no ser así.
A los hechos, señora.
Estábamos circulando por el Boulevard Hollywood, varios coches atrás de un conocido traficante cuya Excalibur de armazón de neón no precisamente obstaculizaba nuestra vigilancia. Siendo jueves por la noche, el tráfico se movía libremente y las aceras estaban bastante tranquilas, es decir que, aparte de los habituales contingentes de Cleopatras con Tapado de Piel, Lagartocueros y Surfistas Nazis Adolescentes Mutantes, no estaba ocurriendo nada de interés profesional.
Esto es, hasta que mi compañero me llamó la atención sobre los acontecimientos que tenían lugar en las sombras de un puesto de tacos cerrado, en la esquina de Las Palmas. Un surfista de rubia melena con pantalones jeans recortados arrojó a una prostituta contra las persianas y estaba a punto de hundirle los dientes en el hombro.
- ¿Qué piensas, Joe?
- A mí me parece sospechoso.
- Mejor revisemos - decidí, extrayendo la General Dynamics arribabajo, que en aquellos tiempos había reemplazado a la tradicional de repetición calibre doce. El arma tenía la opción de un lanzacable capaz de dejar a un gorila neurológicamente discapacitado, o la de municiones dum-dum disparadas semiautomáticamente que podían convertir a un elefante en hamburguesas. Polizonte bueno, polizonte malo, todo en una sola empaquetadura de plástico y titanio.
- Departamento de Policía de Los Angeles, señor - anuncié claramente, disparando un dardo lanzacable en la nalga izquierda del sospechoso. El voltaje del cable habría derribado al Increíble Hulk, pero el sospechoso ni siquiera pareció notarlo hasta que llevé el reóstato al nivel donde la garantía del fabricante no cubre la mortandad.
En este punto, dejó caer a la víctima y se me vino encima escupiendo sangre. Mi compañero lo cableó en el cuello y nuestras corrientes combinadas fueron suficientes para inmovilizar al perpetrador, lo que es decir que éste se quedó donde estaba, petrificado y vibrando, pero que no cayó al piso.
- Queda usted arrestado, tiene el derecho a permanecer callado… - Procedí con la lectura de los derechos mientras mi compañero llamaba una ambulancia para la prostituta.
El sospechoso era un hombre rubio caucásico. Vestía un par de Lee Wranglers recortados. Sus señas particulares incluían un tatuaje de Elvis en el pecho, un arete nasal hecho con una anilla de lata de cerveza y una boca llena de dientes limados.
- Encaja con el modus operandi, Joe. Mejor llevémoslo a la central.
Transportar al sospechoso hasta el auto resultó ser algo así como un problema logístico. Nuestros lanzacables tenían, entre los dos, suficiente jugo como para mantenerlo inmóvil, pero ninguno de nosotros estaba dispuesto a arriesgarse al contacto físico que implicaría el hacerlo caminar manualmente.
- Mejor pidamos refuerzos, Joe. Tal vez el helicóptero grúa.
- Tengo una idea mejor, Joe - le dije, mientras hacía bajar lentamente el flujo de corriente de mi lanzacable -. Si tenemos cuidado, quizás podamos hacer caminar a este zombi.
Los ojos inyectados en sangre del sospechoso parecieron enfocar un poco. Sus músculos faciales se crisparon y retorcieron y luego avanzó un paso, tambaleándose. Disminuí el voltaje un poquitín más.
- ¿Qué pasa, amigo? - lo animé -. Todo sería mucho más fácil para usted si cooperara.
- ¡Sangre humana me como tu corazón con dientes animales!
- Pésima actitud, señor - le dije, aumentando la corriente.
- Un verdadero avispado, ¿no es cierto, Joe?
- Dénos alguna identificación - dije, aflojando de nuevo.
Tal vez fue una serie de secuencias al azar, o tal vez todavía existía en él algún tipo de sustrato capaz de responder de manera cruda a la pregunta.
- ¡DRÁCULA! ¡REY VAMPIRO DEL SUPERMERCADO PANTANO DEL HEAVY METAL! ¡ESTA NOCHE HAY SURF EN TRANSILVANIA TRANSEXUAL!
- ¿Drácula, eh? Bueno, pórtese bien, Conde, y le permitiremos que nos lleve hasta su ataúd. De lo contrario, flambearé unos ajos bajo sus uñas a la luz del amanecer.
Las palomas no tienen un cerebro anterior mucho más funcional que el que tenía el sospechoso en cuestión, pero se las puede motivar con sistemas sencillos de premio y castigo. Por lo tanto, con nuestros dardos lanzacable firmemente implantados en su carne, y con una larga serie de refuerzos negativos, logramos establecer un cierto control limitado del sujeto.
Cumpliendo con nuestra obligación, señor. ¿O es que usted prefiere a los detectives de mala muerte y sus mangueras de goma?
- ¿Dónde consiguió el alfiler, amigo? - inquirí, disminuyendo el voltajugo.
- ¡Pequeñas vidas, amo, zarigüeyas, gorgojos, camareras patinadoras altamente perturbadas, carne para el monstruo, id y multiplicáos con el primer mordisco de mi amanecer!
Zap.
- ¡Los maricones de las hojas de afeitar me obligaron a hacerlo!
Zap.
Aunque tal vez no había nada de coherencia significativa en el asiento del conductor, los datos parecían persistir. Y, con los fragmentos de memes revueltos en una conectividad aleatoria, cada descarga de corriente era suficiente para liberar una nueva explosión en algún sitio.
Como lanzarse a través de sesenta y cinco canales de TV con el control remoto en busca del informe meteorológico, señora. A veces el trabajo de la policía es como caminar en la niebla, señor.
- ¡Las Chicas del Gulag se Vuelven Locas! ¡Esclavas Sexuales del Ayatollah! ¡Cerdozombis Vampiros del Espacio Exterior!
- ¡Joe, no cambies de canal!
- ¿Tienes algo?
- Es la función triple de esta semana en el Cine Sexray de la calle Western, Joe. Lo vi cuando iba a la cervecería.
Puede que no fuera mucho para empezar, pero era la única pista que teníamos. Con el lanzacable, condujimos al Conde Drácula hasta el interior del patrullero, y nos dirigimos a la calle Western, una lonja de la frontera hollywoodiana no-yuppificada, invadida por los puestos de tacos turcos, los garitos coreanos, el tráfico nocturno para drogadictos comebasura, cervecerías con exposiciones ginecológicas y casas de películas porno.
Si la-la-landia hubiese tenido vías de ferrocarril, este sector habría estado indiscutiblemente del otro lado de ellas.
Observamos que el sospechoso, sin embargo, respondía con entusiasmo a lo que parecían ser sus guaridas familiares. “Doble porción de queso, sin anchoas y poca salsa de pescado”, gritó por la ventanilla cuando pasamos por una pizzería camboyana.
Se puso maniáticamente agitado cuando estacionamos en Western, frente al Cine Sexray. Se le dieron vuelta los ojos, babeó espuma y comenzó a azotarse contra el asiento al punto de que fue necesario un incremento de corriente para someterlo.
- ¡Hogar es horror para la tierra de los libres y el conducto de la tumba! ¡La cucarachita vive deslizándose entre los tulipanes! ¡Por favor, señor, quiero otro!
El Cine Sexray, abierto toda la noche, tres películas XXX y un cortometraje clásico del Superman Cubano en continuado, tenía una desgastada marquesina en donde el neón púrpura latía en una frecuencia de pánico, y en el siglo anterior había sido pintado de un pálido rosa pastel. Sus húmedas paredes de estuco en vías de desmoronarse tenían una costra de graffitti que ofrecía un salpiporno mutado y observaciones obscenas en catorce idiomas diferentes, ninguno de los cuales será identificado jamás.
- ¿Y ahora qué, Joe, vigilancia?
Miré el reloj.
- Sólo faltan dos horas para el final del turno. Sabes cómo se han puesto los contadores de la central en lo que respecta a las horas extras no autorizadas. Ni siquiera nos pagarán el gasto de las rosquillas.
- Entonces creo que mejor entramos a revisar. ¿Qué hacemos con el Conde?
Entrar en las instalaciones con el estorbo del sospechoso parecía ser un procedimiento policial cuestionable. Nos veríamos impedidos de usar los lanzacables, ya que cualquier disminución adicional del circuito, que por ahora evitaba que el tipo se pusiera a devorar el protoplasma más cercano a su disposición, resultaría sin duda en su desafortunada liberación.
Resolvimos el dilema conectando al Conde con el encendedor de cigarrillos. En la batería tenía que haber suficiente voltajugo para mantenerlo quieto hasta que terminara el turno.
Como no teníamos orden judicial o causa probable, nos vimos forzados a pagar la entrada y a obtener, con considerable dificultad, un recibo para que los miserables de contaduría nos reconocieran el viático, que nos fue entregado por el empleado de la boletería blindada, un individuo afro-norteamericano del tamaño y el comportamiento aproximados de un rinoceronte lobotomizado, quien nos arrojó el cambio sobre el mostrador al ritmo selvático de su propio y distante tamborilero.
El vestíbulo estaba iluminado por un solo reflector de luz negra reciclado de un burdel hippie. Lo único que quedaba en el abandonado puesto de comida era una máquina de palomitas de maíz tostado, llena de cucarachas intostadas y ahogadas en aceite rancio. Desde la oscura escalera que descendía hasta los excusados llegaba un aroma ácido a orina muerta y a luchadores vivos.
Se oían vagamente unos gruñidos embozados y unos baboseos indescriptibles que partían de la banda sonora de la película que estaban dando adentro, pero parecía preferible exponerse a cualquier cosa antes que ir a investigar a las criaturas de la verde letrina.
Subimos por un tramo de escalera oscura, atravesando un revoltijo de vida animal, y entramos en el sector del palco. En la pantalla deshilachada y veteada de gris los órganos latían en primer plano, y media docena de agentes de viaje, desparramados en las butacas, hacían lo propio bajo sus chaquetones.
Logramos llegar a la primera fila, tomamos asiento y echamos un vistazo abajo, a la platea. El público de allí consistía en alrededor de treinta individuos similares, quizás la mitad de ellos conscientes. Se escuchaban ocasionales murmullos sudorosos y gruñidos malsanos, pero los sujetos parecían pacíficos y no involucrados en actividad ilegal alguna.
- ¿Y ahora qué, Joe?
- Esperemos el espectáculo en vivo.
Nos quedamos sentados hasta que finalizó “Las Chicas del Gulag se Vuelven Locas”. Después de diez minutos de comenzada “Cerdozombis Vampiros del Espacio Exterior”, media docena de figuras oscuras se introdujeron en la platea desde atrás y comenzaron a alfiletear al público.
- ¡Están entrando!
- ¡Vamos a agarrarlos!
Corrimos a la salida y bajamos por la escalera, donde para entonces las ratas y las cucarachas lanzaban aullidos ultrasónicos en contrapunto con los horrendos sonidos que brotaban de la platea, ahogados por la mampostería divisoria hasta quedar convertidos en algo no más feroz que una festichola en un criadero de martas.
Llegamos al vestíbulo justo cuando el último escuadrón minorista desaparecía en la oscuridad de la escalera que bajaba al excusado. La idea de descender por el orificio anal de Calcuta tras ellos era algo que no hacía mucho por incentivar nuestra devoción al cumplimiento del deber.
Miré el reloj. Cincuenta y un minutos para el final del turno. ¿Que tal vez serían mejor aprovechados entregando multas por mal estacionamiento en Wilshire?
- ¡OJOS ANIMALES HERVIDOS EN SANGRE!
- ¡YO SOY EL CAPRICHOSO!
- ¡EL PUEBLO AL PODER DE LA SEXOMAQUINA DE HIERRO!
- ¡CHUPEN TRIPAS DE POLLO!
El contenido recombinado del Cine Sexray hizo erupción en el vestíbulo, aullando, farfullando y desgarrándose unos a otros, pálidos holgazanes de pornoteatro transformados en una manada de Godzillas sedientos de sangre. Hicieron añicos el vidrio del puesto de comida, despedazaron a golpes la máquina de palomitas de maíz y comenzaron a introducirse su contenido en las babeantes bocotas, lloriqueando y bufando de la manera más impúdica, mientras el movimiento browniano los arrastraba más o menos en dirección a las tiernas calles de la - la - landia.
De inmediato, la discreción se transformó en la madre del valor, ya que nuestro movimiento, decididamente más concentrado en un punto, nos llevó velozmente a descender por las escaleras del excusado hasta perdernos de vista. Hay veces en que resulta muy lógico trocar una jaqueca terminal por un estómago revuelto.
El pasillo estaba iluminado con una bombita de 40 watts, apenas suficiente para revelar los teléfonos públicos destrozados y el gato momificado que estaba crucificado con jeringas hipodérmicas contra la puerta del baño de hombres. Bajo la puerta del baño de damas había una trémula línea de luz pálida y amarillenta que denotaba la posible presencia de los perpetradores.
Cautelosamente, tanteé la puerta con el hombro.
- Está cerrada con llave.
- ¿Procedemos según el manual, Joe?
- ¿Qué otra cosa nos queda?
Apuntamos nuestras General Dynamics hacia la ofensiva puerta.
- ¡Departamento de Policía de Los Angeles - anuncié, rapeando elegantemente -, abran en nombre de la ley!
Cuando esto no provocó nada más que unos gruñidos poco cooperativos del lado de adentro, retrocedimos unos pasos y disparamos dos descargas dum - dum más o menos a quemarropa.
La puerta explotó hacia adentro en una nube de astillas voladoras y humo de cordita, bajo cuya protección nos introdujimos en el local.
- ¡Quietos!
- ¡Quedan arrestados!
- Tienen derecho a permanecer callados…
- Tienen derecho a consultar…
Las puertas de los retretes individuales habían sido arrancadas de sus goznes. Los inodoros aparecían ubicados en hilera, y el emplasto amarillento y grumoso que se apreciaba en su interior nos proveyó de la evidencia circunstancial de que los mismos estaban siendo utilizados como tanques de cultivo del virus.
Por cierto, un individuo de raza blanca ataviado únicamente con pantaloncitos de jockey y una gorra de los Dodgers con la visera hacia atrás, en posición de catcher, estaba dedicándose a sumergir un carnoso puñado de alfileres dentro de uno de los inodoros.
Había otros seis sospechosos presentes. Un sujeto afro-norteamericano vestido con botas hasta los muslos y una ensangrentada túnica de Hare Krishna. Un Lagartocuero con un destornillador Philips atravesado desprolijamente en el lóbulo de la oreja izquierda. Un Cowboy del Boulevard Hollywood succionando ávidamente del pescuezo de una paloma decapitada. Un individuo que no tenía puesto más que la mugrienta parte superior de un disfraz de gorila. Algo enorme y cubierto de pelo, barba y bolsas plásticas de lavandería, que tenía aferrado un bate de béisbol tachonado de hojas de afeitar.
Sentada sobre las baldosas blancas manchadas de orina y rodeada de harapientas planchas de embalaje de espuma, en posición de medio loto y bien erizada de alfileres, había una criatura esquelética con ojos como platillos voladores y trenzas grises que hacía mucho tiempo habían sido entrelazadas con rabos de ratas en descomposición. Lucía una manchada remera de Bart Simpson sobre cuya impronta se habían garrapateado con sangre, crudamente, las palabras “¡Charlie Vive!”. Sus piernas huesudas y fibrosos brazos estaban repletos de lo que parecían ser alfileres del producto.
- ¡Bienvenidos a la Jaula Darwiniana de los Monos del Aullido de Hierro! - nos farfulló en jerigonza, enterrándose otro alfiler en el glúteo.
- ¿Qué piensas, Joe?
- A mí me parece que es la Gran Enchilada.
- ¡Soy los Hijos de la Noche!
- Seguro, amigo - dije, sacando prontamente las esposas.
- ¡Hombre de la puerta trasera! ¡La gente come lo que las ratas no entienden!
- Puede contárnoslo todo en la central, señor.
- ¡A troche y moche, mis corazoncitos! ¡Chupen sangre de cerdo! - chilló, agarrando un puñado de alfileres y clavándoselos en la parte superior de la cabeza.
Se nos vinieron encima, desenvainando oxidados cuchillos de monte, ganchos de estibador, barretas de hierro, botellas rotas de Perrier, media tonelada de carne cruda y más, bamboleándose, tambaleándose, tropezándose y brincando hacia nosotros con indudables intenciones ilegales.
No disparamos balas innecesarias. Teníamos causa probable de presunción de resistencia al arresto, Teniente, está todo en el informe.
Sin implicar un aval a productos ilegales, señora, hay que reconocer la eficiencia de la General Dynamics en esta situación táctica.
El Lagartocuero explotó en una nube voladora de mercadería selecta de McDonald’s. El disfrazado de gorila, después de que le volamos la cabeza contra la pared del retrete, se balanceó hacia adelante varios pasos para luego caer al piso contorsionándose, sacudiéndose y manando coágulos. El Hare Krishna alcanzó el sushi satori en la mitad de un mantra. El Cowboy de Hollywood llegó al Paraíso de las Hamburguesas. Le di al fanático de los Dodgers cuando salía del retrete y envié la mitad de su cuerpo de vuelta al interior del inodoro.
El monstruo de las bolsas de lavandería, no obstante, había retirado la parte superior del cráneo de mi compañero con su bate de béisbol tachonado de hojas de afeitar, y se encontraba escarbándolo con la lengua y los dedos.
A nadie le gusta un mata-polizontes, señor, y la ineptitud de los jueces a la hora de emplear la cámara de gas en casos semejantes, como Dios manda, no ayuda a fomentar un excesivo autocontrol en tales circunstancias, señora. Está todo en el informe, Teniente. Le inserté el caño de mi arma entre las nalgas y le volé el culo.
El excusado estaba ahogado en humo químico. Unos glóbulos de sangre primorosamente divididos aún estaban atravesando el proceso de precipitación desde la atmósfera en Primera Etapa de Alerta de Smog. El cuarto reverberaba como el interior de un tambor jamaicano. Toda clase de partes de cuerpos, depositadas en icorosas charcas rojas, despedían sangre a chorros y sufrían espasmos. Sesos e intestinos se escurrían por las paredes.
El supuesto cabecilla todavía estaba sentado en su lugar, enterrando puñados de alfileres en su anatomía y farfullando incoherencias, aparentemente indiferente a los restos de sus colegas que le chorreaban por el corpus como cerveza Heinz extra-espesa.
Un panorama repugnante, Teniente, pero era el único arresto de la ciudad, y no había otro que lo hiciera.
Las esposas quedaban definitivamente contraindicadas, viendo cómo los puños del sospechoso agitaban varias docenas de muestras gratis surtidas de los mismos alfileres que habían precipitado esta intervención policial. En consecuencia, mantuve una distancia adecuada y le disparé un lanzacable en el plexo solar.
Elevé el voltajugo hasta el nivel hacha, a fin de dejar al sospechoso en coma mientras regresaba al patrullero para asegurarme la presencia de un camión frigorífico y refuerzos, pero él no perdió el conocimiento. En cambio, sus ojos empezaron a dar vueltas asincrónicamente al tiempo que algunos músculos temblequeaban y se sacudían al azar, mientras continuaba desvariando.
- ¡Alfileres a las pústulas del lagartoware del cementerio! ¡Convoco a los monos mueleorgones recombinados de la máquina de agujeros negros para que lo consideren como la evolución en acción!
Cada pocos fonemas, la voz del sospechoso variaba de timbre, tono, volumen, ritmo y cadencia, produciendo el efecto de una cotorreante multitud de maniáticos babosos inyectados con púas de tocadiscos al azar.
No había duda de que esta era precisamente la naturaleza de la bestia, con el carneware completamente infectado de memes fragmentados y recombinados al punto de que el único sistema operativo del tablero de control era la voz del remolino neurológico que hacía chasquear las sinapsis sin ton ni son en la gama de los bajos.
Aun así, se me ocurrió que sería posible obtener del sospechoso alguna frase coherente, empleando el método utilizado para interrogar al Conde. Puesto que ya le habíamos leído sus derechos, el testimonio adquirido resultaría admisible en la corte.
- Muy bien, amigo, ¿quiere hablarme de eso? - dije, aplicándole una carga de corriente que le hizo despedir humo por las orejas -. No puedo prometerle un jardín de rosas, pero será mejor considerado en la corte si el informe dice que usted cooperó.
- ¡El caos es el enemigo del orden! ¡Haz lo que yo! ¡Deja que tus memes caminen al ritmo de la música de las esferas colectivas de Belcebú! ¡Inclínate ante Elvis!
- ¿Está usted tratando de decirme que este es sólo otro culto loco de la-la-landia, señor?
- ¡Obligamos al Diablo a hacerlo! ¡La Fuerza está con nosotros! ¡Considérenlo como la fabricadora de salchichas de la evolución en acción!
- No me venga con toda esa farsa prigogenética, amigo - le dije, poniéndole otra descarga -. No me venga con esa cháchara sobre el estado superior de conciencia que emerge al remezclar el equipo neurológico de Mandelbrot. Soy un oficial de policía profesional, señor, y todo eso ya lo escuché antes.
Por supuesto que lo había escuchado. De boca de todos los clavalfileres de los bajos fondos que alegaban ser los agentes secretos de la evolución. Sólo cumplo con mi deber, oficial. ¡No se puede hacer una evolución sin romper algunos huevos milenarios!
Incluso he oído que tales villanos callejeros presumen de sugerir que el mismísimo Joe Friday no es más que un meme con placa y cachiporra que mantiene un orden inestable en las cazuelas de sesos de la fuerza policial, cuyo carneware ya está absolutamente saturado de restos de programas de personalidad anteriores.
“Mike Hammer, Wyatt the Kid, Bull Tracy, y toda la dotación sobrehumana del Palacio Porker son los fantasmas de tu máquina, Friday”, tuvo la temeridad de mofárseme uno de estos malandrines antes de ser silenciado con un tiro breve y certero. “La policía encuentra sus propias aplicaciones”.
Aun así, había algo acerca de su modus operandi que parecía requerir mayores investigaciones. Los sospechosos habían alfileteado al público de la platea sin que existiera transferencia de papel moneda. ¿Esa era forma de llevar adelante una operación de alfileteado? Que sus genes patrióticos no se sientan ultrajados, señor, pero esto tenía visos de… bueno, comunista.
- ¿No será usted alguna clase de agente secreto bolchevique, contaminando nuestros fluidos vitales cerebrales, para convertir al cuerpo político en una diluida sopa lumpenproletaria y servírsela a sus amos secretos del Instituto Pavlov, verdad, amigo? - inquirí, dándole una sacudida que dejó a su cuerpo con el mal de San Vito y aceleró hasta un chillón y sincopado 78 el giradiscos de su balbuceo.
- ¡Eres lo que te come tú pero más soldados vampiros del primer terror del amanecer canto el Batiubermensch con sabroso baño de azúcar cerebral! ¡Toda tu vida has esperado la llegada de este momento!
Ciertamente, no de ese momento, señor, cuando algo me agarró por detrás y, gruñendo y babeando, me hundió los colmillos en la nuca.
- Te dolerá solamente por mil años de garras al rojo vivo - prometió el cabecilla -, y después… ¡Cuchilla Eterna!
Giré a la derecha, arrancando el cuello de las pinzas ofensivas, no sin perder un suculento bocado de mi propio protoplasma personal, empuñando la General Dynamics para hacer efectivo el procedimiento policíaco terminal.
- ¡EL PEQUEÑO ASESINA AL AMO! ¡UN MORDISCO ME AGRANDA UN MORDISCO TE DEJA POR EL SUELO! ¡PERO LOS SESOS QUE MAMA TE DIO QUEDAN CONTRA LA PARED!
Indudablemente, algún mono engrasado del depósito de patrullas había vuelto a instalar en mi auto una batería espuria reacondicionada, en lugar de la batería ultrapesada multiclima que requerían claramente las especificaciones. El desafortunado resultado ahora se encontraba ante mí, con ira en los ojos y mi sangre en los labios, amén de que ahora yo también iba a tener que empujar el auto. Escatiman en gastos insignificantes y después derrochan a lo grande, Teniente.
Tratando de agarrarme de nuevo estaba el Conde, liberado de su conexión electrónica con el encendedor debido a la defunción de la batería, babeando mazacotes rojizos de mi propia flor y nata, y evidenciando claramente y a todo pulmón su deseo de mayores intenciones dañinas.
Al mismo tiempo que jalaba el gatillo, me di cuenta de que mis movimientos habían desprendido del cuerpo del cabecilla el lanzacable de mi arma, pero para entonces Joe Friday parecía haber desaparecido, gracias a los ponzoñosos alfileres que el Conde había incrustado en mis tiernas carnes.
A los hechos, señora. El contenido recombinado de los inodoros que chorreaba de los colmillos del Conde había mutado hasta convertirse en algo vampíricamente infeccioso.
Mientras el Conde explotaba en gazpacho, sentí múltiples picaduras de insectos en la espalda. Estiré los brazos y me arranqué un puñado de alfileres.
Al tiempo que lo hacía, sentí otra descarga, y al darme vuelta recibí un beso de alfileres en la boca, todos provenientes de los puñados que me estaba arrojando con ambas manos el único cuerpo caliente que quedaba.
- ¡AHORA ES LA HORA DEL TODO O NADA! ¡ESTE CHANCHITO SE VA A COMPRAR LOS DROGAVINCULOS DE LOS MUERTOS VIVOS! ¡CONSIDÉRALO COMO SESOMURCIELAGOS VAMPIROS EN ACCIÓN!
No sé quién se apoderó de mí, señora. Quienquiera que haya sido, parecía bastante malhumorado, señor, no sin causa probable, entienda, Teniente.
- Gracias, señor, pero acabo de terminar mis labores - le dije -, aunque ahora que lo menciona, me vendría bien una comida caliente.
Así diciendo, pateé al perpetrador en la entrepierna, al tiempo que le disparaba una balacera derecho a la quijada, la cual hizo volar dientes ensangrentados, con la reconfortante sensación de haber lanzado una bola rápida a lo Nolan Ryan, con un fuerte golpe, a la esquina izquierda del campo de juego.
Me arrastré y coloqué mis rodillas sobre su pecho con un encantador sonido a costillas rotas y lo agarré de la garganta con mis garfios de carne, provocando en el sujeto resuellos y gorgoteos mientras le aplastaba la cabeza contra los ensangrentados mosaicos del piso. Estos gargarismos indecorosos, para no mencionar lo que le chorreaba de la nariz y la boca, poco hicieron por sofocar mi ira, señor, y continué quebrándole el coco contra el piso del excusado hasta que despidió su carne y su leche, las cuales comencé entonces a devorar ávidamente.
Es un trabajo sucio, señora, pero alguien tiene que hacerlo. Tuvimos que comernos los corazones y las mentes de la aldea global para salvarla, ¿no es cierto, Teniente? No se puede enseñar a una cotorra los procedimientos policíacos apropiados sin chupar unos huevos.
¿Quién se apoderó de mí? ¿Mike Hammer? ¿Jack el Cuchillo? ¿Mil años de series policiales levantadas de programación? ¿Mensajes espiritistas del Tío Charlie y sus Comandos de la Muerte en Autitos Playeros? Todos somos fortachones sin seso en este ómnibus, señor, hay ocho millones de historias en la ciudad desnuda, y esta fue una de ellas.
¿Usted no?
Sin embargo, cuando la alarma de mi reloj señaló el final del turno, y yo me encontraba engullendo materia cerebral que recogía del piso del baño, Joe Friday consideró necesario enviar a los muchachos de vuelta al cuarto trasero y tomar el control. Hasta La Flor y Nata de Los Angeles tiene sus avispados, y podía imaginarme las chanzas de las que sería objeto en el escuadrón si me presentaba con esta facha.
Desde luego que los chicos del escuadrón podían llegar a adoptar actitudes diferentes del procedimiento policíaco apropiado si se les otorgaba el beneficio del virus vampiro que ahora latía alegremente en mis venas. Todos vivimos en tu Submarino Blanco y Negro, me dijo un fragmento de personificación, y a los Despreciables Azules también les iba a venir bien brincar un poco entre los tulipanes.
Considérelo como que yo estaba cumpliendo con mi obligación ante lo más granado de la evolución en acción, Teniente. Piense en las madres condecoradas cuya patriótica ensalada cerebral pereció para llenar mis colmillos con las personalidades policíacas más selectas de Los Angeles, un Seleccionado Estrella de legendarios esbirros de la ley.
¿Quedará Mike Hammer fuera de programación para siempre? ¿Jamás volverán Doc y Wyatt a ver otro Corral OK? ¿Sucumbirá el ángel vengador de Bronson bajo el hacha de Nielsen? ¿Acaso Bernie Goetz no asesinó por nuestros blancopálidos pecados liberales?
No tema, señor, contengo multitudes sindicalizadas, y muy pronto las reposiciones de programación encontrarán su fe en mí. La Flor y Nata de Los Angeles, pero más, mucho más, entienda, defendiendo la ley y el orden como Dios manda, suministrándole exactamente lo que usted necesita para dormir plácidamente en su ventajoso condominio cuando el sol rojo sangre se va escurriendo por el banco de smog.
Considérelo un procedimiento policíaco apropiado en acción, señora. Piense en el Sargento Joe Friday, allá afuera, con los muchachos azules de la Noche del Centro Parker.
Es un trabajo sabroso, señora, pero alguien consigue hacerlo.
Esta historia es verdadera.
Su cerebro ha sido alterado para proteger mi inocencia.


FIN

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Friday, February 1, 2008

FLUJO // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

FLUJO // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

FLUJO

Max File se echó hacia delante y dirigió una pregunta impaciente hacia el compartimento del
conductor.
—¿Cuánto falta para que lleguemos? —Luego recordó que aquel coche no tenía conductor.
Normalmente, como comandante en jefe de la Fuerza Nuclear Defensiva Europea, se permitía el
lujo de un chófer, pero aquel día su lugar de destino era secreto y ni siquiera él lo sabía.
El plan de ruta estaba guardado en la computadora del controlador automático del vehículo.
Se retrepó en el asiento, considerando que era inútil preocuparse.
El coche dejó la Ruta Principal como unos ochocientos metros antes de llegar al circuito
central de tráfico, que lanzaba vehículos y mercancías al sistema urbano circundante como una
gigantesca rueda giratoria. El coche se dirigía a los sectores más viejos de la ciudad, los más
próximos al suelo. File agradecía esto, aunque no se lo confesase a sí mismo. Sobre él seguía
aún aquel zumbar que abarcaba todo el horizonte y aquel vibrante murmullo de aquel paraíso
de ingenieros, pero era, al menos, más difuso. El ruido era de igual intensidad, pero más
caótico. Y a File le resultaba por ello más agradable. El coche se vio obligado a detenerse por
dos veces, ante las densas avalanchas de peatones que brotaban de las estaciones ferroviarias
públicas a presión, las caras crispadas y sudorosas, camino del trabajo.
File se mantenía impasible en estas paradas, aunque ya iba con retraso a la reunión. ¿Qué
sentido podía tener, se preguntaba, aquel Gargantúa que se asentaba aullando sin cesar, sobre
el continente? Jamás dormía; nunca cesaba de aullar, orgulloso, su propio poder. Y por muy
benévola que Europa fuese hacia sus cientos de millones de habitantes, no había duda de que
estos eran, todos y cada uno, sus esclavos.
¿Cómo habría surgido, cuál sería su fin? El exceso de desarrollo era ya tan notorio
internamente que los seres humanos apenas encontraban sitio para vivir allí. Mirando desde el
espacio, pensaba, no debían verse seres humanos. Debía parecer sólo una máquina de
movimientos rápidos y maravillosa potencia, sin ningún objetivo.
Max File no tenía gran fe en la capacidad de la Comunidad Económica Europea para
prolongar indefinidamente su existencia. Se había desarrollado muy deprisa, pero lo había hecho
sola, sin las ventajas de una planificación humana racional. Por eso podían percibirse ya,
pensaba, las semillas del derrumbe inevitable.
Pacientemente, el coche se lanzó a toda marcha a través de la multitud, enfiló un canal
despejado y siguió luego su complicada ruta. Más tarde, se abrió camino por un laberinto de
señales, direcciones y cruces elevados antes de parar frente a un pequeño edificio de tres
plantas que poseía un áspero pero sólido sello de autoridad.
Había guardias a la entrada, claro indicio de la gravedad de la emergencia. File fue escoltado
hasta la quinta planta. Allí le hicieron pasar a una cámara sin ventanas, con artesonado de
madera e iluminación agradable y pródiga. En la mesa oval se había reunido ya el gobienro de la
Comunidad Económica Europea, que esperaba silencioso su llegada. Los ministros alzaron la
vista cuando entró.
Constituían un grupo extrañamente tranquilo y serio, con sus clásicos trajes, todos oscuros,
el papel en blanco ante ellos en limpios cuadrados. Predominaba una atmósfera de prudente
contención. La mayoría de los ministros sólo dirigieron a File cabeceos distantes cuando entró y
luego bajaron parcamente los ojos, como antes. File devolvió los cabeceos. Les conocía a todos,
aunque no íntimamente. Todos tendían siempre, por alguna razón, a guardar las distancias con
él, pese a la elevada posición de que disfrutaba… y a la que parecía destinado desde la niñez.
Sólo el primer ministro, Strasser, se levantó a darle la bienvenida.
—Siéntese File, por favor —dijo.
File estrechó la mano que le ofrecía el viejo y luego se dirigió a su sitio. Strasser empezó a
hablar de inmediato; era evidente que pretendía que la reunión fuese breve y fructífera.
—Como todos sabemos —empezó—, la situación en Europa ha llegado al borde de la guerra
civil. Sin embargo, la mayoría de nosotros sabe también que no estamos hoy aquí para analizar
un plan de acción. Me dirijo especialmente a usted, File. Estamos aquí para comprender nuestra
posición y para proponer una misión.
Strasser se sentó e hizo un gesto protocolario al individuo que estaba a su derecha. Standon,
pálido y huesudo, inclinó la cabeza hacia File y dijo:
—Cuando nos sentamos por primera vez a analizar este problema, pensamos que no difería
de las demás crisis de la Historia… consideraríamos primero los objetivos y la intención de las
facciones políticas y económicas enfrentadas, y luego, decidiríamos a quien respaldar y a quien
combatir. Pronto descubrimos nuestro error. Comprendimos primero que Europa es sólo una
entidad política, no una entidad nacional, con lo que desaparécela la base más elemental de
actuación. Luego intentamos abarcar todo el sistema que consideramos Europa… y fracasamos.
¡Europa es inviable como una economía industrial!
Hizo una pausa y pareció brotar justo debajo de la superficie de su cara una extraña
emoción. Se agitó inquieto y siguió luego con tono más firme.
—Somos el primer gobierno de la Historia que tiene conciencia de no saber controlar los
acontecimientos y está dispuesto a admitirlo. El continente que tenemos a nuestro cargo se ha
convertido en el fenómeno más descomunal, complejo y tenso que haya existido jamás en la
superficie del planeta. No sabemos controlarlo, como no sabemos controlar el mecanismo que
rige el crecimiento de un organismo vivo concreto. Algunos somos de la opinión de que la
industria europea se ha convertido en realidad en un organismo vivo… pero un organismo que
no tiene la sensatez y la certeza de un buen desarrollo que tiene un organismo natural. Nació al
azar y siguió luego sus propias leyes. Hay uno entre nosotros —indicó al severo Brown Gothe,
que se sentaba al otro lado de la mesa— que compara a Europa con un cáncer.
A File le pareció curiosa la gran similitud que había entre las conclusiones del ministro y sus
propios pensamientos de unos minutos antes.
—Europa sufre de compresión —continuó Standon—. Todo está tan presurizado, energías y
procesos están tan sólidamente apoyados unos en otros, que todo el sistema se ha fundido en
un plenum sólido. En el plano político, no hay sencillamente espacio para maniobrar. No
podemos determinar, por tanto, el curso de los acontecimientos ni por computación ni por
cálculo ni por sentido común, y no podemos conocer las consecuencias de ninguna acción
determinada. En suma, ignoramos por completo el futuro, participemos o no en él.
File echó un vistazo a los reunidos. La mayoría de los ministros aún contemplaban
pasivamente sus cuadernos de notas. Uno o dos, con Strasser y Standon, le miraban
expectantes.
—Yo he llegado a la misma conclusión —dijo—. Pero supongo que habrán decidido ustedes
algo.
—No —dijo vigorosamente Standon—. Esa es la base del asunto. Si las cosas estuviesen tan
claramente definidas, no habría este problema… no tendríamos más que elegir uno de los dos
campos. Pero no hay dos facciones… hay tres o cuatro… tres o cuatro, con más de fondo. La
idea misma de qué es mejor pierde sentido cuando no sabemos lo que va a pasar. Lógicamente,
el único criterio de lo indeseable es la destrucción de la Comunidad, pero incluso en tal caso,
¿quién sabe? Quizá nuestro crecimiento haya llegado a ser tan monstruoso que no tengamos ya
posibilidad de seguir existiendo. No hay ideales que nos guíen y, en cualquier caso, ya no hay
una dirección deliberada en lo que a Europa se refiere.
Standon apartó los ojos de File y pareció meditar un instante.
—Podían añadir —dijo—, que después de disponer de varias semanas para pensar sobre el
asunto, opinamos que ha sucedido siempre esto en los asuntos políticos. Lo que le dio al
estadista del pasado la ilusión de que tenía libertad para determinar los acontecimientos, fue
sólo el que quedaba espacio libre aún para maniobrar. Ahora ya no lo hay, y la ilusión se ha
disipado, y nos damos cuenta de nuestra impotencia, y todo resulta mucho más aterrador, al
mismo tiempo.
Hizo otra pausa, se encogió de hombros, y luego continuó:
—Por ejemplo, Europa, debido a su inmensidad, podría absorber gran número de explosiones
nucleares de fusión y seguir funcionando. No hace falta que añada que, en el momento actual,
puede adquirir tales armas cualquier empresa grande. Creemos incluso que hay algunas bombas
de pequeña potencia en manos de grupos minoritarios.
File reflexionó con la mayor tranquilidad posible. De pronto, la crisis había saltado los límites
de las consideraciones prácticas para caer en los dominios de la filosofía. Parecía absurdo, pero
no cabía más que admitir el hecho.
File apreciaba la cautela de aquellos hombres tan serenos. Temía como ellos la tiranía, pero
había muchas advertencias en la Historia contra las medidas preventivas precipitadas. Fue para
evitar la tiranía para lo que asesinaron a César los conspiradores, y al cabo de unas horas, las
consecuencias de su estúpida acción habían sumergido al estado en un caos aterrador peor aún
de lo que ellos habían imaginado. Los ministros tenían razón: no había lo que llaman voluntad
libre, y el estado sólo era manejable si era tan simple como para no salirse nunca de sus raíles.
—Supongo que se habrá hecho todo lo posible por intentar determinar el curso de los
acontecimientos —dijo—. Que se habrá recurrido a la cibernética…
Standon le dirigió una sonrisa tolerante.
—Se ha hecho todo —dijo.
Como si esto fuese una clave, habló un tercer hombre. Appeltoft, cuyo sector concreto era el
de la ciencia y la tecnología, era más joven que los otros y algo más apasionado. Alzó la vista
para dirigirse a File.
—Nuestra única esperanza estriba en destruir a tiempo como se estructuran los
acontecimientos… esto puede parecer sumamente teórico, considerando que se trata de un
problema grave y real, pero así están las cosas. Con el fin de emprender una acción eficaz en el
presente, es necesario que conozcamos antes el futuro, y esta es la misión que pensamos
encomendarle a usted. El Complejo Investigador de Ginebra ha descubierto un medio de
depositar a un hombre unos cuantos años en el futuro y volverle a traer. Le enviaremos a usted
a diez años en el futuro para que descubra qué va a suceder, cómo van a evolucionar los
acontecimientos. Luego volverá usted, y nos informará de lo que descubra y utilizaremos esa
información para encauzar nuestras acciones y también para analizar, científicamente, las leyes
que rigen el discurrir del tiempo. Esperamos dar así con un método de gobierno humano que
puedan utilizar las generaciones futuras y eliminar, quizás, el elemento azar de los asuntos
humanos.
A File le impresionaba mucho aquel método tan directo y tan poco convencional que había
adoptado el Gabinete para resolver su dilema.
—Saldrá usted inmediatamente —le dijo Appletoft, interrumpiendo sus pensamientos—.
Después de esta conferencia, volaremos usted y yo a Ginebra, donde los técnicos tienen
dispuesto el aparato.
Y añadió, con una sombra de amargura en la voz:
—Hubiese preferido ir yo mismo, pero… —se encogió de hombros e hizo un débil gesto de
decepción, indicando al resto del Gabinete.
—Una pregunta —dijo File—. ¿Por qué me han elegido a mí?
Los ministros se miraron. Habló Starsser.
—El motivo es su educación, Max —dijo respetuoso—. Las dificultades con que nos
enfrentamos ahora empezaron a aparecer hace una generación. El gobierno de entonces decidió
educar a un pequeño grupo de niños según un nuevo sistema pedagógico. El propósito era
lograr individuos capaces de comprender con detalle y abarcar la inmensidad de la civilización
moderna, a través del aprendizaje compulsivo de cada materia. El experimento fue un fracaso.
Todos los compañeros suyos perdieron la razón. Usted sobrevivió, pero no se convirtió en el
producto que habíamos previsto. Para impedir un desequilibrio mental se eliminó, en su caso,
por medios hipnóticos, gran parte de la información inoculada. El resultado es usted tal como
es: un super-diletante, con una profunda curiosidad y una capacidad realmente grande de
mando. Le asignamos el puesto que ostenta en la actualidad, y nos olvidamos totalmente de
usted. Ahora es la persona ideal para nuestros propósitos.
File sintió un sobresalto en su interior: sobre todo porque aquel relato coincidía
perfectamente con sus propias sospechas respecto a sus orígenes. Consiguió recuperarse de la
sorpresa y no sumergirse en la introspección.
—Así que fui el único que consiguió superarlo. No entiendo por qué.
Standon miró fijamente a File a la tenue luz. Una vez más aquella extraña capa de emoción
pareció agitarse en él, por debajo de sus rasgos, pero sin afectar a los músculos ni a la piel.
—Por su tenacidad, señor File. Porque suceda lo que suceda, tiene usted capacidad para dar
con una salida.
File salió del edificio aún más consciente de sus especulaciones que antes. Appletoft salió con
él, y el coche les llevó suavemente hacia el centro aéreo más próximo.
Ahora tenía ya un clavo del que colgar sus pensamientos. El orden de sucesión del tiempo.
Sí, no había duda de que la explicación de los titánicos fenómenos a través de los cuales le
estaban llevando, se hallaba en el orden de sucesión del tiempo.
Miró a su alrededor, comprobando lo literalmente cierto que era lo que acababan de
explicarle los ministros.
Tras la formación de la Comunidad Económica, a la que acabaron incorporándose todos los
países europeos, había aumentado fantásticamente la capacidad del continente. El desarrollo
económico se había potenciado tanto, que llegó a hacerse imprescindible apuntalar toda la
estructura desde abajo. Poco a poco, este apuntalamiento llegó a hacerse inmenso, hasta que la
Comunidad quedó ligada al suelo, un monstruo rígido e inmutable, canturreando y bramando de
energía.
No se había materializado siquiera la airosa promesa arquitectónica del siglo anterior. Las
construcciones ante las que pasaba el vehículo tenían un aire de pesadez wagneriana y
bloqueaban la luz del sol.
Se volvió a Appletoft:
—Así que dentro de una hora estaré a diez años en el futuro. ¡Es una proposición absurda!
Appletoft se echó a reír, como para indicar que percibía la paradoja.
—Pero, dígame —continuó File—. ¿Ignoramos la naturaleza del tiempo hasta el punto que
me dijo y podemos llegar, sin embargo, a viajar en él?
—Sabemos más de lo que usted cree sobre la naturaleza del tiempo, lo que ignoramos es su
estructura y su orden —le explicó Appletoft—. Lo que nos permite transmitir a través del tiempo,
no nos da ninguna clave de esto… en realidad, nos indica que no hay orden de sucesión en el
tiempo, lo que es prácticamente absurdo.
Appletoft hizo una pausa. Su actitud hacia File hacía pensar a éste que el científico aún no
aceptaba la idea de que no le dejasen ser el primero que viajase en el tiempo, aunque intentase
ocultarlo. File no se lo reprochaba, desde luego. Cuando un hombre ha trabajado fanáticamente
por algo, debe ser un golpe serio ver que un completo desconocido se aprovecha de los frutos
de su trabajo.
—Persisten dos teorías —continuó al fin Appletoft—. La primera, que es la que yo apoyo, es
el enfoque racional de sentido común: pasado, presente y futuro sucediéndose en una línea
interminable, en la que cada acontecimiento tiene una posición definida. La idea no se ha
prestado, por desgracia, a la formulación matemática. La otra idea, que sostienen algunos de
mis colegas, es la siguiente: El tiempo no es en absoluto un flujo que avanza hacia delante.
Existe como una constante: todas las cosas están sucediendo en realidad al mismo tiempo, pero
los seres humanos aún no han logrado percepciones innatas que les permitan verlo así.
Imagínese un escenario circular con una sucesión de elementos desarrollándose en torno,
representando, digamos, periodos de la vida de un hombre. En ese caso, los interpretarían
distintos autores, pero, en la realidad del tiempo, es el mismo hombre quien interpreta todos los
papeles. Según esto, una alteración de una escena afecta a todas las escenas subsiguientes, en
circulo completo hasta el principio.
—Así que el tiempo es cíclico… ¿lo que hagas en el futuro puede influir en tu pasado futuro,
como si dijésemos?
—Sí, según la teoría… Se han deducido algunas fórmulas, pero no son totalmente correctas.
Todo lo que sabemos, en realidad, es que podemos llegar a depositarle a usted en el futuro y
probablemente volver a traerle.
— ¡Probablemente! ¿Han tenido fallos?
—El 33 por ciento de los animales que utilizamos en los experimentos no volvieron —dijo
tranquilamente Appletoft.
Desde el centro aéreo, tardaron menos de una hora en llegar al complejo investigador de
Ginebra. Desde el receptor aéreo del tejado, Appletoft le condujo hasta los laboratorios
subterráneos, recorriendo un trayecto de casi un kilómetro hacia abajo. Por último, sacó del
bolsillo una anticuada llave-cadena, unida a una pequeña radio-llave. Accionó el mecanismo y a
unos metros de ellos se abrió una puerta.
Entraron en una cámara pintada de azul con las paredes cubiertas de lo que parecían
entradas de programas computados. Allí estaban esperando varios técnicos vestidos de blanco.
En el centro de la habitación había una silla, instalada sobre un pedestal. Un pequeño brazo
giratorio contenía una cajita con indicadores e instrumentos sobre las superficies externas. Pero
lo más notable eran tres barras traslúcidas que parecían irradiar desde detrás de la silla, una
dirigida totalmente en linea recta hacia arriba, y las otras dos en ángulos rectos a ambos lados.
El suelo estaba cubierto de bastidores en los que se apoyaba una red de hélices y canales
electrónicos semiconductores, que salían de la silla como tela de araña. File intentó interpretar
la instalación en la jerga seudocientífica, que era su medio de comprender la tecnología
contemporánea. Electrones… indeterminación. .. ¿para qué serían aquellas tres varillas?
—Este es el aparato de transmisión en el tiempo —le dijo Appletoft sin preámbulos—. El
aparato concreto permanecerá aquí en el presente: sólo se transmitirá en el tiempo esa silla,
con usted encima.
—¿Así que lo controlarán todo ustedes desde aquí?
—No exactamente. Será un “vuelo potenciado”, como si dijésemos, y llevará usted los
controles. Pero la unidad energética seguirá aquí. Si la misión se complica, puede que podamos
hacer algo y puede que no. Probablemente ni siquiera lo sepamos. Las tres varillas acopladas a
la silla, representan las tres dimensiones espaciales. Cuando giren fuera del verdadero espacio,
empezará el movimiento en el tiempo.
Cruzando con cuidado entre los bastidores, llegaron a la silla. Appletoft explicó para qué
servían los controles y los instrumentos.
—Este es el indicador de velocidad… no podrá usted controlarlo, es todo automático. Este
mando de aquí es el de “parada” y “arranque”… está indicado, como puede ver. Y éste indica el
punto en el tiempo que ocupa usted, en años, días, horas y segundos. Todo lo demás está
programado. Como ve, ahora el marcador indica cero. Cuando llegue usted, indicará
aproximadamente diez años.
—Unidad de tiempo, ¿verdad? —repuso File—. Lo que podría tener dos significados, según lo
que acaba usted de explicarme.
—Es usted astuto —dijo Appletoft con un cabeceo—. Desde un punto de vista pragmático, mi
visión pesonal del tiempo en línea recta está más próxima al funcionamiento del transmisor
temporal. Y, de cualquier modo, es más fácil de entender.
File estudió el aparato, casi un minuto, sin decir palabra. El silencio se prolongaba. Aunque él
no se diese cuenta, crecía la tensión.
—Bueno, no podemos seguir así eternamente —cortó Appletoft con súbita ferocidad—.
¡Pongamos en marcha este trasto! ¡No disponemos de todo el día!
File le miró con perplejo reproche.
—Perdóneme —dijo Appletoft tranquilizándose—, pero si viese usted la envidia que le tengo.
Será el primero que tenga oportunidad de descubrir el secreto del tiempo, que es el secreto del
universo mismo.
Bueno, pensó File, contemplando la cara vivaz y flaca del joven ministro, si hubiese tenido su
resolución, podría haber sido un científico y haber hecho descubrimientos en vez de ser un
diletante de mierda.
—Un diletante —murmuró en voz alta.
—¿Eh? —dijo Appletoft—. Bueno, adelante, empecemos.
File se colocó en el asiento de la parte posterior de la silla. Unas lentes de cámara apoyadas
en los hombros.
—¿Sabe usted lo que tiene que buscar? —preguntó por fin Appletoft.
—Por supuesto. Además… tengo tantas ganas de ir como usted.
—Entonces de acuerdo. La máquina está lista. Presione la palanca de “puesta en marcha”.
Pasará automáticamente a “parada” al final del viaje.
File obedeció. Al principio no pasó nada. Luego le dio la impresión de que las varillas
traslúcidas, que podía ver por el rabillo del ojo, giraban en el sentido de las agujas del reloj,
aunque no pareciesen cambiar de posición. La estancia parecía girar al mismo tiempo en
dirección opuesta… se trataba de nuevo de movimiento sin cambio de posición.
El efecto era exactamente como el de haber bebido demasiado. File se sentía mareado. Miró
el indicador de velocidad. Un minuto por minuto… ¡marcando tiempo! Uno y medio, dos…
El laboratorio se esfumó con un extraño parpadeo. Estaba en una neutra niebla gris,
abandonado a las sensaciones.
La primera sensación fue la de que participaba en el movimiento rotatorio… que le impulsaba
con fuerza hacia la izquierda. Al aumentar su ángulo con la vertical, aumentó la segunda
sensación: un impulso creciente, una velocidad acumulada hacia un destino sin nombre.
000001.146.15.0073… los números se deslizaban deprisa a la derecha, despacio a la
izquierda. 000002-3-4-5-6-7.
Luego, volvió la náusea, la sensación de estar girando.. .en la otra dirección ya. Las luces le
cegaban.
000010.000.00.0000
En cuanto se acostumbró a ella, la luz pasó a resultar en realidad poco intensa. Aún estaba
en el laboratorio, pero el laboratorio estaba desierto, iluminado por luces de emergencia que
brillaban débilmente en el techo. No estaba en ruinas, no había indicio alguno de violencia, pero
aquello llevaba tiempo deshabitado, era evidente.
Bajó de la silla, se dirigió a la puerta, utilizó la radio-llave que le había dado Appletoft, salió y
cerró luego la puerta. Siguió por el pasillo, cruzó los otros departamentos.
No podía estar desierto todo el recinto, sólo habían transcurrido diez años. Debía haber
sucedido de pronto algo terrible.
Frunció el ceño, irritado consigo mismo. Claro que tenía que haber ocurrido algo, por eso
estaba allí.
Las calles de los niveles altos de Ginebra estaban también desiertas. Divisó a lo lejos las
cimas de los montes, que asomaban entre las carreteras metálicas. Faltaba el estruendo de la
ciudad. Se oían algunos ruidos, pero eran apagados e irregulares.
Al montar en una rampa intermedia, vio a una o dos personas, solas. Nunca había visto tan
poca gente. El medio más rápido de averiguar lo sucedido sería localizar la biblioteca y leer algo
sobre la historia reciente. Eso podría darle alguna pista.
Llegó al edificio que se alzaba a través de varias capas de calle desierta. Sobre la entrada
había un inmenso letrero negro que decía:
HOMBRES SOLO
Desconcertado, File entró en la fresca penumbra y se acercó al tenso joven de la ventanilla
de información.
—Perdone —dijo, y dio un respingo al ver que el individuo sacaba una pistola de debajo del
mostrador y le apuntaba.
—¿Qué quieres?
—He venido a consultar textos recientes que traten del desarrollo de Europa en los últimos
diez años —dijo File.
El joven frunció los finos labios. Sin dejar de apuntarle con el arma, dijo:
—¿Desarrollo?
—Soy un investigador serio… lo único que quiero es conseguir cierta información.
El joven dejó el arma y, con una mano, pulsó las teclas de un archivador. Sacó dos tarjetas y
se las entregó a File.
—Planta quinta, sala 543. La llave es ésta. Cierre la puerta cuando entre. La semana pasada,
un grupo de mujeres consiguió atravesar las barricadas y estuvieron a punto de achicharrarnos.
Se ve que les gusta la carne precocida.
File frunció el ceño pero no dijo nada. Se dirigió hacia los ascensores.
—No sabes demasiado de nuestra biblioteca para ser un investigador —dijo el joven—. El
ascensor lleva ya cuatro años sin funcionar. Las mujeres controlan todas las fuentes básicas de
energía.
Aún en un dilema, File subió andando hasta la quinta planta, localizó la sala que quería, abrió
la puerta, entró, cerró luego con llave…
Se sentó ante el visor, pulsó los botones adecuados en el cuadro de mandos y empezaron a
aparecer las páginas en la pantalla.
‘Mmmmmm… Veamos… Investigaciones de los miembros de la Fundación Dalmeny. Artículo
VII: RESULTADOS PARCIALES DEL EXPERIMENTO BAVARO…
—Guerra civil inminente, el Consejo la evita de modo temporal prometiendo que a través de
la investigación podrían satisfacerse las peticiones de que se diese solución a los problemas de
la Sobrecompresión. Esto, como hoy sabemos, era una maniobra de obstrucción, pues, más
tarde, admitieron que no tenían capacidad para predecir el resultado de ninguna tendencia. La
facción encabezada por el difunto Stefan Untermeyer, una de las más poderosas, exigió que se
le permitiese llevar a cabo un experimento controlado.
—El Consejo, impotente, cedió al fin y se seleccionó una gran parte de Baviera para que
pudiese realizarse el plan de la facción Untermeyer. Este plan exigía la segregación sexual. Se
separaba a hombres y mujeres y se aplicaba a ambos un psicocondicionamiento intensivo
destinado a que odiasen al sexo opuesto. Luego se aprobaron leyes que castigaban con la pena
de muerte, el contacto con el sexo opuesto. Esta ley hubo de aplicarse con frecuencia, aunque
no con la que en principio se había imaginado. Curiosamente Untermeyer fue uno de los
primeros a quienes hubo de aplicarse la ley.
—Resulta difícil hoy realizar una valoración clara de los resultados de este experimento (del
que tan deprisa se perdió el control y que condujo a una verdadera guerra entre los sexos, aún
vigente, con tantos casos de canibalismo en que cada sexo considera perfectamente legal
devorar a los miembros del otro) pero es evidente que las medidas de reasimilación han tenido
hasta ahora escaso éxito y que, dado que este credo se ha extendido ya por Alemania,
Escandinavia y por todas partes, es muy probable que se produzca una reducción espectacular
de la vida en el norte de Europa. A la larga, claro está, se producirá una repoblación cuando las
hordas nómadas de Francia y España presionen hacia el norte. Europa, una vez arruinada, seré
presa fácil de conquista, y cuando América y el Oriente Unido pongan fun a sus pleitos, por la
fuerza o por la negociación pacífica, la única salvación de Europa quizás sea ponerse al abrigo
de una de esas potencias. Aunque, como sabemos, ambas potencias tienen problemas similares
a los de esta Europa agonizante.
File frunció los labios, consultó la otra tarjeta y pulsó una serie de teclas.
—Nadie podría haber predicho esto. Pero parece que aún empeorará la situación. Veamos
qué es esto: RESULTADOS DEL COMITÉ VINER PARA LA INVESTIGACIÓN DE LA
DESINTEGRACIÓN SOCIAL EN EL SUR DE EUROPA.
—Los objetivos del Comité eran los siguientes: Investigar la desintegración de la sociedad
europea pre-experimental en el sur de Europa y proponer medidas para reorganizar la sociedad
y convertirla en un conjunto operativo.
—Como es del dominio público, el Consejo Europeo concedió permiso al Grupo de Faseo
Demográfico para realizar un experimento en Grecia. El grupo, utilizando los principios de la
animación suspendida, descubiertos unos años antes por Batchovski, introdujo un control
absoluto de la natalidad y colocó a tres cuartas partes de la población griega en animación
suspendida, considerándose que la otra cuarta parte sería suficiente para desempeñar los
servicios públicos y sociales y así, razonando, muy racionalmente al parecer, que de este modo
se evitaría una mayor explosión demográfica, el exceso de población sería menor y podría
aminorarse el crecimiento de nuestra sociedad. Después de un tiempo, pasaría la primera cuarta
parte a animación suspendida y sería sustituida por la cuarta parte siguiente, etc. Este proceso
fásico, parecía la solución más razonable al llamado Problema de Europa.
—Sin embargo, al librar a la población de la claustrofobia, el sistema produjo un efecto de
agorafobia extrema. La gente, acostumbrada a vivir muy agrupada, empezó a mostrarse
inquieta y la tensión que había precedido a la aplicación del Experimento del Grupo de Paseo
Demográfico, se orientó por nuevos canales. Las masas, con indicios de neurosis extrema
completamente enloquecidas y sordas a cualquier razón, atacaron las llamadas Bóvedas de
Animación Suspendida y exigieron la liberación de sus parientes y amigos. Las autoridades
intentaron dialogar, pero, en el tumulto que siguió, fueron o asesinadas o puestas en fuga. Las
masas, incapaces de manejar las máquinas que mantenían al resto de la población en animación
suspendida, las destruyeron, matando a los que habían intentado despertar.
—Cuando el Comité llegó al sur de Europa, se encontró con una sociedad en decadencia. Se
habían hecho pocas tentativas de remontar la situación, la gente vivía en las aglomeraciones
urbanas, inmensas y despobladas, en pequeños grupos, combatiendo el azote de las bandas
errantes de Francia, España e Italia, donde un fanático religioso había iniciado antes,
inesperadamente, una guerra santa contra una sociedad automatizada pero manejable. Este
movimiento de “vuelta a la naturaleza”, creció como bola de nieve. Se destruyeron las
instalaciones energéticas y se importaron millones de toneladas de tierra de África para sepultar
las ruinas. En el caos que siguió, la gente se disputaba por la fuerza, los escasos restos de
alimentos que podían cultivarse en la tierra seca importada y en los Espacios de Vacaciones.
Inglaterra, que sufría ya los efectos de este desastre y no podía obtener suministros suficientes
para alimentar de modo adecuado a su propia población, envió ayuda al principio, pero se vio
obligada a prescindir de esta medida para resolver sus propios problemas: La propagación
súbita de una enfermedad desconocida, similar al tifus, que, según se descubrió, había llegado a
través de unos refugiados yugoeslavos, víctimas de la introducción en el mercado de un
producto alimenticio sintético que contenía los gérmenes. Cuando llegamos al sur de Europa, se
habían desintegrado los servicios públicos de todo el continente y sólo la Fundación Dalmeny
(que nos había patrocinado) y media docena de grupos menores bien organizados, lograban
mantener realmente alguna actividad académica…
File iba leyendo estos textos deprimentes, pálido y serio. Comprobó minuciosamente los
documentos una y otra vez; se retrepó en su asiento y meditó.
El carácter brutal de los experimentos le dejaba atónito. No podía haber mejor confirmación
de lo que se había dicho en la reunión del Gabinete, y le hacía dudar ya de que pudiese hacerse
algo para evitar la catástrofe. Si tan ciegos y necios eran los hombres, ¿cómo iba a poder
salvarles ni siquiera la mente incisiva de Appletoft? Aún suponiendo que lograse hacer un
análisis claro y manejable de los acontecimientos, a partir de la información obtenida por File…
Comprendía que ese aspecto del asunto quedaba fuera de su competencia y quizás la
confianza de Appletoft tuviese sentido. Se apresuró a regresar al laboratorio, montó en la silla
de la máquina del tiempo y apretó la palanca de “puesta en marcha”. 000009.000. 0000003…
Pronto le rodeó como antes una niebla grisácea. Rotación e impulso empezaron a grabase en
sus sentidos.
Luego, empezaron a bailar como locos los indicadores, 009000.100,02.40 -
000175.000.03.08000 - 630946. 020.44.1125.
Algo había ido mal. Intentó desesperadamente parar la máquina e inspeccionar los controles,
pero todos los indicadores marcaban cero.
Y el laboratorio había desaparecido. Le rodeaba la oscuridad.
Estaba en el limbo.
—00000.000.00.0000
File no supo cuánto estuvo viajando por el vacío.
Poco a poco, la niebla empezó a volver, y luego, tras lo que le pareció un tiempo
interminable, giró ante sus ojos una masa confusa de impresiones.
Por último, la máquina del tiempo quedó quieta, pero File no se paró a ver qué había. Apretó
de nuevo el botón de “puesta en marcha”.
No pasó nada. File inspeccionó todos los indicadores, uno tras otro, mirando detenidamente
uno, que, según le había dicho Appletoft. registraba el “potencial-tiempo” de la máquina, es
decir, su capacidad de viajar por el tiempo.
El indicador marcaba cero. File estaba varado.
El treinta y tres por ciento de nuestros animales no regresan. El comentario de Appletoft se
deslizó sardónicamente en su memoria.
Las cámaras que tenía sobre los hombros canturreaban casi imperceptiblemente, mientras
grababan la escena en microcinta. File alzó sombríamente la cabeza y echó un vistazo
alrededor.
La vista era maravillosa pero extraña. El paisaje consistía en un polvo de un naranja oscuro,
sobre el que vagaban lo que parecían nubes, masas púrpura que rodaban y corrían por la
superficie del desierto. En el horizonte de aquel estéril escenario, se veían los perfiles de
edificios grotescos… ¿o eran sólo formaciones rocosas?
Miró hacia arriba. No había en el cielo nubes; eran, evidentemente. demasiado densas para
flotar en aire libre. Un pequeño sol colgaba, bajo y rojo, en un cielo azul oscuro, donde
atisbabán unas estrellas desvaídas.
Le latía el corazón muy aprisa: cuando lo advirtió, se dio cuenta de que su respiración era
más profunda de lo habitual, y que cada tercera inspiración era casi un jadeo. ¿Estaría tan
alejado de su propia época que era diferente hasta la atmósfera?
¡Skrrak! El sonido llegaba con un tono frágil y quebradizo, atravesando el fino aire. File volvió
la cabeza, sorprendido.
Avanzaba hacia él un grupo de bípedos, sustentados en huesudas y delicadas extremidades
entre estratos de nubes púrpuras que les cubrían hasta la rodilla; estaban a unos cientos de
metros de distancia. Eran humanoides, pero huesudos, feos y claramente no humanos. El jefe,
que debía medir unos 2,10 de altura, gritaba y señalaba a File y a la máquina.
Otro hacía señas con las manos: “¡So Skrrak -dek svala yaa!”
Eran unos diez individuos y llevaban lanzas largas y finas. Tenían el torso y las piernas
cubiertos de vello tupido. En la cabeza triangular, destacaban grandes arcos de huesos sobre los
ojos y bajo ellos, de modo que parecían llevar casco. Cuando se acercaron más, con cautela,
como en cámara lenta, vio que se agitaban en sus cabezas finos mechones de pelo.
Cuando se aproximaron, File vio que algunos llevaban extrañas armas, como rifles, y que el
jefe llevaba un instrumento en forma de caja con una especie de lente a un lado, con la que
estaba apuntando en su dirección.
File sintió el calor de un pálido rayo verde e intentó esquivarlo. Pero la extraña criatura le
siguió habilidosamente.
Tras uno o dos segundos, se alzó un ronroneo en su cerebro. Bloquearon su mente
fantásticos colores, que se disgregaban en ondas blancas y doradas. Llamearon luego detrás de
sus ojos formas geométricas. Luego palabras. Al principio en el cerebro, luego en los oídos.
—¿Cual es tu tribu, forastero?
Estaba oyendo el lenguaje gutural de aquel extraño ser y tratando de comprenderlo. La
criatura pulsó una palanca de la parte superior de la caja y el rayo se apagó.
—Soy de otro tiempo —dijo File con naturalidad.
Los guerreros agitaron las armas, inquietos. El jefe hizo un torpe gesto, como si su estructura
ósea le quitase facilidad de movimiento.
—Eso sería una explicación.
—¿Explicación?
—Conozco a todas las tribus, y tú no correspondes a ninguna de ellas.
El guerrero desvió su enorme cabeza para examinar brevemente el horizonte. Luego
continuó:
—Nosotros somos los yulks. A menos que pienses irte de inmediato, será mejor que nos
acompañes.
—Pero, mi máquina…
—También nos la llevaremos. No querrás que la destruyan los raxas, que no permiten que
exista más criatura o artefacto que ellos.
File caviló unos segundos. La silla y sus tres varillas eran fáciles de transportar, pero, ¿era
prudente moverla?
Y volvió a pulsar, tranquilamente, el inútil mecanismo de “puesta en marcha”. ¡Maldita sea! Si
la máquina no funcionaba ya, ¿qué más daba que le llevase a la Luna? Y sin embargo, irse con
aquellos extraños seres cuando su único objetivo era volver al Complejo de Ginebra, parecía el
más disparatado de los absurdos.
Le embargaba una sensación agobiante de fracaso.
Empezaba a darse cuenta de que no podría volver nunca a Ginebra. Los científicos ya sabían
que había un fallo en su sistema de transmisión temporal. Estaba ya seguro de que la silla, con
sus tres varillas, había perdido todo contacto con el equipo del laboratorio. De hecho, ya no era
una máquina del tiempo, lo cual significaba que estaba condenado a quedarse allí el resto de su
vida.
Desesperado, dio su consentimiento. Cuatro guerreros cargaron con la silla y el grupo se
lanzó a cruzar el ocre desierto, examinándolo nervioso mientras lo recorrían.
Siempre que podían evitaban las móviles nubes, pero a veces los bancos de vapor púrpura
pasaban sobre ellos, arrastrados por la brisa, y tenían que cruzar a través de una niebla
bermeja. File se dio cuenta de que aquellos seres extraños empuñaban con más fuerzas sus
armas cuando pasaba esto. ¿Qué temerían? Hasta en aquel mundo desolado y semidesierto
había conflictos v dramas…
Un viaje de una hora les llevó hasta un poblado de tiendas arracimadas en la ladera de una
colina baja. Hacia la mitad de la ladera, se veía un sector cuidadosamente cultivado de una
vegetación tan rala que parecía que sólo a duras penas podía mantenerse en aquel estéril
desierto. Sobre el campamento había cinco vehículos aéreos, todos de más de treinta metros de
longitud, unas gráciles máquinas de popas anchas y achatadas y aguzadas proas. Una corta
cubierta despejada se proyectaba de popa a proa por la parte superior de cada vehículo, y
delante, había como un encaje de ventanas.
File contempló asombrado aquellas embarcaciones. Eran un curioso contraste con las
viviendas claramente nómadas de abajo, entre las que había pálidas hogueras y se secaban
pieles de animales.
Acababan de preparar una comida. La máquina del tiempo de File la llevaron a una tienda
vacía y a él le convidaron a comer con el jefe. Cuando entró en la mayor tienda del poblado y
vio a la nobleza de aquella pequeña tribu agrupada en torno a una cazuela de verduras, con las
armas al lado, se dio cuenta de qué le evocaban.
Saurios.
Empezaron a comer en cuencos de cristal. Daba la sensación de que aquella gente sabía
trabajar los silicatos del desierto y con la misma destreza con la que construían vehículos
aéreos… si es que no se lo habían robado a gente más civilizada.
File descubrió, también, en el curso de la comida, que la máquina con la que el guerrero le
había disparado en el desierto era sumamente eficaz. Le había reeducado totalmente, de modo
que pudiese hablar y pensar en otro idioma, aunque al mismo tiempo pudiese, si quería,
distanciarse ligeramente, apreciar la ajenidad de los sonidos que brotaban tanto de su boca
como de las de los yulks.
El jefe se llamaba Gzerhteak, un sonido casi imposible para oídos europeos. Respondió
mientras comían, a las preguntas de File, con la mayor frialdad.
Por lo que le explicaron, File supuso que aquello era la Tierra en una época remota, una
Tierra millones, quizás billones de años por delante de su propia época, y que estaba casi
totalmente desierta. Había unas ocho tribus viviendo en un radio de unos cuantos cientos de
kilómetros, y cuando no estaban disputando entre ellas, estaban librando una lucha interminable
por la existencia, tanto contra las condiciones penosas de un mundo agonizante, como con los
raxas, criaturas que no eran vida orgánica en absoluto, sino que consistían en cristales
minerales, conglomerados en formas geométricas, y dotados, de algún modo misterioso, de
capacidad de percepción y de movimiento.
—Hace cincuenta generaciones —le explicó el jefe de los yulks—, no había raxas en el
mundo. Luego, empezaron a crecer. Prosperan en el desierto estéril, que es todo alimento para
ellos, mientras que nosotros vamos extinguiéndonos. Nada podemos hacer, salvo luchar.
Además, la atmósfera de la Tierra se estaba volviendo irrespirable. Se producía muy poco
oxígeno fresco, dado que no había ya más vegetación que la de las plantaciones. Aparte de eso,
brotaban vapores nocivos, por una acción químicogeológica del terreno y afloraban a través de
la arena, procesos volcánicos muy lentos que se originaban en las profundidades. Sólo en
algunos sectores, como aquella región en la que vivían las tribus, se podía respirar aún la
atmósfera, y eso por que la relativa inmovilidad de ésta impedía que se mezclasen los diversos
gases.
A File le agobiaba aquella imagen deprimente de valor y desesperación. ¿Sería aquel el
resultado final de la incapacidad del hombre para controlar los acontecimientos, o sería el
derrumbe de la Comunidad Económica Europea un suceso insignificante perdido en una historia
mucho más amplia? Se sentía inclinado a pensar que era asi; pues estaba seguro de que las
criaturas que estaban sentadas allí, comiendo con él, no eran siquiera descendientes del género
humano.
Saurios. El antiguo orden del mundo animal se había desvanecido.
Los hombres habían muerto. Sólo quedaban aquellos restos, saurios elevados a un estado
humanoide, que intentaban sobrevivir en un mundo que había cambiado de idea.
Probablemente las otras tribus de las que hablaban los yulks, fuesen también humanoides,
procedentes de diversos animales inferiores.
—Mañana es la gran batalla —dijo el jefe de los yulks—. Emplearemos todos nuestros
recursos contra los raxas, que vienen decididos a destruir las últimas plantaciones de las que
dependemos. Pasado mañana sabremos de veras lo que nos queda de vida.
Max File apretó los puños impotente. Su destino estaba decidido. Al final, también él ocuparía
su puesto con los guerreros yulks en la última batalla contra el enemigo de la humanidad.
Appletoft hizo un gesto de impotencia y miró a Strasser. ¿Qué podía hacer él? El había hecho
todo lo posible.
—¿Qué pasó? —dijo el primer ministro.
—Le trasladamos a diez años en el futuro. Conectamos con él al principio del viaje de vuelta
y luego, de repente… desapareció… Nada. Ya le dije que habíamos perdido el treinta y tres por
ciento de los animales que utilizamos en los experimentos, ya le advertí del riesgo.
—Lo sé… pero, ¿lo ha intentado usted todo? Ya sabe lo que puede significar el que no
vuelva…
—Por supuesto que lo hemos intentado todo. Seguimos investigando, intentando localizarle,
pero en cuanto salimos de la vía-tiempo de la Tierra, todo es caótico para nuestros
instrumentos… debe haber algún fallo en nuestra concepción del tiempo. Podemos seguir
tanteando… pero buscar una aguja en un pajar, no es nada, comparado con esto…
—Bueno, hay que seguir intentándolo. Porque si no lo recuperamos pronto, nos veremos
obligados a permitir a la facción Untermeyer que siga adelante en Baviera y no tenemos medio
de predecir los resultados.
Appletoft lanzó un profundo suspiro y volvió a su laboratorio.
—Pobre diablo —dijo Standon cuando salió de la cámara.
—Este no es el momento ni el lugar apropiados para sentimentalismos, Standon —dijo
Strasser en tono culpable…
La Tierra aún giraba en el mismo espacio de tiempo y tras un sueño de unas ocho horas File
dejó la tienda y estiró sus miembros en aquel aire sutil, despertado por un rumor de tintineante
metal. Acababa de amanecer y los soldados de la tribu se disponían a salir al combate. Las
mujeres y los niños contemplaban, temblando, a la procesión de hombres que iba perdiéndose
en el desierto. Unos cuantos iban a caballo de una especie de reptiles, todos ellos enjaezados
para el combate. A unos siete metros por encima de sus cabezas, flotaban las cinco aeronaves,
que seguían impacientemente la dirección que marcaba el jefe desde abajo.
File vagaba por el campamento, nervioso e inquieto. Hacia una hora después del amanecer,
volvieron los restos de las fuerzas.
Volvían derrotados. Sólo habían sobrevivido un tercio. No regresó ninguna aeronave y File se
había enterado la noche antes, de que, aunque la tribu conservaba los conocimientos científicos
y tecnológicos necesarios para construir más, era una empresa que agotaba al máximo sus
recursos y era casi seguro que no se iniciase la construcción de otra.
La humanidad había agotado su fuerza y era imposible ya recuperarla. Las inteligencias
minerales llamadas Raxas, continuarían su implacable avance sin que nadie las detuviese.
El último en regresar fue el jefe yulk. Magullado, cubierto de sangre y chamuscado por los
rayos energéticos que le habían rozado, se sometió a los cuidados de las mujeres y luego, como
siempre, reunió a los nobles para su comida vespertina.
Por fin, fueron saliendo uno tras otro los cansados guerreros camino de sus tiendas. Y File
quedó sólo con Gzerhteak.
Miró al viejo a los ojos.
—No hay esperanza —dijo bruscamente.
—Lo sé. Pero no tienes ninguna necesidad de quedarte.
—No hay elección —contestó, con un suspiro—. Mi máquina está rota. Debo compartir
vuestra suerte.
—Quizás podamos reparar tu máquina. Pero te lanzarás a lo desconocido…
File hizo un gesto con la mano y dijo:
— ¡Cómo, vais a poder arreglar mi máquina!
El jefe se levantó y le guió a la tienda donde estaba la máquina. Una breve orden en la noche
hizo que llegase un muchacho con una caja de herramientas. El jefe estudió la máquina de File,
alzó un panel para ver detrás de los instumentos. Hizo por último unos cuantos ajustes,
añadiendo un artilugio que tardó unos veinte minutos en fabricar con resplandecientes trozos de
alambre. El medidor del potencial-tiempo, empezó a elevarse por encima de cero.
File miraba atónito.
—Nuestra ciencia es muy antigua y muy sabia —dijo el jefe—, aunque en la actualidad sólo
tengamos un conocimiento rutinario de ella. Aún así, yo, como padre de la tribu, sé lo suficiente
para cuando un hombre como tú me dice que se ha quedado varado en el tiempo, conocer la
causa.
File estaba perplejo ante el curso de los acontecimientos.
—Cuando llegue a casa… —empezó a decir.
—Jamás llegarás a casa. Ni vuestros científicos conseguirán nunca desvelar el tiempo.
Nuestra antigua ciencia tiene una máxima: ningún hombre comprende el tiempo. Tu máquina
viaja ya por su propia potencia. Si te vas de aquí, no harás más que escapar de este lugar y
probar fortuna en otro.
—Debo intentarlo —dijo File—. No puedo seguir aquí, mientras haya esperanza de volver.
Pero aún así, se resistía.
El jefe pareció adivinar sus pensamientos.
—No te pese abandonarnos —dijo—. Tu posición es clara… lo mismo que la nuestra. Ni a ti ni
a nosotros puede ayudarnos nadie.
File asintió y se acomodó en la silla de la máquina. Mientras limpiaba el polvo y la arenilla con
las mangas de la camisa, se le ocurrió mirar en el grabador de datos. No tenía mucha esperanza
de que fuera posible, pues no había cifras para indicar la antigüedad de aquella Tierra.
Pero cuando leyó el indicador quedó asombrado. 000008.324.01.7954. ¡Habían pasado
menos de nueve años desde su salida del Complejo de Ginebra!
Se acomodó en la máquina del tiempo y apretó la palanca.
Rotación interna en el sentido de las agujas del reloj. Rotación externa en sentido contrario…
luego el impulso hacia adelante. Se sumergió en el curso del Tiempo.
Pasaron minutos sin que apareciera indicio alguno de que fuese a salir automáticamente de
su viaje. Probó fortuna apretando la palanca de “parada”.
Con un giro residual de las varillas traslúcidas, la máquina se depositó a sí misma en una
orientación espaciotemporal normal. Alrededor de File, se formó un paisaje asombroso, jamás
había soñado nada igual.
¿Era cristal? La victoria definitiva de los cristalinos raxas. Por un instante, aquel fantástico
paisaje, con su brillante y matemática exuberancia, le hizo pensar, deslumbrado, que así era.
Pero luego vio que no podía ser… o que si era, los raxas habían superado su herencia mineral.
Era un mundo de forma geométrica, pero también era un mundo de movimiento continuo…
o, más bien, dado que el movimiento era tan súbito como para resultar instantáneo, de
transformación constante. Deslumbrantes extensiones y repliegues, todos en los planos
horizontal y vertical, cegaban sus ojos. Cuando miró más detenidamente, vio que, en realidad,
no estaba presente por parte aíguna la forma tridimensional. Todo eran formas bidimensionales,
que se unían transitoriamente para dar la ilusión de forma.
Los colores, también… experimentaban transformaciones y gradaciones que proclamaban la
acción de principios matemáticos regulares: como la separación prismática en el espectro ideal.
Pero aquí las manifestaciones eran infinitamente más sutiles e ingeniosas, eran como música
tenue y sutil, de cincuenta instrumentos, que pudiese brotar de los siete tonos de la escala
diatónica.
File miró la grabadora de datos. Le decía que se encontraba a 15 años de distancia de
Appletoft, que esperaba ansioso su regreso en el Complejo de Ginebra.
Probó de nuevo.
Se onduló y se estremeció, azotado por una cálida brisa, un mundo exuberante de frondosa
vegetación ante él. Un rebaño de animales como armadillos, pero del tamaño de caballos,
pasaron cruzando el claro donde había ido a posarse la máquina de File. Sin detenerse, el jefe
volvió la cabeza para hacerle una dócil y despectiva inspección y se volvió luego a gruñirles algo
a los que le seguían. También ellos le dirigieron una mirada superficial y se perdieron luego tras
una pantalla de ondulantes árboles-yerba. Oyó el rumor de sus movimientos, por el bosque, a lo
lejos.
Otra vez.
Roca pelada. El cielo colgaba arriba con rastros de lo que parecían nubes de polvo. Allí, el
terreno estaba limpio hasta de la más fina mota de polvo, pues soplaba un viento intenso y frío.
Debía barrer el polvo hacia la atmósfera e impedirle precipitarse, arañando las rocas hasta
convertirlas en una superficie bruñida y chispeante. Le costaba trabajo creer que aquel azotado
paisaje luminoso fuese, en realidad, la superficie de un planeta. Era como una exposición.
Otra vez.
Ahora estaba en el espacio, protegido por algún campo que la máquina del tiempo parecía
crear a su alrededor. Algo tan inmenso como Júpiter colgaba donde debería haber estado la
Tierra.
Otra vez.
De nuevo el espacio. Un sol escarlata derramando sangrienta luz sobre él. A su izquierda,
una pequeña y luminosa estrella, como una bengala de magnesio ardiendo, alanceó sus ojos.
Un imposible trío de planetas giraba majestuoso sobre él, y no había entre ellos más distancia
que entre la Tierra y la Luna.
Miró de nuevo la grabadora de datos: A veintitantos años del punto de partida.
¿Dónde estaba el orden de sucesión del tiempo? ¿Dónde estaba el proceso que había ido a
descubrir? ¿Qué podía sacar Appletoft de aquello?
¿Cómo iba a encontrar a Appletoft?
Puso otra vez la máquina en marcha, desesperado. Su desesperación pareció dar resultados:
adquirió velocidad, lanzándose con insensata energía y ya no estaba en el Limbo, podía ver algo
del universo que cruzaba.
Al cabo de un rato, tuvo la impresión de que estaba quieto, de que era la máquina la que se
mantenía estática mientras que el tiempo y el espacio no. El universo se derramaba a su
alrededor, desordenado tumulto de fuerzas y energía, sin dirección, sin propósito.
Y siguió viajando, hora tras hora, como si intentase escapar de algo que no podía afrontar.
Pero al fin no pudo ya eludirlo. Y mientras contemplaba el caos a su alrededor, comprendió.
¡El tiempo no tenía orden! No era un flujo continuo. Carecía de una dirección positiva: no iba
ni hacia adelante ni hacia atrás, no giraba en círculo; tampoco permanecía quieto. Era un puro
azar.
El universo carecía de lógica. Era sólo caos.
No tenía propósito, ni principio, ni fin. Sólo existía como una masa anárquica de gases,
sólidos, líquidos, formas accidentales y fragmentarias. Se conformaba a veces en formas como
un caleidoscopio, de modo que parecía tener leyes, parecía tener dirección y forma.
Pero, en realidad, no había más que caos, más que estado de flujo permanente: eso era lo
único constante. ¡El tiempo no se gobernaba por leyes! ¡La ambición de Appletoft era un
imposible!
El mundo del que había llegado allí, o cualquier otro mundo, en realidad, podía disociarse en
sus elementos componentes en cualquier instante; o podía haber accedido al ser en cualquier
instante anterior, con los recuerdos de todos incluidos? ¿quién sería el más sabio? Toda la
Comunidad Económica Europea quizás hubiese existido sólo en el medio segundo que le había
llevado presionar la palanca de puesta en marcha de la máquina del tiempo. ¡No era extraño
que no lograse encontrarla!
Caos, flujo, muerte eterna. No había solución a ningún problema. Cuando File comprendió
esto, aulló horrorizado. No podía contenerse. Su velocidad aumentó proporcionalmente a su
desesperación y su miedo, más y más rápido, hasta que se precipitó demencialmente por un
remolino.
Más deprisa, más allá…
El universo informe empezó a desvanecerse a su alrededor, mientras él recorría una inmensa
distancia más allá de los límites de la velocidad. La materia se desintegraba, desaparecía. Y él,
aterrado, seguía aún hasta que la máquina del tiempo se derrumbó bajo él y la materia de su
cuerpo se desintegró y se desvaneció.
Era una inteligencia desencarnada que cruzaba el vacío. Luego, empezaron a desvanecerse
sus emociones. Sus pensamientos. Su identidad. La sensación de movimiento se desmoronó.
Max File había muerto. Nada podía sentir, oír, ver, ni saber.
Colgaba allí, sólo conciencia. No pensaba: ya no tenía ningún aparato con el que pensar. No
tenía nombre. No tenía recuerdos. Ni cualidades, atributos o sentimientos. Estaba solo allí. Ego
puro.
Lo mismo que la nada.
No había tiempo. Una décima de segundo era igual que un billón de eras.
Por eso no había podido File, asignar, más tarde, periodo alguno a su intermedio de vacío,
sin matizaciones. Sólo percibió algo cuando empezó a salir.
Al principio, era sólo un vago sentimiento, como algo nebuloso. Luego, empezaron a ligarse a
él más cualidades. Empezó el movimiento. La materia caótica se hizo remotamente perceptible…
partículas desorganizadas, energías fluyentes y líneas ondulantes.
Brotó un nombre en su conciencia: Max File. Luego, un pensamiento: yo soy eso.
La materia se congregó poco a poco a su alrededor y pronto tuvo de nuevo cuerpo y una
serie completa de recuerdos. Podía ya aceptar la existencia de un universo sin organización.
Suspiró: al mismo tiempo, la máquina del tiempo se configuró bajo él.
Lo único que podía hacer ya, era intentar volver a Ginebra, por muy remota que fuese la
posibilidad. ¡Qué curioso que toda Europa, con todos sus problemas considerados graves, no
fuese más que una agrupación caótica de partículas sin organización! Pero al menos era el
hogar… aunque sólo existiese unos segundos.
Y ante la posibilidad de poder volver a aquellos dos segundos, pensó con angustioso gozo, se
disolvería con ellos y se vería libre de aquella odiosa extensión de vida que recorría.
Y, sin embargo, pensaba, ¿cómo regresar? Sólo buscando, sólo buscando…
Calculó (aunque sus cálculos estaban sujetos, por supuesto, a un considerable margen de
error) que dedicó varios siglos a buscar en aquel torbellino insensato. No se hizo más viejo; no
sintió sed ni hambre: no respiraba… cómo seguía latiendo su corazón sin respirar era para él un
misterio, pero era en eso, en el centro de su sentido del tiempo en lo que basaba su cálculo de
la duración de su búsqueda. De vez en cuando tropezaba con otras breves manifestaciones,
otros fugaces conglomerados de caos. Pero ya no le interesaba, no encontraba la Tierra de la
época de la Comunidad Económica Europea.
No había esperanza. Podía buscar eternamente.
Empezó, desesperado, a retirarse de nuevo, a convertirse en una entidad desencarnada y
buscar el olvido, escapar de sus tormentas por la muerte en vida. Y, cuando estaba a punto de
prescindir del último vestigio de identidad, descubrió su nuevo e insospechado poder.
Dirigió casualmente su inteligencia a una agrupación de forcejeantes partículas distantes.
Bajo el impacto de su voluntad… ¡se movió!
Interesado, dejo de retirarse, pero no intentó volver de nuevo a su propio yo… tenía la
sensación de que, como Max File, era impotente. Como un yo casi sin identidad… quizá…
Permitió que se formara en su mente una imagen (fue casualmente la de una mujer). La
dirigió hacia el caos informe. Instantáneamente, frente al flujo oscuro, encendida por
desordenados ramalazos de luz, brotó una mujer de la materia caótica. Se movió, le miró, le
dirigió una sonrisa lánguida.
No había duda. No era sólo una imagen. Era viva, perfecta y sensible.
Se desprendió, asombrado, automáticamente de la imagen mental y transmitió una
cancelación. Se disipó la mujer, sustituida por el caos de partículas y energía de antes. La nube
permaneció unida un momento, luego se dispersó.
Era un gozo recién descubierto. ¡Podía hacer cualquier cosa! Se pasó eras experimentando,
creando todo cuanto pudo crear… una vez se formó un mundo completo a sus pies, con
civilizaciones, un pequeño sol y astronaves investigando.
Lo canceló inmediatamente. Bastaba saber que todas sus intenciones, incluso su
pensamiento más vago y más grande, se traducía con todo detalle.
Ahora tenía medios de regresar a casa… y ahora podía resolver, de una vez por todas, el
problema del gobierno.
Pero, si no podía encontrar Europa, ¿no podía acaso crearla entera? ¿No sería eso algo
equivalente? El de si sería o no en realidad la misma Europa era, sin duda, un problema
fisiológico. Eso creía Nietzsche, recordó File… su esperanza de inmortalidad personal. Dado que
habría de volver en el universo interminable, los descubrimientos de File habían reforzado en
realidad este punto de vista, no moriría. Dos objetos idénticos compartían la misma existencia.
¿Y por qué no resolver el problema del gobierno en esta segunda Europa? ¿Había alguna
razón por la que no pudiese crear una comunidad que no tuviese las semillas de la destrucción?
Una Comunidad Económica con estabilidad, cuyo prototipo había faltado.
Empezó a emocionarse. Derrotaría al Flujo, lograría alzar, así, frente al caos del resto del
universo, una estructura que perduraría. Por lo demás, sería todo igual hasta en sus más
mínimos detalles…
Se puso a trabajar, agrupando pensamientos, recuerdos e imágenes, grabándolos en el caos
circundante. Empezó a formarse materia. Puso en movimiento la máquina del tiempo, viajando
por el mundo que estaba creando…
De pronto, se vio de nuevo envuelto en brumas. Girando… rotación sin cambio de posición…
impulso hacia delante…
Corrieron los números en el indicador: 000008 -7-6 -5-4…
Luego, todo se estabilizó a su alrededor y posó la máquina. Estaba en el laboratorio de
Appletoft, en Ginebra. Los técnicos vagaban por los extremos de la habitación, más allá de las
barreras de bastidores. La máquina del tiempo, con las varillas traslúcidas señalando
dramáticamente en tres direcciones, descansaba sobre un tosco pedestal de madera.
File se incorporó, agarrotado, dolorido y polvoriento, en el áspero asiento. Appletoft se
avalanzó hacia él, le ayudó a bajar ansioso, entusiasmado.
—¡Lo conseguiste, amigo! Fue perfecto como viaje de prueba… al menos, desde aquí.
Hizo una seña por encima del hombro:
—¡Coñac para el amigo! Pareces agotado, Max. Tienes que descansar, ya lo contarás todo…
File asintió sonriendo, sin contestar. Era casi perfecto…
Pero no habia sospechado siquiera con qué eficacia le habían enseñado un nuevo idioma.
Appletoft le había hablado en la lengua torturante de los yulks.

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ISLAS // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

ISLAS // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

ISLAS

Schmeling volvió a la penumbra de su sala de estar y acomodó su elegante y voluminoso
cuerpo en el sillón opuesto al mío.
—Disculpa por haberte dejado tan bruscamente —dijo, refiriéndose a la llamada telefónica
que le había hecho salir de la habitación.
—Pareces nervioso —dije, advirtiendo el brillo emocionado de su mirada.
—Lo estoy —dijo—. Claro que lo estoy.
Tuve que dejarlo en eso, pues no parecía dispuesto a hablar del asunto.
Pareció rechazar lo que estuviese pensando y me concedió una breve sonrisa.
—Bueno —dijo—, ¿cómo van las cosas en los círculos sociológicos?
—En círculos, para mí, en este momento —dije animadamente—. Tengo ahora un caso
particularmente interesante. Según todos los datos, medio ambiente, antecedentes familiares,
índice de inteligencia, etc., debería corresponder directamente a determinada categoría amplia,
Pero no es así. Muestra, en su pensamiento y en su conducta, todos los síntomas clásicos de un
niño de barrio bajo y pobre, un niño de un hogar destrozado… cuando, en realidad, su origen es
casi exactamente el contrario.
Schmeling parecía sólo ligeramente interesado por mi trabajo, pero se aferró a algo que dije
y eso le desvió por otra ruta.
—¿De veras? ¿Crees realmente que todas esas influencias superficiales ejercen un efecto
profundo en el individuo?
—Normalmente sí. No las considero superficiales. Pueden tener un significado profundo y
perdurable para una persona.
Sonrió paternalista.
—Yo considero los llamados rasgos heredados también superficiales… por no decir
inexistentes.
— ¡Eso me asombra! —dije, animosamente.
Schmeling parecía a punto de entregarse a uno de sus ejercicios verbales en los que
adoptaba una postura dogmática respecto a un tema que en el fondo no le interesaba
seriamente. Tal ejercicio solía ser entretenido y me dispuse a participar en el asunto, adoptando
una posición contraria a la suya e igualmente dogmática.
—Hablamos de la herencia —dijo Schmeling agitando una mano—, como de un hecho, y
hablamos de experiencia mutua como un hecho. Sin embargo, ¿cuánta experiencia se
comparte?
—Toda —dije de inmediato.
Schmeling inclinó pensativo su cabeza alargada y aguileña y luego me miró con una seriedad
insólita.
—A la gente le resulta muy fácil atribuir una pauta a la psique humana, pues hay muchas
similitudes superficiales entre los hombres. Creo, sin embargo, que deberíamos más bien
aceptar una pauta que explique las cosas cómodamente, en vez de intentar captar la idea de la
variedad y la complejidad infinitas de la experiencia humana. Una variedad sólo limitada por el
número de individuos que existen en el mundo. Yo sostengo que cada hombre es, mental y
físicamente, un individuo total, único.
—No existe eso que se llaman individuos —señalé—. Sólo existen pequeñas diferencias
superficiales de conducta.
—Yo digo que hay pequeñas similitudes superficiales que hemos llegado a aceptar como
constitutivas de la psique humana total. Pero hay abismos, amigo mío, cuya exploración aún no
se ha iniciado. Y además —dijo, con una nota de triunfo en la voz— ¿cómo explicarías el
aumento que ha experimentado en este siglo la esquizofrenia? No hay dos esquizofrénicos
iguales.
—Eso es discutible —dije.
Schmeling frunció el ceño.
— ¡Y tú te dices individualista!
—Y lo soy… dentro de ciertos límites —dije, algo acalorado.
—Tú eres un individuo —contestó él, retrepándose en su asiento y estirando los pies ante el
fuego. Me daba cuenta de que empezaba a disfrutar con la discusión, lo cual quería decir que
estaba muy seguro de poder derrotarme.
—Lo eres, realmente —insistió—. La misma imposibilidad de comunicación plena entre
nosotros lo demuestra de forma concluyente. ¿Cuánto tiempo es un elefante?
—¿Eh?
—¿Puedes contestar?
— ¡La pregunta es absurda!
—Para ti quizás, pero no para quienes conciben el tiempo en términos de masa… que son
muchos. Experimentos recientes han demostrado que la pregunta obtiene tantas respuestas
como individuos a quienes se formula. Hay muchos otros datos que demuestran mi teoría, los
que ven el domingo como un color determinado, mientras que otros lo ven como una línea de
determinada longitud; todo lo visto con los ojos de la mente, oído con los oídos de la mente,
inhalado con la nariz de la mente, tocado con el tacto de la mente, saboreado con el paladar de
la mente, significa algo completamente distinto para cada cual. Yo sostengo que es ahí donde
está la realidad, en los sentidos de la mente, donde experimentamos lo que queremos
experimentar y no lo que nos han dicho.
—Esta conversación no nos lleva a ninguna parte —dije—. Las preguntas abstractas respecto
a la naturaleza humana, sólo pueden llevar a respuestas abstractas.
—Cierto —dijo mirándome triunfalmente, como si deliberadamente me hubiese inducido a
admitir algo—. Pero cuando aparece una solución concreta, produce el efecto de hacer también
concreto el problema. ¿Estás de acuerdo?
—Sí.
—Bueno, recibí prueba concreta, no hace mucho, del hecho de que cada hombre existe como
individuo, total e irreversiblemente, de que, aunque el medio y la “herencia” actúen sobre él
desde el nacimiento, actúan para hacerle parecer un no individuo. ¿Captas la diferencia?
Empieza por ser un individuo completo, pero influencias superficiales le fuerzan a no ser,
¿comprendes?
—Decías que la sociedad impone al individuo una pauta que, en general, consideramos
inherente a él. Tu ejemplo extremo sería el individuo de clase media que se adapta
rigurosamente, imagino.
—Podrían citarse ejemplos más trágicos… el Zeitgeist que dominó Alemania en los años
treinta, por ejemplo.
Hizo una pausa, aparentando pensar en su país natal, que había abandonado hacía ya tantos
años.
—Un término alemán —musitó— para describir la Enfermedad Germana: la necesidad de
aplicar pautas y generalizaciones a todos los aspectos de la existencia humana. Al insidioso
Freud, el alemán debía resultarle un idioma, hecho a la medida, para sus doctrinas. Un idioma
con tantas palabras inconcretas, lleva a una especie de pensamiento inconcreto que a mí me
parece detestable.
Se encogió de hombros y cabeceó.
—Pero el burgués es un buen ejemplo.
Se levantó. Su cuerpo grande y vital se tensó como si fuese un actor a punto de soltar un
parlamento, pero en vez de hablar de inmediato, me dejó en suspenso, mientras se servía una
porción de su horrible tabaco de yerbas de una caja del aparador. Una vez cargada y encendida
su pipa de boquilla metálica, invadió mis narices el humo dulzón, mucho menos agradable que
el tabaco ordinario; volvió a ocupar su asiento junto al fuego.
—Y quizás el psicópata esquizofrénico (el rebelde sin causa) sea el ejemplo extremo del
individuo que experimenta el evidente error que entraña este conformismo, y reacciona contra
él violentamente.
—Un millón de burgueses no puede equivocarse —dije irónicamente, y él sonrió sin sacar la
pipa de la boca.
—Un solo psicópata tampoco puede equivocarse. Un psicópata aislado, según su propio y
pequeño universo, está absolutamente en lo cierto, absolutamente justificado para adoptar
cualquier curso de acción que elija… ¡simplemente porque él lo elige!
—Pero, por desgracia, esta actitud desemboca en la anarquía —dije—. Si el individuo no se
adapta hasta un cierto grado, sus acciones interfieren con las de otras personas, produciendo
caos si tiene éxito, o una mayor limitación de su libertad. Tengo razón yo.
—Tienes razón hasta cierto punto —dijo, con un cabeceo—. Pero si todos aceptasen el
derecho del individuo a ser un individuo y se eliminase la tiranía del conformismo, quizás
pudiésemos dar a la existencia una mayor dignidad… y seguir trabajando juntos como
individuos que ayudan a individuos…
—Casi estás hablando de política —le advertí con una sonrisa, añadiendo: —O de religión…
las dos pertenecen al reino de lo indemostrable.
—Las dos atraen a los psicópatas, en cierto modo. La prueba es el hecho de que tanto los
movimientos religiosos como los políticos, tienden claramente a disgregarse casi en tantos
grupúsculos como los individuos que los componen.
—De acuerdo —dije yo—. ¡Pero dijiste que tenías pruebas concretas de que todos los
hombres son distintos!
—No señor… siempre que entre en esta discusión “la igualdad”, yo diría que había
demostrado que todos los hombres son iguales en que todos son distintos y existen —hizo una
pausa teatral y le envidié por su gesto, por su voz resonante— ¡existen en universos físicamente
distintos!
— Vamos, qué dices…
—El tiempo y el espacio son relativos. Y el tiempo y el espacio de un individuo son relativos al
tiempo y el espacio de los demás. Pero no son lo mismo. Tengo pruebas de que cada hombre
existe en su continuo espacio temporal propio, así como en el más amplio que todos
compartimos. ¿Por qué una hora para un hombre pasa lentamente y para otro rápidamente?
—Depende de su estado mental en el momento que experimenta el transcurso de esa hora,
sin duda…
—Su estado mental… exactamente. Impone su propio sentido temporal al tiempo que le
dicen que es correcto.
—¿Pero qué me dices de esa prueba de que hablábamos? —contesté, viendo que la
conversación perdía dinamismo.
—Está bien —dijo, mirando el reloj. Se retrepó en su asiento y empezó, a la manera de un
narrador de cuentos, eligiendo cuidadosamente todas las frases. Yo también me acomodé,
esperando que me entretuviese, pues Schmeling era un buen narrador que sólo necesitaba
público atento para desplegar su habilidad.
—Hace unos cuantos meses (dijo, con su voz profunda y levemente acentuada), estaba yo
gozando de un día de ocio en mi clínica de la calle Harley, distribuyendo simpatía y aspirina
disfrazada a las ancianas que financian mi investigación privada, cuando la arpía de la
recepcionista entró a toda prisa, hecho sumamente raro, dada su edad. A mis cuentas no les
gustan las recepcionistas jóvenes.
—Está en la sala de espera la señora Thornton —cloqueó.
—Pero si no tiene cita —dije irritado. Esas mujeres son hipocondríacas o incurables. Las elijo
con cuidado, puesto que en cualquiera de los casos me dan muy poco trabajo.
La señora Thornton era un poco ambas cosas: Una hipocondríaca incurable, y, por otra parte,
una mujer encantadora, al final de la mediana edad, muy rica y animosa aún, siempre que
descansaba de sus ataques de jaqueca, que ella misma se provocaba. Sí, era realmente muy
rica y, además, me agradaba bastante. En consecuencia, tras una breve deliberación, dije a mi
recepcionista que la hiciera esperar un poco más y la mandara pasar luego.
En una actividad como la mía, no debe atenderse de inmediato la visita inesperada de una
paciente. Si sacan la conclusión de que estás allí a disposición de todo el mundo, creen que no
vales nada como médico.
Así que pasó por fin la señora Thornton, piel deliciosa y un poquito de perfume demasiado
caro. La cara habilidosamente maquillada y el pelo gris teñido dispuesto en un lindo peinado.
Pero advertí que estaba alterada, percibí un pequeño chorrete de cosmético en la comisura de
su ojo izquierdo.
Ella, la equilibrada señora Thornton, parecía haber estado llorando en público.
Me levanté y le indiqué una silla para sentarse. Se sentó al borde.
—Parece usted enferma, señora Thornton —dije solícito, percibiendo que había deseado
tener una jaqueca especialmente grave.
—No es nada físico, doctor Schmeling —dijo ella—, pero no estoy segura de que el dolor
espiritual que sufro me produciré otra jaqueca.
Me sentí de nuevo irritado.
Mis pacientes suelen traerme sus problemas emotivos y esperan que los resuelva. En
realidad, suele bastar oírles con comprensión y decirles unas palabras ambiguas y suaves de
consuelo. Así pues, me preparé para oírla, tomando mentalmente nota de añadir aquella
consulta a la próxima factura.
—Ahora cálmese —dije con la voz ronca y cordial que da, al mismo tiempo, la impresión de
integridad profesional y calor humano.
—Explíqueme el problema, antes de pedirme que lo resuelva.
Esbozó una breve sonrisa agradecida, respondiendo maravillosamente a las claves emotivas
que yo estaba aplicándole.
—Se trata de mi sobrino, doctor; él es quien tiene problemas, no yo.
—¿Está enfermo?
No me agrada tratar a los pacientes masculinos, porque siempre hay grandes posibilidades
de que logren atravesar mi fachada, tan necesaria para poder continuar con mi trabajo privado.
Me dispuse, sin embargo, para lo peor, considerando que la aportación de la señora Thornton
era mucho mayor que las de mis otras pacientes.
—Físicamente no —dijo la señora Thornton dirigiéndome la mirada conmovedora de quien
confía en un amigo y espera ayuda.
—Mentalmente —apunté, sólo con el énfasis justo y prudente.
Asintió con un gesto.
—Pero, mi querida señora Thornton, dése usted cuenta de que no soy psicólogo. No soy más
que un simple médico…
Estaba mintiendo, por supuesto, puesto que aunque sólo tengo título de médico, mi trabajo
en realidad se centra en captar las peculiaridades psicológicas de mi clientela.
—Lo sé, lo sé —dijo ella con vehemencia—. Pero es usted tan comprensivo, doctor, en mi
propio caso. Usted se da cuenta de que la jaqueca se debe a la tensión mental, nerviosa y
emotiva, así que pensé…
Controlé el impulso de sonreír. Todos los que sufren de jaqueca tienden a atribuir causas no
físicas a su estado, cuando, por regla general, un simple acto físico de agacharse o comer un
alimento inadecuado es la causa de tal dolencia.
Así que en vez de sonreír, asentí firme y cordial.
—Cierto, cierto, cierto —murmuré a la manera mística de tantos psiquiatras, aludiendo a
cosas que sólo podrían saber los discípulos plenamente ilustrados de Freud. No hay duda al
respecto. Son el nuevo sacerdocio.
—Entonces… hágame un favor, doctor, venga a verle. Intente ayudarle. Le suplico que sea
discreto en este asunto… habría un verdadero escándalo público si…
—Por supuesto —dije en tono conspiratorio—. Y si yo no puedo ayudarle, puedo
recomendarle a un amigo sumamente discreto, un especialista de trastornos mentales. Un
hombre extraordinario, se lo aseguro, de inteligencia e integridad indudables.
Pero ella me quería a mí. Me dispuse, pues, a interpretar un papel particularmente largo.
¿Has advertido alguna vez cómo actúa la gente, de modo totalmente inconsciente, en pautas
establecidas de expresión y emoción que se ajustan a categorías concretas, simpatía, justa
indignación, desconcertada aflicción, etc., cuando en realidad, bajo la superñcie, aunque no lo
admitan ante sí mismos ni un instante, no sienten nada de lo que expresan hacia el exterior?
Gestos, gestos… apuntalando el absurdo disparatado de la vida moderna. Y gracias a las
modernas comunicaciones, nos convencen cada vez más, del Modo Correcto de Sentir en una
Situación Dada. Lo cual sin duda resulta confortante. Dios mío, somos como escarabajos
acuáticos que patinan por la viscosa superficie que cubre el agua clara y pura de abajo. Y, peor
aún, contribuímos a la propagación y el crecimiento del cieno, amontonándolo más y más hasta
que, de cualquier modo, nos hundimos con su peso hacia el fondo. ¿Qué crees que sucederá
luego? ¿Locura? Pero me desvío…
La casa que la señora Thornton tiene en la ciudad se encuentra en la tranquila Plaza
Belgravian. La llevé allí mismo, yo, en el coche, dejando una nota a mi recepcionista para que
cancelara las demás visitas del día.
En la entrada principal se alzaban dos columnas de mármol y cruzamos la gruesa puerta de
roble que daba a un frío e imponente vestíbulo, también del mismo mármol desnudo.
Entregamos los abrigos a una atractiva doncella, a quien la señora Thornton preguntó dónde
estaba el señor Davenport.
—En el estudio, señora —contestó la doncella mirándome inquieta.
—¿Querrá usted decirle que he traído al doctor Schmeling y que nos gustaría verle en el
salón?
Entramos en un salón grande y claro decorado con un estilo vagamente Victoriano. Un
pesado secretaire había sido convertido en mueble bar, y la señora Thornton me ofreció bebida.
Acepté un jerez seco y allí me quedé dándole sorbos mientras esperábamos a Nicholas
Davenport. La señora Thornton se movió nerviosa por la estancia un momento y por fin se
sentó en el brazo de un sillón.
Entró Nicholas: pálido, abatido, desafiante. Era un joven de pelo oscuro y apariencia
claramente frenética, que me estrechó la mano con demasiada firmeza cuando nos presentaron,
y se dirigió de inmediato al mueble bar y se sirvió un trago. Yo esperaba que proclamase que no
necesitaba ningún médico, pero, por el contrario, se volvió, aún mirándome desafiante, y dijo:
—Ojalá pueda usted hacer algo para resolver esto, doctor.
Aquella actitud de desafío era, al parecer, algo permanente y dirigido al mundo en general
más que a un individuo concreto.
—Quizá pueda —dije mirándole con cierto nerviosismo, preguntándome qué pensaría de mí—
¿Le importaría explicarme qué le pasa?
—Muchas cosas —dijo, adoptando una pose romántica junto a las cortinas.
Esto, decidí entusiasmado, va a ser una escena de alto nivel dramático. Pero, en aquel
momento, subestimaba a Daventport. Más tarde sabría que era un buen actor, en el sentido al
que sabes que me refiero. Pero, por alguna razón, había confundido completamente los versos,
había perdido las notas… o, al menos, aplicaba versos y notas propias a una obra que los
rechazaba y se sentía incómoda con ellos. Mi primer vislumbre de esto llegó poco después de
que la señora Thornton abandonase prudentemente la estancia y él y yo nos quedásemos
mirándonos con los vasos en la mano, como si nos hubiésemos desafiado a un duelo y nos
dispusiésemos ya a abrir fuego.
—Tengo entendido que usted no es psicólogo, doctor Schmeling.
—No, sólo soy médico. Pero tengo cierta inclinación personal hacia la psicología. Sin
embargo, si quiere usted consultar con un hombre más cualificado…
—No, no… perdone, pero temo que una persona que no esté muy familiarizado con…
trastornos mentales… podría calificar de absurdo lo que le dijera.
Negué con un gesto, curioso.
—No sucederá eso —le dije—. Aunque quizás me vea forzado a recomendarle un especialista,
si no me considero competente para tratar su caso.
—Me parece muy bien —dijo él—. Mi problema es que tengo ensueños, ilusiones.
Reprimí el impulso de discutir filosóficamente el significado de ambas palabras y, en vez de
hacerlo, enarqué las cejas.
—¿De qué clase, señor Daventport? —De muchas clases. Tengo ilusiones de un
distanciamiento físico completo, en el que mi mente mira hacia abajo y contempla mi cuerpo y
lo observa con objetividad clínica. Ilusiones de tamaño, en que soy a veces tan pequeño como
la punta de alfiler en la inmensidad del espacio infinito y, al mismo tiempo, tan grande como
para empequeñecer el universo. Ilusiones de oír voces que dicen frases que yo no podré oír
hasta días después o que debería haber oído días antes; ilusiones en las que un lugar me parece
conocido pese a no haberlo visitado nunca… deja vu, creo que le llaman… ilusiones en las que
un lugar que conozco desde hace años, por ejemplo esta casa, se vuelve de pronto extraño,
como si lo viese por primera vez. Le he enumerado algunas, muy pocas, doctor…
Fruncí el ceño, pensativo. En realidad, todas las ilusiones que me había mencionado eran del
mismo género. Eran lo que llamamos “imágenes hipnagógicas”, las ilusiones que se
experimentan antes de dormirse, las ilusiones que se producen en el estado de duermevela,
entre el dormir y el soñar. He leído que tales ilusones se parecen muchísimo a las provocadas
por la mescalina y otras sustancias similares.
—Todos padecemos ilusiones de ese tipo —dije a regañadientes, al ver, desilusionado, que
su problema no era, en realidad, tan espectacular—. Yo mismo las tengo a veces.
—Sí claro —dijo rápidamente—. A veces. A veces, doctor. Pero, ¿las tiene usted siempre? ¿Se
ve usted obligado, como yo, a ejercer un control rígido y deliberado sobre sí mismo, a forzarse a
un comportamiento normal, para poder conversar razonable y lógicamente, para caminar unos
metros hasta un quiosco y comprar un periódico, a ejercer una tremenda concentración si desea
ver ese periódico en sus manos y leerlo?
—No, por supuesto que no —dije, sintiéndome ya interesado.
—Por supuesto que no —dijo él.
Con el pálido rostro crispado, frunció los labios, los humedeció y continuó:
—Hace algún tiempo, en circunstancias más o menos parecidas a las que le he descrito, me
tropecé con la fuente de una cita muy utilizada. Un poema de John Donne, ese charlatán, ese
místico estúpido… “Ningún hombre es una isla”… sin duda lo recuerda usted, ese absurdo
sermoneante y panteísta. Pues bien, yo soy una isla, doctor, estoy aislado de mis semejantes la
mayor parte del tiempo por mares más impenetrables que la inmensidad del espacio
intergaláctico… soy una isla que existe en mi propio espacio, en mi propio tiempo… En realidad,
en mi propio universo, que tiene escaso contacto con el universo que le rodea.
Debes darte cuenta de que por entonces, aunque interesado, no estaba tan convencido como
ahora de lo que es literalmente la individualidad física. Buscaba inútilmente algo que decir. Sólo
pude formular un tópico:
—¿Y cuando empezó a experimentar todo esto? —le pregunté.
—Hace algunos años —dijo con impaciencia—. Al principio, como usted indica, sólo entre la
vigilia y el sueño, luego entre el sueño y el despertar, luego continuaron a lo largo de la mañana
y luego todo el día y toda la noche. No estoy loco, doctor. Sé que no lo estoy. Pero pronto me
volveré loco con la tensión de tener que mantenerme anclado a la realidad.
—Bien, haga una cosa —le dije—. No aplique ningún control, para que yo pueda, digamos,
observar los síntomas como haría en un caso médico normal.
—No aplicar ningún control… Doctor, ni siquiera estoy seguro de poder recuperar luego el
control, si lo hiciese.
Pareció cavilar un instante y luego alzó los ojos hacia mí; el apagado brillo desafiante
sustituido por la mirada de súplica que he visto en los agonizantes que temen la muerte.
—Si eso significa que podrá usted curarme, lo haré.
—No puedo garantizárselo hasta ver de qué se trata —dije casi con la misma vehemencia
que él.
— ¡Entonces, vea, por dios!
Los músculos de su rostro parecieron relajarse hasta tal punto que parecía que se le alargara
toda la cara. Se tambaleó y le ayudé a sentarse en un sillón.
—Ya te lo he dicho, tía, no tengo ningún deseo de ver a un psiquiatra —su tía no estaba allí,
por supuesto. ¿Estaría reviviendo la discusión que había inducido a la señora Thornton a
consultarme?
Retrocedí cuando él se levantó del sillón e inició una extraña e inquietante pantomima. He
visto escenas similares en casos de conmoción extrema, en que el paciente reproduce la fase
que conduce a la experiencia traumática una y otra vez. Pero incluso en esto había algo extraño.
Sus labios formaban frases, pero yo no podía oír que decía. Luego hizo todos los
movimientos de quitarse la ropa, aunque su ropa seguía sob¿e su cuerpo. Luego se sentó.
¡Se sentó tranquilamente en el aire!
Asombrado, por no decir aterrado, me acerqué a él y le cogí, me arrodillé y palpé el aire bajo
suyo, vi que tenía los pies ligeramente alzados del suelo.
Luego sus brazos se movieron y le cayó la cabeza sobre el pecho, como si hubiera perdido el
conocimiento. No podía seguir allí contemplando aquello, así que le cogí y le zarandeé
suplicándole que despertase.
Abrió los ojos y miró a su alrededor, pero parecía que no me veía.
—Doctor —dijo— Creo que lo ha conseguido.
Pero miraba más allá de mí, a mi izquierda, dirigiéndose quizás a alguna imagen invisible de
mí mismo.
Antes de que yo perdiera por completo el control, le agarré de nuevo por los hombros y le
dije con angustia al oído:
—Daventport… Daventport… Soy el doctor Schmeling… está usted en el salón de casa de su
tía. ¿Puede oírme? ¿Me entiende?
Su pálido rostro se volvió lentamente y su cuerpo temblaba. Los músculos se tensaron una
vez más mientras miraba con dificultad hacia mí.
—Le entiendo. Recuerdo. Pero, ¿qué he hecho? No localizo ningún recuerdo de…
—Escuche —dije con vehemencia—. Quiero que venga usted conmigo a visitar a un íntimo
amigo mío, un físico llamado King… este caso no pueden resolverlo ni los psicólogos ni los
médicos, estoy seguro. Iremos a verle ahora… ¿está de acuerdo?
—¿Me ayudará?
—Si hay alguien que pueda ayudarle, sólo puede ner King —prometí nervioso.
—Está bien.
Expliqué a la señora Thornton una vaga historia de que su sobrino necesitaba que le
examinase en mi consultorio y le metí en mi coche. Cruzamos Londres y fuimos al Instituto de
Investigaciones Especiales que dirigía King.
Pronto estuvimos en el despacho de King y le expliqué cuanto sabía. Luego él escuchó la
historia de Davenport.
—Habéis hecho muy bien en venir aquí —dijo—. Te lo agradezco, Schmeling, pues sabes que
actualmente estoy investigando los diversos grados de conciencia física. Hay varios psicólogos
trabajando con nosotros, claro está, y entre todos podremos ayudar al señor Davenport, y de
paso —añadió sonriéndome—, obtener algunas informaciones valiosas de los experimentos que
quizás tengamos que realizar para hallar una cura.
—Así que voy a ser una especie de conejillo de Indias, ¿verdad? —dijo con aspereza
Davenport.
—Sí —contestó King—. Debe recordar usted que cuanto más sepamos sobre su… ejem…
trastorno, más fácil será la tarea de ayudarle a readaptarse a la realidad.
Poco después se acordó con la señora Thornton que Nicholas Daventport permanecería en el
Instituto hasta que estuviese curado. Prometimos máximo secreto y preferíamos realmente
mantenerlo, porque el trastorno de Daventport era tan asombroso que si llegaba cualquier
rumor a los voraces oídos de la prensa sensacionalista, nos caerían encima los informadores.
Pasó el tiempo y, por fin, King y su equipo lograron construir un prodigioso ejemplar de
máquina capaz de registrar las experiencias de Daventport mientras éste sufría sus ilusiones y
de retornarlo, al menos en cierto grado, a la realidad.
Los datos se acumularon, se seleccionaron y se investigaron. Y poco a poco fuimos llegando
a ciertas conclusiones respecto al carácter del problema de Daventport.
Daventport no sólo habitaba en un universo privado escasamente relacionado con nuestro
común y compartido tiempo y espacio, sino que si se le dejaba por entero dentro de él,
comprobamos que adoptaba un rumbo y una forma definidas, como sí su existencia tuviera una
progresión lógica a través del tiempo y del espacio. Sus experiencias pasadas, presentes y
futuras, estaban dispuestas de forma perfectamente ordenada salvo en un detalle: sus
experiencias pasadas existían, a veces, en nuestro futuro, y sus experiencias presentes o futuras
existían a menudo en nuestro pasado.
En fin, el caso era que habíamos investigado a Nicholas Daventport y cabía la posibilidad de
que fuera sólo un caso raro y único, que no hubieran otros como él. Pero teníamos que ponerlo
a prueba… así que me ofrecí voluntario. Por entonces, sus experimentos con la primera
máquina, les habían capacitado para crear otra que, si operaba de acuerdo con el principio que
ellos habían previsto, podría tener el efecto de lanzarme a lo que empezábamos a llamar “el
estado hipnagótico permanente”.
La máquina, una obra maestra, producía en el metabolismo humano los efectos controlables
de ciertas drogas, como la mescalina, el ácido lisérgico o el adrenolitín, ejerciendo control
electrónico directo sobre la mente y sobre el torrente sanguíneo.
Así pues, pasase lo que pasase, seguro que iba a disfrutar de algunas experiencias
personales interesantes.
Me senté en la silla mientras enfocaban la máquina sobre el cuerpo. También había un
instrumento del tipo que ya he mencionado.
Empezaron las pruebas.
Las ilusiones eran muy claras, de hecho bastante más nítidas que la mayoría de las
experiencias ordinarias. Incluían voz, imágenes, acción, olores y mi sentido del tacto, así como
un cierto estado de suave éxtasis emotivo que rápidamente podía convertirse en estado
suavemente depresivo. Esta confusión, luego empezó a aclararse, y las ilusiones y las
impresiones empezaron a formar una pauta definida hasta que sentí que vivía una vida
ordenada apenas distinta a la que vivía normalmente, salvo por el hecho de que parecía saber
mucho mejor cómo era todo; parecía, si lo prefieres, más familiarizado con todo.
Según supe más tarde, me soltaron luego de mi asiento y me permitieron moverme a mi
gusto y me situaron frente a Daventport, que se hallaba en un estado similar.
Aunque le vi con toda claridad, no sentí el menor interés por él, no sentí el menor deseo de
acercarme a él ni de interferir verbal o físicamente en su existencia personal. Sin embargo, al
cabo de un rato, él se me acercó y me dijo cortésmente:
—Así que es usted también libre, doctor Schmeling. Sin duda nos han puesto en contacto
deliberadamente y no sé cómo, pero si nos permiten seguir en este estado, deseo comunicarme
con usted en algún periodo en que el tiempo y el espacio del universo sean favorables para otro
encuentro… quizás nos hayamos encontrado ya en su pasado y en mi futuro, ¿no cree?
—Aún no —contesté.
¿Te das cuenta del nuevo estado de nuestra existencia? Estábamos viviendo sin estar
directamente implicados en lo que eran universos privados separados prácticamente por
completo. La naturaleza del tiempo había cambiado, o al menos nosotros habíamos cambiado
en relación con la naturaleza del tiempo, ¡y era muy posible que un individuo recordase un
encuentro que para otro aún no había tenido lugar! ¡Eramos libres! Eramos absolutamente libres
y estoy convencido de que vivíamos lo que es la verdadera y natural existencia del ser humano.
No sé qué extraño azar se produjo en la tierra, que nos llevó por el mal camino. Pero la
verdad, quedaba patente y clara. Los torpes tanteos de místicos, filósofos y científicos para
desvelar esta revelación, habían sido bloqueados por el mundo en general durante siglos.
Realizamos pruebas similares con grupos amplios. King estaba tan emocionado como yo. No
hicimos tentativa alguna de “curar” a Davemport, y en cuanto comprendimos lo que le había
sucedido, lo que debe haberles sucedido a miles de pobres “esquizofrénicos” y “víctimas de la
locura” encerrados en todo el mundo, aceptamos su estado como normal… y nuestros estados
como anormales.
Observando los experimentos con grupos amplios, vimos el paraíso, vimos el infierno, amigo
mío; bandadas de ángeles viviendo una existencia personal pacífica y ordenada, libres de las
cadenas de la supuesta uniformidad, de la posición de actores interpretando papeles en una
mala obra, hombres reales realizando acciones reales significativas e importantes para su
existencia personal.
Aquel estado excluía, además, cualquier interferencia en las vidas de sus semejantes.
Es lo que los políticos han estado proclamando durante años, sin lograrlo nunca.
Gracias al joven Nicholas Daventport, hemos logrado que la humanidad se libere de la
esclavitud de la uniformidad. Morirá la tribu, morirá la nación: habrá sólo hombres y mujeres
independientes.
Schmeling, estirando su alargada y aguileña cabeza se inclinó hacia mí y apoyó sus dedos
largos de uñas cuadradas sobre la tapicería del sillón.
—Libertad —repitió—. ¡Libertad auténtica!
Pero yo no compartía su entusiasmo. En realidad, la idea me horrorizaba. Era imposible, para
empezar. Pero la sola idea, aquel concepto irresponsable, bastaba para enfurecerme. Me
controlé lo mejor que pude.
—Un buen cuento, Schmeling —intenté sonreír—. Estás en forma. Pero, amigo mío, la idea
misma de una existencia tal, resulta pasmosa para un hombre inteligente. La sociedad, tal como
la entendemos, se derrumbaría. Sin organización no puede haber civilización, no podría haber
edificios ni ferrocarriles, ni siquiera periódicos.
—Pero podríamos tener libros… ¡libros amorosamente producidos por un hombre con su
propia imprenta!.
—¿Cuántos libros? ¿Y cómo se distribuirían? ¿Cómo conseguiría su tinta, sus tipos, las piezas
de repuesto para su imprenta? ¿Y quién los leería?
—¿Qué quieres decir?
—¿Acaso tienen los animales deseos de leer libros, Schmeling?
—¿Qué tiene eso que ver?
—Claro que tiene que ver… ese estado que te parece tan deseable es una existencia animal,
¿es que no te das cuenta?
—Tienes una visión limitada —dijo él, y pareció relajarse deliberadamente en su sillón—. En
realidad, la clase de comunicación a que me refiero no necesita ningún tipo de libros. Es un
estado de éxtasis, amigo mío… es el cielo en la tierra. ¡Es lo que nos han prometido durante
años!
—Muy bien, no hacen falta libros. Pero el hombre no vive sólo de libros… ¡También vive de
pan!
—El individuo encuentra las vitaminas que necesita por… bueno, por una especie de instinto
que no puedo explicar.
Lancé una sonora carcajada ante esta afirmación tan ingenua en un físico culto.
—Lo siento, Schmeling, pero nuestra conversación es cada vez más ridicula. Me metí
demasiado en tu historia. Olvidemos toda esta charla de “estados perfectos” y “experiencia
trascendente”, pues de lo contrario acabaremos como dos viejos sacerdotes budistas disputando
en un monasterio.
Pero no quiso acceder a mi deseo de dejar el tema antes de que la discusión se enconase y
amenazase nuestra amistad.
—No —insistió—. Míralo de este modo: eres un hombre humanitario y liberal, ¿no es cierto?
Das al individuo derecho a sostener sus propias ideas siempre que no interfieran
perjudicialmente con otro individuo.
Asentí sin escuchar, en realidad, pues ya me aburría la discusión.
—Las ideas son grandes o pequeñas según el individuo —continuó—. ¿Aceptarías que si
criticamos sus ideas según nuestra propia escala de valores, estamos siendo injustos con este
hombre?
—Sí.
—Lo mismo que es posible que un número infinito de cosas ocupen el mismo espacio que
nuestro planeta, teniendo espacio y tiempo como nosotros pero existiendo asimismo en una
serie de dimensiones distintas, así también todo ser humano tiene “dimensiones” individuales
propias. Hay muchos casos en que se comparten dimensiones comunes, pero precisamente por
ser esto cierto no tenemos más remedio que concluir que en consecuencia se comparten ¡todas
las dimensiones! Has de admitir , luego, que el derecho de ese Hombre a ser un individuo es
una necesidad tanto física como filosófica. ¡Que el aceptar las dimensiones compartidas como
las únicas importantes o “reales” y rechazar las individuales deJ individuo como “antinaturales” o
“erróneas” es negar una verdad física!
—Vamos, Schmeling. Te has enredado en tu especulación demasiado para que podamos
seguir con este asunto. Cálmate, llena esa pipa que yo ya me iré dentro de un momento. He de
admitir que nunca esperé oír decir tantos disparates a un hombre de tu inteligencia y tu sentido
común. Lo que postulas tú es la anarquía total… un estado odioso para cualquier criatura
racional. Gracias a Dios, las cosas no son así.
Miré con curiosidad a Schmeling, que se había relajado del todo y llenaba su pipa como le
había propuesto. Rió para sí, como por algún chiste particular.
—Veo que te das cuenta de que tengo razón —dije, sonriendo y levantándome.
—Ya verás tú como la tengo yo —dijo, riendo entre dientes.
—¿Qué quieres decir?
—Bueno, mi querido amigo, hemos construido ya varías máquinas como la que te describí.
Grandes. Están situadas en puntos estratégicos del mundo. Dentro de unas horas inundaremos
el planeta con sus efectos y empezará la vida real para los seres humanos, la Nueva Era… ¡La
era de la salvación!
No pude aguantar más.
Conmovido y alterado al ver un comportamiento tan infantil en una inteligencia tan
magnífica, me volví a casa. Pero sin poder liberarme del presentimiento de que lo que me había
dicho no era más que la libertad.
Ahora estoy en casa y sentado en mi estudio éstas escribo para notas análisis era en ello lo
que mi nutrida esa convicción orden…

Posted by ARKAICO at 19:41:21 | Permalink | No Comments »